Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?
Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.
Voluntad sobre Hielo
15
Se encontraba sentada en la mesa del comedor con un plato con cereal y leche en frente suyo. Sus padres tomaban café como cada mañana y unas tostadas. El televisor estaba encendido mostrando noticias interesantes sobre Katrina Keith que en este momento se encontraba en Canadá con su familia.
Tomo una cucharada para llevarla a boca y cuando estaba por meterla se detuvo y miro la televisión sorprendida.
– Yo no sabía que tenía una hermana – Dijo sorprendida.
– Una hermana menor. Tiene solo cinco años – Agdar respondió mirando la pantalla tranquilamente – Debe ser difícil
Elsa miro las letras en la pantalla estupefacta "Alison Keith, cáncer. ¿Katrina entrara en el mundial o se quedará con su familia?"
– Es una difícil decisión – Elsa murmuró mirando las imágenes que mostraban a Katrina intentando entrar al hospital. Un millón de reporteros intentaban hablarle, pero la pelinegra los ignoraba.
– Si no se presenta entonces será una competencia aburrida – Murmuró Elsa con una mueca – Sin embargo…
– Sería bueno presentar condolencias. No eres una chica mala. A diferencia de los demás, tú puedes llamarle para ver cómo está – Elsa asintió a su madre.
Al terminar el desayuno la chica tomo su gorro de lana y se lo puso para luego seguir el camino junto al golden retriever que parecía ser su guardia personal. Elsa rió ligeramente cuando al llegar al hotel de sus tíos tuvo que pedirle a Lady que esperara fuera y la cachorra le puso ojitos y le fingió un llanto. Elsa rió sacudiendo la cabeza.
Al entrar en el hotel le llamó a Anna para que bajara junto con sus amigos y cuando bajó se apresuraron a salir. El golden retriever miro a los seis chicos nuevos y les gruño ferozmente.
– Wow – Kristoff retrocedió sorprendido – ¿Qué sucede?
– Lady – Elsa se acercó y le acarició la cabeza, al agacharse junto al animal le sacudió la cabeza – No. Ellos no son como Jennifer. Son amigos
Anna miro a Elsa sorprendida y luego al perro. Debía ser tan alta que llegaba hasta la cadera, tenía el pelaje dorado precioso que brillaba como el sol y sus ojos café. Anna había visto fotos del perro en la otra casa de Elsa. Pero en persona, podía decir que para ser un animal entendía demasiado, en cuanto Elsa le dijo que eran amigos se acerco rápidamente a ella y frotó su cabeza contra su pierna pidiendo atención. Anna le acarició con suavidad.
– Es algo… consentida – Elsa rasco su cabeza.
Anna asintió lentamente. Una vez que se pusieron en marcha nuevamente, Elsa les guió hacia la ciudad para conocer un montón de tiendas. Por cada tienda que pasaban la rubia esperaba afuera junto con el animal mientras los demás conocían las tiendas.
Una vez que pasaron por la quinta tienda en el día, Anna prefirió quedarse fuera en lugar de entrar. Vio a Elsa sentada en un banquillo junto al perro que corría tras una rama que Elsa arrojaba. Se sentó junto a ella sonriendo y luego miro al animal recoger la rama y correr hacia ambas.
– Es una pena que Lady no pueda entrar en las tiendas –
– Está bien. Ya las hemos visto mucho – Elsa sonrió – Además, será en otra ocasión –
Anna asintió. Cuando el animal se acerco, dejo la vara en el regazo de Elsa que rió y la lanzó nuevamente.
– No sabía que esa raza de animales existía por aquí –
– No sé si haya más – Elsa dijo – Lady era una cachorra de apenas unas semanas de nacida cuando mi padre me la trajo de un viaje que hizo. Siempre ha sido como mi mejor amiga, me apoya en todo… siempre conmigo…
Anna miro al perro acercarse nuevamente, dejó la vara en el regazo de Elsa y ella se la entregó a Anna para lanzarla. Anna dudo un poco y con cuidado tomo la vara babeada, la lanzó lejos y Lady parpadeó un poco, luego corrió.
– No le agrado – Anna rió.
