Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?
Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.
Voluntad sobre Hielo
24
Los patines de Elsa se deslizaron por el hielo escarchado provocando que en varias ocasiones cayera al suelo. La rubia gruñó con cada golpe y luego se sentó al no poder seguir más. Su cuerpo estaba entumecido por el contacto con el hielo, pero no importaba.
– Necesitaremos un zamboni si planeas que usemos tu pequeño lago congelado – Jennifer se encontraba sentada en la nieve observando a Elsa.
– ¿Dónde conseguiremos un zamboni? – Elsa cuestiono sentada en el hielo – Tom no me va a prestar el suyo, no después de que los chicos hubieran roto su estatua
– Ese es el problema – Jennier sacudió la cabeza – Ya no podemos conseguir un zamboni
Elsa torció los labios mirando el hielo – Bueno, antes del zamboni había que raspar, lavar y escobillar el hielo a mano. Si nosotras lo hiciéramos estaríamos terminando… después del mundial
– Entonces deberíamos olvidarnos del mundial porque sin hielo no podemos practicar –
Elsa suspiro. Necesitaba hacer algo con su problema y pronto. El día anterior las cosas habían empeorado por si fuera y poco la competencia estaba cada vez más cerca.
Escuchó a Lady ladrar pero no le prestó tanta atención como debería. Bajo la mirada cruzándose de brazos. Pensaba en que hacer.
– ¿Elsa? –
– Maldición. No puedo concentrarme si en mi cabeza la voz de Anna con un tono preocupado está repitiéndose –
– No está en tu cabeza. Está aquí – Jennifer dijo.
Al abrir los ojos, Elsa se encontró con Anna y los tres chicos que habían arruinado sus planes. Ella parecía preocupada y algo tímida, mientras que ellos estaban tímidos también. A su lado, Lady les gruñía, no los atacaba, pero sus pies estaban firmes en el suelo, su cola se movía, sus dientes se presionaban contra el otro, sus ojos estaban clavados en ellos, y gruñía y ladraba.
– Siento que vengamos sin avisar, pero los chicos… Ellos tienen algo importante que decirte – Anna sonrió. Cuando ninguno habló, ella le dio un codazo a Eugene en las costillas.
– Auch, eh sí. Nosotros queríamos disculparnos contigo y con Jennifer por haber causado que las echaran –
– Sí, nosotros solo estábamos aburridos y no pensamos lo que hicimos – Olaf murmuró – Estuvo mal que intentáramos jugar baseball y que rompiéramos la estatua
– Te juro que vamos a pagarte lo que has pagado por la estatua, lo prometo – Kristoff asintió.
Elsa los miro, suspiró y se puso en pie con cuidado – Bien, es lo menos que pueden hacer, creo. El problema mayor aquí no es pedir unas disculpas, es conseguir una pista de patinaje
– ¿Qué hay de ahí? – Apuntó al hielo sobre el cual Elsa estaba parada.
– Está escarchado. No puedo usarlo porque es peligroso – Elsa se deslizo con cuidado hasta salir del hielo. Se quitó los patines y miro a su novia tranquila – Creo que se acabo. No podré participar
Miro a Jennifer y luego sacudió la cabeza antes de irse al interior de su casa. Anna se cruzó de brazos mirando a sus amigos molesta.
– Si Elsa no logra participar en el mundial, juro que los tres van a cavar sus tumbas – Amenazó la pelirroja antes de irse a buscar a su novia. Pudo escuchar un vago comentario proveniente de Kristoff antes de que Jennifer los hiciera callar bastante enojada también.
Al entrar en la casa de su novia se dirigió hacia el living comedor donde la encontró revisando una pequeña estantería con algunos libros. Se movía de un lado a otro buscando un libro y Anna sonrió. Elsa podía caminar, correr e incluso saltar nuevamente. Todo lo que necesitaba era un poco más de práctica y ni siquiera se notaría esas muecas que hacía cada vez que aterrizaba después de un salto. Ella suspiro y se acerco a la rubia que se había sentado en el sofá mirando un libro.
– Oye, no se ha acabado todo aun, tal vez encontremos la solución a nuestro problema –
– ¿nuestro? –
Anna rió – Por supuesto, es nuestro problema. Desde ahora somos dos, Elsa y Anna, una sola. ¿Sí?
La rubia sacudió la cabeza mientras se ponía en pie. Dejó el libro en la estantería y camino hacia las escaleras.
– Tal vez no existe solución. Tal vez ellos ya lo jodieron y yo debería de olvidarme de todo. Iré a descansar –
Elsa no había vacilado al hablar, pero a Anna le había parecido que la rubia tenía un nudo en la garganta. Se quedo pensando en ella. Elsa se había esforzado por esto. Todo lo que quería era participar. Ella había pasado por mucho, accidente en la pista de hielo, accidente en la carretera. Se había recuperado después de cada accidente y había vuelto al hielo solo porque quería patinar, quería demostrarle a todos que nada podía detenerla.
