Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?
Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.
Voluntad sobre Hielo
16
Semanas enteras preparándose para el mundial, Elsa demostraba tener la mejor resistencia de todas. Despertaba todos los días en la madrugada a causa del sonido de la trompeta y corría, trotaba, enlongaba, calentaba. Al terminar sus sesiones descansaba la mayor parte del día para luego volver a hacer lo mismo dos horas por la noche.
El fin de semana lo mantenía como descanso total. Salía con Anna y sus amigos, veían películas y se divertida como cualquier otra chica normal. Anna solía ir a los entrenamientos de Elsa, aunque fuera solo para ver a al rubia con ropa deportiva ajustada.
Finalmente, al segundo mes iniciaron con el hielo Elsa patinaba con gracia. La canción para la rutina estaba lista. Tanto para el programa corto como para el largo y la canción final sobre todo era la mejor. Una canción que duraba cuatro minutos cerrados.
A solo cuatro semanas ya de el mundial, Elsa no podía evitar sentirse emocionada. Todo estaba listo.
Era de noche. Se había subido al auto de sus padres para recoger a Anna y llevarla al paraíso prometido hace tiempo atrás. Anna sonreía emocionada. Casi le parecía una eternidad desde que vio a la rubia. Miraba el camino estrecho sorprendida, estaba congelado y parecía peligroso conducir por allí, pero a la rubia no parecía molestarle.
– Entonces, ¿ya me dirás donde vamos? – Anna pregunto riendo.
– No – Elsa respondió.
La menor se cruzó de brazos creando un mohín. Elsa sonrió torcido y luego acelero un poco. Hizo a Anna cerrar los ojos y al poco después le ayudo a caminar fuera el auto.
– Con cuidado, con cuidado – Elsa decía – Bien, ¿lista?
– Siempre lista, bueno a menos que sea un examen de matemáticas porque ya sabes que odio los exámenes o las matemáticas. Yo no podría vivir haciendo uno de esos todo los días, es decir, Dios… –
– Anna, abre los ojos – Elsa dijo.
En cuanto la pelirroja abrió los ojos su visión enfoco el espectáculo más hermoso que jamás hubiera visto. Luces en el cielo, nada artificial, todo natural. Colores hermosos como verde, morado, incluso amarillo. Era el espectáculo de luces más hermoso que jamás hubiera visto en la tierra. Solo debajo de estás, había un lago, no un lago con agua, ya que había mucha nieve así que estaba congelado, pero era hermoso. No tenía ni un solo poco de escarcha. Pulido y hermoso.
Elsa sonrió ansiosa, jalando la mano de Anna que aún se encontraba estupefacta.
– Dios, es precioso – Comentó Anna mientras Elsa se ponía unos patines propios. Anna, aún con los suyos en las manos, no dejaba de mirar el cielo. Escuchó el sonido de las cuchillas en el hielo y bajo a mirar a la rubia.
– Este es el lago arcoíris. El mejor lugar para patinar. Mi madre odia que venga porque hay muchos baches, dice que me puedo accidentar, pero un accidente vale la pena por la vista – Elsa miro hacia arriba – Hace tanto que no veía una aurora boreal. ¡Son preciosas!
– Demasiado preciosas – Anna se puso torpemente los patines – Pero dime, ¿hemos venido solo a patinar siendo que tienes un lago en tu casa?
– Sí y a comer. Te dije que te enseñaría la octava maravilla del mundo. ¡Aquí está! – Elsa alzó las manos y el cielo parecí brillar. La aurora era preciosa a la vista de los ojos de Anna. Se deslizo con suavidad y precaución en el hielo.
– Me encanta – Anna se deslizo con cuidado.
Había tenido mucho tiempo para practicar. Elsa le había enseñado tanto a deslizarse como a detenerse y por mucho que le gustaba la idea de que Elsa fuera quien la llevará, en ese instante quería demostrarle a Elsa que podía. No quería que se sintiera mal, quería que estuviera orgullosa de Anna.
