Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuántas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?

Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.


Voluntad sobre Hielo

5

La sonrisa en el rostro de Anna no podía borrarse ni aunque lo intentara. El día anterior había resultado interesante cuando por la noche había visto a Elsa sobre el hielo y luego haberla invitado a una película. No es que haya sido una cita porque estaban todos allí, así que no era una cita, pero fue lindo poder estar con ella. Ahora, lo que más le encantaba, era que a pesar de ser las cinco de la mañana ella tenía la oportunidad de poder verla nuevamente y Rapunzel estaba allí.

– Vamos Majestad. Lo haces bien, pero necesitas esforzarte un poco más – Dijo Jennifer, su entrenadora.

Anna sonrió.

– ¿Sabes? Yo podría golpearte por levantarme a las cinco de la mañana – Rapunzel bebió café – Pero debido a que estamos aquí no lo haré

– Solo lo dices porque te la idolatras – Anna rió.

– Tal vez – Respondió ella. Bebió otro sorbo – Dime una cosa, ¿cómo lograste que nos invitara? Ayer ya mintió para que no llamaran a la policía

Anna sonrió ligeramente bebiendo de su propio café. Recordaba que la noche anterior justamente después de la película logró hablar un poco más con Elsa antes de que la chica se fuera. Intercambiaron números de celular y pronto comenzaron a hablar por mensajes en la noche. Y aunque ella sabía que la chica tenía que levantarse temprano no pudo evitar hablar con ella hasta la madrugada, incluso ella la había invitado a su práctica junto con Rapunzel solo para agradecerle el que la invitaran a la película.

"Si seguimos así nos vamos a devolver favores durante toda la vida." Pensó ella.

– Solo nos invito – Anna dijo sonriendo. La rubia sonreía mientras danzaba en el hielo – "Solo sonríe en el hielo y con un libro. Es bonita, pero su risa lo es más."

– Anna – Rapunzel la llamó. La pelirroja la observo confundida y la rubia sacudió la cabeza no queriendo decirle – Nada

La chica guardo silencio observando a Elsa.

– Aún no sé por qué no puede ir a la pista de hielo. Ya sabes, en un lugar cerrado donde incluso hay un calentador. Así no nos congelaremos –

– Parece que a ella le gusta el lago – La pelirroja se encogió. Era cierto que preferiría ir a la pista de patinaje, allí al menos hay calentador, pero por alguna razón la rubia prefería el lago. Siempre la encontraba en él – Creo que es por la intemperie

Rapunzel se encogió.

La Reina del Hielo vestía con una camisa sin mangas ajustada color blanca y unos pantalones deportivos. Para ser las cinco de la mañana no es algo que alguien normalmente cuerdo usaría. Sin embargo, la joven parecía estar completamente acalorada.

– Vamos Elsa, lo estás haciendo bien – La mujer sonrió. Se sentó al lado de la chica rubia en la banca y se cruzo de brazos – En comparación con el día de ayer, las cosas están mejorando. Gracias, Anna

– No hice nada realmente. Ella lo ha hecho por sí sola – La pelirroja se sonrojo ligeramente.

– Es terca, lo saco de su padre, y después de ese accidente había estado en un estado negativo. No quería tener nada en relación a las competencias. No quería nada relacionado con el entrenamiento. De no ser por ti, ayer mismo se hubiera retirado – La mujer sonrió.

– Anna es buena para convencer a los demás – Rapunzel sonrió. La mujer miro hacia Elsa nuevamente y luego se frotó los brazos.

– Tiene suerte de no congelarse – Murmuró.

– ¿Por qué no una pista de patinaje real? ¿Por qué el lago? – Preguntó Rapunzel de pronto.

Anna rodó los ojos.

Jen pareció considerar un poco su respuesta, luego se encogió de hombros – Quién sabe

Elsa daba giros en el aire. Sin duda alguna el día anterior no había sido su día, pues ahora perfectamente caía en pie y sin resbalar.

– Eso está mejor – Murmuró la chica rubia mirando a la patinadora – Es grandiosa

– Algo no anda bien – Anna observo a la mayor y luego a Elsa.

La chica en el hielo ejecutaba sus movimientos perfectamente y sin problemas mientras la elegancia era presente en ellos. Anna sonrió, sobre todo cuando cada salto que la rubia realizaba la hacía caer perfectamente bien.

