Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?

Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.


Voluntad sobre Hielo

14

El sueño de Anna fue interrumpido por un suave cosquilleo en su mejilla, ella sonrió ligeramente con tal caricia, pero pronto se volvió molesta así que movió su mano hacia la zona algo pegajoso golpeo en su mejilla. Frunció el ceño al abrir sus ojos y se encontró con que su mano estaba llena de caramelo.

– Maldición, chicos… – Se quejó al ver a Olaf y a Kristoff riendo con una botella de caramelo en las manos. Ambos se excusaron y Anna rodó los ojos. Se puso en pie para ir al baño. Observo a Rapunzel y a Eugene hablando sobre quien sabe que, sus padres en otro lado de los asientos junto a su hermano y los padres de Elsa en otra fila.

Camino tranquilamente por el pasillo y golpeó la puerta del baño que al poco tiempo se abrió. Elsa sonrió ligeramente hasta que vio la mejilla de Anna, se quedo estupefacta.

– Woow, ¿qué te pasó? –

– ¿Qué haces aquí? –

– Anna, es un baño – Elsa rió y la pelirroja se sonrojo – Pero, ya, dime, ¿qué pasó en tu mejilla?

– Uhg Olaf y Kristoff haciéndome bromas. Sabía que no debí comprar los boletos con ellos –

Elsa rió ligeramente y luego se fue dejando a Anna. Una vez que la pelirroja quito todo de su mejilla y mano volvió a su asiento donde se encontró con Olaf y Kristoff jugando con consolas portátiles. Anna sonrió tranquila y paso a sentarse junto a la ventana.

Miro su reloj y vio que aún faltaban por lo menos diez horas para aterrizar. Lo que era mucho decir. Cabeceó un par de veces y luego se durmió nuevamente. Su sueño mostraba algo hermoso y lindo. Ella y Elsa jugando en Oslo. Aunque nunca había visto el lugar, siempre había visto una que otra foto de Elsa.

El sueño terminó en cuanto el aroma a chocolate la inundo. Abrió los ojos lentamente y miro a su compañero de asiento casi con hilo de baba por su mentón. Estaba aún media dormida y no habría los ojos. Tanteó con su mano hasta los brazos del platinado y le pidió chocolate, pero éste no le dio. Dejo caer su rostro en el hombro de Olaf y luego murmuro que quería chocolate, había babeado su hombro por completo.

– Vamos… Olaf… Yo quiero chocolate – Levanto la cabeza y se forzó a abrir los ojos.

Lo primero que vio fue una trenza rubia caía de un hombro. Se froto los ojos lentamente y luego miro a quien estaba a su lado. Elsa sonreía divertida con un libro en sus manos y una barra de chocolate. Rápidamente Anna fue consciente de que a Olaf no le había babeado sino a Elsa. Su rostro se volvió rojo de la vergüenza.

– Elsa – Limpió el hilo de baba que corría por su mentón – Yo… Lo siento, pensé que eras Olaf

Elsa rió ligeramente – Hemos cambiado de puesto porque él quería hablar con Mérida

– ¿Sí? – Por alguna razón a Anna no le convencía, pero eso no importaba. El platinado hablaba con Mérida tranquilamente y al notar la mirada de Anna le guiño el ojo, y Mérida rió. Ambos habían estado confabulando un plan para cambiar a Elsa. Incluso Kristoff había desaparecido. Volvió a mirar el hombro de Elsa, mojado con su propia saliva. La tela de la camisa blanca que usaba en ese momento se volvía transparente poco a poco – Lo lamento…

– Está bien – Elsa arrugo la nariz y aunque a Anna le pareció adorable también no pudo evitar sentirse avergonzada – Ten

La pelirroja vio la barra de chocolate. Quedaba poco más de la mitad, Elsa le sonrió.

– No tenías que babearme para conseguirla, ¿sabes? – Rió Elsa. Había conseguido un pañuelo de su bolso y lo uso para intentar quitar la baba de su hombro. Su nariz se había arrugado mientras soltaba varios pañuelos húmedos frente a la pequeña mesa que estaba enfrente de ella.

– Perdón – Tomo el chocolate y le dio un mordisco. Intentando agotar su vergüenza en dulce.

