Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?
Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.
Voluntad sobre Hielo
2
Dos semanas habían pasado desde el ingreso de la chica nueva. Para Anna había sido una gran tortura haberse pasado todos esos días observando a la rubia desde lejos, realmente parecía una acosadora. Había memorizado los horarios de la rubia y había notado que ambas compartían al menos cinco clases: Ingles, historia, artes, matemáticas y educación física. En esta última la chica nunca podía evitar sonrojarse la recordar como se veía la rubia con una polera blanca ajustada a su cuerpo y sus shorts. Si Anna debía quemarse en el infierno cada vez que miraba a la rubia lucir tan sexy entonces que el fuego venga pronto a ella.
El fin de semana se había tardado en llegar, pero por supuesto a la pelirroja no le importaba puesto que le daba más tiempo de ver a la rubia en los pasillos del colegio. Apenas dos semanas y ella ni siquiera había hecho amigos. Siempre que Anna la observaba la chica estaba sola con un libro en la mano, sin importar el momento o el lugar. Parecía ser que la rubia alejaba a las personas, sobre todo a aquellos que iban por ella pidiendo un autógrafo. Esto de los admiradores se había calmado, por suerte. Ella aún recordaba como fue que en el tercer día de clases desde que la rubia se había integrado, justo en el momento en que salieron, se habían amontonado un montón de paparazzi en el campus del colegio. De alguna forma se habían enterado de que Elsa estaba allí.
Dios. Anna recordaba la mirada molesta en el rostro de la chica intentando evitar las cámaras, como su mano cubría su rostro para no salir en las fotos y como los periodistas la hostigaban haciendo preguntas. Anna quería tanto ir y ayudarla a salir de ese montón de gente, pero no reunió todo el valor que necesitaba. Todos se habían quedado expectantes ante lo que ocurría y finalmente, con algo de suerte, la rubia logro subirse en un Audi plateado y alejarse antes de que la cosa pudiera empeorar. Y esa misma tarde, la noticia de que Elsa Winter, famosa patinadora artística conocida como la Reina del hielo, se encontraba estudiando en New York como una alumna normal. Esto dio paso a la curiosidad de Anna.
– Quizás en internet salga algo sobre ella – Murmuro la chica. Recostada en su sofá color verde agua mientras lanzaba una pelota hacia arriba – ¿Tú qué piensas Joan?
El cuadro en la pared sobre el sofá se mantuvo en silencio. Anna asintió lentamente.
– ¿De nuevo hablando con el cuadro rojita? –
Anna se incorporo en el sofá y observo a su hermano de pie allí, sonriendo divertido. El chico de cabello rojizo como el de ella, sin embargo con un toque más similar al cobre que a la fresa, ojos completamente verdes y no verde azulado y sobre todo grandes patillas, sostenía en sus manos una botella de un litro de agua. Usaba una polera negra y unos jeans. Anna observó el reloj en la mesa de al lado al sofá y luego a él.
– ¿No habías ido a correr? –
– Iba, pero la nieve cubre la entrada y no creo que sea prudente. Además, las calles están igual de atestadas de nieve –
– Es invierno – Anna declaró lo obvio.
– Sí, bueno, odio esta época – El chico rodó los ojos. Hans, el hermano mayor de Anna, tenía tres años más que la chica – ¿Por cierto, de quién hablabas Anna?
– No sé de que hablas – Anna dijo sonriendo ligeramente. El chico estuvo a punto de decir algo cuando la joven subió corriendo las escaleras con rapidez. No quería seguir en el interrogatorio, que sabía que iba a ser peor.
En su habitación se sentó junto a su computadora y escribió el nombre de la rubia que tanto permanecía en su mente. Rápidamente encontró imágenes de la chica, deslumbrando con hermosos vestidos en una posición perfectamente elegante sobre unos patines blancos. La perfecta y reluciente trenza en su hombro y su expresión glacial, algo suavizada, pero todavía glacial.
– Elsa Winter – Anna pronunció observando las imágenes con la boca seca. No podía dejar de admirar la ropa que usaba. Esos vestidos de danza, ajustados y reflejando cada curva. Sus piernas y su cintura.
Siguió observando las imágenes hasta que encontró algo que llamó su atención. El corazón de Anna se le encogió al ver una imagen con la chica en una camilla siendo sujetada por dos hombres. Al parecer iba inconsciente. En la web logró encontrar algo llamado: el retiro de Winter/ se descongela la Reina del Hielo/ ¿Dónde estás Elsa?