Elsa miro a Anna en el hielo y rió por lo bajo. Se notaba que tenía dificultades para deslizarle, pero hacía su mejor esfuerzo y eso era notable. Elsa deslizo por el hielo hasta la pelirroja le indico acercarse, Anna a tientas se movió con las rodillas juntas y las piernas separadas.
– Yo puedo – Anna dijo antes de que Elsa se acercara. Era como un pequeño niño que recién comenzaba a caminar, Elsa rió y asintió. Después de unos poco pasos Anna logró deslizarse a la perfección por el hielo.
– Bien – Aplaudió la rubia. Anna se sonrojo apenas y luego rió mientras se acercaba a Elsa. Parecía deslizarse bien, sin embargo… no podía frenar aún por lo que cada vez que se acercaba a Elsa terminaba siempre en el suelo encima de ella.
Elsa sonrió ligeramente cerrando los ojos. Tenía ambos brazos estirados hacia los labios mientras su mirada se encontraba puesta en el cielo. Anna estaba tirada a su lado sobre el blanco manto observando con impresión aquel espectáculo de hermosas y variantes luces.
– Mis padres y yo solíamos venir aquí una vez cada semana – La rubia habló sin abrir los ojos. Anna la miro de soslayo sorprendida de que su voz se escuchara tan apacible, serena y en paz – Eso fue antes de que el negoció de papá se volviera tan internacional. Pronto comencé a venir con Ariel, pero ella prefería más nadar que usar los patines
– ¿Enserio? – Anna preguntó con un tono tan bajo por miedo a romper la calma de la patinadora.
Seguía sin abrir los ojos – No hemos venido en mucho tiempo. Mi madre no quiere que venga, sobre todo por el camino tan peligroso, pero es lo de menos. Quería que conocieras este lugar porque a pesar de muchas cosas sigue siendo mi favorito. Lady y yo hemos venido aquí siempre antes de las competencias, ella solía quedarse esperando en la nieve mientras yo patinaba – La risa de Elsa hizo explotar el corazón de Anna – Era mi público. Desde que me dijiste que querías conocer las montañas supe que este lugar era el que debías conocer. Las montañas son hermosas, pero nada se compara a las auroras boreales
Anna sonrió y miro al cielo – ¿Sabes? Desde que llegué aquí no comprendía nada de lo que hablabas. Tú siempre decías que amabas como loca Noruega, en especial Oslo, pero jamás entendí porqué. Llevamos un buen tiempo aquí y aunque hemos recorriendo la ciudad, patinando e incluso esquiando, aún no podía entender porqué esté lugar era tu favorito… hasta ahora. Entiendo las maravillas ocultas en el mundo. Las auroras… Son hermosas. Es un espectáculo de luces en el cielo. Brillan. Sonríen. Una gran estela le sonríe a quienes la miran, nosotras
– Me alegra que lo entiendas. Hay miles de maravillas en el mundo y sí dices que las conoces todas es porque no conoces ninguna –
"Sobre todo tú eres una de ellas."
La brisa suave que recorría a esa hora de la noche todo el lago era lo suficientemente fresca para que ambas chicas se sintieran a gusto. La brisa era tan suave y poco perceptible que parecía que fuese un suave y delicado beso en los labios.
– Els, Ha pasado un mes y siento que ha sido un día – Anna murmuró – ¿Qué harás luego?
– No lo sé – Elsa respondió sin abrir los ojos. La pelirroja se apoyó en su hombro para poder tener una mejor vista de la rubia recostada en la nieve. La observo de pies a cabeza tragando saliva. Vestía con una sudadera sencilla de varios colores al más puro estilo hippie y unos jeans, aún traía puestos los patines. En su cabeza, como de costumbre, usaba su gorro de lana y una trenza preciosa – Ir a la universidad tal vez. No lo sé. Darán becas deportivas durante la competencia, muchos enviaran representantes. Con una beca para poder patinar en una universidad yo sería feliz
– ¿Sí? – Anna sonrió con cariño – Vives mucho con el hielo. Ni siquiera necesitas un abrigo, ya eres uno con el hielo
Elsa rió – ¿Y tú?