Miro el reloj del avión y vio que no faltaba mucho para aterrizar. Anna sonrió emocionada. Elsa había vuelto a su lectura por lo que no era consciente de lo mucho que la pelirroja estaba emocionada. Anna no quiso volver a molestarla así que miro por la ventanilla, sin embargo lo que vio la hizo chillar.

– Mira, mira. ¡Son montañas nevadas! – Anna chilló como una pequeña niña que acababa de abrir un regalo de navidad.

Elsa quito la mirada del libro y observo por la ventanilla sonriendo. Todo estaba completamente cubierto de nieve, el manto era precioso y las nieves desde lo lejos apenas se podían visualizar sus propias siluetas.

– Son los Alpes de Sunnmøre – Elsa sonrió.

– ¿Alpes de Sunnmøre? – Anna parecía confundida.

– Son las mejores montañas para esquiar. Muchos viajeros e incluso ya habitantes vienen aquí. Yo habré venido con mi primo unas siete veces en las vacaciones ya que a él le fascinan – Elsa sonrió.

– Ya veo – Anna sonrió emocionada.

Desde los parlantes la voz del piloto se escuchó advirtiendo que debían de ponerse el cinturón pues ya iban a aterrizar. Elsa sonrió haciendo lo pedido. Anna miro el libro.

– ¿Qué es? – Lo tomó en sus manos.

– Solo es la fantasía de amor que toda chica quiere. Conocer a un chico guapo que sea del tipo rebelde con el cual te llevas mal y luego tienes una relación de maravilla – Elsa rió tomando el libro de nuevo mientras Anna presionaba la mandíbula ya que no quería mucho pensar en cómo Elsa estaría con un novio y no con una novia.


Anna podía ver la sonrisa iluminada de Elsa. Estaba emocionada. Sus ojos parecían tener purpurina pues brillaban como los de un niño que ha abierto su primer regalo en navidad desde que tiene consciencia. La sonrisa en sus labios era amplia. Miraba por la ventilla del auto completamente emocionada.

– ¿Emocionada Anna? – La voz de Adgar le llamó la atención.

La pelirroja despegó la vista de la rubia y miro al padre de Elsa que conducía. Ella iba en el mismo auto que la familia de Elsa y su entrenadora mientras que en otros autos de alquiler iban sus amigos y familia.

– Sí. Nunca he estado aquí antes – Anna sonrió emocionada.

– Estoy segura de que te vas a divertir mucho – La madre de Elsa asintió.

– ¡Veremos las auroras boreales! – Elsa la miro con brillo en sus ojos – ¡Te van a encantar! Son preciosas. Si piensas que ya has visto todo en este mundo es mentira, porque cuando las veas sabrás que quedan millones de cosas hermosas que aún no has visto

– Tú pareces más emocionada que yo – Anna rió – Y eso que vives aquí

– ¡Lo sé! – Elsa sonrió emocionada.

– Bien, entonces, este es el plan. Ahora llevaremos a la familia de Anna al hotel y mañana tú, Elsa, vas a enseñarles el lugar a los chicos y nosotros a los padres de Anna. ¿Te parece? – Idunn sonrió.

– Sí – Elsa dijo tranquila.

Anna sintió el corazón caerse. No vería a Elsa hasta mañana. Bueno, fue un largo viaje y ella estaba algo cansada, pero aún así no era justo. Estuvieron paseando por Oslo, la ciudad más increíble que Anna había visto nunca, por un tiempo y luego llegaron a un gran hotel llamado Mountain Red. Anna lo miro sorprendida ya que debía tener al menos cincuenta pisos. Era gigantesco.

Estacionaron y luego bajaron. Anna siguió a los padres de Elsa y a la misma Elsa hacia el interior mientras cargaba con sus maletas en ayuda de la rubia. Un botones vestido de rojo, un chico joven que tenía una amplia sonrisa se acerco rápidamente a ellos.

– Buenos noche señores Winter, Elsa – Asintió con carisma.

Elsa rió por lo bajo y rodó los ojos.

– Buenos noches Eric – Sonrió la madre de Elsa – Dime, ¿mi hermano ya llegó?

– No, aún no ha llegado. Él estaba con su hermana en una reunión, pero me dejaron al tanto de los invitados que iban a estar aquí. Imagino que deben ser ellos – El chico de ojos azules sonrió.