Rápidamente subió las escaleras, la puerta de Elsa estaba cerrada y ella abrió después de golpear un poco. Encontró a la rubia tocándose los codos, mirando una foto en la que salía con patines y un trofeo en las manos, por supuesto, en la foto se veía mucho más joven por lo que debía tener unos diez u once años.
Se acercó a ella abrazándola por la cintura y apoyando su mentón en el hombro.
– Elsa… sé que no te sientes bien y si… quieres llorar, gritar o lo que sea, yo estoy aquí para ti –
– No quiero hacerlo – Dijo con dureza.
– Sí lo quieres. Yo sé – Anna murmuró suavemente. La rubia se separó de la pelirroja, la miro de reojo y luego sacudió la cabeza – Vamos Elsa…
La chica mayor tomo el rostro de la menor en sus manos y la besó en los labios. Anna estaba sorprendida por la acción, pero no negó el besó. Permitió que la rubia la besada con intensidad mientras sus manos se ajustaban en la delgada cintura de ella. El besó era intenso, mucho, y Anna comenzaba a tomar el control de lo que estaba sucediendo. Había lanzado a la rubia a la cama quedando sobre ella y Elsa rodeaba su cuello con sus brazos.
La intensidad del besó era sorprendente. Los labios fríos de Elsa eran constrastados por los labios cálidos de Anna. Una mezcla de frío y calor. Luna y Sol. Hielo y fuego. Todo era un sinfín de mezclas constrastadas. Jamás antes los labios de Elsa habían sabido tan bien como en ese entonces.
Las manos de Anna recorrieron el contorno del cuerpo de su novia mientras sus labios se movieron lentamente por el cuello de la chica y bajando. Elsa sentía un calor arremolinándose dentro de ella. Quería a Anna en ese momento. La quería suya. Quería que sus cuerpos fueran uno solo. Y Anna la quería también. Besar la piel de Elsa, el sabor delicado de su cuerpo, la fragancia de violetas que estaba quemando sus fosas nasales, estaba haciendo que Anna la desease también.
Las manos de Elsa bajaron por la espalda de Anna, una de ellas al menos. Sus labios se volvieron a conectar mientras Anna sentía la fría mano de Elsa recorrerle la espalda hasta el broche de su brasier. Su corazón latía con tanta fuerza. El de ambas aturdía un poco el frío que se desprendía de la rubia por haber estado tanto tiempo afuera. Todo lo que Anna estaba deseando en ese momento era hacerla suya de una buena vez por toda. Quitarle la ropa. Ser una sola.
Elsa estaba igual que ella. Se podía notar ante el beso desesperado. Y nuevamente Anna bajo al cuello de la rubia. Amaba tanto besarlo, morderlo y lamerlo, escuchar a Elsa gemir placenteramente. Comenzó a bajar hasta la clavicula de la rubia, la ropa le impedía poder darle una mordida y al mover un poco la camisa se encontró con el hombro desnudo de su novia. Sonrió ligeramente besándola. Las manos de Elsa aún el acariciaban la espalda.
"¿Realmente quieres esto? ¿Hacer el amor con ella cuando está teniendo un remolino dentro de ella? Elsa no está bien, ella se siente mal y seguro que solo está buscando algo con que distraerse. Algo en que ocupar su tiempo. Esto no está bien, Anna."
Separó los labios de la suave y sedosa piel de Elsa, miro a la rubia que mantenía los ojos cerrados. En su mente su pensamiento volvía a repetirse exactamente con las mismas palabras. Suspiro pesadamente.
"No… no puedo hacerle esto ahora."
Besó la frente de Elsa que había abierto los ojos confundida.
– ¿Qué pasa? –
– Esto no está bien – Se sostuvo con las manos mirando a la rubia debajo suyo – Nosotras no podemos hacerlo ahora, no con todo lo que ha estado pasando
– Pero… Anna yo pensé… – Sacudió la cabeza – Pensé que tú querías...
– Y quiero. Claro que quiero. Créeme. No hay nada en este mundo que desee más que hacerlo contigo, besarte toda la noche, que nuestros cuerpos estén tan unidos. Quiero ser tuya y que tú seas mía, pero, Dios, Elsa no creo que podamos hacerlo – Anna sacudió la cabeza – Sé que te sientes mal y buscas algo con que distraerte. Lo vi cuando estabas leyendo un libro que encima no está en noruego sino en chino, aunque no sé porque tienes un libro chino en tu casa, ¿acaso tus padres lo trajeron? No sabía que ellos hablaran chino y tú no
– Anna… –
– Cierto. Lo que estaba diciendo… ¿Qué estaba diciendo? –
Elsa levanto una ceja. Anna pensó un poco y luego suspiro.
