Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?

Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.


Voluntad sobre Hielo

26

Ante la mirada seria de la mujer que estaba sentada en una banca junto a la nieve, Elsa patino tranquilamente mostrando su rutina por quinta vez. Se había levantado a las cinco de la mañana como de costumbre y ya eran las nueve. En todo su tiempo realizando su rutina una y otra vez, explicándole en que consistía paso por paso, diciéndole que melodía debería estar sonando, la mujer no dijo nada. Había sido el silencio más largo de todos.

– ¿Qué dices? – Pregunto al detenerse.

No hubo respuesta.

Elsa suspiro preparada para volver a realizar su rutina como cada vez que no obtenía una respuesta a su pregunta. Se deslizo un poco y cuando estaba por saltar…

– ¿Por qué repites tu rutina por sexta vez? – Pregunto la mujer.

– Porque, bueno, no me has dicho como está y pensé que… –

– Pensaste mal – Interrumpió sabiendo que diría – ¿Quieres mi veredicto? Te daré mi veredicto. Con esta rutina, precisamente en programa largo y corto, no ganarás

– Pero… –

– No – Interrumpió – Puedes ganar una competencia cualquiera con tu rutina, incluso las regionales, pero no ganaras el mundial. Necesitas otro método

– ¿Otro método? – Elsa la miro confundida – ¿Si sabes que en tres días será la competencia?

– Elsa – Dijo con seriedad. La mujer se puso caminando hacia la chica. En sus manos había un bastón que se apoyaba en la nieve – Nos veremos a las cinco

La mujer dio la vuelta y se alejó. Elsa la vio alejarse con el ceño fruncido.

"De todas las personas del mundo tenías que ir a pedirle ayuda a tu abuela, ¿no Elsa?"


– Y Kristoff tiene el balón, se lo pasa a Olaf, Olaf lo toma y se lo lanza a Eugene que le cae en la cabeza por andar coqueteando con su novia – Kristoff se rió narrando el acto reciente.

– Eres un idiota – Eugene le devolvió el balón con la fuerza suficiente como para quitarle el aire cuando lo golpeó en el estómago.

Rapunzel rió ligeramente, se encontraba sentada sobre una mesa mientras que Eugene solo estaba sentado en una silla. Los chicos habían estado jugando en el lovi de Mountain. Anna caminaba hacia la pareja mirando a sus amigos y sacudía la cabeza.

– Van a hacer que nos echen de aquí –

– Lo sé – Coincidió Rapunzel balanceando sus pies de adelante hacia atrás – ¿Y bien?

– ¿Y bien qué? – Anna preguntó confundida.

– ¿Has hablado con Elsa? – Eugene preguntó al ver que la pelirroja no entendía.

– Le he llamado, pero ella no me ha respondido – Anna suspiró – No lo sé, creo que tiene que estar ocupada

– Sin entrenadora a tres día de la competencia es muy probable – Asintió Rapunzel.

– Solo quiero poder hablar con ella – Suspiró la pelirroja.

El castaño sonrió ligeramente y luego resopló con suavidad – ¿Por qué no le preguntas a Ariel si sabe algo? Después de todo es su prima

– Ya lo he hecho, pero no tiene ni una sola idea de que sucede con Elsa – Suspiro.

La chica suspiro. Rapunzel miro a su prima con una sonrisa y luego se bajo de la mesa. Le tomo del brazo a ella y a su novio para arrastrarlos hacia otro lado. Siguieron a la chica preguntándole una y otra vez a dónde los llevaba, pero no respondió.

– Allí – Apuntó Rapunzel a un trío de personas que estaban conversando – Tu suegra y sus hermanos. Vaya que reunión familiar. Pregúntale qué es de Elsa

– No puedo llegar y preguntarle algo así y encima parece que esta ocupada – Anna susurro.

– Es verdad, no puedes – Eugene asintió.

– Por eso Eugene tienes que ir tú – Anna le tocó el brazo con una sonrisa comprensiva. El chico abrió los ojos sorprendido mientras sacudía la cabeza.

– No iré yo. Es la madre de tu novia no de la mía – Dijo.

Anna suspiro. Estaba por rogarle a Eugene con una típica mirada de ojitos de cachorrito suplicante cuando con una mirada fugaz la madre de Elsa vio a la pelirroja, le dijo algo a sus hermanos y luego se acerco a ellos.

