Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?
Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.
Voluntad sobre Hielo
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"En algún momento de nuestra vida sabemos que es el que hemos estado esperando. Conocemos nuestras pasiones y habilidades. Nos divertimos observando a los mejores y queremos imitarlos para ser como ellos. Queremos ser ellos. Trabajando duro y esforzándonos podemos llegar a ser mejores que ellos, pero qué pasa cuando tú eres uno de ellos y lo pierdes todo. Desde pequeña recuerdo como iba a ver a las patinadoras sobre el hielo, muchas se caían, muchas se rendían, pero ella no lo hacía. Ella siempre se ponía en pie cada vez que caía." Elsa sonrió al deslizarse por el hielo. "Si Jennifer puede hacerlo yo también. Es gracioso pensar en como esa patinadora, con más experiencia que yo, decidió ayudarme. Ella se ofreció a ser mi entrenadora y desde entonces siempre ha sido la voz de la razón en mi cabeza. Tiene razón en querer que yo siga participando, no me puedo dar por vencida solo por una caída. Debo ponerme en pie."
Una expresión seria cruzo en su rostro al dar el giro en el aire y caer con fuerza. Presionó la mandíbula tratando de no resbalar y luego suspiró al cumplir la misión. Observo a la mujer mayor que estaba sentada en una banca cruzada de brazos y piernas observándola a ella. Sacudió la cabeza cuando se puso en pie y camino hacia ella.
– Necesitas saltar más ligeramente. Lo haces bien, pero caes demasiado fuerte y eso te hace perder el equilibrio. ¿Cuándo fue la última vez que diste un salto? –
– Hace una semana – Elsa respondió deslizándose hacia ella con las manos en las caderas – ¿Por qué tan abrigada? No hace frío
– Para ti no. Estás acostumbrada, pero yo me haré paleta. Enserio, Elsa – La mujer sacudió la cabeza. Observo a sus alrededores. Se encontraban en el parque a las cinco de la mañana – No hay nadie
– Concéntrate – Elsa dijo – La semana pasada hice el mismo salto y salió bien. Ahora debería salir
– Pero te distrajiste. Lo he notado – La mujer dijo – Escucha, intenta dar las zancadas, ¿sí? Quiero ver como las haces
– No la he intentado desde que tuve el accidente – La voz de Elsa bajó su tono – No creo que sea buena idea
– Y yo sí. Cinco zancadas, una barrida por el hielo y luego termina con un giro. Ahora – La mujer dijo con un tono firme.
Elsa suspiro dando la vuelta. Se deslizó por el hielo hasta el centro para tomar velocidad y comenzó. Sus zancadas consistían en un salto por cada pie y aterrizar con la punta, de forma que parecía que estuviera bailando ballet. Apenas dió un salto en la quinta de zancada aterrizo y con su pierna izquierda deslizó el zapato por el hielo causando que cambiara de dirección en sentido contrario y luego de avanzar un poco dio un giro.
– Has flaqueado al cambiar de dirección – Jennifer dijo sacudiendo la cabeza – Me parece que tenemos mucho que hacer si queremos que logres clasificar en el mundial. Prepárese majestad, serán tres semanas de arduo trabajo y apenas si tendrá tiempo de descansar
La rubia asintió. Sabía que si la mujer le llamaba "Majestad" durante el entrenamiento es porque no hablaba en broma.
Más tarde en el mismo día, la rubia se encontraba en el salón de ingles frotándose el hombro tras unas feas caídas en su duro entrenamiento. No podía evitar sentirse como un balón de fútbol cada vez que pateaban o uno de basquetball cuando la botaban. Debían de haber más de un moretón. Su tono de piel pálida seguramente estaba adquiriendo un color morado del que no se liberaría fácilmente.
Hace tiempo que no había tenido tantas caídas que juraba que había dejado de ser inmune al dolor.
Cuando constantemente había entrenado en competencias, era imposible no caerse durante los entrenamientos, pero como con tanta constancia con la que estaba realizando el mismo trabajo entonces no el dolor ya se había vuelto algo que no le afectaba, sin embargo, con cinco meses en que ya no trabajaba como antes, solo deslizándose y de vez en cuando dando saltos, pero nunca obteniendo caídas, su cuerpo había olvidado lo que era el dolor tras una fea caída.
