Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?

Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.


Voluntad sobre Hielo

22

Los ojos azules de Elsa parecían brillar antes de cerrarse lentamente, su cabeza se había inclinado hacia atrás provocando que su cabello largo y suelto hiciera suaves cosquillas en su espalda baja. Su cuerpo magullado era suavemente reconfortado por el agua caliente de la ducha.

"Hace mucho que no me caía tanto en los patines. Es como volver a empezar."

Enjuago su cabello con algo de shampoo, un suave olor a manzanilla se desprendió de él entonces y luego su cuerpo fue completamente lavado. Una toalla envolvía su cuerpo al salir del baño. El vapor inundaba todo que apenas podía ver y al abrir la puerta pudo sentir la brisa suave y delicada, fría que provenía de la ventana abierta chocar en su piel después de estar en contacto con el vapor cálido y humeante del agua caliente.

Paso una mano por su cabello desenredando algunos nudos y observo a Anna dormir de espaldas a ella. No le sorprendía en lo absoluto. Apenas eran las once. Rápidamente se vistió y salió sin hacer ruido.

Sonrió tranquilamente al llegar abajo se encontró con sus padres preparando el desayuno. La tormenta había terminado cerca de las seis de la mañana, lo que complico un poco el horario de entrenamiento de Elsa, pero no importaba. Hacer ejercicio a las siete de la mañana era igual de gratificante que hacerlo a las cinco de la mañana.

– ¿Anna sigue durmiendo? – Pregunto Idunn colocando un tazón con mermelada en el centro de la mesa.

– Sí, pensaba en despertarla, pero… –

– Pienso que deberías despertarla ahora. No sé si sea buena idea que duerma tanto – Agdar dijo sonriendo. En sus manos, el periódico del día se encontraba abierto.

– Si yo fuera ella preferiría dormir – Elsa suspiro poniéndose en pie.

– Nadie les dijo que se durmieran tarde – La madre de la rubia dijo.

Elsa sonrió divertida. Al entrar nuevamente en su habitación grabo la imagen de Anna durmiendo. Bebía cada detalle. La forma en como su cabello se encontraba esparcido en toda la almohada, también la posición alta de sus brazos ocupando toda su cama y tal vez el pequeño y delgado hilo de baba que corría de su boca. Rió para sus adentros antes de acercarse a ella, se sentó en el borde y con suavidad toqueteo sus manos. Anna no despertó.

– Anna – Cantó suavemente en su oído – Anna despierta

La pelirroja se movió en su cama, dando la vuelta hacia donde se encontraba Elsa y sus parpados se presionaron un poco. La rubia sonrió divertida, moviendo un mechón de su cabello que estorba la vista de su rostro, la besó en la frente. Ahora sí, Anna abrió los ojos con una sonrisa.

– Buenos días –

– Buenos días –

Se estiró en la cama antes de acurrucarse un poco. Elsa rió poniéndose en pie.

– Venga, el desayuno está servido. Chocolate caliente y algunas tostadas. Cortesía de mi hermosa pero muy comprensiva madre – Rió.

– Tu madre me cae bien. Siempre me trata como si fuera su hija – Anna dijo sin abrir los ojos.

– Pero no lo eres. Eres mi novia y si no te levantas te juro que te voy a sacar arrastrando de ahí – La chica comenzó a caminar hacia la salida – Tienes un minuto

– Que lindo sonó eso de tu boca. No la amenaza porque eso aunque suena divertido no es lindo, sino que me hayas llamado novia. No es extraño de todos modos, eres mi novia, soy tu novia, somos novias. Nosotras estamos en una relación interesante de novias. Es raro decirlo tantas veces, pero aún me cuesta creerlo, ¿tú qué piensas, Els? ¿Elsa? – Al mirar a la entrada sonrió ligeramente. Elsa se había ido. Forzadamente se había puesto en pie, frotó sus ojos con los dorsos de ambas manos y luego se dispuso a bajar las escaleras.

– Buenos días, Anna – La madre de Elsa la recibió con una sonrisa.