– Eso no es verdad – Elsa rió – Jennifer no le agrada
– ¿Y eso por qué? – Anna pregunto curiosa.
Elsa rió – No lo sé. Siempre están peleando, creo que son enemigas mortales o algo así
Anna sonrió divertida. Al poco después llegó Lady entregando al vara a Anna que volvió a lanzar. La pelirroja miro a la rubia que parecía fascinada con el animal corriendo detrás de la madera.
– ¿Sabes una cosa? Yo jamás te vi así. En New York hablabas tanto de Oslo, te fascinaba y todo, y ahora que te miro… Dios, me encanta como sonríes. Es decir, es como si estuvieras viendo la primera maravilla del mundo –
La rubia platinada sacudió la cabeza – Mañana te mostraré la octava maravilla del mundo
"¿Un beso?"
– ¿Qué? – Elsa la miro confundida.
– ¿Qué? – Anna aterrorizada.
– Dijiste "un beso" – Elsa aún estaba confundida. Anna tragó saliva – A qué te…
– No. Yo. Espera, ¿qué? Elsa, ¿compramos un helado? – Anna pregunto nerviosa. Quería que Elsa se olvidara del comentario.
La rubia parecía confundida todavía, pero aún así asintió. Ambas chicas se acercaron a un carro con un chico que parecía bastante abrigado. Le miro a Elsa sorprendido y luego tartamudeo.
La rubia suspiro y dejo a Anna pedir la orden. La pelirroja sonrió divertida pidiendo dos helados de chocolate. A pesar de ser invierno, el clima era bastante cálido y un poco de chocolate en un cono podría ser agradable. Al pagar ambas se alejaron, Anna no dejaba de darle miradas filosas por el hombro al joven que les había atendido.
– Entonces, lo que hablaba, mañana te mostrare la octava maravilla del mundo. Uhm, ¿a las ocho? – Elsa sonrió antes de lamer el chocolate.
– ¿Ocho? – Anna asintió – ¿Dónde iremos?
– Es una sorpresa –
– ¿Qué? –
– Sí. Es una sorpresa – Elsa rió.
Anna rodó los ojos. Se reunieron con los demás y luego Elsa les llevó a conocer más lugares. Rapunzel no dejaba de tomarse foto con cuanto vestido que encontrara y los demás no dejaban de emocionarse también.
Finalmente Anna tuvo un día fantástico. Las chicas reían. Rapunzel y los demás habían preferido volver al hotel (después de comprar tantas cosas no le sorprendían a nadie), en cuanto a Elsa y Anna, ambas se dirigieron a una pista artificial de hielo.
– Listo – Elsa le extendió unos patines negros a Anna.
– Wow, hace semanas que no te veo sonreír tanto por entrar al hielo – Anna tomo los patines. La rubia se encogió.
– He tenido algunas distracciones –
– ¿Algunas? Yo diría muchas –
– Solo vamos al hielo, Anna. Te enseñaré a patinar, nuevamente… –
– Bien – Anna sonrió.
Ambas chicas subieron al hielo y Elsa tiro de Anna con cuidado. La chica sonreía de oreja a oreja al ser guiada por Elsa como de costumbre. Anna apretó sus manos con fuerzas. Seguía sin mover los pies y dejarse guiar por la rubia.
En ese instante, varias personas miraban a las chicas. Muchos embelesados porque quien estaba allí era nada más y nada menos que Elsa Winter, la patinadora estrella.
– Algún día vas a mover tus pies – Elsa rió – De hecho, vas a tener que hacerlo mañana así que hoy practicaremos un poco, ¿sí?
– ¿Dónde me vas a llevar? ¿Acaso es un secuestro? – Anna rió nerviosa.
– Sí. Te secuestraré para enseñarte mi lugar favorito, la octava maravilla del mundo, pero no es todo. Lo mejor sucede de noche – Elsa guiño un ojo y el corazón de Anna explotó. Ella miro a Elsa de reojo, notando que la rubia estaba completamente tranquila.
– ¿No… noche? – Anna tartamudeó. ¿Qué planeaba su amor platónico ahora? Elsa solo guiñó el ojo y se arrojo hacia atrás provocando que Anna chillara. Elsa rió.
