Disclaimer: Pokémon no me pertenece es propiedad de Satoshi Tajiri .
Notas de autor: En lugar de terminar mi tarea, aquí estoy actualizado mis fics xD
Advertencias: Ninguna.
—¡N! Despierta— la voz de Cheren fue un eco lejano para el aludido, seguía aturdido y completamente perdido en aquel lugar; ni siquiera le importaba donde estaba—. Esto no funciona.
—Está todavía en shock— una voz ajena dijo como compadeciendo al muchacho.
N no supo porque aquello lo molestó, pero al mismo tiempo su cuerpo no respondió cuando quiso moverse. Algo cálido se acercó a su espalda y habló.
—N, ella no querría esto para ti— ¿de quién era esa voz? Era un sonido dulce y musical que sólo había sido capaz de escuchar en una persona—. Cariño, es momento de enfrentarlo; ella quisiera verte feliz.
La última oración fue un murmullo quebrado que no pasó desapercibido para sus sentidos, sus ojos se movieron para enfocar a la persona que le hablaba. Encontrándose con un rostro sereno y con ligeras arrugas, los ojos marrones tenían tristeza grabada en ellos pero la sonrisa que le dedicaba en ese momento era amable y llena de cariño.
—¿Cómo te encuentras?— Preguntó con esa voz dulce.
—¿Dónde está Touko?— las palabras rasparon su garganta, pero ante el silencio que siguió las imágenes bombardearon su mente provocando lágrimas en sus ojos—, ¿dónde está?
—Ella no va a volver.
Bel fue lo bastante rápida como para ordenarle a su Serperior el sujetarlo con sus látigos, N se resistió mientras seguía preguntando una y otra vez por qué nadie le decía que aquello era una mentira. Touko no podía haber muerto, no por su causa.
Emboar entró a la habitación en el momento en que la madre de su entrenadora lo llamó, tomó a N entre sus poderosos brazos y el chico dejó de forcejear ante el inútil esfuerzo que estaba haciendo.
—Dime que está bien, dime que lo está— suplicó mirando directamente al pokémon, pero este se negó a levantar la mirada del suelo.
N se convirtió en peso muerto cuando el cansancio lo venció y fue entonces que el pokémon lo dejó sobre la cama que antes era de su entrenadora.
Tanto Cheren como Bel se miraron con tristeza escrita en sus ojos, conocían la historia de esos dos como la palma de su mano y ahora no solo debían superar la muerte de su amiga; sino que tenían que ser testigos de cómo el dolor destruía aquello que ella más atesoraba.
—Descansa, cariño—la madre de Touko depositó un beso en la frente del muchacho dormido, peleando con las lágrimas que querían salir.
Verlo a él en esa situación la hacía remontarse años atrás cuando había perdido al padre de su hija y al único hombre que había amado. Ella había tenido que ser fuerte por su pequeña, pero ahora nada le quedaba más que aquel chico deshecho y roto, no podía remplazar el amor de Touko; pero sabía porque ella lo había salvado aún a costa de su propia vida.
—Es mejor dejarlo dormir. —Dijo con una sonrisa triste mientras salía de la habitación, solo Emboar se negó a irse y ella lo dejó; porque sabía que era lo único que los conectaba con Touko.
トウコ
—Ya han pasado dos días— Cheren murmuró mirando a la ventana de la habitación donde N se encontraba, pero esta estaba cubierta con la cortina de color morado.
—Es difícil para él.— La profesora suspiró notando como la fuerza dejaba a sus pupilos, que diablos, ni ella tenía ánimo de seguir con su investigación.
El peliverde enterró la cara en sus rodillas mientras se balanceaba, parecía que aquello era lo único que mantenía su cuerpo junto.
—N, es hora de comer— Zoroark entró con una bandeja de comida, haciendo una mueca cuando comprobó que el desayuno seguía intacto.— ¿Por qué no estas comiendo?
Victini entró a la habitación con un pequeño bollo dulce, se lo tendió a N pero el chico solo negó volviendo a su posición anterior.
—Touko te amaba— dijo con voz calmada, lo que sorprendió a Zoroark dado que pocas veces lo había escuchado hablar—, no desperdicies su vida malgastando la tuya.
Dejó el pequeño pan en el buró con un suspiro cansado, miró a Zoroark mientras negaba y le indicaba el salir. Cuando ambos estaban a punto de irse, el peliverde se incorporó de golpe en el mismo instante en que Zoroark tiró la bandeja con comida.
«La chica sostenía a su preciado amigo herido contra su cuerpo y una cara que prometía una tortura si se acercaba a quitárselos.
Tembló de rabia y de miedo, si ella lo deseaba nunca más volvería a verlos y el sólo pensamiento le aterraba.
—¡No te tengo miedo!— Levantó su puño en señal de pelea y Zoroa se liberó de sus garras yendo con él, lo que sin duda lo relajó mucho; pero Purrolin aún seguía preso por lo que tenía que tener cuidado.
—Ella nos salvó.
¿Salvarlos? ¿Por qué esa chica lo haría? Los humanos no eran buenos, solo sabían hacer daño y disfrutaban llamándose a sí mismos superiores. Ella no sería la excepción.
—Te vigilaré— amenazó alejándose de ella y confiando ciegamente en que Purrolin podría cuidarse antes de que le llamará a los demás.
No le fue difícil localizarlos, por lo que regresó lo más rápido posible para salvar a su amigo. Grande fue su sorpresa que la chica lo aferraba a su cuerpo como protegiéndolo mientras de sus labios salía un pequeño ronquido.
—¿Qué hacemos con ella?— Darmatinian preguntó, él podía alejarla sin el menor problema y sin embargo algo en sus ojos capturó su atención.
Había un enorme golpe en su estómago que sólo podría ser ocasionado por un pokémon realmente pesado y una pequeña cicatriz en un costado.
—Esta herida.— Zoroa dijo señalando ambas partes como si no quisiera aceptar que había sido ayudado por una humana.
—Tenemos que curarla— fueron las palabras que profirió a regañadientes N mientras se perdía en el rostro dormido de la chica, sintiendo algo cálido en su pecho.»
—¿La viste?— N preguntó mientras corría para tomar a Zoroark de los hombros—, ¡¿la viste?!
—Es...¡es ella! — El pokémon se veía tan confundido y pálido como el humano, pero fue el pokémon legendario quién habló con un gruñido.
—¿De qué están hablando?
—Touko, ella está viva y está conmigo en el pasado.
«Definitivamente lo ha perdido», pensó Victini dudando de la salud mental del peliverde, pero en el mismo instante que el pensamiento llegó a él otro más inquietante vino acompañándolo y sólo un nombre para ello «No es posible».
—¡N! ¿Te lastimaste?— La madre de Touko corrió hasta él revisando sus manos al ver el desastre en el piso, pero el peliverde negó abrazándola con fuerza.
—Lo siento, lo siento— repitió llorando en su hombro, cual niño pequeño en busca del calor de su madre, tenía demasiadas emociones dentro suyo como para decir algo más. Y antes de ilusionarla, quería rescatar a Touko del pasado.
—Todo está bien, calma.
Si, lo estaría. Touko estaba viva y él la haría regresar, sin importar el costo.
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario es, como han dicho otras autoras:"como manosearme la teta y salir corriendo."
Hayden