– Yo prefiero el verano, eso lo sabes – Anna rió.
– No, ¿qué harás? –
– Oh – Anna sonrió – Yo creo que no lo sé. Estaré en casa con mis padres, probablemente conseguiré un trabajo y luego estudiare
Elsa asintió divertida. Anna sonrió acercándose un poco. Sus trenzas cayeron de un lado de su cabeza.
– Me encanta esto. Se siente tan bien – Elsa sonrió ligeramente.
Anna la miro ahí acostada en la nieve. Se veía tan hermosa. Su cabello perfectamente luciendo brillante. Sedoso. Lindo. Seguramente tenía un aroma delicioso a violetas se le impregno a Anna desde el olfato. Se acerco apenas un poco solo para poder oler el aroma más fuerte.
– ¿Qué haces? – Elsa rió. Cuando Anna miro a su rostro, tan cerca del suyo propio, noto la sonrisa en los labios de Elsa. Parecía muy divertida a causa de la chica. Anna se sonrojo un poco.
– Hueles a violetas – Murmuró.
– Y tú a menta – Rió.
Involuntariamente, y en otra ocasión, Anna se habría llevado la mano a la boca para evitar que Elsa pudiera sentir su aliento, pero en ese momento no le importó. Observo a la rubia. Su rostro pálido generalmente lucía con una hermosa sonrisa amplia. Sus ojos color cobalto brillaban intensamente a causa de las más hermosas luces en el cielo. No estrellas. No luna. Solo la aurora boreal.
Anna la miro fijo. Había perdido toda la noción del tiempo. Ella solo sabía una cosa, Elsa estaba allí frente a ella acostada en la nieve mirándola con una sonrisa. No sabía que hace más hacer. Sin pensar, Anna le sonrió sin hablar.
No se dio cuenta de en que momento, solo sabía que dentro de ella había algo que se estaba arremolinando como loco. Los labios de la rubia que eran rosados con suavidad, finos y delicados, sabían justo como ella pensabas: a gloria.
Dios. Sin duda. Los labios de Elsa realmente tenían sabor a Elsa, es decir, exactamente a Elsa, era como una esencia de ella en sus labios. No solo el sabor a gloria y el sabor literal que sentía, sino que también se daba cuenta de la diferencia de besar los labios de sus citas fugaces que frecuentaba antes de conocer a la chica. Elsa, era Elsa. Había un ligero sabor a chocolate en sus labios junto a menta mezclada, pero más que eso tenían un sabor indescriptible. Podía sentir a la rubia tensa. Pero no le importaba, solo quería seguir besándola.
Si había cometido un error no estaba segura, había olvidado el hecho de que la rubia jamás le dio a entender si estaba sintiendo lo mismo que ella, aunque fuera la más mínima parte. Estaba tan tensa que incluso una parte remota y pequeña, racional, en el cerebro de Anna le estaba diciendo que había cometido el error más grande de su vida porque Elsa no le correspondía y la rubia no iba a devolverle el beso. Sin embargo, pese a todo eso Anna no podía negar que prefería seguir besándola antes que ver esa mirada que podría estarse imaginando, una mirada de horror.
Nada podía mejorar ese momento, salvo… ¡Elsa le correspondió el beso! El corazón de Anna golpeteo con fuerza mientras los labios de las dos chicas se movían en sincronía. Era un beso lento y suave. Delicado. Igual que ella en ese sentido.