– Por supuesto – Idunn asintió – Deja que te los presente. Ellos son: Kai y Gerda Summer, su hija Anna y su hijo Hans. Su sobrina Rapunzel, el novio de su sobrina y amigo de Anna, Eugene y por supuesto tres amigos más: Mérida, Olaf y Kristoff

– Veo que es un grupo grande – El joven asintió. Anna miro al chico y luego a los padres de Elsa – Les daré una habitación cuádruple a los chicos, una para las chicas y una para los padres. ¿Le parece?

– Yo pienso que estará bien, ¿verdad Gerda? – Idunn sonrió.

– Por supuesto – La madre de Anna asintió.

– Entonces lo haré enseguida – El botones se acerco al mostrador donde otro joven se encontraba entregando habitaciones. Anna miro el local sorprendida.

Lujoso. Hermoso. Elegante. Paredes de color café arena y un suelo café oscuro. Había un sillón rojo de terciopelo. Una pequeña tienda de dulces. Muchos adornos, sobre todo alguno que otro de mármol.

La madre de Elsa fue hacia donde estaba el botones junto con su otro empleado y luego se acerco a ellos con las llaves.

– Piso número tres habitación 31, 32 y 33 – La madre de Elsa entrego las llaves – Elsa, ¿por qué no les acompañas junto con Eric?

– Creo que él puede hacerlo solo – Elsa rió. El pelinegro le guiño el ojo a Elsa y eso provoco que Anna le odiara. La rubia solo rió suavemente.

– Por supuesto que puedo solo. Ustedes pueden volver a su hogar, señora Winter – Cortesmente el chico sonrió.

– Bien – La madre de Elsa asintió y luego se fue junto con su esposo tras despedir a los demás. Elsa les vio alejarse y miro a Anna.

– Nos veremos mañana. Te enseñaré los mejores lugares de Oslo y por supuesto, mi favorito, el lago arcoíris – Elsa sonrió.

– Bien – Anna asintió.

– Estaremos en contacto – La chica sonrió y miro al botones – Trátalos bien

– Lo que usted diga majestad – El chico bromeo. Le indico con la mano un saludo y luego la rubia se alejo. Anna siguió al pelinegro observándolo de reojo. Era joven, pero sin duda debía tener unos veintidós años. Cabello negro azabache y ojos azules. El sueño de toda chica. Pero sin duda él no era el novio o exnovio de Elsa, eso era seguro.

Al llegar al tercer piso Anna miro con sorpresa cuantos pasillos habían. Al menos unos cuatro desde el ascensor. Cientos de habitaciones. Buscaron el 31, 32 y 33 y cuando le encontraron el joven les entrego las llaves. Una tarjeta que se pasaba por un sensor.

– Bien, espero que tengan una tarde maravillosa. La mesa del buffet está abierta a toda hora, en las tardes se servirá la cena con un espectáculo. Esto se encuentra pasando por el lovi hasta la derecha. Los jefes, El señor Winter y la señorita Rohde vendrán a conocerles dentro de unas pocas horas. Espero que su estancia de dos meses sea agradable – El joven dijo y luego se fue.

Anna le miro sorprendida antes de entrar en su habitación: 32. Era espaciosa. Se sorprendió de cuanto lujo. Habían dos puertas que contenía tres camas a un lado y un buro en una esquina. La otra puerta contenía un baño. En lo que debía de ser el living había un sofá frente a un televisor, un sillón y una mesa de centro. También había una mesa pequeña para cuatro personas. La vista era perfecta ya que daba a toda la ciudad.

– Es grandioso este lugar – Rapunzel dejo caer las maletas y observo todo a su alrededor.

– Lo sé – Mérida miro por la vista de la ventana. La ciudad era grande. Muy grande.

Anna entro en la habitación y luego se sentó en una cama. Pensó en su cama en New York, aquella que siempre mantenía el aroma de Elsa cada vez que se quedaba a dormir con ella. Esta tenía un aroma a lavanda.

– La verdad yo estoy cansada – Anna dijo mirando a Rapunzel y a Mérida que entraban en la pequeña habitación.

Ambas asintieron.