Sin esperar más abrió una de las tantas páginas y encontró un vídeo. Anna se sorprendió de ver a la chica sobre el hielo. Parecía que volaba sobre sus patines, deslizándose suave y delicadamente. Una sonrisa en su rostro. Anna vivía para las sonrisas pequeñas y furtivas que la rubia daba al leer un libro. Debía admitirlo, esas eran las únicas veces que la rubia sonreía, cuando leía, y a Anna le fascinaba verlas. Las había dibujado para no perderlas. Sin embargo, el vídeo que Anna observaba cambió bruscamente cuando durante una rutina, Elsa perdió el control y termino estrellándose contra una pared.
El corazón se le detuvo y desesperada buscaba información. Encontró algo interesante: El fracaso de la Reina del Hielo. Abrió el pequeño artículo y lo leyó. Descubrió que tal parece Elsa perdió el control de las cuchillas de sus zapatos en el hielo y resbalo hasta la pared, la chica se golpeó en la cabeza y quedo inconsciente. Según el artículo, estuvo al menos dos semanas en el hospital y después de que salió ella se retiro del patinaje por un tiempo.
– 5 meses atrás – Pensó Anna. Recordó a Rapunzel reprendiéndole por no recordar algo de hace cinco meses atrás. Busco en lo más recóndito de su cabeza lo que debía de recordar y al final lo supo. Ella se encontraba con Rapunzel viendo el espectáculo, la competencia, en la televisión. Anna no prestaba mucha atención a la pantalla, pero sabía que había habido un accidente, cómo no sabe, quién lo tuvo tampoco supo. Ahora entendía. Era Elsa.
Intento buscar algo más de información de la chica. Descubrió que nació en Oslo, Noruega. Tal y como dijo Mérida, en invierno. Lo que explica el acento. Había encontrado un sinfín de información sobre Elsa, ella quería leerlo todo. Todo sin dejar nada fuera. Pero de pronto el pensamiento inicial la carcomió.
"Acosadora."
Anna suspiró apagando la pantalla del computador. Giro en la silla con ruedas y luego tomo su cuaderno de dibujo. Ya tenía muchos bocetos de la rubia en diferentes posiciones. Sobre todo con una sonrisa al leer. Era un momento único que quería marcar dentro de ella para no olvidarlo nunca.
Sonrió ligeramente. Tomo una bufanda y salió de su casa para encaminarse a la de su mejor amiga. En el camino la pelirroja pudo observar la nieve en las aceras. Las calles estaban casi congeladas por lo que no había muchos autos transitando. Los chiquillos estaban jugando con la nieve.
– Hay que hacer un muñeco de nieve – Anna dijo sonriendo. Apresuro el paso y golpeó desesperadamente la puerta de la casa de Rapunzel. Tardaron unos minutos en abrir.
– Anna – La rubia sonreía – ¿Qué haces aquí?
– Vamos a hacer un muñeco de nieve – Infantilmente sonrió – Tienes que venir. El parque está lleno de chicos jugando en la nieve y sería estupendo si vienes conmigo. Creo que los chicos han salido. ¿Crees que se olvidaron de nosotras? Yo no estoy segura, pero Kristoff no me ha enviado ningún mensaje. Mérida iba a ver a su abuela. Ya sabes como es en ese tema
– Anna, no divagues – Rapunzel rió. Alzó un dedo mientras sacaba una bufanda que había colgada en un perchero. Soltó un grito avisando que iba a salir y luego se encamino al parque con Anna.
Anna sonreía ansiosa. Apenas llegaron al parque notaron que había una gran multitud de chicos jugando en la nieve. La pelirroja dio un salto emocionada y comenzó a acumular la nieve mientras la rubia reía. Al cabo de tres bolas de nieve, Anna recogió unas piedras del suelo y camino hasta donde se encontraba Rapunzel, pero en camino choco con alguien y cayó al suelo.
– Ouch – Anna se quejó – Lo lamento
En frente de ella, apoyada sobre una mano y las rodillas, se encontraba quien menos esperaba ver. El corazón de Anna se acelero mientras un sonrojo se teñía en su rostro. Elsa estaba allí. La chica, mientras con una mano se apoyaba en la nieve, con la otra se acomodaba un gorro de lana color celeste con franjas blancas y dos pompones que colgaban de unas hebras a los costados. La rubia miro a Anna sorprendida y tragó saliva. Volteó y rápidamente se puso en pie antes de salir corriendo de donde se encontraba.
