Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?

Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.


Voluntad sobre Hielo

8

Anna estaba esperando y esperando, pero ella nunca llegó. No despegaba los ojos de la puerta de la entrada. Todo lo que quería era que Elsa cruzara de una buena vez por todas esa puerta y así poder saludarla. Más que nada solo quería verla una vez más. Pero ella nunca llegó.

La hora de ingles pasó mucho más lento de lo que Anna hubiera querido debido a que no podía pasarse el tiempo observando a la rubia. Cuando el maestro había pasado la lista parecía más que sorprendido al no encontrar a la rubia en el salón. Y no fue sino hasta el tercer periodo de clases, durante historia, que la Reina del Hielo hizo su aparición repentina.

Apenas le dio una breve explicación a su maestro, le entregó un justificativo y paso a sentarse tranquilamente. Anna la observó intrigada. No podía notar su rostro de espaldas, pero estaba casi segura de que estaba cansada.

El timbre sonó y Anna se le acercó rápidamente. Elsa parecía metida en un tablet observando una rutina de patinaje con audífonos puestos por lo tanto no pudo advertir la presencia de la pelirroja frente a ella. Anna la llamó y ella no contesto, chasqueó los dedos y finalmente le toco el hombro.

– Lo siento, Anna – Se disculpo la rubia guardando el tablet – ¿Qué sucede?

– Te ves… cansada – Anna observó las bolsas que comenzaban a formarse debajo de los ojos de la chica. Su respiración era demasiado lenta y su rostro realmente pedía a gritos dormir – ¿Por qué has llegado tarde? Si se puede saber, por supuesto

– Me he quedado dormida – La chica respondió guardando sus cosas.

La menor levanto una ceja incrédula – ¿Enserio? ¿Tú te has quedado dormida? – Por alguna razón era completamente imposible de creer, principalmente porque la rubia prácticamente vivía en una rutina que la obligaba a levantarse a las cinco de la mañana a practicar sobre el hielo.

– Sí, me he quedado dormida – Respondió la rubia bruscamente. Anna se sorprendió un poco y cuando estaba por decirle algo más la chica salió disparada a su siguiente clase.

Anna se dirigió a su casillero en donde su prima ya estaba allí hablando con Eugene. Ambos parecían susurrarse cosas y en cuanto vieron a la pelirroja se detuvieron. La chica sonrió.

– Hey, ¿qué tal te ha ido con Steve? – Preguntó sonriendo.

– Horriblemente. Me he pasado un día aburrido – Respondió la pelirroja abriendo el casillero – ¿Qué tanto hablaban?

– Eugene quiere hacer algo. Ya ves que pronto será la competencia de basquetball, ¿no? Kristoff jugará – Rapunzel sonrió. Su tono de voz bajo considerablemente y su rostro se acerco al de la chica – La escuela de North High vendrá aquí a jugar y Eugene y Olaf piensan secuestrar a la mascota. Tú sabes, el águila

– ¿Eso es legal? – Anna levanto una ceja.

– Ni idea, pero no interesa porque lo harán de todos modos – Se hecho hacía atrás la rubia – Necesitarán una camioneta y estaba pensando en que podríamos ayudar, ¿qué dices?

Anna torció los labios. Elsa cruzaba por el pasillo en ese mismo instante y Anna intento hablarle pero la rubia apenas la miro pues iba con prisa.

– ¿Qué le sucede? – Rapunzel cuestiono.

– Ni idea – Respondió Anna. Volvió a mirar a su prima y asintió – Nos meteremos en problemas, pero bueno, hagámoslo

La rubia le hizo un guiño y ambas rieron ligeramente. Eugene que no muy lejos se encontraba se acerco para trazar el plan.


Los días pasaban y el viernes había llegado. El día de la competencia de basquetball al fin se había hecho presente. Con un traje completamente negro Anna subió a la camioneta conducida por Rapunzel, atrás iban Olaf y Eugene vestidos de negro también, ambos listos para tomar a la mascota del equipo contrario y secuestrarla hasta que acabará el partido. Tenían soga, cinta adhesiva e incluso un saco por si se resistía demasiado.

– Aún no entiendo porque de negro si es de día – Anna dijo confundida.

– Porque el negro es para los ladrones – La rubia respondió riendo. Anna suspiro volteando hacia la ventanilla. Su dedo pulgar derecho tanteaba lentamente con la pantalla del celular.

