Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?

Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.


Voluntad sobre Hielo

19

Elsa sonrió por el espejo retrovisor a la patinadora que se encontraba en el asiento trasero. Conduciendo se encontraba su madre notando cierta rivalidad intensa en ambas chicas. No dijo nada. No había nada que decir de todos modos.

Idunn condujo por las calles unas cuantos minutos que se hicieron hora hasta llegar aun semáforo en rojo. Su hija sonreía tranquilamente.

– ¿Dónde? –

– En la pista de hielo – Elsa respondió con naturalidad. La ceja levantada de Idunn daba a entender a Elsa que la mujer pensaba que ella tenía planeado entrar al hielo aún con su pierna fracturada, sin embargo no se inmuto para decirle lo contrario.

Al poco de haber dejado a las dos chicas en el lugar que le habían pedido, el adulto se dirigió a una reunión importante con sus hermanos. Elsa observaba el auto alejarse y no mucho después de que desapareció de la vista miro a la pelinegra, con un solo movimiento de cabeza ambas se adentraron en el lugar.

– Así que… – Elsa comenzó – ¿Por qué?

– Yo sé sobre tu lesión y tú sabes mi problema. No te sorprendas – La pelinegra dijo mientras ambas tomaban asiento en unas butacas. En el hielo se encontraban varias personas divirtiéndose. Muchos intentando aprender a patinar, otros ya sabiendo y otros simplemente disfrutando aún si se caían.

Ambas chicas se encontraban sentada en la última fila por lo que podían ser reconocidas con facilidad, sobre todo cuando no había mucha gente sentada en las butacas. Elsa sonrió paseando la mirada por el local.

– Vas a patinar, ¿verdad? –

– No planeaba hacerlo, Alice me pidió que lo hiciera –

– Alice, eh. Que lindo nombre – Elsa sonrió – Si pudiera patinar…

– Eso es interesante, ¿sabes? ¿Cuánto tiempo tardará? –

– Dos semanas. Después de la segunda ya debería estar caminando sin muleta, pero nadie cree que esté lista para el mundial – Elsa suspiro.

La muchacha torció los labios mirando fijamente el hielo. Sonrió de a poco – Entonces más vale que te esfuerces porque yo quiero verte allí. No volé desde Canadá solo para verte sentada en la butaca

Elsa sacudió la cabeza. La pelinegra suspiro.

– No pensaba patinar. Mi hermana me dijo que en lugar de pasarme el tiempo con ella debería estar allí, en el hielo, donde más destaco. Acepte y luego me enteré de tu accidente, vine antes solo para hablarte y decirte que más vale te mejores y patines con todo porque si no lo haces soy capaz de arruinarte –

– ¿Es una amenaza? – Elsa dijo con sequedad.

– Es solo una advertencia – Le guiñó el ojo. La rubia suspiró – Yo sé que si te lo propones lograras estar lista. Te conozco y por lo que he visto eres mejor de lo que todos piensan

– En el hielo… nosotras destacamos, pero no por los aplausos o por una rutina, sino por la pasión que ponemos en lo que hacemos – Elsa asintió seria.

– Sí. Supongo que es lo mejor de todo. Ser uno con el hielo –

– Ser uno con el hielo –

Al observar a una chica dar un salto y caer mal, ambas torcieron los labios con seriedad. Cada una en sus propios pensamientos, hasta que Elsa soltó una risa con sorna.

– Pero te vas a arrepentir de querer que yo participe, porque el oro es mío –

– Ya lo veremos. Nosotros arreglamos nuestros problemas en la pista, no fuera de ella –


Tres chicos y tres chicas. El grupo de Anna se encontraba en una pequeña cancha jugando basquetball a la intemperie. Los chicos ganaban por un punto. El frío había calado todo el cuerpo de los jóvenes, sin embargo el ejercicio había bastado para que todos sintieran calor y aunque había algo de nieve en algunas partes de la cancha, eso no importaba porque seguían jugando como si nada.