– Anna, ¿qué haces en el suelo? – Rapunzel ayudó a la chica a ponerse en pie.
– Acabo de chocar con alguien – El tono de Anna salió con un nudo en la garganta. Aún no podía creer que había chocado con Elsa. Con la misma Elsa que atormentaba sus sueños. La misma Elsa que dibujaba todos los días. La misma Elsa que nunca abandonaba sus pensamientos.
– Me parece que ese alguien dejo tirado algo – Rapunzel recogió un bolso cubierto por la nieve. Anna lo tomó y noto que era pesado – ¿Qué hay dentro?
– Pa-tines – Anna dijo confundida. Dentro unos patines, blancos como la nieve, estaban acomodados. No había nada más.
– ¿Patines? – Rapunzel busco con la mirada. Un lago congelado apareció en su visión y sonrió – Es posible que el dueño haya estado en el lago
Anna asintió confundida. ¿Por qué Elsa traía patines en un bolso? ¿Por qué había salido corriendo? Parecía asustada. ¿Acaso se asusto con la presencia de la chica al chocar o simplemente…? No muy a lo lejos, Anna diviso una multitud de camarógrafos y entendió.
– ¿Qué haremos con esto? – Rapunzel pregunto.
– Lo devolveré – Sonrió Anna. Y sin esperar nada más se alejo corriendo de allí. Al fin. Al fin tenía una oportunidad buena para poder hablar con Elsa. Ella podía acercarse a la rubia con la excusa de que debía devolverle los patines. ¡Sí! ¡Dios le había enviado un regalo!
– Espera… ¿Dónde la encuentro? – Se detuvo de golpe en la realidad. Elsa había salido corriendo. No tenía idea de a donde había ido o en donde vivía. Es cierto que Anna había estado pendiente de todos los movimientos de la chica, pero sería demasiado extraño y acosador (a un nivel aterrador) si ella supiera en donde vivía la chica. De todos modos, ese no era el caso. Ella tenía que descubrir en donde podría encontrar a la chica.
Decidió acercarse a una mujer que estaba sentada en una banca leyendo tranquilamente. La mujer de cabello canoso y ojos verdes, con un rostro arrugado y una sonrisa intachable la observó.
– Disculpe, ¿ha visto a una chica correr por aquí? Ella usa una trenza y un gorro de lana de franjas celestes y blancas – Ella se maldijo a si misma por no haber notado más su atuendo. Su descripción había sido completamente estúpida. Todos en el parque parecían usar un gorro de lana. ¿Cómo es posible que la mujer supiera al menos de quien estaba hablando? – Es rubia – Agregó como si de algo ayudara.
La anciana negó con la cabeza. "Claro, con semejante descripción era obvio que no sabría nada. Concéntrate Anna, vas a tener que buscar a la chica." Ella miro el bolso de color morado. Dentro había solo un par patines. Aunque… ¿sería posible que hubiera algo con que ubicar a la chica?
Sacó los patines de dentro y busco en los bolsillos de los costados: nada. Parecía que inútilmente se iba a quedar con los patines hasta el lunes. No era tan malo, en solo tres días más podía hablar con ella y devolverle los patines.
Observo el instrumento de danza en sus manos. Los zapatos eran blancos, perfectamente limpios y sin rastros de suciedad. La hoja estaba bien afilada. De hecho, parecían que no habían sido usado en mucho tiempo, sin embargo aún así se notaba que antes habían sido castigados pues se notaban algo gastados. Tenían algunos raspones. En la cuchilla, justo en la parte trasera, había una pequeña inscripción con una letra cursiva y hermosa que decía Winter, el apellido de Elsa.
Inútilmente Anna siguió su búsqueda en caso de que Dios quisiera darle otra manita. No logro divisar a Elsa. Seguramente ya estaba en su casa. Tal vez estaba preocupada por no encontrar los patines. Quizá ella regrese al parque a buscar los patines o quizás no se arriesgaría a salir con los reporteros siguiéndola.
Aún era extraño. La pelirroja fresa no entendía por qué la prensa estaba tan interesada en la chica. Recordó el accidente que tuvo y su decisión de abandonar el patinaje por un tiempo. No le veía lo malo. ¿Por qué la seguían tanto? ¿Querían saber cuál era la razón? ¿Querían averiguar algo más acaso?