Esa semana había hecho de todo para poder hablar con la rubia que tanto le fascinaba, pero ella parecía siempre con prisa y solía llegar tarde siempre con la excusa de haberse quedado dormida. Anna sabía que estaba mintiendo porque conocía la rutina, pero no sabía porque. Cuando llegaron a Arendelle School tres bajaron del auto y Rapunzel se quedo allí para partir enseguida.

Anna siguió a los chicos por el corredor para buscar al águila calva del equipo contrario y lo encontraron. Se encontraba bailando por los pasillos con dirección al gimnasio. Eugene sonrió malicioso e indico a Olaf moverse a un lado y a Anna a otro. Luego, de improviso saltaron al águila.

Para lo que no contaban era que éste sabía artes marciales, lo cual irrito un poco al castaño. Una vez que lograron con esfuerzo retener a la mascota le ataron las manos e intentaron llevarla a la camioneta.

La pelirroja sabía que esto estaba mal, lo sabía bien, pero por alguna razón quería arriesgarse al igual que sus amigos lo hacían. Quería algo de diversión, sobre todo porque cierta rubia la había ignorado por mucho tiempo. Cuando entraron en la camioneta Rapunzel partió tranquila.

El teléfono de Anna sonó. Todos parecían algo nerviosos y solo cuando la chica vio quien le había enviado un mensaje dejo escapar el aliento de alivio.

– Es Elsa – Comentó tranquila. Rapunzel asintió tranquila mientras manejaba.

– ¿Quién estará del otro lado de la máscara? – Olaf pregunto mirando al ave.

– Vamos a averiguarlo – El chico castaño sonrió divertido. Intento quitar la cabeza del disfraz pero éste se resistió a pesar de que estaba atado desde las alas y los pies. Sentado en una pequeña banca.

Anna miro a los chicos y luego su teléfono.

Lamento haberte ignorado. He estado algo ocupada. Respondiendo a tu mensaje de temprano, no, no iré al partido.
~ Elsa.

La mirada de decepción trazo el rostro de Anna provocando que Rapunzel le preguntara que había sucedido, la chica dijo que no era nada.

Es una pena. Por cierto, ya que estamos, ¿qué te ha tenido tan ocupada?
-Anna.

El mensaje con la respuesta no llegaba y Anna comenzó a pensar que la rubia la estaba ignorando nuevamente. Guardo su teléfono y se concentro en lo que sucedía en la parte trasera de la camioneta. Anna vio tanto a Olaf como a Eugene luchar contra el ave, literalmente, para poder sacarle la máscara.

– Chicos debemos darnos prisa, el partido comenzara dentro de poco – Recordó la pelirroja.

– ¿Y qué haremos el pajarraco? – Preguntó Rapunzel mirando por el espejo retrovisor fugazmente – No lo podemos llevar con nosotros y mucho menos nos podemos quedar aquí. Kristoff nos necesitara para el partido

– Vamos a meterlo en un armario de escobas y ya – Eugene dijo forcejeando con el pájaro. Finalmente, después de tantos intentos fallidos se rindieron. Rapunzel dio marcha al otro lado de la escuela, por la entrada trasera y al entrar en ella los cuatro metieron al hombre pájaro en un armario. Una vez que salieron de allí fueron directo al gimnasio.

– No quiero hacer eso. Está mal – Anna dijo mientras se quitaba el gorro negro.

– Ellos tienen a nuestra mascota y hasta que no la devuelvan nosotros no devolveremos la suya – Eugene dijo. Los cuatro se quedaron allí en la entrada. Pasaron unos minutos largos cuando Olaf decidió ir a ver al gimnasio si la escuela contrincante había llevado a su mascota.

– ¿Por qué estamos haciendo esto? – Anna pregunto mirando la pantalla de su celular. Aún sin respuesta.

– Porque ellos nos declararon la guerra primero – Eugene dijo.

Al poco tiempo volvió Olaf sujetado por dos chicos de la otra escuela. Junto a Olaf había una persona disfrazado de un tigre que intentaba zafarse. Tres chicos de la otra escuela sonreían maliciosos.

– Bien, ¿dónde está nuestra mascota? – Pregunto uno de ellos de hombros anchos y cabello rubio como el oro. Anna lo miro de reojo y luego a Eugene que estaba firme un paso delante de ambas chicas.

– Quiero a nuestra mascota y a nuestro amigo –

– Yo no lo creo. Me quedaré con uno de ellos porque tú tienes a uno de los nuestros – El chico rió.