– ¡Vamos Anna, encesta! – Rapunzel Alzó la voz.

La pelirroja boteo la pelota y en cuanto se encontró con el aro enfrente de ella, la lanzó rogando porque esta vez si entrara y entró. Dio un salto emocionada chocando los cinco con Mérida y luego miro a sus amigos que sonreían confiados aún.

– Apenas empatamos. El siguiente se lo lleva todo y si ustedes pierden invitan el helado – Olaf dijo con una sonrisa.

– Yo creo que ese helado lo invitarán ustedes – Rapunzel rió.

El tiempo era la clave en ese momento tan intenso. Anna tenía el balón, luego Mérida, luego Olaf se lo quito y se lo paso a Eugene que corriendo a toda velocidad logro encestar causando que las chicas se quejarán. Los tres chicos aplaudían con una sonrisa victoriosa mientras las chicas no hacían más que quejarse. El partido había terminado.

– ¡Ah, la victoria es dulce, literalmente! – Kristoff rió.

– Joder – Mérida rodó los ojos – Ahora hay que pagar helados

– Como son ustedes seguramente pedirán los más caros – Anna se quejó también.

Los seis chicos se dirigieron a tomar sus cosas cuando Anna reviso su teléfono. Había dejado varios mensajes a Elsa y no los había respondido aún, sin embargo le aparecía que ya los había visto. Pensó que tal vez la rubia la estaba ignorando. No estaba segura.

Seguía sin entender mucho su relación con ella, todo lo que sabía era que Elsa no se oponía a cuando Anna la tomaba de la mano o incluso le besaba la mejilla, pero si se le notaba algo incomoda, lo que le molestaba a Anna. Elsa no le daba ni una sola pista de qué relación mantienen y eso le frustraba.

– ¿Qué sucede? ¿Problemas en el paraíso amor? – Kristoff rió.

– No digas eso. Y no, no hay problemas, solo Elsa que no me ha respondido –

– Anna, ¿quieres dejar a esa pobre chica? Dale su espacio. El espacio es fundamental en una relación – Eugene dijo con un tono sabio. Rapunzel levanto una ceja antes de darle un codazo – Por otro lado, querer saber todo sobre tu pareja es lindo porque te hace ser atento

– Mucho mejor – Aprobó su novia.

Anna sacudió la cabeza – No estamos en una relación

– ¿No? – Olaf se quito el sudor de la frente con una toalla pequeña. Estaba sentado en una banca observando a Anna – Yo pensé que sí

– Es decir que no lo sé. Elsa… ella dijo que necesitaba tiempo para aclarar lo que sentía y por otro lado a veces siento que ella… bueno… me trata como si estuviéramos en una relación, rara vez lo hace, pero la cosa es que lo hace y yo siempre lo hago – Anna dijo suspirando – No sé que pensar

– ¿No has pensado que tal vez ella se sienta incomoda? – Kristoff dijo bebiendo un poco de agua, sonrió – Ella es una patinadora famosa

– ¿Y? – Mérida pregunto.

– ¿Soy el único que piensa aquí? – Kristoff suspiro, apunto a Anna momentáneamente mientras hablaba – A lo que me refiero es que tú dijiste que Elsa había estado en una relación difícil porque el chico al que amaba había fallecido y ella quería pensar porque sabía que había algo extraño sucediendo contigo, ¿cierto?

– No lo dije así, pero sí – Se cruzo de brazos intrigada.

– Bien, ¿qué tal si Elsa realmente siente algo por ti pero no quiere demostrártelo por las cámaras? – Pregunto sonriendo. Todos lo miraron intrigados y él chico se explico – Piensen, las cámaras se han comido a Elsa desde su accidente, hace tres días que no la dejan tranquila ¿y si se enteraran de que está en una "relación" con alguien? ¿y más aun, una chica? Se la comerían viva. Ya es difícil para ella lo de su pierna, no necesita a la gentuza queriendo saber sobre su vida privada

– No lo había pensado así – Rapunzel considero.

