Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?
Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.
Voluntad sobre Hielo
12
La joven sonreía con carisma a su reflejo mientras terminaba de atar la segunda hebra de cabello. Dos trenzas perfectas colgaban de sus hombros. Apenas había terminado bajo enseguida para poder tomar algo de desayuno.
Habían pasado varios días ya desde la oferta que Elsa le había hecho a ella y a sus amigos y todos habían aceptado, pese a que los padres de Anna realmente se encontraban entusiasmado por conocer otro lugar, también no podían dejar de sentirse algo incómodos en no tener que pagar por el alojamiento en el hotel.
En cuanto a Anna, demás estaba decir que no dejaba de sonreír desde entonces. Ella y Elsa habían sido grandes amigas en el último par de semanas, realmente, y le gustaba. Sobre todo el tiempo que pasaban juntas era algo que nunca podría reemplazar con algo más. Tal vez Elsa no sea su novia, tal vez solo eran amigas, pero bien, al menos estaban en un acuerdo amistoso. Ni hablar de alguna vez volver a decirle que estaba enamorada de ella, la amaba y si la perdía no podía imaginar estar sin ella… no ahora.
Aún faltaban semanas para partir a Noruega y sin duda Anna podía notar una brillante sonrisa en la chica, eso le fascinaba. No había nada mejor para Anna que verla sonreír.
Noruega…
Se preguntaba cómo era. Se preguntaba si se lo pasaría bien. Se preguntaba cómo serían las cosas con Elsa allí. Se preguntaba también… ¡Tenía tantas preguntas! ¡Tantas por Dios! Ni siquiera su mente divagadora podía amontonarlas todas en una sola fila.
¿El ex de Elsa vivía allí? ¿Lo conocería? ¿Qué es lo primero que harían al llegar allí? ¿Elsa le mostraría la ciudad, Oslo? ¿Después de la competencia Elsa volvería con ellos? ¿Tendrán oportunidad de estar juntas? ¿El novio de Elsa aún la amará? ¿Por qué terminaron? ¿Qué hay de la competencia?
El desayuno como siempre, perfectamente preparado. Básicamente Anna tragó. Al termino de esto se fue enseguida a ver a Elsa que la esperaba ya en la pista de patinaje. Sabía que la chica odiaba con el alma las pistas de patinaje, todo era tan artificial para ella y los lagos eran naturales. Anna sabía que Elsa amaba los lagos congelados debido a que le recordaban a su casa, según lo poco que sabía de ella era que Elsa siempre patinaba en un lago cerca de su casa.
Realmente Anna sabía poco sobre la chica. Si bien había sido reacia y fría en un principio aún no había nada que ella le dijera a la ligera. Elsa seguía siendo una persona cerrada, a pesar de que sonreía más y a Anna le gustaba su sonrisa. Muchas veces la chica se encontraba escudriñando en sus palabras para ver si encontraba algo sobre la chica. Anna siempre le estaba contando cosas sobre ella, no siempre lo hacía con la intención de hacerlo ya que muchas veces su mente solo divaga y finalmente Elsa lo aceptaba, pero qué sabía sobre ella.
Vivía en Noruega, Oslo. Era patinadora. Le gustaban los libros. Su padre era dueño de una compañía de electrónica y su madre junto con sus hermanos tenía una cadena de hoteles. Tenía un perro. Amaba el hielo como la vida misma. El chocolate era su alimento favorito.
No era mucho lo que sabía en comparación con lo que Elsa sabía de Anna.
Anna vivía con sus dos padres y su hermano. Había tenido un pez dorado cuando pequeño pero a causas naturales (de olvidar de darle de comer) falleció y le hicieron un funeral. Rapunzel era su prima y mejor amiga, pero pese a eso solo se hicieron amigas en el jardín de infancia y no desde los pañales. Su mejor amigo era Kristoff (Elsa una vez le pregunto si era su novio). Anna amaba el chocolate tanto como Elsa. Odiaba leer. Le gustaba dibujar. Era hiperactiva. Le gustaban las peleas con bolas de nieves. Sus colores favoritos eran el verde, rosado y en ocasiones el naranja. Había heredado el color de ojos combinado de sus padres. Amaba las papas fritas. Tenía una condición que le impedía engordar. Sus canciones favoritas iban desde las más movidas hasta las románticas. Era terrible para el ingles. Olaf y ella eran inseparables debido a que compartían personalidad similar. Le gustaba apoyar a sus amigos en sus competencias, como por ejemplo a Mérida y Kristoff. Era una persona leal, cariñosa, amable y servicial. Entre otros.
Básicamente, Elsa conocía casi todo de Anna y Anna casi nada de Elsa.
Como siempre que sucedía, Anna no podía evitar embriagarse con la mirada de Elsa, sonriente y brillante, sobre sus patines blancos con cuchillas grabadas. Era perfecta. Sin embargo, ese día, era diferente, Elsa no sonreía.
– Wow – Anna se acercó lentamente. La rubia dejó de patinar y le sonrió – Esta debe ser la primera vez que te veo usando algo que no es azul, o celeste.
Y era verdad. Por lo general siempre encontraba a Elsa vestida con ese color y algo de blanco, pero ese día parecía ser la excepción. Usaba un suéter color rojo que caía de los dos hombros y unos jeans grises. La chica también, por extraño que parecía, no traía puesto su gorro de lana.
