Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordarselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?

Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.


Voluntad sobre Hielo

3

Se balanceaba de un lado a otro sin preocuparse de nada que la estuviera rodeando. Sus manos estaban a sus costados, ligeras y tranquilas mientras sus piernas rectas dirigían la dirección. Una expresión suave y pacifica estaba adornando su rostro mientras el viento jugaba con algunos de sus cabellos. Su trenza como de costumbre apoyada en el hombro.

Elsa se deslizaba sobre el hielo como si éste le diera la dirección. Ella apenas movía las piernas, no hacia saltos, no tenía una rutina. Solo mantenía las piernas estiradas deslizándose, ni siquiera las movía para avanzar en la velocidad.

– ¡Elsa! – Una voz femenina llamó su atención. Capto la mirada de cierta castaña con rulos que estaba de pie en el hielo cruzada de brazos. Estaba completamente abrigada. Usaba una casaca color perla y unos pantalones anchos. Guantes en ambas manos. Un gorro de lana y unas orejeras.

Una sonora risa se escapo de los labios de la rubia al ver a la castaña. Contrario a lo que ella usaba, Elsa vestía con una sudadera y unos pantalones largos. Usaba un gorro de lana que parecía ser su favorito y unos guantes blancos. No estaba tan abrigada, pues no tenía tanto frío. Ya era costumbre para ella estar a la intemperie, sobre todo en la madrugada.

– Dios. Cómo es que no tienes frío. Yo me haré paleta – Replico la chica. La rubia se encogió de hombros deteniendo el rumbo de su desliz. Observo a la mujer que tenía, sin duda, unos treinta años.

– Apenas son las cinco de la mañana – Elsa sonrió – No deberías quejarte. En Oslo el frío es peor

– No lo dudo – La castaña dijo de mala gana. Ella sacudió la cabeza y dio unos cuantos pasos hasta la rubia – ¿Lista para iniciar el entrenamiento?

Una mueca de desagrado se dibujo en el rostro de la rubia. La castaña suspiro – Sé que no quieres seguir con esto, pero si dejo que hagas lo que quieras nunca volverás a competir y te arrepentirás por el resto de tu vida. No tienes que tener miedo a caerte, sobre todo cuando ya te has estrellado muchas veces

– No tengo miedo a caerme – La rubia dijo cruzándose de brazos – Quiero unas vacaciones. He competido desde que tengo memoria. Soy la Reina del Hielo desde los ocho años. ¿No crees que merezco descansar un poco y alejarme de las competencias?

– ¿Descansar? ¿Tú? – La mujer rió – La única forma en que tú puedes descansar es si te embarco en un crucero. Ambas sabemos que no puedes estar lejos del hielo

– Tal vez sea cierto, pero no significa que voy a patinar por una competencia. Lo hago por gusto – Dijo Elsa tranquila.

– Y las competencias también. Recuerdas, tú lo dijiste. Cuando estás en el hielo no importa nadie más que tú, tu corazón y tu alma puesta en el hielo. No lo dices porque es un mantra para competencia, lo dices porque tu pasión es patinar –

– ¿Qué eres, una psicóloga? – Se burló la rubia deslizándose nuevamente en círculos – Bien. Veamos. Digamos que quiero volver al hielo, me refiero a las competencias. El mundial del patinaje serán cinco meses y solo me faltan cuarenta puntos para poder clasificar. El fiasco de los cinco meses de atrás me ha dejado muy atrás. Katrina ya ha clasificado. Solo queda una competencia que es la que será a final de mes y si no logro sacar diez perfectos entonces no lograre clasificar. Tengo apenas tres semanas para entrenar y recuperar cinco meses perdidos. ¿No crees que es mucha presión? Así no podré clasificar. Tendría que matarme practicando, recortar mis horas de sueño y a eso súmale la escuela. Es difícil

– Lo sé, pero piensa en esto. La competencia de este concurso se dividirá en dos categorías. Para sacar los cuarenta puntos necesitas ganar ambas categorías con veinte puntos cada una, al menos como mínimo o de lo contrario no podrás clasificar. Son cuatro jueces. Yo creo que puedes conseguirlo. Eres la Reina del Hielo. Puedes hacerlo – La mujer la animo.