La mujer se puso en pie y camino hacia la rubia con las dos chicas siguiéndola. En cuanto la rubia la vio, se acerco a la orilla del lago congelado sin salir de él.

– ¿Qué sucede? Pensé que lo estaba bien – Elsa dijo.

– Lo haces bien. Son los patines – La mujer apunto a las granes botas blancas – Quítatelos

– ¿Por qué? –

– Majestad no me cuestione. Hazlo – Elsa rodó los ojos e hizo lo que pidió. La castaña los examino por completo y luego gruñó – Están gastados. Las cuchillas podrían salirse y si los usas tú terminaras lastimada

– ¿Sugieres cambiar las cuchillas? – Elsa parecía preocupada.

– Sugiero comprar otros –

Anna miro a la rubia tranquila. Ella no parecía estar feliz.

– ¿Estás loca? – Cuestiono – No me respondas. Déjalo. No podemos comprar patines nuevos. La competencia está a la vuelta de la esquina. Apenas tengo dos semanas para practicar porque ya me gaste una semana. Si compro patines entonces…

– No uses excusas, Elsa, deja de encariñarte con estas cosas. No puedes usarlas, te harás daño –

– Por favor, no voy a comprar otros. Es mi decisión. Seguiré usando estos – La chica volvió a ponérselos para volver al hielo.

Anna sonrió tranquilamente al ver la vehemencia con la cual la joven había querido quedarse con los patines. Solo quería quedarse con esos patines y lo hizo.

– Tendrá un accidente – Jennifer no parecía nada conforme con la decisión de la chica – Esas cuchillas se van a soltar en algún momento

– A mí me parece que eran muy especiales para ella – Anna dijo mirando a la mayor.

– Especial o no debería dejarlos. Si las cuchillas se sueltan entonces ella tendrá un accidente que hará parecer al anterior apenas una caída – Suspiró.

Anna miró a Elsa. La sonrisa en su rostro al patinar era tan única que la chica anhelaba captar ese momento para siempre. Y es por eso que había llevado su cuaderno de dibujo. Estaba completamente embelesada dibujando a la rubia dando una vuelta.

Sin que Anna lo notara, Jen miro el dibujo de la pelirroja y sonrió – Majestad, eso ha estado bueno, (sin contar que me estás desobedeciendo). Quiero tres vueltas alrededor del lago sin patines. Ahora

La rubia suspiro e hizo lo indicado. Comenzó a correr tras cambiarse los patines por sus zapatos normales. Anna rió al igual que Rapunzel al ver como la pobre chica realmente no quería correr.

– Y después vas a dar saltos –

Anna estaba casi segura de haber escuchado a la chica gritar que no, pero no podía asegurarlo del todo porque estaba mucho más concentrada en darle algo de detalle a su obra de arte.

– Eso puede ser algo extraño. Diría que da miedo, pero tienes talento – La mujer sonrió.

– ¿Qué? No, no la estoy acechando. No podría, pero bueno, no es que tampoco esté tan alejada de quién es ella, es decir, es la grandiosa Reina del Hielo, Elsa Winter. Todos la conocen y saben mucho sobre ella. He visto incluso unas fotos enmarcadas y no es que mi dibujo llegue a ese nivel, pero, Dios, mejor ya me callo – Anna suspiro.

Nadie dijo nada después de eso. Jennifer sonrió poniéndose en pie y camino hasta Elsa que tras tres vueltas de tanto correr en la nieve alrededor del lago ya se encontraba dando saltos en el mismo lugar y alzando los brazos de arriba abajo. La mujer le dio unas indicaciones y luego se alejó.

Nuevamente Elsa comenzó a correr, sin embargo, después de cada diez pasos corriendo, daba un salto y así sucesivamente.

– ¿Ustedes se conocen desde hace mucho tiempo? – Rapunzel preguntó de pronto – Parece que, sin contar el hecho de que suele quejarse contigo, te respeta

Ella rió – Tenía siete años cuando la conocí. Ella solía practicar en el hielo, a veces intentaba rutinas que terminaban en el suelo pues las veía en la tele. Decidí entrenarla y al año siguiente debuto en una categoría infantil

Anna frunció el ceño. ¿Con que, siete años? ¿Qué tan amigas eran? ¿Acaso eran demasiado unidas? ¿Podría existir la oportunidad de que hubiera algo más que solo una relación entre maestro y alumno? Por lo que podía ver era cierto lo que Rapunzel decía; si bien Elsa solía quejarse con ella, a veces sacarle la lengua cuando no quería hacer algo y ella la obligaba siempre, siempre notaba que Elsa le trataba con respeto aún cuando era capaz de gritarle. Sin duda había una amistad de años allí.

