Disclaimer: Pokémon no me pertenece es propiedad de Satoshi Tajiri .
Notas de autor: Primer capítulo, ya saben de que se tratará todo esto y espero que lo disfruten tanto como yo al escribirlo :)
Advertencias: Ninguna, solo me drogué al escribir esto(?
La joven gritó mientras se incorporaba de golpe abrazando su propio cuerpo, notando como éste se encontraba libre de cualquier herida. Confundida volteó a todos lados haciendo que una hoja resbalara de su frente.
—¿Eh?—exclamó Touko sorprendida cuando notó el jugo de unas bayas en ella.
Buscó su bolso notando que este no estaba ni sus poké balls. Estaba sola en medio de un bosque que no lograba reconocer, ¿dónde estaba N? ¿Reshiram? Ella estaba segura de que había muerto cuando había empujado al chico evitando que Ghechis lo lastimara. Llevó una de sus manos al costado izquierdo encontrando una pequeña línea rosada.
«¿Dónde estoy?», pensó con calma, lo cierto era que después de tantos meses de viaje podía orientarse con facilidad.
Se levantó siendo consciente de la debilidad que su cuerpo presentaba como si hubiera sido atacado por una fuerte fiebre, sus piernas eran como dos gelatinas que se sacudían ante el peso de su propio cuerpo amenazando con tumbarla sino se aferraba a algo pronto; pero no logró acercarse lo suficiente a un árbol como para no estamparse en el suelo.
—Por Arceus— gimió tallando su frente y levantando el trasero cuando se apoyó en sus codos, escuchó el ruido de algo moviéndose entre los arbustos y se arrastró hasta ahí.
Grande fue su sorpresa al ver a un pequeño Zoroa rebuscar dentro de su bolsa con toda la confianza del mundo, la cola del pokémon se movió ante el ruido de su cuerpo y volteó a verla.
—¿Tienes hambre?— Preguntó Touko con una sonrisa, los ojos se quedaron fijos en los suyos mientras media a su oponente—, permíteme levantarme...
La chica miró a su alrededor buscando alguna rama con la cual sostenerse y no volver a tropezar, pero en cuanto tomó una más o menos fuerte el pokémon gruñó huyendo del lugar.
Touko parpadeó confundida mientras se acercaba a la bolsa, miró su interior notando que tenía todas sus pociones y bayas; pero ni rastro de la pokédex o de sus amigos.
—¡Emboar!— Llamó lo más fuerte que pudo, pero al no recibir respuesta se dejó caer derrotada—, ¿dónde están chicos?
Las lágrimas cayeron de sus ojos debido a la impotencia, aunque al ser consciente de aquello se frotó los párpados rápidamente con una mirada decidida.
«Los encontraré, cueste lo que cueste», empezó a caminar aún aferrada a su improvisado bastón cuando escuchó las risas de unos adultos y el chillido de un pokémon bebé.
—Vamos Gurdurr, ¡acaba con él!
Touko vio con horror como el pequeño Zoroa que había escapado de su vista estaba siendo golpeado sin poder defenderse mientras protegía a una cría de Purrolin, en tanto dos hombres que parecían rufianes sonreían divertidos por el grotesco espectáculo.
—¡Ustedes dos!— Gritó asustando a los dos hombres que voltearon a verla—, ¡aléjense de él!
Touko olvidó su propia debilidad mientras corría para ponerse frente al pokémon herido justo a tiempo para tapar el golpe que el rival estaba por hacer, aunque recibió de lleno el impacto en el vientre, lo que la obligó a toser cayendo de rodillas mientras escupía un poco de sangre.
—Demonios, vámonos.
La chica jadeo intentando recuperar el aliento, pero fue el llanto del pequeño Purrolin el que la hizo voltear rápidamente. Zoroa se encontraba lleno de heridas y respiraba con dificultad.
—Resiste— Touko ignoró el dolor en su vientre y buscó en su bolsa las pociones y unas cuantas bayas con rapidez, acostumbrada a tratar a sus pokémon.— Esto va a arder, pero te pondrás mejor.