– Lo sé – La chica ensombreció su rostro – Creo que vamos a terminar. Él y yo tenemos una relación sería, pero últimamente lo he notado extraño… creo que me engaña con otra cabeza
– Wow, intentaste hacer una broma – Anna rió tomando unos patines negros listos para ser usados – Y casi te salió bien. Si sonríes un poco entonces sería mejor
– Lo sé – Elsa se dio la vuelta para deslizarse un poco.
Anna levanto una ceja al dirigirse al hielo lentamente, con cautela y cuidado. Una vez que se subió no pudo evitar sostenerse de la barandilla que se encontraba a los lados para los principiantes.
– ¿No vas a venir a por mí? –
– Creo que puedes hacerlo sola – Elsa dijo sin darle mucho interés.
– ¿Estás molesta? – Anna cuestiono arrastrándose junto a la barandilla para intentar acercarse más al centro desde los costados.
– No realmente. Solo estoy… frustrada –
– ¿Y eso cómo por qué? – Anna casi resbala, pero logró sostenerse bien para no caer. Elsa la miro tranquilamente.
– No es nada. Solo algunas diferencias creativas con Jen – La chica se encogió despreocupada.
– ¿No quieres hablar? – Mantenía la esperanza de que la rubia se abriera a ella, pero la notaba tan cerrada que ya conocía el resultado aún antes de que sucediera.
Elsa se dio unas cuantas vueltas por el hielo y se detuvo en la entrada y salida de la pista. Apenas puso un pie en el suelo liso alfombrado.
– De hecho, no tengo ganas de estar en el hielo, ¿sabes? Siento que hayas venido para nada –
– Yo no diría para nada – Anna intento dar marcha atrás – A ti te sucede algo y quisiera saber qué es. Somos amigas así que no veo por qué te niegas a contarme
– Déjalo Anna – Dijo entre dientes la rubia. Apenas se había quitado sus patines y volvió a ponerse los de suela de goma. A duras penas la pelirroja logro salir del hielo para acercarse a la rubia.
– Pero Elsa… –
– ¡Basta Anna! – La mirada fría de Elsa hizo que Anna pegará un salto de sorpresa. La rubia se puso en pie y luego se marchó sin más que decir. Colgados traía un par de patines gastados. Se nota que aún no comenzaba a usar los nuevos que había comprado.
La pelirroja se quedo mirando a Elsa alejarse. Quería verla. Quería saber que le sucede… y no se iba a quedar de brazos cruzados. Rápidamente Anna se quito los patines y sin haberse colocado los zapatos aún corrió detrás de la chica. Cuando se acercaba a la rubia, ésta parecía metida en sus propios pensamientos como para notar que la pelirroja la estaba siguiendo.
Sin dejar de caminar y con movimientos torpes Anna logro ponerse los zapatos nuevamente. Apresuro su paso, toco a la rubia y le impidió seguir caminando.
– ¿Realmente me vas a dar una fría mirada y no me dirás que te sucede? ¿Pensé que éramos amigas? –
– Lo somos, pero, escucha, yo debo lidiar con mis demonios y tú con los tuyos. Estos asuntos no te conciernen –
Anna fingió que eso no le dolió cuando fue todo lo contrario. Su corazón casi estalla cuando la rubia le devolvió el gesto frío con una mirada igual de fría.
– Vamos, Els, dime – Presionó Anna – Necesito que me digas. Yo quiero ayudarte
La rubia observo a la chica de reojo. Había reparado en su vestimenta tranquilamente, conformada por una polera de mangas cortas color verde con diseños, unos jeans color celeste y unos zapatos. Pronto paso a ver sus típicas trenzas a cada costado de su rostro. Dos hebras perfectas. Y finalmente noto las miles de pecas en su rostro. No era que Elsa no las hubiera visto antes, sino que no había sido consciente del todo de aquellas pecas. Sin duda le daban un aspecto bastante infantil e inmaduro y bueno, Anna no hacía mucho para cambiar esa personalidad y demostrar todo lo contrario.
Sacudió la cabeza de un lado a otro y retrocedió. Un pensamiento bastante extraño la invadió enseguida. La sensación de querer estar cerca de Anna de era extraño y a su vez no podía impedir sentirse algo incomoda. No entendía de donde habían venido esos sentimientos del momento.
Sacudió la cabeza nuevamente.
– Realmente lo siento, Anna, pero ya debo irme – Dio marcha atrás y se alejó de ahí.
No es que no haya querido contarle a Anna lo que sucedía, simplemente pensaba que no fuera tan necesario ya que habían cosas que ella misma debía resolver sin la ayuda de nadie.
Una vez que Elsa se había ido, Anna respiro pesadamente y forzosa se dio la vuelta. No quería que Elsa se fuera y quería ayudarla con lo que sea que debía estarla molestando. Ver esa expresión, no seria y fría sino mortificada. En el hielo, no era la misma Elsa que Anna conocía.
La chica se movió hacia la salida del mini estadio y se encontró con Elsa esperando el autobús. Tuvo que contenerse para no ir con la rubia a molestarla. Ya le había dejado claro que no quería hablar de lo que estaba sucediéndole.
Se mordió el labio inferior. Quería ir con la chica ahora, quería ir y preguntarle una vez más que sucedía, pero no estaba segura de poder soportar otra negativa por parte de su amiga.
En el momento en que finalmente Anna decidió aceptar e ir a ver a Elsa, se detuvo en seco. Un convertible negro se acerco frente a Elsa, un chico de cabello negro y lentes oscuros le sonrió a Elsa tranquilamente, la chica parecía indecisa en la acción que debía tomar, finalmente se subió al convertible y se marchó con el chico.