La mandíbula de Anna se presionó levemente de solo pensar en que Jennifer podría incluso tener algo más que solo una formal relación con su alumna.

…estaba celosa.

Cuando Elsa termino de dar saltos y correr, la chica coloco ambas manos en las caderas mientras jadeaba luchando por aire. Anna siguió a Rapunzel y a Jennifer hasta donde la rubia se encontraba.

– Hay que ir a una pista de hielo, ¿verdad? – Elsa soltó mirando hacia otro lado.

– Sí – Respondió.

– ¿Iremos a la pista? –

– No lo sé –

– Bien – Ella sacudió la cabeza – Entonces que sea para mañana

– Yo iré a ver la pista en la tarde. Tú… bueno no sé que quieres hacer, pero ahora tendremos una hora más de entrenamiento y luego puedes tener la tarde libre –

Anna miro a Elsa. No estaba contenta con la idea de tener que ir a una pista artificial de patinaje sobre hielo, sin duda la rubia prefería un lago y había una buena razón o de lo contrario no estaría levantándose tan temprano para patinar en un lugar público.

Al cabo de esa hora de patinaje, cerca de las seis de la mañana, Rapunzel se excuso para volver a su cama y Elsa le ofreció a Anna ir con ella a su casa. La pelirroja no podía creer que la rubia estuviera invitándola a su casa, o mejor aún, no podía creer que Elsa quiera ir con Anna a su casa. Sintió el corazón descolocado por un momento.

Ambas caminaban una al lado de la otra en silencio. Al estar junto a la rubia, la oji-verde azulado podía sentir el aroma a sudor que corría por ella pese a que se había secado, también podía notarla algo cansada e incluso podía oler un aroma a hielo. Sonrió para sus adentros.

Se detuvieron en una casa color crema. Dos pisos. Nada que fuera llamativo. Sorprendida, se detuvo detallando cada centímetro de la casa. Las hermosas flores llenas de escarchas que habían en la entrada, una pequeña pileta hecha con cemento, un camino de piedra hasta la entrada. Ventanas cuadras con cortinas color verdes claras. Una chimenea.

– ¿Sorprendida? – Elsa rió caminando junto al buzón que ponía Winter.

– Demasiado – Anna dijo sin habla. Tardó unos segundos en salir de su asombro – Tú eres una famosa patinadora, yo no… bueno, no es lo que esperaba. Por lo general los famosos tienen casas de lujos, autos de último modelo, ¿y cosas así? No es que seas egocéntrica y consumista, de hecho ni siquiera sé bien como eres, pero no pareces ser esa clase de chica. No sé, eres amable y dulce. No espera, no dulce como en un sentido hermoso y romántico, bueno tal vez hermoso porque algo hermosos es lindo, pero no románticamente aunque yo creo que tal vez…

– Estás divagando – La rubia sonrió.

Anna se sonrojo ferozmente. La joven abrió la puerta. La casa se encontraba en penumbras, apenas era iluminada por el despertar del día y las cortinas a pesar de estar corridas tenían unas pequeñas y diminutas aberturas para luz. Lo primero que Anna noto fue que al entrar había un corredor, a su derecha una escalera que daba hacia el segundo piso y a su izquierda había un marco sin puerta que seguramente daba a la sala común. Las paredes por dentro estaban pintadas de color celeste claro, elegante y el piso era de unas baldosas elegantes.

Para la pelirroja todo era bonito. Se había sorprendido de lo que había visto. En las paredes podía encontrar algunos cuadros de montañas y lagos. Incluso fotos en donde la rubia aparecía con una mujer mayor, podría ya tener sesenta años. El cabello era largo, blanco canoso y largo. Tenía una sonrisa en los labios y abrazaba a una Elsa de al menos cinco años que alzaba los brazos con una sonrisa.

