Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?

Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.


Voluntad sobre Hielo

9

El fin de semana más lento y largo que Anna hubiera tenido que superar, lo peor de todo es que había sido para peor, pero al fin había terminado. Volvería a ver a Elsa al día siguiente. Estaba complemente emocionada. Quería ir a ver a chica a su casa, quería abrazarla y disculparse por cualquier cosa que ha hecho, sobre todo por ser egoísta y molestarse porque no le prestaba atención.

Pero frente a todo esto, Anna sabía que debía esperar e iba a ser la espera más larga todavía. Estaba acostada en su cama dando vueltas y vueltas solo pensando en la rubia. El reloj marcaba las diez de noche. No pensaba en que Elsa estaría ocupada, finalmente no pudo más, tomo su celular y envió un mensaje.

Elsa, lo lamento, pero no puedo esperar a verte y quiero hablar contigo
-Anna.

Al poco tiempo de haberlo enviado le aparecía que Elsa lo había visto, pero no respondía. Volvió a pensar en que tal vez Elsa estaba molesta con ella. Estaba desesperada por escucharla hablar.

Esa hermosa sonrisa que se dibujaba en sus labios, su deliciosa risa melódica. Esos sonrojos ligeros que se teñían en su bello rostro cuando algo le fascinaba. Esa belleza deslumbrante que desprendía en el hielo. Su perfecta figura. Su forma tan serena de ser. Sus labios cuando se tuercen en un puchero. Dios. Sus labios. Finos y rosados. Delicados y besables.

Anna estaba enamorada.

Muy enamorada.

Es algo tarde, Anna. Nos veremos pasado mañana, ¿sí? Llegué apenas hace una hora.
~Elsa.

"¿Pasado mañana? No, no. No puedo esperar tanto tiempo para verla."

Sacudió la cabeza ferozmente y le envió un mensaje para preguntarle por qué. Elsa apenas respondió algo corto y sin mucha emoción. Estaba cansada la chica. Después de haberse despedido, Anna soltó un feroz suspiro y se quedo dormida.


Después de clases Anna no espero más. Se encamino hacia la casa de Elsa, que bien recordaba el camino y nunca lo olvidaría, para ver a la chica. Aún le parecía que con tanta fama y seguro dinero la rubia viviera en algo tan humilde como una casa de dos pisos pintada de un color suave y precioso, los muebles no eran caros o eso parecían, pero si elegantes. Un hogar muy refinado que incluso a Anna le había dado pena sentarse en un sofá como aquel.

Golpeó la puerta blanca de la casa y espero, al poco tiempo un hombre de cabello castaño y barbilla apareció en la entrada mirando a la chica. Anna no estaba segura, pero adivino a que era el padre de Elsa.

– Debes ser Anna – El hombre sonrió. Anna asintió – Eres tal y como mi esposa y mi hija te describieron

Anna rió ligeramente. No tenía ni idea de que Elsa hablaba de ella. El hombre sonrió amablemente.

– Imagino que vienes a ver a Elsa. Lo siento, Anna, pero Elsa no está aquí – Dijo él.

– ¿Y dónde está? – Preguntó.

– En la pista – Dijo él sonriendo divertido como si le hubieran preguntado la cosa más estúpida del mundo y le causara risa de que aún preguntaran. Anna sonrió. Asintió antes de irse y despidió al hombre con amabilidad.

"La pista. Eso no es el lago, ¿verdad?"

La única idea lógica que tenía era lo recientemente, ir a la pista de Oaken. Sus pies solamente la llevaron allí y cuando entro se encontró con la perfecta visión de la rubia en medio de una rutina. Anna estaba sorprendida por los movimientos que ejecutaba. Zancadas, saltos, giros, vueltas, deslizamientos perfectos, movimientos únicos. Todo se veía perfecto.

Su boca se seco por un instante. No dejaba de babear al ver a la chica deslizándose. Era perfecta.

Perfecta.

Su Elsa.

– ¡Eh! ¡Tú, ésta es practica cerrada. No puedes estar aquí! – Alguien le grito.

Anna miro hacia un lado y vio a un hombre vestido de negro dirigirse a ella. Tanto Elsa como Jen voltearon a ver que estaba sucediendo. El rostro de Anna estaba completamente rojo no solo por la vergüenza que estaba pasando, sino porque Elsa estaba allí mirando a Anna fijo. Sin emoción alguna.

