Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?
Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.
Voluntad sobre Hielo
21
Jennifer vio a su patinadora en la tiene sentada, sus zapatos estaban a un lado de ella mientras terminaba de amarrar los cordones de sus patines blancos. Se encontraba cruzada de brazos mirando con seriedad. Por dentro su expresión era preocupada, pues no coincidía con ella en que deberían patinar. Elsa era obstinada, terca, pero eso era bueno porque no la dejaban rendirse sin intentar.
La imagen de una chica de ocho de años se le vino a la mente. La pequeña que se deslizaba por el hielo riendo y jugando, repitiendo las coreografía de los mayores que había visto a ya sea en la televisión o en la pista de patina. Recordaba como ella solía apoyarse en la cerca que rodeaba toda la casa de la rubia, la casa y el pequeño lago trasero. Observaba a Elsa con ojos maravillados. No por cada caída, sino por el espíritu de esfuerzo que demostraba tener. Eso es lo que ella buscaba. Eso es lo que sus patinadoras no tenían. Eso es lo que ella quería. Pasión, emoción, compromiso, esfuerzo.
La Elsa que ella había conocido a los ocho años no era muy diferente a la Elsa de dieciocho años. Diez habían pasado. Diez años desde que entrenaba a la reina del hielo. Diez años desde que la conocía. No podía negarlo. Habían pasado por tantas cosas y se habían tomado cariño a pesar de que no importaba cuantas veces ella le retará y cuantas veces la rubia le respondiera. Era rebelde, pero era debido al exceso de confianza que se tenían y no le molestaba, de hecho era bueno porque así se hacían bromas todo el día.
Y desde que esa rubia había conocido a la pelirroja algo había cambiado. Si bien Elsa antes era un tanto fría con las personas que no conocía, Jennifer no podía entender porque no pudo ser fría con ella también. Anna había logrado algo que muchos no, conseguir que Elsa se ablandara. No siempre había sido así, recordaba que ella sonreía mucho, no sarcástica ni irónicamente, sino una sonrisa real y llena de vida. Hay cosas que pasan y no sabemos si es injusto o no, y por desgracia a Elsa le toco entender eso por experiencia propia. Tantas personas que se habían acercado a la rubia solo por la fama y el dinero, finalmente no pudo más y termino alejándolos a todos. Pero Anna era diferente, eso lo podía sentir.
Anna podía hacer que Elsa sonriera solo con decirle hola, hacía que sus ojos brillaran llenos de vida, sonriera emocionada y sintiera tanta pasión por su deporte favorito como nadie lo había logrado en años. Y ahora… ahora estaban juntas.
Se había enterado por los padres de Elsa que la chica mantenía una relación de noviazgo con la pelirroja y si bien no sabía muy bien que pensar en un principio ahora podía decir que era la primera vez que veía que aunque Elsa no sonreía como antes, estaba feliz de estar con Anna.
Recordaba que en un inicio había pensado en Anna como una completa distracción en Elsa, hasta que descubrió que no era así, sino que Anna hacía a Elsa una mejor persona.
– Listo – La chica intento ponerse en pie con cuidado. Jennifer levanto una ceja, había salido de sus pensamientos bruscamente solo para encontrarse a Elsa torpemente levantándose del suelo – ¿Lo intentamos?
– Te vas a caer – Dijo sin rodeos – Y yo solo me acercaré y te lo recordaré. Pienso debes esperar un tiempo más
– No sucederá –
Con torpeza y tal vez un par de muecas en sus rostros se acerco al hielo, apenas sus pies tocaron el agua congelada se deslizo. La vio moverse sin problemas, no era grácil como antes, pero al menos era algo. No parecía incomodarle su pequeña fractura. Ella misma se deslizo por el hielo hasta la mitad del hielo, Elsa estaba allí sonriendo con ambas ambos a las caderas.
– Correcto – Asintió – Muéstrame que tienes
– Muchas cosas – La rubia sonrió confiada.
– Bien. Quiero un sprint –
– ¿Qué? – Se mostró aturdida.
– Ya te he dicho – Con firmeza declaro la entrenadora.
– Pero eso… –
– Elsa, ya te he dicho. Hazlo –
La rubia gimió, con suavidad se deslizo por el borde del lago y pronto con tantas vueltas y vueltas comenzó a aumentar su velocidad. Mientras tanto era observada por la atenta mirada de Jennifer que suponía saber que sin problemas Elsa lograra dar las vueltas. Solo estaba probando la resistencia del tobillo.