Eugene frunció el ceño. Apretaba los puños a sus costados. En ese momento el sonido de un taconeo se acerco y al girar se encontraron a la directora McGragel allí cruzada de brazos con una expresión seria. Pregunto que había sucedido y nadie respondió, de pronto exigió saber que sucedía.

– Ellos nos han robado a la mascota de nuestra escuela y tienen a Olaf – Rapunzel apunto acusadoramente a los chicos de la otra escuela.

– Y ellos tienen a nuestra mascota – El chico dijo con un tono inocente.

La directora miro a los seis chicos más la mascota. Su rostro serio y enojado decía que estaban en serios problemas y por primera vez, Anna sintió que a pesar de que esto estaba mal, no le importaba. Por alguna razón, le parecía divertido.

Tras recibir un castigo grande de parte de la directora los cuatro chicos volvieron al partido donde descubrieron que Kristoff había anotado la mayoría de las canastas que habían hecho en el partido. Tanto Anna como Rapunzel se acercaron a Mérida que se encontraba sentada junto a un chico peli blanco de ojos azules.

– Hola Mérida, hola Jack – Saludaron las dos al unísono.

La chica asintió con una sonrisa – ¿Dónde andaban metidas?

– En la oficina de McGrafel – Rapunzel bufó tomando el cono de palomitas que la pelirroja tenía en manos – Nos castigo una semana por haber secuestrado ala mascota del equipo contrario

– ¿Sí? ¿Y quién fue la influencia? ¿Eugene? – Rió.

– Sí – Anna rió.

– No me sorprende – La chica sacudió la cabeza.

– Hablando de Eugene, ¿dónde está? – Pregunto Jack sonriendo divertido.

– En la oficina de la vieja. Reciben un castigo peor debido a que se echaron la culpa de todo – Rapunzel sonrió divertida – Son tan tiernos

La pelirroja volvió a mirar su teléfono y suspiro. Aún ningún mensaje.

Imagino que no quieres hablar así que, realmente lo siento si hice algo que te haya molestado. Tal vez incluso te ha molestado mi hermano o quizás, no lo sé, realmente lo siento.
-Anna.

– Te ves en depresión. ¿Qué ha pasado? – Mérida sonrió tranquila.

– Es Elsa. Me ha estado evitando y no me responde los mensajes – Anna suspiro.

– Oh, problemas con el amor de tu vida – Susurro Mérida divertida – No te preocupes seguro… Oh, esa debe ser ella

Anna sonrió al saber que Mérida tenía razón. Su celular había vibrado advirtiendo un mensaje de la rubia.

Perdona, Anna. No estoy molesta contigo, enserio. Es solo que, como te dije, estoy muy ocupada.
~Elsa.

– ¿Cómo puede estar ocupada? – Anna se quejó – Pensé que éramos amigas

– Tal vez se dio cuenta de que no pretendes ser su amiga – Mérida rió.

El rostro de Anna enrojeció un poco. Sacudió de sus pensamientos a la rubia, luego saldaría cuentas con ella. Y por una vez dejo de pensar tanto en ella que se concentro más en el partido que tenía enfrente. Kristoff jugaba de maravilla, recibiendo y anotando, entregando y esquivando. El chico era increíblemente bueno.

Anna sonreía aplaudiendo y gritando. El partido estaba a favor de Arendelle School. El equipo de Kristoff iba ganando. Nada podía empeorar lo que estaba por suceder. Ellos iban a ganar.


La celebración del partido ganador había sido realizada en la casa de un chico llamado Hércules. Todos estaban completamente emocionados por la victoria del partido.

En la mano de Anna había un vaso rojo con un líquido que desprendía un aroma a alcohol. Ella reía tontamente mientras hablaba con Mérida, la cual no había bebido nada aún y prefería dejarlo así.

– No tomes tanto – Mérida rió.

Giro la cabeza al ver a un chico sirviéndose algo de comida y se acerco a él dejando a Anna a solas. La chica sonrió tranquilamente alejándose de la fiesta para poder sacar su celular. Aún no recibía nada de Elsa y ya eran las diez de la noche. Estaba enojada y no sabía si era por el alcohol que había ingerido, pero lo único que sabía era que si no iba a su casa a exigirle el por qué la estaba ignorando, entonces la llamaría para hacerlo.