El corazón de Anna latió con ferocidad. Jamás había visto algo así. Elsa se acababa de ir con un chico. Un chico que ella desconocía. Un chico que podría ser su novio. ¡Su ex novio! ¡Quizá solo su novio! Elsa se había ido con un chico… El corazón de Anna no podría estar en más descontrol en ese momento.
Cuando Anna entro en su habitación, después de un largo paseo de reflexión, no pudo evitar enviarle mensajes a Elsa. Primero fue uno, después tres, luego cinco y finalmente unos diez. No respondió a ninguno de los que envió obtuvo respuesta.
Gruñó. Estaba completamente enojada porque Elsa prefería ignorarla en lugar de contarle lo que sucedía. Estaba enojada. ¡ODIABA AL CHICO QUE SE HABÍA LLEVADO A ELSA!
Al ponerse en pie, después de tanto gruñirle a su almohada, se dispuso a salir de la casa. Quería irse. Camino por las calles con una sola dirección en mente: la casa de Elsa.
No sabía que decirle, pero básicamente iba a pedirle que le explicara porque no le respondía y qué le estaba sucediendo.
Los ojos de Anna se volvieron vacíos de pronto. Estaba en la esquina de la cuadra en que vivía Elsa, a unos cuantos pasos de la casa de la rubia y allí estaba Elsa. Hablaba con el pelinegro que la había recogido. Ambos hablaban. Él recargado contra el auto como un chico "guay" y ella frente a él tocándose los brazos con ambas manos mientras hablaban.
Anna se encontraba cegada. Estaba enamorada de Elsa y ella hablaba con un chico, alguien a quien Anna no conocía. Observo al pelinegro de reojo, todavía usaba los lentes oscuros y después de un tiempo, unos minutos, reparo en fijarse en su edad. No sabría decir a ciencia cierta qué edad tendría el joven pero sin duda era mucho mayor que Elsa. Tal vez unos cinco o seis años más que Elsa.
"Es algo viejo para una relación con ella."
Después de un intercambio más de frases, Anna vio al padre de Elsa en la entrada de la casa. Ambos chicos miraron al hombre, el pelinegro hizo un gesto con la cabeza y Elsa apenas le saludo con la mano. Hablaron un poco más y luego se despidieron con un abrazo. Elsa entro en su casa.
Anna vio el auto alejarse. La matricula hecha con los números del auto y en una esquina una frase rara se hacía cada vez más pequeña por la distancia. Se quedo allí de pie. No se movió mientras repetía una y otra vez la escena del abrazo en su cabeza.
– ¿Anna? –
La pelirroja se volteo a ver quien le hablaba. Idunn, la madre de Elsa, estaba detrás de Anna con dos bolsas en las manos. La chica parpadeó un par de veces sin responder. Parecía aturdida.
Idunn miro por el hombro de la joven y luego a la pelirroja nuevamente – Imagino que estás aquí para ver a Elsa. Uhm. No sé si habrá llegado de su práctica. Dime, ¿no has ido con ella?
– Bueno yo… –
– Se ha esforzado tanto para patinar. Estás semanas parecen ser duras para ella. La veo algo cansada, no va a clases solo para practicar en el hielo y se sigue levantando temprano –
– Ella… ¿no va a clases solo para practicar? – Anna parecía aturdida. Acompaño a Idunn ayudando con las bolsas.
– No. Siempre se lleva los patines, llega algo cansada y… Perdón, debo estar aburriéndote con la vida de Elsa – Rió Idunn.
– No, no. Tengo curiosidad, ¿No se suponía que ella no podía patinar porque Jen estaba mirando sus rutinas? – Preguntó.
La madre de Elsa de detuvo. Observo a la chica sorprendida y luego miro la entrada de su casa – ¿Eso te dijo?
– Sí –
– Uhm. Algo no anda bien aquí – Idunn dijo – ¿Quieres pasar a comer? Venga, te invito a almorzar
Sin darle tiempo de responder, Anna siguió a Idunn al interior de la casa. La dueña del hogar anuncio su llegada. Anna podía escuchar una discusión desde el living de la casa, ella se quedo en la entrada tratando de agudizar el oído. La voz de Elsa contra la de su padre, pero no entendía porque.
– Ay por Dios. Basta los dos. Tenemos una invitada para comer y no quiero que se estén peleando – Idunn dijo. Anna apareció por el marco de la entrada y se encontró con la mirada de hielo de Elsa.
– ¿Anna? –
– Uhm, hola – Saludo con timidez.
– Adgar, ayúdame con el almuerzo – La mujer cargo las bolsas a la cocina seguida de su esposo mientras las chicas se miraban aún.
Ninguna dijo nada. Por primera vez Anna sintió que era una completa extraña en la casa de Elsa. La primera vez que había ido allí se había sentido cómoda, seguramente por el trato de la chica. Había ido más veces después de aquella ocasión, no era la primera vez que la madre de Elsa le ofrecía almorzar allí y siempre fue cómodo, pero ahora… ahora Elsa estaba a punto de congelarla con la mirada.
– ¿Qué haces aquí? – Elsa pidió con calma – Pensé que te dije que me dejarás sola
– Yo… Sí, es verdad, pero, bueno, yo venía de camino para ver si estabas bien porque no respondía los mensajes que te envíe y me encontré con tu madre que me ha invitado a comer – Explico con cautela y timidez.
Elsa pasó una mano por su cabello. Asintió lentamente sacando el teléfono de su bolsillo. Se sorprendió de encontrar tantos mensajes de Anna.
