ENEMIGA A LA VISTA…
Skipper llamo al científico con solo pronunciar su nombre, pues aun se mantenía encerrado en su laboratorio desde muy tarde. El pingüino alto dejo con dificultad sus experimentos de química y salió a atender al capitán, se quedo algo impresionado al ver lo que tenia enfrente, era su madre y su prima que se hallaba apoyada en un palo de madera.
-mamá.- llama a la hembra que le había dado la vida, caminando hacia ella para abrazarla como no lo había echo en varios años.
-hijo, muchas gracias por recibirme aquí.
-no madre, a quien tienes realmente que agradecer es a Skipper, si no fuera por él, no te hubiera regalado este espacio.- responde a su madre que agradece al capitán enseguida.
-hola Kowalski.- saluda inmediatamente su prima, una pingüina de gran atractivo, ojos negros con pestañas coquetas y una cintura bien enmarcada, lo único que afectaba su perfección era el bastón de palo con el que se sostenía.
-hola Anastasia, ¿cómo has estado de tu pata?.- pregunta algo preocupado, acercándose más a ella para ahorrarle el tiempo en caminar.
-bien, muy bien.- agradece con una inmensa sonrisa al mirarlo acercarse de esa manera, por un momento sintió su corazón dar un vuelco de alegría cuando el pingüino le beso la mejilla.
-es bueno volver a verlas, hacia mucho que ya no sabía nada de ustedes.
-ni nosotras de ti.- a completa la hembra, llamando algo la atención de los demás.
-ustedes podrán quedarse primeramente en el laboratorio, pueden pasar a dejar sus cosas, mientras yo acomodo una de las literas para que puedan quedarse ahí.
-te agradecemos mucho estas atenciones Kowalski.- le vuelve a agradecer su madre.
-no es nada, vamos.- las invita guiándolas hacia el lugar mencionado, el teniente abrió la puerta con caballerosidad mientras cargaba el equipaje, acomodo ambas maletas en una esquina y las dejo solas al salir del laboratorio cerrando la puerta.
-ya se fue, ya puedes dejar a un lado ese palo de madera.- le aconseja la madre en susurros a la pingüina, mirándola como deja caer el palo al suelo, apoyándose en ambas patas con normalidad.
-¿es necesario que tenga que seguir fingiendo este problema, tía?
-si quienes tener algo de lastima y comprensión de Kowalski, claro que si.- le conseja la madre brindándole una sonrisa de seguridad.
_oOo_
Mas tarde de ese mismo día la nutria decidió ir por última vez a la base, bajo por las escaleras, pero antes de bajar por el ultimo escalón sus patas resbalaron al entrar en contacto con algo pegajoso, Marlene dio un grito al sentirse caer, pero pronto su grito paro al ser atrapada por la nutria macho.
-¿estas bien?.- pregunta algo preocupado por la hembra, aun desconociendo sus deseos.
-sí, gracias.- le agradece aprovechando la oportunidad de cercanía, miro fijamente a sus ojos con atracción, dándose cuenta el macho de inmediato. La ayudo a bajar por completo los escalones y la soltó casi al instante.
-¿vienes de visita?
-sí, vine a ver a Kowalski para ver qué ha pasado con el próximo proyecto que estamos a punto de realizar.- le responde con seguridad, mirando hacia la puerta del laboratorio.
-bien, espero que su próximo trabajo sea mejor que el anterior.- pide mirando devolverle a él la mirada.- los dejo solos, adiós.- se despide antes de subir hacia la isla de concreto, Marlene lo miro irse y después volvió su vista a la puerta del laboratorio en busca del teniente, se acerco a ella y descubrió que si se encontraba, pero no solo. Se le ve sentado sobre una almohada larga que usaba él ahora como cama, ya que su madre ocuparía su litera, le acompañaba Anastasia quien se mostraba sentada sobre la almohada mientras tenía su pata "lastimada" sobre las piernas del teniente, recibiendo un masaje que según el macho, era ideal para su pata.
-eres muy inteligente Kowalski, además de científico, eres doctor.- le alaga mirándolo coquetamente.
-bueno, esto no es nada de medicina, esto lo aprendí en mis años de militarizada y la medicina la considero como una rama importante de la ciencia.