Los labios de Elsa no podían ser mejores. La textura suave que rodeaba a los labios de la rubia era como estar comiendo un suave algodón. Anna se estaba dejando llevar mientras besaba a Elsa dejo los labios lentamente besando la mejilla y pronto deslizándose lentamente por su cuello, besándola. Se deslizo suavemente besando su piel. Saboreando la piel delicada y pálida de la rubia. El aroma a violetas se intensifico y al momento en que le dio un suave y disimulado mordisco la escucho gemir.
Oh, Dios. Anna pensaba que lo más hermoso en este mundo, era la sonrisa de la rubia; el sonido más dulce y placentero, su risa; y ahora, lo que más amaba, escucharla gemir.
Ella estaba completamente enloquecida con la rubia. Enamorada. Elsa era su mundo. Ella era suya y de nadie más. Solo… suya.
– Maldición – Escucho a Elsa susurrar contra sus labios cuando se volvieron a conectar. Elsa se separo de Anna, observo a la chica sorprendida y asustada. Anna lo vio. En sus ojos realmente podía encontrar esa mezcla de temor, miedo y probablemente y menos probable, excitación.
Elsa se arrastro por la nieve asustada, sus codos se enterraban en la nieve mientras sus pies con fuerza empujaban la nieve para arrastrarse. Anna la miraba sorprendida y aturdida, intento tomarla de la mano, pero ella la arranco con fuerza. Se puso en pie y Anna le escuchó hablar en Noruego meintras le daba la espalda.
Repetía mucho la palabra "dritt" y la pelirroja no sabía nada de lo que significaba. Siguió a la rubia por la nieve torpemente hasta llegar a la acera. Elsa siguió despotricando en Noruego y finalmente miro a Anna.
– Sube al auto. Nos vamos ahora –
– Els, ¿qué…? –
– Anna lo que ha sucedido no debió suceder nunca. ¿Me oíste? Eso no puede volver a suceder. Fingiremos que esto no ha sucedido –
El corazón de Anna se detuvo mientras observaba a la rubia sorprendida. Elsa le había correspondido el beso y ahora le estaba diciendo que no podía volver a suceder, encima quería que se olvidara de eso. ¿Cómo podía olvidarse del mejor momento de su vida? Había saboreado a Elsa, sus labios y su piel. Lo que más quería Anna al fin había sucedido y ella quería que lo olvidara, eso no podía suceder.
– Els, tranquilízate un poco. No puedes hablar enserio. Nosotras… –
– Nosotras nada, Anna – Su voz resonó con fuerza – Nos vamos ahora y lo olvidaremos. Nunca más
– Pero yo… a mí… nosotras nos besamos. ¡Nos besamos Elsa! –
– Tú me besaste – La rubia acuso.
– Y tú me correspondiste – Anna dijo con seriedad – Yo te besé y tú me has correspondido. ¡Te gusto!
– Yo… yo… – Anna lo vio. Elsa parecía tener un problema para hablar correctamente y más que eso también parecía que ni ella misma sabía decir. Sacudió la cabeza de golpe – Debemos irnos y olvidarnos de lo que ha sucedido, ¿me oíste?
– No, Elsa. No me iré de aquí hasta que hablemos bien sobre esto. Yo te besé, tú me correspondiste y a ambas nos gusto, lo sé. Porque tú…
–¡No lo digas! – Elsa cerró los ojos y cubrió sus oídos.
Para la pelirroja fue un golpe bajo. No podía ser que el momento mágico que había vivido hace tan solo minutos se estaba destruyendo frente a ella y que Elsa se negará a aceptar lo mucho que el beso le había encantado.
– Els… –
La rubia dio la vuelta, ya cansada de la discusión e intento subir al auto. Anna le llamó, pero lo causo que la rubia le gruñera diciendo que lo olvidara y cuando estaba por rodear el auto algo sucedió.
