Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?
Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.
Voluntad sobre Hielo
20
El pie de Elsa era lo suficientemente débil en ese momento como para hacer que la rubia tuviera bastante dificultad al levantarse y más aún para moverlo. Anna no dejaba de ver como caía con cada intento, Rapunzel y Mérida hacían todo lo posible por ayudar a la chica a mantenerse en pie, pero era imposible no ver como se caía.
Sin embargo, no se rendía.
La tarde se la paso en un entrenamiento sencillo de caminar sin las muletas. Elsa había recibido cientos de golpes, y seguía recibiendo más porque para ella esto solo era el comienzo. No se rendiría tan fácilmente.
– Usted majestad, está loca de la cabeza – Anna dijo rodeando a Elsa con sus brazos. La rubia se aparto al poco con una mirada incomoda – ¿Qué sucede?
– Nada, uhm, lo intentaré de nuevo – Elsa se separó.
Al ver a la chica intentar caminar Anna suspiro. Nuevamente Elsa estaba haciendo eso de darle señales raras con respecto a su relación. Se suponía que ahora eran novias, no tenía nada de malo que entonces la abrazara, ¿por qué a Elsa le incomodaba? Después de todo, solo el día anterior ella y Elsa compartieron uno de los besos más calientes que podían compartir hasta ahora.
La rubia apenas camino unos cuantos pasos y luego se detuvo a sostenerse del hombro con Rapunzel. La chica sonrió ligeramente ayudando a la patinadora a caminar.
– Lo estás haciendo bien –
– Gracias –
– Ahora dime, ¿qué fue eso? –
– ¿Qué fue qué? –
– Anna te abrazó y tú te alejaste. No me digas que te arrepientes de salir con mi prima, porque si es así te juro que… –
– No es eso, solo quiero preocuparme de caminar – Rapunzel miro a la chica y asintió. Dieron unos cuantos pasos más y luego se detuvieron para poder descansar. Elsa miro su pierna y no mucho después de sentarse se puso en pie.
– No voy a descansar. Si me mate entrenando para el mundial puedo hacerlo para caminar –
– Te estás exigiendo demasiado, por no decir lo imposible –
– Pero si me quedo aquí entonces no haré nada. Tengo que hacer algo –
– Los deportistas son aburridos. Siempre piensan en practicar –
Elsa rió – Si no practicas no mejoras
El día se lo pasaron practicando la caminata. Elsa entro en su casa, apenas con las muletas y sonrió. Anna le seguía tranquilamente pensando en la rubia. Más bien en su actitud. Cuando Elsa se proponía algo siempre hacía hasta lo imposible por cumplirlo y Anna era testigo de eso ahora mismo.
– Uhm, yo debería irme. Es algo tarde y mi madre se puede preocupar –
– Oh, bien – Elsa sonrió apenas. Anna dio la vuelta para poder irse sin embargo, sintió la mano de Elsa sobre su hombro así que se detuvo – Nos veremos mañana
– Sí, por supuesto – Sonrió. Los labios de Elsa le rosaron los suyos fugazmente. La muchacha sonrió antes de irse.
Una vez sola en la casa, Elsa dejo las muletas en algún lugar de la casa para caminar ella por su cuenta. Tenía que seguir patinando, no podía quedarse de brazos cruzados.
– Ya veo que no has cambiado en nada – Escucho la voz de su abuela. Al darse la vuelta vio a la mujer sonriendo divertida. Elsa sonrió.
– ¿Por qué? –
– Siempre has sido terca. Es decir, eso no es algo malo, nunca te rindes y eso es bueno –
– ¿Qué haces aquí? – La chica camino torpemente hacia su abuela que logro atraparla antes de que pudiera caerse en algún momento. La mujer la miro divertida y luego le entregó una muleta – No es que no te quiera aquí, sabes que me agrada pero…
– Tu pierna. Vine por eso. Idunn me ha comentado que está preocupada porque decidiste olvidarte de la lesión y volver al juego. Es agradable, pero preocupante. Yo le dije que evitaría que siguieras con esto, pero la verdad solo planeo ayudarte más –
– Eso es bueno, ir en contra de las ideas de mi madre – La chica rió – Se enojará
– Tu madre necesita aprender a dejar de ser tan seria y vivir el momento –
– Gracias, al fin alguien piensa igual que yo – Elsa sonrió.
