Resumen: Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?
Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.
Voluntad sobre Hielo
7
El rojo rostro de Anna parecía completamente encendido cuando su mano cubrió su rostro. Elsa parecía tranquilamente responder a las preguntas que sus padres le hacían. Era vergonzoso. Si bien no se enfocaban en su carrera de patinadora, si un poco en su vida personal y a pesar de que a la chica se le notaba de algo su incomodidad respondía a todo, al menos a lo que más podía.
Una sonrisa cruzaba en los labios de la madre de Anna. La mujer castaña observaba a la amiga de su hija con naturalidad, sobre todo al notar que cierta rubia causaba un efecto en la pelirroja y además era completamente ajena a esto.
– ¿Habías estudiado antes en una escuela? – Pregunto de pronto el padre de Anna. La pelirroja quito su mano de su rostro y observo a la chica que estaba por morder algo de tomate, dejo lo que hacía y miro al padre Anna. Él sonrió – Hay personas que cuando viajan mucho no permiten a sus hijos estudiar en una escuela y se les enseña en casa
– Sí, eso lo sé – La rubia respondió – Y sí, hasta hace unos meses atrás antes de mudarme a Londres y luego aquí había estudiado en casa
La chica oji-verdes azules parecía sorprendida por un instante. La madre de Anna le observo por unos segundos y luego volvió a la chica.
– Dime, Elsa, ¿qué fue lo que te trajo a New York? – Pregunto la madre de la pelirroja.
– El trabajo de mis padres – La rubia respondió – Ellos son empresarios y vinieron a hacer unos cuantos acuerdos comerciales aquí. Se supone que cuando terminen volveremos a Oslo
– ¿Oslo, Noruega? – El padre de Anna parecía sorprendido. Ella asintió – Queda bastante lejos
– Lo sé – La chica dijo tranquilamente antes de comer algo de su ensalada.
– Bueno, entonces creo que podemos dejar las preguntas, ¿no? – Dijo algo nerviosa. Todo lo que quería era que sus padres dejaran de hostigar a su amiga con preguntas.
Ambos adultos miraron a la joven y sonrieron tranquilamente, poco después el padre de Anna volvió a mirar a Elsa.
– Solo una cosa más, ¿qué edad tienes, Elsa? –
Anna abrió los ojos sorprendida. ¿Acaso no tiene diecisiete años? Estaba en el mismo grado que Anna, por lo tanto es así, ¿no? La rubia rió ligeramente por la expresión del padre de Anna, una expresión sonriente y curiosa.
– Dieciocho – Respondió.
– ¿No tienes diecisiete? – Anna se sorprendió.
– Los cumplí hace unos meses, cuando estaba en Londres – Elsa respondió encogiéndose de hombros.
Anna se sorprendió un poco. Ella estaba por cumplir los dieciocho, en unos meses más adelante, eso la hacía menor ante Elsa. No es que fuera importante de todos modos.
– ¿Alguna vez… has tenido novio? – Pregunto la madre de Anna sonriente. Anna tosió varias veces tras tomar un poco de agua y atorarse al escuchar la pregunta formulada por su madre. Miro a Elsa que parecía haber palidecido más, tardo unos minutos congelada y luego sacudió la cabeza.
– Sí – Dijo fríamente. Bastaba solo eso para que todos en la mesa entendieran que no era un tema que la rubia iba a discutir.
Anna trago saliva de solo pensar en la respuesta de la chica, no el tono, sino la respuesta. ¿Novio? ¿Enserio? ¿Ella podía competir con eso? No podía ni imaginarse a Elsa con un chico. No tomados de la mano. No acurrucados. No haciéndose cariños. Mucho menos besándose. Lo último que Anna quería era pensar en alguien más besando los perfectos labios de Elsa. Esa chica debía ser suya. Era egoísta. La pequeña y repentina amistad que tenía con Elsa la estaba volviendo adicta a la chica. Soñaba con ella. Pensaba en ella. Se sonrojaba de solo verla. Si alguien más intentaba alejarla, seguro que a Anna le dolía más que cualquier otro golpe que haya recibido en la vida.