Y cuando se disponía a marcar el número de Elsa, Rapunzel se acerco a ella tirando de su brazo. Al parecer la chica había conocido a un chico al que, con las propias palabras de Rapunzel, era el chico perfecto para Anna.

Frederick Thompson era un chico de estatura alta, de cabello castaño corto y perfectamente bien peinado. Con unos hoyuelos que se formaban al sonreír y ojos color azules oscuros, casi negros. Vestía con una camisa de franela roja y unos jeans. Mantenía una mano en el bolsillo.

Anna lo miro de reojo coincidiendo que sí era guapo. Dios. Muy guapo. Pero no era lo que ella quería. Lo que Anna quería en ese momento era encontrarse en los brazos de cierta rubia y no los de un chico que ni siquiera conocía del todo. Apenas sí sabía su nombre.

Gran parte de la fiesta la paso con el chico. Había ingerido demasiado alcohol como para olvidarse de Elsa por un momento y coquetear con el castaño. Sin embargo, a las dos de la mañana cuando el joven se ofreció a llevarla Anna recordó de pronto que había estado en plan de llamar a Elsa, pensó un poco y lo dejaría para después, se dijo a sí misma.

Durante el camino, el joven se había comportado como un completo caballero y además Anna le había conocido bastante, tal vez se atrevería a decir que le conocía más de lo que conocía a Elsa.

Ya en su casa se despidió con un beso en la mejilla y procedió a entrar. Las luces estaban apagadas, sus padres y su hermano durmiendo así que procuro no hacer ruido cuando entro en su habitación. Paso una mano por su rostro al mirarse en el espejo. No estaba del todo borracha, algo bueno, sobre todo porque los efectos del alcohol comenzaban a desvanecerse lentamente y estaba segura de que al día siguiente tendría migraña.

Observó su celular. Su visión de duplico por un segundo, bebió algo de agua y procedió a lo que más anhelaba, llamar a la rubia. Su voz se volvió apenas audible cuando del otro lado escucho el tono cansado y adormilado de Elsa.

¿Qué sucede, Anna?

– Me estás evitando – Acuso con un tono bajo. Se dejo caer en su cama en forma de ovillo – ¿Por qué?

No te estoy evitando, Anna. ¿Me has llamado solo para eso? Van a ser las tres de la mañana

– ¿Por qué me estás evitando? – Demando saber la pelirroja – ¿Qué te he hecho yo para que me evites? ¡Maldita sea!

Hubo un silencio prolongado. Escuchó a Elsa suspirar.

¿Estás borracha?

– Estoy perfectamente bien, con el corazón destrozado porque no tienes ni idea de cómo se siente cuando la persona que más quieres te ignora – Dijo sin pensar.

¿Qué- qué estás diciendo? – Parecía confundida.

La vista de Anna se nubló por un instante y sin darse cuenta ya había cortado la llamada y quedado dormida.


Se encontraba hecha un ovillo en la cama cuando por la mañana siguiente Anna despertó. Desorientada y confundida se estiro en su cama. A pesar de haber dormido formando un pequeño ovillo, la posición no fue incomoda, pero tampoco podía decir que fue la mejor forma de dormir. Observó el reloj, eran las once de la mañana y su cabeza estaba por estallar. Cerró los ojos lentamente y de golpe los volvió a abrir.

¡Era fin de semana!

¡Elsa!

¡El viaje de acampada!

¡Elsa!

¡Tenía que ver a la rubia antes de las diez y no ha hecho!

¡Elsa!

¡Seguramente se habían ido sin ella!

No la culpaba del todo sí ya se había ido. Busco su teléfono solo para encontrarse unas veinte llamadas de Elsa. Todas habían sido marcadas temprano y ella no las había escuchado de lo cansada que estaba de la fiesta del día anterior. Su cabeza palpitaba enormemente, pero no me importaba.

Salió apresurada de la habitación y bajo las escaleras solo para encontrarse con sus padres que estaban medio desayunando. Su hermano estaba fuera como de costumbre.

– Mamá, me quede dormida y no me has despertado. Tenía que ir con Elsa y sus padres al viaje de acampada – La chica dijo alterada mientras entraba a la cocina.

– Sí, sobre eso... Elsa llamó temprano. No sé como consiguió el número de hecho, pero no importa. Le he dicho que te intente despertar varias veces, pero sin éxito. Finalmente le dije que no podrías ir si no despertabas – Su madre explico.