– Maldición, Elsa. Tú me gustas. Habló enserio. No dejo de pensar en ti –
La rubia se dio la vuelta brevemente y luego soltó un grito. Anna vio todo como si estuviera en cámara lenta. Una vez que la rubia se dio la vuelta sus pies seguían caminando torpemente con los patines puestos, la calle estaba llena de hoyos y Elsa al no ver por donde caminaba piso mal. Anna vio como el pie de Elsa se doblo en una posición imposible y luego la rubia grito. Cayó al suelo y se golpeó la cabeza cerrando los ojos.
– ¡Elsa! – Grito corriendo a ella, sin importarle que había algo de hielo en las calles. Sacudió a la rubia que tenía los ojos cerrados. Miro el pie de Elsa y lo siguiente que supo es que las sirenas se escuchaban con fuerza, Anna mantenía un teléfono en su mano con al línea muerta y su mirada no se despegaba del pie de Elsa.
El piso del hospital en el pasillo era completamente cuadriculado de colores intercalados azules y blancos. Anna llevaba contando todo el tiempo esos cuadros hasta que se aburriera, trazo las líneas con su imaginación y finalmente decidió levantar la mirada para observar a los padres de Elsa. Ellos hablaban con el médico. En cuanto sintieron la mirada sobre ellos, la miraron y luego al médico.
"Ellos me odian."
Suspiró suavemente. Escuchó unos pasos y la voz de su prima alterada. Anna la vio acercarse y en breve abrazándola con fuerza. Anna suspiró.
– Estoy bien –
– ¿Sí? Y… – Intentó decirle algo, pero no pudo – ¿Qué pasó?
Los padres de Anna se acercaron con una sonrisa tranquilos al ver que la pelirroja se encontraba bien.
– Elsa y yo… – Dudó un poco – Estábamos hablando, cuando íbamos a volver al hotel ella aún traía los patines puestos y piso un bache, se cayó y golpeó la cabeza
Los padres de Anna sonrieron ligeramente, asintiendo con comprensión. Pronto los padres de Elsa se acercaron y los padres de Anna estrecharon su mano con firmeza preguntando el estado de la chica.
– Ella estará bien – Idunn sonrió, pero en esa sonrisa había algo oculto, algo que a Anna no le gusto – Es decir, no hay daños graves
Anna torció los labios y con timidez, preguntó apenas con una voz audible – Su- su pierna, ¿cómo está?
– Esa es la otra cuestión – El padre de Elsa se frotó el mentón con su dedo índice. Presiono los dientes dejando entrar aire y luego miro a Anna – Tiene una fractura en el pie derecho. El médico afirma que en dos semanas debería de sanar
– Eso significa que aún puede competir – Dijo Rapunzel sonriendo. Al parecer el rostro de los padres de Elsa no era tan alegre como el de la rubia.
– No – Sacudió la cabeza Idunn con pesar – Aún si logra sanar, ella no puede entrar al hielo porque su pie va a quedar algo delicado, es decir que no podrá pisar con fuerza y en una semana sería imposible que pueda agarrar el ritmo que ha conseguido, así practique de sol a luna sin parar y de luna a sol. Le será imposible. Me temo que Elsa no podrá competir
Anna sacudió la cabeza sorprendida. No podía creer que enserio estaba sucediendo. Su Elsa no podía competir en el mundial de patinaje artístico. Se había esforzado tanto, incluso ya había tenido un accidente antes y aún así compitió. No puede ser que por una simple fractura Elsa estuviera quedando fuera de aquello para lo que tanto entreno. Noches en vela. Faltar a clases. Viajes. Entrenamiento duro.
"Es mi culpa. No debí de presionarle."
Paseó la mirada hacia la puerta de la habitación de Elsa y tragó saliva. Si pudiera entrar a verla, intentar hablar con ella, no sobre el beso, sino sobre la competencia…
– Adelante – La madre de Elsa habló, casi leyendo los pensamientos de Anna. La pelirroja sacudió la cabeza.