Habían trotado por dos días y aunque la chica lo había hecho estupendamente no podía negar que seguía notando que tenía incomodidad en algunas ocasiones. Se deslizaba con rapidez y suavidad, una mueca aparecía en su rostro al dar las vueltas. Apretó los puños con fuerza.
– Salta – Ordenó – Quiero que lo hagas a la mitad de cada deslice
– No te entiendo – Dio la rubia sin detenerse.
– Después de que des la vuelta espera un poco y luego salta –
– Bien –
La chica hizo lo pedido y Jennifer notó que algo andaba mal en el momento en que decidió saltar. Como supuso que sucedería, al caer su pierna flaqueo y provoco que cayera al suelo. Sacudió la cabeza acercándose con cuidado.
– Te dije que no estabas lista –
– No lo creo – Ella se puso en pie – Lo haré de nuevo
– Elsa, escucha, ya estoy cansada. ¿Qué crees que sucederá mañana si lo intentas? – Pregunto seria – ¡Tú no puedes hacer las cosas que son imposibles por el momento! Podrías tener una peor lesión. Tu pierna no resiste la caída y eso provoca que te estrelles. Es peligroso que sigas. Es cierto, lograste deslizarte bien, no lo niego, también pudiste doblar en las esquinas, pero te dolió y no lo niegues porque lo vi, sin embargo no puedes saltar. Lo peor de todo es que en la competencia los saltos son obligatorios, no puedes hacer una rutina sin ellos
Elsa se puso en pie con cuidado mientras la castaña se alejaba hacia la nieve – Dejaremos estoy hasta aquí. Descansa y no vayas a moverte mucho
– ¿Tu plan es que me quede en cama todo el día? –
– Sí es necesario, entonces sí –
Se alejó tranquilamente sin mirar atrás. La Elsa que ella conoció hace diez años no se daría por vencida con una tonta herida, eso era seguro. Con eso contaba. No se rendiría.
– No lo sé, me gusta el sushi, pero prefiero más la comida china – Anna rió mientras Ariel sonreía.
– El sushi es mejor –
– Lo sé, pero me gusta más la comida china – Se encogió.
Ariel rió asintiendo – Bien, cada quien sus gusto
– Te apoyó –
Ambas chicas se encontraban en el lovi del hotel conversando amigablemente sentadas en unos sillones. Junto a ellas había un bolso que el botones había recogido en cuanto se acerco.
– Ariel, Michael quiere saber si cantarás –
– Dile que sí – Sonrió.
Una vez que el chico pelirrojo de ojos castaños se alejo, Anna miro a Ariel sorprendida.
– Tu madre es dueña del hotel, ¿y cantas? –
– Me paga – Se encogió despreocupada.
– Eso es raro –
– No tanto. Cuando tenía dieciséis años me metí en un problema, Elsa me ayudo a salir de ésto, pero mis padres estaban enojados. Digamos que había causado algunos daños a una propiedad privada, pero fue un accidente. Yo entre en la piscina publica a escondidas por la noche, un perro me persiguió, por accidente golpee al conserje y rompí varias cosas intentando escapar. Pagaron cerca de dos mil dólares, estaban muy enojados y querían que le devolviera el dinero porque ya era demasiado lo que hacía. Como tenía para pagar mi madre me castigo haciéndome trabajar, primero fui conserje, después botones y finalmente cantante – Sonrió Ariel riendo.
– No me digas, ¿aún pagas esos dos mil? – Anna parecía sorprendida.
– No – Rió – Los pague a los cuatro meses después, pero me gustaba cantar así que le dije que por un sueldo podría seguir trabajando. Ahora cantar es como diversión
– Ya veo –
– Por cierto, Anna, no es que quiera ser grosera, pero por qué no estás con Elsa –
El corazón de Anna se detuvo, sonrió poco a poco y luego miro a Ariel riendo – Elsa no me necesita ahora. Ella está entrenando con Jennifer, iban a trotar
– Se está esforzando demasiado. Probablemente deba ser la influencia de Katrina en la ciudad – Ariel arecía pensar – He sabido que se han encontrado el día que llego
– ¿Katrina? Hablas de ella, ¿no? Es su rival –
– Sí, esa misma. Katrina es ruda y al igual que Elsa solo vive para el hielo. Se retan desde que tenían quince años. Ella es la única razón por la Elsa debe estar haciendo esto, su orgullo no la dejará perder sin intentarlo –
– Ya veo – Anna sonrió – Cambiando de tema, dime una cosa, ¿hay algo especial que deba saber de Elsa?
