Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?
Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.
Voluntad sobre Hielo
1
"Cierra los ojos. No pienses en ellos. Recuerda, solo eres tú y tu coreografía. Cuando estás allí, en el hielo, no existe nadie más. No importa el público; no importan los jueces; ni siquiera importa el animador. Solo importas tú, tu corazón y tu alma sobre el hielo." Y cuando los reflectores se encienden, allí en el centro de la pista de hielo recién lustrada, brillando hermosamente se encontraba ella. Una rubia platinada en una posición elegante y refinada. Sus piernas largas y perfectas estaban cruzadas, un pie se apoyaba perfectamente con la punta de la cuchilla en el suelo. Sus brazos estirados hacia arriba, cruzados refinadamente. Su expresión, sin embargo, era seria y fría. Usaba un perfecto vestido color celeste, llegaba hasta la mitad del muslo con un pequeño corte de al menos tres centímetros a un costado. Las mangas que tenía eran de un color celeste más transparente, brillaban con hermosos copos de nieve y el maquillaje contrastaba perfectamente. Tal vez era la hermosura que desprendía allí parada bajo el reflector o tal vez la perfecta y delineada trenza que se apoyaba en un hombro derecho con algunos brillos con forma de copos de nieve, pero el silencio en el estadio era por la respiración cortada. Todo estaba oscuro.
"Puedes hacerlo. Recuerda: tú, tu pasión y tu alma. Nada más." Una vez más se repitió en su cabeza la rubia.
Una suave y pacifica canción comenzó a sonar en el estadio. Lentamente la chica movió sus piernas deslizando las cuchillas por el hielo. Girando y girando, dando saltos y mostrando una refinada elegancia. Todo iba perfectamente. La mirada de los jueces se maravillaba ante la naturaleza nata de la joven. Complacidos sonreían.
El público gritaba emocionado. Los ojitos brillaban al observar la rutina.
La rubia observo el otro extremo de la pista. Tenía que terminar su rutina con un final perfecto para conseguir un perfecto cuarenta. Los cuatro jueces no le quitaban la vista de encima, y ella los ignoraba. Sin pensarlo dos veces tomo una rápida decisión. Rápidamente se deslizo por el hielo cruzando las piernas al hacerlo, pronto, comenzó a dar zancadas mientras avanzaba. Cada pequeño paso era un pequeño salto que al cabo de cinco de ellos, al tocar el suelo la pierna derecha de la joven se estiro formando un circulo en el suelo y finalmente siguió deslizándose hacia enfrente. Entonces, la decisión riesgosa fue puesta a prueba. Decidida, se inclino hacia arriba logrando sostenerse en la punta de la cuchilla aún deslizándose. Su mirada confiada no duro mucho. Las personas que observaban anonadados y emocionadas gritaban, pero nadie logro notar lo que vino después. Las cuchillas no pudieron seguir deslizándose más, la rubia lo sintió. Un tropezón la hizo caer al hielo y barrerse hasta el final de la pista (que por si ya no le quedaba tanto espacio). Su cabeza chocó en el muro que sostenía las ventanas que separaban las gradas de la pista.
Escucho a la multitud lejana. La voz del animador, Thomas Williamson, cada vez se hacía más lejana. Ella podía escucharlo desesperado, contando el suceso. Su visión comenzó a fallar, un líquido caliente se deslizaba por su cabeza. Vio a tres hombres con chalecos rojos y blancos acercarse a ella a gran velocidad y luego… todo se volvió negro.
El timbre sonó dando el aviso de que las clases apenas habían comenzado. Para Anna, eso significaba que tendría que pasar dos horas en la clase de ingles con Míster Steve. El profesor aquel, era un hombre bastante pacifico y tranquilo. Tenía el cabello de color castaño y usaba unas gafas pues su visión no era buena. El hombre era amable, sin embargo, solo era así cuando no se estaban en clases pues durante ellas era todo lo contrario: estricto, serio, firme e incluso algo intimidante.
Anna Summer corrió rápidamente por los pasillos esquivando a todos los alumnos que se encontraban en su camino. Necesitaba llegar en dos minutos o de lo contrario la dejarían fuera de clases. Otra vez.
Corrió y corrió y al final logro llegar apenas unos segundos antes de que la puerta se cerrada. Para entonces, el maestro le regalo una pequeña sonrisa antes de cerrar la puerta. Anna solo entonces dejo escapar el aliento y se dirigió a cierta rubia que la miraba divertida.