Se hacía tarde y Anna se había pasado todo el tiempo sentada en una banca esperando a que la chica apareciera, cosa que no hizo. Finalmente, ya cansada, se puso en pie colgando el bolso al hombro y comenzó a caminar de regreso a casa.
Apenas llego a la esquina de la cuadra cuando la vio. Allí estaba Elsa parada con la mirada en otro sitió, en especifico una cafetería. Ella vestía exactamente como Anna no vio cuando chocaron, o eso quería creer ella. La rubia usaba unos pantalones ajustados, no eran jeans, pero sí eran ajustados y de un color plomo. Usaba una chaqueta celeste bastante cálida, parecía una sudadera. Las manos estaban en sus bolsillos. Tenía unas botas cafés y por supuesto, el gorro de lana a franjas celestes y blancas con las dos hebras cayendo a los costados y en el final de éstas pompones, también había uno en la copa del gorro. Su trenza de siempre a un costado.
Un humo de vapor salió de la boca de Anna y solo así supo que ella estaba respirando. La rubia seguía parada con de perfil con la mirada puesta en una tienda que, su cabeza estaba girada hacia un lado puesto que no veía a Anna. En cuanto a Anna, la chica no dejaba de mirar a la rubia. Trago saliva y tímidamente se acerco a ella.
– Elsa – Habló despacio. Vio a la rubia sorprenderse un segundo y luego mirar a la chica sorprendida. Las dos se miraron. Los ojos cobalto de Elsa estaban puestos sobre los verdes agua de Anna. La chica sentía que se derretía con la mirada de la rubia. No era glacial como de costumbre en la escuela, sino tranquila y tal vez algo confundida. Los celestes orbes se arrastraron al bolso e instintivamente Anna lo presiono contra su cuerpo.
– Uhm… – Elsa dudó.
– Uh, cierto. Soy Anna – Ella dijo sonriendo poco a poco – Imagino que eso no lo sabías. Digo, yo sé tu nombre porque bueno, eres Elsa Winter, la chica nueva en el colegio y también una grandiosa patinadora. Es increíble que alguien así haya entrado a Arendelle School. No es que no estés capacitada, todos pueden entrar y si no me crees mírame a mí. Entre. Pero creo… – Anna se detuvo al observar la mirada confundida de Elsa – …que estoy divagando. Lo siento
La rubia asintió.
– Uhm. Has dejado esto tirado cuando chocamos, por cierto – Anna extendió el bolso y Elsa lo tomó.
– Gracias. Lo estuve buscando, pero como no lo he encontrado pensé que alguien más se lo había llevado – Elsa pronunció con su acento noruego. Anna jamás pensó que un acento (del cual casi siempre que lo escuchaba fingido por alguien solía ser en burla) pudiera sonar tan encandoramente sexy como entonces.
Observó a la rubia colgarse el bolso al hombro y volver a observar la tienda. Anna siguió con la mirada y sonrió.
– Sound&Café. Es una gran tienda. Es como algo así, disquera. Tienen música decente y venden un delicioso café, también desayuno. He ido allí desde que era pequeña, mi hermano suele llevarme cuando está de buen humor aunque Rapunzel y yo vamos cada domingo. Dios. Lo estoy haciendo de nuevo. Estoy divagando – Anna rió nerviosa mientras rascaba su brazo izquierdo. Trago saliva, lamió sus labios y se sonrojo sin poder creer las palabras que salieron de su boca – ¿Quieres ir? Puedo acompañarte
Vio la mirada helada de Elsa clavarse encima suyo. Se tensó un poco y finalmente Elsa suspiro relajando su rostro.
– Supongo que podemos ir. Necesito compensar el haber chocado y que devolvieras mis patines –
– Ah tranquila, será para la próx… ¿qué dijiste? – Se sorprendió de que la chica no la hubiera rechazado. Es decir, ¡Rechazo a toda la escuela durante toda la semana! ¿Por qué habría de querer ir con Anna a un local de café? ¿Solo por un par de patines? ¡Dios! Ojalá encontrara sus patines tirados más seguidos.
– Que sí – Elsa repitió con un semblante suave. Anna estaba sorprendida y aún así siguió a la chica hacia el café. Ella no podía evitar en reparar en que la mirada de la rubia se paseaba por todos lados, casi medio esperando ser sorprendida por un reportero o paparazzi o lo que fuera.