– Elsa – Una suave voz tímida hizo que abriera los ojos y elevara la mirada. Frente a ella se encontraba Anna abrazando unos libros. La rubia dejo de frotarse el hombro y le ofreció una mirada de disculpas – ¿Te sientes bien? Pareces adolorida
La chica suspiro un apenas audible "si supieras." Observo a la pelirroja tranquilamente.
– Estoy bien – Dijo – Realmente lamento lo que sucedió ayer
– Está bien. Quería saber qué tal estabas – Anna sonrió – ¿Qué tal estás?
Elsa torció los labios – Como dije, bien
El silencio se sumió en ambas. Anna abrió la boca para decir algo cuando una mano se apoyó en su hombro y la arrastro lejos.
– Hey, Anna, adivina qué. Kristoff y Eugene están corriendo por todo el colegio. El que pierde comprará los almuerzos de todos – Rió el recién llegado, Olaf.
– Eso suena entretenido – Anna dijo distraídamente. Volvió a mirar a Elsa y noto nuevamente que se frotaba el hombro izquierdo con una mano. Una mueca en su rostro era apenas disimulada.
– ¿Te duele? – Preguntó acercándose preocupada.
– ¿Qué? – Elsa dijo sorprendida. Dejó lo que hacía y sacudió la cabeza – Uhm, lo siento. No es nada
– Me parece que nada es algo. Por cierto, es Olaf Arendelle, mi amigo – Anna presento al muchacho que alzó los brazos hacia los lados.
– ¡Hola, soy Olaf y me gustan los abrazos! – Exclamó emocionado.
– Elsa Winter – La chica respondió amablemente. Pensó un poco en la coincidencia del apellido con el nombre de la escuela – De casualidad, ¿eres hijo de la directora?
– Bah, no. La señora McCraft es una persona que da miedo – El chico sacudió la mano – Mis padres son los dueños, pero no la dirigen
– Ya veo – Elsa asintió.
El profesor comenzó su clase y cada quien a su asiento. La rubia comenzó a concentrarse en lo sucedido en el entrenamiento. Sus giros si bien habían sido buenos no habían caído con la precisión que se necesitaba, razón por la cual se dió con el hielo un centenar de veces. No creía que necesitaba tanto entrenamiento, pero ahora que prácticamente había abrazado el hielo, sabía que los cinco meses de solo deslizarse le habían afectado en sus coreografía más de lo que deseaba admitir.
Durante la siguiente clase, en historia, dejó de prestarle atención al profesor mientras en su cuaderno había un esquema de líneas y equis. Se trazaban en una rutina que ya había intentado antes, solo que con ciertos cambios.
El timbre sonó.
– Pueden salir – Anuncio el hombre antes de tomar sus propias cosas para ordenar.
Elsa salió rápidamente. Mientras se dirigía hacia la cafetería para seguir con su rutina de siempre escucho por los altavoces que la misma directora la había llamado. Pensó un poco en que pudo haber hecho ahora y luego se dirigió hacia la oficina de McCraft.
– Señorita Winter, entenderá usted que esto no puede seguir así. Es la quinta vez ya en tres semanas – La mujer de cuarenta años con uniforme gris y manos en la espalda observaba a la alumna severamente – Tiene que hacer algo con esos reporteros. No hacen más que entrar en propiedad privada y además destrozar nuestro campus. El jardinero ya está cansado de arreglar las hermosas flores que ve todos los días
– Honestamente, no es mi culpa. Ellos solo aparecen – Elsa dijo con sinceridad – Creo que puedo intentar sacarlos, pero uhm como sabrá será imposible
– Lo pondré de otra forma, señorita Winter. O usted hace que esos reporteros se vayan y no vuelvan más a mi escuela o yo la suspendo por una semana – La mujer demandó con un tono firme y serio.
– ¡Qué! – Elsa se puso en pie – Usted no puede hacerlo
– Sí puedo porque, viéndolo desde un punto de vista técnico, es culpa suya que estén aquí y usted quería ser tratada como otro adolescente más en esta escuela así que ya le dije, o los saca o yo la suspendo – La mujer dijo.
Elsa suspiro saliendo de la habitación. Con un gruñido metió todos sus libros a la fuerza dentro de su casillero desordenando su orden perfecto. Se cruzó de brazos apoyándose de espaldas en el casillero de al lado y miro enfrente. Tenía una vista perfecta del campus escolar. Habían mesas redondas para el almuerzo, pues aunque había una cafetería dentro también había un lugar fuera. Algunas bancas habían por allí para descansar y unos árboles. Había piscina y unas canchas. Lo único que no había, una pista de hielo.
