Disclaimer: Pokémon no me pertenece es propiedad de Satoshi Tajiri .
Notas de autor: Espero les esté gustando el fic tanto como a mi *-*... ¡duré cinco días sin publicar! No me lo creo, ya lo extrañaba.
Advertencias: Ninguna.
Touko bostezó incorporándose, se estiró lo más que su cuerpo magullado la dejó y un quejido salió de sus labios cuando su vientre palpitó con dolor.
Se llevó las manos al sitio herido sorprendiéndose de encontrar que su estómago estaba vendado torpemente. Sonrió con afecto tocando las vendas desgastadas como sí tuviera miedo de deshacerlas sabiendo de antemano quien las había hecho y sintiéndose mejor de que al menos mientras estuviera inconsciente se le acercaba.
Purrolin saltó cerca de ella mientras emitía un dulce sonido que a Touko le sonó como un buenos días, acarició la cabeza del pokémon con cariño.
—Hola, creo que dormí mucho ¿verdad? — Se río aunque la tristeza invadió sus facciones rápidamente, echaba de menos a sus amigos. Emboar, Whimsicott, Reshiram, Victini, ¿cómo estarían todos? Esperaba que N estuviera lo suficientemente bien como para cuidarlos, más que nada estaba preocupada por él.
Las pequeñas patas del Purrolin acariciaron sus mejillas y fue sólo con ello que Touko notó sus lágrimas. Se apresuró a limpiarlas para no molestar al pequeño.
—Estoy bien, no duele— le sonrió otra vez extendiendo sus brazos, algo que el pokémon aceptó encantado empezando a ronronear.
—No lo parece.
Ante el sonido de la voz de N-niño, la chica se incorporó pero sólo logró que su cuerpo se quejara del movimiento y tuviera que tumbarse nuevamente.
Con sorpresa vio como el niño se acercó, al menos hasta que levantó la blusa blanca de Touko importándole poco el que su busto se viera, como consecuencia ella enrojeció bajando con prisa su ropa, definitivamente este niño no era como N.
—¡No hagas eso!— Avergonzada no pudo más que aferrar la tela blanca contra su piel a modo de escudo, el Zoroa al lado del infante soltó algo parecido a una risa lo que ocasionó que las mejillas del mini N se tiñeran carmín.
—Perdón.
«¡Es tan dulce!» Touko chilló en su mente viendo en aquella carita apenada los mismos gestos que hacia su N...un momento ¿"su" N? ¿Cuándo había sido de su propiedad?
—No, está bien, sólo...no lo hagas otra vez— y ahí iba toda su palabrería de cuando se encontraba nerviosa con sus mejillas tan rojas igual que las de un pikachu—, las chicas sólo podemos mostrarle...ciertas cosas a la persona que amas.
—¿Para aparearse?
Joder, ¿qué tanto sabía ese niño?
—¿Cómo te llamas?— La chica cambió la conversación sin el mayor tacto mientras enrojecía, bastante vergüenza había tenido cuando su madre le había explicado aquello y no iba a repetirlo con un niño que estaba observando detenidamente sus senos.
—No tengo nombre.
Touko fue lo bastante rápida como para no mostrar que aquello fue una puñalada para ella.
—¿Qué te parece Natural? Así puedo decirte N— ella le sonrió conteniendo las lágrimas que amenazaban por salir, escuchar de su pasado no era lo mismo que vivirlo y aquellos tristes ojos verdes la miraban como sí de un momento a otro fuera a desaparecer.
—Si a ti te gusta— N enrojeció al comprobar que la chica le estaba dedicando una sonrisa aún más luminosa que cualquier otra que había visto de ella hasta el momento.
—Mucho gusto N, yo me llamo Touko— el pequeño pudo distinguir la tristeza en su voz cuando habló, haciéndolo fruncir el ceño—, ¿pasa algo malo?
—Estas triste— dijo él en un murmullo, mientras internamente se preguntaba porque le importaba.
Fue testigo de cómo la sonrisa vaciló en la cara de ella, pero aun así no se borró por completo.
—Perdona, es que me recuerdas a alguien a quien extraño— Touko admitió estirando la mano para tocarlo, pero él retrocedió asustado. —Lo siento.
¿Por qué sus ojos parecían a punto de llorar? El pequeño no lo entendía, ¿tanto le dolía el que no dejara que lo tocara?
—No te hará nada— Purrolin habló acercándose a la mano antes extendida para que acariciara su cabeza—, así demuestra su afecto.
—No quiero.
—¿Qué es lo que dice?— La voz de la chica lo distrajo de la charla con el pokémon.
—¿Cómo sabes que le entiendo?— Inquirió con sospecha.
—Bueno, creo que es más que obvio ya que lo ves fijamente— ella le sonrió sintiéndose superior ante su descubrimiento, pareciendo haber superado el rechazo anterior—,además le contestaste a él, ¿verdad pequeño?— Sostuvo a Purrolin cerca de su cara haciéndole cariños que hicieron ronronear al pokémon.
—Dice que tu demuestras tu afecto así— N gruñó dándose la vuelta, no dispuesto a aceptar su derrota. Aunque rápidamente se arrepintió cuando sintió los brazos de Touko rodear su cuerpo.
—No te asustes— murmuró ella suavemente como sí anticipara el que quisiera huir—, solo un momento...
N estaba por negarse cuando la sintió vibrar en su espalda, sus ojos verdes se abrieron como platos al comprobar que ella estaba llorando. Se dio la vuelta aún entre los brazos de la chica y la abrazó torpemente.
—Todo estará bien, no estás sola. —Murmuró como a veces sus amigos lo hacían, la escuchó sollozar y el agarre se apretó a su alrededor—, ¿tanto lo quieres?
—Más que a mí misma— contestó levantando la mirada con sus ojos azules cristalinos, aquella respuesta hizo que su pecho se sintiera extraño; como sí algo caliente estuviera atravesándolo—, pero no sé cómo llegar a él.
—Es un tonto— gruñó con mala cara, Touko soltó una risita mientras lo liberaba de sus brazos.
—Tal vez, es un poco distraído— se limpió las lágrimas decidida a ya no llorar. Descubriría la manera de regresar, lo haría— y en ocasiones dice cosas sin sentido, pero así es cuando te enamoras.
—Yo no te haría llorar.
—¿Acaso eso es una proposición, N?— Touko le sonrió con afecto haciendo que el pequeño enrojeciera desviando la mirada.
¿Por qué había dicho aquello? No tenía sentido, él no la necesitaba ¡ni siquiera estaba interesado en ella! Solo había sentido la necesidad de protegerla al ver sus lágrimas.
—¿Cómo sigue tu estómago?— Preguntó el niño separándose de ella con el mejor tacto posible, Touko le sonrió ampliamente.
—Mejor, gracias.
La chica estiró la mano para acariciar la mejilla de N, pero se detuvo a mitad del camino un tanto avergonzada. Escuchó el suspiro del pequeño mientras tomaba su mano y la acercaba a él con sus mejillas completamente rojas.
Touko sonrió ampliamente, aún no comprendía que era lo que pasaba o por qué había sido enviada al pasado de N, pero no podía no amar a ese niño; quien a su manera, estaba dejándola entrar a su vida.
—Gracias, N. — Dijo con toda la felicidad que había en su pecho—, por todo.
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario es, como han dicho otras autoras:"como manosearme la teta y salir corriendo."
Hayden