Por un momento la rubia se sintió no solo fuera de lugar sino completamente desaliñada y muy mal presentada ante los padres de la chica. Era importante tener una buena presentación con quienes pueden ser tus suegros, pero en ese momento Anna parecía aturdida.

Primero recordó que la tormenta de anoche había mantenido a los padres de Elsa fuera, segundo pensó en que estaba por desayunar con los padres de Elsa, tercero pensó en que quizás ellos creían que algo había sucedido anoche entre ambas chicas, pues durmieron juntas en la misma habitación y cuarto Anna se sintió avergonzada por la vestimenta del día anterior completamente desaliñada y el cabello alborotado.

"Bien, Anna. Acabas de impresionar a los padres de tu novia."

Pasó la mano por su cabello rápidamente en un intento de peinarlo lo mejor posible. Elsa estaba sentada junto a su padre y vestía una simple polera de mangas largas color azul y unos jeans, también una par de botas café. No usaba bufanda, no usaba gorro y mucho menos guantes. La tormenta había terminado, pero incluso Anna sentía el frío. Todo fuera estaba cubierto de nieve. El cabello de Elsa goteaba y eso le sorprendió un poco.

– Buenos días – Dijo con timidez pasando a tomar asiento.

Elsa le sonrió ligeramente. El aroma suave a pan tostado hizo que el estómago de Anna rugiera ferozmente, la chica se sonrojo bastante cubriendo su estómago con ambas manos para así intentar opacar el sonido. La mermelada de moras jamás había olido tan bien como aquella mañana y el olor a chocolate caliente hizo que involuntariamente se lamiera los labios.

La risa suave de la madre de Elsa la sacó de un pequeño ensueño – Adelante, querida. Puedes comer cuanto gustes. Hice bastante – Anna asintió con un sonrojo avergonzado. Tomo una tostada. La madre de Elsa le miro con una sonrisa antes de voltear a ver a su hija – ¿Qué tal el entrenamiento?

– Ya sabes, lo mismo de mismo de siempre – Elsa respondió vagamente. Anna la miro intrigada, la rubia suspiro y con un tono medio frío respondió – Jennifer me ha quitado los patines. Trotamos un poco. Quiere que vaya al kine antes de volver a ponerme los patines

– ¿Es necesario? – Agdar miro a su hija – Pensé que ya te habías puesto los patines ayer

– Sí, pero al dar un salto me caí – Elsa se encogió tomando una tostada. Untó algo de mantequilla en lugar de mermelada y le dio un mordisco – Cree que es mejor si puedo fortalecer un poco mi pie antes de hacer movimientos bruscos

¿Bruscos? A Anna siempre le había parecido que los saltos de Elsa eran todo menos brusco, eran elegantes, gráciles, bellos y delicados. No bruscos. Observo a Elsa fijo. Apenas había un poco de mermelada en la comisura de sus labios luego de que sirviera un poco de mermelada en su tostada, justo en una zona en donde no había mantequilla. Luchó con la tentación de querer acercarse y quitar ese poco de mermelada ella misma con su lengua, solo para después besar sus perfectos labios; y sin embargo, su lucha fue mucho mejor cuando Elsa se quito ella misma el poco de mermelada. Suspiro aliviada.

– Tal vez no es mala idea – Escuchó a la madre de Elsa.

Elsa asintió lentamente sin decir nada. Al terminar el desayuno, Anna se dispuso a subir apresuradamente a la habitación de Elsa ante la mirada perpleja de la familia Winter. Ella quería arreglarse pronto, verse más presentable para su novia y su familia y no tan… desastrosa.

Recordó que no había ropa de cambio. ¿Cómo pudo ser tan tonta para no traer ropa de cambio? Elsa entro en la habitación después de dar unos golpes y le sonrió. Anna no se atrevió a decir nada por un instante, pero la rubia tenía sus propias cosas en mente. Se acerco a Anna con un conjunto de ropa en las manos.