– Pues claro que no – Kristoff se burló – Ahora vamos, quiero un helado doble

– Sí. Yo también – Olaf sonrió de oreja a oreja.

Anna miro una vez más la pantalla de su celular pensando en lo que Kristoff había dicho. Tal vez era cierto y Elsa solo quería mantenerse alejada de la farándula, por eso no le había dado demasiadas muestras a ella de que es lo que quiere.

– Tal vez Kristoff se equivoca – Murmuró Rapunzel con una mano en el brazo de Anna, ella la miro – Dijiste que ha pasado por un momento difícil. Imagino que sí está confundida y lo que dijo Kristoff, es posible que ni ella haya pensando en eso

– ¿Tú crees? –

– Solo tienes una forma de saberlo – Sonrió – Ahora vamos que hay que pagar helados

– Tenemos mala suerte – Anna asintió riendo.

El pequeño grupo de jóvenes se dirigió hacia una tienda en la cual podían comprar tanto helados como otras cosas para comer y mientras compraban los helados Anna envió un mensaje más. Le sorprendió encontrar una respuesta acelerada para todos los mensajes que había dejado, sonrió luego de pagar e ir a sentarse.

Estamos comiendo en, uhm, creo que algo de espacial, ¿quieres venir?
~Anna.

La comida que las chicas habían pedido había tardado un poco, para entonces Anna logro convencer a Elsa, casi sobornándola, de ir con ellos a aquel local. Sabía que iba a tardar debido a su pierna, pero no le importaba. Elsa vendría.

"Tenemos mucho que aclarar. Tal vez podremos caminar juntas mientras hablamos."

Al poco de haber recibido el pedido la sonrisa de Anna creció más cuando vio a la rubia entrar en el local. No fue su pierna lo que hizo que Anna sintiera el corazón encogerse, sino el hecho de que la misma Elsa, su Elsa, se encontraba acompañada de una chica. Era pelinegra de ojos grises. Elsa le dijo algo antes de separarse de la chica.

– Elsa – Anna sonrió.

– Hola – La rubia sonrió.

Anna lucho contra las ganas de besar a la rubia y le guió hacia la mesa en donde estaban todos.

– Ven, aquí – Kristoff había ofrecido el asiento que ella acepto con amabilidad.

– ¿Cómo te sientes? – Preguntó Mérida con amabilidad. Elsa asintió en respuesta sencilla que sonaba como un: bien.

– Entonces, ¿cuál es el plan? – Olaf pregunto llamando la mirada atónita y la atención confusa de todos, él solo rió – Vamos, no te quedarás así, ¿o sí?

– De hecho, tengo prohibido acercarme al hielo… mi madre me quito los patines porque teme que me los vaya a poner con la pierna mala – Dijo Elsa bufando.

– Lo siento – Anna dijo conteniendo una sonrisa. No lo sentía realmente. La verdad es que ella también tenía miedo que el lado terca de Elsa saliera a relucir y volviera a lastimarse usando los patines como si no estuviera herida. ¡Gracias a Dios, Idunn!

– Lo que sea – La rubia gruñó.

– Oh vamos, no tienes que enojarte así – Anna dijo con ternura – Es mejor, así no saldrás tan lastimada

La rubia rodó los ojos causando que Anna se preocupada, ¿realmente le incomodaba el cariño que la chica le prestaba o era que estaba más molesta por lo que sucedió?


Una sonrisa en el rostro de Anna se encontraba reluciente mientras caminaba al lado de la rubia, sus amigos por delante de ella y ajenos a lo que ambas chicas hablaban, hasta que de pronto ambas quedaron en silencio.

– Uhm, Els – Anna murmuró. Jugó con sus manos mientras caminaba junto a la rubia que apenas podía caminar con las muletas por lo que estaban bastante alejadas de los demás. Elsa la miro tranquila y luego la vista enfrente para seguir caminando, dando a Anna a entender que podía seguir hablar – Verás, hay algo que quiero saber

– Seguro, ¿el qué? –

– Bueno… – Y no alcanzó a terminar pues los ladridos de Lady llamó la atención de Elsa. Anna observo la casa de la rubia, completamente despejada de reporteros y sonrió al ver al cachorro jugar.