– Te has salvado por un pelo – Comento. Su cabello era largo y sedoso, rubio como el sol, perfectamente dorado y sus ojos como una preciosa esmeralda. Anna asintió.
– Y que lo digas. Pensé que no llegaría nunca – Ella dijo tomando el asiento a su lado. Su mano peino algunos mechones rojizos que se habían desarmado de sus trenzas.
– No me sorprende que hayas llegado tarde de todos modos, siempre es lo mismo contigo – La rubia rió. Anna sonrió. Enfrente de ella, se encontraban dos chicos hablando sobre el mejor estilo de música.
– Ustedes dos, ¿qué tanto pelean ahora? – Anna preguntó. Ambos la miraron. Uno de ellos, el que se encontraba sentado enfrente de la compañera de Anna, sonreía abiertamente con picardía. Su cabello era castaño oscuro y tenía algo de barbilla. Mientras que a su lado, su compañero, era un chico rubio sin la barbilla. Ambos miraron a las chicas, con ojos castaños.
– La mejor música de la vida que tocaron el RockPalooza – Respondió el rubio.
– El RockPalooza – La rubia sonrió soñadora – Fue el mejor verano
– Sin duda lo fue – Asintió el castaño sonriendo – Por cierto, ¿ya escucharon los rumores? Hay una chica que se integra hoy
– ¿Quién te ha dicho esto? – Pregunto Anna sorprendida. Estaban a mediados de año, no era normal que una chica se integrara.
– Mérida. Ella lo ha escuchado de un chico que ha estado haciendo un papeleo en la oficina principal. Creo que les escuchó hablar allí a la directora y a los profesores.
– Una chica que se integra – Bufó la rubia – Seguramente es mentira. Nadie es tan tonto para dejar la escuela en la que está para venirse a otra
– Rapunzel, no seas así. Seguramente ésta chica tiene sus razones – Anna rió.
La oji-verde asintió despreocupada. El maestro no tardo en iniciar su clase. Anna observaba distraídamente al maestro mientras éste hablaba. Lo escuchaba hablar, pero no comprendía el mensaje. Steve tenía una costumbre. Como era un profesor de ingles, en cada clase, él hablaba en ingles y después de unas dos o tres oraciones traducía todo lo que decía. Anna no podía evitar confundirse de vez en cuando.
– Pss, Anna – La pelirroja salió de su distracción y miro a su izquierda. Un chico de cabello blanco platinado sonreía de oreja a oreja. Se notaba mucho más joven que el promedio normal de un chico de dieciocho años. En sus manos había un papelito doblado y estiro la mano acortando los dos metros que los separaban en uno. Anna, tomo el papel y lo abrió.
Qué tal si vemos todos juntos una película después de clases
-Olaf
Anna sonrió y guiñó el ojo en dirección del peli-blanco alzando el dedo pulgar. Pronto, con suma discreción, entrego el mismo mensaje a sus amigos que se encontraban cerca.
– Miss Summer – La voz potente del maestro hizo que la pelirroja se tensara. Ella presiono los dientes observando la mirada seria del maestro. Él estuvo apunto de regañarla cuando alguien golpeó la puerta de la entrada, por lo tanto se acerco a ver quien era él que se atrevía a interrumpir en su clase.
Anna dejo escapar el aliento.
– Wow. Dos en un día. Estás de suerte – El rubio rió.
– Cállate Kristoff – Anna sentencio con un suspiro.
La chica observo al maestro tensarse en la entrada. No lo podía ver bien. Estaba de espaldas a toda la clase tapando a la persona que había interrumpido, sin embargo, a nadie le paso por desapercibido el hecho de que el maestro se secaba la mano contra su pantalón, probablemente sudando, porque se notaba nervioso.
Él se alejó y dejo entrar a una chica. Anna observó a la chica con detenimiento. El tiempo se le congelo enseguida. La joven tenía el cabello rubio trenzado, aquella trenza se encontraba en su hombro izquierdo. Sus ojos eran inexpresivos, un azul hermoso. Cobalto. Usaba un suéter que tenía ambos hombros caídos, sujetos por un tirante blanco. Usaba unos jeans horriblemente ajustados. Ella tragó saliva observando a la chica. La recién llegada cargaba unos libros en sus brazos y un bolso en su hombro izquierdo.
