Nota: Están en una aula vacía después de clase.
VI. El amor de Helga.
Helga suspiró irritada. Helga, casi siempre, suspiraba irritada. Lo cual era, aparte de normal, bastante lógico. Tenía una familia extravagante (horrible, tristemente horrible, en realidad) que le hacía la vida un poco más difícil en las mañanas, tenía compañeros de clase cada uno más retrasado que otro, tenía problemas en álgebra porque siempre se quedaba dormida en los ingentes momentos de la mañana (madrugada) que había elegido el profesor como horario y, además y por sobretodo, tenía o estaba teniendo una temporada de mala fortuna.
Mala fortuna expresada en una repentina escasez de sarcasmo, que se expresaba en una lamentable limitación de sus respuestas, que se expresaba en la inconmensurable cantidad de peleas que estaba perdiendo, que se expresaba… en fin. Esa era la idea.
Le caía el sol en la cara. Lo más fácil hubiese sido girar la carpeta y darle la espalda, no sólo se aliviaría del sudor sino que, además, dejaría de lastimarse los ojos. Pero girar la carpeta implicaba perder y perder era una palabra tan fea en el diccionario. No. No podía, iba contra lo más natural en lo innatural de sus principios. No aunque se partieran los continentes y el pastrami fue prohibido sobre la faz de la tierra. Eran tiempos difíciles y sólo le quedaba perseverar en su convicción.
—Espero que sepas que sé que me escuchas.
Su convicción era, simple y efectiva, ignorar de Arnold. Era, de hecho, muy fácil de realizar. Ignorarlo, sí, porque aunque su yo de la primaria pusiese el grito en el cielo, Arnold era un chico muy insoportable. Insoportable en todos los matices que alcanzaba el significante. Era muy incómodo cuando le sonreía de lado. Era supinamente molesto cuando insistía más allá de los límites de la terquedad. Era enfadoso cuando creía que podía ganarle en una batalla de voluntades. Era inaguantable, insufrible, irritante y soberanamente irresistible cuando estaba tan tranquilo mientras ella tenía que mantener la compostura a fuerza de mordiscos y de sol en el rostro.
—Así que, estábamos conversando de todas estas divertidas anécdotas de la primaria.
Qué cara dura, pensó Helga cuando el tono burlón casi le hace perder su sacrosanto hermetismo. Estaba burlándose, Arnold Shortman el benefactor de la bondad estaba burlándose. Indignante, definitivamente, indignante y, ¿cómo era ese otro sinónimo?, pesado. Eso, pesado como los ladrillos de los que tenía hecho el cerebro. Anda, eso quedó bien, se felicitó mentalmente y redobló sus esfuerzos.
Una pausa larga, un sonido chirriante, un suspiro.
—Sabes que podría ponerme del otro lado y entonces podría verte el rostro y te recordaría que no hace mucho convenimos en llevarnos bien.
¡Intolerable!, ese le faltaba. Intolerable y quizá, QUIZÁ, ligeramente perspicaz. Llevarse bien, qué mentira, se llevaban mal y eso era lo interesante del asunto. Interesante en momentos como el presente en los que tenía que tener la mano más firme que nunca. Se le iba a ir la reputación al tacho si se permitía claudicar tan fácil. Que se demoraran los juglares en contar sus hazañas y enarbolar la épica de Helga G. Pataki, terror de todos los debiluchos y fenómenos irritantes. Que se dijera que fue su grandiosa fuerza de voluntad la que venció la legendaria tozudez del cabeza de balón más famoso de Hillwood. Un poema épico, qué detalle. Debería escribir uno.
—Helga, ¿sabías que cuando estás sentada así te brilla la silueta y el cabello se te vuelve más rubio?
No sabía.
De aquí tú te ves más guapo. Oh genialidad. Tendría que haberlo dicho si no se le hubiesen pasados tantos maravillosos y vitales segundos pensando en si había recibido un halago o no. Ahora era muy tarde y le iba a salir muy repensado. ¡La genialidad, oh genialidad, tenía que ser pronta y fulminante! Maldita sociedad de consumo y su maldita influencia en los espacios más privados de la gente. Ay esa celeridad fatal que iba a terminar por arruinarle el mal carácter.
Una pausa.
¿Es que es normal que se puedan decir tantas cursilerías juntas? Se alegró de su posición forzada frente al sol porque ya estaba notando la sangre en las mejillas y una cosa era la traición y otra muy distinta la traición innoble e involuntaria de tu propio cuerpo. Ridículo.
—¿Sabías…? —Alargó en un susurro grave que se debatía entre la curiosidad y la socarronería—. ¿Sabías que desde aquí te puedo ver el lazo?