– Katrina ya está muy adelantada. Clasifico hace cinco meses. Aún si yo logro clasificar solo tendría cuatro meses más entrenar. No voy a poder mantenerme en el mundial y mucho menos ganarle a ella. Yo creo que lo mejor es rendirnos ahora que podemos – La rubia se detuvo de deslizarse. Observo el hielo bajo sus pies – No voy a humillarme así. No de nuevo

– Oye, lo que paso no fue tu culpa. Hiciste todo bien. Es culpa del Zamboni que no arreglo toda la pista. Y sé que puedes vencer a Katrina. Ambas han sido rivales en el hielo desde que tienen quince años. Son tres años de rivalidad y siempre han terminado con grandes enfrentamientos, en los cuales no siempre ganabas. ¿Por qué ahora te importa si pierdes? ¿Qué es diferente? –

– Se trata de el mundial, ¿no? –

– Deja de pensar con lógica y siente lo que hablas – La mujer se frotó los brazos – Cuando decidí entrenarte, hace más de diez años, no lo hice porque eras una chica que calculaba sus saltos o la distancia, no. Lo hice porque vi que había determinación y pasión en tus ojos. Algo que has perdido y hasta que no lo recuerdes no vas a salir de este encierro en que te has metido

– No me interesa competir – La rubia coloco ambas manos en las caderas – Solo deslizarme por el hielo

– Sí es así, entonces por qué estás aquí a las cinco de la mañana. ¿Sigues atada a la rutina de entrenamiento o es que piensas que a esta hora no encontraras ningún paparazzi que pueda fotografiarte? Porque si es lo segundo, te diré a eso de las ocho o nueve tampoco podrían encontrarte. El parque está vacío hasta las once y eso tú también lo sabes – La mayor dijo antes de deslizarse hacia una orilla del lago. En silencio Elsa la observaba alejarse – Por cierto, hay una pista de patinaje en el centro, ¿sabías? Sigues en la rutina

– ¡Y! ¡Gran cosa! ¡Un lago me recuerda a casa! – Elsa dijo. Rodó los ojos cuando la chica mayor se quito los patines y se puso sus cálidas botas para alejarse sin decirle nada más. La rubia volvió a deslizarse en el hielo.


Las clases habían comenzado y como de costumbre Elsa ya estaba en su pupitre sentada leyendo un libro distraída de lo que la rodeaba. Tenía una grave costumbre de llegar al menos una hora antes de que comenzaran las clases para así encontrarse algo de tranquilidad. Podría ser que había algunos dos o tres alumnos en el salón y aunque conversaban entre sí, eso ni siquiera era un cosquilleo. Ella estaba tan acostumbrada a cerrarse a cualquiera que hablara mientras ella leía que ni siquiera fue capaz de percibir a la pelirroja fresa que acababa de entrar en el salón con sus amigos.

Míster Steve se encontraba como de costumbre explicando algunas cosas sobre el ingles, irónicamente lo hacía en ingles y después traducía. Elsa observaba al maestro tranquilamente. La chica mantenía como lengua nativa el noruego, conocía a la perfección el idioma en que hablaban todos en esta ciudad y además algo entendía de lo que el profesor hablaba. No era problema para ella, siendo que constantemente solía viajar para conseguir ganar sus competencias. Había estado en los países más desarrollados e incluso los menos. Estuvo en china, entonces solo se comunicaba con señas e incluso en una ocasión consiguieron un traductor, un hombre que traducía todo lo que ella decía; había estado en París, allí el idioma le entendía apenas algo, de todos modos era complicado, también había visitado las costas del pacifico… estás habían sido por unas vacaciones y alejarse de las competencias, pero no habían durado más de una semana. La chica de hielo había visitado gran parte del mundo y ahora estaba atrapada en la ciudad de las luces, New York.

Seguramente ahora mismo ella se encontraría en Oslo, Noruega, de no ser por el trabajo de sus padres que la mantenía en su estancia habitual. Ellos la habían apoyado tanto durante cada viaje que no pudo negarse cuando le invitaron a ir con ellos a la ciudad. Quien iba a imaginar que ella extrañaría tanto su hogar, incluso más que cuando estaba de gira compitiendo.

