Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?

Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.


Voluntad sobre Hielo

17

La casa de Elsa se encontraba rodeada de reporteros y cámaras, por lo que la rubia se vio obligada a cerrar puertas y ventanas. Los padres de Elsa intentaban echar a aquellos intrusos mientras con fuerza les ladraba Lady, sabiendo que se encontraba frente a una amenaza.

– Odio cuando se enteran de todo – Idunn gruñó cerrando unas cortinas – Deberíamos mudarnos

– Mudarnos no es la respuesta – Agdar sacudió la cabeza mientras terminaba unas tostadas – Le llevaré esto a Elsa

– Estará dormida – Su madre miro el reloj – Ahora que no entrena más le dije que podía recuperar su sueño perdido. Estaba cansada ya que por costumbre se despertó hoy a las cinco. Ya la conoces

El hombre asintió tranquilamente. Al salir de la cocina rodó los ojos pues un par de reporteros alzaban la mirada desde una ventana, el hombre de la casa les cerro las cortinas a los reporteros y le echó llave a la puerta.

– Alguien debió de haber divulgado que vio a Elsa en el hospital – Murmuro Idunn tomando asiento en el sofá. Al tomar el mando de la pantalla y cambiar canales se encontró con una noticia sorprendente sobre el mundial de patinaje y la ausencia de dos patinadoras estrellas: Elsa y Katrina.

– Ya veo. Así que Katrina tampoco va a competir – Agdar se sentó junto a su esposa y suspiro – No me sorprende. Si yo fuera ella preferiría estar con mi hermana en lugar de pasármela patinando

– Y Elsa está lastimada – Murmuró la castaña. El hombre asintió abrazando a su esposa. Sabía perfectamente lo que estaba en la cabeza de su mujer.

El accidente de Elsa que le había costado una competencia hacia ya unos seis meses había sido muy peligroso. Si hubiera pasado un día más seguro que se le habría considerado a la rubia en estado de coma. Idunn no quería recordar nada de ese momento, el infierno que había vivido esperando dos semanas a que su hija despertará, pero le era imposible.

El médico había sido claro con ellos. El pequeño accidente de la rubia no había sido nada grave, salvo por su pierna, ella se encontraba en buen estado y el golpe que se había dado en la cabeza no fue nada peligroso, sin embargo, lo que le impacto más al médico fue que si la chica se hubiera pegado, apenas en la cicatriz que había tenido del accidente anterior, las cosas hubieran empeorado ya que ese accidente fue lo que casi la puso en coma.

¿Era un milagro? ¿Destino? ¿Suerte?

Ni Idunn, ni Agdar lo sabían, pero no importaba porque su hija se encontraba sana y salva aún con una pierna rota.

Ella recostó la cabeza en el pecho de su marido mientras observaba la televisión. Todo estaba sucediendo. Los reporteros aún intentaban obtener alguna toma o entrevista de Elsa, habían conseguido pocas con Katrina ya que alguien que la rubia platinada ella había preferido mantener su intimidad.


Anna se acerco a Rapunzel con una mirada preocupada. La rubia seguía ignorándola por cuanto intento de Anna por hablar con ella hiciera. Incluso Mérida intento ayudar, pero nada resulto. La rubia estaba enojada.

No le importaba en lo más mínimo que su prima estuviera enamorada de Elsa, conocía a Anna demasiado bien como para saber acerca de su sexualidad, pero más que eso, no le importaba porque ella era capaz de apoyarla en todo; sin embargo, el hecho de que todos sus amigos, e incluso los padres de Anna, supieran menos ella le molestaba. Si ella no se dio cuenta, bien, solo andaba distraída, pero que la misma Anna no le contará…

Durante el desayuno, cuando procedió a servirse café, Anna se le acerco con cuidado. Mantenía una mirada severa en su rostro que hacía sentir a la pelirroja pequeña, más de lo normal.

– ¿Podemos hablar? –

– No – Dijo con severidad.