– Bien majestad, le hemos traído a su gran palacio tras seguir sus instrucciones – Olaf dijo con un tono cortés.

– Oh, gracias – Elsa sonrió.

Anna se mordió el labio sabiendo que ya había perdido la oportunidad de hablar con Elsa. Una vez que la rubia se despidiera de los demás procedió a entrar en la casa. Anna la observo. La puerta de madera bien labrada con elegantes diseños tallados se burlaba de ella, pues Elsa estaba dentro y no fuera.

Tragó saliva.

No se quedaría con la duda.

No lo haría.

– Chicos, adelántense al hotel. Tengo que hablar con Elsa – Anna dijo y todos los chicos le había guiñado un ojo solo para dejar que la rubia se acercara sola a golpear la puerta.

La puerta tardo en abrirse, demasiado, pero era comprensible. La sorpresa en el rostro de Elsa no se dejo pasar para Anna, ella solo rió antes de entrar sin ser invitada. Se mordió el labio inferior y miro a Elsa.

– Yo realmente necesito hablar esto contigo –

La rubia solo se encogió de hombros cerrando la puerta y caminando con cuidado hacia el sofá – Habla

– Verás… – Anna tragó saliva. No había notado lo difícil que sería preguntarle a Elsa en que tipo de relación se encontraban.

– Veo – Elsa rió ligeramente.

Todo dentro de Anna temblaba, era una suerte no poder verlo. La pelirroja se sentó junto a Elsa, mirándola directo a los ojos, armándose de valor. Pero Dios, esos ojos azules hielo que siempre la miraban buscaban una forma de calentarle el alma. Trago saliva.

– Mira, Elsa, quiero saber… bueno… tú sabes, sobre… nosotras… es decir, no como tú y yo de modo individual, sino como tú y yo de forma romántica. No es como si nosotras tuviéramos algo, pero es raro, yo te dije como me sentía… ya sabes, me gusta que cuando me ves es como si el mundo desapareciera para ti y por supuesto para mí porque encuentro que tus ojos azules son verdaderamente hermosos y ese aroma a violetas que siempre se desprende de ti es embriagante… tú… tú eres hermosa y me gusta. Creo que me voy del tema – Ocultó su rostro en sus manos, completamente sonrojada – Dios, que vergüenza

Escucho la suave y melódica risa de Elsa. ¿Se estaba riendo de ella? No le sorprendía si siempre estaba haciendo el ridículo. Tal vez Elsa no debería andar con ella porque Anna podría dejarla en ridículo y eso sería malo, sobre todo debido a que Elsa es una patinadora.

Sintió una suave y delicada mano recorrerle por el brazo hasta el rostro obligándola a levantar la mirada. Elsa sonreía apenas a Anna.

– Yo sé que me dijiste que necesitabas tiempo para pensarlo, pero… no lo sé. Yo quiero saber qué estamos haciendo juntas. Quiero saber si tenemos algo más que solo algunas miradas, intercambio de ellas, tú sabes cuando te encuentro mirándome y desvías la mirada o cuando lo hago yo y en lugar de quitar la mirada nos quedamos mirándonos un tiempo en que todo parece desaparecer para nosotras salvo las dos – Volvió a divagar Anna.

Elsa volvió a reír.

– Yo dije que necesitaba tiempo para pensar porque estaba confundida – Dijo con suavidad – Es verdad, pero… con todo lo que ha sucedido no he tenido tanto tiempo para pensar en nosotras

– ¿Sí? – Anna la miro decepcionada.