– ¿Cómo puedo sacar a los dolores de cabezas? – Elsa pensó en voz alta – Será completamente difícil
– ¿Hablando sola? – A su lado Anna había aparecido de la nada y Elsa no pudo evitar dar un salto nerviosa. La chica se disculpó por casi causarle un infarto y rió. Mantenía las manos en su espalda con una sonrisa tierna e infantil – ¿Qué sucede? ¿Es sobre el dolor que tenías? Porque sí así puedo acompañarte a la enfermería, seguro que tienen analgésicos allí
– No. Tengo un problema gordo – Elsa suspiró – Oye, ¿crees que estarías libre hoy?
– ¿Libre? ¿Cómo, después de clases? ¿Para qué? – Anna pregunto atropelladamente causando que Elsa la mirara sorprendida. La chica rió nerviosa – Es decir, sí eso creo. ¿Por qué?
– Quería compensar el haberte chocado el fin de semana y ayer – Elsa murmuro riendo. Anna sonrió – ¿Qué dices ir a tomar un chocolate? Pagaré yo
– De eso nada. Ya has pagado el fin de semana. Ahora invito yo – Anna sonrió.
– Bien – Elsa asintió. Observó nuevamente el campus y sonrió al ver a los reporteros – Han llegado antes
– ¿Necesitas un escape? Porque puedo pedirle ayuda a Eugene y a Kristff, estarían encantados de ayudar aunque dudo mucho que me hagan un favor sin cobrar. La semana pasada Eugene me cobró un helado de pistache cuando le pedí que me ayudara en ingles y ni hablar de Kristoff –
– No. Ven – Elsa tomó a la pelirroja del brazo causando un cosquilleo entre ambas y una corriente eléctrica. Anna contuvo el aliento ante el tacto frío de la joven y sintió como la delicadeza de la mano la sujetaba y arrastraba hacia los reporteros. En cuanto las vieron, Elsa soltó el agarre causando que Anna se decepcionara.
Todos se ellos acercaron a la rubia a gran velocidad. Elsa fingió una sonrisa.
– He pensado últimamente y después de ver una entrevista de Katrina he decido que haré lo mejor por clasificar en el mundial. Como último mensaje espero poder quedar alejada de la prensa mientras entreno y, por cierto, Katrina, si estás viendo, prepárate porque voy a darte batalla. No te llevarás el oro – Con confianza sonrió la joven. Después de unas cuantas preguntas que Elsa aceptó responder, los reporteros se fueron satisfechos y la joven pudo respirar.
– Wow, eso fue intenso – La pelirroja dijo sorprendida – ¿Quién es Katrina?
– Solo una chica que conocí hace años – Elsa explicó suspirando – No me puedo creer que eso fue todo para que me dejaran tranquila
– Ni yo – Anna parecía confundida – ¿Qué has hecho, por cierto?
– Algo de lo que no puedo arrepentirme. No ahora – Elsa dijo con seriedad.
Tres después de haber dado una declaración mundial, los periódicos y los programas de televisión se habían enfocado firmemente en la carrera de Elsa. Todos parecían emocionados porque la Reina de Hielo al fin volverá a lo que más ama, el hielo.
Anna no dejaba de sorprenderse sobre como hablan de ella en la televisión e incluso como algunos aún recordaban su accidente.
– Esa chica es realmente famosa, y sexy, famosa y sexy – Escuchó a Hans sacarla de sus pensamientos. Observó a su hermano, sus ojos depredadores estaban puestos en el televisor mientras pasaban una rutina de Elsa. Por alguna razón desconocida la sangre le hirvió por un momento.
– Creí que tenías novia – Anna dijo amargamente.
– Nah, hemos cortado – Hans dijo despreocupado – Seguro que a esa chica le vendría bien mi compañía. Es tu compañera, ¿no? Podría presentarme ante ella como tu genial hermano
– Dirás cerdo – Anna rodó los ojos. El chico la miro sonriendo, despreocupado. Anna estaba al tanto de todas las conquistas de Hans, si bien era el genial hermano mayor también era un mujeriego y terminaba rompiéndole el corazón a las chicas. Lo último que Anna quería era que se acercará a Elsa. Esa chica no tenía porque conocer a Hans Summer.