Anna reviso varias cajas de películas y luego suspiro. Elsa se encontraba en el sofá leyendo un libro como de costumbre mientras la chica buscaba alguna buena película para ver. Por el rabillo del ojo, Anna observó a Elsa por unos instantes. Siempre tan metida en su libro era incapaz de saber que hacían los demás. Porque siempre importaba la lectura, su mundo creado por varias letras en un papel.
– ¿Qué te parece "La chica de la capa roja"? –
– Ya la he visto – Elsa dijo sin mirarla. Anna suspiro y cambio a otra caratula.
– "La habitación del pánico" –
– También la he visto – Elsa dijo.
– Uhg, ¿"El guardián del zoológico"? –
Anna sonrió emocionada cuando Elsa guardo silencio. No pensaba que fuera solo por estar metida en el libro sino porque no la había visto. Se sentó junto a la rubia y le miro divertida.
– Veremos esa –
– Bien – Asintió.
Anna quito el libro de las mano de Elsa y luego puso la película. Puso un tazón de palomitas en su regazo y le sonrió a la chica con diversión. Elsa suspiro.
– ¿Por qué tenemos que ver películas? –
– Porque tú no quieres ir al cine –
– No es que no quiera, estaban aburridas las películas – Elsa frunció el ceño. Anna rió. Le gustaba ver a la chica molesta, sobre todo cuando arrugaba la nariz.
– Sí, seguro es eso – Anna dijo con un tono mucho más sarcástico de lo que quería. Elsa alzó la mirada.
– ¿Qué se supone que significa eso? –
– Mierda – Masculló.
– Anna –
– Realmente no es nada – Sacudió la cabeza. Elsa se mordió el labio inferior.
– Dime… –
– No –
– Anna – Su tono de voz fue firme, provoco que Anna se encogiera un poco. La chica tragó saliva y luego miro a su novia.
– Vale, es solo que, Kristoff tiene la loca idea, aunque yo no puesto que yo creo en ti, de que la razón por la que no te gusta demostrar que estamos en una relación es porque piensas que la prensa te comerá viva – Se sonrojo.
Elsa miro a Anna sorprendida, la chica por un instante quiso tirarse por la ventana. Rió. Elsa estaba riendo y Anna estaba confundida.
– Ojalá se tratara de eso –
– ¿Qué? – Anna frunció el ceño.
– No, Anna. No es sobre eso. Ya sé que no debería ser tan reacia ante esto, pero sigue siendo algo que me hace sentir… torpe – Elsa se sonrojo – Lo siento
– Entiendo, es decir, sé que has pasado por muchas cosas – Anna murmuró con una pequeña sonrisa – Supongo que, tal vez no puedo competir mucho con ese chico, sea quien sea
– Yo no… – Elsa intentó decir algo, pero se detuvo – No, no puedes competir pero eso es lo bueno, porque puedes ser tú
– Gracias – Anna recostó la cabeza en el hombro de la rubia – Me gustas, realmente lo haces
…
– ¿Cómo era él? – Pregunto.
– ¿Por qué quieres saber? –
– No lo sé. ¿Te enamoraste de él desde el principio o le odiabas y de apoco te enamoraste? –
– ¿Eso es importante? –
– Para mí sí – Anna sonrió – Es decir, vamos, solo quiero conocer algo sobre tu antiguo novio, digo, si no te molesta
– Sí lo hace – Elsa murmuró. Tragó saliva.
– Lo siento –
Un cosquilleo hormigueo en la mejilla de Anna cuando los labios de Elsa la besaron. La miro sorprendida y Elsa rió.
– No te preocupes –
Anna sonrió un poco.
Al mirar la pantalla de la televisión se perdió en la película mientras recostaba la cabeza en el hombro de Elsa.
Las horas pasaban y para cuando Anna tomo consciencia había salido de la oscuridad para encontrarse con una luz brillante, su vista desenfocada y unos fuertes brazos rodeándola por la cintura. La incomodidad de su situación era compensada por la comodidad de aquellos brazos delicados rodeándola. Con cuidado Anna se giro en el sofá para encontrarse con la mirada pacifica de Elsa, sus ojos se encontraban cerrados y su respiración era suave y delicada. Esta chica era encantadora. El agarre de Elsa era bastante diferente, no era delicado ni suave, sino fuerte y posesivo. Por un lado eso le gusto y por el otro se sintió extraña, pero no importaba.