– Anna, no es sencillo – Elsa murmuró desviando la mirada – Lo que sucede contigo es raro. Yo jamás me había sentido así salvo por una persona. Es raro pero de cierto modo… no lo sé, agradable

La pelirroja asintió – Te quiero y puedo esperar, pero, me confunde lo que haces. A veces me dejas besarte tranquilamente y en otras ocasiones te molesta que me acerque demasiado. No sé si me das permiso de ser tu… lo que sea… o simplemente realmente no sabes que hacer

– Tal vez es que no sé que hacer – Elsa susurró. Al ver a Anna allí sentada y suplicante, sintió como su estómago le hormiguera. Le sonrió apenas – Mira, necesitaría algo más de tiempo para pensar bien que hacer, pero… tal vez podamos, intentarlo… tú sabes, eso de ser pareja

– ¿Sí? – La sonrisa ancha de Anna hizo que Elsa apenas sonriera – Nada me haría sentir mejor, pero…

– Tranquila – Anna sonrió al ver que su entusiasmo tenía a Elsa divertida. Sin pensar nada más se acerco a la rubia lentamente. Su aliento chocaba contra el de Elsa y podía sentir a la rubia nerviosa. Se sentía que la rubia temblaba un poco y no sabía si era de placer o no. Sonrió apenas y luego cerró el espacio entre ambas.

Cada vez que besaba los labios de aquella rubia platinada se sentía como si el mundo fuera suyo y de nadie más. Sentía que tuviera tanto poder, pero más que eso sentía que estaba mucho mejor así. Los labios de la rubia temblaban junto a los suyos. Y confirmaban lo que ya sabía, a Elsa le fascinaba besarla tanto a ella le gustaba. Los labios de Anna siempre se movían en mejor sincronía con Elsa. Había besado a muchas personas antes, sobre todo a chicos. En algunas ocasiones podría haber besado a alguna chica, pero nada había sido serio y ahora, ahora Elsa había aceptado una relación con ella. Es como si el mundo estuviera de acuerdo con Anna para que fuera feliz.

La delicadeza en los labios de Elsa era siempre el toque mágico de ella, la suavidad y ahora, por primera vez, un sabor a la empanada que había comido cuando estaban en el local. Eso le causaba gracia. Elsa oficialmente era suya y de nadie más. No había forma en que Anna dejará ir a esa rubia sexy y perfecta. Su noruega. Su patinadora. Su reina.

Escuchó un pequeño y delicado gemido chocar contra sus labios. Ella apenas daba crédito al hecho de que ambas se estuvieran besando con tanta intensidad. Con las manos de Elsa sobre su cintura y Anna sobre ella en el sofá no dejaba de sentirse que estaba flotando en una nube llena de emociones.

Sus pulmones a gritos le pedían algo de aire, y Anna se lo concedía, pero apenas un poco porque no quería separarse de Elsa. Quería besar sus labios para siempre. Tener siempre ese sabor junto a ella. La amaba. ¿Y qué podía estar sintiendo Elsa ahora? Ella no podía saberlo, pero le parecía que Elsa estaba igual de excitada que ella.

Entre tantos besos, apenas se separaba por un segundo para poder respirar, Elsa también estaba agitada. La quería demasiado. Quería más. Quería probar más de la rubia y no pudo evitar separarse solo para saborear su piel. Tan tersa y suave, tan fresca y deliciosa. Si Anna pudiera, si tan solo… Dios. No le importaba nada en ese momento. Se encontraban en la casa de Elsa. Estaban en un sofá y en cualquier momento cualquiera podría entrar y verlas, pero no importaba. Nada importaba.

Cuando los dientes de Anna rasgaron suavemente el cuello de la rubia la escuchó volver a gemir. Anna podía parecer torpe, pero sin duda sabía lo que hacía. Cuando Anna estaba lista para volver a reclamar los labios de Elsa como suyos la rubia tomó el control de lo que hacían y con gran maestría, que Anna jamás hubiera pensado, Elsa le besaba no solo los labios, pasaba a su mejilla y de su mejilla al cuello de Anna. Causaba un cosquilleo placentero. Anna gimió placenteramente, los labios le temblaron. Elsa lamió, mordió y besó. Poco después pasó al lóbulo de su oreja. El calor en Anna se intensifico, gimió.

