Suena el timbre en casa de Escocia, que le da una mirada rápida al reloj por encima de su libro, es un poco pronto. Frunce el ceño dejando de leer y se levanta del sofá bostezando y desperezándose, acercándose a la puerta.
Tocan otra vez el timbre. Dos toques rápidos.
—Ya, ya, joder con las prisas —protesta abriendo la puerta.
—Hace frío aquí afuera, lo creas o no —protesta Francia sonriendo de pie en el linde de la puerta. Trae una bolsa de papel en una mano y un periódico doblado bajo el brazo.
El escocés se sonroja un poco levantando las cejas y tras unos instantes de sorpresa, sonríe.
—La verdad es que yo ya ni lo noto —hace un gesto con la cabeza para que entre, apartándose y abriendo más la puerta.
—Sé bien cuál es la receta para no notarlo... —le pone la bolsa en el pecho, que claramente trae dentro una botella, acercándose a él para darle sus dos besos reglamentarios.
Le pone las mejillas sin más mientras abre la bolsa, más interesado en la botella. Es el mejor cognac que encontró en la tienda local.
—¿Cómo estás?
—Ya veo el problema —tuerce un poco el morro pero cierra la puerta—. Extrañado de verte por aquí —se encoge de hombros.
—Pasaba por aquí... —le sonríe pasándose una mano por el pelo.
—Es un buen lugar para pasar. Acaba de hacerlo hasta la sala —le invita señalándole.
El francés se quita el abrigo y la bufanda del cuello dejándolos doblados en el respaldo de uno de los sofás.
Escocia se va a la cocina a por un par de copas y aprovecha para arreglarse un poco el pelo antes de salir otra vez.
—Pasando a la sala... Ya está —se sienta en el sillón grande cruzando la pierna y mirando a su alrededor —. Mon dieu... Tu casa está exactamente igual a la última vez que estuve aquí.
— ¿Incluso por la sospechosamente vacía botella de whiskey del mueble? Te aseguro que es una nueva, han pasado unas cuantas por ahí desde entonces —asegura sirviendo el coñac. Francia se ríe.
—Lo que no estoy seguro es cuanta GENTE ha pasado por aquí desde entonces, sospecho que no demasiada —sonríe mirándole hacer y acomodándose más en el sillón.
El escocés le mira a los ojos por un segundo y bufa por la nariz, sonriendo un poco. Se acomoda en el sillón y saca su cajetilla de puros, encendiéndose uno.
El francés le lanza suavemente a las piernas el periódico y se acerca a la mesa por su copa.
—Me hiciste reír...
El pelirrojo le pasa la cajetilla por si quiere uno, con el encendedor, mientras mira qué es lo que viene en el periódico y sonríe de lado en lo que parece un gesto de orgullo cuando lee la noticia.
—The free men...
Francia toma un cigarro, mirándole con sonrisa de lado, le saca la punta y lo prende.
—Si quieren volar a mi casa pueden hacerlo directamente, cher...
—Nah, a tu casa no necesitan avión, van nadando —sonríe. Él sonríe de vuelta y levanta la copa para brindar con él.
—Nadar borrachos... Buenísima idea.
—Mejor que sobrios —se encoge de hombros y brinda de vuelta.
—¿Escoceses sobrios? ¿Eso qué es?
—No tengo ni idea. ¿Mitología? —se ríe.
Francia se ríe también, calentando el cognac y disfrutando el puro.
—Sea como sea hace tiempo que tú no vas a visitarme... Si no vengo yo aquí...
—Bueno, ya sabes lo mucho que me gusta pasarme por el sur, suelo quedarme encallado en el encanto de las visitas de cortesía que me van de camino.
Francia suelta una carcajada.
—Visitas a las ballenas, supongo, porque jamás recuerdo que hayas visitado a tu frere sólo por gusto...
—Es que nos queremos más desde lejos —responde dándole una calada larga al puro.
—Lo sé muy bien, no tienes que contármelo —le cierra el ojo dando un trago a su cognac y mirándole fijamente, sin dejar de sonreír—. Un amor profundo, de esos de película.
Escocia suelta el humo leeentamente riendo un poquito con eso. El francés cambia el cruce de la pierna y se pasa otra vez la mano por el pelo.
Los ojos verdes le miran atentamente sin contestar nada porque ya de normal no le gusta hablar de Inglaterra, aun menos con Francia.
—¿Tú como más has estado? Fuera de los reencuentros familiares y perder contra mí en el rugby... —pregunta el rubio con un gesto con la mano y sonrisa malignilla.
—Ah, yes, un buen año... tengo algunos asuntos políticos entre manos que no dejan a mis hombres libres concentrarse en ello. Supongo que en tu caso como nadie soporta a Hollande tienen que distraerse con algo.