– ¡Ah! Viene – Rapunzel alzó la voz y tanto Anna como Eugene le dieron una mirada rápida para que se quedará callada. La mujer se acerco riendo.

– Vaya, vaya. Se hospedan en mi hotel, hacen que mi hija no pueda entrar a la pista de hielo, rompen una vasija de mil dólares y ahora me los encuentro aquí –

– ¿Mil dólares? – Los tres abrieron los ojos.

– Sabía que era vieja, pero no cara – Eugene hizo una mueca.

– Lo viejo es caro, sobre todo la cerámica – Sonrió la madre de Elsa.

– Creo que tendremos que pagarla – Eugene murmuró.

– ¿Tenemos? Olaf, Kristoff y tú la van a pagar – Rapunzel dijo – Nosotras tres somos inocentes

La risa de la madre de Elsa le pareció a Anna adorable y delicada, muy similar a la de su hija y ya sabía de donde la había heredado ella.

– ¿Entonces? –

– ¿Entonces qué? –Anna preguntó.

– ¿Crees que no sé cuando alguien viene a mí para algo? Los vi allí así que sé que tienes algo que decirme – Sonrió la mujer.

– Wow, sé ve que nada se le pasa – Eugene dijo sorprendido.

– Es sobre Elsa – El rostro de Anna enrojeció ferozmente – Yo quería saber como estaba. Ella no- no responde a mis mensajes y llamadas. Pe-pensé que estaría preocupada por lo que sucedió c-con Jen- Jennifer

– Ah, Jennifer – La madre de Elsa suspiro de mala gana – Siempre ha dicho cosas pero está vez si fue algo grande

– ¿Sí? ¿Qué dijo? – Eugene pregunto despreocupado. Rapunzel le dio un golpe en el estómago y luego miro a Idunn.

La madre de Elsa miro al trío de jóvenes y luego sonrió – ¿Por qué no vamos a la mesa del buffet? Está será una conversación bastante larga. Estoy segura de que querrán escucharla.

– ¿Compara helados? – Rapunzel pregunto.

– Oye – Anna murmuró entre dientes sonrojada.

La mujer rió – Por supuesto

Los jóvenes siguieron a la mujer hacia el comedor en donde ella busco alguna mesa con la mirada. El local estaba medio vacío por lo que había muchos puestos en donde sentarse, pero ella sonrió al divisar a su sobrina. Se acerco allí.

– Hola Ariel – Saludo con un tono demasiado refinado para una frase tan corriente. La chica que se encontraba jugando con su teléfono levanto la vista con una sonrisa.

– Hola jefa – Miro a sus acompañantes e hizo un movimiento de cabeza – Anna, Eugene, Rapunzel

– Dime, ¿qué haces aquí? –

– Mi madre quiere que la espere para ir a almorzar. Iremos a Golfo di Napoli – Sonrió moviendo los dedos como si estuviera señalando dinero – Ahora irá a una reunión, pero luego podremos ir… en dos horas

Su tía sonrió torcido y nuevamente a Anna le recordó a la misma Elsa cuando sonreía así. Sin duda eran iguales.

– Será una reunión larga –

– Sí, lo será – Respondió con tono tedioso. Paseo la mirada por los amigos y la novia de su prima y luego a su tía – ¿Y ellos…?

– Sí, primero lo primero. ¿Qué sabes de Elsa? –

La chica movió la mano derecha de arriba abajo señalando con el dedo índice. Sonrió cómplice – Es curioso, Anna me pregunto lo mismo y yo respondí que no tenía ni idea. ¿Por qué habría de ser diferente?

– Sencillo, porque estás aquí y no con Elsa – La madre de Elsa entrelazo sus manos por sobre la mesa. La chica observo sorprendida a la mujer mientras sentía como si estuviera viendo a un policía en medio de un interrogatorio – Ahora me dirás lo que quiero, ¿verdad tesoro?

Ariel paseo la mirada por sus amigos y luego a su tía – Bien – Suspiro – Ella fue donde Granny para pedirle ayuda. Yo le dije que estaba loca y desesperada, pero no le importó. También me pidió que no le dijera nada a nadie, sobre todo a usted, pero ya lo hice

– ¿Granny? – Ladeó la cabeza la mujer, su sonrisa se había esfumado por una mirada que indicaba que contenía una mirada enojada – ¿Mi madre?