– Es posible que te quede algo grande, pero es lo mejor que puedo tener por ahora –

"No es posible. ¿Cómo lo supo?"

– Gra-gracias – La pelirroja se sonrojo tomando la ropa perfectamente doblada en sus manos. Elsa sonrió antes de dar la vuelta.

"Huele como a ella."

Una vez que Elsa se fue Anna se dispuso a vestirse, pero no pudo haberlo hecho rápidamente porque observaba la ropa de pies a cabeza. Cada milésimo detalle. Frente a un espejo de cuerpo completo, Anna se acomodó la camisa mirándose. Se sorprendió de que la ropa de Elsa le quedara bien, sobre todo siendo que ella era más alta que Anna.

Usaba una polera de mangas negras y largas mientras que en el torso era de color gris con el diseño de unas manchas de algún animal. A simple vista la polera no se veía muy cálida para enfrentar el frío de allí afuera, pero la verdad es que sí lo era. La polera era bastante cálida y es que por dentro la tela era un tipo de algodón suave y cálido. Usaba unos jeans negros, le quedaban ajustados, demasiado como para no respirar, pero se acostumbraría; sin embargo, en los tobillos se le veían arrugados como si le sobrara tela y es que Elsa era más alta que ella. Se puso unas botas y luego salió de la habitación.

En el living Elsa se encontraba encendiendo la chimenea, el padre de la chica estaba mirando la televisión, más preciso en las noticias. Por lo que Anna pudo notar, el encabezado de las noticias decía que las calles estaban cerradas debido a la tormenta de la noche anterior. Una mueca se dibujo en su rostro. Debía llamar a sus padres.

– Te ves bien – Elsa le sonrió mirándola fugazmente. La rubia se encontraba con un soplador de chimenea que parecía algo más pristino y arcaico hecho con una madera café demasiado oscura con un símbolo chino en el centro y un borde rojo. Ella había sabido que ahora las chimeneas se encendían por medio de un botón, pero por lo visto a Elsa le gustaba más así. Estaba avivando el fuego sin problemas.

– Gracias – Murmuró sin saber a dónde ir ahora. Cuando la chica termino con lo que estaba haciendo, se acerco a Anna tranquilamente. Estuvo a punto de decirle algo pero fue interrumpida por su padre que había dicho algo sobre la tormenta.

– Lady no ha dejado de correr en la nieve – Dijo Elsa distrayéndose de lo que iba a decirle a Anna. Al mirar por una ventana vio a la perra correr entre la nieve siguiendo a unas aves que sobrevolaban. Rió ligeramente tomando la mano de la pelirroja – ¿Quieres ir afuera?

– Yo no… – Anna intento decir, pero antes de poder terminar Elsa ya se había puesto su gorro de lana para salir de la casa arrastrándola. Rió para sus adentros observando a la rubia actuar como una pequeña niña fascinada por la nieve. Por lo general sería Anna la que corriera emocionada, por lo que no entendía el comportamiento de Elsa.

El viento dio fuerte en su rostro apenas salió. Estaba muy helado y todo cubierto de nieve. No podía ver la carretera y mucho menos podía ver el pequeño camino hecho de piedras en la entrada de la casa de Elsa. Caminó lentamente y al respirar pudo ver una pequeña nube de vapor salir de su boca. No tenía tanto frío como pensó que iba a tener cuando saliera de la casa. La ropa de Elsa le estaba calentando muy bien.

Vio a Elsa correr apenas con Lady. Realmente actuaba como una niña.

– ¿Qué sucede Anna? – Pregunto Elsa caminando hacia ella seguida del animal que de altura llegaba hasta su cintura.