– Me sorprende que haya aceptado volver al hielo. Con la caída que tuvo bien podría renunciar para siempre – La madre de Anna dijo sorprendida. La chica miro a su madre, una mujer delgada de cabello castaños y ojos verdes que recibía el nombre de Gerda – He oído que estuvo al menos dos semanas en el hospital
– Yo también – Anna dijo tranquila y despreocupada, pese a que por dentro se notaba preocupada por la rubia.
– Sí, pero sabías que durante esas dos semanas estuvo inconsciente. Casi entrando en estado de coma – Gerda dijo tranquila.
El corazón de Anna se encogió de pronto. ¿Coma? Bien, muy bien. Ella estaba enterada del accidente de la rubia, estaba enterada de que estuvo dos semanas en el hospital, pero no estaba enterada de que casi entra en estado de coma. ¡Cómo demonios tiene el valor de entrar al hielo sin temer caerse así de nuevo!
– Tiene valor si va a enfrentar a Katrina – Su padre, Kai, un hombre de cuarentaños de cabello rojo cobrizo y ojos azules apareció de la nada – Esa chica no da piedad
– ¿Por qué todos en esta casa saben sobre el patinaje artístico sobre hielo menos yo? – Anna cuestionó casi ofendida.
– Porque cuando poníamos ese canal tú salías corriendo a escuchar música o no querías verlo. Decías que era aburrido – Explicó su madre riendo con un tazón de palomitas en el regazo – También lo hacías en casa de Rapunzel
– Oh sí – Anna rió. Observó una vez más la imagen de Elsa. De pronto la belleza del acto que se presenciaba se detuvo cuando tras un movimiento fallido la chica cayó en el hielo y se deslizo hasta chocar contra una pared. Una mueca de dolor se dibujo en su rostro – Dios, ¿por qué repiten eso? Seguro que a Elsa le molestará cuando lo vea
– Solo están recordando el final de su última actuación – Kai sonrió.
– No es agradable – Anna murmuró preocupada. Se puso en pie dándole una última mirada al televisor. Las expresiones de todos de pie, asustados y preocupados, sorprendidos y en shock; la voz del animador del lugar desesperada anunciando la caída; la fría expresión de los jueces y los tres hombres que ayudaban a la chica a subirla a la camilla, seguro para llevarla al hospital rápidamente.
Se alejó rápidamente del televisor y fue a su habitación. Los pensamientos de Anna giraban en torno a lo que había sucedido hace tan solo unos minutos. Su mente no dejaba de pensar en Elsa, en la pobre chica que había salido lastimada en una rutina. El corazón se le encogía de solo pensar en como había salido lastimada la rubia. Dentro de ella se sentía terrible, sentía que el corazón se le clavaba horriblemente cuando veía la imagen de la chica.
Por alguna razón, Anna quería correr donde ella ahora mismo, abrazarla y decirle que esas imágenes eran solo para presionarla. No tenía porque tomarlas en cuenta. Anna quería ser su consuelo. Sin embargo, ella ni siquiera estaba segura de si a Elsa le afectaban esas imágenes, estaba segura de que a ella sí lo harían.
Se recostó en su cama pensando en la rubia. Su cabello siempre trenzado en su hombro izquierdo lucía brillante. Tenía algunos copos de nieves encima, debían ser algunas joyas porque estaba claro que ella no tenía ni idea de cómo podían llegar allí. Siempre que la miraba usaba ropa elegante, una polera de mangas largas y unos jeans endemoniadamente ajustados que haría la cabeza de Anna explotar, luego estaba, por supuesto, esas gafas que usaba al leer le daban siempre un aspecto sofisticado y de alguna forma sexy. Tampoco podía olvidar verla usando ese gorro de lana, la rubia parecía encariñada con el y normalmente cuando lo usaba le daba un aspecto inocente.
Dios. Anna se traía algo con ella. Nunca dejaba de pensar en ella. Incluso estaba segura de que si tuviera la oportunidad, y gracias a Dios aún no ocurre (aunque no sabía si era bueno o malo), de verla usando unos simples shorts en persona sus propias piernas temblarían y ella caería. La vio en vídeo, la vio imágenes, Dios. La conoce. Todo lo que quería en ese momento era tomar a la rubia, hacer que sus piernas se engancharan a sus caderas y besarla.