– Rapunzel, por favor. Quiero explicarte –

– ¿Explicar qué? ¿Qué amas tanto a Elsa que la prefieres a ella sobre mí? ¿Qué por eso no me contaste nada? –

– No… yo… – Anna se mordió el labio – Yo quería decirte

– No te creo – La rubia dijo molesta.

– Créeme. Planeaba decirte. De hecho, ni siquiera Elsa sabía hasta… –

– Ahórratelo Anna porque ya no quiero saber – La rubia tomó su taza y se alejó, sin embargo, antes de entrar a su habitación se detuvo – No me molesta el hecho de que te guste, de hecho eso me hace sentir feliz porque tú lo eres… pero no puedo creer que no confiaras en mí para decírmelo. ¿Crees que yo se lo estaría contando a ella? Es cierto que suelo molestarte y todo, pero jamás haría nada que pudiera arruinarte la oportunidad de ser feliz. Y Elsa… ella me parece agradable, es la clase de persona con la cual me gustaría verte salir

Anna suspiro – Nunca quise ocultártelo

Rapunzel la miro seria – Todos lo sabían… menos yo. Soy tu prima. Tu mejor amiga. Tu confidente… y aún así no me lo contaste

– Tienes razón – Anna camino torpemente por la sala y se dejo caer en una silla con la cabeza agachada – Debí contartelo, pero estaba tan pendiente de pasar cada segundo con Elsa. De estar siempre con ella, que olvide que tú eres mi amiga, prima y confidente. Tienes toda la razón en estar molesta conmigo, pero no quiero perderte… ya perdí a Elsa

Rapunzel frunció el ceño, camino hacia la pelirroja y se sentó frente a ella con las piernas cruzadas. Mantenía una postura erguida mientras la miraba seria.

– No pienses que así me darás pena – Dejo la taza en la mesa – Ni que me interesa lo que tengas que decir, pero… ¿qué sucede ahora? ¿Tu eterno romance termino?

– Jamás comenzó – Rió Anna con burla – Elsa está lastimada por mi culpa. Yo la bese y luego le obligue a hablar sobre eso cuando ella no quería

– Bueno, eres imprudente – Anna dijo.

– Lo sé – Sonrió Anna. La rubia sonrió tomando una mano de la chica, le sonrió con cuidado – Escucha, no es que me importe, sigo enojada, pero… deberías hablar con Elsa de una forma más calmada

Anna rió – Tú finges estar enojada

La rubia rió también – Elsa, seguramente solo está… asustada

– Lo está, eso creo – Anna dijo.

– Yo creo… yo creo que deberías estar hablar con ella, pero calmadamente. Ahora Elsa tiene problemas con su pierna y seguramente eres la única que puede hablar con ella –

Anna frunció el ceño – ¿Y cómo lo hago?

– Conozco a alguien con quien puedes hablar para que te lleve a la casa de ella – Rapunzel guiñó el ojo.

Anna frunció el ceño.


Caminaron en silencio dos pelirrojas con dirección hacia el norte de Oslo, caminando justo hacia los hermosos bosques. Ariel guiaba a Anna hacia la casa de su prima después de que la pelirroja acelerada le haya rogado para que lo hiciera.

– Así que… – Habló Anna nerviosa – Elsa y tú son parientes. Eso me sorprende

– ¿Sí? No somos diferentes – Ariel sonrió – Ella es patinadora, en agua congelada y yo nadadora, en el hielo derretido –

– ¿Agua congelada y hielo derretido? – Le pareció irónico los términos y a la vez gracioso.

– Me gusta decirles así al hielo y al agua – Rió Ariel – Es una pena lo que le sucedió. Ella estaba muy emocionada. Realmente quería esa beca más que nada

– Estoy segura de que aún así Elsa podría conseguir algo más – Anna dijo, casi rogando para que su voz no saliera tan suplicante a una respuesta afirmativa.

– Sí, algo así – Sacudió la cabeza – Elsa podría tener todas becas que quiera, mi madre me ha contado eso. Ella y la madre de Elsa como son hermanas hablan mucho. Le ha contado mucho sobre ella y mi madre sobre mí. Sé que Elsa tiene algunas propuestas

– Eso es bueno, aún puede entrar en una buena universidad – Dijo Anna.