– Nada – Respondió – Debería ir por una bufanda

– ¿Sí? – Pregunto Elsa quitándose el gorro de lana y entregándoselo – Ten. Si tienes frío puedes usarlo

El corazón de Anna latió observando el gorro de lana en las manos de Elsa. La rubia estaba peinada con su habitual trenza, no tenía ni un solo pelo fuera de su lugar, ni siquiera tras haberse quitado el gorro. Tragó saliva. ¿Cómo podía Elsa entregarle ese gorro a ella? ¡CÓMO! Ese gorro, según entendía Anna, era el favorito de Elsa. Jamás se lo quitaba e incluso una vez, cuando Kristoff y Olaf intentaban llamar su atención, uno de ellos se lo quito y ella prácticamente lo mato con la mirada. Jamás volvieron a tocarlo.

Con la mano temblorosa y dudosa lo tomó. Esperaba que Elsa lo arrebatara rápidamente antes de que ella pudiera tomarlo, pero no sucedió. Una vez que estaba en las manos de Anna, Elsa volteó a ver a su mascota para lanzarle una rama.

Anna observó el gorro de lana a franjas blancas y celestes con dos pompones colgando a cada lado sujetos por un par de hebras trenzadas. Tragó saliva. En sus manos se sentía cálido, probablemente porque Elsa se lo había puesto por un instante, pero más que eso, se sentía cálido porque le pertenecía a su novia. Desde que la conoció era inseparable a este gorro. Anna no conocía el por qué, pero suponía que era muy importante para que no se separé de el.

"Mi Elsa"

No dudo más. Se puso el gorro y luego se acercó a Elsa que estaba todavía jugando con su mejor amiga de cuatro patas. Se sintió celosa, pero estaba bien, solo era su mascota de todos modos y Anna su novia. ¿Cómo estar celosa del animal de Elsa?

Anna observó a la chica con una sonrisa divertida antes de acercarse. Su mano se deslizo por la nieve agarrando un gran puñado que pronto se convertiría en una bola de nieves que se estrellaría contra Elsa. Sonrió maliciosa. Elsa la miro divertida y le devolvió el ataque.

Entre tantas bolas de nieves disparadas hacia Anna, ella se encamino con cuidado hacia su rubia novia y envolvió los brazos alrededor de su cuello. Sin siquiera poder dar otro movimiento Elsa ya la había besado.

Sonrió contra los labios de la rubia mientras le daba el beso que tanto se había aguantado desde que despertó en la mañana. Como siempre la suavidad del tacto de Elsa la hacía sentir como si estuviera flotando en cientos de nubes suaves como un colchón. Abrazaba su cuello apeándola más a sí. No quería separarse de ella y es que el calor de su cuerpo junto al suyo le quitaba mucho más el frío de lo que su polera lo hacía.

Finalmente, la frente de Elsa descanso sobre la suya y Anna sonrió.

– ¿Qué sucede contigo? –

– ¿Qué sucede conmigo? No lo sé, ¿qué sucede conmigo? – Elsa rió. Besó la mejilla de Anna y luego recostó su frente en el hombro de la menor. Anna sonrió besando la sien visible de Elsa. Sentía a Elsa estrecharla más.

– Pareces diferente. Me gusta. Me gusta que seas espontanea – Anna dijo divertida, poco después rió – Es raro porque esto es algo que haría yo, ya sabes, ser infantil y todo eso, pero me gusta en ti. Es un lado que es nuevo para mí y me divierte solo verte. Me gusta tu sonrisa y cuando sonríes como si fueses una niña pequeña

Elsa rió en su hombro y la miro a los ojos. Brillaban con intensidad, la mano de Elsa acarició la mejilla de Anna con una sonrisa.

– Te ves hermosa –

– ¿Sí? Y pienso que tienes ropa muy linda, no es que no sea hermosa, pero es linda y todo lo que estoy usando es tuyo excepto por la ropa interior. Yo no quiero que pienses que soy una pervertida para eso. No. No quiero pienses mal de mí. Uhg, ya estoy como siempre avergonzándome a mi misma. ¿No sería mejor si me ahorro la vergüenza y te digo "hey, Elsa, me fascina tu ropa pero no uso tus brasier así que no te preocupes"? ¿Por qué tengo la sensación de que eso no sonó mejor? Dios… Supongo que me odias, ¿verdad? Seguro que odias que mi boca diga todo lo que está en mi mente, es como si no pudiera pensar antes de hablar. Solo vengo y digo todo lo que mi mente está pensando, seguro tú te aburrirías si pudieras leer mi mente, pero te aseguro que no puede haber nada perturbante allí… bueno, tal vez algunas cosas pero no como una loca psicópata o asesina así como en Saw. Es una buena película, pero no me agrada la idea de que un asesino loco y retorcido haga jugar a las personas en un juego de muerte. ¿Crees que todos los retorcidos y dementes sean así? Yo creo que en realidad…