Le fascino la imagen, pero también estaba fascinada por la misma vivienda de la rubia. Anna se acerco hacia el marco sin puerta y cruzo. Como predijo, era una sala común. Había un gran televisor de pantalla plana, tal vez tenía cuarenta pulgadas. Un sofá de piel color azulado, junto a él había dos sillones y una mesa de centro en la cual en un tazón habían trozos de chocolates. A su izquierda, detrás del sofá había una mesa con varios cuadros enmarcados e incluso algunas hermosas figuras de cristal. A su derecha había una puerta que daba hacia la cocina. Anna no había entrado, pero desde la entrada podía ver una mesa familiar con un florero, paredes crema.

– Es bonito, quiero decir, no, es hermoso – Ella dijo. Todo el hogar desprendía un aire de sofisticación. En comparación con la suya, Anna sabía que eran completamente diferentes. La casa de Anna por lo general era algo más reconfortante e infantil.

– Gracias – La chica dijo caminando hacia las escaleras – Uhm, iré a ducharme. Puedes quedarte en el living o incluso salir al jardín trasero

La pelirroja asintió fascinada con algunas fotos que estaba mirando. No había sido capaz de saber en que momento la rubia se había ido. Exploró toda la casa maravillándose con lo que había. Estaba emocionada. Al volver al corredor principal, observo las escaleras y la tentación de subir. Un poco más en el fondo, siguiendo el camino recto, encontró otra puerta que seguramente daba al jardín trasero. Quiso ir allí, pero prefirió subir. Seguramente no le molestaría a la rubia.

En el segundo piso había un ampliado corredor con tres puertas. Todas pintadas de barniz. Anna se dirigió hacia una de las puertas que estaba entrecerrada. Golpeó ligeramente, pero nadie respondió. Escucho el sonido del agua correr provenir dese otra puerta y supuso que era Elsa. Entro en la que se encontraba entreabierta y se sorprendió de encontrar una habitación vacía.

A un costado en la esquina había una cama, la cabecera estaba en sentido contrario a la puerta. En la pared habían varios cuadros de lagos congelados, auroras boreales e incluso montañas. Anna podía notar que el interés de Elsa por esos paisajes era algo adictivo. En otra esquina había un escritorio con un computador, había una foto enmarcada de la rubia sobre unos patines y fotos familiares. Todo estaba perfectamente ordenado.

Escucho la puerta abrirse y se dio la vuelta. En la entrada de la habitación estaba Elsa. Anna sintió el corazón salirse de su pecho. Bombardeaba tanto mientras a su vez su rostro se tornaba de rojo ferozmente. El cabello de la rubia estaba completamente suelto, nada de una trenza como de costumbre, mojado y goteando. Ella misma estaba envuelta en una toalla blanca que cubría su cuerpo hasta un poco más arriba de las rodillas. La misma toalla enmarcaba sus curvas.

La boca de Anna se secó. Sus ojos devoraron a la rubia de pies a cabeza. Ella estaba sonrojada, y la pelirroja no sabía si era por el calor del entrenamiento o por el simplemente de estar medio desnuda frente a ella. Trago saliva. Observó sus piernas, Dios. "Esto es ilegal. Si no fuera porque podría asegurar que estoy enamorada de ella podría sentirme celosa de esas piernas y ese cuerpo. Seguro que es un imán para los chicos." Anna pensó. Las piernas de Elsa, eran delgadas y elegantes. Se veían perfectas. Si no fuera porque Anna tenía un poco de auto control entonces ya habría saltado a tomar a la rubia en sus brazos, hacer que envolviera esas perfectas piernas en sus podrías caderas y llevarla hasta la pared mientras la besaba.

"Basta, Anna. No es sano."

La rubia salió de su sorpresa tranquilamente mientras entraba.

– No sabía que estabas aquí – Dijo con un tono monótono. Se acerco a una puerta incrustada en la pared y la abrió, un armario. Busco unos jeans y una polera.

– Yo, lo siento, no sabía que no debía entrar. Digo, estaba conociendo tu casa y sin duda termine aquí no es que estaba esperando encontrarme contigo aquí, casi desnuda y yo… – Anna se detuvo nerviosa. Su rostro aún estaba rojo como el color de su cabello. Elsa la miro, tenía una ceja levantada y una mirada fría y tranquila.