La patinadora le dijo a su entrenadora y ella se acerco a ver que estaba sucediendo. El guardia había informado que había atrapado a Anna espiando, pero la pelirroja aseguraba que no era verdad pues ella no estaba espiando. El hombre seguía sin creerle a Anna así que la tomó del brazo y comenzó a arrastrarla.

– No – Jen llamó – No. Ella puede estar aquí

El hombre, aún desconfiado, soltó a Anna con recelo y luego se dirigió a otro lugar. Anna tardo unos minutos en volver a Jen para agradecerle, pero le sorprendió cuando la castaña la tomo del brazo.

– Creí que Elsa te dijo que eran prácticas privadas y no puedes estar aquí presente – La mujer gruñó.

– Yo lo siento, pero tenía que ver a Elsa. Ella no fue a clases, pero si vino a su entrenamiento. No me parece justo – La pelirroja dijo.

– Anna, tienes que entender que Elsa tiene cosas más importantes que salir contigo o ir a la escuela. Ella es una patinadora – La mujer observo a la chica a los ojos, seria – Elsa puede parecerlo, pero no es cualquier adolescente así que si vuelves a interrumpir en otra práctica no dudaré en dejar que te echen. La primera vez lo deje pasar, ahora también lo estoy dejando pasar, pero no habrá una tercera

Anna parecía sorprendida, pero de todos modos asintió. Se acercaron a la pista y Elsa levanto una ceja deslizándose lentamente por el hielo. Anna le sonrió algo tímida.

– Te ves molesta – Elsa dijo.

– Cállate. Sigue con lo que hacías – La castaña dijo con dureza. Elsa levanto una ceja y sin decirle nada a Anna se alejo para seguir con su rutina.

Poco después Anna se dejo caer una banca observando a Elsa. La rutina parecía ser la misma de siempre, patinaba dando saltos o vueltas. No hacía gran cosa. A pesar de eso, Anna estaba embelesada con ella.

– Bien, creo que eso es todo por ahora – Jen se puso en pie captando la mirada de Elsa sorprendida – Tomate un descanso. Yo iré por algo de comer

– ¿Me traes una empanada? –

– Ni lo sueñes – La castaña dijo caminando hacia la salida.

Anna miro a la mayor y luego a Elsa que seguía en el hielo con un mohín en el rostro. Reparó en lo adorable que se veía con él y luego se acerco por el suelo sin subir al hielo.

– Hey –

– Hey – Elsa sonrió.

Anna se mordió el labio inferior – Siento haber venido sin avisar. Fui a tu casa, pero no estabas y tu padre me dijo que estarías aquí. Por cierto, es muy amable

Vio la mirada de hielo de Elsa suavizarse de a poco, la rubia suspiro y asintió – Creo que yo lamento que Jen te haya regañado así. Ella está algo loca con todo lo sucedido. Ya ves, solo una semana para la competencia

– Sí – Anna se rasco la nuca nervios – Una semana…

Elsa miro a la pelirroja de reojo y sonrió con las manos en las caderas – ¿Y bien, qué esperas?

– ¿Perdón? – Anna pregunto curiosa y confundida. Elsa movió la cabeza hacia unos patines que estaban en una banca.

– ¿Vas a entrar o no? –

El rostro de Anna se ilumino de pronto. Ciertamente no esperaba que la rubia la invitara a entrar, de hecho ella pensaba que tomaría un descanso fuera del hielo y no dentro del. Tomo los patines negros y se los puso, lentamente se dirigió al hielo y se subió a él. Elsa la cogió de las manos enviando una descarga eléctrica poderosa por todo el cuerpo de Anna.

La rubia parecía ajena a lo que provocaba su simple tacto en la pelirroja, sonreía tranquilamente. Pronto, sus pies se deslizaron hacia atrás lentamente. Anna sonrió con cuidado, sin mover sus pies se dejo llevar por la patinadora. Cuando Anna se sujeto de los brazos de la chica para no caer Elsa rió ligeramente antes de alejarse un poco hacia atrás.

– Te dije que tienes que mover tus pies – Elsa rió.

