V. Stinky se hace famoso.
Estaban sentados en una de las bancas del parque Pequeño que estaba dos cuadras antes del campo Gerald. Los habían emparejado para hacer el proyecto de geografía y entre terminar esto y lo otro, decidieron hacer lo que todo estudiante hace cuando cree que la fecha de entrega todavía es un momento en un futuro muy lejano.
Procastinar, claro.
—Me sentí muy mal, Helga, yo pensé que estaba haciendo un buen trabajo. —Suspiró y movió la cabeza de un lado a otro, resignado—. Los comerciales, ¿sabes que me decían que lo hacía naturalmente?
—Naturalmente bobo. —Se burló en una mueca torcida. Rodó los ojos cuando notó su expresión ofendida. Estaba agachado, apoyando sus brazos en las rodillas y dando suspiros ridículos a cada momento. Ya la había irritado—. Hey, ya basta con el lloriqueo. A mí me pasó algo parecido y no me ves haciendo tanto drama.
—¿Cómo?
—Ah, demonios, todo el asunto del modelaje. —Se exasperó—. Ya sabes, la expresión enojada. Se apropiaron de la rabia para volverla una marca y luego había gente copiando mi ropa —dio un grito agudo, sintiendo escalofríos con el recuerdo—, no Stinko, estamos mucho mejor sin la publicidad.
—Bueno, mi padre aún se queja cuando puede.
—¿Por qué? —Lo miró interesada—. ¿Tenía algún sueño ridículo que quería imponerte?
—No, por el contrato del millón de dólares.
Helga abrió los ojos hasta que parecían dos sartenes. Se levantó en menos de tres segundos y si hiperventilarse era poco, agarró a Stinky del cuello de la camisa hasta acercarlo a su rostro. Mirándolo como si jamás lo hubiese conocido y deteniéndose en la última articulación de su frase. Un millón de dólares.
—Pero, ¿tú estás loco? —Balbuceaba llena de incredulidad—. ¡Rechazaste un millón de dólares!
—Sí.
La miraba fascinado, lleno de miedo también, pero fascinado de la fuerza con la que controlaba al mundo. La facilidad con la que se acercaba y gritaba y no era amable en lo absoluto, pero al menos era honesta en los estándares de su cinismo. Ya basta con el lloriqueo. Qué poco delicada y, sin embargo, le contaba de su experiencia como modelo. Qué bonita estaba Helga cuando se enojaba.
Lo soltó de a pocos, cuando la confirmación no explicaba nada y ella tenía que interpretar los silencios. Se alejó, todavía con la expresión desconcertada, hasta sentarse de nuevo en su sitio. Le duró más, uno, dos, tres minutos hasta que lo volvió a mirar. Distinto, sumergida en la confirmación y como si tuvieran tiempo para presentarse por primera vez. Este Stinky Peterson que rechazó un millón de dólares. Helga no necesitaba preguntarle por qué. Pero su orgullo no valía un millón de dólares, valía mucho más, valía la primera decisión y otras miles de ofertas que llegarían. Stinky dijo no. Stinky era un chico increíble, simplón e increíble.
Se rió en voz alta, con los ojos cerrados y asustando a un montón de palomas que se reunían para picotear alrededor de las bancas. La miraban todos asustados al principio, encogiendo los hombros luego y preguntándose por qué sus carcajadas eran tan sonoras y sentidas. Le brillaban las mejillas y las lágrimas de risa insignificantes que se escapaban en medio de su ataque histérico. Stinky sonrió, de medio lado, contagiado y repitiendo ese maravilloso momento en el que decidió que su orgullo, por lo menos, valía un millón de dólares.
Se calmaron, claro. Después de un rato y mirando al frente, paseándose en el momento grandioso que acababan de compartir.
—Sabes Stinko, cuando cancelaron el contrato conseguí quedarme con algunas de las cosas gratis. —Dijo de pronto.
—¿Con qué cosas te quedaste, Helga?
—Con nuestras entradas a Dinoland. —Alzó la (uni)ceja—. Y si te atreves a contarlo por ahí, te mataré.
Gracias. Stinky la miró de reojo y no pudo aguantar la sonrisa de beata complacencia que se le dibujó en el rostro.
—¿Qué te pasa, cara de mono? —Le preguntó inmediatamente, enfadada—. ¿Es que quieres morir ya, tan rápido?