– Perdóname, yo saldré enseguida – Dijo. Y lo hizo. Del otro lado de la puerta, se apoyó de espaldas y dejo escapar el aliento que había estado conteniendo. La rubia tenía una gran influencia en ella. ¿En qué momento se había enamorado de una chica que apenas conocía? ¿Esto es lo que se llama amor a primera vista?

Bajo las escaleras con cuidado de no tropezar. Se sentía nerviosa. Cayó en el sofá pensando en la rubia. La figura de ella vestida con una simple toalla estaba horriblemente fresca en su mente, seguramente la recordaría para siempre. Al solo cerrar sus ojos la veía.

– Anna – Alzó la vista y vio a la rubia ya vestida con una polera roja con las mangas hasta los antebrazos, unos jeans y su gorro. Su cabello ya estaba atado en su trenza y su cabello a medio secar, ya no goteaba. Se sintió algo decepcionada por ver a la rubia ya vestida, pero por otro lado se sintió mejor aunque… si era sincera, prefería así porque de lo contrario no podría evitar sentirse como una pervertida.

Se sentó junto a la joven pelirroja y le sonrió tranquila encendiendo el televisor. Anna todavía no podía creer que se encontraba con ella en su casa.

En un intento de autoconsolación, Anna intento conocer a la rubia preguntándole por sus cosas favoritas. Supo que amaba el chocolate, como ella; su color favorito es el azul, lo que no era una gran sorpresa; el patinaje artístico era su pasión, otra sorpresa menos; había salido antes con chicos, lo que hizo que una punzada de celos se activara en la pelirroja; y supo que sus padres tenían una empresa de electrónica.

Entre otras cosas la pelirroja parecía divertida conociendo a Elsa. En la cocina tenían un pequeño desorden debido a que a petición de la pelirroja prepararon sándwich. Anna notó que la chica era propensa a ordenar, porque cada vez que algo estaba fuera de su lugar ella lo movía rápidamente, la verdad es que Anna se sorprendió cuando menciono lo que había visto y la rubia se sonrojo haciendo todo lo posible por contenerse. De hecho era sorprendente haber desordenado tanto la cocina.

Ambas reían.

– No, escucha, la mejor parte es que cuando Olaf lanzó la bola de bolos está se fue hacia atrás y golpeó en la pequeña tienda. Tres guardias de seguridad lo persiguieron –

Las chicas rieron nuevamente. Anna observo a la rubia atragantarse con su sándwich. Su risa era tan especial y única, la había amado desde el primer momento en que la escucho y había aprendido que no era difícil hacerla reír, simplemente había que dejar que estuviera en confianza.

– Dios. Si algo así sucediera, yo moriría de vergüenza – La rubia dijo.

– Pero no nuestro Olaf, no. Él corrió por todos lados en el salón, incluso hasta el estacionamiento – Anna rió – Te juro que fue lo más cómico

Elsa dejo de reír a penas, bebió algo de agua y en ese momento alguien entro en la cocina. Una mujer castaña, de ojos verdes y vestida con una camisa de color clara y unos jeans apareció.

– Elsa – Parecía sorprendida – Que desastre

– Uhm, lo ordenaré enseguida, mamá – La joven se sonrojo. La pelirroja sonrió grabándose en la mente el rostro de la chica sonrojado – Lo prometo

La mujer parecía sorprendida, no por el hecho de que su hija estuviera disculpándose algo tímida o porque estuviera con una amiga, sino porque conocía perfectamente la manía de su pequeña, sabía que no era de las chicas que no le gustaba el desorden.

– Está bien – Dijo la mujer. Observo a la chica y sonrió – ¿Y ella es…?

– Anna. Es una amiga de la escuela – "Amiga. Dios, esa palabra puede ser tan mortal. Suena increíble de sus labios, pero es como un dolor en el corazón debido a que prácticamente estoy enamorada de ella."

– Oh, bien. Anna, yo soy Idunn Winter, la madre de Elsa – Dijo la mayor.

Anna observó a mujer. Se parecía considerablemente a Elsa, salvo por el color de cabello y ojos. También, tenía ese acento que Elsa tenía, sin embargo era más pronunciado pues el de Elsa era suave y melodioso, apenas se notaba que lo tenía.