Y allí estaba ella en su casa esa tarde. Elsa vestía con unos perfectos jeans ajustados que estaban haciendo la cabeza de Anna explotar, unas zapatillas de suela de goma color celeste. Arriba usaba una blusa celeste de mangas largas, ambos hombros caídos con unos tirantes para sujetarla. Parecía ser un suéter así que debajo debía de tener otra camisa. Y por supuesto, como eran las cinco de la tarde, usaba su típico gorro de lana a franjas blancas y celestes, con un pompón celeste en la copa y dos cayendo de hebras a los costados. Sin duda, ella y el gorro, eran inseparables.
– Seguro que a Elsa le gustaría ver unas fotos de Anna cuando era pequeña – La sonrisa volvió al rostro de Elsa mientras que la misma pelirroja se sonrojo enormemente.
No es que no le gustaría que Elsa viera sus fotos de pequeña, sino que le daba algo de vergüenza. Lo único bueno, que debía de admitir, era que su hermano no estaba allí para humillarla "cariñosamente" como acostumbraba a hacer cuando Anna llevaba a alguien a su casa. Aún recordaba cuando invito a Olaf por primera vez, el chico se rió de ella de una forma que a pesar de ser cariñosa a Anna no le gustaba pues la hacía sonrojar demasiado.
– Eso sería algo interesante. Me gustaría verlas – Elsa asintió. Su pequeña sonrisa era la cosa más linda y tierna que Anna pudo haber visto. Torcida le daba un aspecto menos inocente, pero de cierto modo igual de tierno que la sonrisa de un bebé recién nacido.
La comida paso rápido, muy a pesar de Anna pues quería guardar el momento para siempre y que durara eternamente. Ahora se encontraban sentados en el sofá de la casa, Elsa tenía las fotos en un álbum en su regazo. Sonreía cuando pasaba las páginas, reía con ternura al ver a Anna abrazada a un gigantesco oso de peluche. Cambiaba las fotos y se encontraba con una Anna de cinco años abrazada a una Rapunzel de igual edad. Ambas sonreían, reían y se divertían. Había sido una niñez increíblemente adorable para las chicas, según Elsa podía ver.
Repentinamente los pensamientos de su propia niñez le sacaron otra sonrisa. Volviendo a pasar la página encontró nuevamente el oso de peluche con el cual Anna parecía encariñada. Era grande, incluso del porte de la joven de cinco años. Un color café bastante suave, como arena, y lindo. Tenía atado un listón rojo en moño justo en el cuello y parecía estar sentado aún cuando no era así. Su mirada era de ternura, jamás había visto los ojos plásticos de un oso de peluche brillar con tanta vida, quizás por la influencia de la pequeña inocente que lo sostenía.
– No sabía que te gustaban estas cosas – Elsa toqueteo la foto justo en el rostro del oso.
– Bueno, sí – Anna se sonrojo mirando a la rubia a su lado.
– Anna ama las cosas tiernas. Tiene una fascinación por los peluches en especial – Su madre la delato sonriendo.
– ¿Sí? – Elsa sonrió. Murmuró algo sobre un regalo y volvió a mirar la foto del álbum.
Las frías manos de Elsa, delicadas y elegantes, movieron las páginas lentamente mientras la joven aún sonreía y Anna no dejaba de sonrojarse más y más. ¿Era legal seguir así? No lo podía evitar.
Entonces se detuvo en una foto en especial. Toqueteo con el dedo la foto y miro a Anna.
– ¿Patinabas? Me habías dicho que no –
– No lo hago. Ya lo viste – Anna se encogió – Fue una sola vez que lo intente, pero termine en el suelo y no quise intentar nada más
Elsa asintió lentamente y volvió a cambiar página. Había miles de fotos de Anna. Todas las edades. Con gran cantidad de personas. Con perfectas sonrisas. Eran grandiosas.