Y cuando Anna pensó que el placer que Elsa le estaba dando jamás se compararía con el que ella le había dado, escucho un carraspeó. Anna frunció el ceño, Elsa aún la besaba.

Carraspeo.

Se separó lentamente de Elsa y la miro.

Nuevamente alguien carraspeó.

Al levantar la vista, su rostro se torno completamente rojo como su cabello, incluso más si era posible. El padre de Elsa estaba allí parado observando a ambas chicas. Elsa parecía querer morirse de vergüenza, al igual que ella.

– Yo solo vine por mi maleta – Señaló a un bulto negro en la mesa. Anna se quito de encima de Elsa rápidamente.

– Papá – Elsa tragó saliva – Nosotras…

– No, no lo digas. Lo hablaremos luego. Tengo algo muy importante que hacer – El padre de Elsa dijo dando la vuelta – Tu madre sigue en la reunión, probablemente llegará tarde, pero luego hablaremos de eso junto con ella

Y antes de que pudiera decir algo más el hombre salió de la casa. Elsa suspiro rodando los ojos. Anna le miro algo apenada.

– ¿Debería estar presente en esa conversación? –

– No – Dijo con seriedad. La rubia se acerco con cuidado a tomar las muletas – Como me gustaría salir a patinar. El hielo pronto se escarchará y será imposible

– Para ti ya es imposible – Anna dijo poniéndose en pie – ¿Quieres comer algo? Yo podría preparar tacos, te van a encantar

– ¿Cocinas? – Elsa rió.

Anna asintió riendo – Esa es una cosa importante que deberías saber de mí. Vamos a la cocina, sé que comimos en el local, pero algo más no nos haría daño. Además, no es tan necesario que mantengas esa dieta tan estricta, ¿o sí?

Al no obtener una respuesta, Anna volteó a ver a la rubia que se encontraba con la cabeza agachada. Se dio una bofetada mental y luego se acercó a la rubia.

– Perdóname, no quise hacerte sentir mal –

– No, está bien – Elsa tanteo en el suelo con las muletas para empezar a caminar – Anda, quiero probar esos tacos

La chica pelirroja asintió.


porque allí en el hielo solo importas tú y tu pasión. Tu rutina, las personas, los aplausos, los jueces. Nada de eso importa. Solo tú y tu pasión. Tu corazón y tu mente. Todo lo que realmente eres en el hielo se deriva de tu corazón.

Elsa suspiro mirando el televisor. Sacudió la cabeza pesadamente. La rutina que estaba en la pantalla era una de las más sencillas, usaba en un programa corto. Como de costumbre, pese a que no se decía nada en realidad, Elsa conocía el pensamiento que tuvo allí.

Bajo la mirada a su pie vendado y luego por la ventana observo el hielo comenzarse a escarchar. Frunció el ceño. Cuanto quería ir al hielo, poder ser una en sus patines. Deslizarse de la manera más grácil, pero sobre todo, poder demostrar cuanto amaba eso.

Ahora, para Elsa no importaba la universidad ahora. Ya no interesaba si podía entrar en la mejor universidad. Ya no se trataba de eso. Solo quería entrar al hielo. Solo quería ir al hielo, enfrentarse a Katrina. Dejar su alma en el hielo. Demostrarle al mundo que patinar significa más que solo deslizarse en el hielo, sino que significaba dar todo de ti en lo que amas.

Apretó los puños y luego gruñó. Cuando se puso en pie, apenas con las muletas, bajo las escaleras solo para encontrarse con sus padres en medio de una conversación. Trago saliva y se enfrento a ellos.

– Escucha, sé que quieres hablar sobre lo que paso con Anna, pero yo quiero hablar de algo más. Algo más importante – Elsa dijo.

La mujer la miro seria antes de pasar a su esposo y luego suspiro.