– ¿Qué? ¿Especial? – Frunció el ceño – Bueno, yo sé que suele dormir con Lady en su habitación porque cuando era pequeña le daba miedo la oscuridad entonces ella la cuidaba
– ¿Sí? – Anna sonrió, sacudió la cabeza y se sonrojo violentamente – No, verás, querías saber porque, bueno, no es nada importante de hecho. Iré a ver a Elsa en un rato más porque, jeje, nosotras saldremos como en una cita. Cita romántica. Yo quiero hacer algo especial, pero me di cuenta que no conozco mucho los gustos de Elsa salvo el hielo. Ella por lo general cuando salimos en grupo suele seguirnos sin decir nada, es raro
– Oh que lindo, tendrán una cita – Ariel rió – Uhm, tal vez debería contarte cosas para que puedas avergonzarla
– Me gusta cuando se sonroja – Anna miro hacia otro lado con una sonrisa torcida y confiada, al ver a su nueva amiga tragó saliva sonrojada – ¿Y bien?
– Primero que nada, ella solía tener una lámpara de noche con la figura de un pony, era tan tierno y créeme si se lo dices se apenará. También Elsa solía llorar cuando iba al jardín, no le gustaba separarse de sus padres – Rió Ariel – Veamos, qué más… Oh, sí, esto es bueno. Cuando Elsa tenía cinco años le dejaron con una niñera una tarde y la niñera estaba durmiendo porque estaba cansada, pero Elsa estaba aburrida así que ella le cortó el pelo jugando a la peluquería y le hizo un moño todo raro
Anna miro a Ariel. No tenía pena ni culpa por andar contando cosas graciosas y vergonzosas sobre su novia. La sola idea de pensar en Elsa de pequeña le hizo gracia, imaginaba a una niña de ojos azules alegres y de cabello largo rubio platinado. Miro a su amiga.
– ¿Dónde la llevó él? –
– ¿Él? – Ariel parpadeó.
– Su novio, bueno, exnovio – Anna se puso seria – ¿Qué hizo en su primera cita con Elsa?
– Yo creo que no es necesario hablar sobre eso –
– Por favor –
– Anna, no tienes que saber nada de eso. Si te digo a donde llevo o que hizo Will con Elsa tú solo te concentraras en querer hacerlo mejor que él y no te concentraras en tu cita con ella –
– Claro que no. Obviamente me concentrare en mi cita con Elsa, solo quisiera saber a donde la llevo el chico –
Ariel miro a su amiga con recelo hasta que suspiro – Si te digo lo que hicieron en su primera cita, ¿prometes que no harás lo mismo y te concentraras en ti y en Elsa?
– Sí – Anna sonrió.
– ¿No te vas a obsesionar? –
– No –
La pelirroja suspiro nuevamente – Hay un restaurante llamado "Golfo di Napoli", los dueños son una pareja italiana que llegó aquí hace años. Es un restaurante del tipo elegante, mucho y muy muy caro, él la llevó allí en su primera cita. Después de eso fueron a caminar, no sé donde, pero Elsa tenía una sonrisa de enamorada que le duro toda una semana. Sea lo que sea que hicieron después, a ella le encanto
– ¿Sí? – La boca de Anna se secó – ¿Un restaurante carísimo y una salida a caminar? Eso debe de ser… la cita perfecta. No me sorprendería si estuviera enamorada de ese chico
– Lo estaba. Dios. Elsa realmente le amaba – Sonrió Ariel – Después de enterarse de aquel accidente se encerró en su propia habitación por dos meses, jamás la vi tan deprimida
Anna se estremeció involuntariamente. Lo último que quería era saber que Elsa alguna vez estuvo enamorada de alguien que no era ella. La quería. La amaba. Y sobre todo quería darle todo, quería que ambas tuvieran la mejor cita para recordar.
– Por cierto, Ariel, una pregunta, ¿qué sabes de un Regan? – Preguntó Anna – Escuche ese nombre en New York, croe que es un chico que fue a ver a Elsa, pero no estoy segura
– Regan... – Ariel hizo una mueca melancólica – Hace mucho que no escuchaba hablar de él. No me sorprende que Elsa se lo encontrara en New York – Anna mostró una mueca alarmada – No, no. No te alarmes. No es eso. Veamos, tú sabes sobre Will, eso quedo claro, Elsa ya te lo contó, sin embargo también está Regan. No te preocupes que Elsa solo ha salido con una persona en toda su vida antes que tú. Regan es el hermano de Will, él obtuvo una pasantia como a los diecisiete años y se fue a vivir a New York, sin embargo cuando sucedió lo del accidente de autobús él volvió a Noruega para el funeral de su hermano. Allí habló con Elsa y parecía que por un instante él era como su úncia roca, se entendían perfectamente. Luego Elsa termino mal, no quiso saber de nadie más y Regan tuvo que volver. Si se encontraron en New York como dices, quizás solo fue para hablar del pasado. Regan entiende a Elsa más que nadie porque Will era su hermano menor, se llevaban bien y era como su consentido. También sufrió
Anna asintió lentamente. No podía creer aquello. Regan, eh. Y volviendo al tema que estaba en su cabeza, aún más que un chico desconocido hablando con su novia, era la cita. Tenía que hacerla perfecta.