– Por lo visto eres muy popular aquí, eh – Anna rió nerviosa tomando asiento.
Elsa murmuró algo con una mirada molesta. Cerró los ojos lentamente como un mesero se acerco a tomar su orden. Anna sonrió pidiendo una taza de chocolate con crema y canela, se sorprendió de que Elsa ordenara lo mismo.
El silencio era incomodo entre las dos. Anna no podía dejar de mirar a la chica que observaba por la ventana. No había ni una sola alma en el local y salvo por la mirada nerviosa del joven que las había atendido, la pelirroja fresa podía asegurar que Elsa estaba a salvo.
– No creo que te encuentren en este pequeño y humilde lugar – Anna sonrió con seguridad. Al notar esto, Elsa sonrió también y por primera vez Anna sintió que había ganado algo importante. Al fin las sonrisas pequeñas y furtivas de Elsa significaban algo más que solo grafito en un papel. Su corazón revoloteo como si tuviera alas. La sonrisa se la había ganado.
– Tienes razón. Supongo que es paranoia – La chica noruega sonrió – Es solo que esta mañana no planeaba encontrarme con ellos o que me encontraran. Tuve que correr en cuanto se me acercaron
– Debe ser difícil estar huyendo – Por alguna razón a la pelirroja le gustaba lo que estaba sucediendo. Si antes había un silencio incomodo ahora no importaba, al fin había entablado una conversación con la dueña de sus sueños y pensamientos.
– Es más sencillo cuando no te encuentran en tu casa – Elsa dijo divertida.
El joven que había tomado las órdenes de las chicas se acerco a ambas con los chocolates en una bandeja. Dejo ambos en la mesa ofreciéndole una sonrisa coqueta a Elsa, quien ni siquiera parecía inmutarse, todo lo contrario a Anna que luchaba contra unos sentimientos extraños que se arremolinaban en su interior.
Una vez que el chico se había alejado, Anna sonrió nuevamente a su nueva acompañante. Bebió un poco del chocolate de su taza. Un singular gemido cargado de placer por el amargo y dulce chocolate se escapo de entre sus labios.
– Amo el chocolate – Anna dijo sin pensar.
Elsa le sonrió a la chica. Por alguna razón, el interés de la rubia en la pelirroja despertó de pronto. Si bien había estado al tanto de que compartían algunas clases juntas, Elsa no había hablado con ella salvo apenas el primer día en que llego a clases. Sin embargo, en más de una ocasión había sorprendido a la chica observándola, sobre todo cuando estaba leyendo.
Observo su rostro placentero mientras tomaba otro sorbo de su taza. Su cabello rojizo fresa estaba atado en dos hebras gemelas, trenzas. Vestía con una chaqueta al más puro estilo hippie, pues era colorida reflejando el símbolo de la paz. Traía puestos unos jeans. Una bufanda color verde suave y guantes. El color de ojos de la chica tenía un interesante tono verde azulado y sus labios eran finos y sonrosados. Por alguna razón, esta chica siempre encontraba un motivo para sonreír, al menos eso había notado ella.
– Entonces, ¿saliste a patinar y te encontraste con los paparazzi? – Anna pregunto sorprendiendo a la rubia. La chica no respondió pues parecía haber sido sacada de un trance.
– Lo siento. Probablemente no quieres hablar de eso – La joven se encogió. No deseaba en lo absoluto incomodar a su compañera enfrente. Solo quería seguir adelante con la conversación que tan cómoda había estado hasta hace unos minutos.
– Tal vez si no me hubiera levantado tarde no me los habría encontrado – Elsa comenzó apoyando su mentón en la mano. Con la otra tomo la taza y bebió un sorbo. Una sonrisa se extendió en su rostro al probar el sabor del chocolate. Tan dulce y suave. Era justo lo que necesitaba para combatir el frío y relajar su cuerpo tenso de tanto correr.
– Pues a mí me pareció temprano. ¿Qué hora era cuando chocamos? ¿Un poco más allá de las once. Las doce? – Anna soltó despreocupada.
– Las tres – Elsa soltó secamente.
Anna detuvo lo que estaba haciendo y observo a la chica sorprendida. Tardo un poco en comprender como demonios había pasado tan rápido su día. Pensó en todo lo que hizo desde que se levanto. Desayuno, vio televisión, se entretuvo pensando en la rubia, investigo a la rubia, choco con la rubia. Dios. Algo le pasaba con esa rubia.
