Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?
Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.
Bien, he notado que a muchos les ha gustado el fics y debo decirles la verdad ahora mismo o probablemente tendré problemas adelante y no quiero ni enredos ni confusiones ni nada de eso. La razón por la que actualizo tan pronto es porque tengo la historia terminada en mi computador, solo es cosa de subir un capítulo, chequear los errores y actualizar. La historia no la puedo cambiar, excepto en algunas cosas que les hago pequeñas modificaciones, pero casi no es nada. Seguiré actualizando rápido porque ya la tengo terminada y no veo razón para tardar una semana por capítulo...
Voluntad sobre Hielo
18
Anna sonrió mientras cargaba una bandeja con comida hacia la habitación de Elsa. Apenas se detuvo a mirar por la ventana desde las escaleras, los reporteros seguían allí afuera esperando poder obtener una primicia con Elsa. Ella rodó los ojos. No se acercarían a su Elsa, eso lo juraba.
Entro en la habitación de Elsa y se sentó en la cama entregando la bandeja. La rubia le sonrió agradecida mirando la comida.
– Esos reporteros están desesperados –
– Lo sé – Elsa dijo tranquila.
La rubia estuvo por tomar la cuchara para poder comer cuando Anna se la arranco, le sonrió y tomo un poco de comida.
– Anna, tengo fracturada la pierna, no las manos. Puedo comer sola –
– Pero quiero hacerlo. Es mi culpa que tengas la pierna así, quiero ayudarte – Acerco la cuchara con algo de sopa. Elsa arrugo la nariz con un sonrojo, Anna sonreía con brillantes ojos esperando que la rubia aceptara y cuando lo hizo (a regañadientes), sonrió feliz – ¿Ves que no es tan malo?
Elsa suspiro. Anna volvió a darle de comer. La puerta de la habitación se abrió dejando ver a Ariel sonriendo, la muchacha se recargo contra el marco y observo a ambas.
– No lo entiendo. ¿Son pareja o algo? –
La pelirroja no pudo evitar sonrojarse de tal modo que tanto su rostro como cabello fueran uno solo. Por otro lado, Elsa solo estaba tranquila.
– ¿Cuándo se irán? –
– ¿Cuándo responderás? –
– Ariel… –
La chica rió – Tus padres darán una pequeña y minúscula entrevista, no te preocupes. Los van a sacar de aquí pronto
– Ah, eso suena bien – Elsa dijo.
Anna sonrió – Eso es bueno. Ellos me ponen nerviosa a mí. Debe ser incomodo
– Lo es – Elsa asintió.
El teléfono de la rubia comenzó a sonar, las tres chicas lo miraron pero ninguna dijo anda. La mano de Elsa se deslizo por el edredón hasta el buro hasta el teléfono.
Frunció el ceño y respondió sin decir nada.
– ¿Hola? – Dudo.
– Hola majestad –
– Tengo tu número bloqueado – Elsa dijo.
– ¿Sí? – La voz del otro lado rió – Supe lo de tu pierna
– ¿Quién es? – Ariel pregunto. Elsa cubrió el auricular.
– Katrina –
– ¿Katrina? – Ariel susurro sorprendida al igual que Anna abrió los ojos.
Elsa asintió – ¿Cómo…? Ah, las noticias
– Sí – Katrina dijo – Escucha, estaré en Oslo en unos días. Te veré en el aeropuerto
– No puedo caminar – Elsa frunció el ceño.
– Usa muletas –
– Pero… ¿hola? Uhg, me cortó – Elsa dejo el teléfono. La chica parecía confundida por la repentina llamada de su rival en el hielo, sobre todo por el mensaje que le había dejado.
Termino dejando el celular en donde anteriormente estaba y volvió la mirada a Anna que se encontraba sorprendida, le sonrió algo incomoda.
– Bueno, yo venía a despedirme. Aunque ni hablamos, solo pase a ver tu pierna –
– Estará mejor –
– Eso espero. Y… bueno, espero que pudieras competir – Ariel suspiro – Adiós Elsa. Hablamos luego
La chica asintió y luego la pelirroja salió dejando a Anna y a la rubia solas. Elsa suspiro y luego movió un poco su pierna.
– Ten cuidado – Anna dijo.
– Estoy bien – Elsa quito el plato de su regazo y luego se sentó en la cama. Anna tragó saliva desviando un poco la mirada. No solo le molestaba ver la pierna de Elsa envuelta con una venda gruesa sino que se sentía extraña mirando sus piernas desnudas, pues la rubia usaba unos shorts cortos – Necesito solo, tú sabes, dar un paso
– No, Els, te vas a hacer daño. El médico dijo que descansaras – Anna dijo preocupada.