– No conozca otra Granny – Ariel asintió.

– ¿Y qué sucedió? – Preguntó.

– Por lo que sé, nada bueno. La abuela le dijo que nunca ganaría la competencia y que quería verla a las cinco. Nada más –

– Sabía que mi madre no podía haber aceptado sin una mala razón – Rugió la madre de Elsa.

Anna abrió los ojos sorprendida.

– Uhm, disculpen, pero, ¿qué tiene que ver esto con la historia que nos iba a contar? – Anna preguntó.

– ¿Una historia? Estupendo, ¿es la de los chicos que exploraron en el barco hundido? – Ariel parecía emocionada.

– No – Rió Idunn – Quisiera que compruebes que mi hija está sana y salva

– Tengo la sensación de que le hará limpiar la casa de pieza cabeza con un trapo y un balde de agua – Ariel rió – ¿Qué historia es?

– Ya sabes, Jennifer – Dijo simplemente la madre de Elsa. La pelirroja abrió los ojos sorprendida.

– Ok – Estiro la palabra más de lo debido – Llamaré a mi prima y me asegurare de que esté viva

Una vez que la pelirroja se fue, la madre de Elsa llamó a un joven y ordenaron cinco copas de helados. Al poco tiempo de haberlos traído sonrió.

– Supongo, que al menos Anna, sabes bien que Elsa y Jennifer se conocer desde hace diez años, ¿no? – La chica asintió en respuesta – Bien. Les contaré algo interesante. Cuando Elsa tenía siete años, en una ocasión tuve que hacer un viaje y Elsa se quedo con mi madre, ella fue quien introdujo a Elsa la idea de patinar, pero ella lo odio…

– Eso ya lo sé – Anna dijo con timidez – Ariel me lo contó

– Eso pensé. La cosa es que mi madre era estricta. Durante un año entreno a Elsa enseñándole todo, frenar, derrapar, girar, ir de espaldas, saltar, zigzaguear, zancadas, de todo, de verdad que le enseño todo lo básico y lo importante. Después de… una pequeña disputa, Elsa practico el deporte y se volvió parte de sí. Lo amo. Conoció a Jennifer al año siguiente. Ellas… – Una sonrisa apareció en el rostro de la madre de Elsa mientras sus ojos brillaban intensamente – Ellas hicieron click enseguida. A Jennifer le agrado el entusiasmo de Elsa y a Elsa le agrado que Jennifer viera algo en ella. Comenzaron a trabajar. Pasó el tiempo y a los diez años ya estaban peleándose por todo. Se podía decir que Jennifer, aunque peleara todo el día con mi hija, era alguien importante para Elsa porque siempre estuvo con ella. Le enseño rutinas. Le enseño a nunca rendirse. Le enseño… le enseño a luchar por lo que ama. A mi madre no le cayó bien la idea, sobre todo porque Jennifer ya era una entrenadora profesional. Ella quería entrenar a Elsa porque conocía el patinaje desde un punto de vista diferente – Suspiro – Hable con mi madre y le dije que lo mejor para Elsa era intentar con Jennifer, no solo por la conexión que tenían sino porque era lo mejor. Ella acepto. Mi hija y mi madre son demasiado unidas. Cuando Elsa cumplió quince años las peleas entre ambas empeoraron, esa conexión que había hecho click para ambas se volvía un montón de chispas. Peleaban por todo, ahora peor, insultos, bromas pesadas. Elsa lo tolero todo así como Jennifer, pero… – Se pellizco el puente de la nariz – yo sabía que en algún momento una de las dos iba a explotar y solo basto una cosa para que fuera Elsa la que explotara. Seguro que no lo sabes, Anna, pero Elsa tenía un novio antes…

– Will – Respondió Anna con amargura – Lo sé, de hecho ella me contó

Una sonrisa melancólica se dibujo en el rostro de la madre de Elsa mientras miraba su copa de helado derretirse lentamente.

– A Jennifer nunca le agradó. Decía todo el tiempo que era una distracción para Elsa – Murmuro.

– Eso dijo de mí – Anna frunció el ceño.