Míster Steve dijo un par de cosas sobre la materia y luego menciono un trabajo en parejas. Elsa alzó la mirada en cuanto escucho su nombre. Él la había emparejado junto con una chica llamada Rapunzel.

– Oh, no puedo creer que haremos un trabajo juntas – Escuchó la voz cargada de emoción de la chica que se encontraba atrás. Elsa suspiró.

Cuando terminó de dar las parejas iniciaron el trabajo. Era sencillo, consistía en hacer un pequeño resumen en el cuaderno de un texto que había en el libro. Era en parejas, pues el texto hablaba de un tema personal por lo tanto se pedía que lo hicieran desde dos puntos de vista.

Rápidamente Elsa hizo su parte el trabajo y luego se lo entrego a Rapunzel. La chica estaba sorprendida por la rapidez de la rubia. En cuanto observo el trabajo pudo ver una letra ordenada, algo pequeña, delicada y con un efecto de belleza.

Después de terminar su parte se lo entrego a la rubia, que ahora se encontraba leyendo un libro e ignorando a la chica. Entregaron su trabajo y luego Rapunzel se fue a sentar a su propio asiento donde noto que tanto Anna como Kristoff tenían problemas para hacer el resumen.

– ¿Qué tal tu tiempo con la super estrella? – Se burló Kristoff.

– Horroroso. Se quedo muy callada y lo terminó mucho antes que yo. Nunca me dijo nada durante el tiempo en que trabajamos – Se quejó la rubia – Dime, Anna. Cómo entablar una amistad con una chica así

– Tal vez dejar de pensar que es una super estrella y pensar en ella como una persona normal – Anna dijo distraída. Secretamente había esperado ser ella quien tuviera que hacer el trabajo con Elsa y no Rapunzel.

– Esto es imposible – Kristoff se quejó.

– Porque siempre hacen todo mal – Rapunzel suspiro cansada. Miro a la rubia que seguía leyendo y luego coloco una mano en el hombro de Anna – Tenemos que hablar con ella. Quiero hablar con ella.

– Pareces obsesionada con ella – Rió Anna.

– No más que tú – Rapunzel soltó – Te ve visto. La miras muy seguido e incluso la dibujas

La pelirroja shisteo. Observo con cuidado a la rubia por si pudo haber escuchado a Rapunzel, pero por lo visto no era así o simplemente las seguía ignorando. Sintió las ganas de ir a conversar con ella, esperaba seguir con lo sucedido el día anterior.


El bullicio en la cafetería siempre había sido aturdido por la interesante lectura de su libro. Para Elsa no importaba nada de lo que la estaba rodeando pues estaba mucho más interesada en su lectura. Al cabo del almuerzo, Elsa prácticamente corrió a su casillero para sacar los cuadernos e ir a su siguiente clase.

Dobló en una esquina y lo siguiente que sintió fue el suelo bajo su cuerpo. Sus cuadernos se esparcieron por el suelo y la voz de una chica disculpándose se hizo presente. Abrió los ojos tras la caída y enfrente observo a una pelirroja fresa observándola nerviosa. Apretaba sus manos cerca de su boca con casi chillando unas disculpas. A su lado se encontraba una chica pelirroja de cabello más alborotado lleno de risos.

– Lo siento tanto – Se inclino a ayudar a la rubia.

– Anna – La chica dijo sorprendida.

– Supongo que estoy destinada a chocar contigo, digo, no de forma destinada es decir ya hemos chocado dos veces pero no por eso el destino es lo que nos une y no digo de unir de forma romántica sino de forma extraña. ¿No te parece raro cuando te encuentras con la misa persona una y otra y otra vez? –

– Anna – La chica a su lado rió ligeramente. Elsa apenas sonrió mientras tomaba sus cuadernos.

– Lo siento – Se sonrojo la pelirroja fresa. Ayudo a poner en pie a la rubia y luego se rasco el brazo nerviosa – No quería chocar contigo

– No, fue mi culpa. Iba con prisa – Elsa dijo. La chica tranquilamente decidió seguir con su camino tras agradecerle a pelirroja. Apenas entro en su salón dejo los cuadernos, revisando un poco en sus cosas y notó que le hacía falta su celular.