No estaba lista. No podía ir y hablar con Elsa, no después de cómo le miro de asustada.
– No – Dijo con una voz pequeña – Es mejor que descanse
– Bien – La madre de Elsa sonrió apenas – Tal vez mañana puedas ir a verla. La llevaremos a nuestra casa hoy. Solo tienes que decirnos para ir a buscarte, ¿sí?
Anna asintió.
Se dio la vuelta para poder salir del lugar cuando se detuvo al ver un tumulto de personas. Alguien cruzaba por en medio empujando a todos. Era como un dragón echando fuego por la boca. Las pisadas se parecían a las de pie grande y en cosa de segundos una mujer mayor, de unos treinta años, estaba allí parada. Anna tragó saliva.
Los risos de esa mujer estaban completamente despeinados y de sus ojos castaños salía una llama de fuego.
– ¿Dónde está mi patinadora? – Preguntó con un tono serió.
– Uhm – Anna parpadeó.
– En aquella habitación – La madre de Elsa señaló – Por Jen, no la hostigues ahora. Ella está despierta, pero no está muy contenta que digamos
La castaña apenas asintió y se dirigió a la habitación. Anna miro la puerta blanca y luego suspiro.
– Els… –
No había un yeso. Su cuerpo estaba tumbado en la cama mientras leía un libro tranquilamente. Intentaba distraerse. La puerta de su habitación se abrió después de unos golpes y la rubia vio a su madre con una bandeja de comida, le sonrió ligeramente quitándose las gafas y colocando un marca páginas en su libro.
– Te he traído algo de comer –
– Eso puedo ver –
Dejo la bandeja en el regazo de su hija y le sonrió. Observó el libro en sus manos y luego miro a su niña.
– ¿Cómo te sientes? – Preguntó.
– Bien, he estado… digamos que logre buscar un quehacer – Elsa sonrió apenas.
Idunn asintió lentamente. Elsa busco con la mirada los patines que se encontraban colgando de un gancho en la habitación. Suspiro y luego miro a su madre.
– ¿Anna no ha venido? –
La mujer parecía sorprendida por un instante – No, ahora que lo dices, no. Le dije que me llamará para ir a buscarla, pero no lo ha hecho. ¿Quieres que la vaya a buscar aún así?
– No, déjalo – Se movió incomoda la rubia. No quería admitirlo, pero prefería que Anna no se le acercara.
Aún no había resuelto nada con Anna. No estaba preparada para hablar con ella con respecto a aquel beso. No, sin duda no estaba lista. ¿Qué había dicho Anna? ¿Qué la quería? El corazón de Elsa latía con fuerza de solo pensar en eso, pero a la vez no podía evitar sentir que algo estaba mal en esa frase. Y aún si Elsa pudiera corresponderle los sentimientos a Anna, ella no estaba segura de que sentir.
Por un lado estaba la Anna que conoció hace unos meses. Una chica infantil y tierna que la apoyado en todo, siempre le ha demostrado que su amistad era incondicional y por el otro lado estaba la Anna que conoció la noche anterior, la chica que la había besado. Una Anna nueva, una Anna que Elsa desconocía, alguien a quien no sabía como tratar.
La rubia estaba tan confundida sobre sus sentimientos. Hacía mucho tiempo que no había sentido el corazón tan acelerado por alguien y ella incluso podía asegurar que casi había olvidado lo que se sentía sin embargo, por una razón inexplicable, su corazón parecía latir con más fuerza que antes, mucho más acelerado que la primera vez en que se enamoró de alguien.
No estaba segura de que significaba.
Elsa tenía entendido que solo se había enamorado una vez. Una sola vez en su vida. Y ese amor termino en tragedia cuando su corazón quedo destrozado por un chico. Pensó que era todo. Que había sido la única vez que se enamoraría de alguien, pero ahí estaba de nuevo. Las mismas mariposas en el estómago, las mismas sensaciones en sus labios después de conectar con los otros. Todo era igual, solo que… en esta ocasión era más intenso. Como nunca antes.