– Young people – Steve habló a su clase – This is Elsa Winter, his new partner. I hope that all are respectful to her and make them feel welcome. Please, Elsa, took a seat somewhere – La chica le miró tranquila, asintió lentamente y el maestro rápidamente tradujo lo que acababa de decir antes de la chica se moviera – Jóvenes. Ésta es Elsa Winter, su nueva compañera de clases. Espero que todos sean respetuosos con ella y la hagan sentir bienvenida. Por favor, Elsa, toma asiento en algún lugar.
La chica observo el salón por completo. Contaba con cuatro filas de asientos de apares. Todos los asientos parecían ocupados con excepción de unos pocos que se encontraban atrás. Giro su cabeza y encontró, en la segunda fila de asientos dobles, un asiento vacío frente a un peli-blanco que sonreía con emoción.
Dejó sus cosas en el asiento y observó en frente a su profesor que siguió su calase tranquilamente. En todo lo que resto de la hora de clases podía sentir a alguien mirándola. Su corazón latió con fuerza. Seguramente ya la habían reconocido.
Durante todo el camino desde la recepción en la sala principal hasta el salón se había encontrado con la mirada de pocos alumnos que no estaban en sus salones. Muchos la miraban despreocupados pues no parecían importarles quien era la chica, sin embargo ella aseguraba haber visto los ojos de más de uno brillar de emoción al reconocerla.
– No puedo creerlo. No puedo creerlo. No puedo creerlo – Rapunzel repitió observando a la chica que no se encontraba tan lejos. Justo en la corrida de filas de al lado y enfrente de su amigo, Olaf, se había sentado la chica.
Era imposible no reconocerla. Era ella. La última vez que había visto a la rubia había sido por la televisión. Recordaba que ese día, durante una gran competencia que pasaron por el televisor, ella y Anna habían estado peleando con palomitas durante los comerciales. Escucha aún a su hermanastra gritarle que dejara de desperdiciar la comida y así también dejara de ensuciar. Entre risas y risas. Cuando el televisor volvió a transmitir la competencia recordaba como la pelirroja le decía que estaba aburrida, pero claro, ella no le prestaba suficiente atención pues estaba completamente emocionada viento los movimientos en el hielo de aquella rubia que ahora mismo se encontraba allí en el salón: Elsa Winter. O mejor dicho: La Reina de las Nieves o Reina del Hielo.
– ¿Qué sucede? – El castaño observo a la rubia aturdido.
– Es ella. Elsa – La chica dijo.
– Eso dijeron. Así se llama – Kristoff dijo confundido.
– No. No lo entienden. Anna, ¿tú sí sabes quién es, verdad? – La rubia preguntó esperanzada.
Para su sorpresa la chica pelirroja se encontraba completamente atónita observando a la rubia sentada. No dejaba de observar como sus manos se deslizaban lentamente por el cuaderno garabateando algunas palabras que el profesor decía. Su respiración se cortaba al verla allí. Desprendía un aire superior, elegante y refinado. Anna no podía evitarlo. "Demonios, ¿quién es esta chica?" Ella mentalmente se regañaba por no poder quitarle la mirada, pero era imposible hacerlo pues nada en su cuerpo le respondía.
– ¡Anna! – Rapunzel le codeó con fuerza. Por fin rompió el contacto con la rubia que se encontraba enfrente de ella justo en la fila de al lado. Observó a su amiga de la infancia que la miraba sorprendida.
– ¿Qué haces? Parece que babeas – Se rió el castaño.
– Eugene, ella no babea – Dijo Rapuzel tranquilamente – Solo está admirando a la gran estrella que hay aquí
– ¿Estrella? – La chica pregunto. Rapunzel asintió. Anna miró a la chica y se encontró con una mirada glacial observándola. No pudo evitar sentirse emocionada. Su corazón latió aceleradamente y su respiración se corto por un segundo antes de que la rubia cortara el contacto y volviera a prestar atención al profesor. Anna observo a su compañera.
– Ella es Elsa Winter. Anna, estabas en mi casa cuando la vimos en la televisión – Rapunzel dijo con emoción – ¿Recuerdas? Hace ya cinco meses
– Cómo es posible que recuerde eso – Anna cuestiono frunciendo el ceño.
– Porque… – Rapunzel no pudo terminar de hablar pues el timbre del cambio de hora la interrumpió por un segundo. El profesor observo a sus alumnos y les dejo una tarea sencilla: escribir un resumen de lo que acababa de explicarles. Por supuesto, Anna hubiera querido decir que era sencilla pero habían dos problemas, ella no tenía ni idea de cómo hacerlo, pues era en ingles y también no había prestado atención a lo que explicaba el hombre.