– No… – Murmuró.


Anna observó el teléfono color azul en sus manos. La marca más cara de todos, Peach. Un diseño de un durazno detrás de el teléfono estaba allí iluminado con una suave luz naranja y rosada. La carcasa era de color azul con un copo de nieve dibujado. Por un momento Anna pensó en que debía ser algo típico de la chica, después de todo, por lo que sabía, era el hielo su vida.

Finalmente, después de tanto observar el teléfono, decidió presionar el único botón que había. Se mordió el labio y lo hizo. La pantalla se encendió en la imagen de Elsa sobre unos patines. Posaba con una mano en la cadera y la otra en su costado derecho. La pierna izquierda estaba flectada y la punta de la cuchilla del patín se sostenía en el hielo. La escena mostraba un lago, debía ser tarde porque el cielo que se mostraba era despejado. El atuendo de la chica era completamente inusual. Vestía con una polera verde de mangas largas y unos jeans, su gorro de lana que ya había visto una vez cuando se encontraron en el parque. Adornaba su rostro una sonrisa amplia y por supuesto, su trenza. Anna no reconocía el lugar así que imagino que no se trataba de Estados Unidos, de hecho podía ver lo que parecían unas montañas nevadas.

Observo la imagen nuevamente y luego toco la pantalla. Se sentía como una intrusa al observar el teléfono de la rubia, pero no le importaba, al menos no tanto como debería. Rápidamente, tras presionar la pantalla, un teclado con números apareció y le pidió el código a la chica. Se mordió la uña. ¿Qué podía ser su código? ¿Cuántos números son? ¿Qué podría encontrar si lograba poner el código correcto?

– Señorita Summer, no le volveré a repetir esto así que guarde ese teléfono o de lo contrario terminara en la oficina de la directora Mcgrafel – El profesor en turno habló. Anna suspiró guardando el teléfono.

– Ese no es tuyo – Mérida dijo a su lado, riendo ligeramente – ¿Es el de Elsa?

– Se lo he tirado cuando he chocado con ella. Creo que es mejor devolvérselo, seguramente estará preocupada – Dijo Anna sonriendo.

– Esa chica está obsesionada con los copos de nieves – Merida tomo el celular y observo la parte de atrás – ¿Sabías que en sus zapatos, en la suela, hay una marca de un copo de nieve? La he visto cuando estaba en mi club de arquería después de clases, en la nieve dejaba esa marca

– Debe ser algo especial para ella, ¿no? – Anna sonrió soñadora de solo pensar en los pasos de la rubia sobre la nieve dejando su propia marca personal.

Anna tomó el celular nuevamente y luego sonrió. Lo mejor era devolverlo y otra vez tenía una buena excusa para hablar con la rubia. Nada mejor que esto. Las cosas le estaban saliendo bien y le encantaba chocar con Elsa. Era la única forma de poder estar con hablar con ella después.

Una vez que termino la clase Anna salió corriendo en busca de la rubia. Encontró a la chica en su casillero sacando una par de cosas, entre ellas unos patines blancos que colgó en su mochila. Se puso la mochila al hombro y luego dio la vuelta para irse.

– Elsa – Anna llamó acercándose rápidamente – Hey, Elsa

La rubia se detuvo y vio a la chica acercarse. Espero a que le diera la importante noticia que la venía carcomiendo.

– Hey, lo siento por haber chocado antes contigo y la verdad es que te he traído tu teléfono – Le extendió el objeto.

– Uhm. Fue algo agradable estar desconectada una mañana – Elsa tomó el objeto – Gracias

Anna observó los patines colgando de la mochila y sonrió algo tímida – ¿Irás al lago? Digo, por los patines

– Sí – Elsa dijo tranquilamente. La pelirroja sonrió.

– Eso está bien, digo yo nunca he patinado alguna vez pero imagino que está bien. Es extraño no haber patinado nunca cuando aquí hay pista de hielo y además en invierno los lagos se congelan, ¿verdad? – Anna pregunto riendo – Pero seguro no lo sabes, digo, tú patinas porque naciste en Noruega, he oído que siempre hace frío allí, ¿es verdad?