– Sí, pero no la que ella quiere – Murmuró Ariel – Hay cientos de universidades, pero ella quiere alguna que le dé la oportunidad de poder patinar, ser una gran patinadora y también entrar en las olimpiadas

– ¿Ella quiere entrar en las olimpiadas? –

– Todos queremos – Ariel rió – Pero no todos son tan buenos como la Reina de las Nieves

– Jamás había escuchado que alguien le dijera así – Anna rió.

– Aquí en Oslo no se le conoce como al Reina del Hielo, al menos no tanto, la gente por lo general se refiere a ella como la Reina de las Nieves – Ariel rió – Me gustaría tener un nombre así

– ¿Serías algo así como, el pez nadador? –

– Sirenita – Ariel rió – Mi madre me llamaba así de pequeña solo porque me fascinaba nadar y finalmente a algunos se les pegó. El nombre de un artista siempre sucede igual, nuestros familiares nos lo ponen y a todos les gusta

– ¿Entonces la madre de Elsa le puso así? – Anna rió.

– No, fue mi madre. Dijo que Elsa había nacido en invierno, le fascinaba la nieve – Ariel rió – La llamó así porque siempre jugaba en la nieve, eso era antes de que Elsa patinara. Cuando comenzó a patinar, nuestra abuela decidió que el nombre artístico que le quedaría bien sería Reina del Hielo

– La abuela de Elsa… – Murmuró Anna. Pensó en las fotografías que había encontrado en la casa de la rubia en New York. Había muchas de montañas y auroras, y una que otra de una mujer mayor con la rubia – Perdón, tu abuela también. Oye, ¿ella es apegada a Elsa?

– ¿Qué si lo es? Wow, que poco sabes de Elsa – Rió Ariel – Eso es lo primero que debes saber de ella. Mi abuela fue la que introdujo el patinaje a Elsa. Ella era patinadora también, solían decirle Creadora del Hielo, solo porque cuando estaba en el hielo patinando ella siempre inventaba las rutinas más hermosas. Elsa tenía siete años cuando mi abuela le enseño a patinar

– ¿Siete años? – Anna se sorprendió.

Ariel asintió – Y ella… Lo siento, no quiero aburrirte con la historia de Elsa

A la pelirroja le gustaba escuchar sobre la rubia platinada. Anna amaba tanto a Elsa que era capaz de escuchar sobre ella todo el día. Elsa era su tema favorito. Su canción rutinaria. Era capaz de escucharla su nombre todo el día y todo el momento.

– No, de hecho… si quiero oír la historia de Elsa – Anna sonrió, sus mejillas se tornaron algo rojas.

– Bien. Como te dije, ella tenía solo siete años cuando mi abuela le enseño a patinar. En principio a Elsa no le gustaba, le gustaba más las peleas con bolas de nieve. Se la pasaba en el suelo. Eso no puedes creerlo, ¿verdad?

– No. Ella patina genial y es imposible verla en el suelo. Me gusta verla en el hielo, es como una verdadera reina patinando. Se desliza con gracia, sonríe con dulzura y siempre se arriesga en las mejores rutinas – Anna sonrió.

Ariel asintió – No se cae. Ha mejorado tanto de entonces por lo que es raro verla en el hielo

– Sí… – Anna sonrió con entusiasmo – Anda, dime más sobre Elsa

Ariel rió suavemente – Bueno, como ella odiaba tanto patinar mi abuela le dijo que entonces pensara en hacer algo más. Esto sucedió un tiempo cuando los padres de Elsa estaban de viaje y ella se quedaba al cuidado de Granny, Elsa le pregunto a que se refería con hacer algo más. Mi abuela le dijo que quería que Elsa hiciera algo en su vida, no solo jugar y ser buena estudiante, quería que destacara en algo. Probaron el piano, el cello, la guitarra, el violín

– ¿Elsa toca instrumentos? – Anna parecía sorprendida.