¿Qué significaba?
Sabía que pronto debía de responder a la situación. No pasaría mucho tiempo antes de que Anna fuera donde ella pidiendo explicaciones. Por qué la besó, por qué huyó, a qué le tiene miedo, y un montón de otras más. La pregunta que Elsa se hacía entonces era, si Anna planeaba ir con ella para pedirle explicaciones… ¿por qué no lo había hecho aún?
Ella no tenía ni idea de que responder a nada, ni siquiera sabía si la frase: estoy confundida, podía funcionar como respuesta para Anna. ¡No sabía que sentía por la pelirroja! Ella había sido su amiga, la primera en mucho tiempo. La única chica que se acerco a ella sin saber anda, sin saber quién era realmente y mucho menos sin tener intenciones de acercarse a la fama o dinero y ahora de la nada le sale con que está enamorada de ella. ¿Cómo dejo que ésto pasara?
¿Qué sentía ella por Anna? Si tenía que admitir algo, y sin dudarlo, lo haría: Anna era una chica dulce y hermosa. Probablemente a Elsa, en otra situación, no habría dudado en corresponderle el sentimiento, pero todo era tan confuso y ni siquiera sabía por qué demonios la beso devuelta.
– Estoy segura de que vendrá cuando sienta que deba hacerlo. Algo te preocupa y yo puedo apostar a que no es nada relacionado con la competencia – Murmuró Idunn antes de levantarse. Elsa apenas la miro, porque sabía que la mujer tenía razón. Lo único que le preocupaba más que nada era Anna.
Dando vueltas de un lado a otro, Anna no podía dejar de pensar en Elsa. El mágico momento compartido juntas, los labios de Elsa sobre los suyos, la forma en que ambos se movían en sincronía. Todo. Anna no lo podía evitar.
Y luego estaba el accidente de Elsa.
Todas las palabras que le dijo. Pidiéndole con severidad que olvidara el beso. "¿Cómo puedo olvidar un beso? Nuestro beso…" Elsa no tenía ni idea de lo que le estaba pidiendo a Anna, era como si le pidiera que dejará de respirar. ¿Cómo puede estar una persona sin respirar?
Tenía tantas ganas de ir y exigirle que hablaran sobre lo sucedido. Volver a decirle lo mucho que la quería, que le fascino, encanto, el besó… y luego recordaba el accidente.
Anna no podía evitar culparse del accidente de Elsa, porque si no fuera debido a que le presiono para que respondiera entonces Elsa no se habría lastimado. Había arruinado el sueño de Elsa solo por querer hablar más sobre el beso y es que no podía evitarlo, ella la beso y Elsa le correspondió.
¡Si Elsa no sentía nada por Anna, entonces por qué le correspondió el beso!
– Anna, deja de comerte las uñas. Me pones nerviosa – Mérida rodeó el sofá tranquilamente con un sándwich en la mano. Miro a la pelirroja de pies a cabeza y luego suspiro – A ver, ¿qué te sucede? Has estado extraña desde ayer, y eso es decir mucho. Tú ya eres extraña. ¿Es por el accidente de Elsa? Porque si es así entonces te recomiendo ir a verla para estar tranquila
– No puedo ver a Elsa – Murmuró Anna agachando la cabeza.
– ¿Por qué no? Su madre te dijo que te vendría a buscar – Mérida le dio una mordida al sándwich.
– No lo entiendes. No puedo verla porque tengo algo de miedo… Elsa no puede competir por mi culpa. Yo cause su accidente. Arruine su oportunidad de competir en el mundial de patinaje y también su oportunidad de conseguir alguna beca – Anna desvió la mirada. Mérida levanto una ceja.