Apenas hablaban, ya habían comenzado a entablar una pequeña amistad, pero Anna podía asegurarlo. De la sola presencia se estaba enamorando de la rubia. ¿Era legal siquiera enamorarse alguien del mismo sexo? No podía dejarlo. Espera, Anna nunca había tenido problemas con eso, ¿por qué ahora le importaba más que de costumbre? En ese momento, todo lo que quería era ir a los brazos de la rubia.
"Basta Anna. Seguro que ella ni siquiera siente lo mismo que tú. ¿Por qué habría de sentirse igual? Ella es una patinadora artística mundialmente famosa, seguro que ha conseguido salir con miles de chicos, porque estoy segura de que tal vez a ella solo los chicos le gustan."
Elsa era la chica más hermosa que jamás había conocido, y eso que recién la estaba conociendo, pero no solo tenía una belleza externa, Anna estaba determinada a encontrar la belleza interna de la chica.
El celular vibró. Anna miro la pantalla de su celular y encontró un mensaje de Rapunzel pidiéndole que fueran a tomar un helado. Ella enseguida recordó que Elsa también la había invitado a tomar chocolate, pero... ¿qué día? ¿A qué hora? ¿Por qué fue tan descuidada de no preguntar?
Miro el reloj, estaban por ser las diez de la noche. Un helado a esa hora era algo que no le parecía agradable así que le dijo a Rapunzel que mejor fueran por un chocolate caliente. Su amiga acepto aún así.
Caminando por la acera, Anna podía sentir el frío calarle los huesos y eso que usaba un suéter de lana bajo una sudadera y una bufanda. Llego a la tienda Sound&Café en donde encontró a su amiga dentro. Ella le saludo y le invito a sentarse.
– ¿No es algo tarde para tomar chocolate? – Anna rió.
– Te encanta el chocolate y no. Es muy temprano – Rapunzel rió – Estaba cansada de ver a mi hermanastra leer todo el día. Quiero algo de acción en mi vida y ella no me ayuda. Hay que pelear con nieve. El parque está vacío ahora mismo
– Parece un buen plan – Anna asintió tomando su taza – Pero, creo que olvidas algo
– No. Hoy es viernes – Rapunzel rió – Por cierto, Olaf está de acuerdo conmigo en que luego deberemos ir a su casa
– ¿Por qué? – Preguntó Anna.
– Es viernes de película – La rubia se encogió – Los chicos llevaran algo de miedo
– Interesante – Anna asintió.
Apenas habían terminado el chocolate, Anna pidió otro para llevar y en un vaso de papel se lo entregaron. Las chicas cruzaron la calle y se adentraron el parque. Como si fueran dos chicas pequeñas jugaron en la nieve.
Corrían, saltaban, gritaba, peleaban con la nieve. Se divertían como cuando tenían diez años y solían quedarse hasta tarde en ese parque, sus padres siempre estaban sentados en una banca hablando entre ellos mientras las dos chicas se divertían.
Anna amaba a Rapunzel. Era su mejor amiga, desde que se conocieron en el jardín de infantes eran inseparables y de hecho, tal vez Rapunzel era la única chica que conocía todos los secretos de Anna, no miente, ella es la única. Sin embargo, allí estaba la pelirroja, con el único secreto jamás contado en la historia… se estaba enamorando de una chica con la cual apenas hablaba.
– ¡Vamos, una vez más. No te rindas! – Rapunzel lanzó una bola de nieve en la cara de Anna y luego se detuvo a observar alrededor suyo.
Una voz apártate a la suya y la de Anna resonó en el lugar. Anna logro evadir la bola de nieve y luego se dirigió en busca de la voz potente y firme de una chica.
– Creo que estoy escuchando a una chica que no está presente. ¡Un fantasma! – Rapunzel fingió el miedo en su voz. Las chicas se rieron y se adentraron a buscar la dueña de la voz.
Allí estaba ella. Una mujer de unos treinta años cruzada de brazos en la nieve, mirando a una chica que se deslizaba. Ella, castaña y rulienta, vestía muy abrigada, al igual que Anna mientras que la rubia sobre el hielo apenas si usaba una polera mangas largas y unos jeans.
– Es Elsa – Dijo Rapunzel sorprendida. Ambas chicas se escondieron detrás de un árbol – Vaya, que suerte. Te invito a salir a ti y termino encontrando a la Reina del Hielo en el hielo. Debes ser mi amuleto
– Hey – Anna frunció el ceño. Sacudió la cabeza y miro a la chica.