Un joven apenas había entrado en la casa captando la atención de todos allí. Hans, el hermano mayor de Anna, observo a los cuatro individuos sentados en el sofá. Su padre estaba junto a su madre que asu vez estaba junto a una chica que no esperaba encontrar y al lado de ella estaba su hermana menor. Observo a los tres y luego a la rubia.
– Uhm, ¿hola? –
– Hans, que bien que llegas. Justo a tiempo. Veíamos viejas fotos familiares – Su madre dijo. El chico frunció el ceño.
– Hans, ella es Elsa Winter. Elsa, él es mi hermano – Anna dijo sonriendo. Secretamente no esperaba ver a su hermano, ella no quería que él conociera a Elsa porque sabría sus intenciones enseguida.
– Hola Hans – Elsa saludo amablemente. El chico asintió observando a la rubia de reojo.
Anna miro a su hermano y supo que lo que más temía se había cumplido. Con ojos de depredador, Hans no dejaba de mirar a la rubia que ya había vuelto a ojear el libro en su regazo. Supo que no la dejaría tranquila. Supo que él la quería… y Anna sabía que no lo iba a permitir.
Con una pequeña disculpa muy amable el joven se alejo para ir a dejar sus cosas a su habitación. Anna observo el movimiento de sus pies alejarse y luego volvió a prestar atención a la rubia que fascinada se encontraba.
Tardaron unos minutos antes de que terminaran todo el álbum y Anna le ofreciera a la rubia salir a dar un paseo. Todo lo que quería era alejarla de la casa cuanto antes.
– ¿Dónde van? – Hans las detuvo en la entrada.
– Saldremos un rato – Anna dijo nerviosa.
– ¿Salir? Por Dios, el paisaje lo ven todos los días. Seguro que a Elsa le gustaría conocer otra cosa. ¿Ya las llevado al Central Park? –
– Sí, de hecho Elsa suele patinar allí de vez en cuando – Anna dijo tranquilamente – No te preocupes, no queremos pasar tiempo en otro lado
– ¿Qué al ir a conocer el empire state? – Pregunto el pelirrojo – Yo podría enseñártelo, Elsa
La rubia lo miro sorprendida, sonrió ligeramente y luego miro a su amiga – ¿Qué piensas, podemos ir?
– Bueno, es que yo pensaba… – Anna jugó con sus manos nerviosas.
– Da igual lo que pensabas, Rojita. Seguro que la patinadora quiere conocer más New York – Su hermano declaró. Elsa lo miro tranquilamente y luego a Anna.
– Es verdad – Dijo de pronto – Tengo cosas que hacer así que creo que no podré ir ahora. Tal vez otro día
Anna miró a la chica aliviada de que no fuera a salir con su hermano a quien sabe donde. La pelirroja se ofreció a llevar a la rubia, pero no mucho después alguien apareció para llevarla. Elsa le había advertido que Jennifer iría por ella.
Al cabo del día, cuando Anna ya estaba en su habitación sentada en su cama mirando hacia el televisor, una sonrisa se dibujaba en su rostro al recordar a la rubia. No solo habían pasado la tarde allí en el almuerzo sino que antes habían estado hablando en la habitación. Su propio edredón aún estaba impregnado con un aroma a violetas de Elsa. Dios. Olía a ella.
Se preguntaba qué estaba haciendo la rubia, seguramente patinando debido a que su entrenadora la había venido a buscar. Recordaba que Elsa tenía un entrenamiento duro, despertaba a las cinco de la mañana y hasta las 7.20 entrenaba, eso durante la semana porque los fines de semanas se levantaba a las 6 hasta las 9 entrenando y por la noche solía hacerlo de 8 a 10, a veces había días en la tarde que la rubia desaparecía para entrenar cerca de las 5.