– Lo siento – Dijo guardando el teléfono nuevamente – No me había dado cuenta
La chica asintió. La voz de la madre de Elsa se podía escuchar suavemente en un regaño al padre de la joven, Anna rió ligeramente antes de volver a mirar a Elsa quien le indico que subieran.
Las miles de dudas de Anna volvieron conforme se acercaban a la habitación de la joven. Un chico. Las diversas mentiras. ¿Qué estaba haciendo Elsa que debía ser un secreto? Entendía, de acuerdo, si tenía que mentir entonces que sea a un amigo, ¿pero a una madre? ¿Acaso estaba vendiendo drogas?
"Por favor, Anna. Elsa tiene clase y no caería tan bajo por tal tontería."
No fue capaz de preguntar y solo porque sabía que Elsa no le respondería. La pelirroja observo la habitación de la rubia. Aún faltaban varias semanas para marchar a Oslo, pero ya habían cajas con cosas guardadas.
– Supongo que no volverás – Toco una caja en la cual con letras negras decía "Fotos" a un costado.
– No – No sabía si fue su imaginación o no, pero Anna casi pudo percibir una sonrisa pequeña en el rostro de Elsa, tal vez la primera en todo el día. Tragó saliva. No quería ni pensar en lo que haría sin la rubia.
– Es una pena – Murmuró – Es decir, tú… Bueno, ya me había acostumbrado a tenerte aquí. Ya sabes, ir contigo a la pista, almorzar contigo. La verdad no es que yo esté diciendo que no puedo vivir sin ti, lo cual no sería raro, no espera. Sí sería raro si no pudiera vivir contigo, perdón quise decir sin ti. Ya que eres mi amiga y nosotras tenemos una relación… ¡De amistad! Solo somos amigas… No creo que pueda soportar vivir sin ti porque somos muy amigas, demonios no dejo de decir lo mismo… Lo que quiero decir es que será difícil volver a New York sin ti. ¡Sí! Eso…
Elsa observo a la chica divertida y luego asintió lentamente. Se encontraba sentada en la cama cuando subió una pierna y abrazo su rodilla con ambos brazos y apoyó su mentón en ella.
– Ya me estaba acostumbrando también. Eres la primera amiga que tengo en mucho tiempo –
– Por favor. Eres agradable, dulce, tierna, hermosa… espera, ¿qué? –
Elsa rió y Anna se sonrojo.
– Bueno, sí, eres hermosa. Muy hermosa. Demasiado hermosa… Dios… Mejor me callo, me estoy avergonzando a mí misma –
– También eres hermosa – Dijo la chica rubia platinada.
El aliento de Anna se cortó de pronto. Elsa había dicho que era hermosa, ¡Elsa le había llamado hermosa! La joven miró a su amiga sin aliento. Elsa parecía sonreír tranquilamente y si se estaba burlando de Anna en ese momento, no le importaba porque seguía aturdida por la palabra.
– Gra-gracias –
Estaba sonrojada. Demasiado.
– Bueno… – Elsa suspiro – Mi madre tardará un poco con el almuerzo. Papá la ayuda
– Aún no le tienes confianza, ¿verdad? – Anna rió.
– No. ¿Quién intenta preparar un pastel de choclo con huevo crudo? – Elsa cuestionó entre risas.
Anna asintió riendo también. Tomó la silla giratoria del computador y se sentó en ella.
– Aparentemente tu padre – Anna rió – Igual no estuvo tan mal. La clara del huevo se esparció de todo el pastel
Elsa sonrió ligeramente. La pelirroja observo a la rubia tranquila. Todo lo que quería era que el momento de su sonrisa se mantuviera para siempre. Reviso a la rubia con la mirada de reojo varias veces. La vista ofrecida era lo que mejor que tenía. Y no pudo evitar pensar en ese casi beso. Quería tenerla en sus brazos, poder besarla y que Elsa la besara a ella. Solo las dos en un beso.
Sin darse cuenta, frente a ella había barra de chocolate. Parpadeó un par de veces y luego noto a Elsa que se la extendía. Sonrió tomando el chocolate y luego volvió a mirar la rubia.
Le daba una pequeña mordida al chocolate que tenía en sus manos y sus mejillas brillaban de carmesí hermoso. Anna le sonrió con un sonrojo al ver la rubia así. De pronto, solo pensaba en dos cosas. Cuando comía algo que le fascinaba siempre se sonrojaba con ternura. Una de ellas las cosas prohibidas que no podía comer, como chatarra entre ellas hamburguesa, papas fritas e incluso empanadas, cualquier cosa con aceite que pudiera hacerle engordar y también, la segunda cosa que la hacía sentirse así, el chocolate.
A ella también le fascinaba el chocolate, y bueno, ¿a quién no? Elsa se sonrojaba al comer chocolate y a Anna le gustaba verla. Le dio un mordisco a su propia barra de chocolate y luego se concentro en la rubia una vez más.
– He pensado que podríamos ir a comer, ¿qué dices… uhm… hamburguesas? –
Elsa sonrió – Seria agradable, pero mi madre ya te invito, ¿no sería descortés rechazar después de aceptar?
– Uhm, cierto – Se sonrojo avergonzada la pelirroja – Lo siento, quizás otro día
No mucho tiempo después las chicas estaban almorzando en comedor. Anna le sonrió tranquilamente a la madre de Elsa elogiando la comida, mientras que el padre de la chica rió mintiendo que había hecho él la comida. Entre los dos adultos rieron.