– Yo, creo que ya debo irme, no quiero atrasar tu presentación y aún necesito saber a donde ir con Elsa para nuestra cita –
– Está bien, Anna, pero por favor piensa bien y no en lo que te dije. Busca algo que les gustaría a ambas y no solo por querer ganarle a alguien que ya no está aquí, también, no le comentes nada a Elsa de lo que te cuento, ¿vale? Créeme, tú no quieres abrirle viejas heridas –
Anna asintió – Lo sé, pero si él logro ganarse el corazón de Elsa yo también lo haré; y lo haré mejor. Sobre las heridas, no lo haré, descuida
Una vez dicho esto, la pelirroja salió del lugar a toda prisa caminando con los pensamientos revoloteados. Necesitaba una idea grandiosa para poder salir con Elsa. Era su primera cita. Ya habían salido en varias ocasiones, muchas, pero jamás en una cita tan seria como esa.
– Hey, concéntrate – Escucho que alguien le llamó. Miro enfrente y se encontró con un amigo suyo y novio de su prima, prácticamente eran como familia. Rió ligeramente y lo tomo de la mano.
– Necesito me ayudes, por fis – Sus ojos brillaron – Tendré una cita con Elsa y no sé donde llevarla
– ¿Ah sí? Entonces la cosa es serio y van a tener una cita – Sonrió con picardía.
– Por supuesto que van enserio. Elsa y yo estamos tomándolo enserio. Ahora dime, qué lugar sería perfecto para una cita –
– Bueno yo no conozco mucho Oslo, por lo que no sé donde podrías ir –
Anna torció los labios y de pronto un nombre se le vino a la cabeza – Ven, quiero ver algo
Caminaron por las calles de Oslo en busca de Gofo di Napoli, Anna tuvo que pedir instrucciones para poder llegar y cuando lo encontró se sorprendió. Era el único restaurante en todo el lugar que procedía de una familia de italianos. Era caro y hermoso. La boca de Anna se seco al verlo.
Por fuera solo podía ver un gran mural rojo con un letrero que decía Golfo di Napoli, un ventanal gigante que daba a su interior. Dorado y rojo. Los colores eran elegantes.
– ¿Tú quieres traer a Elsa aquí? – Eugene se quedo pasmado.
– Eso me gustaría. Su antiguo novio la trajo – Anna tragó saliva – Pero no hay forma en el mundo en que yo pueda pagar tal precio
– Debe de ser millonario –
– No lo sé, pero él ya no está y la única competencia que tengo es su fantasma – Anna gruño – ¿Cómo puedo llevar a Elsa a una cita en que supere este lugar si no tengo dinero?
– ¿Por qué te concentras en superar a alguien que ya no está en lugar de pasar una velada romántica? – Eugene dijo – ¿Por qué no van a otro lado? Probablemente hay bonitos lugares para ir de cita. En los fiordos hay un tío con una góndola, no cobra caro. Rapunzel y yo fuimos hace un par de días
– No creo que Elsa quiera que todos la vean –
– No era cierto lo que dijo Kristoff, ¿sabes? Yo creo que solo necesita acostumbrarse a una relación diferente –
– Eugene, no hables, estoy pensando – Anna dijo.
Él sonrió de lado y luego camino lejos con las manos en el bolsillo. Anna sonrió siguiéndole. Necesitaba una pronta idea para poder llevar a Elsa a una cita.
– Necesito ayuda – Murmuró Anna.
Elsa miro la foto en sus manos una vez más antes de querer dejarla nuevamente en un cofre debajo de su cama. Anna llegaría en cualquier momento por ella, o al menos eso es lo que había dicho. Sonrió tranquila.
Cojeó por la casa hasta llegar a la cocina donde se dispuso a sacar una bolsa de palomitas y las puso en un microondas. La temperatura dentro estaba siendo baja, y por la ventana el cielo se podía ver nublado. Se aproximaba una tormenta. Torció los labios pensando en llamar a Anna, para decirle que no se le ocurriera salir del hotel porque de lo contrario podría ser peligroso, pero cuando estaba por hacerlo su teléfono sonó.