– Vamos, si te suelto tienes que avanzar, Anna. Hemos hecho esto ciento de veces –
– ¡Y ya te dije que prefiero que tú me guíes! – Anna chilló sin soltarse. La ojiazul rodó los ojos – Me caeré, si me caigo me rompo la pierna y si me rompo la pierna no podré ni ir al cine como Rapunzel
– Ella ya está mejor – Elsa rió.
– ¡No me sueltes! – Anna chilló nuevamente.
Elsa suspiro notando que sería imposible enseñarle a la chica a patinar y cuando volvió a guiarla por el centro de la pista, una joven rubia de unos siete años se acerco. Elsa frunció el ceño observando a la chica, Anna se soltó por unos segundos y miro a la niña jalar de la chaqueta de Elsa.
– ¿Eres Elsa? – Preguntó con un tono tierno.
– Sí – Respondió la rubia mayor fríamente. Anna se tensó por un instante y luego tomo del hombro a Elsa susurrando en su oído.
– No tienes que ser fría –
Elsa suspiro de mala gana.
– ¿Puedo tomarme una foto contigo? – Preguntó la pequeña. Elsa miro a la niña secamente y luego suspiro, forzando una sonrisa asintió y la madre de la pequeña se acerco al trío para tomar la foto. Anna quiso alejarse, pero fue imposible si no sabía patinar.
Elsa se movió algo lejos con la pequeña niña y se tomo la foto con la sonrisa forzada, que a pesar de todo, le salía natural y parecía muy real, pero como Anna sabía bien, cuando Elsa sonreía sus ojos brillaban, pero no ahora… era falso.
Una vez que se sacó la foto, Elsa volvió con Anna que luchaba por no moverse en el hielo. La pelirroja miro a la rubia y suspiro.
– No tenías que ser tan fría –
– ¿Por qué es mi culpa? Yo no le ando pidiendo a Shakira que se tome una foto conmigo –
– ¿Conoces a Shakira? – Preguntó Anna sorprendida.
– Eso no tiene importancia – Elsa gruñó. Anna sacudió la cabeza estirando las manos, Elsa las tomo con cuidado frunciendo el ceño.
El tacto de Anna siempre había sido suave y cálido, muy agradable, sin embargo algo le tomo la corriente. Una descarga eléctrica recorrió las manos hasta los brazos y de los brazos por todo el cuerpo. Elsa no sabía que significaba y tampoco quería saberlo. Recordaba la sensación, por lo tanto se negaba a creer que era igual.
Arrastró a Anna con cuidado por el hielo.
– ¿Por qué alejas a las personas? No tienes que ser mala con ellos –
– Eso no es de tu incumbencia – Elsa gruñó soltando a Anna. No quería empezar a pelear, pero por lo visto ella estaba interesada en saber algo que no le concernía.
– Yo solo quiero saber, Elsa. Somos amigas – Anna dijo – Alguien te ha hecho daño, mucho daño y yo quiero saber. Te dije que quiero ser tu apoyo y también…
– ¡Basta Anna! – Elsa gruñó – Se acabo. Te he dicho que no te concierne y punto
– Pero… –
– Te llevaré devuelta al hotel –
La pelirroja vio a la rubia alejarse a la orilla y luego gruñó. Lo había arruinado en grande solo por su curiosidad. Como pudo salió del hielo, siguió a Elsa en silencio hasta donde se encontraba Lady recostada en el suelo junto a un asiento donde estaban las cosas de la chica.
"Que gran perro guardián. Durmiendo en el trabajo."
– Lady – Elsa silbó y la perra despertó. Tomo las cosas, entregó los patines y se fue con Anna siguiéndola.
Anna se apresuro a tomarla del brazo y a detenerla – No quise ser mala contigo. Escucha, solo quiero ayudar un poco. Por favor, Elsa…
La rubia relajo su brazo y luego suspiro. Asintió lentamente – Lo siento
– No. Yo lo siento. A veces olvido que hay cosas que no me conciernen. Mi madre dice que soy… intrusa de vez en cuando, pero yo solo… bueno pensé… uuhg, solo discúlpame –
Elsa miro a Anna seria y luego asintió – Mira, no es que no quiera contarte el por qué de las cosas que hago, sino que… bueno… es difícil
– No tienes que hacerlo –
– Aunque quiera… lo lamento. Ven, vamos a tomar un café –
– Prefiero chocolate – Anna rió.