– ¡Hola! Soy Olaf y me gustan los abrazos – Anna volteó hacia el asiento que era separado por un pasillo de dos metros. El chico peli-blanco se encontraba enfrente del pupitre de la rubia extendiendo los brazos hacia los lados sonriendo emocionado.
Anna rió nerviosa por la actitud infantil del chico. Rapunzel rápidamente se puso en pie y se acerco a ambos empujando a Olaf un poco.
– Hey, lo siento si mi amigo le está molestando, majestad – Rió nerviosa.
– ¿Dijo majestad? – Pregunto Kristoff confundido.
– Yo oí majestad – Anna asintió aturdida.
– Yo también – Coincidió Eugene.
Los tres se miraron y se acercaron a la chica que nerviosa reía. Por su parte, la rubia observaba a la chica confundida.
– Uh, soy Rapunzel y debo decirle que soy realmente una gran admiradora suya. Aún no puedo creer que usted esté aquí, estudiando con nosotros – La rubia sonrió.
La nueva chica observo a la rubia confundida, poco después observó como los demás se acercaron a ella. Se sintió incomoda por la presencia de tanta gente, pero aún así no pudo evitar reparar en cierta pelirroja que no le quitaba la vista de encima.
Ya la había encontrado observándola hace tan solo unos minutos atrás. La pelirroja sonreía algo nerviosa.
– Rapunzel, no molestes a los recién llegados – Eugene rió – ¿Y qué es eso de "majestad"?
La oji-verde le dio un golpe al chico en la cabeza, quien se quejó aparentemente por el golpe.
– Porque ella es la Reina del Hielo. Es una patinadora artística – Rapunzel dijo.
Elsa observó a los cinco chicos. Confirmo que uno de ellos estaba al tanto de quien era ella, por supuesto que era de esperarse, sobre todo por la forma en que le había hablado. Sacudió la cabeza tranquilamente, busco las palabras correctas en su cabeza y con tono monótono habló.
– Por favor, si pudieran dejarme sola se los agradecería –
El corazón de Anna latió nuevamente rápido. La monótona voz de la chica era, a pesar de sin emoción, suave como la tela. Rasgo dentro de ella provocando un cosquilleo. También, logro distinguir un acento extranjero, pero no pudo reconocerlo.
– Uhm. Sí. No hay problema – Rapunzel asintió con decepción.
– Lamento lo de mis amigos. A veces pueden ser… especiales – Anna rió mientras los demás se iban dejando sola a las chicas. Elsa observo a la rubia con el corazón volcado en la mano.
– Bien – Habló fríamente.
Con el pasar de las horas nada había cambiado, o tal vez todo lo había hecho. Para Anna el día se había pasado con ella atrapada en sus pensamientos observando a una rubia perfecta en sus pensamientos. Al cerrar los ojos no podía dejar de ver esa mirada de cobalto que le había dado la chica cuando ella había sido atrapada observándola. Su tono de voz, aún impregnado en su cabeza repitiéndose una y otra vez. Suave y sedoso. Frío y vacío. Con un acento. ¿Qué acento era? ¿Ruso? ¿Irlandés? Tal vez… ¿Noruego?
Recordó que su mejor amiga le había hablado de la chica como si fuese una celebridad. Una diosa encarnada. Recordaba también la mirada que Rapunzel le había dado a Elsa. Llena de admiración. Eso a Anna no le había gustado. ¿Por qué?
¿Cómo le había llamado? ¿Reina del Hielo? Recordaba haber escuchado ese nombre vagamente hace tiempo atrás, pero no recordaba en donde. También vagamente se le hacía familiar la chica. ¿Quién era ella?
Caminando por los pasillos con los libros en la mano y en dirección a la cafetería logro descubrir que tal parece ella no era la única pensando en la rubia nueva. Al parecer ella era la nueva sensación. Todos hablaban de ella como si se tratase, nuevamente, de una diosa encarnada.
Admiración por parte de las chicas. Picardía por parte de los chicos. Las expresiones de cada uno eran sorprendentes. Y nuevamente a Anna le molesto.
Entro en la cafetería buscando a sus amigos.
– Hey – Tomó asiento en donde en un banco se encontraba una bandeja con comida. Observo a sus amigos sonriendo y alzó el dinero. La mano de una chica pelirroja, llena de rulos con un cabello realmente enmarañado, tomo el dinero con una sonrisa – Gracias
– Por nada – La pelirroja sonrió.