—Claaro, claro... Asuntillos políticos que no te dejan concentrarte. Ja! Mis canicas —echa la cabeza atrás con el puro en los labios y le da una laaaarga calada—. No había tenido tiempo de burlarme de ello en tu cara.
—No, son más grandes que tus canicas. Pero te dejaré que te burles tranquilo, pocas veces tienes oportunidad de hacerlo con algo —trago de coñac.
—Vaya, debo sentirme honrado de que me des permiso —sonrisita—, más aún de que recuerdes bien el tamaño de mis canicas.
—¿Hay alguien que no lo recuerde? —movimiento desinteresado con la copa.
—Non, dejé bastante claro hace tiempo que son tremendamente grandes e imponentes —asegura.
—Suena como si necesitaras convencerte de ello —sonríe de lado.
—Hace tiempo que no necesito convencerme de nada. Eres tú el que empezó con el asunto de los tamaños —se encoge de hombros.
—Te aseguro que la jodida independencia de las tierras libres es más grande que nada de lo que hayas tenido nunca entre tus puñeteras piernecitas.
Ojos en blanco aunque sonríe.
—¿Ha quedado para Septiembre, Non?
—Hay bastante que pelear al respecto, alguna gente necia cree que puede enterrar los deseos de la gente en montañas de papeleo.
—La verdad no vengo a hablar de política... Tengo bastante con Espagne y sus provincias que me habla del asunto con bastante frecuencia —sonríe—, sólo te recomiendo que te diviertas de vez en cuando, ya sea con algo entre las piernas o con un poco de rugby.
—No necesito que me digas como vivir ni que meter entre mis bloody piernas... y menos ahora que dicen que a ti se te ha acabado la buena vida —se reacomoda en el sofá mirándole de reojo.
—¿Dicen eso? Vaya, siempre es bueno que hablen de uno en esos temas —sonríe y hace un gesto con la mano, en lo absoluto impresionado con la leve violencia de la respuesta, se echa un poco al frente—. ¿Qué has oído exactamente?
—Que algún insensato que se atreve a llamarte novio como si tú tuvieras dueño.
Francia se encoge de hombros y se ríe.
—Ciertamente no es común que la gente tenga ese privilegio, sensatos o no.
Escocia se da otra calada laaarga al puro sin reírse.
—Y además de ese aburrido tema sobre el gilipollas de mi hermano, ¿Qué te trae aquí?
—Me acordé de ti con esa noticia y luego tu amado hermano me dio otra noticia que me alegró el día así que dije... Demasiadas señales, habrá que ir a ver chupa puros.
—Ah, supongo que te habló de la encantadora iniciativa de mi puñetera señora madre. Toda una delicia —trago de coñac.
—Mais oui! Que pasarán las Navidades con nosotros —sonríe de oreja a oreja—. Me alegra y secretamente agradezco la sensatez de que hayas decidido que fuera la semana de Navidad, sé que Angleterre tiene... Bueno, sabes que nunca lo confesará, pero uno tiene sus medios y vamos a irnos un par de semanas antes a... Bueno, nada que te interese, solo que gracias a esto no hemos de cancelar.
El escocés le mira levantando una ceja porque sabe que Inglaterra no dijo que esos días no pudiera. Se enciende otro puro.
—Asumo que específicamente Angleterre te dijo que no podíamos en esas fechas, yo le dije que no lo hiciera pero... —sonríe —, en fin, en agradecimiento pregunto ¿exactamente que quieren cenar para navidades?
—Pastel de riñones y haggis —pide sosteniéndole la mirada al echar el humo mientras piensa en lo mucho que le jode que se vaya con Inglaterra, pero sabe que las navidades con todos en su casa y los niños le joderan más y si pueden cambiar el viaje para enero, pero Navidad es en Navidad. Sabiendo lo que le gustan las tradiciones al larva.
Francia sonríe un poco sin dejar de mirarle.
—Pastel de riñones será... Lo preparamos cada año —se encoge de hombros—, nada nuevo entonces.
—Los animales domesticados nunca me han gustado, pero sus vísceras es otro asunto —suelta en doble sentido, encogiéndose de hombros. Francia levanta una ceja y se ríe frunciendo un poco el ceño.
—Vísceras... —repite entrecerrando los ojos.
—Bueno, son un desperdicio, pero qué se le va a hacer.
—¿Y vas a llevar a alguien? —pregunta sonriendito un poco malignillo.
—Una puta, quizás ¿quieres una para ti?
Francia se humedece los labios notando el tono agresivillo.
—¿Cómo viste a tu mère? ¿La viste ya?
—Yes, she is lovely like ever.
—Como todos sus hijos —sonríe más y se le acerca un poco, poniéndole una mano en la pierna.