– Llevamos tres semanas de relación. Amo estar contigo en todo momento. Besarte. Abrazarte. Consolarte. Amarte. Lo amo todo. Eres la primera persona por la cual siento una conexión tan única y especial. Realmente lo eres todo para mí y nada me haría más feliz que hacerlo contigo. Darte todo de mí. Por desgracia no creo que sea el momento. Mientras sientas que tu mundo se acaba, no quiero que hagamos esto de una forma forzada, buscando una distracción y sin… un sentimiento puro… – Sacudió la cabeza – Quiero que sea real, Elsa. Y sé que sigues sin admitir que todo está bien. Que estas tranquila aunque no podrás patinar en el mundial. Que no estás enojada. Que no quieres patear lo primero que tengas en mente. Quisiera que… no lo sé, que te desahogues. Que entiendas que estoy aquí para cuidarte y apoyarte. Porque es la verdad
Hubo un momento de silencio. Ella quería saber que estaba pasando por la cabeza de Elsa pronto, pero la rubia ni siquiera la miraba. Escondía sus ojos debajo de su flequillo. Anna sonrió con cariño dejándose caer lentamente, su cuerpo se pegó al de Elsa y cuando la rubia lo sintió abrazó a Anna con fuerza, escondiendo su rostro en la curvatura de su cuello.
– Todo va a estar bien, cariño – Anna murmuró cuando sintió su cuello mojado. Elsa estaba llorando y su cuerpo temblaba – Vamos a resolver esto
Jennifer dio vueltas por varias vueltas esperando una respuesta. El hombre frente a ella estaba terminando de hablar por el celular mientras en el juego un niño de cinco años jugaba con un tren de juguete. Una vez que termino de hablar en una conversación bastante interesante en noruego, colgó y miro a la mujer.
– ¿Y bien? –
– Bien… Es posible que no tengamos varios problemas con esto. Mira, Asbiom dice que puede prestarte la maquina que tiene, pero no va a ser lo mismo que un zamboni – Dijo él sentándose – Yo creo que tal vez podrías intentarlo con ella. Es mejor eso a nada
Asintió lentamente sentándose junto a él.
– ¿Cómo está Elsa? –
– Pues, bien, aunque jamás la vi tan enojada como en ese momento –
– Bien, eso debe ser normal – Asintió el hombre.
El pequeño niño que estaba jugando con su tren de juguete se puso en pie, debía tener siete u ocho años. Miro a la mujer y el entregó el juguete.
– Mamá… –
– Es bueno tener un día para descansar, aunque no era mi idea tenerlo hoy – Elsa camino junto a Anna con un cono de helado en las manos mientras la chica tenía un vaso de café.
– No es tan malo – Anna bebió un poco – Eso sin contar a los camarógrafos que nos siguieron hace un momento
– Seguro que ya nos están tomando fotos. Mira, allí – Elsa apunto con un leve movimiento hacia unos arbustos.
– Tienes ojo para esto – Anna rió.
Elsa sonrió torcido – Diez años de experiencia
Anna rió junto a Elsa mientras se alejaban de allí. La cita que Anna quería, si bien ella la había imaginado de otra forma, no podía negar que estaba muy bien en este momento. Había podido salir con Elsa solo las dos y aunque habían cientos de cámaras no le importaba y por lo que podía ver a la rubia tampoco le importaba.
– Aún no puedo entender cómo es que no tienes frío – Anna rió mirando a Elsa – Tú eres como frozono
– ¿Quién? – Elsa levanto una ceja.
– Ya sabes, frozono, el de los increíbles, el que tiene los poderes de hielo – Anna rió – ¿No lo conoces? Ok, entiendo. Perdona si mi lado frikki sale a la luz pero es que paso mucho tiempo con Olaf, ama las cosas así
Elsa rió tranquilamente – Aunque claro, yo no soy un viejo de cuarenta años calvo y con barba
– ¡Ja! Sí sabías de quien estaba hablando – Anna rió junto a Elsa – Y no, claro que no lo eres. Eres mucho más hermosa y perfecta. ¡Wow! Te has sonrojado
La rubia desvió la mirada ligeramente sonriendo divertida.
– Sin embargo, Anna, yo no tengo poderes de hielo. Me gusta el frío que es diferente –
– Estoy segura de que eres una combinación de Frozono, Iceman y la reina de las nieves – Anna rió ligeramente.
La chica rodó los ojos – ¿Algo más? ¿No quisieras agregar a la bruja blanca?