– No, prefiero que tú me guíes – Anna miro sus pies tiesos deslizarse sobre el hielo. Elsa rodó los ojos e intento soltarla, pero la chica se tambaleo buscando ayuda.

– Ves, puedes sostenerte por ti misma – Elsa se alejo unos cuantos pasos – Ahora, intenta acercarte

– Me caeré –

– No lo harás. Además, sabes bien que yo te atraparé si sucede – Elsa sonrió.

Anna sacudió la cabeza y Elsa retrocedió más aún. La pelirroja entro pánico al ver a la rubia lejos. No solo era por tener miedo a caerse si lo intentaba sola, sino porque quería sentirse protegida en sus brazos mientras la guiaba por el hielo.

– Mierda. ¿Por qué tuve que aceptar? – Anna gimió.

– No sabía que tenías un fino vocabulario – Elsa dijo tranquila y sorprendida. Anna rodó los ojos.

– Els, ayúdame – Anna suplico.

– ¿Els? Eso es lindo. Me gusta – La rubia retrocedió más aún.

El corazón de Anna estaba horriblemente descolocado. La chica se había alejado de ella y además de eso apenas le había dicho algo que le había cambiado todo. A Elsa le gustaba como ella pronunció su nombre. Apenas dijo tres letras y la rubia dijo que le gustaba. Se enamoraba aún más.

Ella estaba jugando con Anna. Lo sentía en lo más dentro de sí. Mientras más hablaba la rubia más retrocedía y mientras más le decía cosas divertidas más se enamoraba Anna. La rubia estaba a una distancia considerable. Esperando a por la menor. Anna la miro preocupada. Posiciono con firmeza sus pies y luego sin saber como se impulso hacia enfrente.

Elsa sonreía con emoción al ver a la chica avanzar más de tres pasos. Anna grito mientras más rápido iba. Asustada de lo rápido que iba, Anna gritaba aún más y más fuerte. Pronto sintió los brazos de Elsa sostenerla y otra vez, como en otra ocasión, ambas cayeron al hielo. Esta vez el impacto pareció menos doloroso que la última vez.

Anna gimió tras golpearse. Algo suave y blando le había detenido una fuerte caída y al abrir los ojos se encontró con la mirada de Elsa, una ligera sonrisa en su rostro. La pelirroja escondió su rostro completamente enrojecido de la vergüenza en el cuello de la chica aspirando un aroma intenso a violetas mezclada con sudor. En su cabello se encontraba el intenso aroma a manzanillas. Una combinación bastante interesante.

– Eso fue de lo más vergonzoso. Mátame, por favor – Anna murmuró contra el cuello de la rubia. La chica rió suavemente provocando que la melodía de su risa causara cosquillas en el oído de Anna. Se estremeció ligeramente y esperaba a que la chica creyera que fue a causa del hielo y no de su risa.

– Vamos, no fue para tanto – La voz de la chica la hizo estremecer de nuevo.

Anna quito su rostro del cuello de la rubia y la miro a los ojos. Ella parecía divertida a pesar de haberse sacado con un golpe poderoso. Rió junto con Elsa.

– Uhm, Anna – Elsa dijo sonriendo tranquila – ¿Podrías quitarte? Me aplastas

No. Anna no quería levantarse. Allí, con los brazos de Elsa alrededor suyo, le fascinaba pues además de enviar descargas eléctricas por todo su cuerpo y hacerla estremecer placenteramente el cuerpo de la rubia junto al suyo le daba calor, un calor grato. La quería. Ella era suya. Era su Elsa. No quería dejarla.

Por desgracia, sabía que no podía decirle a Elsa que no quería desprenderse de ella debido a que estaba enamorada. Cuando se disponía a levantarse notó algo interesante.

– Veo que has roto tu pacto con el diablo – Anna dijo.

– ¿Eh? –

– No traes tu gorro – La chica rió. Había notado lo unida que Elsa era a ese gorro de lana. Siempre que la veía ella estaba usando ese gorro que tan bien le quedaba y que tan aspecto de inocente le daba. Sonrió – Pensé que eran inseparables

– Lo somos – Elsa explico tranquilamente como si se hablara de una persona – Pero mi madre lo ha guardado en alguna maleta y no lo he podido encontrar

La chica sonrió divertida y cuando disponía a quitarse, ahora sí, notó algo más que no pudo pasar de largo – Oh. Oh. ¿Qué tienes ahí?