La sonrisa de Elsa no podía ser más grande. Antes de ir a su propia casa habían hecho una pequeña parada en la casa de la madre de Idunn. Elsa camino hacia la puerta y golpeó tres veces, pero nadie abrió.

– Tal vez no está aquí – Comentó Adgar con las manos en el bolsillo.

Elsa intentó ocultar la decepción y luego asintió para volver al auto. El camino a casa fue lento y aburrido. El brillo en los ojos de la rubia había desaparecido de a poco.

– Bien – Jenn hablo – Tenemos ocho semanas para practicar y comenzaremos pasado mañana

– Me pregunto si van a tener tiempo de practicar. Los amigos de Elsa están aquí y no es bueno que los dejen solos, también están todas esas entrevista que tienen que dar. La verdad es que serán meses pesados – Idunn dijo preocupada.

– Diez horas al día me van a dejar exhausta – Elsa suspiro.

– Yo espero que no se metan en problemas – Agdar miro a su hija tras el espejo retrovisor – Seguramente deben de haber reporteros en nuestra casa

– Eso no. Me he hecho cargo antes de viajar. Ellos piensan que Elsa llegará en tres días por lo tanto habrá tres días en los que podrá hacer cualquier cosa sin que ellos se enteren – Jen dijo con orgullo. Miro a Elsa – Excepto acostarse con chicos, esa no es la idea

Elsa rodó los ojos – Cómo si fuera a hacerlo. Solo tengo tres días antes de que noten que era mentira. Podría pasarlos con Anna

– Eso de acostarse incluye a las chicas – Jen dijo riendo.

– ¿Qué? – Elsa levanto una ceja – No sé de que estás hablando

– Solo digo, Elsa, que no hay mucho que decir para prevenir que una chica se acueste con otra. Es decir, no puede haber un embarazo de por medio así que es difícil decir algo embarazoso para que no lo haga – Jen se frotó el mentón.

– Mamá… – Elsa miro a su madre sonrojada.

– Ella tiene razón, Elsa – Idunn rió.

En cuanto a Agdar, él solo carraspeó un poco. Elsa miro a los tres confundida, pero sonrojada, sin embargo confundida. No estaba muy segura de que decir pues era la primera vez que alguien hacía mención alguna sobre una supuesta relación con Anna.

Pensando en eso. Ella jamás había considerado tener nada con Anna, apenas si una relación amistosa, ¿por qué ahora todos la veían como más una relación amorosa? Elsa no se atrevió a preguntar.

Si bien Anna era linda, Elsa no la veía como una chica con quien podría tener una relación y de hecho ni siquiera en su vida había pensado en una relación con una chica. Era algo raro y nuevo. Volviendo a Anna, era linda, sin duda, tierna y tenía tantas pecas en su rostro que le daban un aspecto demasiado infantil. Su cabello era de un rojizo lindo y por supuesto sus ojos verde azulados son perfectos. A Elsa le gustaba cuando la pelirroja sonreía, era dulce. Por supuesto, para mejorar esa vista hermosa, cada vez que decía torpezas era de lo más tierno del mundo. Luego estaban algo que a Elsa le llamaba la atención. Su sonrisa formada por hermosos y finos labios.

– ¡Aja! –

Elsa miro a Jennifer sorprendida. La mujer mayor sonreía con superioridad mientras se cruzaba de brazos.

– Sabía que pensabas en la pelirroja. Tu rostro se ha vuelto rojo –

– No es verdad – Dijo secamente Elsa quitando bruscamente la mano de la castaña de su rostro – ¿Qué haces aquí de todos modos? ¿No tienes un esposo y un hijo al que ir a ver?

– Es verdad, pero los veré luego. Ahora tenemos que planear el entrenamiento – Ella se encogió – Pero, escúchame Elsa, no quiero que tus amoríos se vuelvan una pena luego, ¿sí?

– Yo no he dicho que me guste Anna – Dijo Elsa rodando los ojos.

– Jamás dije que hablará de Anna – Sonrió Jen.

– Sin embargo dijiste pelirroja. No soy tonta y Anna es la única con quien estoy todo el día – Elsa suspiró – De verdad que eres estresante

– Uhg te vuelves odiosa con la edad – Gruñó Jennifer.