– Estaré bien –
Se puso en pie con cuidado y sonrió con superioridad, Anna se mordió el labio inferior preocupada y cuando Elsa avanzo un poco para luego caerse, ella la atrapo rápidamente.
– Te dije que no podrías –
– Estoy bien –
– No me agrada la idea – Anna suspiro. Miro a Elsa de reojo, se sostenía apenas por los brazos de Anna. La pelirroja recordó que en el hielo, era ella quien debía ser sostenida por Elsa y ahora todo era diferente.
El estómago de Anna se revolvió. Con cuidado sentó a Elsa y fue por las muletas.
– Escucha, solo tienes que descansar dos semanas. No tienes porque apresurarte así – Entregó las muletas.
– No me quedaré de brazos cruzadas mientras allá afuera hay cientos de patinadores practicando –
– Els, no – Anna dijo con severidad – Te quedarás sentada
La chica gimió de mala gana. La pelirroja rió ligeramente. No le gustaba que Elsa tuviera que verse forzada de esa forma, pero si dejaba que ella hiciera algo relacionado con caminar o patinar entonces se lastimaría más.
– Me gustan tus mohines – Anna rió colocando un dedo en la mejilla de la rubia – Te ves adorable con ellos
Elsa desvió la mirada algo sonrojada. Anna rió besándola en la mejilla. No sabía nada en que situación se encontraba con Elsa. Todo lo que sabía era que durante todo el día había intercambiado besos con la chica, incluso algunos abrazos.
Rapunzel le sonrió a su novio mientras bebían café, el chico sonreía tranquilamente tomando la mano de la rubia. Conocía con detalle lo que había sucedido tanto con Anna como con su novia y estaba seguro de que ahora las cosas habían mejorado.
Compartían un momento juntos… y con amigos. Kristoff y Olaf se encontraban jugando al futbolito de mesa y Mérida había estado al teléfono por más de una hora. En cuanto a Anna… solo digamos que desapareció temprano.
– Entonces, esto es estar en Oslo – Eugene rió – Llevamos un mes aquí y seguimos haciendo lo mismo que en New York
– Vinimos a apoyar a Elsa en su competencia, pero ahora… – Rapunzel suspiro – Espero que ella y Anna estén bien
– Lo van a estar – Asintió Eugene – Yo no me preocuparía por eso, pero sí por su pierna
La rubia asintió.
– Supongo que volveremos a New York sin ver la competencia – Eugene sacudió la cabeza – Demonios. Yo quería verla
– Todos… – Rapunzel murmuró.
– Esto es aburrido – Elsa gruño cruzándose de brazos. Anna sonrió divertida por unos instantes y luego volteo a ver a Jennifer que se encontraba vagando sola por el nievo, de un lado a otro, con la mirada más tediosa y decaída que podía existir.
– ¿Por qué hace eso? –
– Está pensando – Elsa murmuro – O al menos eso nos hace creer
– ¿Nos hace creer? – Anna rió.
La rubia levanto la mirada pues por primera vez estaba viendo a Anna hacia arriba porque se encontraba sentada en una banca mientras su entrenadora parecía realmente molesta deslizándose de un lado a otro en el hielo.
La madre de Elsa sonrió acercándose a ambas chicas, la mesa de madera que había y en la que estaban Anna y Elsa se encontraba con un tazón de comida y la mujer mayor dejo una bandeja con algunos vasos y una jarra de jugo. Anna sonrió agradecida y tomo asiento junto a Elsa.
– Me parece que ella quiere que pienses, Anna, que está pensando en una solución para el accidente de Elsa – Idunn sonrió.
– Pero todo lo que está haciendo es maldecir en Noruego internamente. ¡Dritt! – Elsa rió. La madre de la chica sacudió la cabeza antes de regañarle por el vocabulario. Anna miro confundida a ambas.
– *Shit, dette kan ikke skje. Både av hva vi har jobbet...– Anna frunció el ceño.
– Es noruego – Elsa dijo ante la confusión de Anna. La pelirroja asintió tranquilamente y luego vio a la entrenadora de su novia (?), amiga (?) Ni siquiera sabía qué tipo de relación mantenía con Elsa. Eso era algo de lo que debía hablar.
– Tengo una idea – Se acercó – Esto haremos, tú te amputaras la pierna y te pondremos una prótesis. Así podrás patinar
Los ojos de Elsa se abrieron sorprendida y alarmada – ¡No!
