Disclaimer: Pokémon no me pertenece es propiedad de Satoshi Tajiri .
Notas de autor: ¡AL FIN! *coro de ángeles* tarde una eternidad en tener el capítulo listo, pero la escuela; mi laptop que se murió con la mitad del capítulo listo T_T es terrible cuando eso me sucede, por más que reescribía nunca me gustaba tanto como el original. Y tengo demasiadas historias en mi mente T_T
Traído especialmente para mi querida Ravie, porque sé que amas este fic :'3
Advertencias: Ninguna
N vaciló con la mirada fija en el cuerpo de la muchacha, podía ver claramente el golpe que había recibido por defender a Purrolin y como sus ojos azules estaban llenos de cariño infinito. La abrazó enterrando la cara en su pecho empezando a vibrar mientras sentía como ella lo rodeaba con sus brazos.
—Lo siento— hipeó avergonzado por sus sentimientos, pero Touko sólo sonrió acariciando su mejilla—, lo siento, lo siento...
—Esta bien N— ella lo tranquilizó sin soltarlo mientras empezaba a cepillar mechones de cabello verde—, estoy aquí contigo.
«Por ahora», pensó el pequeño aferrando con fuerza la tela blanca. ¿Por qué la simple idea de perderla le aterraba tanto? Había olvidado cuanto tiempo había estado solo con sus amigos sin algún otro humano alrededor, pero ella...Touko era importante en un sentido más íntimo y si la perdía, si la calidez que lo rodeaba como en ese momento desaparecía no sabía que iba a ser de él.
—No quiero que me dejes— murmuró con voz quebrada levantando la mirada, la chica sintió su corazón romperse al ver las gruesas lágrimas que aquel niño solitario no se atrevía a derramar.
La mano de Touko se posó en el pecho del pequeño, donde el latido de su corazón se sentía y le sonrió.
—¿Me amas?— Preguntó al cabo de un momento, el peliverde se sonrojó hasta la raíz del cabello mientras sus ojos se volvían enormes de la sorpresa por la pregunta.
Antes de que contestara, un niño de cabello castaño le arrebató a N con una obvia expresión de enfado.
—¡Zoroa! —el pequeño lo regañó aunque en el fondo agradecía el que lo hubiera salvado de contestar. Touko pudo ver el alivio en sus facciones y sólo le sonrió.
—Tengo una idea.
Para sorpresa de Touko, el bosque no estaba tan lejos de la ciudad como creía, el único desafío que había tenido era el haber conseguido sacar a N de ahí. El pequeño se había abrazado a un árbol con tanta fuerza que le costó varios forcejeos para que lograra soltarse y de inmediato ella fue promovida a escudo humano puesto que se aferró con fuerza a su cadera.
Cuando llegaron a Ciudad Mayólica los labios de N eran una O mayúscula perfecta, veía las atracciones con los ojos llenos de terror y se aferró con fuerza de la mano de la chica.
—Si no quieres hacerlo...entenderé— Touko le sonrió acariciando los mechones rebeldes de cabello verde, el chico se puso de forma recta y miró al frente.
—Lo haré.
Ella lo miró, encontrando en ese pequeño el espíritu de lucha que lo caracterizaba cuando era mayor; aún si estuviera con las piernas como gelatina él no iba a acobardarse.
—¿Qué te gustaría hacer primero? —preguntó notando que el chico no sabía exactamente el porqué de su visita. Miraba a todos lados nerviosamente sin decidir y después frunció el ceño.
—No sé.
Touko se rio de forma suave, encontrando agradable el poder darle aquel dia especial a N; si su tiempo con él era poco –pues sabía que tarde o temprano su padre lo encontraría- trataría de hacerlo feliz. Sentó al peliverde en una banca asegurándole que regresaría en poco tiempo y que no tuviera miedo, después fue a comprar un algodón de azúcar.
Se había sorprendido mucho cuando había encontrado todo su dinero en el bolsillo dado que ni siquiera tenía la identificación de entrenador. Pagó el dulce y se dirigió casi corriendo a donde había dejado a N, el niño estaba justamente donde lo había dejado pero estaba completamente recargado y con los ojos cerrados, tenía una cara de tranquilidad que le provocó un deja vú a cuando lo había visto nada más entrar al parque de atracciones en ciudad Mayolica muchos años después de ese día.