– Lo sé – Elsa sonrió un poco.
Entró Anna junto a Elsa en el hotel, la rubia iba más calmada que de costumbre mientras la pelirroja sonreía tranquilamente. Una vez dentro, Elsa comenzó a contarle los planes del día siguiente, Anna asentía y mentalmente tomaba nota.
– Elsa – Una voz femenina llamó.
La rubia se dio la vuelta y se sorprendió de encontrar a una pelirroja (fuerte rojo) de ojos azules acercándose.
– Ariel –
– Vaya, era cierto. Eric me ha dicho que has vuelto –
– Llegue ayer – Sonrió.
– Y no eres capaz de decirme – La pelirroja le quito la sonrisa a la rubia dándole un golpe. Ella se frotó la zona del golpe y levanto una ceja.
– ¿Qué haces aquí? –
– Conseguí trabajo. Necesito valerme por mi misma y bueno, mi madre no paga mal – Rió.
– Sí – Elsa suspiro. Miro a Anna y luego a Ariel – Uhm, ella es…
– Anna. Nos hemos conocido anoche –
– ¿Ah, sí? – Anna miro a Elsa sorprendida por unos segundos, la rubia mostraba una sorpresa fingida. Le sonrió con cariño y luego miro a la pelirroja recién llegada.
– Pero no sabía que ustedes se conocían – Comentó.
– Somos familia – Ariel apunto a Elsa y luego a ella. La rubia rodó los ojos.
– Por desgracia – Elsa dijo con sequedad, poco después sonrió – Ella es mala influencia, no te le acerques
– Eh, soy aventurera que es diferente – Rió la chica. Ella miro el reloj en la pared y se sorprendió – Oh, santo cielos, llegaré tarde. Bueno, nos veremos en otra ocasión. Por cierto, majestad, entra mucho porque tienes que ganar
Elsa rodó los ojos.
– Nos veremos luego Anna – Dicho esto se marchó con una sonrisa.
– ¿Majestad? – Anna levanto una ceja.
– Todos han optado por llamarme así – Elsa suspiro.
– Pensé que solo los medios –
– Medios, familia, entrenadora, vecinos. Es una suerte que los animales no hablen o de lo contario me llamarían así – Elsa sonrió torció – Bien, ya debo irme. Nos veremos mañana
Anna asintió.
Una vez que la rubia ya se había ido Anna subió a su habitación en donde se encontró con Rapunzel probándose ropa frente al espejo. La chica sonrió divertida y luego miro a Mérida que se encontraba viendo una película.
– Elsa me tiene una sorpresa para mañana – Murmuró para la pelirroja – No me ha dicho que quiere enseñarme, pero dice que es la octava maravilla del mundo
– Quizá sea algo romántico – La rulienta dijo.
– No – Anna negó – Sin embargo, no puedo esperar a que llegue mañana
La pelirroja sonrió torcido. No comentó nada más hasta que Rapunzel se acerco a ambas sonriendo.
– ¿Películas de miedo toda la noche? – Sugirió.
– Acepto – La pelirroja rulienta asintió mientras que Anna solo gimió en contra.
Al término de tres películas el pequeño grupo de chicas se fue a dormir. Para Anna no había sido nada agradable tener que ver esas películas, no podía dormir de hecho. En medio de la noche cuando sus compañeras ya estaban dormidas, Anna envió mensajes a Elsa que rápidamente fueron respondidos. Sonreía de oreja a oreja.
Tal vez algún día te cuente sin interrupciones de ningún tipo. Lamento haberme enojado contigo hoy.
~Elsa.
Anna sonrió con la respuesta.
No te preocupes. Pero realmente espero que logres confiar en mí
~Anna.
Yo también lo espero…
~Elsa.
No mucho después logró quedarse dormida con una sonrisa en los labios. El solo sentimiento de poder hablar con Elsa le ponía de maravilla. La rubia le enloquecía. Anna estaba enamorada de esa chica. Dios sabe cuanto. Ella quería estar con ella todo el día y toad la noche de ser necesario.