Escocia se tensa y le mira fijamente. A Francia se le acelera el pulso porque siempre se ha metido en estos líos... Sin embargo hoy por hoy los líos estos son más peligrosos que de costumbre.
El pelirrojo le da una calada leeenta al puro, mirándole fijamente, el rubio da un par de palmaditas suaves en su pierna antes de soltarle del todo.
El escocés le echa el humo en la cara. El francés se humedece los labios y nota que hacer esto sin el asunto seductor, es... Muy diferente. Entrecierra los ojos y le mira.
—Entonces... Navidad.
—Me preguntas si quiero cambiar de opinión —le da otro trago al coñac.
—Digámoslo así...
—No.
—¿Innegociable?
—Con tanta insistencia, aun más —sonríe.
Francia se ríe.
—Me alegra que te haga tanta gracia —sigue sonriendo igual.
—El que me hace gracia, Mon amour... Eres tú.
—Siempre he sido bastante payaso, todos los dicen.
—Sobre todo Angleterre, cher... —muere de la risa.
—Bien por él.
Otra vez la mano en la pierna. Otra vez le sostiene la mirada, con sus intensos ojos verdes.
Francia le sonríe un poco en este baile extraño que bailan, haciéndole una suave caricia. Escocia se sonroja un poco, mirándole a los ojos.
—Es una pena que no hayamos podido ponernos de acuerdo —declara con voz suave y tranquila, arrastrando un poco las erres.
—Pensaba que estabais encantados con que fuera justamente el día de navidad —trago de coñac.
—De hecho lo estamos, realmente encantados... Hablaba de la comida —sonríe.
—¿Qué con eso? —sonríe de lado.
Otra manita en la pierna... Un poco más arriba. Él le mira de reojo, poniéndose un poco más nerviosito.
—Sólo estoy seguro de que podríamos ponernos mejor de acuerdo... Non? —sonrisa de anuncio de pasta de dientes.
Otra calada del puro sin responder nada, esperando la propuesta.
—Celebramos el año nuevo, yo sí que hago pastel de riñones y nosotros ponemos toda la bebida...
Escocia le mira fijamente un instante, sonríe de lado y niega con la cabeza, lentamente. La mano sube un poco más en su pierna, leeeentamente.
—Insisto que es una pena...
—¿Por qué? —otro trago, de nervios.
—Seguro lo pasaríamos mejor en año nuevo... ¿Sabes? La Navidad siendo tan familiar y esas cosas tan ajenas a ustedes.
—Nah, será una velada encantadora. Los niños, mis hermanos, mi madre, las putas que les acompañan... —mira la mano significativamente.
Francia levanta las cejas con esto último y le mira a los ojos. Escocia le sostiene la mirada con dureza, dando una calada profunda y soltando el humo en la tensión.
Dos palmadas en la pierna, se extiende a la mesa y pone su copa ahí.
—Es hora de irme —declara.
—Me alegro que te hayas dado cuenta —sonríe, Francia se levanta del sillón.
—Siempre un placer verte, Scotty —asegura acercándose a él para darle el obligado beso en la mejilla.
Se levanta con tranquilidad y le pone las mejillas de nuevo a lo que recibe dos besos en la comisura de los labios, que le hacen sonrojar y apretar los dientes con fuerza. El francés le acaricia la mejilla después del segundo beso y le mira a los ojos.
—Nos veremos... Supongo, en Navidad.
—Hasta entonces —se separa y aparta la cara sin poder evitarlo.
Francia sonríe de lado con esto, le da una palmadita en el culo y se va a la puerta.
—Piensa en mí con el cognac.
—No, thank you, voy a ver el derbi de Glasgow —le sigue.
—Ah, el derbi... Muy interesante, Oui —se pone el abrigo y la bufanda esperando a que le abra la puerta. Él lo hace, encogiéndose de hombros.
—¿Vas a ir caminando? Traje un coche para incredulidad de tu hermano pequeño...
—Voy a verlo en televisión, vendrán los chicos en un rato. Te invitaría a quedarte, pero sé que te importa una mierda.
—Que considerado —sonríe—. Me quedaría si vinieran todos en kilt, tengo una debilidad...
—I'm sorry, but no. No es un evento de gala.
Sonríe.
—Bien, pórtate mal Scotty... —le cierra un ojo y camina hacia el coche.
—Como siempre —cierra la puerta sin más. Cierra los ojos, bufa por la nariz y le espía por la mirilla.
Francia se peina un poco, hace los ojos en blanco y camina hacia el coche contoneando las caderas. Y Escocia se va a dar un homenaje en tu honor en cuanto desaparezcas de su vista, pero... igual acaba de ponerte en el bando contrario.
Francia, nos das taaaaaaanto terror con Escocia ¡No olvides agradecer a Josita su edición!