– Bueno… – Elsa hizo una mueca – Me gusta patinar desde pequeña. No hace tanto frío en Noruega salvo por los inviernos

Anna sonrió – Odio el invierno, prefiero el verano. ¿No es mejor el sol en lugar de tanto frío?

Elsa se encogió despreocupada al momento de caminar. Anna la siguió.

– ¿Y patinaras en el lago? – Anna curioseo – Porque conozco una pista de hielo grandiosa. Mis padres son amigos del dueño y Rapunzel solía ir allí de pequeña, bueno, aún lo hace, pero no patina tan bien como tú y de hecho creo que jamás podría dar un salto

– Prefiero los lagos – Elsa dijo.

– Oh –

La pelirroja se detuvo observando el caminar de la chica. Las huellas de su suela dejaban unas marcas similares a las franjas demasiado juntas, en la parte del talón había un circulo que dentro tenía un copo de nieve. Al parecer Mérida tenía razón.

– La suela de tu zapato tiene un copo de nieve – Habló sin dejar de mirar la huella – Mérida estaba en lo correcto

– ¿Uhm? – Elsa se detuvo a observar a la pelirroja fresa. Bajo la mirada – Ya, es una marca de Noruega

– Parece una marca personal tuya – Anna dijo – Es decir, como eres la Reina del Hielo, me parece algo normal que tengas un símbolo con que identificarte

– No, lo entiendes mal aunque de cierto modo es verdad. Como dije, es una marca de Noruega, la uso desde que era pequeña. El símbolo de la compañía es un copo de nieve – Elsa explico tranquila – Ya sé que todos creen que por ser patinadora artística o por haber nacido en Noruega todos piensan que la única cosa que me identifica es un copo de nieve

– Pero lo hace – Anna le apunto riendo mientras se acomodaba a su lado al caminar – Tu celular tiene el dibujo de uno

– Es posible que sea verdad – Elsa sonrió. Nuevamente Anna sintió las cosquillas revoloteadas en su interior a causa de la sonrisa de la rubia.

– ¿Te importa si te acompaño? Realmente no tengo nada que hacer –

La ojiazul se detuvo de golpe observando a la pelirroja sorprendida. Ella se encogió con una sonrisa nerviosa y sonrojada por la actitud repentina de la patinadora. Elsa abrió la boca y apenas trago pesadamente acepto.

No era que le importase, pero era extraño. Normalmente siempre que patinaba lo hacía sola, sobre todo cuando se trataba de dejarse llevar sobre el hielo. Jamás antes había ido otra persona con ella que no fuera para supervisar lo que hacía, por lo general su madre en raras ocasiones y su entrenadora.

En el camino no se habló mucho, pero al llegar al lago Elsa hizo una mueca. Un par de chicos estaban allí no muy a lo lejos. Temía que la reconocieran en algún momento, pero parecían tan concentrados en pelearse sobre el hielo que ni siquiera les prestaron atención a las recién llegadas.

– ¿Dijiste que no patinabas? – Pregunto Elsa abrochando los zapatos.

– Sí, me gustaría hacerlo, pero dudo que sea buena idea. El deporte no es lo mío. Una vez, durante un entrenamiento en la clase de deportes, por accidente le di al profesor en la cabeza con una pelota de basquetball – Anna hizo una mueca – Realmente soy un asco. Mérida es mejor que yo, sobre todo en la arquería y Kristoff es bueno en basquetball, Rapunzel realmente no es buena en nada y Eugene es grandioso escalando, aunque no sé si cuenta como un deporte

– Alpinismo – Elsa dijo tras ponerse en pie – ¿Por qué venir si no sabes patinar?

– Uh, bueno, yo pensé que tal vez podríamos llegar a conocernos un poco, ¿no crees? – Anna dijo nerviosa – Digo, ya hemos chocado un par de veces y si vamos a seguir chocando juntas entonces sería agradable al menos conocernos más

Elsa miró a Anna incrédula. No respondió a lo que dijo la chica, deslizo un pie sobre el hielo y luego el otro alejándose.

– Bien hecho, Anna. La has asustado – Se regaño la pelirroja.