– Oh. Allí está ella – Anna miró a Rapunzel que observaba una mesa lejana. Allí, sola en esa mesa lejana se encontraba Elsa leyendo un libro. Extrañamente traía puestas unas gafas mientras sus pupilas se movían siguiendo las palabras escritas en las hojas. En la mesa había una bandeja con comida a medio comer. Fue sorprendente que la chica se concentrara con tanto ruido.
– Pareces acosadora – Se rió la pelirroja.
– Es verdad – Anna asintió coincidiendo con su amiga, Mérida. Sin embargo, ella misma no podía dejar de mirar a la rubia que se encontraba sola ahora que había logrado divisarla.
– Esa chica es interesante, ¿no creen? – Kristoff cepillo su mentón con una mirada intrigada – Muchos han intentado hablar con ella. Hoy cuando me dirigía al baño he visto como tres chicas se le acercaron intentando preguntarle algo, pero ella les fue indiferente. También hubo dos chicos que intentaron coquetearles y ella tuvo la misma reacción
– Es la Reina del Hielo – Rió Mérida.
– ¿Qué es eso de Reina del Hielo? – Olaf cuestiono.
– Olaf – Rapunzel golpeó su rostro.
Mérida rió y Anna observo a sus amigas confundida – Ella es una patinadora artística. Le dicen la reina del hielo debido a que se desempeña increíblemente sobre él, es como si la pista fuera suya. También se le conoce como Reina de las Nieves debido a que nació en un lugar con nieve y en invierno
– Interesante – Anna sonrió ligeramente.
– ¿Por qué una patinadora famosa estaría aquí estudiando? – Eugene mordió un trozo de pollo – Además, ¿por qué nos trato así?
– Parece ser una chica fría – Anna dijo. Capto la mirada de la chica, una pequeña y ligera, apenas perceptible, sonrisa se dibujo en sus labios mientras leía. La sonrisa de Anna se anchó aún más sin molestarse en ocultarlo. Al parecer ya había encontrado algo que le agradaba más que pensar en ella todo el día.
Tres chicas se acercaron a la rubia que se encontraba sola. Anna las reconoció como Aurora, Blanca y Jazmín. Las chicas intentaron hablar con la rubia que solo optó por ignorarlas.
– No me parece que le agrade la compañía – Comentó Olaf observando a la chica.
– Quizás porque la asustaste hoy – Rapunzel dijo.
– ¿Qué? ¿Enserio? – El chico parecía afectado por el tono frío y pesado de su amiga. Ella asintió lentamente observando al chico que se encontraba ahora mortificado. Anna sacudió la cabeza antes de darle un ligero golpe a su rubia amiga.
– No le hagas sentir mal. No es su culpa –
– ¿Enserio, Anna? ¿Enserio piensas eso? – El joven pidió con una mirada de suplica. La chica hizo una mueca nerviosa y asintió. A veces su compañero se comportaba como si tuviera cinco años.
Al terminar el almuerzo cada uno volvió a su salón. En el horario de Anna ponían historia, tres horas con el Señor Carpenter. La chica no pudo evitar sentirse como si el mundo se le viniera abajo. Odiaba cuando esa hora del día llegaba y no solo porque odiaba la historia, sino porque estaba sola. Olaf, Kristoff y Mérida se encontraban en Matemáticas y Rapunzel y Eugene se encontraban en Química. Ahora mismo, Anna sentía lo que Mérida debía de sentir todas las mañanas en que ellos se encontraban en Ingles con Míster Steve y ella se encontraba sola en Biología con la Señorita Lilly.
Obtuvo su asiento a la ventana para así poder tener con que entretenerse mientras el profesor hablaba. No es como si a Anna le importara de todos modos pues no soportaba tanto sobre la historia. ¿Realmente era importante lo que hicieron mieles de ancianos antes de que ella naciera? Apenas si le importaba lo que hacía ella hace años.
Su mirada cansada se paseo por todo el salón buscando algo con que entretenerse. La tediosa voz del maestro mantenía cansado a todos menos a cierta rubia. De pronto, el cansancio de la pelirroja se desvaneció y observó a la rubia sorprendida. No había notado su presencia.
La chica se encontraba sentada unas tres bancas adelante suyo. Observaba al profesor tranquilamente, parecía muy atenta a lo que el maestro hablaba, en comparación con los demás…
La mano de Anna se movía lentamente por su cuaderno, trazando líneas perfectas mientras ella no dejaba de observar entre la vista de escorzo que le ofrecía la rubia al observar a su profesor y su cuaderno.
"Eres una maldita acosadora, Anna." Pensó la pelirroja sin dejar de dibujar.