Se tapó la boca con rapidez para ahogar un sollozo, a quien intentaba engañar. Amaba a ese niño, pero en el fondo de su corazón ansiaba poder abrazar a su N; de saber que estaba bien sin importar que no supiera su paradero. Quería estar entre sus brazos y quedarse acurrucada ahí por el tiempo que él se lo permitiera. Añoraba ver a su madre, a Cheren, a Bell. A su equipo.
Se dejó caer mientras no podía dejar de llorar, tenía que dejar salir su dolor de alguna manera; la gente pasaba sin darle importancia hasta que sintió a alguien tenderle un pañuelo. Cuando levantó los ojos para ver quién era, Touko se quedó en completo shock.
Era su madre, pero tenía exactamente la misma edad que la de ella.
—¿Te lastimaste? —preguntó con una sonrisa un tanto preocupada, miró a sus rodillas pero no parecía haber sangre.
—Gracias, e-estoy bien— tartamudeó conteniendo el impulso de abrazarla, se incorporó y la chica hizo lo mismo.
—Me alegra— le dijo mientras un pequeño pokémon la miraba de forma altanera —, Snivy, saluda.
El pokémon planta volteó la cara como si aquella orden no le importara en lo mas mínimo, la chica de pelo castaño soltó un suspiro y después miró a Touko.
—Es muy huraño. — Palmeó la cabeza de Touko y se sonrojó—, perdona fue un acto reflejo.
La chica estaba por contestar cuando N se aproximó hasta ellas, sus ojos verdeazulados se encontraban llenos de nerviosismo; pero al mismo tiempo la preocupación nadaba en ellos al ver las rodillas completamente rojas.
—Me caí— Touko dijo antes de que empezara a armar un escándalo o algo similar, no sabía cómo podía reaccionar si es que pensaba que su madre la había tirado o lastimado de alguna manera.
Increíblemente, N le pidió agacharse y depositó un beso en la mejilla de la chica, que se sonrojó.
—Si duele puedes llorar —, murmuró con voz dulce y después le mostró una sonrisa cálida.
—Ahora que tu guapo acompañante esta aquí, estoy más tranquila — la chica sonrió mientras que su Snivy miraba a ambos, lado la cabeza y gruñó algo; N enrojeció.
—Gracias— Touko dijo mientras le tendía el pañuelo, pero su madre negó.
—Quédatelo, el mundo sería mejor si existieran personas dispuestas a ayudar a los demás sin esperar nada a cambio.
Mientras se alejaban, Touko se preguntó cuándo iba a volver a ver a su madre otra vez y si esa fue la única oportunidad que tuvo de ver quien era su padre. Sintió la mano de N entre la suya, volteó a verlo encontrándose con que escondía la cara de su mirada; pero sus orejas estaban completamente rojas, lo que le decía que estaba avergonzado.
—Los demás se preocuparan sino regresamos— murmuró él, pero Touko lo jaló al otro lado.
—Quiero ir a un lugar primero.
N no tuvo el corazón para negarse cuando vio la sonrisa y los ojos brillantes de la chica, en su lugar se dejó llevar hasta que fue capaz de mirar la enorme y bella atracción.
—Es una noria, ¿quieres subir conmigo? —Touko le preguntó, pero no hacía falta; el niño miraba a la enorme maquina de metal con los ojos llenos de admiración.
—Qué bonito movimiento.
«Las norias me fascinan: su movimiento circular... su dinámica... ¡Es un comprendio de belleza matemática!»
La entrenadora intentó por todos los medios no dejarse embargar por la tristeza, ella quería llevar a N del pasado a ese lugar. El mayor recuerdo de su tiempo estaba ahí, lejos de cualquier otro rincón de la región; la noria era su lugar y el de N y quería compartirlo también con éste N.
Cuando el encargado abrió la puerta, Touko sonrió: volvería, N estaba esperando por ella y esta vez, se encargaría de decirle lo que sentía aunque el mundo se viniera abajo.
A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario es, como han dicho otras autoras:"como manosearme la teta y salir corriendo."
Hayden