– *Gud – La madre de Elsa sacudió la cabeza con resignación – Jen, ¿no tienes una idea menos… tú sabes, que no incluya cosas así?
– No – La mujer se dejo caer en una silla – Estoy en blanco. Si Elsa logra mejorarse en dos semanas entonces estará bien, pero aún así no será capaz de patinar
– Podré patinar – Elsa dijo – Tendré una semana para ponerme al día
– Aún así, una semana… tienes que tomar las cosas con calma. Tu pierna no lo va a resistir. Si intentas saltar… bueno… podrías caerte, no va a soportar tu peso –
– Pero practicare. Para cuando llegue la competencia… – Elsa dijo, se mordió el labio y Anna sonrió tomando su mano y entrelazando sus dedos.
– Sé que es importante para ti, pero por favor tómalo con calma –
La rubia suspiro un poco y Anna sonrió. Jennifer observo a ambas chicas con los ojos entrecerrados como si se tratase de un secreto enfrente de ella, poco después sonrió maliciosa y ante la mirada atenta de la madre de Elsa se encogió para fingir inocencia.
– Supongo que no participare – Elsa bufó.
– Yo pienso que es lo mejor, Els – Anna sonrió con tristeza.
La rubia sacudió la cabeza apretando la mano de Anna con fuerza – Entonces por qué siento que no es suficiente
Hubo un silencio que rodeo a las cuatro. Todos mirando a Elsa con compasión y empatía. La chica no miraba a nadie, su vista estaba en la mesa en algún punto fijo.
No era capaz de pensar en nada más debido a que tanto su pierna como cualquier otra esperanza estaba pérdida. Ella sabía que si no había nada que pudiera hacer, al menos nada coherente, entonces nada valía la pena. Esos entrenamientos. Las faltas de sueño. Los regaños de algunos profesores. Todo por lo que tanto había trabajado se venía abajo en un solo segundo.
La puerta del departamento de las chicas se abrió de pronto y tanto Rapunzel como Mérida despegaron su vista unos segundos de su juego para voltear a ver a la recién llegada.
Cabizbaja y mojada, Anna entró en el cuarto pensando en lo que había sucedido. La mirada derrotada de Elsa seguía plantada en su mente como si fuera la única cosa que existiera en el mundo. No le importaba haberse venido caminado desde la casa de Elsa, no le importaba que fuera estuviera lloviendo y pudiera pescar un resfriado. Solo le importaba Elsa. Solo su Elsa.
– Wow – Rapunzel dijo sorprendida – ¿Olvidaste llevar un paraguas cuando saliste de aquí o te lo has dejado en la casa de Elsa?
– La primera – Anna murmuro quitándose la chaqueta. Al dejarla colgada sobre una silla, su mirada se perdió unos minutos y luego suspiro.
– Anna, ¿qué sucede? – Mérida pregunto.
La pelirroja se acerco a ambas tomando asiento, les sonrió forzadamente y luego sacudió la cabeza al notar que no podía.
– Entiendo… Elsa aún no quiere hablar contigo, ¿verdad? – Rapunzel dijo con comprensión – Está bien, no te preocupes, ella tal vez solo necesita tiempo
– No se trata de eso – Anna dijo – La pierna de Elsa… Ella no puede patinar
– Eso supusimos – Mérida asintió.
– Chicas… esto sin duda es mi culpa. Si yo no la hubiera presionado tanto entonces ella jamás se habría lastimado – Anna sacudió la cabeza – Es mi culpa que Elsa esté así. Dios. Siempre tengo la culpa de todo, como aquella vez en el parque de diversiones cuando Olaf y yo fuimos a la montaña rusa pero antes de subirme tenía hambre así que le dije que fuéramos a comer y cuando nos subimos Olaf vomito porque se sentía mal. Siempre tengo la culpa… y ahora, ahora no solo le costado una competencia a Elsa, sino toda su carrera
Mérida y Rapunzel intercambiaron una mirada sonriendo con compasión, ambas tocaron los hombros de Anna mientras ésta se quitaba un par de lágrimas que habían caído de sus ojos a sus mejillas.
Se sentía como una tonta. Siempre pensando en ella y no en la rubia. No había pensado jamás que por su insistencia Elsa terminaría lastimada. Todo era su culpa. Su culpa y de nadie más.