– Habla Elsa – Dijo con un tono suave mientras cojeaba hacia la chimenea.
– Cariño, soy yo – La voz de su madre habló – Escucha, tu padre y yo nos quedaremos en casa de unos amigos por la tormenta. No creo que alcancemos a llegar antes de que esta llegue así que es mejor no arriesgarnos. ¿Estarás bien allí sola? No salgas de la casa y no dejes que Lady lo haga tampoco
Elsa miro al animal que se encontraba junto a una ventana sobre un sillón, miraba con tristeza hacia afuera e incluso Elsa debía admitir que era más lista de lo que todos pensaban. Incluso ella pudo notar el peligro que había afuera o que en cualquier momento se acercaría.
– No te preocupes, mamá. Estaremos bien – Elsa se acerco a Lady y tras colgar la llamada, le hizo una suave caricia sentándose en el brazo del sofá solo para mirar por la ventana también – Lo sé, Lady. Es una pena tener que quedarnos aquí
El timbre del microondas sonó, la chica sacudió el pelaje del perro un poco más y luego se dispuso a ir por el tazón de palomitas cuando de pronto alguien golpeó la puerta con ferocidad. Elsa frunció el ceño y el pensamiento de que fuera Jennifer del otro lado la irrito. Ya había tenido suficiente de ella y no quería seguir teniendo más. Seguía enojada porque no le dejo patinar solo por una caída.
Pero en la puerta no era Jen la que se encontraba sino Anna. Elsa la miro sorprendida. Usaba una bufanda color rosada con uno que otro corazón en un extremo donde colgaban algunas hebras de lana. Vestía con una chaqueta color hueso muy abrigada y unos jeans ajustados. Sus dientes castañeaban y su rostro estaba tan rojo como su color de cabello. Hablando de su cabello. Aquella melena rojiza se encontraba con un par de copos de nieve que habían caído del cielo. La tormenta pronto llegaría.
– Anna – Elsa dijo sorprendida.
– Hola, Els – Al hablar, su boca soltó algo de vapor. La chica dejo entrar a la pelirroja rápidamente y cerró la puerta. Una vez dentro, Anna lucho contra el frío que estaba calando sus huesos con el calor del hogar de la rubia. Elsa cojeó lo más rápido que pudo hacia la chimenea y en segundos la encendió, ayudo a Anna a sentarse en el sillón cercano a esta y le entregó una manta que se encontraba en el sofá.
– Estaba por llamarte. Se aproximaba una tormenta y no quería que salieras – Dijo con un tono suave antes de dirigirse a la cocina – Vuelvo enseguida
En una olla grande, Elsa se dispuso a preparar algo de chocolate caliente. Miro las palomitas y luego sacudió la cabeza dejándolas en el microondas. Lo que necesitaba en ese momento no era algo de azúcar, sino algo caliente para Anna. Mientras el chocolate se preparaba, salió de la cocina y se encontró con la pelirroja castañeando los dientes frente a la chimenea con las manos estiradas hacia ella. Elsa rió ligeramente.
– Siento que hayas tenido que venir hasta aquí y medio congelarte en el camino, sobre todo porque vivo bastante lejos –
– Sí, suerte que los autobuses aún pasaban o me habría tenido que venir caminando. Eso si habría sido inoportuno –
Anna sonrió a Elsa. Miro el sofá en donde había encontrado la manta la rubia y notó un libro junto a un buro que se encontraba allí. La manta que Elsa le había entregado ya estaba cálida de antes, por lo que Anna supuso que la rubia había estado leyendo antes de que ella llegara.
– Siento si te interrumpí –
– Está bien – Elsa asintió con una sonrisa – Pero, ¿qué es tan importante que tenías que venir antes de la tormenta?
– Yo no sabía que habría una tormenta – Se defendió la rubia.
– ¿No? – Elsa rió. Los ladridos de Lady provinieron de la cocina y Elsa se acerco a la cocina para poder servir el chocolate en dos tazas, con una bolsa pequeña de malvaviscos salió de allí – ¿Entonces?
– Yo… bueno… yo quería que tuviéramos esa cita ahora, pero en vista del clima… – Se sonrojo la chica – Creo que no podrá ser
Elsa entregó la taza de chocolate con una bolsa de pequeños malvaviscos que Anna dejo en su chocolate. Miro a la rubia sentarse en el sofá junto a Lady que se había acomodado junto a ella.
– Así que una cita es mucho más importante que tu vida – Elsa dijo algo preocupada.
– No, bueno, eso creo. Elsa, yo ya estaba en camino cuando supe de la tormenta – Ella suspiro.