– Vamos, concéntrate te vas a caer – La mujer dijo duramente.
Vio a Elsa alzar la pierna hacia atrás y adelante, dar un salto y giro algo ladeado y luego caer contra su hombro en el hielo. Anna dio un salto preocupada. La chica gimió y luego intento ponerse en pie.
– Por Dios. ¿Qué mierda tienes en la cabeza? ¡Elsa, ponte en pie e inténtalo de nuevo! – La mujer mandoneo.
– Uy, que pesada – Dijo Rapunzel. Anna vio a la rubia volver a intentarlo y volver a fracasar. Se sintió impotente al ver a la chica caer.
La rubia se puso en pie nuevamente, golpeo sus costados al dejar caer los brazos molesta y se acerco lentamente hacia la castaña.
– Tal vez es una señal. Tal vez no estoy lista. Es la décima vez que lo intento. Si no puedo hacer un salto perfecto entonces no tengo ni una sola posibilidad de ganar la competencia o de al menos conseguir cuarenta puntos. Katrina va a barrer conmigo la pista – Dijo la rubia.
– ¿Qué te he dicho? No vas a contradecirme. No has practicado como se debe en cinco meses, no esperes que de la noche a la mañana volverás a ser la misma de antes del accidente. ¡Deja de confiarte y concéntrate en lo que haces! –
La rubia se deslizó por el hielo hasta que se detuvo frente a la castaña. La observo de frente.
– ¿Crees que no lo intento? –
– Quítate los patines – La mujer ordeno mientras se alejaba – Vas a correr tres vueltas al lago
La chica suspiro pesadamente e hizo lo que la castaña le pidió sin rechistar. Anna observó a la chica y luego se acercó sin saber porque. Sus pies la llevaban hacia la castaña solo para tener una mejor vista de la rubia.
Escuchó a Rapunzel llamarla en un susurro y luego la vio acercarse tomándola del brazo. Las dos chicas se miraron y luego, sin poder hacer anda escucharon a la castaña gritarles. Pronto las dos se sentaron en una banca mientras la mujer mayor las observaba fríamente.
– ¿Qué hacen aquí? ¿Acaso alguien las envió para espiar? –
– No. No. Nosotras estaban dando una vuelta y las vimos. No vamos a espiar a nadie, bueno, si eso se considera espiar. Es decir, espiar es como ver y luego contarle a la competencia lo que haces o contarle a alguien lo que viste, pero no espiábamos porque no vamos a decirle a nadie. Lo prometemos – Anna dijo asustada.
– ¿Qué? – La mayor frunció el ceño.
– Dios – Rapunzel sacudió la cabeza – Lo que ella quiere decir es que nosotras no espiábamos. Solo escuchamos una voz y vinimos a ver. Prometo que no contaremos nada de lo que vimos
La pelirroja sintió la mirada de Elsa sobre ella. Sus ojos verde azulados se encontraron con los de la rubia que se acercaba. Su rostro estaba enrojecido con las mejillas ligeramente teñidas, dándole un color bello a su piel normalmente blanca. Su cabello se pegaba a su frente a causa del sudor y su respiración era agitada.
– ¿Qué haces? – Cuestionó.
– Encontré a estás dos espiando el entrenamiento – La mujer dijo. Anna miro a Elsa tímida, asustada y preocupada de que creyera de qué la chica estuviera acechándola.
Elsa las observo con la mirada fría, pero en cuanto volvió en dirección de la castaña se suavizo.
– Son amigas, yo las invite – Mintió sorprendiendo a ambas.
– ¿Las invitaste? – La castaña la observo con recelo.
– Sí – Elsa dijo confiada – ¿Algún problema? Ellas no dirán nada de lo que ven. No te preocupes
La mujer sacudió la cabeza – No. Quiero las prácticas cerradas
Elsa bufó – Estamos en medio del parque en un lago congelado. No son cerradas y tienen tanto derecho de estar aquí como nosotras
Nuevamente la mujer sacudió la cabeza. Dio la vuelta y se alejo – Bien, se pueden quedar, pero esto te costará dos vuelta antes de irnos. Al hielo Majestad, quiero ver como haces una pirueta invertida
La rubia sacudió la cabeza tranquila y observo a las chicas – Lo siento por eso. Lo admito, es una gran entrenadora, pero puede ser muy estricta cuando se trata de los entrenamientos
– Lamentamos interrumpir tu practica – Anna se disculpo poniéndose en pie – Nos iremos enseguida
– ¿Qué? – Rapunzel la miro sorprendida – Pero… uhg, bien
Elsa sonrió ligeramente causando el cosquilleo dentro de Anna – Está bien, se pueden quedar. Pero es un secreto lo que vean
Con un guiñó de ojo, Anna se sintió flotar en las nubes. La rubia había vuelto al hielo y hacía la pirueta invertida que su entrenadora le había ordenado hacer. Anna salió de su ensueño cuando observó como el torso y la pierna de la joven giraban hacia arriba de espaldas.