– ¿De qué hablas? Dijiste que cuando planeaban volver ella piso mal por no haberse quitado los patines y fue así como se torció el pie –
– ¡Es patinadora! – La miro con intensidad – ¡Elsa es una patinadora! ¿Crees que se lastimaría de una forma tan estúpida? ¡Yo la he visto incluso caminar por la acera con patines!
– Ok. Entiendo, pero no alces la voz – Mérida sonrió un poco – Entonces, ¿por qué se ha lastimado?
Anna bajó la mirada nuevamente. No podía decirle la verdad. Se sentía incomoda de pronto. Si había amado el momento en que Elsa y ella se besaron, Dios sabe que sí. La delicadeza de sus labios sobre los de ella. Elsa siempre había demostrado ser una persona delicada por lo que no era nada extraño para Anna que un beso de ella fuera así. También había sido cálido y sin duda sabía a gloria. Dios. Era como si Anna estuviera bebiendo del santo grial. Lo más delicioso de todo fue la forma en como había gemido cuando le había mordido el cuello. Solo uno de ellos. Solo una forma de expresar cuanto le gusto. Y finalmente, Anna estaba segura que ese gemido fue lo que hizo que Elsa se alejara de ella. Quizás fue lejos al morderla, pero no pudo evitarlo. Moría de ganas por besar a la rubia, por hacerla sentir placenteramente, por hacerla suya.
Anna la amaba.
Elsa era todo lo que Anna amaba en este mundo.
– Anna, ¿por qué te sonrojas? – Mérida sonrió apenas.
Ella suspiro.
– Elsa se lastimo por mi culpa – Murmuró y en un tono aún más bajo añadió – Yo la besé
– ¿Perdón? No te he oído bien –
– Dije que la besé – Dijo con un tono no audible.
– Que… ¿Anna? –
– ¡Yo la besé? ¿Sí? ¡Besé a Elsa! – Anna explotó sorprendiendo a la pelirroja – En el momento en que Elsa quería irse y olvidarse de todo estábamos peleando, o algo así, ella piso mal y fue que se cayó. ¡Elsa esta lastimada por mi culpa!
– Anna… – Mérida guardo silencio, toco el hombro de la rubia y le dio una brazo reconfortante. Poco después observo con una pequeña sonrisa – Estoy segura de que…
– No, no lo digas – la chica alzó la mano deteniéndola – Entiendo. Yo amo a Elsa, me gusta y no lo puedo evitar, pero ella no me ama a mí y aunque también me correspondió el beso eso no significa que yo le guste. Quizás le di pena. Es posible que por pena simplemente me haya besado y bueno, no besa mal, es dulce y delicado, con destreza y sincronización. Fue increíble… pero, a parte de todo eso, Elsa no me quiere porque me pidió que me olvidara del beso y yo no puedo ir a verla. ¿No lo entiendes? Arruine el futuro de Elsa solo por querer hablar, por decirle cuando me gustaba y obligarle a hablar de eso. Ella estará en su cama postrada con una pierna mal y yo… yo no puedo evitarlo
– Anna los accidentes ocurren. No fue tu culpa –
– Ella tuvo un accidente que le costó cinco meses fuera del hielo – Anna murmuró desviando la vista – Este solo le costará dos semanas, más una de descanso sin las vendas. No va a estar lista para el campeonato, de hecho aún estará en cama para entonces y además, joder, Elsa no va a querer verme, seguro que si voy me matará
La pelirroja sonrió – Eres muy dramática. Tal vez deberías ir con Elsa y hablar las cosas más calmadas. Después de todo, no todos los días te enamoras de una patinadora de hielo
Anna sonrió apenas. Un chillido hizo que ambas chicas voltearan la cabeza. En la entrada del pequeño departamento se encontraba Rapunzel con los ojos desorbitados y Anna podía asegurar que la chica había escuchado su conversación. Trago saliva.
– ¿Te… enamoraste de Elsa? ¿Elsa Winter? – Parecía espantada.
Continuara…