Sus dedos rozaron con suavidad una pequeña cicatriz en la frente de Elsa, justo en la parte superior arriba de la ceja izquierda. Era apenas visible y Anna estaba casi segura de que nunca antes la había visto.

– Uhm – Elsa cerró los ojos suavemente ante el tacto de la chica en su cicatriz. Se estremeció sin saber por qué. Una caricia breve y delicada provocaba un placer inexplicable en ella. Quizás era el hecho de que cada vez que su madre tocaba aquella cicatriz demostraba lo mucho que se preocupaba. Era un placer al saber que a la gente le impoprtaba, y Anna no era la excepción. Anna se preocupaba por ella, por eso estaba preguntando por la cicatriz, por la preocupación en su rostro era demasiada y por eso sentía un placer. Esa idea, de saber que no estaba unos minutos en responder, y luego lo hizo mientras se sentaba en el hielo – Es lo que quedo después del accidente hace cinco meses

La menor la miro sorprendida – ¿Qué? ¿Por qué?

– Bueno, imagino que ya sabes sobre ese accidente – La chica sonrió tranquila. Anna se arrodillo frente a Elsa sorprendida aún – Caí en medio de una rutina y me barrí por todo el hielo. Cuando choque contra la pared, digamos que había un trozo de metal fuera y se me clavo en la frente. Fue esa la razón por la que termine en el hospital

– Dos semanas – Anna murmuró sin poder dejar de ver la herida.

– Sí. Dos semanas – Elsa asintió tranquilamente, intento ponerse en pie, pero su mirada se perdió en el hielo tras apenas flectar una pierna para pararse – El golpe fue profundo. Había perdido una gran cantidad de sangre en el trayecto al hospital, pero más que eso fue el hecho de que la zona en donde me golpeé hizo que perdiera el conocimiento enseguida. Según los informes médicos probablemente pude haber entrado en estado vegetal de no ser porque milagrosamente desperté antes de que siquiera se pudiera considerar que ya había entrado

Anna observo a la rubia sorprendida. Se notaba tan ajena a su presencia que sabía que en su mente revivía ese momento de nuevo. Dudo un poco, pero coloco una mano en el hombro de la chica que enseguida la miro. Su mirada aún se notaba vacía. Sus ojos perdidos en el recuerdo y el movimiento había sido mecánico. Unos pocos segundos después, el brillo volvió a los ojos cobalto de la chica y sonrió.

– Ven, vamos a intentarlo de nuevo – Dijo animada. Se puso en pie sin dificultad alguna y Anna la observo sorprendida. Asintió lentamente y por su cuenta intento ponerse en pie, pero parecía más difícil de lo que pensó.

Apenas habían dado unas cuantas vueltas por la pista. Anna era empujada suavemente por Elsa detrás de ella sosteniéndola desde la cintura con cuidado. La pelirroja estaba demasiado sonrojada, ella aseguraba que su rostro había obtenido el color de su cabello o más si era posible.

– Veo que te estás divirtiendo – Una voz completamente femenina, con delicadeza y dulzura resonó en el salón. Anna volteó la vista solo para encontrarse con la madre de Elsa junto a Jennifer. La rubia sonrió divertida antes de soltar a Anna y dirigirse a toda velocidad hacia la salida de la pista. La mujer le sonrió tranquila.

– Ahm, Elsa – Anna la llamó justo antes de que la chica estuviera por salir de la pista. Elsa miro a Anna y rápidamente volvió a por la chica para llevarla a la entrada. Apenas sus pies tocaron el suelo, tanteo con los patines al caminar y se acerco a su madre que estaba cruzada de brazos con una sonrisa.

– ¿Qué haces aquí? – Preguntó.

– Pasaba cerca y pensé en venir a ver el entrenamiento. Traje algo de beber por si querías, pero veo que no estás practicando para nada – La mujer sonrió.

– Estábamos en un receso – La chica dijo riendo.

– Bien, eso es bueno – Su madre asintió y luego miro a la entrenadora de su hija – Es bueno un receso. No explotes a mi hija, ¿sí?