Ella asintió – Nunca le han gustado las compañías de Elsa. Todo comenzó por una chica que se hizo amiga de Elsa, por su culpa mi hija no participo en tres competencias importantes. Jennifer estaba enojada, luego descubrimos la chica era hermana de una concursante y todo lo que querían era que Elsa no participara, pero eso no es lo que vamos a hablar. La cosa es que cuando Elsa comenzó a salir con Will, Jennifer lo odiaba, odio puro. Llegaba tarde a los entrenamientos, en ocasiones faltaba, él siempre iba allí. El chico era agradable, jamás hizo nada malo, pero a ella jamás le agrado. Después de… lo que paso, cuando Elsa estaba destrozada, Jennifer le dio apenas un tiempo de descanso y cuando Elsa volvió a patinar no era la misma. Jamás vi a Elsa tan enojada anoche. La he visto enojada. Grita. Patalea. Anoche no fue así. Su mirada… tenía una mirada fría, llena de odio. Nunca me ha gustado aquello. – Respiro hondo. Miro a Anna y sonrió con cariño y melancolía. La chica había llevado una cucharada de helado a la boca lentamente – Lo que le dijo Jennifer, no solo la hizo enfurecer, la hizo enojar y no me sorprende que Elsa no la quiera ver más. De hecho, ya fui con ella para gritarle y decirle que no la quería ver más cerca de mi hija. Le di el último cheque y ese fue el adiós

– Wow, para algo así debe ser algo realmente malo lo que haya dicho – Rapunzel dijo sorprendida.

– Lo fue – Ariel se acerco con una mirada leve. Miro a su tía – Ella ha dicho que no tiene ni idea de que hará con Granny, pero ya tiene que ir a su encuentro

Asintió la mujer.

– Anna, lo siento. Elsa me hizo prometerle que no te diría nada, pero ya que mi tía aquí no pudo evitar guardárselo – Ariel miro a la mujer presionando una comisura de su labio, ella solo se encogió – Verás, sabes que Elsa es algo sensible al tema de Will. Ella lo amaba y viceversa, estuvo destrozada cuando él murió… fue lo que le dijo Jennifer ayer

– ¿Qué? – Anna frunció el ceño intrigada.

– No sé porque pelearon o porque salieron a ese tema, pero sé que Jennifer le dijo a Elsa que debía dejar de distraerse, que lo mejor que le pudo haber sucedido es que el chico desapareciera de su vida y que esperaba que tú hicieras lo mismo – Trago saliva.

– ¡Qué! – Anna se puso en pie, su boca abierta y cejas juntas.

– Yo no planeaba decirle eso – Murmuró Idunn. Ariel rodó los ojos.

La pelirroja hizo una mueca y le habló a Anna, pero la chica ya no estaba escuchando.

Recordaba el momento en que decidió retroceder cuando la pelea de Elsa y Jennifer se volvía intensa. Comenzaron por un simple programa de televisión y terminaron a peor. Recordaba a Elsa en el hielo gritándole a Jennifer, la castaña entro al hielo de igual modo y luego, las palabras que aún rondaban en su cabeza. Elsa no quería ver a más a Jennifer y ahora Anna sabía porque.

"Ella dijo que esperaba que yo desapareciera de la vida de Elsa. Elsa está enojada. Ella me defendió primero y ahora despidió a su entrenadora… por mí. Elsa. Tengo que hablar con Elsa. Necesita saber que yo jamás la voy a dejar y sobre todo… necesita a alguien en este momento. Las cosas deben estar mal para ella."

– ¿Anna? – La voz de Idunn la sacó de sus pensamientos.

– ¿Eh? –

– Puedes ver a Elsa está noche si quieres. Puedes ir a almorzar – Sonrió Idunn.

Anna la miro sorprendida.


Elsa tocó la puerta de la casa de la casa de su abuela, la mujer salió y lanzó unas llaves a la chica mientras caminaba hacia una camioneta estacionada.

– Conduce. Iremos al lago arcoíris –

– ¿Al lago arcoíris? – La rubia se sorprendió, pero no dijo nada. Subió a la camioneta y siguió el camino que tan bien conocía – ¿A qué vamos allí?

– Primero, a relajarnos. Quieres ganar, necesitas recordar por qué estás patinando. Antes lo hacías con el corazón. Ese mantra tuyo funciona, pero no es lo mismo. ¿Recuerdas donde patinaste por primera vez? Con caídas, con miedo, con odio al deporte –

– El lago arcoíris – Elsa asintió.