Anna miro a Elsa de reojo, la rubia apenas había tomado un poco de chocolate. La pelirroja miro por la ventana sorprendida, los copos de nieve caían con más intensidad que antes.
– Creo que debo llamar a mi madre solo para que no se preocupe – Anna dijo. Al voltear a ver a Elsa la encontró leyendo el libro que se encontraba en el buro anteriormente. En su mano derecho sostenía el tazón con chocolate y con el izquierdo el libro. Tragó saliva. Ella se veía hermosa en esa posición. Con las piernas sobre el sofá leyendo el libro y bebiendo chocolate, su mascota junto a ella y además su perfecta mirada concentrada, esa que siempre le decía que no importaba si fuera había una tormenta o estaban asaltando a alguien, ella solo se concentrara en su libro. Las llamas de la chimenea flameaban de tal manera en que la luz en que se reflejaba en el rostro concentrado de Elsa la hacía lucir encantadora – Te ves hermosa
No estaba pensando cuando lo dijo, tampoco imagino que Elsa levantaría la mirada de su libro para concentrarse en ella. Sonrió ligeramente antes de dejar la taza en el buro y luego mirar el reloj que se encontraba sobre la chimenea.
– Son las diez y la tormenta ya inicio, creo que tiene para rato – Miro por la ventana – Ya casi no se puede ver nada
– Els – Anna sonrió tranquilamente después de enviar un mensaje – ¿Cómo te fue hoy?
La chica hizo una mueca con el rostro antes de rodar los ojos dándole a entender a Anna que no fue una práctica muy divertida. De todos modos, no pregunto más. Cuando Lady se movió de su lugar, caminando por la casa hasta acercarse a la chimenea, Anna sonrió aprovechando la oportunidad de acercarse a Elsa rápidamente. Al sentarse junto a ella ambas se cubrieron con la manta.
Elsa rió.
El sonido que tanto amaba Anna.
– Anna si quieres ir a dormir puedes ir a mi cama – Murmuró Elsa. La chica que había estado dormitando un poco, abrió los ojos.
– ¿Tu cama? –
Sus ojos demostraron sorpresa de pronto. La cama de Elsa. ¿Y si Elsa quería ir a dormir luego? Anna estaría allí Eso significaría que podían dormir juntas, pero eso no era así como pintaba o sí. Si ambas dormían juntas realmente no significaba nada porque solo dormirían.
La cabeza de Anna comenzó a darle vueltas. Que ella y Elsa estuvieran juntas en una cama no necesariamente implicaría que tuviera que perder la virginidad, aunque eso no le molestaba porque si se trataba de Elsa… Anna llegaba a babear por ella. Pero no, eso no es lo que debía suceder. Ni siquiera habían tenido una cita y ya estarían juntas de ese modo. No estaban listas.
– ¿Anna? –
– Está bien – Recostó su cabeza en el hombro de la chica – Estoy bien aquí
Elsa asintió lentamente antes de besar a Anna en la parte superior de la cabeza. Miro el libro nuevamente y sonrió mientras continuaba leyendo.
Crash.
Los ojos de Anna se abrieron rápidamente y de golpe al escuchar un cristal rompiéndose. Alarmada intento enfocar su vista en la oscuridad. Todo estaba borroso y de a poco comenzó a ver en la oscuridad.
"Está no es mi habitación. ¿En dónde estoy?"
Se sentó en la cama paseando la mirada por todos lados hasta caer en cuenta de que se encontraba en la habitación de Elsa. ¿Por qué infierno se encontraba en la habitación de Elsa?
Salió de la habitación de Elsa y se dirigió hacia abajo donde encontró a Elsa en el suelo sujetando su pie con cuidado en sus manos y con la otra recogiendo unos vidrios. Rápidamente se acerco a ella tomándola en brazos para ayudar a ponerla en pie.
– Santo Dios, ¿estás bien? – Pregunto.
– Sí – Elsa dijo mirando los vidrios – Rompí un vaso
Anna fijó la vista en el pie de Elsa, no sangraba lo que significaba que no se había enterrado ningún vidrio, eso era bueno, pero de todos modos algo debió suceder porque la chica parecía tener dificultades para apoyar su pie.
– Déjame a mí limpiar, tú siéntate – Anna dijo con un tono firme que no daba ocasión para protestar.
Tras recoger cada trozo, Anna se acercó a Elsa y la miro preocupada. La chica le sonreía tranquila.
– Siento despertarte –
– Está bien – La chica se estiro un poco. Al mirar por el reloj vio que era de madrugada – Oye, ¿cómo llegue a tu habitación?