– No, que horror. Ella es cruel, tú eres un amor – Anna murmuró – Mi amor
Con una sonrisa divertida, Elsa besó la mejilla de Anna. El contacto fue helado, probablemente porque Elsa estaba tomando helado aún. La chica rió entre dientes.
– Estás fría – Soltó entre dientes con un tono bastante gracioso – Bueno, no fría de que seas una persona fría sino fría de que estás helada por el helado que estás comiendo. Creo que yo debo dejar de divagar, ¿no crees?
– Creo que tienes toda la razón – Elsa rió, tomó el mentón de Anna y besó fugazmente sus labios.
Caminaron un poco más antes de volver al hotel. Anna no quería separarse de Elsa, pero sabía que era inevitable. En cualquier momento podría oscurecer ya que se habían pasado, medio día desahogándose y otro medio día paseando solo para que Elsa se distrajera. Al volver a su casa propia, Elsa se encontró con unos invitados inesperados. Jennifer estaba allí junto con su esposo y una maquina roja media extraña.
– ¿Y eso? –
– Majestad, espero que esté lista para unas vueltas más porque vamos a practicar – Jennifer dijo.
Elsa miro la máquina sorprendida antes de decidir que hacer.
– Tienes que estar bromeando – Sonrió divertida.
– Conoce al mini zamboni – El esposo de su entrenadora sonrió. Elsa les miro con una sonrisa de oreja a oreja.
Jennifer quito el sudor de su frente una vez que terminaron de pulir el hielo. La chica sonrió ante la patinadora que miraba el hielo con emoción y luego miro a su entrenadora.
– Está perfecto – Elsa dijo. Quería los patines en ese instante, quería entrar al hielo pronto. Quería entrenar rápidamente.
– Bien, vamos a ver. Uff, que cansancio – La entrenadora dijo tomando asiento en una silla de madera de las cuales se encontraban cerca de la casa – Tenemos cinco días y nuestro itinerario se ha roto. Es arriesgado, pero no nos queda de otra. Un día conoceremos la rutina, como es, que hay que hacer y como la haremos, los otros tres vamos a practicarla al máximo y el último vamos a descansar
– Bien – Elsa asintió con firmeza.
– Entonces, mañana comenzamos. Tendré la música y te enseñaré la rutina del programa corto y largo. Va a ser muy excesivo practicar las dos enseguida, pero no nos queda de otra. Ahora, Elsa, el vestuario… –
– Estoy en eso – La chica guiñó el ojo – Ya sabes, mi madre se encargará de eso
– Bien – Asintió Jennifer – Entonces, mañana nos haremos cargo de la rutina y todo eso. Por ahora, el día se a acabado. Prepárate majestad, porque se vienen 3 lunas y 3 soles muy intensos
Elsa asintió con firmeza.
Anna sonrió mirando la televisión. Estaba terminando de pintarse las uñas de los dedos de las manos cuando su teléfono sonó. Gruñó pidiéndole a Rapunzel que dejará de hacer lo que estaba haciendo y respondiera por ella. La rubia lo hizo.
– ¿Hola? Ah, hola Elsa… sí está algo ocupada. ¿Qué? ¿Enserio? ¡Es fantástico! ¡Sí, le diré enseguida! Estará feliz. Sí por supuesto. Cuenta con ello –
– ¿Y bien? ¿Qué es tan fascinante para que te quedes hablando con mi novia? – Anna entrecerró los ojos con celos. La chica rubia se acercó dando un saltó al sofá.
– ¿Qué crees? Elsa llamó –
– Sí, eso lo sé – Anna bufó.
– Celosa. Escucha, ella dijo que Jennifer consiguió una maquina y han pulido el hielo en el patio trasero de su casa. Me dijo que mañana comenzarían a entrenar con la rutina del campeonato –
– ¿De verdad? Es grandioso. Eso significa que podrán practicar para la competencia y tal vez sí pueda ganar. Ella lo merece, ha estado pasando por tantas cosas que realmente me llega a dar algo de pena y rabia que tenga tantos contratiempos – Anna dijo – Elsa es una patinadora excelente, merece ganar sobre todo porque se ha esforzado tanto para esto
– Sí, sí, sí – Rapunzel rió – Escucha, Elsa no quiere que alguien más vea la rutina y quería decirte que no iba a poder verse contigo al menos hasta un día antes del mundial
– Imagino que no quiere ver a nadie, sobre todo después de lo que los chicos hicieron – Anna suspiro, aprovecho el aire que le quedaba para soplar en sus uñas y así secar el esmalte.
– No, yo creo que quiere que la rutina sea sorpresa – Rapunzel sonrió.
– Es posible – Anna sonrió. Le hacía ilusión que Elsa pudiera patinar en el hielo.
Continuara…