– Exacto. Iremos allí, patinaras y cuando sientas que te estas olvidando de las cámaras, del trofeo, incluso de que es una competencia, estarás lista para practicar la rutina –

– ¿Tienes una rutina nueva para mí?

– Sí –

– Estupendo, entonces qué estamos esperando –

En silencio se hizo el recorrido y al llegar al lago, Elsa no pudo esperar para entrar el hielo. Se encontraba escarchado, sorprendentemente, no tanto como pensaría que estaba. Era día y no había auroras boreales por lo que una parte se dijo a sí misma que iba a ser algo aburrido, pero de todos modos entro a patinar.

Pasaron unos minutos. Se deslizaba de un lado a otro. Cerraba sus ojos de vez en cuando. No decía nada y se dejaba llevar por la suave brisa de invierno que golpeaba en su rostro. El aroma a nieve, agua congelada y silvestre era tan pacifico que sacaba una sonrisa. Aún danzando en el hielo pudo ver a su abuela apoyada contra el auto, sonriendo y mirando a la joven.

Estaba lista para poder salir del hielo y ver que hacer en ese instante, en lo referente a su rutina, sin embargo, cuando dio dos desliz para volver se detuvo. La imagen de una niña pequeña que lloraba en el centro del hielo, sentada contra el frío, se hizo visible en su cabeza. En frente de ella, una mujer la miraba con seriedad y repetía las palabras "levántate tu misma" con dureza. Miro a su abuela de reojo y luego el hielo.

Recordaba mucho sobre la época en que comenzó a patinar, pero jamás algo así. Un dolor punzante e invisible le pareció sentir en la espalda, el dolor del recuerdo. Sacudió la cabeza. Otro desliz; otro recuerdo.

"Cuando estás en el hielo, no interesa nadie más, solo tú, tu pasión y tu corazón." Decía la mujer a la muchacha que se encontraba de pie en el centro del hielo "Nunca olvides por qué patinas, porque tu razón será tu pasión."

Y todo hizo click. Solo eso bastaba para que Elsa comprendiera que es lo que su abuela le había querido mostrar. Se deslizo por el hielo a gran velocidad. Quería sentir esa sensación de firmeza y confianza, quería sentirse como cuando era pequeña. La velocidad. La poca prudencia al patinar. Los riesgos. Eso quería ella. Sus rutinas siempre habían sido buenas, pero no era lo mismo que patinar con el corazón. Cuando era pequeña y patinaba, no pensaba en los demás, nunca pensó en ganar solo pensaba en patinar y eso es lo que necesitaba ahora. Solo… patinar.

Hubo comprendido todo con solo dos flash back. Su abuela la había observado con una sonrisa. Horas y horas estuvo patinando. Estaba anocheciendo y la mujer no se quejaba. Al contrario, parecía contenta. Cuando dieron las nueve de la noche, Elsa se decidió a salir. Sonreía de oreja a oreja como una niña pequeña que acababa de descubrir un secreto mágico que la transportaba a un mundo fantástico.

– Siempre fui yo – Elsa murmuró.

– Lo sé – La mujer sonrió. En sus manos había un papel enrollado, se lo entregó – Tu rutina nueva

Al tomarla en sus manos la ojeo confundida – ¿Dijiste nueva? Es la misma que tenía antes

– No, no lo es. Ahora patinaras diferente, no será la misma rutina al ser vista de otro punto de vista – Dijo la anciana sonriendo. Con un movimiento de cabeza le entregó las llaves a la chica para volver a su casa.

El camino de regreso fue tranquilo y tras dejar a su abuela en su casa, Elsa volvió caminando a la suya. No quedaba tan lejos. Al entrar en la casa lo primero que vio fue una masa rápida lanzándose a sus brazos emocionada.

– ¡Elsa! – Era Anna. Había rodeado el cuello de la rubia con fuerza, abrazándola como si tuviera miedo de que la chica se escapara. Sonrió confundida.