– Bien, algo más de control sería bueno – Dijo la mujer – Intenta un Camel
La rubia estiró la pierna hacia atrás y giro sobre el hielo. Anna sonreía. Se veía hermosa.
– Nada mal, Majestad – La mujer sonrió – Vamos por algo más complicado. Algo de techo. Uhm, una pirueta atrapada. Pirueta en l
– ¿Sabes que no hay forma en el mundo en que pueda subir la pierna así, verdad? – Elsa pregunto divertida.
La mujer soltó un bufido y la chica rodó los ojos. Ahí en el hielo, elevó su pierna izquierda hacia arriba de forma que quedaba completamente extendida y el tobillo estaba a centímetros de su cara.
Tanto Anna como Rapunzel se quedaron sorprendidas al ver la flexibilidad de la chica. Cuando bajo la pierna, se sorprendió de ver algo similar. ¿Si quiera tenía huesos dentro?
– Dios. Esa chica es fantástica – Rapunzel dijo emocionada.
– Más que fantástica – Anna dijo observando a la rubia.
En cuanto la chica dió un salto nuevamente volvió a caer. Enseguida y sin pensarlo se acerco más al hielo para saber como se encontraba.
– El… – No terminó de pronunciar su nombre cuando vio a la rubia ponerse en pie, ignorar la caída y volver a patinar.
– Has un sprint y luego salta. Vamos a ver si esto funciona – La castaña dijo.
– ¿Qué es un sprint? – Anna cuestionó confundida.
– Velocidad. Una vuelta – Rapunzel respondió.
Anna miró a su amiga sorprendida y antes de que dijera algo escucho un grito. Rápidamente volteó a ver a la rubia en el suelo, esta vez sin levantarse enseguida. La castaña observó con detenimiento antes de saltar al hielo, se acercó a la rubia con cuidado para examinar que había sucedidó. En cuanto a Anna no dejaba de querer lanzarse también a ver a la rubia.
Vio a la castaña poner en pie a la rubia y ayudarla a volver a la nieve. Al parecer el golpe debió ser grave para que la chica no pudiera volver sola. En cuanto volvieron a la nieve Anna corrió a ella asustada.
– Elsa, por Dios, ¿estás bien? – Anna cuestionó. Vio a la rubia con la mano en su cabeza, caminar torpemente por la nieve usando los zapatos y luego gruñir enojada. Se quitó los zapatos y luego los tiró en la nieve.
– Estoy harta. ¡Estoy harta de caer! ¡Estoy harta de todo! Yo tenía razón. No puedo simplemente dar un salto y caer. Ni siquiera hacer un sprint – La rubia miro a su entrenadora molesta – Se acabó. Yo renuncio
– No puedes renunciar – Jennifer la detuvo del brazo – Solo han sido un par de caídas, Elsa. Vuelve al hielo
– ¡No! – La chica gruñó – No han sido un par de caídas. Han sido millones. Tengo moretones en el cuerpo desde hoy en la mañana y por alguna razón ya casi comienzo a ver doble. Tendré una contusión a la segura. Jen, entiende, cinco meses ha sido bastante tiempo para perder el talento
La mujer intentó decirle algo más a la rubia, pero esta se alejó descalza. Anna observo a Elsa y sus pies se movieron hacia ella rápidamente. En sus manos Anna traía los zapatos de Elsa que había recogido en el camino, la rubia estaba sentada en una banca. La nieve bajo sus pies quemaba como el infierno, estaba demasiado helada y si no fuera porque estaba enojada probablemente en ese momento todo lo que estaría haciendo es dar saltos desesperada por el frío.
– Uhm, imagino que quieres estos para no resfriarte – Le extendió los zapatos.