Recordaba la sensación de hormigueo cada vez que la rubia tomaba sus manos sobre el hielo para no resbalar, y cada vez que le decía que debía andar sola y se lo permitía siempre estaba allí para evitar sus caídas, o la cercanía de sus rostros al caer en el hielo. Siempre Anna sobre Elsa.
Anna todavía no sabía cuánto más podría resistir siendo su amiga. Básicamente consideraba a la rubia como suya y ya en varias ocasiones le había dado a entender que Anna gustaba de ella, pero Elsa parecía inocente y no lo notaba. Ella quería estar en los brazos de la rubia por un momento, un solo momento. Saborear sus labios. Hacerla suya y de nadie más. Marcar su territorio. Dios. Besar su piel.
Anna la quería para ella. No…
Elsa era suya.
De nadie más.
Elsa le pertenecía.
Era su Elsa.
Una sonrisa se dibujo en los labios de Elsa al observar su antigua habitación. Una cama sencilla con un cobertor celeste sin diseños se encontraba bien estirados, una almohada blanca bastante cómoda. En su izquierda se encontraba la cama con la cabecera hacia delante. A su lado había un escritorio con un computador, en un espacio se encontraban un armario. Había una repisa en la cual habían varias fotos enmarcadas, nada colgando de las paredes salgo algunos posters pegados. Las repisas parecían vitrinas una sobre la otra con los cuadros. En el suelo, justo en medio, había una alfombra ovalada con franjas ovaladas de varios tonos de rojo, rosado claro y blanco. Las paredes estaban pintadas de celestes y la ventana que había detrás del escritorio mostraba la vista más hermosa del lago congelado y las montañas no muy lejanas.
Se sentó en su cama respirando el aroma silvestre que se colaba por su ventana, luego se dejo caer contra la almohada sonriendo. Cuanto había extrañado su cama. En el centro de la alfombra, Lady camino en círculos para luego acurrucarse allí cerrando los ojos. Elsa sonrió tranquila y luego miro al techo.
Era de color blanco con algunas figuritas pegadas en él. Las formas eran de estrellas y copos de nieve. Se encontraban algo gastados pues los había tenido desde los cinco años y el brillo que debían emitir en la oscuridad era tan opaco que apenas se notaba. Ni siquiera Elsa recordaba bien porque estaban allí, solo sabía que cuando tenía una pesadilla miraba el techo y recordaba que así como hay cosas feas en el mundo, hay cosas hermosas. Lo que más le gustaba, era saber que su padre se los había pegado.
Cerró los ojos suavemente. Su celular vibro, pero no le dio importancia pues se encontraba algo cansada. En breve se quedo dormida.
A la mañana siguiente no pudo evitar gemir cuando el ruido de una trompeta al estilo militar resonó en su habitación. Gimió y con la vista borrosa intento enfocarse en el reloj. 04.00 am. Gruñó aún más.
– ¡JENN CALLA TU ESTÚPIDA TROMPETA! – Grito a todo pulmón. El animal se retorció y en pocos minutos gruño hacia la puerta. Cuando Elsa logró enfocarse de mejor manera, vio a su entrenadora vestida como de costumbre para iniciar el entrenamiento – Son las cuatro de la mañana y llegamos antes de ayer. No puedes estar haciéndolo enserio
– No me importa. Levantante. Lávate la cara. Vístete. Correremos unos kilómetros. Apresúrate, Majestad – Ordenó la entrenadora. Elsa se acurrucó en su cama ignorándola – ¡He dicho que te muevas!
– ¡Dios! ¡Quién te ha dado las llaves de la casa! – Elsa gruñó poniéndose de pie. Tropezó hacia el baño e hizo todo lo que la entrenadora demando. Poco después salió de la casa vistiendo unos pantalones deportivos y una camiseta ajustada debajo de una sudadera.
– Bien, prepárate para algo de calentamiento – Jennifer sonrió. Levanto la vista al cielo, aún oscuro y precioso con miles de centenares de estrellas brillando.
– ¿Por qué me despiertas una hora antes de lo normal? – Elsa se quejó.