– Entonces, Anna, ¿estás emocionada por el viaje? – Pregunto la madre de Elsa.
– Sí y esta vez juro que pondré quince despertadores – Anna rió y sin mentir sonrió. Realmente pondría quince de ser necesario.
Elsa sonrió torcido – Eso es demasiado
– Lo sé – La chica dijo.
Quince despertadores. Anna no mentía cuando conecto todos los objetos mecánicos en su habitación. El tiempo seguía avanzando. Las semanas pasaban y cada vez se acercaba más la fecha de partida a Noruega. Anna no podía decir que no estaba emocionada porque lo estaba.
Apenas faltaban dos semanas.
"Dos semanas."
Elsa había vuelto a clases nuevamente y aunque Anna desconocía sus razones para faltar, y además sus razones para mentir, no le había preguntado una vez más, no quería seguir incomodando a la rubia.
No había comprado ropa nueva para el viaje, pero no podía decir tampoco que no tenía cosas abrigadas. Cientos de bufandas, gorros y guantes. Sonrió para sí misma observando los relojes, pese a que faltaban dos semanas Anna quería acostumbrarse a las variantes del sonido que iban a estropearle la mañana para evitar quedarse en cama.
– Listo, quince alarmas para poder levantarme y no quedarme dormida – Sonrió con ambas manos en la cintura – No me perderé este viaje… No lo haré
Tranquilamente Elsa leía un libro en el descanso. Como de costumbre almorzaba sola, o al menos eso parecía hasta que un grupo de chicos y chicas se había acercado a la rubia que no dejaba de mirar su libro. No se molesto en levantar la mirada, podía asegurar sin ella cuando Anna aparecía frente a ella o era otra persona.
– Elsa – Una voz femenina la llamó. Frente a Elsa había una chica de cabello negro corto con un pequeño moño rojo en él. Con una voz delicada y femenina se sentó frente a ella para poder verle frente a los ojos. Detrás de la pelinegra otro par de chicos había esperando poder terminar esa conversación.
– Por favor, Winter, levanta la mirada para que podamos hablar –
Elsa suspiró de mala gana y levanto a ver a la chica.
– Blanca – Respiro tranquila – ¿Qué sucede?
– Lo de siempre, sí – La chica sonrió, miro de reojo a la rubia y luego a su libro – ¿Qué lees hoy?
Elsa miro el libro y luego a la pelinegra – ¿Qué quieres realmente?
La chica sonrió con dulzura – Quisiera hablar contigo en privado
Elsa paseó la mirada por los chicos que se encontraban detrás de la pelinegra. Cuando intento explicar que para eso necesitaban estar solo las dos, Blanca la interrumpió y sonrió. Tranquilamente le dijo que no se preocupara, hablarían después de clases.
Nuevamente volvió al libro o al menos lo intento porque a los pocos minutos Anna llego con una sonrisa llena de emoción en ella. A su lado Olaf cargaba una bandeja de comida mientras sonreía tranquilamente, muy a diferencia de la pelirroja.
– ¡Elsa! ¡Elsa! Nunca adivinarás que sucedió –
– Uhm, no, ¿qué? –
– Anda inténtalo – Tomo asiento a su lado – Inténtalo
– Está bien, uhm, ¿sacaste un 10? – La rubia preguntó sonriendo ligeramente.
– No – Anna hizo una mueca triste por unos segundos – Saque un 9 en dibujos, ¿puedes creerlo? Yo no dibujo para un 9; yo dibujo para un 10. Esto es terrible, jamás había sacado algo así, aunque solo en artes porque en otros ramos oooh claro que sí
– Te estás desviando – Olaf rió.
– Oops –
– Veamos, ¿tienes, ah, un nuevo de dibujos? –
– No – Anna sacudió la cabeza riendo. Tomo el brazo de Elsa emocionada – Ya no lo puedo seguir ocultando, tienes que saber. Olaf y yo íbamos por el pasillo tranquilamente hablando sobre el profesor de deportes, Shrek, ¿sabías que su esposa está esperando trillizos? Yo me acabo de enterar, Olaf me ha contado. Eso debe ser la cosa más linda del mundo, aunque va a ser un gran desafío para él porque si cuidar de uno es difícil tres será complicado, uh, menos mal no tengo hijos. Bueno, no digo que no quiera tenerlos, me gustaría, sí, pero, bueno, encuentro sería algo difícil ya que la persona que me gusta no es capaz de darme un hijo
– ¿Por qué no? – Elsa levanto una ceja.
El silencio de Anna se expandió por toda la mesa. Miraba a Elsa horrorizada, pues en cualquier momento pudo haber dicho que realmente estaba enamorada de ella y esa era la razón por la que no podía tener hijos, porque, bueno, la genética lo hacía imposible.
– Yo… ¡Dios. Estaba divagando! – Anna dijo nerviosa – Te contaré lo que iba a contarte. Después de que Olaf y yo habláramos sobre el profe nos enteramos de que en la escuela piensan transmitir tu competencia por las pantallas en el auditorio. Todos los alumnos la van a ver. ¡Elsa, será grandioso!
– ¿Enserio? – Elsa sonrió un poco – No me lo esperaba
– No te ves tan alegre – Olaf resalto. La rubia hizo un gesto con los hombros completamente despreocupada y luego sonrió ligeramente.
– La verdad es que no estoy tan preocupada por eso. Ellos pueden pasar la competencia si quieren –
– ¿No te dan nervios? ¿Eres de acero? – Olaf se sorprendió.