– Un gusto señora Winter – Anna saludó cordialmente. La mujer le ofreció una sonrisa y luego camino hacia detrás del mesón para servirse una taza de café.

– ¿Qué tal el entrenamiento? – Preguntó la mujer.

– Horrible. Jen dice que necesitamos ir a la pista de hielo. La nieve hace que al correr mis pies se queden atrapados – Elsa se quejó bebiendo algo de su refresco – Y encima quiere cambiar mis patines

– ¿Los patines? No veo porque. No están nuevos, pero tampoco tan viejos – La mujer dijo sorprendida.

– Ella piensa que las cuchillas pueden salirse – La rubia observo a su madre – Cree que podría tener un accidente y no quiere arriesgarse

La mayor sonrió – Bien, eso es bueno. Evita los accidentes – Volvió su atención a Anna – Entonces, Anna, ¿qué me dices sobre ti? Es realmente extraño que Elsa traiga amigos a casa. De hecho ya comenzaba a hacerme a la idea de que no iba a hacer amigos

– Mamá – La chica rodó los ojos. Sonrió ligeramente – Anna dibuja. La profesora de artes siempre la elogia

– ¿Sí? – La mujer observo a la chica sonriendo sorprendida. Sirvió el café hirviendo en su taza – Mira por dónde. ¿Eres como la Miguel Ángel del siglo veintiuno?

Anna se sonrojó ligeramente. Elsa reía melodiosamente cubriendo su boca con su mano. La mujer mayor sonrió acercándose a ambas chicas.

– Yo podría decir que sí. Es muy buena – Elsa corroboró.

– Bueno, no diría si buena, pero me gusta dibujar – Anna sonrió.

– Espero que algún día me retrates a mí sobre el hielo – Elsa sonrió.

Anna sintió el aliento irse de cuerpo. "Si supieras cuantas veces te he dibujado."

– ¿Enserio? – Elsa sonrió.

El rostro de Anna palideció – ¿Qué?

– Has dicho que ya me has dibujado – La chica sonrió – ¿Es enserio?

Anna ni siquiera había pensado en que lo había dicho en voz alta. No quería decirlo en voz alta. Por Dios, lo último que quería era que Elsa pensara en ella como una acosadora.

– Uhm, sí, sobre los patines. Es que… bueno, eres hermosa y sonríes siempre – Anna se sonrojo completamente. Elsa levanto una ceja sonriendo.

– Espero verlo – Ella dijo.

Hubo un segundo en que Anna se emocionó por completo. Si Elsa aprobaba sus diseños entonces sería algo increíble. La chica la dibujaría siempre y a Elsa le fascinaría, pero sería algo extraño también, ¿no? El cuaderno de dibujos estaba en la mesa de centro, justo en la otra sala por lo que ahora no podía enseñárselo.

– Sí, cuando quieras – "No le digas eso. Si piensa que eres una acosadora será solo por tus dibujos. Dios, ella no puede verlos todos."

– Quizá si son muy buenos podríamos enmarcar uno, claro, siempre y cuando Anna esté de acuerdo – La mujer sonrió.

Anna sonrió sonrojada. La estaban alagando de más.

– Por cierto, Elsa, tu padre y yo hemos hablado anoche sobre este asunto de la competencia – La mujer sonrió.

– Mamá, creo que no es el momento – La chica sonrió tranquilamente – Tal vez luego

Ella asintió. La mujer bebió de su tazón tomando asiento al lado de su hija, besó su frente y luego miro a Anna. Una conversación entre Anna y Elsa se llevo a cabo mientras la madre de Elsa observaba a Anna de reojo. Sonreía furtivamente, feliz de que su hija tuviera una amiga, pero a juzgar por tanto que se sonrojaba la pelirroja Idunn podía adivinar que quizá había algo más en los sentimientos de la chica.

– Creo que… –

– Dime Anna – Interrumpió la mujer sonriendo. La pelirroja la miro sonriendo – ¿Ya tienes algo que hacer para el próximo fin de semana?

– Uhm, no. ¿Por qué? – Anna pregunto confundida.