– Sí. Aprendió los acordes y descubrió una facilidad para entender la música, sin embargo ella dijo que no era lo que quería hacer, no le gusta la música tanto como uno pensaría; y un día ella, creo que estaba en el parque o lo vio por la televisión, no lo recuerdo, pero ella vio a una mujer patinando. Creo que le llamó la atención todo lo que podía hacer en el hielo y volvió a intentarlo. Al poco tiempo después, mi abuela volvió a ayudarle y Elsa le dedico todo –

– Esa suena a la Elsa que yo conozco – Anna sonrió – Es la chica que siempre patina. Esforzada, dando lo mejor de sí e incluso más de lo que puede dar

– Sí, le fascino todo lo relacionado con el patinaje artístico. Elsa iba a la pista de hielo a ver las patinadoras, graba en sus memorias las rutinas, los saltos más difíciles y las vueltas más peligrosas, luego los intentaba en el hielo detrás de la casa de su casa. Al año después, Elsa no tenía problemas al patinar, repetía las rutinas de las patinadoras estrellas y un día Jenn, que andaba perdida, la encontró y al ver lo que Elsa hacía, decidió entrenarla –

– ¿Enserio? – Anna sonrió.

– Sí – Asintió. Justo cuando Ariel iba a contar algo más las dos chicas escucharon un fuerte ladrido. Ambas fijaron la vista enfrente y vieron a un golden retriever adulto ladrarle a un millón de reporteros frente a una casa hecha con troncos. Anna no necesitaba ver dentro de la casa para saber que era la de Elsa, el animal le delato.

– Es Lady – Anna dijo sorprendida.

– Oh oh – Ariel fijo en los reporteros y luego corrió. Anna salió detrás de ella. Lady le ladraba a todos, gruñía y poco más mordía a los reporteros. Los padres de Elsa estaban dentro de la casa todavía.

Ambas chicas se abrieron paso entre la multitud para poder entrar. Ariel le dijo a Anna que se apresurara a entrar en la casa mientras ella tomaba a Lady del collar que traía puesto para poder entrarla en la casa. Anna intento abrir la puerta, pero no pudo y tuvo que golpear con fuerza. Cuando tampoco le abrieron, Ariel prácticamente le dio una patada a la puerta provocando que el padre de Elsa les abriera sorprendido y rápidamente les dejara entrar.

– Lo siento chicas. No tienen ni idea de la locura que hay aquí – Dijo el hombre.

– No te preocupes tío – Ariel sonrió. Lady gruñó aún, a la puerta de la entrada.

– Lady, tranquila – Ariel le acarició la cabeza, pero el animal no se tranquilizo. Volvió su mirada a su tío – Queremos hablar con Elsa, bueno, Anna quiere yo solo la traje

– Oh, eso es genial – La madre de Elsa junto sus manos sonriendo – Elsa ha preguntado por ti ayer. Adelante, puedes ir a verla

Anna miro a la madre de la rubia – ¿Enserio? ¿Solo así?

– Si, solo así – Asintió.

Anna observo la casa de Elsa antes de ir a las escaleras siguiendo la breve instrucción de la madre de Elsa. Todo era tan hogareño y cómodo. Nada igual a la casa en New York.

Subió las escaleras con lentitud maravillándose con la pulida madera, parecía una escalinata de lo hermosa que se veía la escalera. En la pared había varios cuadros, no con montañas y auroras boreales, sino con personas. A Anna le sorprendió ver otro lado de Elsa mucho más sonriente. Al llegar arriba miro el pasillo, era una habitación de cuatro metros cuadrados, al menos eso es lo que pensaba Anna. Había cuatro puertas y una ellas era diferente a las otras. Todas eran de un color café claro, hechas con la madera más elegante, salvo aquella que era blanca con algunos diseños azules.

Anna se acerco a aquella puerta observándola de pies a cabeza. La voz de Idunn volvió a la cabeza de Anna: Solo sube las escaleras y encontraras cuatro puertas, sabrás cual es la de Elsa sin problemas. Y sin duda era esa, esa puerta era de Elsa.