Elsa le dio una mirada fría y luego volvió a mirar por la ventana.

Anna…

El auto se detuvo frente a la casa de los Winter. Era una casa algo alejada de la ciudad, estaba en las afueras. Elsa sonrió mirándola desde el auto. La casa tenía dos pisos y estaba formada por troncos. Muchos árboles le rodeaban y había una cerca blanca rodeando la zona. La casa no estaba pintada ya que era del color de los troncos de los árboles. El techo era cubierto por un hermoso manto blanco. La chimenea estaba echando humo, lo que llamó la atención de todos.

Apenas bajo del auto la rubia sintió la suave brisa de invierno en su rostro. Respiro profundo sintiendo el aroma a nieve y los pinos silvestres que rodeaban la casa. Sonrió ligeramente sujetando con suavidad el gorro para no perderlo con el viento y luego ayudo a sacar las maletas. Se acercaron a la cerca cuando la puerta de madera se abrió. Los ladridos un golden retriever resonaron y Elsa sonrió cuando el perro salto por la cerca hacia ella empujándola contra el suelo.

Lamió su cara mientras la rubia reía por las cosquillas.

– Bien, veo que el canino apareció – Dijo sin emoción Jennifer. El perro, al escuchar que alguien se refería a él, levanto la mirada hacia Jenn gruñéndole un poco. Elsa rió inclinándose y acariciando su cabeza para causar que dejara de gruñirle. Jen solo le saco la lengua.

La madre de Elsa sonrió observando a su hija ponerse en pie y al escuchar una sonora risa volvió la cabeza hacia la entrada donde una mujer de edad mayor sonreía. Tenía complexión mediana, ni gorda ni flaca. Su cabello estaba atado en un moño redondo similar a un tomate, era de color rubio platinado y tenía ojos color ámbar. En una de sus manos sostenía un bastón que quizá la sostenía a ella. Labrado en ébano con la forma de un cetro precioso y una esfera en la parte superior cubierta por la mano huesuda de la mujer. Usaba ropa de invierno.

– Mamá – Idunn se acercó para darle un abrazo. La mujer sonrió con cariño.

– Idunn, al fin llegan –

– Hola suegra – Agdar sonrió metiendo las maletas. Observo a su hija seguirle tranquilamente.

– Habíamos ido a tu casa para recoger a Lady, pero ahora veo porque no abrieron la puerta – Elsa dijo riendo.

El interior de la casa no era nada más y nada menos que rustico cálido. A su derecha se encontraba la chimenea encendida, la madera quemada esparcía su aroma por toda la casa. Había un sofá de piel y una felpuda alfombra en el medio frente a la chimenea. Un poco más enfrente se encontraba una mesa labrada con la mejor madera de roble y teñida con barnice. Luego estaba la cocina en algún lado del fondo, oculta por una puerta labrada en madera de arce. Las escaleras a su izquierda, y las habitaciones arriba. Si bien la casa no era tan lujosa como la que había en new york, esta tenía una sensación que decía claramente bienvenidos. Elsa camino por la casa, cientos de fotos había en las paredes, un mueble lleno de trofeos de la patinadora, fotos de ella con trofeos y no solo ganados en competencias sino en la escuela antes de mudarse.

Elsa se quito la chaqueta que traía puesta y lo colgó en el perchero mientras observaba todo lo que le rodeaba – Wow, hace tanto que no venía aquí. Estaba tan emocionada por volver a casa – Comentó la rubia.

– Estoy segura copo de nieve, ahora ven y dame un abrazo –

Elsa miro a su abuela y sonrió abrazando a la mujer. El golden retriever comenzó a ladrar de forma juguetona exigiendo atención también y Elsa rió acariciándole la cabeza.

– Ha estado algo alterada desde que supo que hoy llegabas – Sonrió su abuela.

– ¿Sí? Vamos Lady, vamos afuera – La chica le indico. Camino hacia la cocina seguida de su perra. La cocina era grande, con una isla en medio y a un lado una puerta que daba al jardín. Elsa abrió la puerta y salió al jardín.