Con cuidado intento desprenderse de aquel toque posesivo. Se separó de la chica con una sonrisa y planto un beso suave en su sien. Al estirarse se dirigió hacia la pequeña cocina para poder servirse algo de beber.
– Buenos días dormilona – Rapunzel rió terminando de lavar una taza – ¿Qué tal tu cama?
– Horrible, me duele la espalda –
– ¿Sí? No pareció que estuvieras incomoda –
Anna levanto una ceja.
– Nosotras llegamos tarde y no quisimos despertarlas. Por cierto, cambiando de tema, tu hermano paso temprano porque tenía que hablar contigo y digamos que no parecía muy feliz por la escena del sofá – La rubia murmuró.
– No lo estará. Él quiere a Elsa, no un amor como yo, sino por lujuria. Ha intentado un par de veces acercarse a ella, pero le huye –
– Pues me alegro. Hans no es el tipo de chico que haría feliz a una novia, solo la usaría y le rompería el corazón. Además, si me enteró que Elsa es capaz de serte infiel te juró que se las verá conmigo –
Anna asintió – Pero no creo que Elsa sería capaz de eso
– Eso espero –
Al salir de la cocina junto con Rapunzel y una taza de café en las manos, Anna se encontró con Elsa acostada en el sofá, estaba despierta, miraba su celular acostada de lado y se le notaba algo cansada. Ambas chicas sonrieron antes de acercarse a la rubia.
– Hey, majestad, buenos días – Anna le guiñó el ojo.
– Buenos días – Elsa murmuró sin despegar la pantalla del teléfono – Me he quedado dormida. Jennifer me va a matar
– ¿Sí? Pensé que no practicarías con los patines hasta que pasaran las dos semanas – Rapunzel dijo.
– No usaremos los patines – Bostezo la patinadora – Íbamos a trotar
– ¿¡Trotar!? – Ambas chicas alzaron la voz sorprendidas. Se miraron entre sí y luego a la rubia que se encontraba acostada aún.
– Elsa, por lo general me gusta ver que pones mucho esfuerzo, me divierte, pero yo no creo que debas hacerlo. No estás lista – Rapunzel dijo.
– Sí, es verdad. Te harás daño – Anna asintió frenéticamente – Es decir, piensa, apenas estás caminando, puedes mantenerte en pie sola por unos treinta segundos antes de querer sentarte y también no puedes dar muchos pasos sin que alguien te sostenga. No te dejaré, te harás daño. ¿Cómo es posible que Jennifer lo permite? ¿Qué tan irresponsable puede ser? Ahora entiendo porque tu mamá siempre se molesta con ella
– Anna, realmente no es la gran cosa – Elsa murmuró. Se sentó en el sofá y se estiro, sonriendo.
Anna torció los labios en una mueca no convencida. Cuando Elsa se puso en pie para poder estirarse se tambaleó y se vino abajo, gruñó a su pierna adormecida y luego tomo el teléfono con una mueca en el rostro.
– Jenn cállate – Gruñó bloqueando la pantalla.
– ¿Está enojada porque la has plantado? –
– Sí, odia que la deje plantada en medio del frío – Elsa sonrió a Anna. La chica se sentó a su lado y rió apenas – Bueno, creo que ya debería irme. Si mis padres no están histéricos es porque han estado demasiado ocupados con el trabajo como para notar mi ausencia
– Oh yo no me preocuparía por eso. Tus padres sabían ibas a estar conmigo en el hotel, si no hubieras llegado anoche seguramente se les ocurría saber que te quedaste a dormir –
– De hecho me quede dormida – Murmuró Elsa.
– Es igual –
– Entonces, déjame entender estoy. El plan de trabajo para hoy es trotar – Rapunzel parecía aturdida.
– Exacto, pero ese es mi plan de trabajo. Ustedes pueden hacer otras cosas – La rubia dijo tranquilamente.
– Seguro que verte empapada de sudor es igual de sexy que verte dormir – Anna rió causando un ligero sonrojo en el rostro de la chica. Anna parecía más sonriente aún, anotando un punto para ella después de que Elsa se sonrojara.