Se mordió el labio mientras su corazón latía con fuerza. ¿Qué hacer? Ella ya había ido a casa de Elsa por lo que no podía echarse hacia atrás, pero qué le diría ahora. No lo había pensado, solo sabía que quería hablar con ella.

Respiro hondo y golpeo la puerta en una melodía suave. Del otro lado nadie respondió, Anna se mordió el labio maldiciéndose por haber tocado la melodía, Elsa la conocía y sabía que solo ella podía ser quien golpeara así.

– Entra – La voz del otro lado hizo el corazón de Anna saltar de golpe. Se aceleró su pulso. Con cuidado tomo el picaporte y lo giro, se adentro en la habitación de Elsa.

Con asombro miro la habitación. La cama se encontraba al costado derecho de forma horizontal. Con un edredón color verde con apenas unos diseños blancos. Frente a Anna había un escritorio con forma de esquina, el soporte era de un fierro plateado y la superficie de vidrio. Era precioso. Había un notebook sobre él. Junto a la cama, pegado a la pared de al lado a Elsa, no en la cual se apoyaba la cama, había un librero con ocho repisas repletas de libros. Anna sabía que Elsa amaba leer, pero pensaba que fuera tan fanática. También había un armario de cristal que dentro tenía trofeos y fotos, medallas incluso. En el buro junto a la cama había una lámpara de noche y una foto enmarcada. Y por supuesto, lo último que Anna noto pero no menos importante, los patines de Elsa colgando de un gancho en la pared.

Anna desvió la mirada con pesar a la rubia que se encontraba en la cama. Elsa no le quitaba la mirada a Anna, metida en sus propios pensamientos. Estaba sentada, en sus manos traía el control del televisor que estaba frente a ella puesto en la pared. Anna se acerco con cuidado.

– Hey – Habló con una diminuta voz.

– Hola – Elsa murmuró también con una diminuta voz.

La pelirroja miro a Elsa de reojo y luego murmuro. Tragó saliva. ¿Qué decía ahora?

– Tu madre me dejo entrar – "¿Eso es lo mejor que tienes, Anna?"

– Eso pensé – Dijo Elsa asintiendo – ¿Qué haces aquí?

– Yo vine a verte, por tu… lesión – Anna miro de reojo a la rubia. No podía ver su pierna porque se encontraba cubierta por el edredón, sin embargo sabía que si Elsa aún estaba en cama entonces no había mejorado nada y bueno, solo el día anterior se había lastimado.

– Bien – Habló con frialdad la rubia. Cambio los canales sin mirar a su amiga. Anna suspiro, le incomodaba el ambiente que estaba rodeándolas a ambas.

– ¿Podemos hablar sobre… lo que pasó? –

– No paso nada. Solo fue un accidente nada más – Elsa dijo sin mirarla.

– No hablo del accidente y lo sabes. Aunque, bueno, siento mucho que por mi culpa estés así –

Elsa dejo el mando y miro a Anna. Se sentía como si algo dentro de ella estuviera resquebrajándose. Pronto rompería si no hacía algo, sin embargo, Anna no podía saberlo.

– Anna… – Elsa habló, se relamió los labios – Escucha yo no quisiera hablar ahora, ¿sí?

– Pero debemos hacerlo. Escucha, necesito que hablemos. No te presionare – Anna dudo, pero finalmente se sentó en la cama mirando a Elsa – Es importante para mí

La rubia miro a Anna, sus ojos. Brillantes, inocentes, suplicantes. Desvió la mirada enseguida y luego volvió a ver la televisión.

– Elsa por favor, hablemos. Yo tengo derecho a saber porque me besaste si dices que no me quieres. Tengo que saberlo –

Elsa se mordió el labio.

