Disclaimer: Pokémon no me pertenece es propiedad de Satoshi Tajiri .

Notas de autor: Capitulo traído para Ravie, porque sé lo mucho que lo esperabas :3

Espero te guste.

Advertencias: Ninguna.


N suspiró limpiando sus ojos, había perdido la cuenta de cuanto había leído sin encontrar algún indicio de como regresar a Touko. Gruñó una maldición cuando su pie chocó con una pila de libros esparciéndola por el piso.

Alguien llamó a la puerta y se incorporó para abrir.

—Cariño, la comida esta lista. —La voz de la madre de Touko se escuchó seguida de sus pasos alejándose.

Los ojos verdes se pasearon por la habitación de Touko, ya no lo entristecía él estar ahí. La salvaría, no importaba el costo.

Iba a bajar cuando una mareo lo detuvo haciéndolo sostenerse la cabeza, se recargó en la pared y esperó a que la memoria llegara a él.

»—¡No hagas eso!— Parpadeó confundido cuando la vio enrojecer protegiendo su estómago, ¿acaso no quería que viera la herida?

—Es una chica, dejaste fuera sus pechos—Zoroa a su lado se burló con desdén, sus amigos le habían explicado que los humanos eran quisquillosos en eso de mostrar sus cuerpos desnudos. Supuso que para ella era aún más difícil por tener esas dos cosas suavecitas expuestas.

—Perdón— enrojeció desviando la mirada, esperaba que no descubriera que había tocado eso o no sabía de lo que sería capaz.

—No, esta bien, sólo...no lo hagas otra vez—¿estaba tartamudeando? ¿Por que se ponía tan roja? La observó detenidamente y después a sus senos—, las chicas sólo podemos mostrarle...ciertas cosas a la persona que amas.

—¿Para aparearse? —Lo había hecho a propósito, él ni siquiera sabía en que consistía eso dado que sus amigos dijeron que aún no era edad para que él supiera. Sin embargo, siempre que preguntaba todos se quedaban de piedra y supuso que ella no sería la excepción.

Dicho y hecho, la chica se quedo unos segundos con la mirada fija en sus ojos, como sino creyera la pregunta que le hacía.

—¿Cómo te llamas?

Seh, igual que sus amigos cambiando de tema rápidamente, aunque ese era uno que no le gustaba en lo particular.

—No tengo nombre.

—¿Qué te parece Natural? Así puedo decirte N

—Si a ti te gusta— había enrojecido al escucharla, pero aquel sencillo nombre lo había hecho sentir que pertenecía a alguien.

Cosa que se volvió más fuerte en su pecho cuando vio la radiante sonrisa que la chica le estaba dedicando; solamente a él.

»

N tembló cuando cayó en la cuenta que Touko estaba llevando el rumbo de su historia, no sólo desde que la había visto en pueblo Terracota; sino desde que no era más que un huérfano perdido en el bosque.

Ella era el motivo de toda la felicidad que tenía, y lo único que él le ofrecía era tristeza a cambio. Estaba llorando por su culpa y se sentía igual de irritado que su yo del pasado.

No se había confesado como lo había planeado antes, pero al parecer Touko entendía el sentimiento que él albergaba por ella sin la necesidad de emitir palabras.

—¿Estas bien?— Zoroark había llegado por él cuando notó que demoraba en regresar—, ella estará bien. Está con nosotros.

—Es sólo que...

—Alguien esta celoso de sí mismo y no confía en su pasado— se burló negando contrariado—, pase lo que pase. Eres tú.

—Ya lo sé— N bufó incorporandose hasta llegar al borde de las escaleras—, pero no me agrada.

«Humanos», Zoroark roló los ojos siguiendo a su amigo.

—Al menos no es otro huma...—el peliverde tapó sus labios con él ceño fruncido.

—Ni siquiera lo digas.

El peliverde bajó hasta llegar a la cocina donde fue recibido por un plato de panqueques repletos de miel, los ojos marrones de la mujer lo miraron cálidamente.