Elsa salió del ascensor poco después de haberle dicho a Anna que podía volver sola a su casa. Cargaba con una sola muleta, lo que era decir bastante en menos de una semana. Vio a su prima caminar por unos pasillos hasta el joven botones, sonrió tranquila y se les acerco.
–…sí, cada día es peor – La oyó decir.
– Hey – Sonrió Elsa.
– Oh, pero miren quien está aquí, si es la pequeña reina – Se rió Eric mirando a Elsa – Tú olvidaste llamar a tus padres
– Me llamaron asustados preguntado si habías salido del hotel – Explico Ariel.
– Imagine que esa era la otra posibilidad de que no estuvieran histéricos – Sonrió la rubia – Hey, necesito que me lleves, ¿sí?
– Por supuesto – Ariel sonrió – Pero debe ser pronto, tengo un acto en media hora
– Gracias – Sonrió. Miro a Eric – Nos veremos luego
– Por supuesto – El chico le guiñó el ojo. Despidió a la pelirroja con un beso fugaz y luego ambas chicas salieron. Durante el camino en automóvil se produjo un silencio.
– Bien, aquí estamos rubia, hogar dulce hogar – Sonrió Ariel estacionando enfrente.
– Uy no es tan dulce si Jenn me mira con esa cara – Dijo Elsa encogiéndose en el asiento.
Ariel miro por la ventanilla del copiloto y se encontró con la dura mirada de la entrenadora de su prima, trago saliva y luego miro a la rubia que se encontraba encogida en el asiento hasta casi no poder verse.
– Tengo suerte de que es tu entrenadora y no la mía –
– ¿Tú crees? – Elsa murmuró – No es mala entrenadora, sabe lo que hace, pero es estricta
– Ya veo – Asintió la chica riendo.
Elsa gimió antes de bajarse del auto y saludo a la chica para luego acercarse a la castaña que se encontraba parada contra la cerca. La miro tranquilamente y luego se descruzo de brazos.
– Ya me preguntaba cuando ibas a venir –
– Te dije que estaba en camino –
– Sí, seguro – Rodó los ojos – Odio que me plantes a las cinco de la mañana y eso lo sabes
– ¿Quieres tenerme paciencia? Me quede dormida en Mountain –
Frunció el ceño – No me digas, ¿en la cama con tu novia?
– ¿Cómo…? Olvídalo. No, en el sofá – Respondió caminando hacia el interior – Bien, ¿trotamos ahora?
– No, tengo cosas que hacer. Kenny necesita ayuda en matemáticas. Se le viene un examen complicado –
– Siento pena por tu hijo. Te tiene como madre – Murmuró Elsa.
– Solo por eso te haré sudar mañana hasta que llores – La mujer declaró – Y poco me importará tu pierna
– No seas así – Elsa gimió.
Anna sonrió siguiendo a sus amigas por el parque con dirección a un lago central que se encontraba congelado. Había un centenar de personas que se encontraban patinando sobre aquel lago. Le recordó mucho al Centrar Park.
– Allí arriendan patines. No tenemos mucho que hacer, ¿verdad? – Mérida sonrió.
– No quiero usar patines sudorosos que han tocado otros pies. Quien sabe, alguien puede tener pie de atleta – Rapunzel hizo una mueca de asco.
– ¿Y crees que los que nos presta Oaken no son usados por alguien más? – Anna rió.
– Al menos es capaz de desinfectarlos –
Mérida rió tomando del hombro a la chica para empujarla hacía un pequeño puesto de arriendos. Las tres chicas pidieron un par cada una y luego se los pusieron.
– Aún no puedo patinar como lo haría Rapunzel, me pregunto por qué no aprendí cuando chica – Anna se quejó manteniéndose en pie.
– Porque te aburrías –
– No es posible, tienes una novia que es una patinadora profesional y muy famosa y no sabes patinar – Rió Mérida.
– Elsa me ha intentado enseñar, pero creo que no puedo hacerlo – Rió Anna con nerviosismo – No siempre patino bien y me cuesta frenar
Anna sonrió intentando deslizarse, pero con torpeza. Sus amigas se rieron y le deslizaron con más rapidez.