– Tengo el derecho de saber que sientes por mí después de que yo te dije que… después de que te dije que te quería. Te quiero. Y quiero saber que sientes por mí –

– Y yo tengo derecho a estar confundida, ¿sí? – Elsa la miro a los ojos. Anna la miro sorprendida – Tú no entiendes, Anna. No lo entiendes

– ¿Y cómo puedo entender si no me dices? Els, por favor… – Anna gruñó – Mira te conozco, tal vez no mucho, pero eso no me impide enamorarme de ti. De hecho, por esa razón me enamore de ti. Eres una persona esforzada y dedicada, alejas a las personas porque alguien te hizo daño, eso lo sé y también sé que en mucho tiempo yo he sido la única persona que logro que te abrieras un poco. Apenas si hablas con mis amigos, que son los tuyos también ahora, pero prefieres estar conmigo porque te sientes en confianza. Yo no sé como ni cuando, solo que simplemente dejaste de parecerme una amiga. Me gustas Elsa, te quiero demasiado y… no lo soporto. No soporto la forma en como me ignoras o quieres que me olvide de la cosa que, tal vez, es la mejor que me ha sucedido… Elsa… por favor, maldición dime algo

La rubia miro a la pelirroja, suspiro y habló, pero en Noruego. Anna levanto una ceja confundida.

– Tú no entiendes nada. No sé que decirte – Elsa sacudió la cabeza – Yo estoy confundida, ¿sí? Dejémoslo ahí

– No – Anna dijo con firmeza. Su tono de voz era bajo, casi en un susurro solo para ambas – No, no quiero. Hablémoslo. Estás confundida, lo entiendo porque, bueno, saliste con un chico y debe ser raro que una chica este interesada en ti, pero yo no te haré daño como él, eso es seguro…

Elsa se burló de la pelirroja. Su sonrisa cargada de sorna hizo que Anna se encogiera disimuladamente.

– ¿Piensas que estoy confundida porque antes tuve un novio y tú eres una chica? – Rió – Eres una tonta. No es por eso y sí tengo todo el derecho del mundo a estar confundida y no querer hablar de eso

– ¿Por qué? –

– Porque… – Elsa tragó – Yo no estoy enamorado de ti

Yo no estoy enamorada de ti.

Yo no estoy enamorada de ti.

Yo no estoy enamorada de ti.

Anna miro en shock a Elsa. La conversación que había sido tan tranquila y pacífica se había vuelto brusca y pesada. Ella no quería oír eso. No podía creer que estaba escuchando eso. Elsa le estaba rompiendo todas las esperanzas que tenía, sin embargo, se negaba a aceptarlo.

– Es mentira – Anna dijo – Me estás mintiendo

– No, es verdad –

– ¿Entonces por qué no me miras? Mírame a los ojos dime que es verdad entonces, dime que no me quieres a los ojos – Anna pidió con vehemencia. Elsa seguía sin mirarla – ¡Dime que no me quieres a los ojos!... ¿Lo ves? No puedes hacerlo porque es mentira, tú me quieres también. Si estás enamorada de mí

– No es verdad – Elsa la miro – De acuerdo, quieres saber, ¿no? ¡No lo sé! No sé si me gustas o no. ¡Vale! Tienes razón, no puedo mirarte a los ojos decírtelo solo por eso. Anna, maldición, la única vez que sentí algo por alguien termine destrozada. La única vez que me enamore de alguien lo perdí todo… tengo miedo y estoy confundida. No puedes obligarme a corresponderte solo para hacerte feliz

– Els, yo… Tienes razón, no puedo obligarte, pero quisiera que… – Elsa la detuvo.

– Te lo dije. No puedo corresponderte, pero tampoco puedo evitar sentirme confundida, es como si sintiera algo por ti. Como te dije, solo una vez me enamore de alguien y aún duele… –

Anna tragó saliva – ¿Te engaño? Yo jamás…

Volvió a reírse con sorna. Anna la miro sorprendida – ¿Engañar? Eso sería lo más ideal, ¿no? Jamás sucedió así. Will no era así – Anna vio los ojos de Elsa empapados – Él me amaba también. Realmente estábamos… enamorados. Había mucho por delante…

– Pero… él ya no… –

– Te equivocas. Un día, en una competencia en Canadá, hace un año y unos meses, él dijo que iría a verme. Yo lo espere y espere, pero nunca llegó… después de ganar la competencia volví al hotel con mis padres, todo estaba tranquilo, ellos querían celebrar… sin embargo sonó el teléfono… – Anna lo vio, se atraganto con sus palabras. Elsa estaba rompiéndose. Era la primera vez que Anna la vio así – Will falleció esa noche en un accidente en bus…

Los ojos de Anna se abrieron de golpe. El chico que Elsa había amado, aquel novio que Anna no conocía y aún así sentía envidia de él… estaba muerto… jamás le engaño… simplemente… murió.