– ¿Me perderé el viaje? – Anna dijo sorprendida.

– Me temo que ya lo hiciste – Su madre dijo tranquila, con una mirada de disculpas – Elsa tampoco parecía muy feliz. Tuvo que aceptar que no irías y estará todo el fin de semana fuera, no sé si podrás llamarla

– Soy una gran estúpida – Anna gruñó subiendo a su habitación. Tomo su celular y se dispuso a llamar a la joven.

Pasaron varios minutos antes de que contestara y cuando lo hizo, su tono de voz era completamente monótono.

– Hey, Elsa, soy yo, Anna. Seguro que eso lo sabes – Rió nerviosa.

Sé que eres tú. ¿Qué sucede? – Anna sintió un escalofrió.

– Solo quería disculparme por no haber ido contigo al viaje. Y por no responder tus llamadas – La chica hizo una mueca.

Está bien. Rapunzel me ha contado que seguramente estabas en coma después de la fiesta de anoche. No hay cuidado

– ¿La fiesta? – Anna pensó un poco y recordó que el día anterior los muchachos habían ganado el partido de basquetball, razón por la cual se celebro una fiesta y el porqué del dolor de cabeza de Anna – Cierto

Bien si eso es todo, ya debo irme. Estamos llegando a la cabaña y mi madre no quiere que use el teléfono en todo el fin de semana, así que no trates de enviar mensajes que no responderé hasta el lunes. Oh y Anna, no vuelvas a llamarme a las tres de la mañana, ¿sí? – La chica parecía molesta.

Anna se congelo en su lugar. ¿Había llamado a Elsa? ¿Por qué? ¿Qué le ha dicho? ¿Cómo es que no lo recuerda? Tardo un poco en responder, escucho a Elsa carraspear del otro lado y ella asintió aún si no podía verla.

– Sí, lo siento, no quise… ¿por qué te llame tan tarde? ¿Qué te he dicho? – Pregunto temerosa de que hubiera dicho algo de lo que pudiera arrepentirse.

No estoy segura, ni yo entendí. Estabas algo molesta. Anna hablaremos luego, debo cortar

Y sin darle tiempo de responder, cortó. Anna miro la pantalla de su celular asustada. ¿QUÉ DEMONIOS LE DIJO A ELSA ANOCHE?

Iba a ser un fin de semana aburrido si no podía ni ver ni hablar con la rubia. Lo peor de todo no era perderse la oportunidad de pasar tiempo con Elsa, sino saber que la había llamado bajo la influencia del alcohol y no recordaba que le había dicho.

Cerró los ojos intentando concentrarse en recordar lo de anoche, pero su cabeza le retumbaba tanto que le exigía dormir un rato. Anna suspiro y se recostó tras tomar una aspirina. Pasaron los minutos y no podía ni dormir pensando en ella.

– ¿Qué le habré dicho a Elsa? Dios, ¿acaso sabrá que me gusta y por eso actuó tan fría conmigo? – Preguntó al aire. Nadie respondió. Casi se echaba a llorar de no saber nada. Su celular comenzó vibrar y con la esperanza de que fuera Elsa lo tomo sin revisar quien era.

– ¿Elsa? – Pregunto apresuradamente.

Uhm, no lo creo – La voz de un chico la confundió – Soy Frederick, Anna

– ¿Frede… qué? – Realmente estaba confundida.

Entiendo si no me recuerdas – Rió el chico – Anoche estabas algo mal. Soy yo, Frederick. Nos conocimos anoche por medio de Rapunzel

– Por supuesto – Anna bufó – Quién más podría sino ella

El chico soltó una risa – Estaba pensando, ¿te gustaría salir hoy?

– Oh, no lo creo. Estoy algo ocupada – Anna murmuró – Tal vez otro día

Por supuesto era una completa mentira. Ella quería seguir intentando recordar la noche anterior cuando hablo con Elsa. Además, no conocía al chico de nada por lo tanto no quería saber nada de él. Su memoria estaba tan borrosa que realmente ni siquiera sabía sí le dio el número de teléfono suyo o fue obra de Rapunzel, pero no importaba porque dudaba que lo volvería a ver.


Con las manos en el bolsillo de la sudadera, Anna salió de su casa a dar un paseo. Realmente todo en su vida se sentía diferente. Quería tener algo que hacer, ver a Elsa practicar, estar con ella, tomar un chocolate que tanto amaba ella, incluso ir a comer chatarra o ensalada, pero no podía pues ella no estaba. Aún así de todos modos Anna decidió ir a comprar un vaso de chocolate caliente.