– ¿Anna? ¿Qué haces aquí? –

Al mirar los ojos de la pelirroja se sorprendió un poco, su mirada se notaba preocupada, un par de argollas rojas se dibujaban alrededor de ellos y solo se podía notar si uno se encontraban demasiado cerca. El cuerpo de Anna temblaba junto al de Elsa y no solo por el frío que le proporcionaba la rubia por haber estado todo el día afuera. Sujetaba los brazos de Elsa nerviosa, sin embargo, poco después rodeó su cintura reposando su mejilla en el hombro de la chica buscando un abrazo más delicado y cálido.

Elsa notó el extraño comportamiento de Anna, y sonrió ligeramente correspondiendo el abrazo. La pelirroja se quedo allí un par de minutos. Se embriagaba con el perfume de la chica, si no fuera porque estaba tan interesada en sentir su cuerpo junto al suyo, posiblemente Anna la hubiera besado, pero no. Ella quería estaría con Elsa en todo momento. Quería más, y no sabía cuanto tiempo estuvo allí abrazada a Elsa, solo sabía que se separo cuando el padre de la chica le llamó.

Apenas habían hablado un poco antes de subir a la habitación de Elsa. Anna estuvo callada en todo momento mientras subían. Cuando llegó arriba, nuevamente se enrollo a los brazos de Elsa. La rubia rió ligeramente.

– Anna, ¿me vas a decir que sucede? –

Se estremeció involuntariamente, Elsa sonrió ligeramente moviendo a Anna hacia la cama. Cuando la pelirroja estaba sentada Elsa se arrodillo frente a ella. La besó en la punta de la nariz y luego sonrió torcido.

– ¿Qué sucede? – Habló suavemente.

– Tu madre… Ariel… Ellas me dijeron porque despediste a Jennifer – Agachó la mirada para no encontrarse con los ojos de azules de la rubia.

Los ojos de Elsa se abrieron por un segundo como plato y luego desvió la mirada murmurando algo sobre su madre. Al volver a mirar a su novia sonrió con cariño estrechando su mano con suavidad.

– Tú lo hiciste… por mí… Tengo la culpa de ser siempre una distracción para ti, de estar siempre molestando y estorbando, de hacer que Jennifer te gritara… – Tenía un nudo en el estómago. Odiaba tener que decir esas palabras, pero sabía que debía – Y yo no quiero ser siempre una distracción para ti… menos ahora que estás tan cerca de lo que siempre has querido… Els… yo…

– Anna, no digas tonterías. No eres una distracción – Elsa sonrió con cariño hablando en un tono suave – Y si lo fueras, bueno, me gusta. Eres mía, mi novia, la chica que quiero. No te preocupes por lo que los demás puedan decir porque de ser así entonces… Dios… Anna, lo que quiero decir es que no le hagas caso a lo que diga Jennifer. Ella puede hacer y decir lo que quiera, pero jamás va a cambiar nada lo que yo sienta por ti y lo que tú sientas por mí

La pelirroja le miro sorprendida. Sonrió sorprendida y antes de poder decir algo sintió los brazos de Elsa envolverla en un reconfortante abrazo.

– Lo siento. Lo siento. Lo siento. Lo siento – Repitió varias veces escondiendo su rostro en el hombro de Elsa. La rubia sonrió con cariño tranquilamente.


Mientras Anna dormía tranquilamente en la cama de Elsa, la rubia no dejaba de echarle una mirada de vez en cuando. Se encontraba sentada al bode de la cama dándole la espalda a la hermosa pelirroja que dormía muy cómoda en la cama.

Besó la mejilla de la pelirroja antes de salir de la habitación. Al bajar las escaleras miró el reloj en la pared, marcaba la 03.37.

– faen – Masculló entre dientes.

Camino a tientas en la oscuridad hasta la cocina solo por un vaso de agua. Un bostezó se escapo de su boca y su mirada se volvía cansada. Debía volver a la cama y dormir lo que más podía o de lo contrario iba a estar todo el día cansada, pero eso no haría gran diferencia a tanto entrenamiento.

Miro por la ventana de la cocina con el ceño fruncido. Había alguien en el hielo. En su hielo. Por un momento había pensando que se trataba de Jennifer, pero al mirar bien estaba segura de que no era Jennifer, sin embargo sí era una chica. Miro su ropa inicialmente, solo estaba vestida con su pijama y no creía que fuera lo suficientemente cálido para aguantar el frío proveniente de afuera. Un par de pantalones celestes polar y una polera cualquiera. Suspiro. De todos modos salió a ver de quien se trababa.