– Vamos majestad, me dejaste muchas plantada – La castaña sonrió despreocupada. Apunto con la mano hacia un camino recto y luego lo movio hacia otro – Seguiremos la ruta de siempre, sé que la recuerdas, pero al llegar al árbol torcido regresaremos. No iremos más allá. Tres vueltas, luego haremos otro tipo de calentamiento. Estiramiento y finalmente podrás volver a dormir
– ¿No entraremos al hielo? – Preguntó Elsa levantando una ceja.
– Hoy no. Mañana tampoco. Pasado tampoco. Durante una semana solo nos enfocaremos en calentar. La siguiente en resistencia y la subsiguiente en el hielo. Primero necesitaré conseguir el zamboni – La castaña pensó. Tardó un poco y luego sonrió – Bien, a trotar rubia
Elsa asintió y comenzó a trotar por la ruta que ya conocía desde pequeña. Desde que tenía siete años ella recordaba que se levantaba a las cinco de la mañana solo para trotar, luego de una hora de trote, tenía una de calentamiento, luego dos en el hielo y finalmente una de estiramiento. Estaba acostumbrada a una rutina tan sencilla. Eso en vacaciones ya que en New York tuvo que crearse otra rutina que consistiera al menos en dos horas. En Madrid su rutina cambió a una hora treinta y lo mismo sucedió en Londres.
Respiraba suavemente sintiendo el aroma silvestre que tanto amaba. Sus árboles. Su nieve. Su ciudad. Su mundo.
El comenzó a salir sin que Elsa se diera cuenta, seguía haciendo lo que la castaña le ordenaba. La sudadera ahora se encontraba atada a su cintura mientras la chica trotaba por la acera cubierta de nieve. Su camisa ajustada color blanca había obtenido un color transparente y mal oliente debido al sudor. Su cuerpo brillaba por el líquido que se desprendía de ella y los cabellos se aferraban a su frente mojados.
No parecía importarle.
Tranquilamente seguía su camino hasta que al girar a su derecha pudo ver a su entrenadora recostada en una carretilla siendo jalada por perros de nieve. Elsa se detuvo sorprendida.
– ¿Enserio? – Preguntó molesta – ¿No tienes pies para caminar?
– Me cansé al poco – Dijo la castaña silbando. Los animales se detuvieron – Bien, Elsa, me parece que hasta aquí hemos de terminar de trota por hoy. Quiero cien sentadillas, cien abdominales, cien lagartijas y cien dorsales
– ¿Qué tal si te doy uno de cada uno? – Elsa sonrió torcido. La castaña no mostro mayor sonrisa o gracia por el comentario, Elsa asintió entendiendo – Bien, salen cuatrocientos ejercicios más
– Así me gusta más, Majestad – La mujer asintió. Mientras la rubia trabajaba en eso, la chica comenzó a revisar su celular – Necesitamos un zamboni. He echado un ojo a la pista de hielo en tu patio trasero y está cubierto de escarcha, no podemos dejarlo así. Te podrías lesionar si patinas ahí. Lo último que necesito es que mi patinadora estrella se lesione. Lo que me recuerda, mantente alejada de cualquier actividad peligrosa
– ¿Actividad… peligrosa? – La chica pregunto haciendo los ejercicios aún – No sé… a que te refieres
La mayor rodó los ojos en respuesta. Elsa estuvo trabajando en sus ejercicios un largo rato y para cuando ya había terminado, se dio una larga ducha y pronto cayó en su cama nuevamente. Sus ojos se cerraron con rapidez y todo desapareció para ella.
– Elsa jamás llega tarde – Anna se paseó por su habitación con el teléfono en la oreja – Algo debe de haberle sucedido
– Quizás le salió un asunto importante – Rapunzel dijo despreocupada pintándose las uñas.
– ¿Sin avisarme? Eso no es posible –
– ¿Por qué tan preocupada de todos modos? – Pregunto la rubia – Mejor hablemos de otra cosa. ¿Quién es la misteriosa persona que te ha robado el corazón y no me lo quieres presentar?