– Oye – Mérida habló con un tono suave – No es tu culpa porque no sabías que podría lastimarse. Ninguna de ustedes dos lo vio venir
– Es verdad. Si Elsa no te culpa de esto entonces no te culpes tú misma – Rapunzel sonrió – ¿Sí? Anna, tal vez el resultado de esa noche no fue lo que alguien quería. Tal vez Elsa este lastimada por un descuido, pero no tienes la culpa
– Pero… –
– Nada de peros – Siguió Rapunzel – No sé que piense Elsa, pero sé que no te culpará así como todos los demás. Ella andaba con los patines en un lugar peligroso y por la prisa no vio venir lo que sucedió. Llámalo destino o mala suerte, como sea, fuera lo que fuera, no es culpa de ninguna de las dos. Elsa no tiene la culpa de lo que paso y tú tampoco…
Anna asintió lentamente y luego suspirando sonrió un poco. Después de que un corto tiempo en silencio pasara, Rapunzel se mordió el labio mirando a Anna de pies a cabeza, finalmente no pudo más.
– Dios. Dime, ¿qué sucedió contigo y con ella? –
– ¿Sobre…? –
– No te hagas. Sé que sabes de que hablo – Rapunzel le guiñó el ojo – ¿Hablaron? ¿Ahora están saliendo o qué?
– Nosotras… – Anna dudó – No lo sé. Hablamos, sí, pero… no sé a que hemos llegado
– ¿De qué hablas? – Mérida cuestiono.
No pudo evitar sonrojarse – Hablamos sobre lo que sentimos. Ella me contó la historia del novio, ya saben, ese del chico que supuestamente la había abandonado
– ¿Supuestamente? –
– Sí, está muerto, pero esa no es la cuestión – Anna dijo despreocupada – La cosa es que no tengo ni idea de a que hemos llegado. Elsa… ella… Dios, ella es increíble y besa increíble también
Las dos chicas rieron.
– Ya, pero enserio, esos detalles luego, ¿en que quedaron? – Mérida pidió.
– No lo sé. Después de que… bueno… nos besáramos, nosotras hablamos un poco sobre otra cosa. Le pegue por accidente a su pierna, me disculpe con ella y luego comenzamos a hablar sobre la pierna. Elsa no parecía molesta en ese momento, luego su madre me pidió que llevara una sopa y cuando estaba comiendo alguien llamo, Elsa respondió después sus padres dieron una pequeña entrevista solo para alejar a los reporteros. Salimos al jardín, Jennifer había ido. Ella quería amputar la pierna de Elsa y ella no le dejo. ¿Pueden creerlo? Eso es una locura, es decir, las piernas de Elsa son su vida ya que con ellas patina. ¿Cómo sería que una patinadora tuviera una prótesis? Sería raro y además no es la cuestión porque Elsa finalmente se dio por vencida. Dios. Eso es mi culpa. Yo la quería y no quería que se lastimara por mi culpa. Eso me hace sentir horrible. Elsa no tiene la culpa de salir lastimada
Tanto Rapunzel como Mérida rieron ligeramente ante las divagaciones de la chica. Mérida le dio un ligero empujón y Anna sonrió, devolvió el empujón y luego golpeó a Rapunzel con una almohada. Las tres chicas rieron entrando en una pequeña pelea de almohadas.
Por fuera del hotel la lluvia caía intensamente sobre el manto de nieve. No habían copos cayendo del cielo sino agua y no congelada. Era un clima extraño, pero no importaba.
Después de la tormenta siempre sale el sol.
Habían pasado apenas tres días desde que Elsa se había lastimado la pierna, caminaba con la ayuda de unas muletas y su paso se había hecho más lento que de costumbre. En las calles solía encontrarse con reporteros y al no poder escapar la chica se veía obligada a dar una pequeña conferencia, Lady siempre a su lado ladrándole a cualquiera que le intentara hacer daño.
– Es una pena lo que ha sucedido, pero por otro lado ve el lado positivo: tendrás un descanso – La abuela de Elsa sonrió tranquilamente mientras se acercaba a la mesa en donde su nieta la miraba tranquila, dejo un par de tazas y sirvió algo de té.