El frío rápidamente hizo efecto sobre y ella. Estaba acostumbrada a vestir unos pantalones deportivos cortos y una polera sin mangas cuando entrenaba porque con el calor del entrenamiento no sentía el frío y cuando patinaba no importaba que usara vestido o no porque tampoco sentía tanto el frío, estaba acostumbrada al hielo que la rodeaba durante sus rutinas de práctica y de competencia. Sin embargo, el frío que sintió después de salir de su casa cálida no lo era capaz de soportarlo como de costumbre, porque era como caminar en un sendero de hielo.

La nieve cubría sus pies provocando un escalofrío recorrer su cuerpo. Se abrazó a sí misma en un intento de buscar calor y se acerco lentamente o como pudo a la chica en el hielo. Era de noche y apenas podía verla bien, su cabello era oscuro y no sabía si natural o era por la noche. Sus ojos no se podían ver con claridad, pero eran oscuros o tal vez claros, no, mejor digamos que no se podían distinguir con claridad. Debía ser alta, tal vez un poco más que ella y debía deberse a los patines que traía puesto. Eran azules. Vestía con ropa cálida. Unas orejeras y un gorro, bufanda. Casaca. Botas.

– Disculpa – Elsa habló esperando que el frío no hubiera influido en su tono de voz – Es una residencia privada. No puedes estar aquí. "De todos modos, ¿qué hace aquí y a esta hora de la mañana?"

La chica siguió patinando, aunque por una fracción de segundos miro a la rubia. Elsa resopló para hablar más fuerte.

– ¿No me has escuchado? Te dije que… –

– Te he oído claro y fuerte –

Elsa entrecerró los ojos – ¿Katrina? ¿Eres tú?

La chica se detuvo a medio hielo, miro a la rubia y se acercó a ella lentamente deslizándose con gracia. Elsa levanto una ceja sorprendida al ver que sí era ella. El cabello negro no era por la noche sino porque ella lo tenía así, sus ojos eran grises, claros.

– ¿Qué haces aquí? Sobre todo lo digo porque es mi casa –

– Paseaba por aquí. Iba camino al lago arcoíris cuando vi tu casa – Sonrió torcido – Me gusta tu hielo. ¿Cómo le has hecho para limpiar? No veo ningún zamboni por aquí

– Con algo similar al zamboni. ¿Por qué te has detenido en mi casa? Tienes cientos de lagos –

– Pensé que podías despertarte. De todos modos conozco tu rutina, te levantas a las cinco. Yo a las cuatro – Se encogió – Pensé en venir y esperar a que salieras

– No puedes estar hablando enserio – Elsa mascullo. Se frotó los brazos y observo la pequeña nube de vapor que se le escapaba de la boca al hablar – ¿Podemos ir adentro? Me estoy congelando

– Yo no tengo frío – Sonrió torcido. Miro a Elsa de reojo con una sonrisa pícara y luego asintió – Vamos a dentro

La rubia dio la vuelta para volver al interior de su casa. Hogar, cálido hogar. Dejo escapar un suspiro aliviado al encontrarse dentro. La pelinegra observo la cocina con curiosidad. Traía los patines colgando en sus hombros mientras tomaba los detalles finos y delicados de la casa de la rubia.

– Pensé que vivirías en lujo – Camino hacia el livig sorprendida por tanta hogareñidad rustica. Era bonito a decir verdad y no perdía un toque de delicadeza y refinado. Cuando Elsa salió de la cocina le entregó una taza de café – Gracias

Tomo asiento en la mesa. La rubia se encogió tranquila bebiendo un poco de chocolate.

– ¿Entonces, ibas camino a la lago arcoíris y te detuviste en mi casa solo para esperarme hasta las cinco de la mañana? No te ofendas, pero creo que tienes algo más en mente – Elsa se encogió con una mueca extrañada y despreocupada. Bebió.

– ¿Acaso es ilegal? – Sonrió con confianza.

– Como te dije, es una residencia privada. No puedes estar aquí a menos que yo lo permita. ¿Sabes que cualquier otra persona podría llevarte a la cárcel por esto? –

La chica sonrió todavía, Elsa la miro con los ojos entrecerrados y una expresión de soslayo. También sonreía.