– ¡Ah! – Anna grito – No tan rápido
Elsa frunció el ceño mientras respiraba agitadamente, se detuvo un poco y miro a su entrenadora con el silbato en la boca.
– ¿Podemos tomar un descanso? –
– No – La entrenadora dijo – Ponte a sudar ahora
– Piedad – Gimió Elsa.
– Sin detenerse rubia –
El helado de chocolate siempre había sido el favorito de Anna y en Oslo tenían un helado estupendo. La chica sentía sus mejillas sonrojarse ligeramente cuando su lengua degustaba el sabor dulce y frío del chocolate, ese sabor delicioso que le fascinaba, pero nada similar a los labios de Elsa.
Hablando de Elsa…
Anna pensó en la rubia de pronto. Quería poder hablar con ella en ese momento, cuanto la extrañaba y cuanto la deseaba. Busco en su teléfono el número de Elsa, marco tranquilamente y espero. Sonrió cuando del otro lado respondieron.
– Hey, El… –
– Devuélveme eso – Escucho la inconfundible voz de Elsa.
– Te dije veinte vueltas, no llevas ni cinco –
– Apenas estoy iniciando. Dame mi teléfono –
– ¿Elsa? – Anna frunció el ceño, podía jurar que escuchó a Jennifer allí también.
– Lo siento, Anna, pero Elsa tiene cosas que hacer y yo apreciaría que dejes de molestar a mi patinadora o intentaré pedir una orden de… ¡Oye devuélveme eso! –
Frunció el ceño confundida.
– Anna, hablamos luego sí. No le hagas caso, ya sabes que está mal de la… ¡Déjame Jen! Lo siento, de verdad, te llamó yo, no te preocupes. ¡Ya mujer, voy! –
Y colgaron. Anna frunció el ceño confundida aún. Su novia y la entrenadora de ésta estaban juntas y por lo visto peleando, ¿qué sucedía de hecho? Sentada en una banca, vio a sus primas acercarse a ella tranquilamente después de haber dejado los patines en el local.
– ¿Le llamaste? –
– Sí y me colgó – Anna rió – Jen la está volviendo loca
– Supongo que es de esperarse, ¿no? – Mérida rió.
– Eso creo – Anna asintió.
Al caer la noche los ladridos de Lady se detuvieron después de perseguir a un pobre animal, Elsa reía entre dientes frente a la cálida fogata que sus padres habían preparado. Las risas de todos habían sido opacadas por un suave y profundo ululato de algún ave. El golden retriever dio unas cuantas vueltas detrás de su cola hasta que un silbido de su dueña la detuvo y con una sonrisa ansiosa se acurruco junto a ella en la nieve tras lamerle la cara.
– Es bueno que no estén en el trabajo – Murmuró Elsa.
Agdar asintió sonriendo, en sus manos había una bolsa de malvaviscos, mientras que Idunn sonreía divertida.
– ¿Qué tal tu día, cariño? –
– Horrible. Se suponía que Jennifer y yo trotaríamos a las cinco, pero lo olvide y cuando llegue me dijo que no podíamos hacer nada durante la tarde porque le enseñaría matemáticas a su hijo; sin embargo cambio de opinión a último momento dejando que su esposo le enseñara al chico y me torturo toda la tarde – Elsa rodó los ojos – Por su culpa no pude hablar ni un solo momento con Anna
Ambos rieron.
– Jen tiene un particular sentido de entrenamiento contigo. Cada vez que gana confianza es peor – Rió Agdar – ¿Recuerdas cuando la conociste? Era seria y estricta, pero te trataba con respeto
– Ya nadie me respeta –
– No es verdad, ella solo te demuestra su respeto de una forma un tanto… extraña – Idunn dijo riendo.
– Podría ser menos molesta, ¿sabes? –
Idunn sonriendo asintió. La rubia miro a su mascota y luego a sus padres nuevamente.
– Pero tiene razón en querer practicar mucho. Yo también quiero ganar –
– Lo sé – Agdar asintió.
El teléfono de Elsa vibro y una sonrisa se dibujo en los labios de la chica antes de excusarse con sus padres para poder ir a llamar. Una vez lejos ambos se miraron.