Elsa rió ligeramente, causando que Anna sonriera un poco – ¿No lo recuerdas? Tú dijiste que estabas cansada y te fuiste a recostar un rato en mi cama
– ¿Sí? – Anna bostezó – No lo recuerdo bien. Debo de haber estado muy cansada. Son las cuatro de la mañana y tú sigues despierta
– No, yo estaba durmiendo en el sofá y me desperté para tomar agua –
– En el… Dios, Elsa. No deberías estar durmiendo ahí, no le hace ningún bien a tu pierna – Anna dijo preocupada – Debiste ir a tu cama
– ¿Y cómo lo haría si estabas tú? – La chica tomó la manta color burdeo – No quise despertarte y tampoco podía acomodarme en la cama, me di cuenta de que tenías todo desordenado. Pensé que te movías mucho y no quería arriesgarme
La chica se sonrojo intensamente y luego rió nerviosa. Elsa sonrió divertida recostando la cabeza en un cojín. Ella se había cubierto ya con la manta mientras Anna la miraba preocupada.
– ¿Por qué no subes? Yo me quedaré aquí abajo –
– Estoy bien así –
Anna sacudió la cabeza sonriendo – No, yo estaré bien aquí. Tú tienes que cuidar de tu pierna, así que por favor ve arriba
Elsa torció los labios, al no moverse Anna le sonrió divertida mientras se acercaba al sofá, colocando ambas manos a cada costado besó a la rubia delicadamente en los labios, un beso correspondido, y luego le sonrió.
– De verdad, mejor cuidar tu pierna si quieres patinar –
– Eres la mejor – Elsa sonrió. Los dedos de sus manos recorrieron lentamente los brazos de Anna hasta llegar a su cuello y con una sonrisa atrajo a la pelirroja hacia ella en un beso más profundo.
Las caricias en su nuca provocados por los suaves y delicados dedos de Elsa, causaron uno pequeño cosquilleo. La chica pelirroja termino subiendo sus piernas a cada costado mientras se sentaba en el regazo de Elsa. Sus labios seguían conectados y el calor aumentaba con cada movimiento.
Pronto los pulmones comenzaron a exigirle aire, pero Anna no lo permitía. Besaba a Elsa como si de ello dependiera su propia vida. Y es que la sola textura de Elsa le fascinaba. Sus labios eran tan suaves como un algodón, tan deliciosos como el chocolate y claro, su sabor era directo a gloria. Las posiciones de las manos cambiaron, Anna rodeaba el cuello de Elsa mientras Elsa rodeaba la cintura de Anna, ambas besándose como si no hubiera un mañana que esperar.
Y los pulmones de Anna seguían exigiendo aire. Le gritaban a dúo: necesito aire, por favor. No quería ceder, no quería separarse de la rubia, pero acepto porque era mejor tener un poco de aire y continuar luego que a no tener nada y no continuar.
Con la cercanía de ambas, Anna volvió a notar las pequeñas y poco perceptibles pecas en el rostro de su novia. Su piel blanca era hermosa y suave. Su cabello rubio platinado parecía seda en los dedos de Anna. Sus hermosos ojos azules que brillaban junto a los suyos con mirarla y por supuesto su sonrisa pequeña. Ella era hermosa y era suya.
La frente de Elsa se posiciono en el hombro de Anna, la chica sonrió tranquilamente acariciando el cabello. Sus dedos eran bañados en seda platinada. Le gustaba.
Lo dulce de la fresa que Anna estaba mordiendo no se comparaba en nada a los labios de Elsa. Hacia tan solo unos minutos que se habían separado del sofá y ahora se encontraban en el suelo junto a la chimenea con un pequeño picnic bajo techo.
– ¿Ves? No es tan malo – Elsa mordió un trozo de una galleta salada.
– Sí, si te gusta estar en un picnic bajo techo en una tormenta comiendo papitas fritas, galletas saladas, agua purificada y pan con mantequilla a las cuatro de las mañana – Anna dijo con amargura. Elsa la miro tranquila, en sus manos tenía una papita frita. Ella sacudió la cabeza y dejo la galleta en el pote – Els, no quería esto para nuestra primera cita. Yo quería que tuviéramos un momento mágico, pensaba en que podía conseguir algo de dinero con mis padres y además de mis amigos y así llevarte a Golfo di Napoli, no comer un montón de basura a las cuatro de la mañana
Elsa sonrió colocando una mano en el hombro de Anna, la besó en la mejilla – Es dulce de tu parte que quieras que sea especial, pero ¿no es más especial si estamos las dos? De verdad, no me importa si termino teniendo una cena en un hospital, si estoy contigo suena como la perfecta cita
Anna suspiro – ¿Aún si son las cuatro de la mañana?