Elsa rió cuando su entrenadora rodó los ojos – Yo no la exploto. Yo la extorsiono

– No es para sentirse orgullosa – Elsa rió.

– Bien – Aplaudió la mujer de treinta años – Te quiero en el hielo de nuevo. Vas a dar unas cuantas vueltas, saltos y a la noche practicaremos la rutina completa una vez más

Elsa gimió cansada. Anna no pudo evitar la sonrisa en su rostro al ver a la chica así. Le gustaba cuando hacía pucheros o mohines, sobre todo le fascinaba escucharla gemir de la mala gana ya que de daban el aspecto tierno que a Anna le fascinaba.

– No me pagan lo suficiente por esto – Elsa gimió subiendo al hielo.

– ¡Yo no te pago! – La entrenadora alzó la voz.

Anna miro a la madre de Elsa sacudir la cabeza una vez que su hija había sacado la lengua. Jen carraspeó molesta mientras se ponía otro par de patines que había sacado de algún lado y subía al hielo junto Elsa.

– Bueno, lamento que no hayas podido ir al viaje. Elsa realmente estaba emocionada cuando aceptaste ir con nosotros y cuando supo que finalmente no irías parecía decepcionada, sobre todo molesta – La madre de Elsa sonrió con delicadeza. Ella lentamente se sentó en una butaca y observo a su hija ser regañada por su entrenadora.

– Parecen llevarse bien – Anna susurro con celos observando a Elsa. Hubo un silencio y luego miro a la madre de Elsa – Yo realmente quería ir, pero me quede dormida

– Sí. Eso supe – Idunn asintió – Había pensado que Elsa estaba molesta contigo por no haber ido al viaje, pero durante todo éste parecía pensativa. Creo que algo le había sucedido el día anterior

De pronto la chica recordó la llamada que le había hecho. Desconocía lo que le había dicho y deseaba con todo el corazón poder saber que le dijo, pero sabía que si le preguntaba a Elsa solo generaría algún momento incomodo o quizás algo peor.

– No sé que puede haber sido – Dijo Anna tranquilamente. Se sentó junto a la madre de la chica y luego miro a Elsa en el hielo.

Una sonrisa se dibujo en sus labios. Quito los patines de sus pies con cuidado y los dejo a un lado para volver a ponerse los otros. Idunn miro a la chica con una sonrisa tranquilamente.

– ¿Hay más personas? –

– ¿Perdón? –

– Que si hay más personas con las cuales Elsa se haya juntado – Sonrió.

Anna torció los labios – Bueno, hubo una ocasión en que ella fue a casa de un amigo mío conmigo y se reunió con un grupo de amigos. También habla con ellos de vez en cuando

– ¿Sí? – Idunn sonrió.

Anna asintió.

El entrenamiento no duro por mucho tiempo más. Las cuatro mujeres abandonaron la pista, primeramente caminaban por delante de los demás Jen e Idunn hablando tranquilamente mientras Elsa y Anna estaban hablando detrás a unos cuantos pasos de distancia.

Anna observo a Elsa de reojo y luego coloco ambas manos en la espalda.

– Gracias por invitarme a almorzar. No era necesario – La chica dijo.

Elsa se encogió de hombros – No veo el problema. Tú me invitaste la otra vez

Anna asintió lentamente.

Caminaron un poco más en silencio hasta que Anna sonrió – ¿Qué te parecería ir a una fiesta en casa de Rapunzel?

– No lo sé – La chica dijo – No se supone que deba relajarme aún

Anna rió – Solo será un día, o bueno, más bien una noche. No creo que suceda nada malo si lo haces

– ¿Sí? – La rubia parecía insegura. Anna asintió.

– Te prometo que te vas a divertir – Anna dijo.

Elsa lo pensó un poco y termino aceptando. Una vez que llegaron a la casa de la rubia, Anna saludo a su padre que se encontraba allí y la madre de la chica dijo que enseguida serviría el almuerzo.

Anna logro tener un día increíble con Elsa, tal vez no la vio en clases, pero la vio en la pista de hielo y había tenido el tiempo de pasar una tarde divertida con ella y además de todo, quedar para poder ir a una fiesta.

Continuara…