Observo a la rubia deslizarse sobre el hielo espléndidamente. Su rostro era iluminado por una sonrisa mientras sus pies conducían por el hielo. Una sonrisa se dibujo en sus labios cuando observo un salto en giro. Era realmente hermoso ver a la rubia.

– Realmente es hermosa – Anna dijo sin pensar.

– ¡Mami, mami, mami! ¡Mira, es ella! – Anna volteó a ver y se encontró con una de al menos unos siete años que tomada de la mano apuntaba con un dedo a Elsa sobre el hielo. Parecía emocionada.

– Tranquila, Clara. No la puedes molestar – La mujer, que según se notaba, era su madre, le sonrió con amabilidad a la chica que no despegaba la vista de la joven en el hielo.

Poco a poco la multitud se acerca a observar a la patinadora experta sobre el hielo. Anna notaba como a pesar de que todos se acercaban la rubia parecía ajena a ellos. De hecho, Anna aseguraba que ni siquiera sabía que estaba siendo rodeada por muchas personas mientras realizaba una fina y decorada rutina.

De pronto, aparecieron ellos. Las cámaras de vídeo y fotográficas enfocaron a la rubia. Una persona se lanzo al hielo, no parecía experto porque además de no traer zapatos adecuados resbalaba por completo y bueno, no se podía esperar menos sin unos patines. El hombre intento llegar a la rubia que en cuanto lo noto su tono de color desapareció enseguida. La pelirroja supo enseguida que entonces había despertado de su ensueño.

Elsa se dirigió hacia las orillas del lago para salir de la pista. Las personas se le acercaban y la chica parecía incomoda. Rápidamente Anna actuó, tomo la mochila de la chica y los zapatos para entregárselos y así poder huir de allí pronto.

– Elsa – Anna le extendió los zapatos. La rubia mascullo algo entre dientes, claramente molesta.

– ¡Elsa, Elsa! – Un hombre se acerco rápidamente rodeándola por el hombro. La rubia pegó un salto y observo la cámara frente a ella mientras el hombre se negaba a soltarla – Dinos, Elsa. ¿Es cierto que no piensas competir en la siguiente competencia y así clasificar en el mundial? ¿Será que este retiro temporal es solo una excusa para no patinar nunca más? Hemos tenido una entrevista con Katrina y ella nos asegura que si no planeas competir en las regionales es por cobardía. Dinos, ¿qué vas a hacer?

La incomodidad de la rubia era evidente para todos alrededor, pero estaba claro que los reporteros estaban tan sedientos de tener una entrevista con ella que ni siquiera les importaba. Elsa intento huir, pero le era imposible estando rodeada de tanta gente. Busco a Anna con la mirada y ni siquiera la pudo hallar. El corazón le estaba por estallar.

– ¡YA BASTA! – Una voz, completamente conocida, alejo a la multitud de a poco. Una mujer de cabello castaño claro con rulos y ojos de igual color se acerco a Elsa alejando al hombre que tanto le estaba molestando – Se acabo. No habrán entrevistas y no vuelvan a seguirla o pediré una orden de restricción

– Jennifer – Elsa sonrió. La mujer arrastro a la chica rápidamente de allí, alejándola de la multitud.

– No puedo creer que no me hicieras caso – La mujer regaño a la chica mientras se alejaban – Te he dicho que los reporteros vienen aquí seguido para buscaste. Debiste irte directo a tu casa y no haber venido aquí o al menos haberte ido a la pista de hielo. Un lago, por Dios. ¿Quieres que la prensa te coma viva? Sabes que no se detendrán hasta tener una entrevista contigo

– Yo no sabía que estarían aquí. Me había asegurado de enviar un mensaje para hacerles creer que iba a estar en otro lado – Dijo Elsa.

– ¿Sí? Pues alguien te delato – La mujer se detuvo frente al auto. La multitud aún las seguía, solo que a una distancia – Anda sube antes de que nos alcancen

Elsa busco con la mirada a la pelirroja. Ignorando lo que la mujer le había pedido.

– ¡Elsa! –

Allí estaba ella. Corrió la pelirroja hacia Elsa rápidamente, la chica le dio una mirada lastimosa.

– Lamento lo que ha sucedido, Anna. Ya debo irme – La chica se disculpo.