Desde pequeña a la chica le había interesado el arte. Se podía decir que era un talento natural que había heredado de su padre, quien había sido un pintor y retratista excelente en su época de adolescencia, pero finalmente el hombre había decidido estudiar arquitectura. No era lo mismo a lo que la chica hacía, pero se le parecía. Anna amaba el arte con el corazón. Con cada dibujo que hacía siempre ponía todo su corazón en él. No podía evitarlo porque esto era su vida. Esto era lo que ella quería.
– ¿Alguna pregunta? – El maestro pregunto observando a su clase. Nadie dijo nada y el hombre frunció el ceño – Venga alumnos. Tienen que hacer preguntas. Están a solo ocho meses de graduarse. Tienen que ser alguien en la vida. ¿Qué quieren? ¿Pasar toda su vida con esas caras largas?
Nadie respondió.
– Si siguen actuando así no van a llegar a ser nadie en la vida – Duramente expresó el maestro. Todos lo observaron tranquilamente, poco interesados. Anna sabía que lo que quería hacer era relacionado con su arte. Quería salir y dibujar los retratos más hermosos – Por ejemplo su compañera aquí. A diferencia de ustedes ya es alguien, ¿no señorita Elsa?
Rápidamente la chica alzo la vista para mirar a Elsa que se notaba algo incomoda. No parecía saber qué hacer. Sus hombros se encogieron y por un momento Anna noto como la máscara fría desaparecía. Una expresión cohibida se dibujaba en el rostro de la rubia y la chica de cabello rubio fresa no pudo evitar pensar que era lo más tierno que había visto en la chica en toda la mañana.
"Dios. Anna. Pareces una acosadora. Tienes suerte de que ella no puede verte. Pero Dios. Hay algo en ella que me hace mirarla y no lo puedo evitar. Es hermosa. Joder. Es horriblemente hermosa y sexy. Parece una delicada flor con un intenso aroma a intriga. Quiero conocerla. ¡Basta Anna!"
– Te ves acelerada – Anna alzó la vista a su amigo Eugene que se encontraba allí. Tardo unos minutos en notar que la clase había terminado y que todos se habían ido salvo ella que se encontraba aún con su cuaderno y su dibujo en sus manos. Lo observó con detalle. Las luces y sombras le daban la perfecta sombra de la chica y sobre todo, ayudaban a detonar el rubio platinado del cabello. Anna lo cerró antes de que el castaño lo viera.
– Estoy distraída hoy – Ella comenzó.
– Sí, por una chica rubia que acaba de ingresar – Se rió. Ella sintió el color subírsele y eso solo causo que el chico estallara en una carcajada – Dios. ¿Qué sucede contigo? No has dejado de mirarla en todo el día, creo que hasta sueñas con ella.
– Yo no sueño con ella. Es decir, es imposible hacerlo porque apenas la he visto. Ni siquiera la conozco y si tuviera tiempo para dormir probable soñaría con ella… espera, ¿qué? No es lo que quise decir, lo que pensé es que si tuviera tiempo de dormir entonces es posible soñar con ella. No, espera, no es lo que quise decir. Yo… –
– Anna, te estás distrayendo. Tú divagas mucho – El castaño rió dirigiéndose con la rubia fresa hacia otro salón – Entiendo. Estabas soñando despierta con ella. No me digas que es amor a primera vista
– Eugene – Anna regaño – Mejor cállate
– Ok – Él sonrió alzando las manos.
Justo cuando estaban por entrar en su siguiente clase, música, Anna logró divisar a la rubia caminando en sentido contrario a ellos. Sus ojos cobaltos se encontraron con el verde azulado de Anna. Su corazón se detuvo ahí mismo. La rubia siguió caminando evadiendo la mirada de Anna, pero ella no pudo evitar seguir mirando a la rubia.
– Te lo dije, es posible que estuvieras enamorada de ella – Se rió Eugene.
– ¡Basta! – Alzó la voz completamente sonrojada. Con una expresión más cautelosa miro por encima del hombro del chico a la joven que seguía caminando.
Eugene entro en el salón riendo. En cuanto a Anna, la chica se quedo allí observando a la rubia alejarse por el pasillo. Una sonrisa se dibujo en sus labios lentamente conforme pensaba en que sería interesante ser amiga de una chica que realmente le atraía, espera, ¿qué? Ella no estaba enamorada de Elsa. ¿Enamorada? Dios. Debía dejar de escuchar a Eugene, eso es seguro.
Continuara…