Algo de vapor en forma de humo salía de su boca mientras se dirigía a Sound&Café. Justo al doblar en la esquina se encontró con la entrenadora de su patinadora favorita esperando la luz verde. Anna esperaba a que la chica no la reconociera, pero no fue así.

Ambas caminaron hacia la tienda en una pequeña charla que incluía el clima helado y la nieve.

– Por cierto, ¿no ibas a ir con Elsa a la acampada? – Preguntó Jen.

– Uhg, no. Me he quedado dormida – Anna gruñó.

– Ya veo. Tal vez sea por eso que estaba de tan mal humor – Jen rió – Esa chica es tan testaruda y fría cuando se lo propone

– Me ha ignorado toda una semana y luego yo la dejo plantada. No me sorprende si quiere matarme – Anna murmuró.

– No te a dejado plantada ella – Jen sacudió la cabeza al entrar en la tienda – Es mi culpa. La competencia será dentro de una semana y ella necesita todo su enfoque en ello

– Sí es así, ¿por qué se va de acampada a la playa? – Anna preguntó.

– Sus padres piensan que necesita algo con que relajarse, pero no lo hará. Prefiere más el hielo – Se rió la mayor – Yo realmente lo siento, Anna. Sé que eres muy amiga de ella y oportunidades como esas no siempre se presentan, pero ella necesita entrenar

– Eso lo entiendo – Anna asintió – ¿A qué te refieres con oportunidades?

La mujer sonrió con nostalgia – Ya has notado que tiene problemas para hacer amistades

– Sí, ¿por qué? – Anna pregunto curiosa.

Tras hacer un breve pedido ambas esperaron. Anna miro a la entrenadora que parecía, no considerar que decirle, sino considerar si decirle o no. Cuando finalmente se decidió sonrió tranquilamente.

– Es una patinadora famosa, ¿no crees que hay quienes se intentarían aprovechar? – Preguntó tranquilamente.

Anna asintió.

– Ahí está la respuesta – Se encogió tranquila – Tuvo un par de "amigas", pero no lo eran y eso hizo que tuviera más dificultades para conocer gente. Ella prefiere la compañía de sus padres, su abuela, tal vez yo, y por supuesto la fiel Lady

– ¿Lady? – Anna levanto una ceja.

– Su perra. De raza Golden Retriever – Sonrió Jen – Esa es una historia divertida, ¿sabes? Pero me voy del tema. Ella tenía problemas para entablar amistades hasta que tú apareciste. Él día que te encontré espiando supe que Elsa no te había invitado realmente, pero ella parecía tan empeñada en que te quedaras que solo por eso acepte

– ¿Debo sentirme alagada? – Anna pregunto sonriendo divertida. La castaña rió, pidió un dulce de maicena antes de pagar su orden y miro a la chica.

– Lo que digo Anna, es que hay algo que te hace especial y Elsa lo sabe. Valora tu amistad porque no estás interesada en fama, sino en ella como persona –

La chica se sonrojo un poco. Si había algo más que una amistad, era romance lo que Anna quería. Jen sonrió tranquila.

– Nuestra reina no es del todo inocente – Comentó de pronto la mujer – Solo sufrió un trágico incidente amoroso y además, créeme, cuando está concentrada en una competencia, nada importa, ni siquiera si hay personas que están enamorada de ella. No los ve, solo ve el hielo y su pasión por él

El rostro de Anna enrojeció aún más.

– Yo… –

– Ni lo intentes. Es más que notorio – Jen rió – Te gusta la chica, lo sé, por eso te digo que si no hubiera una competencia, Elsa tal vez ya se habría dado cuenta de que te gusta, no es ajena a menos que esté metida en el hielo

Anna asintió.

– ¿Dijiste… tragedia amorosa? ¿Qué pasó? – Anna preguntó.

– No seré yo quien te cuente. Tal vez ella deba decirte –

Después de pedir su orden Anna tomo asiento en algún lugar. Estaba sola, pero pensaba mucho en lo que Jen le había dicho. La competencia de Elsa, lo que podría significar que la rubia supiera lo que siente la pelirroja, la tragedia amorosa. Había un sinfín de cosas que aún no sabía de ella, y quería aprenderlas todas.

Continuara…