Todo estaba cubierto de un manto blanco hermoso. Brillante. Un poco más allá al fondo había un pequeño lago congelado, cubierto de escarcha. Elsa sonrió. No todas las casas tienen lagos, perro aquel se lo había hecho su padre. Tal vez no era natural, pero era lo más que tenía y con el tiempo dejo de parecer algo artificial. El perro golden ladro a un par de pájaros y corrió hacia ellos. Elsa sonrió divertida aspirando el aroma de los pinos.

– Es bueno estar en casa – Sonrió la rubia.


Anna se sentó en la mesa del buffet junto a Rapunzel y Mérida sonriendo tranquilamente. Un joven se acerco a pedir sus órdenes y en cuanto termino se fue prometiendo que en breve les traería lo que pidieron.

La pelirroja miro hacia el pequeño escenario donde una mujer pelirroja de cabello largo se encontraba cantando con una voz hermosa. Traía un vestido ajustado de color verde agua.

– Este lugar es grandioso y todo lo que tenemos que pagar es la comida – Mérida dijo sonriendo.

– ¿No es lo mismo la estancia y la comida? – Rapunzel pregunto.

– No. La comida tiene un valor diferente y aparte al de la estancia. La madre de Elsa llegó al acuerdo con mis padres de que nosotros solo pagaríamos la comida. La estancia y la entretención podíamos tenerla gratis – Anna dijo.

– Vaya, Elsa y tú deben ser grandes amigas para que estemos aquí casi sin pagar – Rapunzel rió.

– Supongo – Anna asintió.

– Chicas, hay un spa y es gratis – Mérida dijo mirando un folleto – Tenemos que ir a ver

– Pero veremos a Elsa mañana – Anna dijo sonriendo un poco – No podemos ir mañana

Ambas chicas asintieron. Secretamente Anna estaba pidiéndole a los cielos de que el día pasara más rápido para poder ver a su rubia amiga. Ya quería ver a Elsa pronto.

– ¿Con quien hablan tus padres, Anna? – Rapunzel pregunto observando que no muy lejos de ellas los padres de Anna se encontraban charlando con una parecía

Un hombre de cabello castaño oscuro con ojos color ámbar, vestido de traje y con una sonrisa pequeña, amigable y carismático; una mujer de color de cabello castaño también y ojos color azules, vestida con un vestido formal. Ella se parecía un poco a la madre de Elsa, salvo porque no usaba lentes y tenía un lunar en la comisura de su labio, al lado izquierdo. También tenía una mirada mucho más mayor que la de Idunn.

– Creo que son los tíos de Elsa – Anna dijo mirando a ambos. Vagamente pensó en sus nombres y luego sonrió – Creo que uno se llamaba Wes y ella… Eleonor

Ambas muchachas asintieron. Cuando la canción termino, la muchacha en el escenario sonrió antes de bajar y el mesero trajo las órdenes de las chicas.

– Ella canta fantástico – Mérida bebió un poco de su jugo

– Jamás había escuchado nada igual – Rapunzel asintió sonriendo.

Anna sonrió tranquila. Miro hacia lo que la rodeaba. Muchas mesas y muchas familias comiendo habían. Ella sonrió. Vio a la pelirroja hablar con los tíos de Elsa, apenas un intercambio de palabra y luego se alejo hacia una barra de postres. Al parecer eran libres.

Se concentro en la comida y al termino salió acompañada de Olaf. El chico no dejaba de transmitir sobre lo delicioso que había sido la cena. Anna asintió también. Lo único que podía ser mejor era una taza de chocolate.

– Entonces, ¿mañana que haremos? – Pregunto el chico.

– Elsa vendrá para enseñarnos la ciudad – Anna sonrió.

– Seguro que mejor sería si te vas sola con ella – Olaf rió.

Anna le gruñó y el chico corrió lejos. La pelirroja le grito mientras lo seguía y sin darse cuenta choco con alguien hasta caer al piso. Se sentó sobre sus piernas frotándose un brazo y disculpándose al mismo tiempo. Al mirar a la chica con quien chocó vio a la pelirroja cantante de ojos azules.

– Oh lo lamento tanto – Dijo Anna preocupada.

– No, yo lo lamento – Ella sonrió – No me fije por donde caminaba

– Esa sin duda es mi culpa – Anna se puso en pie con la ayuda de la pelirroja. Al verla de reojo noto que debía tener unos veinte años tal vez algo más. Se notaba mayor que ella, eso es seguro.