– Yo no sabía... –

– ¿Y cómo podrías? – Elsa bufó – Will era la única persona que había amado, jamás he estado enamorada de nadie más y luego tú apareces, entras en mi vida como si nada y de pronto cosas raras comienzan a pasar. Jen no deja de insinuar que hay algo entre nosotras y tú vienes y me besas como si nada. Entiendo que si al corresponderte pensaste que sentía algo por ti, pero lo cierto es que no sé lo que siento por ti…

Las lágrimas que se habían acumulado en el rostro de Elsa se deslizaron por su mejilla. Anna supo enseguida que se había equivocado mucho. La chica se sentía confundida y no porque anteriormente haya estado con un chico sino porque seguramente el amor que sintió por su novio anterior y por el que siente por Anna deben ser iguales. Debe ser confuso tener sentimientos por una chica cuando de pronto sabes que tuviste lo mismos por la única persona de la cual estabas enamorada.

La vio. Tenía la cabeza agachada y no lo soporto más. Sin pensar, como de costumbre, Anna acerco sus labios a los de Elsa. En un beso desesperado, sintió que Elsa le correspondía. No lo pudo evitar. Los labios de Elsa eran tan deliciosos que no probarlos era un crimen, sin embargo, ahora solo eran suyos. Nadie más podía tocarlos.

A falta de aire separo los labios de los de Elsa, añorando ese calor frío que sentía al besarlos. Un calor que sentía porque el beso era suave y cálido, como una fogata en medio de una tormenta de nieve y frío porque Elsa siempre estaba helada y sus labios no eran la excepción.

La frente de Anna se recostó junto a la de Elsa, ella le sonrió mientras la chica rubia la miraba sorprendida. Entrelazó los dedos sus manos y luego apoyó su otra mano en la mejilla de Elsa, con el pulgar limpio un par de lagrimas y luego acaricio su mejilla.

– No sé que se siente perder al amor de tu vida… Pero sé que se siente estar a punto de hacerlo. Elsa, yo quiero ser tuya, quiero que me ames y no puedo obligarte, es cierto. Tampoco… tampoco quiero que te sientas obligada a darme una respuesta, pero debes saber que yo nunca te dejare. Lo que paso con él… vale, debió ser doloroso, pero yo no te dejaré. No lo haré – Anna sonrió un poco – Me gustas demasiado para dejarte. Ahora entiendo porque tienes miedo de dejar entrar a los demás, temes perder a quien quieres ya se por algo natural o que te deje por su cuenta. Pero yo no quiero… Me dolería si te vas y me dejas. Sé que estás confundida, pero me gustaría que me des una oportunidad, solo una

La besó en la frente y le sonrió Elsa se veía pequeña frente a ella. Era como una pequeña niña. La pelirroja le sonrió con cariño.

– Aún si me dices que no, haré todo por tener esa oportunidad. Lo prometo –

Elsa la miro sorprendida. Los sentimientos se le arremolinaban dentro de ella mientras Anna solo le sonreía. No consideraba nunca la posibilidad de enamorarse de nuevo, aún le dolía saber que había perdido a la persona que había amado, pero seguía sin comprender por qué se sentía así con Anna.

E hizo lo más inesperado.

Con el rostro de Anna tan cerca del suyo, Elsa la beso con delicadeza en los labios. Sorprendiendo a Anna, ella deslizo lentamente sus labios sobre los de la pelirroja. Las mariposas de Elsa revolotearon intensamente. Le daba cosquillas. Sus labios hormigueaban con las caricias de Anna. Era un beso lento, lleno de pasión, pero a fin de cuentas lento. La mano de Anna seguía acariciando la mejilla de Elsa.

Continuara…