– Rapunzel… – Estuvo a punto de decirle algo cuando la llamada la envió a un buzón de voz. Gruñó. Elsa no podía dejarla plantada. Lanzó el teléfono y luego se dispuso a mirar a su prima – Te diré quien me gusta cuando Elsa me responda
– Uhg – Rodó los ojos – ¿No has pensando que se ha aburrido de ti?
– No – Respondió Anna.
El teléfono sonó y sonó y está vez alguien respondió, solo que la voz no era la de Elsa. Anna estuvo confundida por unos segundos antes de saber que la voz del otro era la de una mujer, pero desconocida para ella. No sabía quien había respondido. Claramente no era Idunn.
– Uhm, ¿Elsa? – Dudaba que fuera ella, pero debía intentarlo.
– Lo siento, pero ella no puede responder en este momento – Sonaba algo madura la voz. La persona del otro lado debía ser de edad mayor.
– Yo… quería saber cuando vendría. Mi nombre es Anna y, bueno, Elsa prometió venir a buscarme porque quería… –
– Lo siento, Anna. Pero realmente ella no puede responder ahora. Y no te preocupes, yo le haré saber que le has llamado y ella te devolverá el llamado mañana –
– ¿Mañana? No usted no entiende… –
– De verdad jovencita, Elsa no puede responder –
Otra voz se escuchó del otro lado, Anna frunció el ceño al escuchar una conversación en Noruego. Era la primera vez que escuchaba a alguien hablar en ese idioma, aunque rara vez había escuchado a Elsa gruñir en su idioma natal, según entendía ella cuando estaba verdaderamente enojada e incluso frustrada soltaba un par de juramentos, pero Anna no los conocía y Elsa no planeaba decírselos. También, cuando se encontraba completamente alterada hablaba en Noruego siempre en susurros por lo que Anna apenas lograba distinguir el idioma diferente, pero así, una conversación clara, era algo nuevo para ella.
– Anna, ¿eres tú? – Esa voz la reconoció, la voz de Idunn.
– Uhm, sí. Señora Winter, supongo que es usted – Sonrió.
La mujer rió del otro – Creo que va siendo hora de que me llames solo Idunn. Querida, lo lamento mucho, sé que Elsa y tú tenían planes, pero verás, Jennifer la saco a entrenar a las cuatro de la mañana y volvieron cerca de las diez. Se encuentra algo cansada ahora y está durmiendo. Tal vez mañana puedan hacer sus planes o quizás cuando despierte
– Ya veo – Anna asintió sonriendo – Pensé que era algo malo
– Realmente lo siento. La persona con quien hablabas, por cierto, es mi madre y a ella no le gusta mucho las personas que no reciben un no como respuesta. Es algo especial, pero tranquila, no es gruñona. Hablaré con Elsa en cuanto despierte, ¿sí? –
– Por supuesto, gracias seño… Idunn – Anna sonrió.
Colgó la llamada y se sentó en el sofá mirando a su prima pintar las uñas de sus pies.
– Elsa no vendrá –
– No me digas – La chica dijo riendo – ¿Qué ha pasado?
– Está durmiendo –
– ¿Durmiendo? – La rubia comprobó el reloj solo para asegurarse de que no se equivocaba en cuanto a la hora – Son las tres de la tarde
– Ya lo sé, pero la madre de Elsa ha dicho que ella ha estado entrenando desde las cuatro de la mañana hasta más o menos las diez por lo que ahora se encuentra durmiendo. Tuvo un día pesado, al menos una madrugada –
– Son siete horas – Rapunzel parecía sorprendida, Anna solo asintió – Me aparece que el entrenamiento de Elsa es mucho pero que en New York. ¿Cuánto entraba? ¿Dos horas máximo, tres tal vez?
– No era mucho, comparado con ahora, claro – Anna asintió – Tal vez no debería ocupar el tiempo de Elsa. Ella necesita concentrarse
Rapunzel chasqueó la lengua – Estoy segura de que a ella no le importa. Es tu amiga. Hizo un montón de arreglos para que pudieras venir, por lo que imagino que sabía que quizás no tendría tanto tiempo para trabajar en su rutina
La pelirroja asintió forzada. Suponiendo que Elsa despertara ese mismo día, tal vez podrían hablar un poco.
Continuara…