No pudo terminar de hablar pues los labios de Elsa le habían hecho olvidar todo lo que su boca estaba hablando en ese momento. Sus labios sin duda eran como un analgésico. Elsa la besaba como si su vida dependiera de eso. Era un beso intenso con cierto toque de desesperación. Desesperación por probar sus labios. Desesperación por no separarse. Desesperación por tenerla solo para ella.

Jamás antes Anna había experimentado la desesperación de Elsa al besarla. Por lo general era ella quien siempre anhelaba el tacto de la rubia, no al revés y aunque era algo extraño no era como si le incomodara.

Se notaba que Elsa realmente necesitaba besarla. Con cuidado Anna intento separarse, no porque no quisiera besarla sino porque necesitaba con urgencia algo de aire.

– Els, Els – Se rió. La chica rubia sonrió a Anna apoyando su frente contra la de ella – Hey, cálmate

La chica rió.

– ¿No te preocupa que alguien nos vea? Yo no diga que no quiera besarte. Mierda, podría hacerlo todo el día pero tú… – Anna murmuró.

– ¿Y quién nos va a ver? – Elsa rió besando a Anna fugazmente – Estamos a miles de kilómetros de la ciudad y nadie se atrevería a cruzar después de una tormenta

– ¿Por qué no se lo dices al tipo de allí atrás? – Anna pregunto mirando por el hombro de Elsa. La sonrisa de la patinadora desapareció solo para darse la vuelta sorprendida. Busco con la mirada como quien busca un peligro aproximarse en medio de un callejón oscuro, pero no encontró nada. En lugar de encontrarse con una cámara se encontró con los brazos de Anna rodeándole la cintura.

– Estaba bromeando – Rió en su oído. Apoyó el mentón en el hombro de Elsa mientras la rubia ponía las manos sobre las de Anna – ¿Crees que sería egoísta de mi parte si pidiera poder tener un momento romántico con mi novia sin importar si estamos en público o no?

– No, no lo sería – Elsa murmuro suavemente – Pero yo no quiero tener a la prensa encima, mucho menos ahora y además… ¿realmente quieres que te sigan a todos lados?

– Sería bueno tener quince minutos de fama – Anna rió – No, probablemente no querría

Elsa rió – Vamos a dentro. Quiero leer un libro

– Y volviste a ser la misma – Anna rió.

Elsa aplaudió llamando la atención de Lady que se encontraba escarbando nieve – Lady, adentro nena – El animal prácticamente corrió hacia dentro de la casa. Anna rió tomando de la mano a Elsa y acercándose hacia dentro.


Los brazos de Elsa se cruzaron mientras una sonrisa divertida se dibujo en su rostro. Frente a ella Jennifer la miraba completamente enojada. Tanto Mérida como Anna tragaron saliva por un instante, preocupadas de que la entrenadora pudiera explotar y enojarse incluso con ellas también; sin embargo no sucedió nada de los temores que ellas tenían. La sonrisa de Elsa mostró sus dientes en una victoria única.

– Ya basta – Gruñó Jennifer dándole un golpe a Elsa en el brazo. La chica rió – Cincuenta vueltas

– ¡Qué! – La observó sorprendida.

– Ahora y en una hora. Si te tardas te aumentare – Se dio la vuelta enojada. Elsa gimió de mala gana, observo a su novia junto a una amiga y luego se dispuso a correr tras ponerse los audífonos.