– Descuida. Imagino que es por esto que sueles estar arrancando todo el tiempo – Anna sonrió algo tímida – Bueno, supongo que nos veremos mañana en clases. Me gustaría poder hablar más

– Nos veremos mañana – Elsa asintió antes de entrar. Apenas subió en el Hyundai, éste partió dejando a la pelirroja allí sola.

Durante el camino en el auto Elsa había aprovechado de quitarse los patines y ponerse sus cómodas zapatillas. Observaba por la ventanilla de al lado el paisaje. El silencio era claro. La mujer estaba casi tan molesta como ella de que la prensa la hubiera atacado.

– Debes ser más cuidadosa – La mujer se quejó – Y ahora que lo pienso, también debes responder a esas preguntas

– Ya te he dicho que no participare – Elsa gruñó – ¿Por qué sigues con ese tema?

Porque hoy te has levantado a las cinco de la mañana para poder deslizarte en el hielo y después de clases decidiste seguir haciéndolo. Normalmente no sueles hacerlo dos veces en un día si te siguen los reporteros. Eres más cautelosa que eso – La mujer explico – ¿Y quién era esa chica?

– Una chica de la escuela – Elsa respondió.

– ¿Una amiga? – Cuestiono la castaña.

Elsa torció los labios pensativa. Si bien había hablado con Anna en algunas ocasiones y ya habían chocado en dos, también habían pasado algo tiempo juntas, no había considerado llamarla amiga hasta que ahora le habían preguntado. Tal vez sea así, Anna dijo que quería conocerla más y quizás sea porque quiere ser su amiga.

– Es posible – Respondió Elsa.

– Bien. Cambiando de tema, quiero que lo pienses bien. Tienes tres semanas aún para entrenar y cuatro meses para las regionales. Quiero una respuesta a más tardar mañana. Si dices que no entonces me iré devuelta a Noruega y esperare hasta que estés lista para el año que viene, si es que lo estás y si no me quedaré a entrenarte como de costumbre – La mujer habló suavemente – ¿Qué dices?

– Que mi respuesta ya la conoces – Elsa respondió.

– Oye, piénsalo, ¿sí? – Detuvo la camioneta enfrente de una casa color crema.

La rubia rodó los ojos al bajar del auto, se adentro en su casa lanzando la mochila al suelo y camino hacia la sala de estar en donde se encontró a una mujer de cabello castaño atado en un moño bonito y elegante. Usaba lentes mientras leía un libro.

– Mamá, he llegado – Elsa anunció.

Idun, la mujer que estaba allí sentada, alzó la mirada a su hija que se encontraba en la sala. Sonrió levemente.

– Has llegado temprano – Dijo con un tono de voz suave y sereno – Pensé que estarías en la pista de hielo, o al menos eso escuche

– Técnicamente era mentira – La rubia se acerco a un tazón en el centro de la mesa entre los sofás y el sillón. Tomo un trozo cuadrado de chocolate y le dio un mordisco – Fui al lago. Sin embargo me descubrieron

– Ya veo – La mujer hablo sin despegar la mirada del libro. Elsa levanto una ceja dando la vuelta.

Su madre era una mujer pacifica, tranquila y sobre todo serena. La voz de la razón en la casa cuando tanto Elsa y su padre estaban eufóricos por las competencias que venían por delante. A la chica le sorprendía que no hubiera heredado la personalidad de su madre, sin embargo con el pasar del tiempo poco a poco se había convertido en una mujer similar a ella debido a que conforme crecía cambiaba. Ella tenía el cabello castaño, siempre atado en un moño tomate elegante, en raras ocasiones usaba unos lentes y todo eso le daba un aspecto sofisticado. En apariencia era igual a Elsa, con excepción del cabello.

Según todos, ya sabían de donde Elsa había heredado la belleza que la caracterizaba.

En cuanto a su padre, Agdar, Elsa no podía decir mucho. Era un hombre tranquilo, con una mentalidad defensora y de liderazgo. Solía estar realmente emocionado cuando la chica estaba por competir. Recordaba como a las diez años ambos estaban saltando por la casa cuando Elsa ganaba o cuando se acercaba una gran competencia. Él tenía el cabello corto y de un color castaño claro, casi de cobre y ojos azules.