– Bueno, estaba pensando en que tal vez quisieras acompañarnos. Nos iremos de campamento a la playa por el fin de semana antes de la competencia de Elsa. Supongo que lo mejor es alejarse del hielo por un tiempo – Sonrió la mujer a lo que como respuesta Elsa bufó. Ella rió – Cariño, el hielo no lo es todo

– ¿Cómo podemos ser familia con esa mentalidad que tienes? – Elsa cuestionó. La mujer levanto una ceja sonriendo y luego miro a la joven – ¿Qué dices, Anna? No sería agradable pasar tu fin de semana en hielo derretido

– Se llama agua – La mujer rió.

– Sí, sí – Resto importancia la rubia – ¿Entonces?

La pelirroja estaba sin habla. ¿Un fin de semana entero con Elsa y su familia? Aguarda, ¿estaba sucediendo realmente? Apenas acababa de conocer a su madre y a la chica y ya la invitaron a pasar un fin de semana con ellas. Seguramente la madre de Elsa estaba realmente feliz porque su hija tenía una amiga y eso que hace tres semanas que Elsa se integro en clases.

– Uhm, sería grandioso. Pero debo hablar con mis padres – La chica dijo tímidamente.

– Entonces hazlo y luego dinos – Le guiñó el ojo la mujer adulta.

Después de unos minutos más de conversación, la madre de Elsa se excuso debido a que tenía una importante reunión. El padre de Elsa se encontraba de viaje desde el día anterior por la noche así que la joven iba a estar sola en lo que restaba del día.

– Tu madre es agradable – La chica dijo sonriendo mientras caminaban hacia la habitación de Elsa. La rubia sonrió.

– Sí, supongo – La chica dijo riendo. Aquella melodía, el nuevo sonido favorito de Anna – Entonces, ¿el dibujo?

– Uhm, no. Me da algo de pena – Anna dijo tímida. Elsa asintió comprendiendo y luego se dejo caer en la silla del computador. Apenas encendió la pantalla, la pelirroja pudo ver la foto de la misma Elsa inclinada en la nieve junto a un lago, a su lado había un perro de raza golden retriever. Era grande y la Elsa que estaba allí debería tener al menos unos dieciséis o diecisiete años.

Anna sonrió – Tienes muchas fotos de lagos y montañas

– Me encantan – La rubia respondió abriendo un correo – Es como una obsesión. No puedo dejarlos. Me recuerdan tanto a mi hogar

– ¿Sí? – Anna sonrió. Torció los labios con una idea en la cabeza – Es por eso que no quieres ir a la pista de hielo, ¿verdad?

La rubia dejo lo que hacía y miro a la pelirroja – La razón de que no tenga lujos es porque a mis padres y a mí nos gusta lo moderado y rustico a ellos con un toque de elegancia – Rió – Vivíamos en una casa a las fueras de Oslo, al norte. Allí no muy lejos había un lago, siempre congelado en invierno, siempre derretido en las demás estaciones. Cerca habían montañas y caminabas por un sendero hacia esas montañas se podían ver las auroras boreales – La rubia sonreía con vehemencia – Desde pequeña me gustaba el lago, patinaba allí y también mis padres solían llevarme a ver a las auroras. Esa es la razón de que vaya al lago y no a la pista, aunque no solo Jen insiste en que lo haga

La chica sonrió – El lago de aquí, solo por ser lago, te recuerda a tu casa, ¿verdad?

La oji azul asintió.

– Debe ser hermoso. Yo nunca he salido de aquí. Bueno, lo más lejos que he llegado es cuando Rapunzel quiso ir a la ciudad vecina – Anna rió. Elsa la miraba con una sonrisa.

– Tal vez deberías salir más. El mundo es bonito – Ella sonrió sentádose a su lado en la cama, tomo un cojín con la forma de un copo de nieve y lo abrazo.

– Estás obsesionada con los copos de nieve – Anna rió – ¿Estás de gira o algo así? Ya sabes, debido a que estas lejo de tu casa. Muy lejos

– Lo estaba y ahora lo vuelvo a estar. Hace un año atrás decidí clasificar para el mundial, lo que me llevo por el mundo consiguiendo el puntaje que se necesitaba. La verdad es que mis padres también son influencias para viajar debido a que tienen muchos tramites con compañías así que cuando no había competencia funcionaba. Después del accidente decidí dejar de competir por un tiempo, no planeaba clasificar. Quería volver a casa, pero mis padres me han apoyado tanto que no pude decirles que no cuando me pidieron venir con ellos a Estados Unidos

– Aún así es fantástico conocer el mundo – La pelirroja sonrió. Tardó unos segundos en comprender algo más en el significado de sus palabras – ¿No extrañas tu casa?