– Si te soy sincera: sí, me dan nervios, pero no estoy preocupada por eso porque cuando estoy en el centro de la pista… – La sonrisa pequeña de Elsa se ensancho un poco conforme su mirada se fue al vacío. Su expresión se volvió lejana, en algún momento de su vida estaba ella reviviéndolo en su cabeza. Algo especial.
Anna sonrió ligeramente observando a la rubia. Ella estaba al lado de Elsa, podía tener una vista en primera plana de su mirada en escorzo y su hermosa sonrisa. El aroma a violetas se había penetrado por la nariz de la pelirroja y su corazón latió aceleradamente.
Sus ojos recorrieron la bella trenza de la rubia, brillante. Su cabello sedoso con aroma a manzanilla. Luego su rostro, su hermoso rostro y sus mejillas suavemente sonrosadas, apenas daban color a su piel pálida. Y por último, sus labios. Dios. El adorado tormento de Anna. El fruto prohibido. La octava maravilla del mundo. Soñaba con poder besarlos. Soñaba con saborearlos. Dios. Soñaba con hacer suyos esos labios. Rosados y finos. Totalmente besables.
– Els, tú vas a estar fantástica en esa competencia – Anna dijo sonriendo, con un tono suave y bajo. Elsa la miro sorprendida y luego asintió lentamente. En el momento en que la rubia la miro, todo lo que rodeaba a Anna desapareció. Solo era ella y la hermosa rubia que tenía enfrente, nadie más.
Si pudiera elegir un momento mejor que ese, no sabría que decir porque hasta ahí Anna había tenido un gran momento. Su respiración se agito un poco. Los ojos azules de la rubia la miraban intensamente.
Tragó saliva. Intento quitar todo pensamiento indecente de su cabeza, no quería que Elsa supiera lo mucho que Anna le anhelaba en ese momento. Con una risita temblorosa se rasco el cuello por la parte trasera y le sonrió nerviosa.
– Uhm, Els, ¿qué tal sí vamos a la pista esta tarde? – Hacia ya unas semanas que no iban a aquella pista. Anna comenzaba a pensar que tal vez la rubia ya se había aburrido y no quería volver nunca más, sin embargo eso no podía ser cierto porque a Elsa le fascinaba el hielo.
– Uhm, hielo, sí – Elsa apunto con el dedo índice como si de pronto se hubiera acordado de algo importante. Anna la vio tamborilear con la mano sobre la mesa – Lo siento – Su disculpa más bien le pareció fingida, sin sentimiento realmente – Pero tengo algo importante que hacer
– ¿Qué sucede? No vas a la pista, no vienes a clases. ¿Estás saliendo a escondidas a algún lugar y no nos invitas? Ya sé, seguro vas a ese parque de diversiones – Olaf sonrió divertido.
Anna miro a Elsa y noto que de soslayo murmuro algo que sonaba muy similar a un: "ojalá fuera así de sencillo." La pelirroja la observo confundida por un instante y luego sonrió.
– Si quieres yo te puedo acompañar –
– Preferiría no molestarte – Elsa dijo como excusa. Cerró su libro tras poner un marca páginas y luego se puso en pie tomando la bandeja apoyando el libro en la parte de debajo de ésta – Ya debo irme, tengo que hablar con alguien sobre algo. Nos veremos de ahí en clases
– Sí – Anna asintió lentamente.
Una vez que la rubia hubo abandonado la cafetería, Anna miro a Olaf con una ceja levantada. El chico de cabello platinado sonrió simplemente notando la mirada de la pelirroja.
– ¿Vas a hacer espionaje? –
– ¿Cómo se te ocurre? – Pregunto la pelirroja con sarcasmo – Eso no es propio de una dama
– Ya, pero tú eres Anna – El chico rió.
– Bueno, punto. Vamos – Anna se puso en pie.
Sabía que estaba mal espiar. No quería ser ella quien espiara a la rubia, pero lo cierto es que tanto misterio la tenía algo cansada. Quería saber que ocultaba de una buena vez. Quería confiar en Elsa y saber que nada malo podría suceder, pero no podía evitar sentir que sea lo que sea que la chica ocultaba, era grande.
Al seguirla solo pudo saber que ella hablaba con algunos maestros sobre notas pendientes, se había comprado un vaso de café y no hacía muchas cosas interesantes o al menos que merezca la pena el espionaje. Finalmente, al final del día mejor dicho, siguió una vez más a la rubia y se encontró con que hablaba con Blanca Snow
"Bien, eso no tiene porque ser alarmante. Ella es dulce y amable. Es buena chica."
Pero la forma en como las dos sostenían una conversación daba a Anna a entender que francamente la conversación no tenía nada de dulce y amable. Elsa como siempre impasible y serena, en cuanto a Blanca tranquila y amable, ¿pero dónde estaba lo "nada dulce y amable"? Tal vez en el hecho de que el subdirector estaba allí con una mirada seria y firme.
Intentó acercarse para oír la conversación, pero apenas pudo escuchar no mucho.
– Tal vez deba dejarlo así – Dijo la rubia.
– Me parece genial – Dijo el subdirector carente de emoción.
– ¿Entonces es todo? – Pregunto la rubia.
– Sí – El subdirector hablo.
– Gracias, Elsa – Dijo con amabilidad Blanca.
La rubia hizo un asentimiento de cabeza y luego se fue. Anna espero un momento para correr detrás de ella. Fingir que no la había seguido en todo el día y que aparentemente al salir la vio hablando con Blanca y el subdirector más no escucho su conversación.