—Me alegra verte tan animado— dijo ella sin perder ese brillo en su mirar, N se preguntó cuantos años tenía; pues se miraba muy joven. Aún así, no quería preguntar pues lo sentía fuera de lugar.— La tuve con quince años.

El chico enrojeció sin atreverse a verla cortando uno de sus panqueques, se lo llevó a la boca masticando distraídamente.

—Era una niña muy enérgica, siempre metiendose en líos junto a Cheren y Bel— se rió suavemente cubriendo sus labios—, y te amaba.

En esa ocasión N si que se atragantó con su comida empezando a toser, recibiendo palmaditas en la espalda con cariño. La mujer estaba extrañamente animada con todo eso.

—Tuve un sueño— ella empezó a hablar acariciando los verdes cabellos—. Era el padre de Touko diciéndome que ella estaba a salvo y me recordó algo que había olvidado.

—¿Qué era? — Preguntó N.

—No te preocupes por eso cariño— la mujer lo apremió a seguir comiendo con una sonrisa—, el baño estará listo cuando termines.

Sin agregar más salió de la cocina encontrándose con Whimsicott, le sonrió abrazándolo con cariño.

—Aquí hay algo raro— Zoroark dijo mientras entraba sentándose al lado de su amigo—, ¿crees que ella lo sepa?

—Es poco probable, ¿no lo crees? —N preguntó por lo bajo, ni él mismo creyendo la posibilidad de que así fuera.

—Igual que el que Touko esté en el pasado.

N suspiró con cansancio, pero se apresuró a tomar el desayuno, tenía que encontrar la solución a cualquier costo y también tenía que detener a Ghetsis junto a los siete sabios.

—Por cierto, ¿dónde están todos?— Preguntó apenas cayendo en la cuenta que la mayoría de los pokémon de Touko no se encontraban en la casa.

—En el laboratorio de la profesora— dijo con un suspiro—. La mayoría estuvo aquí para saber como estabas, pero la señora los convenció que ya estabas bien y que podrían ayudar allá. También prometió que irías a visitarlos.

El peliverde contuvo una mueca, sin embargo no engañó al pokémon siniestro.

—Ellos te quieren N, igual que a ella. — Lo tranquilizó para después robar el último bocado de su plato.

—¡Zoroark!

Una hora más tarde, el chico se dirigió al laboratorio conteniendo todo su malestar. Odiaba ese lugar y la profesora no había sido su persona favorita los últimos meses, pero se había preocupado genuinamente por él y los pokémon.

Tocó el timbre mientras esperaba con un obsequio mandado por la madre de Touko, aunque para eso momento él estaba seguro de poder llamarle mamá y ella no tendría problema alguno.

—¡N!— Bel lo atrajo en un fuerte abrazo que le cortó la respiración, la pequeña rubia si que había estado preocupada por él—, ellos se alegrarán de verte. Anda, pasa.

—Uhm, gracias...mamá mandó esto para...— Estaba nervioso y sus mejillas lo demostraron tiñendose de rojo.

—Adelante N— la profesora lo miró con una sonrisa—, los pokémon te esperan en el jardín.

—Yo...lo siento.

No podía ofrecer una disculpa más larga que aquella, ni mucho más sincera tampoco. Sin embargo la doctora sólo asintió con buen ánimo.

—Olvidemos el pasado, —Oh, lo compadecía. Eso explicaba todo—, todo estará bien.

N se limitó a seguir a Bel hasta el jardín donde de inmediato un grupo enorme del pokémon se abalanzó sobre él mientras decían su nombre.

—Perdón por no venir antes— su voz se quebró una octava, Liepard se restregó contra su cuerpo y N fue testigo del dolor que había en él. No sólo el felino, todos los pokémon tenían un aura de tristeza a su alrededor—, lo lamento.

No supo porque, pero las lágrimas salieron de sus ojos a la par que las de los pokémon, sólo se quedó ahí sentado intentando consolarlos y prometiendo mudamente que encontraría la solución y traería a su entrenadora de vuelta.


A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario es, como han dicho otras autoras:"como manosearme la teta y salir corriendo."

Hayden