Disclaimer: Harry Potter le pertenece a J.K. Rowling
Lily se despertó con un ligero sobresalto, con el corazón latiendo a velocidad, y con la frente húmeda de sudor. Respiro profundamente. Solo una pesadilla. Nada más. Había estado teniendo muchas pesadillas recientemente, y le hacían sentir muchas inseguridades con un pánico imposible de olvidar o ignorar. Eran demasiado violentas, brutales para una mente frágil como la suya, que podía romperse en cualquier segundo.
Aún tenía que ir a las clases, sin embargo. Se levanto con pasos silenciosos para no despertar a sus compañeras de habitación, que seguían durmiendo como un tronco. Se inclino hacía su baúl, sacando su uniforme. Llego al baño, tomo una toalla, poniendo el uniforme a un lado y se desvistió lentamente, dejando caer el pijama al suelo. Se acerco a una ducha y giro el grifo. El agua tibia la relajo, y se pudo duchar en paz y con calma. Cuando termino se vistió y se seco el cabello con un hechizo y se encamino hacia el Gran Comedor. No estaba muy lleno, apenas había unos cuantos alumnos en cada mesa. Se dirigió hacía la mesa de Gryffindor en donde Remus ya estaba ahí, tomando un café y el diario El Profeta en sus manos.
─Buen día, Remus ─saludo Lily, sentándose en frente de él.
─Buen día, Lily ─replico Remus con la vista pegada al diario, el ceño fruncido en una expresión de preocupación.
Lily decidió que no era bueno interrumpirle mientras estaba leyendo y preocupado, así que se sirvió su desayuno lenta y calmadamente. Tan calmada que cuando Remus dijo "¡Merlín!", se exalto y levanto la vista, alarmada.
─¡¿Qué?! ¿Que pasa? ─tenía sus razones para estar preocupada, ya que Remus se enfermaba mucho y muy frecuentemente, y podría ser que Remus se desmayara ahí mismo.
─Los hijos de muggles y sus familias ─susurro Remus, sin mirarla a los ojos─, los están asesinando. Magos tenebrosos, probablemente. Los policías muggles no saben que hacer, no hay señales de nada. Solo aparecieron muertos de repente.
Lily trago saliva. Ahí estaba otra vez. El sentimiento de la angustia, pánico, preocupación. Todo mezclado, y revuelto en su cabeza, y en los latidos de su corazón. ¿Que se supone que debía decir ante esa alerta de peligro permanente?
─Ah ─murmuro Lily con un nudo en la garganta y la cabeza gacha.
─No te preocupes, Lily ─oyó que decía Remus.─ Tú y tu familia estarán bien.
─¿Me lo juras? ─Lily levanto la cabeza para mirarle a los ojos y realmente se sintió como una niña pequeña al decir eso, pero realmente necesitaba que Remus la calmara de inmediato.
─Solemnemente.
Soltó un suspiro tembloroso al escuchar el juramento de Remus, y el nudo en su garganta se aflojo un poco. Resultaba muy tranquilizador tener un amigo como Remus, que siempre está ahí cuando lo necesitas y cuando no. En las buenas y en las malas. En la guerra y en la paz. En está vida y en la otra.
─Gracias.
─De nada.
Ninguno de los dos lo decía solo por ese momento en particular.