Aplicó el spray recibiendo un gruñido de advertencia, pero todavía así no detuvo su labor. Cuando trató todas las heridas le ofreció una de las bayas dulces, pero Zoroa la rechazó con altanería.
—Temperamento difícil— se río Touko abrazando su estómago cuando una ola de dolor la recorrió.
«Maldición, duele más de lo que imagine», pensó soltando un jadeo.
El Purrolin se acercó hasta ella empezando a lamer su mano con tristeza, pero Touko le sonrió acariciando su cabeza.
—¿Estas herido?— Preguntó recibiendo una negación por parte del pokémon—, ya veo. Tu amigo te defendió. Es muy fuerte, ¿verdad?
Purrolin empezó a ronronear frotándose contra la chica lo que le dio a entender que había dado en el clavo. Los arbustos se movieron con fuerza lo que la puso en guardia mientras tomaba a los dos pokémon en sus brazos dispuesta a protegerlos.
Nunca esperó ver esos conocidos ojos verdes taladrarla con frialdad.
No, aquel ser no podía ser N. Aquello tenía que ser un sueño muy, pero muy bizarro o alguna jugarreta de su mente. N no era un niño, era un chico de dieciocho años que le sonreía mientras la retaba y lloriqueaba cuando perdía; era el mismo chico que la había sostenido en sus brazos cuando el castillo había colapsado.
¡No podía ser el niño que la miraba como sí nuca la hubiera visto!
El chico gritó algo levantando su puño dispuesto a luchar contra ella a pesar de encontrarse temblando y en ese instante, el Zoroa saltó de entre sus brazos para ir al encuentro del pequeño de cabello verde idéntico a N, pero Purrolin se negó a dejarla mientras soltaba un pequeño gruñido dulce.
Los ojos del niño se veían confundidos cuando volvió a mirarla, como si no creyera lo que el pokémon le decía. Gruñó algo, pero fue imposible para ella entender lo que significaba aquello.
Antes de que Touko pudiera preguntar qué pasaba, el pequeño ya había escapado por donde había llegado. Dejándola completamente abandonada a pesar de tener al Purrolin entre sus brazos.
El shock que sintió no se demostró en su cara, lentamente estaba comprendiendo donde se encontraba. Seguía siendo Teselia, pero unos años atrás; cuando N aún era un huérfano al cuidado de los pokémon del bosque.
Alguien que no la conocía, que no la quería. Era un lugar donde para N, no era más que un peligro para sus amigos.
Las lágrimas escaparon de sus ojos sin que pudiera hacer algo para detenerlas, presa de la impotencia por saberse sola y sin ninguna persona con la que pudiera contar.
El pokémon en sus brazos se alzó para verla a los ojos y lamer su nariz con cariño para después mirar a su estómago con preocupación.
—Lo siento— Touko acarició la cabeza del pokémon gato con cuidado—, estaré bien. No te preocupes.
Ante un nuevo maullido, la chica limpió sus lágrimas para darle una enorme sonrisa que deslumbró al Purrolin.
—¿Ves? Ya estoy mejor.
Mientras hablaba Touko se incorporó aún con el pokémon entre sus brazos, buscó el árbol más cercano y se tumbó recargando su espalda en él.
—Dormiré un rato, tu puedes volver con él— acarició otra vez al pequeño y depositó un beso en su frente—, sólo ten cuidado ¿sí?
El gato asintió, pero se acomodó en las piernas de ella mientras ronroneaba y frotaba su cara contra el vientre de Touko.
Ajena a que era observaba por varios pares de ojos de distintos tamaños, la chica se durmió profundamente mientras alguien se acercaba sigiloso hasta llegar su lado.
Gracias a resplandorrosa626, Levi-chama, LaRavenclawDesorientada y a pokemon666 por sus reviews, me alegraron mucho.
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario es, como han dicho otras autoras:"como manosearme la teta y salir corriendo."
Hayden