Una sonrisa melancólica atravesó el rostro de la rubia – Como el infierno. ¿Sabes? Cuando te pasas tanto tiempo viajando de país en país, sabes que hay un hogar que te espera, pero al viajar tienes casas diferentes y te preguntas cual es tu hogar… Puede sonar la cosa más cursi del mundo, pero sabes cual es tu hogar porque ese es el lugar que extrañas. Nací, crecí y me crie en Noruega. Allí quiero volver con desesperación, es todo lo que he querido desde hace tiempo

Anna sonrió con cierta compasión. No podía decir que entendía los sentimientos de la rubia, ella nunca ha estado lejos de su casa o viajando. Nunca ha tenido miles de hogares y ha extrañado siempre uno solo. Al igual que la rubia, nació, creció y se crió en un solo lugar en el cual llama hogar. Y la verdad es que escuchar a Elsa decir todo eso no le gustaba. La sola posibilidad de que la rubia se estuviera marchando antes de que ella se diera cuenta la odiaba. Quería quedarse con la chica. Quería que ella permaneciera en estados unidos siempre, pero por lo que veía no podía obligarla a quedarse en un lugar en donde no es su hogar. No podía. Sin embargo, nuevamente, Anna quería ser egoísta.

– Tal vez debería ir a conocer tu casa. Así tendría una experiencia cultural para dibujar y saber como se siente estar en un lago real y no algo creado por una empresa que quiere promover el medio ambiente – Anna rió. La rubia sonrió ligeramente asintiendo, respuesta que Anna no sabía como tomar.

Las chicas habían pasado una mañana riendo y conociéndose. Anna podía decir que realmente amaba conocer a Elsa. Ella era un persona dulce y tierna cuando se lo proponía. Era apasionada por lo que amaba y una buena amiga. Por supuesto, también había algo inocente en su forma de actuar que Anna consideraba extraño, como si lo estuviera esforzándose o quizás simplemente le salía del alma. Anna no creía que la chica tuviera la menor idea de sus sentimientos, aún cuando ella se sonrojaba muy seguido.

Por otra parte, Elsa había considerado una seria amistad en la chica. Era infantil e inocente. Le gustaba verla sonreír todo el tiempo, siempre alguien positiva. Ella consideraba que tal vez Anna no era como las demás chicas que había conocido en Londres, tal vez Anna si buscaba una amistad y no solo parte de la fama y riqueza se que podía obtener siendo amiga de la Reina del Hielo. Le gustaba la compañía de la chica.

– ¿Qué te parece ver una película? – Anna sonrió emocionada – Podemos ver algo interesante, uhm, algo así como de acción

La chica rubia rió. Sentada frente al sofá junto a la pelirroja observaba la película que ya estaban pasando. Al parecer ella quería algo más pero bueno, ¿cómo negárselo?

– Dios – Anna dio un salto hacia el mueble en donde el gran televisor que estaba frente a ella. Tal vez la foto más hermosa que había visto estaba allí enmarcada. Tal vez era la única foto así en el mundo. Para los ojos de Anna, era perfecta – ¿Eres tú?

Elsa la miro confundida. El retrato en las manos de Anna, siendo observada por los ojos más brillantes del mundo la hizo sentirse algo extraña. Se acerco a la chica y miró la foto.

– Uhm, ¿sí? –

– Es, Dios, hermoso – La chica sonreía sin quitarle la vista. Había visto fotos maravillosas en esa casa había visto fotos únicas en esa casa, pero nada igual a la que ya tenía en las manos. La pequeña Elsa de menos de un año aparecía en los brazos de su madre durmiendo. La mujer sonreía encantada mirando a su hija. De todas las fotos que Anna vio, sin duda esa era la mejor fotos. Nada mejor que haber visto a la chica de sus sueños como un bebé, ahora tenía algo más para dibujar – Eras una bebé tan linda

La rubia se sonrojo ante el comentario. Observo a Anna y luego sonrió – ¿Dijiste que nunca habías patinado antes?

– Sí, eso dije – La observo confundida por el cambio de tema. Elsa sonrió.

Continuara…