– Sin duda la distraería – Anna sonrió.
Cambiando canales logro encontrar una serie de monitos animados que se puso a ver, sin embargo, esto rápidamente fue interrumpido por una propaganda sobre el mundial de patinaje sobre hielo. Habían muchos participantes, entre ellos el nombre de Katrina Keith a quien Anna ya había oído hablar, pero no estaba segura de quien era. Muchas chicas, incluso chicos, estaban allí y sobre todo se esperaba con ansias que Elsa clasificara. Incluso Anna podía ver un poster de la tal Katrina de espaldas a una Elsa que sonreía desafiante, también de espaldas. Ambas chicas parecían ser el poster oficial de la competencia, las dos con sonrisas desafiantes mirando de soslayos de espaldas la una contra otra y en un espació que dejaban entre las espaldas salía escrito con una letra interesante: Patinaje sobre hielo. Arriba de eso, como encabezado, decía: El Mundial.
– Aún ni siquiera clasifica y ya asumen que va estar allí – Anna mordió un trozo de helado en una paleta que traía en sus manos – Aunque creo que con todo ese entrenamiento Elsa logrará pasar al mundial
Al día siguiente Anna pregunto una vez más a sus padres si podía ir con Elsa y sus padres a la playa, los cuales aceptaron debido a que consideraban que la chica no era como todas las estrellas caprichosa y engreída, sin embargo había cierto tono frío de vez en cuando debido a una pregunta que no quiere responder o comentar o simplemente algo que no le agradaba.
Feliz por la vida. Anna salió de su casa para dirigirse a ver a Rapunzel. Era medio día y el sol había salido, sin embargo las calles aún estaban cubiertas por hielo. Algunas habían sido cerradas debido al peligro que se exponía un automóvil a transita por ellas. La nieve había dejado de caer y sin embargo se había acumulado una gran cantidad de ella en el suelo. Había que estar paleando las entradas pues muchas entradas estaban encerradas.
Al llegar a casa de Rapunzel, Anna sonrió tranquilamente y se acerco golpeando la puerta. Al poco tiempo una chica de cabello castaño y ojos de igual color, alta y hermosa abrió con una sonrisa.
– ¿Y Rapunzel? – Preguntó Anna tranquila mientras entraba.
– Durmiendo – Respondió la chica tranquilamente.
Anna sonrió.
La madre de Rapunzel era hermana de su madre, por lo tanto eran primas. Cuando tenían siete años el padre de Rapunzel se había divorciado de la madre de la rubia y a los diez años su madre se volvió a casar. El hombre con quien se caso, resulto ser alguien mucho más amable y cariñoso que el propio padre de la chica, con los años Rapunzel también le había tomado un cariño enorme, a él y a su hija, Bella. La castaña era tres años mayor que la rubia y ya estudiaba en la universidad la carrera de pedagogía. Ambas solían llevarse demasiado bien, ni siquiera se notaba que eran hermanastras.
– Rapunzel – Anna golpeó la puerta de su habitación. La rubia no respondió. Tardo un poco más antes de golpear aún más fuerte hasta que una despeinada rubia apareció frente a ella vistiendo con un pijama de invierno muy calentito. Anna sonrió divertida antes de que la oji-verde gruñera y volviera a la cama.
– Mérida vino temprano – Dijo la rubia – La eche. Lo mismo haré contigo si no te vas por tu cuenta
– Ok, no pareces estar de humor – La pelirroja rió antes de irse. Le dio un par de instrucción a la rubia y se marchó luego de llamar a Mérida para juntarse. Ambas chicas se reunieron para comprar ropa.
– No puedo creer que me haya echado – Mérida rió – Me parece que se paso anoche con Eugene
– ¿Eh? – Anna tomó una camisa y miro a Mérida – ¿A qué te refieres?
– Salieron juntos, creo que estaban tomando – La pelirroja respondió tranquilamente.