– Hey, Els – Anna sonrió – Pensé que ya te habías ido, que bien que te he encontrado ya que no quiero irme sola
– ¿Sí? – Elsa sonrió. Se detuvo de pronto, miro a la pelirroja y luego enfrente nuevo.
– Ah bueno, yo iba saliendo y te vi… hablando con Blanca y el subdirector –
Anna miro tranquilamente a la chica, esperando a que no supiera que realmente la estaba espiando y no había sido coincidencia que la hubiera visto. Para Elsa, lo que Anna decía parecía ser verdad pues la rubia asintió.
– Uhm, sí. Blanca quería que la ayudara con un examen que van a hacer para ver el nivel intelectual de la escuela, el director me pedía de favor que aceptara. Serán tres chicos los que están en él, ella es uno, yo soy otra y el último chico no sé quien será pero creo que ya lo tienen – Elsa explicó tranquila.
– Eso es bueno – Anna sonrió – Es decir, tienes notas increíbles. Seguro que dejarás a la escuela en el más alto ranking
– Sí pero no seré la única dando esa prueba – Elsa dijo.
– Pero sacarás más alto que Blanca, de eso puedes estar segura – Dijo Anna riendo.
La rubia sonrió divertida y luego Anna le dio un ligero empujón. Ambas chicas caminaron tranquilamente por la acera para poder llegar a casa de la pelirroja. Al entrar ahí fueron recibidas por Hans que le sonreía a ambas chicas con una sonrisa hambrienta.
Sus ojos observaron a la rubia de pies a cabeza ante la atenta mirada de celos de su hermana menor. La chica tomo a Elsa del brazo y jaló de ella hacia su habitación rápidamente.
– ¿No pudiste esperar a que saludara? – Elsa rió.
– Por favor, como si él quisiera solo saludar. Elsa, no me digas que no te has dado cuenta. Mi hermano solo quiere intentar llevarte a la cama – Anna dijo con amargura y repugnancia. Sabía que ambos no tenían una relación para nada. Elsa apenas hablaba con el hermano de Anna aún con todos los intentos de coquetearle a la rubia.
– ¿Sí? – Elsa parecía sorprendida. Se sentó en la cama de Anna observando a la chica – ¿De verdad?
– Sí, bueno, yo no esperaba a que no te dieras cuenta ya que Jen me contó que cuando hay una competencia de por medio pueden haber mil chicos coqueteándote y no te darías cuenta debido a que solo piensan en al competencia. No te culpo, si tuviera tal carga también preferiría ignorar a cualquier pretendiente solo para pensar en esa importante competencia. Las regionales no son un juego y aunque sé que lo harás fantástico hay ocasiones en las que pienso que deberías entrenar más, tú sabes, mucho más de lo que ya entrenas porque de lo contrario no podrás ganar y no deberías perder. Trabajas duro, recortas tus horas de sueño, apenas comes casi nada de chatarra, te he visto dormir incluso después de un examen en clases por lo que yo creo que deberías ganar sobre todo si le pones tanto empeño. Sin embargo, cuando duermes tienes un aspecto tan dulce y pasivo, eres como una pequeña niña, un bebé recién nacido y, oh, no debería decir esto. Yo no debería andar diciendo estas cosas – Anna se dio la vuelta con una mueca de vergüenza total. Escuchó a Elsa reír y con timidez la miro, la rubia sonreía.
– Gracias por el apoyo. Pero, no creo que esté lista para tener alguna relación – La sonrisa de Elsa se volvió triste. Anna tragó saliva y sonrió – Al parecer hay muchos que intentan querer algo conmigo
– ¿Sí? – Anna apretó la mandíbula.
– Eso creo, Jen siempre me haciendo señas raras cuando vamos por la calle. Según ella los chicos me persiguen – Elsa rió.
– Debe ser… divertido –
Elsa rió y miro a Anna – Seguro que hay muchos chicos que quieren algo contigo. ¿Cómo se llama ese chico que conocimos en el partido? No te quitaba el ojo de encima
"Pero yo quiero tus ojos comiéndome." – Hipo. Creo que ahora está con Mérida, se llevan bien
– Ouh – Elsa asintió. Chasqueó los dedos – Ya sé, ¿qué hay de Jack?
"¡Yo no quiero a Jack. Te quiero a ti! ¿Es qué no lo ves?"
– Sí, Jack – La pelirroja hizo una mueca – Quería tener una pelea de bolas de nieves. Es igual que tú en ese sentido, ama la nieve y el hielo, creo que sabe patinar pero ya sabes que nadie es mejor que tú
La rubia hizo una mueca – Fuiste dura con Rapunzel. Ella se rompió la pierna
– Y no tengo la culpa, yo le advertí que no podría hacer ese salto que tú hiciste – Anna se cruzó de brazos.
– Pero no tenías que decirle que yo era mejor que todos en el hielo y nadie podría igualarme. Le rompiste el corazón – Elsa rió – Pero volviendo al tema, el chico. Él se nota que le gusta pasar tiempo contigo
– Y me aburre cuando habla de la nieve. Creo que podría ser, uhm, nievologo – Anna dijo sonriendo.
– No existe esa profesión ni palabra – Elsa rió – Es lindo, ¿no?