– Eso no está bien, ¿o sí? – Mérida no quito la vista de la rubia corriendo.

– Nope. No lo está – Anna dijo despreocupada – ¿Quieres café?

– Suena bien – Mérida miro a Elsa como si fuera un ser de otro planeta. La temperatura ambiente no podía ser más baja, y de hecho si bajaba más Mérida se sorprendería. Ella vestía con una gran casaca roja, unos pantalones cómodos y calientes, usaba un gorro, guantes y botas. Anna no vestía con tantas cosas. Usaba una polera de mangas negras y diseño de leopardo en el torso de color gris, unos jeans, unas botas e inusualmente usaba el gorro de lana de Elsa. No parecía tener frío pese a todo eso, aunque en ocasiones se frotaba las manos. Sin embargo lo que le sorprendía era Elsa, porque incluso Jennifer vestía muy abrigada. La rubia patinadora usaba solo una camisa sin mangas color blanca, unos pantalones deportivos que llegaban hasta la mitad de su pantorrilla y unas zapatillas deportivas. Su cabello estaba en una trenza – "No puede ser que no tenga frío vistiendo así. Yo estaría congelada a este punto. Ni siquiera hubiera podido mirar la ropa en mi armario si de mi tratara."

Observó el cielo. Estaba por anochecer y ellas cuatro seguían en el centro de la ciudad viendo a Elsa practicar. De hecho, apenas recién había comenzado el entrenamiento de Elsa cuando decidió que debía vengarse de Jennifer por algo que desconocían tanto Anna como Mérida, pero esperaban que fuera debido a una pelea. Si bien la rubia tenía una tendencia a responderle a su entrenadora, Anna pensaba que en ese momento quizá se había sobrepasado. Elsa prácticamente había tenido una pelea con Jennifer y lo peor de todo es que había sido en su idioma natal. No estaba segura de que le dijo, pero ella estaba muy enojada y Elsa solo sonreía.

– Ahora debe de arrepentirse de hablar quien sabe que – Mérida rió viendo a Elsa trotar.

– Yo espero que esté bien. Su pierna… – Murmuró Anna preocupada.

– Ella va a estar bien – La chica rió – Elsa sabrá manejarlo

– Eso espero – Anna asintió. Había un carrito no muy lejos de donde se encontraban las chicas vendiendo algo de café. Un caliente y delicioso café es lo que Anna necesitaba a esa hora del día, ¿o debía decir casi noche? Estaba por anochecer.

Tras haber comprado cuatro vasos de cafés las dos chicas se acercaron a Jennifer que se encontraba completamente enojada aun con Elsa. Observaba a la rubia dar vueltas en un determinado perímetro.

– Aquí tienes – Mérida rió – ¿Puedo saber qué es lo que dijo?

– No – Jennifer respondió con calma pese a que estaba enojada.

Anna sonrió divertida. Observó a Elsa trotar tranquilamente, inconsciente de que le habían comprado un vaso de café de vainilla. Suspiro dejándolo a un lado en la banca.

– ¿Qué dices, Jenn? ¿Ella va a estar lista para la competencia? – Anna preguntó con cierto sentimiento de culpa carcomiéndola por dentro.

La castaña bebió de su café y luego se lamió los labios. Observó un poco más a Elsa y luego habló sin quitar su vista de la rubia.

– Es difícil de saberlo. No me sorprende tanto que haya progresado bastante como me sorprende lo terca que es. Ya sabes, por querer entrar al hielo ahora – Sacudió la cabeza mascullando algo en Noruego – Es posible que esté lista, pero no puedo decirlo a ciencia cierta. Lleva, ¿cuánto, tres días, tal vez cuatro? No muchos a decir verdad, pero ha logrado correr sin problemas; sin embargo no es lo mismo correr que patinar

– ¿Entonces no va a poder competir? – Mérida pregunto con tristeza.

– Es posible – Dijo Jennifer.