Anna hizo una mueca. Como todo adolescente en proceso de crecimiento de adolescencia a adultez, ella ya había tomado. Era normal. Sin duda. Pero sabía que tanto Eugene como Rapunzel era mala influencia para el alcohol. Habían pasado tardes bebiendo todos junto, los seis, y sabía que para calmarlos había que lanzarles agua encima, lo cual no siempre daba resultado.
– Eso explica porque estaba así – Rió Anna dejando la camisa y tomando otra que había llamado su atención. "Al parecer no puedo dejar de pensar en Elsa." La camisa en sus manos era de color celeste repleta de copos de nieves adornado el torso y unos pocos en los brazos.
– Llevaré esta – Mérida mostró una camisa con un semental negra en ella. Anna sonrió.
– Te quedará genial – Anna asintió.
Las dos chicas salieron de la tienda con la intención de ir a algún lugar. New York era enorme y había tanto por visitar. Anna conocía como la palma de su mano la ciudad, sin embargo ella aceptaba que había ocasiones en las que le era imposible perderse.
– Es increíble, ¿verdad? Todo están locos con ello – Mérida dijo mirando hacia arriba.
Al levantar la mirada la pelirroja pudo observar un dirigible con el mismo posters que había visto la noche anterior en la televisión. Flameaba en el aire.
Una sonrisa se dibujo en el rostro de Anna – Creo que Elsa debe estar practicando, ¿quieres ir a ver?
– ¿Qué? No. Yo pienso que es mejor no molestarla. Pasas mucho tiempo con ella – Mérida dijo sin dejar de caminar.
– Sí, ¿pero por qué eso es malo? – Anna cuestiono.
– Anna, la chica es una patinadora y necesita concentrarse. Tú solo la distraes cuando la ves – La pelirroja con rulos explico – No sé si sea bueno para ella
– Elsa es muy dedicada y no porque nos juntamos ella va a dejar de hacer lo que hace. Tienes que verla, cuando está en el hielo es como si fuera la única persona del mundo. Tiene movimientos gráciles y una hermosa sonrisa que te deja con la boca abierta – La pelirroja sonrió de a poco – Es perfecta. Su forma de desplazarse, de sonreír. Incluso es lindo cuando hace pucheros por no querer hacer algo. Es hermosa
Mérida observo a Anna de soslayo y luego suspiro. Ahora notaba porque la pelirroja no dejaba de pensar en ella.
– Te gusta ella, ¿verdad? – Pregunto de pronto.
– ¿Qué? – Anna chilló – No, no. ¿Por qué dices eso?
– Porque no dejas de sonrojarte cuando hablas de ella y siempre hablas de ella. Créeme, tú rostro pasa siempre del mismo color de tu cabello – La pelirroja rió.
Anna levanto una ceja sonrojada y luego se detuvo. Miro a Mérida tranquilamente y luego susurró.
– ¿Tan obvio es? – Preguntó.
– Demasiado – La chica asintió.
– Por favor no le digas a nadie – Anna gimió. La pelirroja se rió mientras volvía a caminar. Hubo un momento en que Anna pensaba que ya ni siquiera tenía caso seguir ocultándolos si ya alguien se dio cuenta, ¡cualquiera pudo notarlo!
La chica de rulos camino por la acera junto a la pelirroja. Anna era algo más baja que Mérida. Se acercaron tranquilamente a una tienda de helados ambulante para poder comprar. En cuanto lo hicieron se alejaron nuevamente con la intención de poder hablar de otros temas.
Mérida tenía razón en una cosa además de afirmar que Anna estaba completamente enamorada de la rubia patinadora, ella nunca dejaba de pensar en Elsa. Básicamente era todo. Desde que la vio por primera vez había anhelado como loca querer conocerla más y al fin había logrado algo. Eran grandes amigas. La rubia parecía fascinada con Anna, sin embargo la misma pelirroja podía notar que solo la veía como una amiga. Tal vez era mucho más inocente de lo que Anna había pensado que era.