Ambos padres eran dueños de una compañía de electrónica.

La chica no logro caminar mujer lejos para salir cuando el televisor encendido capto su atención. En las noticias la mostraban a ella patinando en el lago y la pequeña entrevista que logro evitar, aunque no habían respuesta a las preguntas que le habían planteado.

– La única forma de quitártelos de encima es que les des una respuesta definitiva – La mujer dijo sin levantar la vista.

– ¿Y si no quisiera dar una respuesta? Digo, ya todos saben que estoy retirada por un tiempo. ¿No basta con eso? – Pregunto Elsa tranquila.

– Te diré que, si no eres capaz de confirmar o rechazar las preguntas abiertamente entonces significa que estás indecisa – La mujer levanto la mirada para encontrarse con el azulado de su hija – Será mejor que pienses bien en lo que dirás. Por ahora no nos han encontrado y no dudo de que lo hagan en algún momento – Se puso en pie y se cruzó de brazos sin soltar el libro en sus manos – No quiero tener un montón de reporteros fuera de mi casa así que será mejor que lo resuelvas pronto

– Mamá… – Elsa gimió. La mujer se acerco a su hija y apoyo el libro con un suave golpe en la cabeza de la chica.

– Esto lo has de resolver tú sola. Dales la respuesta pronto y te dejarán tranquila. Si les dices que sí, entonces podrás patinar sin necesidad de que te sigan por todos lados; si le dices que no, probablemente esto se propague un poco más por los medios de comunicación, pero al cabo de unos días estarás libre nuevamente. Piensa en lo que quieres hacer, Elsy – Ella sonrió quitando el libro de la cabeza de su hija – He hecho lasaña para almorzar. Tu padre está en una importante junta para cerrar un trato con las industrias vecinas así que solo comeremos tú y yo. Calentare y enseguida serviré

La chica hizo una mueca mientras se alejaba hacia las escaleras. Busco su habitación y se adentro en ella.

Las paredes pintadas de celestes con cuadros de auroras boreales, montañas e incluso lagos le dieron la bienvenida y le recordaron que ya no se encontraban en Oslo. Un sentimiento de añoranza la invadió. No es que no le gustaba Estados Unidos, de nuevo, pero prefería volver a su casa junto con sus amigos y su abuela.

Observo una foto en el escritorio en donde ella misma lucia un hermoso vestido color celeste con las mangas transparente en donde se dibujaban copos blancos. El vestido no era largo, ajustado en la cintura y suelto hacia abajo para darle la comodidad mientras danzaba en el hielo. Tenía un corte a los lados. El vestido real para una reina era aquel.

Sonrió para sus adentros.

Esa tarde sobre el hielo había estado tan inmersa en sus pensamientos. Recordando su propio mantra y pasión. Ella sabía que sobre el hielo nada importaba, solo ella, su pasión y su alma. Razón por la cual no vio llegar a los reporteros. Es posible que habían estado observando mucho tiempo y de no ser por aquel hombre que se había tropezado cerca de ella en el hielo, probablemente aún estaría allí siendo observada por todos sin haberlo notado.

Debía tomar una decisión.

Y ahora, en las últimas noticias Katrina Keith sigue avanzando para las regionales. Ella misma ha confirmado que está trabajando en un gran movimiento que dejará a todos con la boca abierta. También asegura que la competencia no será nada divertida si la Reina del Hielo no compite, pero de todos modos no le importara porque está planeando llevar el oro a casa…

Elsa torció los labios observando la sonrisa de Katrina en una entrevista. La chica de cabello negro y ojos grises concedía respuestas a las preguntas que se le hacían. Su rostro estaba perfectamente maquillado, parecía una verdadera princesa, pero claro, ella era el Relámpago Veloz.

Debía reconocer que cada nombre en el espectáculo era divertido y les quedaba perfecto a todos. Relámpago Veloz. No es que alguien la llamará así.

– No vas a llevarte el oro, Katrina. Quieres rivalidad, tendrás rivalidad – Elsa observo la imagen sonreír sínicamente en la pantalla mientras en ella misma una sonrisa confiada se dibujaba en su rostro.

Continuara…