¡AG!
—¿Y tú sabías que eres un zopenco enano y cabezón? —Soltó sin pensar, de corrido todojunto, con la rabia mezclada con la vergüenza mezclada con un revoloteo extrañísimo en la barriga que la hizo voltear a pesar de sí misma. Eso sí, con el ceño fruncido.
—Qué bueno verte. —Dijo sarcástico y con una sonrisa. CON SARCASMO y estaba a punto de arrancarse la piel porque desde cuándo el cabeza de balón cara de mono era capaz de usar el sarcasmo con tanta facilidad y con ella. CON ELLA.
—No puedo decir lo mismo. —Respondió de inmediato y con la sonrisa sarcástica (cofcoforiginalcofcof) marca registrada de los Pataki.
—¿En serio? —Arnold arqueó una ceja—. Pensé que me querías, ya sabes, por todas esas muestras cariñosas de afecto que dejaste como pistas en la primaria.
No, en serio, se había leído al menos tres veces todas las tragedias de Eurípides, Sófocles y Esquilo. Se había leído a Aristóteles incluso y aunque no le entendió una mierda a la Metafísica, la Poética había sido su libro de noche, día, tarde y otoño al menos durante tres meses. ¿Cómo demonios no había entendido que la mesura era el camino idealizado?, ¿qué de malo tenía controlar las emociones?, sólo los románticos y sus exacerbaciones descentradas hacían que pareciese buena idea hacer todo lo contrario. NO era buena idea. No, nunca, no.
—Era odio mal disimulado, no te creas. —La sonrisa le salió medio músculo más artificial de lo que pretendía—. ¿Por qué no cambias de tema y dejas de aburrirnos con lo mismo?
—Ni hablar. —Sentenció—. Fueron años de irritante y constante tortura. Quién diría que era porque —agregó una pausa dramática— estabas total y completamente enamorada de mi.
Helga rodó los ojos, bufó, se cruzó de brazos, de piernas, agitó la cabeza y todo para ocultar el ligerísimo todo rosa que se acentuó en sus mejillas. El sol, también, le había tostado la cara.
—Me enamoré de tu gentileza. —Le salió honesto y se frustró consigo misma—. Qué engañada estaba.
—¿Y luego por qué?, ¿por la cabeza de balón? —Bromeó con el gesto tranquilo.
—Cállate, Arnoldo.
—¿Por qué?
—Si sigues hablando cómo vas a besarme.
Continuará...
Retoños,
Varias cosas rápidas. Arnold y Helga están juntos, evidentemente, ahora vuélvanlo a leer y ríanse porque es una semi pelea de pareja. Es muy importante que entiendan el diálogo final. Helga le está diciendo que no es amable por avergonzarla y Arnold le contesta con una cortesía porque le está dando el pase para que se burle de él. Por eso la última petición. Sé que no debería contarles y dejar que ustedes lo vean por ustedes mismos, pero no estoy tan segura de la claridad de lo que estoy tratando de insinuar y para la viñeta es importante que lo sepan. Este episodio en inglés se titula 'Girl Trouble'
Ya sé que tengo que actualizar cuatro fanfics larguísimos. Lo siento retoños, pero estas semanas están jodidas. Lo que sí, les prometo que será una actualización múltiple. Todavía estoy terminando los capítulos y El secreto del viejo Pete se alarga sin que yo lo pueda detener. Creo que al final lo tendré que subir en dos partes más, pero ya no quiero tenerlos esperando más. Así que iré cortando algunas cosas y tratando de que no sea muy largo y aburrido. Ténganme paciencia que ya volveré recargada :P
Los extraño una barbaridad.
Gracias por la increíble cantidad de reviews en la última viñeta, ha sido muy motivador. Perdonen que no les pueda contestar como se debe pero ando de veras apurada con un avance de mi tesis, Sin embargo, no puedo irme sin mencionarlos a todos y cada uno. Pues eso retoños de mi corazón, muchísimas gracias a: letifiesta, mari3304, rickhunter17 (gracias de veras, cariño, ¡tres seguidos y yo no puedo contestar!), Vampisandi, Polly, diana carolina, Rolling Girl, Arhatdy-Uchiha (¡bienvenida, qué bueno que hayas comenzado conmigo, voy a morirme de la felicidad!), Shirabe Hikeda (¡celos!, demostrarle que de hecho él no fue su primer novio, sino que está en la misma posición que él porque vino después de Stinky. Ya luego te explico con más detalle, cariño), Nuleu Strack y Myriamj.
Ya saben que los amo con mi amor amoroso universal y esas cosas súper empalagosas de la vida porque soy cutre Y QUÉ.
¿Clic al botoncito? :3