– Aún si son las cuatro de la mañana – Afirmo Elsa. Volvió a besar la mejilla de la rubia y en segundos abrió los ojos de golpe – ¿Dijiste Golfo di Napoli?
…
– No – Automáticamente Anna dijo con una mueca asustada.
– Anna… ¿Por qué quieres llevarme allí? –
– No, has escuchado mal. No quiero llevarte a ese restaurante cuyo nombre desconozco. Yo quiero llevarte a un lugar donde podamos tener una cena grandiosa solo las dos juntas… –
Elsa sacudió la cabeza poniéndose en pie – Has hablado con Ariel, ¿no? Le has preguntado donde he ido a mi cita con Will y querías llevarme allí. ¿Por qué?
– Qué. No es como si yo quisiera superar la cita que hayas tenido con él. Es decir, jamás te llevaría a un lugar tan fome como ese. Yo no soy una persona tan sofisticada y sé que lo sabes –
– Anna – Elsa gruño entre dientes – No sé que me molesta más. Que tú intentarás copiar la cita que tuve hace más de un año o que no pensaras en una cita para nosotras. Te acabo de decir que la mejor cita que podía tener era contigo, mientras estés conmigo, pero solo pensabas en mi cita con Will. ¿Por qué?
– Yo… – No respondió. Elsa sacudió la cabeza.
– Dormiré en mi habitación. No sé qué harás tú. Puedes dormir aquí abajo o arriba, hay una habitación para invitados – Se abrazó a sí misma la rubia y luego subió cojeando.
Anna miro a la rubia con una mueca arrepentida y luego observo su pequeño e intimo picnic. Había hecho de todo para conseguir el dinero que quería y poder llevar a Elsa al mejor restaurante y ella parecía molesta por eso. Solo porque Anna quisiera imitar al ex de la rubia no significaba que no pensara en ella. Todo lo que quería era tener la velada más romántica de todas.
– Me parece que solo quedamos tú y yo, Lady – Suspiro. Volteó a ver al cachorro que se encontraba a medio caminar en las escaleras. Gruñó antes de recordar que Lady dormía con Elsa debido a que cuando ésta era pequeña su mascota la protegía de lo que la asustaba.
Suspiro sintiéndose completamente sola y como si fuera la persona más tonta del mundo y subió. No planeaba subir a buscar esa habitación de invitados sino entrar en la de Elsa.
La rubia se encontraba de espaldas a ella, su cabello caía de un solo hombro. Anna respiro hondo caminando hacia la cama, sin decir nada se metió junto con la noruega y la abrazó por la cintura.
– Lo siento – Murmuró después de un rato. No hubo respuesta, pero Anna sabía que Elsa no estaba durmiendo pues podía sentir que la rubia se movía algo tensa, como si quisiera evitar acurrucarse junto a ella – Els, perdóname. Entiendo. Yo no estaba pensando en nosotras cuando quise llevarte a ese restaurante. No lo sé. Tal vez pensé que necesitaba competir con él y así darte una cita única que puedas recordar. Solo estaba celosa de que sí estuvieras enamorada de él y de mí… de mí simplemente intentarás llevar una relación. Soy egoísta. Mierda. Es la primera vez que lo digo en voz alta. Yo soy egoísta porque solo pienso en mí y no en lo que tú quieres, pero al verte sonreír cuando estábamos abajo… Lamento haberte arruinado esa sonrisa con mi sarcástico comentario. ¿Sabes? No tienes ni idea de lo que es saber que tu novia tuvo una relación con alguien antes que tú y encima estaba enamorada de ese alguien mientras que de ti solo intenta dar lo mejor para hacer funcionar la relación. No sabes lo que se siente decirle siempre "te quiero" a alguien solo para escuchar que ese alguien evade el tema. Te estoy presionando, lo siento, pero yo no quiero… yo solo…
– Te quiero –
– ¿Eh? – Anna se sorprendió un poco. Elsa se giro lentamente hasta quedar de frente a la pelirroja.
– Te quiero – Repitió. Hubo un silencio. El color del rostro de Anna se intensifico – Perdóname. Solo… Anna, quiero que seas tú, no que hagas algo que Will ya ha hecho. Te quiero como eres. Y ya te dije que si sentía algo por ti aunque no estaba segura de que era… tal vez… tal vez es igual que lo que sientes por mí. Yo te quiero
Anna sonrió ligeramente, casi babeaba solo por escuchar esas palabras que tanto quería de Elsa.
Continuara…