– Elsa, escucha, es más importante hablar sobre Anna –

– Mamá… Anna no tiene porque ser el tema de conversación –

– Cariño, por favor – Agdar indico sentarse en la silla del comedor. Elsa suspiro y con cuidado se sentó – Bien, ¿dónde comienzo? No te puedo dar la misma platica que todos los padres le dan a las hijas cuando tienen novios, pero…

– Oh Dios, no de nuevo esa estúpida platica. Es vergonzoso – Elsa gruñó.

– Lo sé – Idunn rió – Escucha, no digo que esto va a ser raro, pero al menos sabes que tienes nuestro apoyo en… imagino que es una relación, ¿verdad?

– Sí – La chica dijo con seriedad – Pero yo quiero su apoyo en otra cosa

– Sí, luego. Elsa, yo no sé si estás lista para una nueva relación, considerando lo que sucedió la última vez, pero como dije tienes todo nuestro apoyo en esta relación. Si realmente quieres estar con Anna, estamos de acuerdo en ésto, sin embargo debes saber que no voy a permitir que las dos estén solas en una habitación o incluso en la casa

– Mamá, apenas estamos saliendo – La rubia se sonrojo violentamente – ¿Cómo puedes creer que...? *Oh Gud, dette er pinlig

– No tiene que ser agradable para ti si no lo es para mí – Adgar dijo sacudiendo la cabeza – Espero que realmente seas feliz con Anna

Elsa tragó saliva – Anna es mi amiga y, tenerla como novia, bueno, es extraño no voy a mentir en ello, pero por alguna razón... no lo sé, se siente bien. Creo que esta relación puede funcionar. Quiero a Anna y si, realmente las cosas salen bien, entonces quiero que sea mi presente y futuro

Ambos padres sonrieron con cariño ante la mirada de firmeza en el rostro de su hija. Algo había cambiado. No era la misma chica que endureció su corazón después de enterarse de que la persona que más amaba había muerto en un accidente de autobus. Había crecido, madurado y se estaba volviendo a enamorar.

– Sin embargo, y cambiando de tema, hay algo que quiero que sepan y es importante –

– ¿Qué? – Agdar preguntó.

Elsa respiro hondo – En dos semanas volveré a patinar – Ambos padres abrieron la boca para hablar – No… Escuchen, sé que no quieren que entre al hielo por mi pierna, pero eso es lo que menos me importa. No sacrifique todo para que a última hora terminara lastimada y sin concursar. Lo haré y me gustaría tener su apoyo. Siempre han apoyado todas mis decisiones, ¿por qué ahora debe ser diferente?

El silencio se prolongo por un tiempo. Elsa suspiro al ver que no responderían.

– Yo quiero esto. No quiero estar atada a un sofá o una cama, mucho menos con los pies en la tierra. Los quiero en el hielo –

Idunn suspiró y Agdar asintió.

– ¿Qué podemos hacer para que cambies de opinión? – Pregunto ella con cautela y esperanza.

– Nada –

– Entonces bien, patinaras – Agdar asintió.


Anna miro a sus compañeras con una mueca en el rostro, tanto Rapunzel como Mérida sonreían a Elsa confiadas y Anna, bueno, no podía aceptar que la chica estuviera hablando sobre patinar aún con la fractura en su pierna.

– Te ayudaremos – Rapunzel dijo confiada.

– Yo pienso que es mala idea – Anna dijo preocupada.

– Olvídate de eso – Mérida sonrió – Cuenta conmigo

– Es mala idea – Repitió.

– Anna, patinar es todo para mí… por favor… – La chica le miro con una carita tierna y Anna no pudo evitar sentirse débil ante la mirada. Elsa estaba jugando con ella por un segundo, la estaba controlando… y Anna cedió.

– Bien – Suspiró cansada. Elsa sonrió agradecida y la besó en la mejilla. El movimiento fue algo inesperado para Anna, no sabía que la chica sería capaz de hacer algo como una demostración pública.

Continuara…


Traducción:

* Dios, esto es vergonzoso