– Pero tú no lo harás, ¿verdad bonita? –

Después de beber un poco de chocolate y casi atorarse, miro a la pelinegra confundida, sin embargo disimulándolo bastante bien y con un tono divertido preguntó:

– ¿Acabas de llamarme "bonita"? –

– ¿Y qué si lo hice? –

– Nada, nada – Se encogió – Nunca antes lo habías hecho

– Si. Tengo muchas cosas que hacer en lugar de llamarte bonita y otras cosas más como haría cualquier otro pretendiente –

– ¿Entonces eres un pretendiente más? – Elsa rió bebiendo un poco.

La pelinegra no respondió, lo que dio a Elsa mucho que desear. Cuando abrió la boca otra cosa salió de allí.

– ¿Entonces estás lista? –

– Yo siempre estoy lista – Declaró la rubia sabiendo a la perfección de que hablaban.

– Estupendo, porque voy a darte la patada de tu vida. Yo ganaré pasado mañana –

– No lo creo – Elsa sonrió.

El silencio se hizo prolongado por un momento. Elsa sonrió con tranquilidad ante la presencia de su mayor rival en el hielo y probablemente el único que podía tener porque aunque había muchos queriendo vencerla, nadie se comparaba a la pelinegra. Ella siempre la trataba como un verdadero rival, y los rivales están hechos para ser derrotados. Ambas lo sabían.

– Entonces – Dijo Katrina después de beber un poco de su chocolate – Supongo que solo me queda esperar a verte

– Lo mismo digo – Elsa sonrió.

Nuevamente se hizo el silencio.

– ¿Cómo está tu hermana? – Pregunto con un tono apenas audible, Elsa.

La oji-gris miro a la rubia con una sonrisa ligera y luego asintió – Bien

– Es bueno saberlo –

– Es tonto. Ella quería conocerte. Odio que tengas más fama que yo y cada vez adquieres más –

– No es intencional – Rió Elsa sacudiendo la cabeza – Pero debo admitir que es divertido ser más famosa que tú

– ¿Intentas ponerme celosa? – Pregunto Katrina con un tono jugueton.

– Ya lo hice – Respondió de igual modo ella.

– Por supuesto que lo haces – Murmuró la chica sacudiendo la cabeza sin mirar a la rubia.

– ¿Elsa? –

Ambas chicas miraron hacia el living, al final de las escaleras, donde una chica vestida con una chaqueta canguro de color verde agua había hablado. Su cuerpo parecía pequeño para aquella chaqueta, las mangas colgaban a menos unos cinco centímetros más, se frotaba el ojo con una de ellas, y no parecía traer pantalones, aunque traía unos shorts bastante cortos que no se llegaban a notar debido al largo del poleron. Su cabello era largo y desordenado, rojo fresa suave.

– Anna – Elsa dijo con suavidad – Lo siento, ¿te he despertado?

– Algo así – Murmuró al chica somnolienta. Miro a su rubia novia antes de mirar a la pelinegra. En algún momento algo dentro de ella se arremolino de celos, pero a causa del sueño después de haber despertado hace tan solo momentos lo dejo pasar, luego tendría tiempo para estar celosa.

– Yo creo que ya debo irme. Supongo que te veré en dos días – Sonrió la pelinegra poniéndose de pie. Elsa miro a la chica y asintió. Se acercó a la puerta con ella y al salir se quedo parada con la puerta cerrada detrás de ella.

– No sabía que tenías compañía –

– Es mi casa, no tienes porque saber – Elsa dijo con ironía – Entonces nos veremos

– Bye – Besó la mejilla de Elsa dejándola sorprendida y confusa antes de irse. La rubia vio a la chica subirse a su propio auto y alejarse. Entró nuevamente en su casa y sonrió al ver a Anna recostada en el sofá.

Se acerco con cuidado y toqueteó su mejilla con un dedo – Anna, despierta, vamos arriba

– No – Dijo entre sueños. Murmuró algo que no entendió la chica y luego se acurruco. Elsa torció el gesto con cariño

– Bien, descansa – La besó en la frente con dulzura y subió a buscar una manta. Tras cubrir a la chica sonrió y miro el reloj. Solo tenía una hora para descansar y no tenía sueño. No se obligo a dormir, solo se sentó en un sillón para hacerle compañía a Anna con la laptop en las piernas mirando su rutina con un par de audífonos.

Continuara…