– Sí, algo – Anna se encogió. No era que Jack Frost sea lindo o no, sino que ella ya estaba enamorada de alguien y no podía evitarlo. El chico era peliblanco como Olaf y tenía unos ojos azules como Elsa. Amaba la nieve y el hielo. Era divertido. Muchas chicas gustaban de él y él no gustaba de ellas, pero por desgracia para Anna… él no era Elsa – Es decir, si te gusta el cabello blanco y ojos azules
– Hey – Elsa sonrió fingiendo estar ofendida – Mi cabello es rubio platinado, casi blanco y mis ojos son azules
"Y se te ve precioso a ti."
– Pero al final, es rubio… – Anna se encogió. Elsa sonrió divertida, miro los quince despertadores y rió.
– Estás preparada, mucho –
– No pienso quedarme dormida – Anna sonrió.
– Bueno, en caso de que suceda nuevamente lo de la última vez por favor evita llamarme a las tres de la mañana – Elsa rió.
Algo dentro de Anna hizo click. Elsa estaba tranquilamente observando un cuaderno de dibujos de Anna cuando la chica se abrazo las rodillas para cubrir sus nervios.
– ¿Para qué te llame? Es que no lo recuerdo –
– Uhm, no lo sé. Estabas algo ebria, creo. Decías cosas raras – Respondió sin dejar de ver el cuaderno.
– ¿Co-cosas raras? – Tragó pesadamente – ¿Qué tipo de cosas raras?
– No lo sé. No lo recuerdo, algo sobre una persona que te ignora o algo así – La rubia se encogió de hombros – Cuando intente saber que decías me cortaste
– Oh –
No sabía si estar feliz porque básicamente no le dijo nada a Elsa o porque si en caso de que le hubiera dicho algo importante la rubia no lo recordaba. Anna respiro aliviada. En cuanto hubo terminado de ver los diseños, Elsa sonrió extendiéndole el cuaderno a Anna.
– ¿Cuándo veré los míos? –
– ¿Tuyos? –
– Por favor Anna. En mis prácticas te había visto dibujarme y no puedes ignorarlo. Quiero verlos –
Anna rió sacudiendo la cabeza. No le pensaba enseñar esos diseños nunca o de lo contrario Elsa pensaría que era una psicópata. Al ver que la pelirroja no cedía, Elsa sonrió maliciosa tomando a Anna por sorpresas.
Los dedos de Elsa volaron por el cuerpo de Anna causando que se retorciera y no solo de placer sino de gracia. Reía a carcajadas mientras la rubia reía ligeramente haciéndole cosquillas a la chica acostada en la cama.
– ¿Me los enseñarás ahora? –
– N… no… Ba… Basta… Piedad. Piedad… –
Elsa sonrió divertida y siguió con lo que hacía. La respiración de Anna se volvió agitada y pesada. Le gustaba el tacto de los dedos de Elsa sobre su cuerpo para hacerle cosquillas, pero en ese momento no podía aguantar más. Se retorció y finalmente…
– Vale… vale… Tú ga- ganas, Els… Te los… ah… enseño… –
La rubia sonrió torcido dejando de tocar a la pelirroja. Los ojos de Anna se abrieron mientras pesadamente jadeaba para recuperar el aliento. Se encontró con el rostro de Elsa demasiado cerca del suyo y una sonrisa estaba en los labios de la rubia mientras reía. Tragó saliva. Casi podía sentir el aliento de la rubia chocar contra su rostro y lo perfectos rosados labios de Elsa…
"Anna contrólate…"
– Entonces veré los diseños – Elsa le guiño un ojos mientras se alejaba.
La pelirroja hizo una mueca con el rostro al ver que la rubia se alejaba, suspiro paseando una mano por su cabello y luego saco otro cuaderno de dibujos que le entrego a Elsa con el rostro completamente rojo.
La rubia sonrió con superioridad y tomo el cuaderno para comenzar a ver los bocetos. Su aliento se cortaba conforme pasaba páginas y no parecía disgustarle o pensar que ella era una psicópata.
– Son preciosos –
– Gra-gracias – Anna sonrió ligeramente. Jugó con sus manos y luego miro a Elsa intrigada – Hey, no hemos hablado de ti. Ya sabes que hay muchos chicos detrás de ti
– ¿Sí? Debería dejar de concentrarme tanto en las competencias – Elsa rió. Bajo la mirada al libro nuevamente.
– No parece importante mucho – Dentro, Anna celebraba.
– ¿Sí? – Elsa sonrió – No es que no me importe, yo… no tuve una buena experiencia en el amor
Anna miro a la chica y se decidió a saber.
– Uhm, Elsa – La chica se mordió el labio – Tú tenías un novio antes, ¿verdad? ¿Qué sucedió? Mira, si no quieres hablar no te presionaré, solo me da algo de… curiosidad
La rubia guardo silencio. Anna supo que no debía preguntar, sabía que era mala idea, pero tenía que hacerlo pues su curiosidad podía mucho más. Vio a la rubia toquetear sus manos nerviosa, jugo frotándolas luego poto una sobre la otra de forma que el dorso se apoyara en la palma. Pensó que no diría nada, pero finalmente Elsa asintió.
– Su nombre era Will – Elsa comenzó con un tonó bajo y débil – Nosotros… bueno…
Anna notó lo difícil que era para la rubia hablar del novio o del exnovio. Tardo un poco en acercarse a la chica e impedirle seguir, apenas le dio un suave abrazo.
– Bien, no hables si no quieres… – Anna sonrió.
Y no hablo sobre eso. Anna y Elsa se mantuvieron en silencio. Elsa apoyó la cabeza en el hombro de Anna, que le rodeó los hombros con un brazo. Sabía que algo andaba mal y sea lo que sea que sucedió fue terrible.
Continuara…