– Nadie puede ser tan inocente – La pelirroja rió por lo bajo.
– ¿Uh? ¿De qué hablas? – Mérida observo a Anna de soslayo.
– Nada – La pelirroja menor suspiro.
Los pies de Elsa se movían velozmente por la pista. Trotaba para calentar. La música proveniente de sus audífonos era bastante fuerte, pues cualquiera que pasara por al lado de ella la podía escuchar y saber que la rubia oía a Sia.
La ropa que usaba constaba de una polera blanca sin mangas, ajustada al cuerpo definiendo bien sus cuervas y busto. Usaba unos pantalones deportivos negros con dos franjas blancas delgadas a los costados de las piernas y estos no eran tan largos pues llegaban hasta la mitad de la pantorilla. En su brazo izquierdo había una pequeña banda de la cual se sujetaba un Mp3 y los audífonos de blancos estaban en sus oídos. Sus zapatillas deportivas eran de color blancas con un naranja intenso flúor y rosado suave. Su cabello como de costumbre ya estaba atado en esa trenza posada en su hombro izquierda.
Trotaba alrededor de la pista de patinaje. Su entrenadora se encontraba sentada en una de las gradas bajas, es decir butacas, observando una revista de último momento. Algo relacionado con la competencia de patinaje sobre hielo. El mundial estaban a la vuelta de la esquina y para poder clasificar Elsa aún debía conseguir el puntaje que le hacía falta.
El gran mundial iba a realizarse en Noruega, Oslo. Sorprendentemente, Jen sabía que era lo que más tenía entusiasmada a la rubia pues hacía ya tiempo que quería regresar a su hogar. Lo extraño era, que a pesar de que ella también había pasado un buen tiempo fuera de casa no parecía tan entusiasmada como su patinadora estrella.
Alzó la vista de la revista para observar a la patinadora. Todavía corría con los audífonos puestos así que sabía que si le hablaba lo más probable es que no le escuchara.
La Pista de Hielo ICE ICE de Oaken se encontraba completamente vacía. En ese instante solo se encontraban las dos chicas allí. El arriendo para poder practicar en privado no había resultado tan caro como Jen pensó que sería. Giro su cabeza hacia su izquierda donde pudo ver al hombre alto, algo rechoncho con una cantidad de barbilla considerable unida a sus patillas. El hombre silbaba mientras salía de la tienda cerrando la puerta. Jen sonrió.
La pista de hielo, de gran forma ovalada, se encontraba en medio del gran cuarto. Alrededor habían unas cuantas butacas en filas hacia arriba para que cualquiera pudiera sentarse, a su izquierda, justo cerca de la entrada había un pequeño mostrador donde habían varias estanterías con patines y cascos para principiantes.
Volvió a observar a la rubia que había detenido lo que hacía y ahora estaba estirándose. Su pierna derecha estaba flectada mientras que su pierna izquierda estaba completamente estirada. Ella estaba agachada en el suelo presionando un poco sobre su pierna estirada, poco después cambio para hacer el mismo ejercicio con la otra pierna.
Jen se puso en pie y se acerco a la rubia con la revista en la mano. Nuevamente fingía sorprenderse de la vestimenta de la rubia. La castaña por lo general solía usar cualquier abrigo que la mantuviera caliente mientras que la rubia era todo lo contrario. Principalmente se debía al hecho de que ella trotaba y eso la acaloraba, igual de todos modos cuando se encontraba patinando en el hielo la rubia entraba en calor por lo que los abrigos le molestaban demasiado.
– ¿Ya habías visto esto? – Pregunto.
La rubia no la miro, siguió en lo que hacía. Jen frunció el ceño y se acerco a quitar un audífono del oído de la patinadora. En cuanto lo hizo, ésta la miro intrigada y confundida.