– Soy Ariel –

– Anna –

– Que lindo nombre para una chica tan dulce – Sonrió. Anna asintió lentamente y luego miro a la chica de reojo. De cerca era más hermosa de lo que se veía antes y además su cabello era tan rojo como el de Mérida, era fuerte.

– Gracias – Dijo – Yo estaba siguiendo a un amigo y no me fije que choque. Lo siento, de verdad

Ella asintió tranquila. Estaba por decir algo cuando alguien le llamó.

– Bueno, debo irme, pero hablaremos luego – Dijo.

Anna asintió y la vio marcharse.

– ¿No es algo mayor para ti? – La voz de Kristoff le hizo saltar. Ella miro al rubio que reía divertido.

– No sé de qué estás hablando – Observó a la pelirroja irse – Es bonita, pero está fuera de tu liga

– ¿Fuera de mi liga? Dirás que está fuera de la tuya – El rubio dijo mientras comenzaban a caminar.

– Yo no tengo ligas –

– Claro que no, porque Elsa es la única chica que tú quieres –

– Elsa es hermosa – Anna asintió – Y a ella sí la quiero. No a otra persona

– ¿Cuándo vas a decirle? – Pregunto intrigado el chico mientras entraban en el ascensor.

– No lo sé – Anna dijo – Ni siquiera sé si sea buena idea

Kristoff asintió al presionar el tercer piso – Pienso que deberías hacerlo. Estaremos dos meses aquí y Elsa no volverá con nosotros a New York. Tal vez… ya nunca más la vuelvas a ver

Anna se detuvo en seco mientras el rubio salía del ascensor tranquilamente. Es cierto que ella sabía que Elsa no volvería con ella, pero jamás había considerado el hecho de que jamás volvería a ver a Elsa. Pero y sí le decía… ¿qué iba a suceder entonces? Elsa tampoco volvería, Dios sabe cuánto quería volver a casa. Anna no le arrebataría eso que tanto amaba.

"Tonta. No ganarás nada así. Tal vez sería un peso menos, pero Elsa no siente nada por ti y eso lo sabes bien… No tienes… No tienes ninguna oportunidad con ella."

– Uhg. ¿Por qué el amor tiene que ser un verdadero dolor en la costilla? – Anna se cruzó de brazos molesta apoyándose en la pared.

– ¿Hablando sola prima? – Rapunzel rió – ¿Qué decías sobre el amor?

– Nada –

Rapunzel la miro intrigada y luego rió mientras guiaba a la pelirroja – No me digas que ya hay alguien. ¿Por qué no me lo has dicho?

– Rapunzel, sabes que te amo, pero tiendes a espantar a las personas que suelen gustarme – Anna suspiro.

– Bien, tal vez tienes razón. Pero, escucha, si hay alguien que te gusta realmente no lo dejes ir. Ya sabes que estar enamorado es lo mejor que puede sucederte y más si esa persona te corresponde –

Anna torció los labios – No lo hace. Esa persona no me corresponde y completamente ajena a mis sentimientos

La rubia rió – Si aún no le has dicho, ¿cómo sabes que no te corresponde?

– Porque… – Anna se detuvo. En las últimas semanas ella y Elsa se habían divertido como nunca antes e incluso habían tenido momentos únicos como las veces en que se quedaba mirando a Elsa y ella la miraba. Momentos mágicos.

– ¿Quién es esta persona? – Pregunto de pronto Rapunzel.

Anna la miro de reojo. Por supuesto. Todos sus amigos sabían salvo ella. Y no es que no quiera contarle a su amiga como fue que se enamoro de Elsa, pero no sabía si hacerlo de todos modos.

– Está bien, comprendo. No me digas, quizás luego – La rubia le guiñó el ojo.

Anna asintió.

Al entrar en la habitación su celular sonó y Anna le reviso, un mensaje de Elsa. Su corazón saltó.

Un día especial esperándonos. Prepárate para conocer Oslo. Pasare temprano por ti mañana y por los demás ;)
~Elsa.

Bien, y solo por ti me despertaré temprano
~Anna.

Ella sonrió dejándose caer en la cama. Cerró los ojos un segundo y luego se quedo dormida.

Continuara…