– Oh –
Elsa alzó una ceja y sonrió divertida – De todos modos, gracias por devolverme los patines. No sé que habría hecho si no los volvía a tener
– No parecían viejos, pero tampoco parecía que no tuvieran uso. Más bien era como si los usaras seguido pero cuidándolos como si se tratara de un tesoro – Anna se sonrojo al revelar que había prestado atención completa a los patines.
– Lo hago – La chica asintió con la mirada perdida en algún punto de la mesa.
Anna notó la lejanía de su voz, pero no quiso comentar más a pesar de que moría de ganas de saber todo sobre la rubia. Las dos chicas salieron del local después de que Elsa pagara por ambos chocolates (aunque Anna había protestado en un inicio finalmente accedió). La rubia volvió a ponerse el gorro de lana y observo las calles. Nada de tránsito.
– Entonces… – Anna entrelazo sus dedos de ambas manos y los movió jugando mientras caminaba al lado de la chica – Tú… ¿harás algo ahora?
Notó que la chica parecía observar todo a su alrededor y luego sonrió al divisar el lago. El parque se encontraba vacío y siendo las cinco de la tarde era extraño. Aún así la rubia comenzó a caminar en dirección de aquel lago sin importarle si la otra la seguía o no. Parecía hipnotizada.
– Tú quieres patinar – Anna adivino por la mirada de la rubia, quien parecía sacada de un trance.
– No – Respondió cortante. Se dio la vuelta y apunto a cierta dirección – Ya debo irme a casa. Mis padres suelen preocuparse cuando se hace tarde, sobre todo cuando hay una multitud de cámara siguiéndome
– Debe ser grandiosa la vida de una estrella – La pelirroja sonrió soñadora. Elsa se limito a encogerse sin intención de contarle su experiencia. Una vez que ambas chicas se separaron, Anna camino directo hacia su casa. Había pasado un día realmente extraño, pero una sonrisa estaba plantada en su rostro debido a que había compartido un pequeño momento con Elsa.
No entendía como era posible que esa rubia estuviera en su cabeza siempre. En sus sueños, Anna siempre la veía luciendo una hermosa sonrisa. Las dos sentadas bajo la sombra de un árbol, no muy a lo lejos sus amigos jugaban con un balón, pero eso a ambas no les parecía importar. Anna solía recostar su cabeza en el regazo de la rubia que parecía entretenida jugando una de las trenzas de la joven mientras sonreía.
Parecía que ese sueño era perfecto. Ajeno a la realidad. Perfecto en su mundo de sueños. Anna deseaba que eso fuera una realidad. Sin embargo, también habían algunas preguntas para ella como qué siente por la chica rubia. Las palabras de Eugene se habían quedado en su cabeza, sobre todo porque el joven no había hecho más insinuarle a Anna que la única razón por la que pensaba y miraba a la patinadora era porque se estaba enamorando. Anna no lo creía. ¿Amor a primera vista? Bien, Anna era soñadora, es verdad, pero incluso ella con sus sueños y anhelos sabía que eso solo sucedía en las películas. Pese a que confiaba plenamente en que existían los finales felices. Sus padres eran un vivo ejemplo.
Apenas entro en su casa se encontró con la mirada de su madre, observándola tranquilamente. Su padre se encontraba sentado al lado de la mujer de su vida, en sus manos había un cuaderno que retrataba una construcción intrigante de un edificio que más bien parecía un palacio. Era precioso.
– Anna, pensé que estabas con Rapunzel – Su madre sonrió tranquilamente – pero ella llamó hace unos momento preguntando si estabas aquí
Anna recordó enseguida que había prometido llamar a Rapunzel en cuanto devolviera el bolso. Rápidamente corrió hacia su habitación, marco el número de su amiga y se sentó en su cama. Mientras esperaba a que ella respondiera su mirada paso a su computadora en donde se encontraba la pantalla apagada. Al encenderla pudo encontrar la misma página en donde se había quedado cuando la cerro: una biografía de Elsa.
– Si voy a conocerte, Elsa, es mejor que tú misma me digas quien eres – Anna sonrió cerrando la página.
– Al fin te acuerdas de llamarme – La voz del otro lado respondió.
– Lo siento, Rapunzel, pero he tenido un día interesante – Anna sonrió enormemente.
Continuara…