– Espera, ¿la estás haciendo correr por nada? ¡Si Elsa no puede competir por qué la estás haciendo correr! ¿Por qué no le dices y así puede descansar? – Anna le regaño sin alterarse demasiado. Miro a Elsa que gracias a los audífonos no tenía idea de que estaba sucediendo. Habló un poco más tranquila para no llamar la atención – ¿Por qué lo haces? ¿Qué ganas con hacer que se esfuerce para no competir?

– Eso no es de tu incumbencia – Respondió Jennifer fríamente.

– Los Noruegos son todos igual de fríos – Anna se quejó.

Mérida se rió un poco colocando una mano en el hombro de la chica. Elsa seguía trotando hasta que en un momento pareció que algo andaba mal. Con una mirada intensa de preocupación Jennifer se puso en pie inclinándose hacia delante. No se movió. Elsa dio unos saltos sosteniendo su pierna derecha, había gritado un poco y luego cayó al suelo. Fue entonces que no solo Jennifer corrió hacia Elsa sino Anna y Mérida.

La mirada de Anna reventó de preocupación cuando vio a Elsa en el suelo con algunas lagrimas en las mejillas. Sostenía su pierna con fuerza. Sus dientes se apretaban con fuerza y sus ojos estaban cerrados con fuerza.

– Els, ¿qué sucede? – Se agachó colando una mano en el hombro de la chica. La sentía tensa.

– Elsa, ¿qué ha pasado? – Jennifer pregunto preocupada. Miro la pierna de la chica y luego busco con la mirada. Se dirigió a Mérida – ¡Trae hielo!

– ¿Hielo? – La pelirroja la miro sorprendida. ¿De dónde sacaría hielo? Busco con la mirada hasta que la idea más lógica y obvia se le cruzó por la mente. Corrió hacia donde había un montón de nieve y tomó un puñado bien grande para luego correr devuelta hacia donde se encontraban las otras tres chicas. Un grupo de personas que estaban cercas las habían mirado, algunos se acercaron pero no todos. El hielo Jennifer lo puso en la pierna de Elsa mientras le pedía que respirara hondo. Anna ayudó a Elsa a acomodarse un poco en su regazo, parte de su cuerpo estaba apoyado allí.

Sus ojos enfocaban su pierna. El dolor intenso de algo contraerse dentro la hacía gemir, sus labios se apretaban hacia dentro con fuerza mientras sus manos temblaban.

– Respira. Tranquila. ¿Vale? Todo va a estar bien – Jennifer murmuró moviendo el hielo. Presiono sus dedos en la pierna de Elsa, quizá intensificando un poco el dolor, pero al poco los quito cuando supo que se estaba calmando, sobre todo porque la chica parecía algo más tranquila. Sus manos temblaban y sus labios también, su respiración se volvió agitada.

Anna rodeó sus hombros y la beso en la cabeza. Susurra un "tranquila" contra su cabeza. Jennifer miro a ambas chicas y sonrió para sus adentros. Quizás esa era la razón que hacía a Elsa tranquilizarse realmente. Unos minutos después el dolor había sido mitigado por completo, sin embargo Elsa aún temblaba y no era por frío.

– ¿Qué pasó? – Mérida pregunto, en cuclilla junto a las demás que estaban en el suelo también. Aún estaba algo confundida.

– Solo fue un calambre – Jennifer sacudió la cabeza – No calentaste antes de trotar, ¿o sí?

– Supongo que lo olvide – Elsa murmuró.

El rostro de Jennifer se tornó serio, estaba a punto de gritarle cuando un hombre decidió acercarse.

– Señoritas, ¿están bien? ¿Necesitan ayuda? – Se notaba preocupado.

– Estamos bien – Jennifer se puso en pie. Miro a su patinadora – ¿Puedes caminar?

– Eso creo – Respondió Elsa. Se puso en pie con la ayuda de Anna, pero al dar unos pasos cojeo miserablemente. La pelirroja le ayudo ya que desde que Elsa había comenzado a caminar aún con su fractura ya no usaba las muletas. Lo que era muy sorprendente a decir verdad.