La rubia la miro tranquila y tomó sus zapatos – Lamento que hayas visto tantas caídas. Debe ser una decepción considerando que estas frente a una gran patinadora
La pelirroja fresa pudo escuchar el tono de voz irónico – No pareces orgullosa de ser una gran patinadora, y pensé que todos se caían alguna vez
– Todos nos caemos alguna vez. Solo hay que ponernos en pie después de hacerlo. Si te dejas vencer antes de intentarlo entonces pierdes – Elsa gruñó.
– ¿Entonces por qué lo haces? – Anna preguntó – Elsa, tienes talento. Honestamente, no me importa si eres una gran patinadora o no. Ni siquiera me gustaba el patinaje hasta que cierta rubia entro en nuestro salón – Se sonrojo – Es decir, bueno, me pareció interesante porque todos hablaban de ti y busque algunas presentaciones y eran buenas. Lo que quiero decir es que no puedes darte por vencida solo por unas cuantas caídas. Escucha, sé lo que se siente cuanto tu trabajo no sale como quieres. Sientes como si todo el mundo está en tu contra, sientes que no eres tan buena como antes, pero no es cierto porque solo necesitas volver a familiarizarte. Elsa, puedes hacerlo. No rindas sin dar la pelea
Elsa miro a la chica. Asintió lentamente. Hubo un silencio antes de que Elsa soltara una sonrosada sonrisa y una melodiosa risa. Anna encontró algo mucho mejor que el chocolate. Si pensaba que las sonrisas de la rubia eran hermosas, era porque no había conocido su risa. Sinceramente no había nada más placentero que escucharla reír.
– Supongo que tienes razón. Volver al hielo significa no rendirse – Anna sonrió al escuchar hablar así a la rubia.
Cada primer sábado del mes, el grupo de amistades de Anna solía reunirse en casa de alguno de ellos para ver películas. No es como si no lo hicieran durante la semana, pero ese sábado de primer mes es importante debido a que significaba no solo ver películas sino que se hacía en orden alfabético tanto en la película como en la comida. Era una tradición.
Anna había decidido llevar a Elsa esa noche. Pensaba en que tal vez la chica necesitaba algo de distracción después de tantas caídas. Durante el camino, Rapunzel no había dejado de preguntarle a la oji-azul cosas relacionadas con el patinaje, claramente estaba emocionada con tenerla cerca.
En algún momento, Anna sentía los celos dentro de ella queriendo explotar. No le agradaba en nada que su mejor amiga estuviera cerca de la rubia de la que tanto gustaba. Quería ser egoísta, tomar a Elsa y alejarla e ella, pero también sabía que Elsa era casi un ídolo para Rapunzel. La chica estaba obsesionada con la patinadora, no del mismo modo que ella, pero lo estaba.
Al llegar al hogar en donde vivía Olaf, Elsa tuvo una pequeña conversación con los padres del chico, que resultaban ser los directores del colegio. Había sido una formal conversación así que no había mucho de que hablar, solo cosas de la escuela.
– Soy Kristoff – El rubio sonrió.
– Y yo soy Eugene Flynn Rider – El castaño alzó una mano con una sonrisa de galán. Elsa sonrió ligeramente y antes de extenderle la mano, Rapunzel golpeó al castaño en ella y lo empujó lejos regañándole.
– Lo siento por eso. Es su novia, pero son realmente extraños el uno con el otro – La pelirroja rió.
– Anna, es amable de tu parte invitarme, pero no creo que deba estar aquí. Tengo que levantarme temprano mañana – Elsa dijo.
– ¿Por qué? No hay clases – Anna se encogió despreocupada.
– Tal vez, pero yo me levanto a las cinco para patinar – La pelirroja se sorprendió ante tal declaración.
– Wow y yo apenas logro levantarme a las doce – Rió nerviosa.
– Sí, Jen es estricta – Elsa asintió lentamente. Una sonrisa divertida cruzo en sus labios y luego observo a los amigos de Anna plantados en el sofá.
– Prepárense compañeros porque hoy me ha tocado la letra T y he traído Triunfos Robados y tacos –
– ¿Triunfos Robados? ¿Por qué traes eso? – Kristoff gruñó.
– Porque será agradable ver una pelea de gatas – Rió el chico antes de recibir un golpe de Rapunzel.
– Tú solo quieres ver a las chicas en minifaldas – Se quejó su novia.
Elsa levanto una ceja y luego rió – Creo que podría quedarme a ver una película nada más
– Eso es grandioso – Anna sonrió emocionada.
Continuara…