– ¿Qué piensas? –
– Anna es una buena chica. Siendo sincera jamás vi a Elsa saliendo con chicas, pero supongo que las cosas cambian. No creo que ella le haga daño, pero temo que Elsa le haga daño a ella – Idunn torció los labios – Ella es una chica dulce. Me sorprende que le tenga paciencia a Elsa, ya sabes que no es muy, uhm, demostrativa
– Sé que hablas de mí, mamá – Escuchó a la chica. Ambos padres voltearon a ver a su hija que jugaba con un pétalo de flor mientras hablaba por el celular.
– ¿Sí? Me encanta, es decir, no es como si fuera algo malo porque no lo es, me fascina. Tal vez tú y yo podríamos ir un día de estos, ya sabes como en una… cita. Somos algo así como novias, o lo somos, bueno, la cosa es que deberíamos salir juntas y no solo por entrenamiento y todo eso, me gustaría tener una cita. Ya sabes de esas, en donde las personas salen juntos, comen y se besan. ¿Dije se besan? No es que no quiera besarte, me fascina porque tus labios… pero a lo que me refiero es a otra cosa. Dios no sé como puedes aguantar mis divagaciones, me cuesta entender. Yo creo que esto de divagar tal vez lo saque de mi madre, aunque no estoy segura, Hans no suele divagar así que también lo dudo. La herencia es rara, por ejemplo tú. Tu cabello es de color rubio platinado, hermoso por cierto, pero tus padres tienen el cabello castaño, eso es muy raro. ¿Por qué será? A menos que, en una idea loca, tu madre haya… no ella no sería capaz, se nota que de verdad ama a tu papá… –
Escuchó una suave y dulce risa del otro lado. Su corazón salto y un sonrojo se creó en su rostro. Anna sentía que en la suave cama en donde estaba acostada, Elsa estaba allí con ella porque la sentía cerca cuando estaban lejos.
– Me gusta la idea –
– ¿De qué tu madre no haya engañado a tu padre? Debería gustarte, es decir, si tu madre lo hubiera engañado entonces sería malo porque tu padre entonces no sería tu padre y eso significaría que tendrías una vida llena de mentiras. Habrías llamado papá al hombre incorrecto –
Nuevamente escuchó la risa – No Anna. Me refiero a tener una cita. Nada de entrenamiento. Nada de competencia. Solo tú y yo –
No pudo creer lo que estaba escuchando. Elsa le estaba diciendo que aceptaba tener una cita con ella, aceptaba salir con ella… ¡Donde todos las podían ver! ¡Ella podía ir de la mano con Elsa si quisiera y no importaría porque estarían en una cita!
– ¡Sí! Es decir, sí, sí –
– Bien – Elsa rió – Y por cierto, sí es hereditario
– ¿El qué? –
– El color de cabello. La madre de mi madre lo tiene así –
– Se salto una generación. Vaya, yo no tengo nada que haya pertenecido a mi abuela, bueno, nada salvo viejas fotos – Anna suspiró – ¿Els?
– Dime –
Anna tardo en responder, sonrió con cariño y se acurruco de lado en la cama – Te extrañe hoy. Me hubiera gustado que hubieras ido con nosotras, nos reímos bastante sobre todo cuando Rapunzel se cayó de espaldas, aunque ella está bien así que no debes preocuparte, de todos modos no importa mucho porque me interesa más el hecho de que te extrañe tanto. No deje de pesar en ti en todo momento –
– Imagino que fue divertido patinar – Dijo con añoranza la voz del otro lado. Anna frunció el ceño – Y también te extrañe
"Suena incomoda. Que extraño. ¿Será que realmente no me extraño y no quiere ser grosera para decírmelo?"
– Bueno, uhm, me gustaría poder ir contigo – Anna murmuró – Sé que estás muy ocupada, realmente me agrada la idea de que vuelvas a hacer lo que te fascina. Quiero que seas feliz, pero también no quiero que te hagas daño
– No tuve problemas para correr –
– No tienes porque esforzarte tanto. Si te haces daño… –
– Anna, no te preocupes por mí. Sé lo que hago. Por favor no te preocupes –
– Por supuesto – Anna asintió no convencía – Els, ¿sabes una cosa?
– ¿Qué cosa? –
– Te quiero –
Hubo un silencio que a Anna se le hizo eterno. La respuesta de Elsa no llegaba y la chica comenzaba a preocuparse, hasta que Elsa se aclaró la garganta.