– Cuando dije que quería un momento romántico con mi novia en público, no me refería a esto, ¿sabes? – Anna rió tras hablar en un susurro solo para Elsa.

Elsa rió apenas – Está bien, tal vez después de la competencia podamos estar solo nosotras dos… en público

– Suena bien – Anna dijo riendo.

Ambas chicas se sentaron en la banca donde el café para Elsa aún permanecía ahí. Anna le miro con curiosidad antes de tomarlo. Estaba tibió. Se estaba enfriando más rápido de lo que ella quisiera. Y miro a Elsa que estaba respirando profundo.

– Iré a buscar el auto, Mérida ve por las cosas de Elsa que dejo allá y tú Anna quédate con ella – Jennifer dijo. Una vez que se alejo, Anna sonrió a Elsa.

– Ten, quizá algo caliente te venga bien, bueno, está tibió porque el frío lo ha enfriado rápidamente, pero no creo que te haga mal, ¿o sí? –

– Estoy bien, tranquila – Murmuró Elsa sonriendo.

Anna la miro preocupada. En ese instante quería olvidar que habían más personas cercas de ella. Quería olvidar que en cualquier momento un reportero ninja aparecía de la nada y les tomaba una foto. Quería olvidarse de que todo el mundo existía excepto ellas dos. Solo quería tomar a Elsa en sus brazos y besarla al igual que esta mañana cuando estuvieron jugando en la nieve… hasta que le doliera. Y lo hizo. Se olvido de todo y la besó suavemente en los labios. No quería asustarla. Solo quería calmarla. Hacerle saber que ella estaba ahí para cuidarla.

Al separar sus labios de ella la besó en la sien atrayéndola hacia ella en un suave abrazo. Elsa estaba sorprendida, sobre todo porque un par de personas habían estado mirando, pero no importaba. El abrazo de Anna, un suave y delicado abrazo, hacía que ella olvidara el dolor palpitante en su pierna. Era todo lo que necesitaba para estar tranquila.

– Todo va a estar bien – Murmuró Anna sin soltar a Elsa.

Cuando la camioneta se acerco las tres chicas subieron a ella rápidamente y se fueron. Adentro del vehículo, Anna no soltó a Elsa en ningún momento. Podía escuchar a Jennifer refunfuñar en Noruego, lo que no entendía nada, pero Elsa rodaba los ojos de vez en cuando.


– ¿Es una broma? – Elsa gruñó, estaba sentada en su cama teniendo un rato de reposo contra las almohadas y el televisor encendido, pero más que eso leía un artículo en el periódico matutino que Anna le había llevado.

La pelirroja se encontraba con la mirada tímida en el umbral de la puerta de la habitación de Elsa. Jugaba con sus manos nerviosa mientras Elsa despotricaba en noruego.

La rubia resopló y miro a la chica de ojos azulados verdosos con una sonrisa más suave, le indico acercarse y con temor Anna lo hizo.

– Hey, no te preocupes – Tomo su mentón con suavidad – No es tu culpa

– ¿No? – La voz de Anna salió temblorosa – Yo creo que sí

– No. No lo es, Anna – Elsa sonrió – Deja de preocuparte por eso. Tarde o temprano se iban a enterar de todos modos

Anna asintió preocupada y se acurruco junto a Elsa abrazándola con fuerza. La rubia sonrió ligeramente besando a la chica con delicadeza.

– Realmente lo siento – Anna murmuró.

– Basta, Anna. No es tu culpa – Elsa dijo con suavidad.

Anna tragó saliva estrechando más en un abrazo a Elsa. Sus ojos se deslizaron por la cama hasta el periódico en ella. El encabezado era exactamente lo que Anna no quería que saliera a la luz tan pronto y todo era su culpa. Si ella no hubiera besado a Elsa el día anterior tal vez ese encabezado no estaría ahora. Cerró los ojos sintiendo el calor del cuerpo de Elsa junto al suyo.

¿Gusto por las chicas? Polémica sobre la sexualidad de Elsa.

Continuara…