-eres muy bueno Kowalski… nunca dejas de impresionarme.- comenta esta vez aligerando la voz, Kowalski paro el masaje al instante en que la hembra se acerco a él.- siempre has sido muy bueno conmigo, eres muy inteligente y siempre te he valorado por ello.- le confiesa en un susurro, miro a sus ojos azules y se profundizo en ellos, mientras que el macho se sentía como una piedra, inmóvil, sin poder hablar, apenas y podía seguir respirando, solo fijaba la vista en el pico de la hembra como se acercaba lentamente al suyo, ninguno de los dos se imaginaba que la nutria los miraba por el borde de la puerta entreabierta, sintió amenaza en ese solo acercamiento que la pareja presentaba, ¿quién era aquella individua?, se preguntaba sin dejar de mirarlos, pronto reacciono ante su pregunta y decidió que aquella desconocida no podía impedir sus planes, abrió por completo la puerta dejando salir el rechinido de la puerta, logrando interrumpirlos.
-perdón, no quise… interrumpir.- miente logrando hacer que el pingüino se levantara y la mirara algo apenado, mientras que Anastasia le lanzaba una mirada amenazadora.
-no interrumpes en nada.- le aclara el pingüino.
-yo solo vine por qué quería saber cuál era el nuevo proyecto.
-es cierto, lo había olvidado por completo con la visita de mi madre y mi prima.- Marlene interrogo en su mente aquella relación familiar que tenia con la pingüina que estaba a punto de besarlo, ¿primos deben besarse?, se pregunto de igual forma mientras era empujada ligeramente por la madre del pingüino que recién entraba al lugar.
-mira, precisamente es ella.- responde el pingüino acercándose a la hembra.- mamá, Anastasia, quiero presentarles a Marlene, ella es mi compañera y ayudante de trabajos científicos.
-¿qué?, ¿nuevamente estas con esa obsesión de ser científico?.- interroga irritantemente la madre.
-si mamá, tu sabes, que desde que era pequeño ese siempre ha sido mi sueño y ahora menos que nunca estoy dispuesto a renunciarlo, y para aquello, Marlene me apoya, ella ahora es mi compañera y apoyo en la ciencia.- con estas pocas palabras Marlene se gano el odio de ambas pingüinas, pero además del odio, también eran los celos, la envidia y una mala vida por parte de Karen.
-puedes intentarlo hijo, pero te lo dije y te lo seguiré diciendo, estás perdiendo tu tiempo en esas tonterías de la ciencia, y tú mismo te darás cuenta.- le asegura la hembra, saliendo del laboratorio más que molesta, Marlene solo agacho la cabeza mientras Kowalski se acercaba a ella.
-¿te importaría si hablamos afuera?
-¡no!, no tienen por qué irse, si después de todo aquí es el laboratorio, yo me voy, sirve que voy a hablar con la tía Karen.- Kowalski le agradeció y ayudo a la hembra a coger su palo de madera para poder salir cuidadosamente por su pata, pero Anastasia al cerrar la puerta no se fue inmediatamente, si no que pego el oído a ella para escuchar la siguiente platica.
-me siento algo apenado por todo esto que presenciaste.- se disculpa el teniente.
-no tienes por qué pedir perdón Kowalski, después de todo, yo te comprendo, mi padre tampoco ha sabido apoyarme muy bien, pero en fin, eso es algo de lo que después podre contarte.
-gracias, bueno, ¿podemos concentrarnos ahora en el proyecto?
-sí, claro que si.- le responde cordialmente, mientras ambos continúan con el trabajo.
La pingüina llego hasta donde estaba su tía, descansando sobre una de las literas.
-acabas de conocer a una grande y fuerte enemiga Anastasia.
-¿qué crees que pretenda esa maldita nutria, tía?.- pregunta enojada en un susurro, procurando no alzar la voz para no lograr ser escuchada por ambos animales que se encontraban encerrados.
-no se hija, pero te puedo asegurar que esa nutria podría echar a perder nuestros planes.- termina de concluir mirando a su sobrina.
Por otro lado Marlene solo pasaba herramientas al teniente, no prestaba ni la mas mínima atención al invento que se empezaba a armar, se preguntaba una y otra vez en su mente si en verdad aquella hembra seria su familiar, por otro lado también se pregunta el por qué aquella actitud de la madre sobre los inventos del pingüino, pensó una y otra vez en aquellas cuestiones.
-¿y nunca tuviste hermanos?.- pregunta la nutria más que dudosa.
-sí, tuve un hermano, pero, ya hace mucho tiempo que se separo de la familia, mi madre aun tiene contacto con el por medio de cartas.
-¿y tu papá?.- la pregunta de la nutria hizo crecer un nuevo silencio, el pingüino se quedo inmóvil, solo se mantenía viva su respiración.- hace mucho tiempo que… no trato temas de mi padre, a mamá no le guste que se hable de él.
-¿por qué?.- insiste la hembra.
-no lo sé Marlene, no sé nada de mi padre, ni siquiera lo conozco por medio de fotos, solo… se ha vuelto inexistente para mi familia.- le aclara un poco incomodo.