– Ya debo irme, Anna. Hablaremos luego, adiós –
– Adiós – Anna dijo con un tono pequeño de voz.
No importaba cuanto lo intentará Anna, siempre lograba ver que la rubia era completamente reacia ante un "te quiero" y Anna ya no sabía si era porque realmente la rubia aún parecía confundida ante eso o es que realmente Elsa no la quería y pensaba que en una nueva relación podía olvidar al anterior novio. Sea lo que sea, Anna se estaba dando cuenta de que si Elsa no le correspondía los sentimientos que ella tenía entonces algo estaba mal, aparte del hecho de que su relación estaba en completa mentira rodeada de azúcar.
– Anna, está aquí – Rapunzel murmuró tan suave que casi ni se entendía que hablaba, parecía un movimiento de labios sin sonido. Sostenía la puerta con una mano y su cuerpo detrás de ésta.
La chica endureció su cuerpo tensando cada musculo de él, se irguió y luego se puso en pie para poder salir de la habitación. En la entrada del mini-departamento del hotel mountain se encontraba de cabello rojo como ella con las enormes patillas y los ojos verdes que su madre tenía. Apretó los puños a su costado tratando de no mostrar debilidad ante su hermano.
– Hans – Con inocencia sonrió – ¿Qué haces aquí?
– Tenía que hablar contigo – El chico dijo, miro a la rubia que se encontraba allí y ella solo se disculpo para irse dejando a los hermanos Summers juntos – Escucha, se trata de que necesito dos cosas de ti
– ¿Sí? – Anna fingió sorpresa – ¿Qué?
– Primero, quisiera poder tener el número de teléfono de Elsa – Dijo tranquilamente, con una mano en el bolsillo de su pantalón.
– ¿Para qué? – Se cruzó de brazos, ahora con una dura mirada y fiereza en sus ojos.
– Eso no es de tu incumbencia rojita – Dijo tranquilamente el chico – Créeme, si me das su número entonces lograras cumplir con los dos favores
– ¿Qué vas a hacer? – Anna cuestiono con cautela.
El pelirroja se paseo por la habitación hasta detenerse en un adorno que se encontraba en un mueble. Lo tomo en sus manos y sin mirar a su hermana respondió.
– Pues lo que quiero desde hace tiempo. Le pediré salir con ella y luego le diré que me ayude a conseguir un boleto para ir a New York. Debo volver pronto –
– No vas a salir con Elsa – Soltó con un tono demandante – No te daré su número
El chico sonrió divertido, camino hacia la menor y tomó su mentón. Sonreía fríamente, Anna sintió el sudor recorrerle la frente, el calor en su rostro y los miedos dentro suyo.
– Con quien yo salga no es de tu incumbencia. ¿Qué piensas hacer? ¿Impedirlo? –
– Ella… –
– Te vi con ella en el sofá. ¿Qué hacían? ¿Dormían juntas? ¿Acaso sales con ella? – Se burló.
– Sí – La voz de Anna tembló – Estamos saliendo
El pelirrojo no mostró ni un solo rastro de sorpresa, solo rió mientras se alejaba.
– No puedes salir con ella. Ustedes no tienen nada en común. Además, ¿por qué la patinadora más famosa y hermosa del mundo querría salir contigo? –
– Escucha, por lo general pienso que eres un hermano grandioso, al menos conmigo, pero cuando se trata de una chica te vuelves en un insoportable y frío hombre que es tan cruel que no puede ver nada. Odio cuando eres así –
El pelirrojo miro fríamente a su hermana y luego sacudió la cabeza. No dijo nada realmente, salió de la vista de la chica. Una vez sola, la menor de los Summer soltó el suspiro que tanto se había aguantado y luego se dejo caer de espaldas en el sofá. Miraba el techo con una sensación de sorpresa.
Su hermano efectivamente era un chico genial con ella. La cuidaba, a veces la molestaba, pero siempre estaba allí para ella; sin embargo, cuando se trataba de una conquista era un completo engreído y estúpido. A Anna no le agradaba en nada. Primero, el chico actuaba como si el mundo fuera de él y luego les rompía el corazón a las chicas cruelmente. Ella había visto llorar a todas sus novias, sentía pena por ellas pues no encontraba que se lo merecían. Salvo por una de ellas que era una verdadera perra.