– Eso no me hace sentir tan bien como crees –
La mujer rió – Cariño, no todo en la vida es patinar
– Pero… –
– Y te lo dice una patinadora – Elsa rió ante la sonrisa de la anciana – Ahora tendrás tiempo de hacer cosas que antes no podías por andar practicando, como por ejemplo dormir
– Sí – Elsa rió – Adoro dormir
La mujer sonrió – Salir con amigos. ¿No me habías contado que un grupo de chicos vino contigo en el avión? Puedes intentar salir con ellos, cine, mall a cualquier lugar donde tu pierna te lo permita
– Seguro – La chica bebió de su taza de té
– También, puedes pasar tiempo con tus padres. Hace mucho que no los veo a los tres hacer cosas juntos
– Desde que mamá volvió aquí se la ha pasado en reuniones, si no fuera por el accidente que tuve ella jamás se habría quedado en casa conmigo –
– Lo sé. Ahhh… Idunn – Bebió algo de té – ¿Qué me cuentas desea chica, la pelirroja?
– ¿Anna? – Elsa levanto una ceja – ¿Qué hay con ella?
– No lo sé, dime tú – Sonrió – Con que Anna, Agdar me ha contado que siempre está contigo. ¿Hay algo que no sé?
– Eso depende de a qué te refieras – Elsa se rasco el brazo con nerviosismo. La mujer sonrió asintiendo – Las cosas con Anna son… extrañas
Asintió – No sé qué ha ocurrido, pero sé que algo ocurrió relacionado con ella
– ¿Cómo puedes estar segura de que no es solo por mi pierna? –
– Porque te conozco mejor que nadie – Le guiñó el ojo.
Elsa suspiro.
– Granny… –
– Elsa, de verdad no pienses así. Puede que te pierdas el mundial del patinaje, ¿y qué? Eres joven, tienes muchas competencias por delante –
– ¿Qué hay de las becas? –
La mujer se puso en pie riendo – Si esas personas necesitan verte en una competencia como el mundial para ofrecerte una beca para patinar en cierta universidad entonces no vale la pena… porque todos saben de qué eres capaz. Te conocen en muchas partes del mundo, has patinado hermosamente desde que tenías siete años y un nombre como Reina del Hielo o Reina de las Nieves no es posible de olvidar
– Gracias – La ojiazul sonrió.
La mujer asintió. Ambas se sonrieron tranquilamente y de pronto los ladridos de Lady llamaron la atención de ambas. Elsa tomo las muletas intentando ponerse en pie para acercarse a una ventana. La perra se encontraba afuera ladrándole a una ardilla. Elsa rió sacudiendo la cabeza.
– Algunas cosas nunca cambian – La anciana dijo sonriendo – Y ahora me dirás qué hay con ésta Anna...
Elsa abrió los ojos sorprendida, el aliento se le cortó por un instante, su pulso se acelero y su corazón saltó emocionado.
El avión de las doce apenas había abordado en Oslo. Muchos reporteros se encontraban listos con cámaras y libretas. La multitud comenzó a salir y entre ellas una joven de cabello negro atado en una cola de caballo, unos lentes oscuros cubriendo sus grises ojos y una ropa de invierno. Era reconocible a la vista de todos. Alterados, los reporteros corrieron hacia la chica que solo desviaba la vista y se cubría con una mano para evitar aparecer en las fotos. Junto a ella un hombre vestido con una polera negra y unos tejanos se encontraba de brazos cruzados. Gruñía ante las cámaras que hostigaban a la pelinegra.
– Esos tontos. Deberían dejarte tranquila –
– ¿Por qué tienes que ser así? – Sonrió tranquila – Solo son reporteros
Ambos se acercaron a la cinta en donde se encontraba su equipaje. Al tomarlos, la pelinegra le sonrió. Era alto, mucho más alto que ella y de hombros anchos.
– Yo iré a ver a su Majestad, ¿qué harás? –
– Preparar tu rutina – Dijo con seriedad – Nos veremos en el hotel
– Está bien – Asintió la chica.
Al separarse ambos, ella se dirigió tranquilamente hacia la salida del aeropuerto, aún seguida de los paparazzi que no le quitaban la vista. Apenas sintió el helado viento contra su rostro una sonrisa se dibujo. Frente a ella, apoyada en un automóvil color cobre se encontraba una rubia de ojos azules usando un gorro de lana y ropa invernal, su cuerpo se apoyaba en dos muletas mientras su pierna derecha estaba flectada y vendada.
Al ver a la rubia, los reporteros se volvieron más locos aún de lo que ya estaban. Tomaban fotos de todo. Grababan cada detalle. Las sonrisa desafiante en ambos rostros de las chicas. La ansiedad que se sentía en el aire. Esa sensación de saber que algo importante estaba sucediendo.
– Buenos días, majestad –
Continuara…
Traducción:
* Mierda, esto no puede suceder. Tanto por lo que hemos estado trabajando...
* Dios