– Te pregunte si ya habías visto esto – Le enseño la revista, en la cual la portada salía ella, la Reina del Hielo, alzando las manos hacia los lados mientras parecía estar suspendida en el aire. Una pequeña ráfaga de nieve y copos de nieve salía de sus manos y en su rostro había una sonrisa confiada.
– Sí. Lo he visto en la mañana – La chica se puso en pie estirando ahora sus brazos – ¿No te parece divertido? Tomamos esa foto cuando gane la competencia en Madrid hace ya un tiempo. ¿Cuánto será? ¿Ocho meses? ¿Un año?
La castaña asintió – ¿Tú lo aprobaste?
Ella negó con la cabeza.
– Majestad, te quiero lejos de los medios. No quiero que te andes involucrando con ellos. Quiero tu mente en el hielo y en nada más –
– Vamos solo es una foto – La chica dijo sonriendo.
– Sí, una foto que te compromete al mundial – Jen sacudió la cabeza – No quiero que pienses en esa competencia aún. Quiero que te concentres en la que sigue en unas cuantas semanas
– ¿Sabías que todos piensan que voy a ganar la que sigue? – Elsa dijo tranquilamente.
– No te confíes. Ya los sabes. Si crees que vas a ganar te vas a confiar y sabes de antemano que si te confías nada bueno puede salir. Ya lo has experimentado y lo has visto cientos de veces en las otras patinadoras – Elsa asintió en compresión. Una vez que su calentamiento había terminado se puso sus patines y se deslizo lentamente por el hielo – Y quiero que cuando termine la competencia practiques con los nuevos. Hay que aflojarlos
– Lo que digas – La rubia respondió distraída.
Jen volvió a mirar una vez la revista que tenía en las manos y luego suspiro. Todos afirmaban que Elsa clasificaría en el mundial y ella no lo dudaba, pero con todo lo que le había sucedido últimamente a su patinadora, prefería no arriesgarse a que la chica se confiara demasiado. No quería que las cosas no resultaran como ella quería al final.
Anna estaba demasiado distraída con su tarea de historias como para notar que su hermano estaba en la entrada de su habitación. Ella miraba el libro y luego el cuaderno anotando sus apuntes para responder a las preguntas que se le planteaba.
Hans, cruzado de brazos, sonrió ligeramente antes de dar un paso adentro y llamar la atención de la pelirroja menor.
– ¿Qué sucede? –
– Estaba pensando en Elsa, ¿sabes? – Sonrió. El lápiz que Anna sostenía en sus manos crujió, pero ninguno de los dos pareció notarlo – ¿Te parece si la invito a comer mañana? ¿Crees que aceptaría?
– Ella está demasiado ocupada como para salir contigo – Anna dijo con pesar.
– Pero no para salir contigo –
– ¿Qué tratas de decir? –
– Solo que si la chica tiene tiempo para ti puede que lo tenga para mí – El pelirrojo sonrió torcido – ¿No lo crees?
– No lo sé – Anna dijo tranquilamente. Todo lo que quería era que su hermano se alejara de Elsa – Creo que ella huye a los chicos
– ¿Le gustan las chicas? – Levanto una ceja.
El corazón de Anna latió con fuerza y un sonrojo se tiño en su rostro.
– No lo sé – Respondió con sinceridad – Creo que no. Por lo que sé ella tuvo novio, pero no habla de eso y cuando los chicos les coquetean ella no se inmuta
El pelirrojo sonrió divertido – En ese caso, a mí sí me hará caso
– ¿Qué te hace pensar eso? – Anna cuestiono.
– Que no hay chica que se resista a mí – Dijo con seguridad el chico antes de irse.
La sangre de Anna hirvió por un instante. Bajo la mirada a su cuaderno y luego al lápiz en su mano. Estaba quebrado. Pero eso no importaba, porque todo lo que quería era saber como detener a su hermano. Elsa no podía salir con él. Ella no lo permitiría.
Continuará…