—No, no es eso Helga. —Se apresuró a aclarar, se sentía intrépido—. Es… bueno, ¿te acuerdas cuando fingimos salir porque a ti te...? —Su voz perdió fuerza mientras se escuchaba formular la pregunta. Helga lo iba a matar.
Helga no lo mató. Le lanzó una mirada extraña sí, una mirada que decía eres un fenómeno Stinko, pero sin la parte malvada del insulto. Sólo Helga siendo Helga y sin matarlo. Sin alejarse. Sin protestar. En silencio mientras interpretaba lo que acababa de escuchar y Stinky se dio cuenta que Helga no era tan mala como todo el mundo creía. Agresiva hasta la tumba, pero mala no, nunca.
—¿Quieres decir, antes de que empezaras a salir con Gloria?
Stinky se sonrojó y Helga sonrió, más confiada, en una mueca.
—N… no, no es como si, no es eso. —Tartamudeó.
—Sí, lo sé. —Rodó los ojos, se inclinó ligeramente, todavía sonriéndole al propósito—. Si me lo pidieras Stinko, ahora, te diría que sí.
¿Qué?
—Bueno, creo que ya fue suficiente.
Parpadearon ambos confundidos cuando escucharon intervenir a una tercera voz. Una que provenía del adolescente rubio parado detrás de Helga. Tenía el ceño fruncido y parecía irremediablemente irritado.
—Ah, cabeza de balón, estabas aquí. —Se volteó Helga lentamente, con el tono aburrido.
—Sí, estaba aquí, desde hace veinte minutos exactamente. —Dijo con el tono afectado—. Hey Stinky.
Le devolvió el saludo pero no estaba seguro de si Arnold lo llegó a escuchar, demasiado ocupado en mirar a Helga como si lo hubiese traicionado. Miró detrás de él y se dio cuenta de que quizá, y sólo quizá, Arnold podría haber estado sentado en la banca escondida por los arbustos. Ella por otro lado, no parecía ni mínimamente afectada, evitando mirar a todo el mundo.
—Sí, bueno, estamos ocupados Arnoldo. —Le informó, apurada. Hizo un gesto vago con la mano en dirección a la salida—. Si nos dejas solos…
—No. Me parece que no los voy a dejar solos. —Contestó de inmediato, con ese tono agresivo que usaba muy pocas veces—. Me parece, Pataki, que han terminado por hoy y que pueden volver a reunirse después. En la biblioteca.
Stinky miró a Helga. Tenía las manos vueltas en puños.
—Es gracioso porque parece que crees que voy a hacerte caso. —Le lanzó una mirada furiosa—. ¿Por qué mejor no te ocupas de avanzar tu proyecto con Lila y nos dejas en paz, zopenco?
Sí, comenzaba a entender. No demasiado, pero intuía.
—Ya lo terminé, lo dividimos, ¿satisfecha?
—A mí qué me importa.
Oh, la podía ver, la paciencia resquebrajándose.
—Demonios Helga, ya basta. —Ya basta y la cogió la de la muñeca en un parpadeo. La levantó y la arrastró en medio de las quejas indignadas que prometían la llegada de una tortura peor que el apocalipsis.
Stinky se despidió de ellos mentalmente y se recostó en la banca, relajado y divertido.
Si me lo pidieras Stinko, ahora, te diría que sí.
Nota. En inglés existe el Small park en Hillwood. Así que lo he traducido como el parque Pequeño.
La idea era subir tres o cuatro viñetas, pero esta se alargó más de lo debido :P
Reviews anónimos no tan anónimos.
flor440. Gracias cariño, ojalá el fanfic largo también salga bien. Ya me dices qué te ha parecido esta. Besos y cuídate mucho ;) Nos leemos prontito.
Polly. Aw, gracias cariño, qué bonita eres. Las hormonas se le despertarán en otras viñetas también, ya verás. Gracias como siempre por escribirme, qué feliz me haces. Muchos besos y cuídate mundo :)
Nuleu Strack. Lo del mordisco lo tendré en cuenta para otra viñeta. Te daré los créditos. Quizá tu idea... quizá exista en la segunda parte (quiero tenerlas listas para no tener que hacer esperar por la continuación). Gracias cariño, nos vemos prontito ;) mucha fuerza con las clases y los exámenes. ¡Ánimo! :D