Observo la puerta en silencio. Su hermano ya le había dejado claro sus intenciones con Elsa y Anna se negaba a dejar que el chico se acercara a ella. Elsa era suya. Ambas estaban en una relación. Sabía y confiaba, Elsa no le engañaría y mucho menos con su hermano, pero no podía descartar que la idea de que su hermano le estuviera acosando a la patinadora era bastante viable. Lo conocía perfectamente.
Respiro hondo. Escucho la puerta abrirse y cerrarse pero se negó a mirar. Volvía a su mente la mirada codiciosa que su hermano tenía cada vez que hablaba de Elsa, la lujuria en sus ojos y la crueldad en su sonrisa. No le gustaba. Era como si fuera otra persona. También, Anna no podía negar lo más importante, Hans nunca se dará por vencido. Él iba a tener a Elsa de una forma u otra, Anna estaba segura de que esto iba a ser una pelea entre hermanos por la rubia.
Jamás se había peleado con Hans por algo así, tal vez apenas por un pastel de fresa o un trozo de chocolate que hayan puesto en la nevera e incluso por un sándwich, pero jamás por una chica.
Ya había tenido relaciones antes, Hans siempre había asustado a los novios de Anna y cuando se trataba de una chica, él les era indiferente. Jamás se habían interesado en la misma persona y además, jamás Anna había sentido tantos de deseos de proteger a su novia de su hermano como lo sentía en ese momento, jamás. No sabía porque Hans les había sido indiferente a otras chicas con quien Anna haya estado, tal vez solo se debía a que no eran relacione serias, un par de citas y se acabo, o tal vez se traba de que el chico no estaba interesado en ellas, pero con Elsa era diferente, él había fijado sus ojos en el primer día en que Anna la llevo a su casa y no había dejado de pensar en ella. Incluso un día la fue a ver después de clases con la excusa de ir a buscar a su hermanita.
Hace no mucho que había dejado de hablar con Elsa y si le enviaba un mensaje parecería desesperada por querer estar con ella, sin embargo tenía que advertirle lo que Hans estuviera planeando hacer, solo tenía que decirle… Pero decidió que no lo haría. Si quería que Elsa estuviera lejos de su hermano, entonces lo haría por su cuenta. Ella alejaría a su novia de su hermano.
Y allí estaba ese pensamiento egoísta nuevamente.
Elsa era suya.
Nadie se le podía acercar.
La quería para ella.
Anna era egoísta.
– ¿Qué te ha dicho? –
– Él va a volver a New York – De pronto cayó en sus propias palabras. No le había preguntado el por qué de su decisión sino que se concentro en mantenerlo alejado de Elsa. Debía de haber una importante razón para que Hans quisiera volver a su país. Sobre todo porque aquí básicamente estaba en citas con chicas diariamente.
– ¿Sí? Supuse que era eso – Rapunzel murmuró tranquilamente – Se me hacía extraño que haya venido y se haya quedado por tanto tiempo
– ¿Qué dices? – Se inclino en el sofá mirando a su prima como si supiera algo que ella no. Rapunzel asintió tranquilamente, tenía un trozo de pan en sus manos.
– Anna, él pidió un permiso en su trabajo y el tiempo se le está acabando. Es normal que tenga que volver antes que nosotros –
– Es verdad, lo había olvidado –
– Por cierto, Mérida esta abajo con Olaf, iremos a comer pizza. Kristoff salió con una chica que ha conocido, ¿quieres venir con nosotros? –
– Suena bien. ¿Qué hay de Eugene? –
– Dijo que tenía cosa que hacer – Se encogió de hombro la rubia.
Anna asintió lentamente y siguió a su prima. Había sido un día tranquilo, aunque no vio a Elsa y ella quería poder abrazarla, besarla incluso. La extrañaba. La chica seguramente debía de estar en alguna práctica, lo único que le había agrado de todo lo que había sucedido en su día era la primera vista que enfocaron sus ojos al despertar: Elsa durmiendo con ella.
Listo. Ella estaba decidida a conservar a la rubia solo para ella, Hans no se acercaría a ella. Eso lo podía asegurar.
– Necesito liberar la tensión – Masculló caminando por el lobi.
Continuara…
