Suena el timbre de casa de Suiza. Ya que no es una ocurrencia tan común... Es decir, que suene el timbre de su casa. Suiza frunce el ceñito, mirando la pantalla de la computadora con atención.

—Liechtensteeeein, mira quién es y dimeeeee —grita. Liechtenstein, que está echada en el sillón de la sala con la computadora viendo cosas de dudosísima reputación, minimiza todas las ventanas y se levanta a la puerta.

Sonríe cuando ve que es Austria y lejos de gritarle de vuelta a Suiza como haría con cualquiera, abre la puerta rápidamente. Austria sonríe al verla.

—Herr Österreich! —sonríe y hace la reverencia habitual—. Pasa, bitte.

—Hallo, Liechtenstein —se quita la chaqueta.

—Lieeeechtensteeeein? ¿Quieeeeén eeeees? —pregunta suiza desde el despacho.

La chica cierra la puerta y espera la chaqueta de Austria para colgarla en el perchero.

—¡Ah! Me alegra mucho que vengas porque me han invitado a una fiesta y aún no lo había dicho porque ha estado de mal humor y no sabía si me dejaría ir —sonríe pensando que ahora si la dejarán.

—¿A una fiesta de quién? —pregunta mirándola mientras le da la chaqueta mirándola de manera intensa.

—Liechtensteeeeein.

—De los chicos Americanos —carraspea sonrojadita desviando la mirada—. Es Öooosterreeeeich.

—¿Con Canadá? Herr Österreich —la corrige. Ella se sonroja y baja la cabeza, regañada.

—Perdona —susurra volviendo a hablar al tono de voz habitual.

—¿A dónde vas?

—A... ¿La fiesta?

Se oye ruido en el despacho, por cierto.

—Ja, dónde es —la fulmina.

—Canadá pasara por mi y es en... —de aclara la garganta—, casa de su bruder.

—¿Cuántos días? —la mira de nuevo, porque ir ahí no es volver hoy a las cinco de la mañana.

—¿Una... Se-Semana? —se sonroja más.

—No se lo digas como que vas a una fiesta, el concepto de fiesta que dura una semana es terrorífico. Dile que quieres ir a visitarle a él y a su hermano y que se imagine él que habrá actividades con alcohol y nocturnidad.

—Oh... Bien —asiente comprendiendo y sonriendo un poco—, no mencionaré la fiesta ni nada. Danke, Herr Österreich.

—Pero no le mientas si te pregunta directamente y más vale que tengas cuidado y sensatez con todo.

El siempre nerviosito Suiza aparece sonrojado, bajando las escaleras. Liechtenstein asiente en silencio con carita ANGELICAL, esa que es un poco... Bueno, sospechosa. Austria mira a Suiza y sonríe.

—¡No me dijiste que vendrías! —saluda, sonrojado, peinándose con una mano, nervioso.

—Nein —responde sin que eso le represente un problema.

—Te he dicho que hables al menos —se acerca a ellos, vacila un poco, traga saliva y se cruza de brazos.

—Schweiz, voy a venir esta tarde —sonríe de lado.

—Antes, Österreich, antes. ¡Ahora la agenda es otra vez un desastre! —le riñe sonrojadito.

—Seguro podrás arreglarlo.

—Arreglado está, ¡pero es un desastre igual! ¡Desastre que era evitable!

—¿Quieren algo de beber? —pregunta Liechtenstein solicita.

—Si está arreglado no es un desastre, prepárame un café, bitte, Liechtenstein.

—Un café, ja —asiente sonriendo porque Italia le enseño a hacerlos la última vez que fue y le quedan buenos—. ¿Tú quieres uno también?

—Sí, es un desastre porque está todo apelmazado y duplicado aunque este arreglado —le toma del brazo y hace un gestito para que vayan a la sala.

—Entonces no lo habrás arreglado —anda a la sala siguiéndole.

—Ja, con azúcar —pide a Liechtenstein que se va abnegadamente a la cocina, sonriendo aún por el prospecto de la fiesta—. Sí que lo arreglé, siempre consigo arreglarlo, pero habrá veces —no ha pasado nunca—, que no podré dejar de hacer todo lo que estoy haciendo para atenderte —se sonroja cuando se oye a sí mismo—, no que deje todo cuando vienes, de hecho no, en lo absoluto, más bien... Es que no estaba... Ehm... Como sea —se sienta.

—Puedes seguir, en realidad vengo por el piano.

Suiza parpadea mirándole con la boca medio abierta por un par de segundos antes de sonrojarse más y desviar la mirada.

—Oh... —ese tono de decepción inevitable. Se recompone—, mejor.

—Aunque ya que te has tomado la molestia de arreglarlo puedo dedicarte un rato —sonríe.

Orejitas rojas porque eso parece casi casi que ahora el austriaco le hará un favor a él.

—Dedicarme un rato —murmura apretando los ojos.

—Aunque teniendo en cuenta que ni siquiera me has saludado...

—¡Te salude en la puerta! —chillidito porque SABE a qué se refiere—, ¿Y no deberías saludarme tú a mí que eres quien ha llegado?

El moreno le toma de la barbilla y sonríe. El rubio traga saliva paralizándose y sonrojaaaaaado.

Austria se acerca suaaavemente, cerrando los ojos, sonrojándose un poquito también. Suiza se humedece los labios mirándole con ojos muuuuuuy abiertos, pero no se quita eso sí, tampoco es idiota.

El austriaco le roza un poco. Debe oír el corazón de Suiza que sí, aún salta histérico cada vez que pasan estas cosas. Él entreabre los labios y le busca un beso mejor, por puro instinto.

Sonríe dejándole en ese caso, devolviéndoselo. Cierra los ojos y se relaja un poquito aunque el corazón le sigue igual de acelerado. El austriaco deja que domine y lo alargue lo que quiera, así que debe acabar con una mano de suiza hundida en su pelo y la otra acariciándole la mejilla, porque a Suiza se le va la olla siempre pero está acostumbrado a que le detenga antes de que se le vaya por completo.

Bien, ahí es cuando le corta.

Liechtenstein les mira sonriendo encantada (y sonrojadita) desde la puerta de la cocina porque a este paso Suiza NO le va a decir que no bajo ninguna circunstancia.

Suiza se relame aún con las manos en posición y los ojos cerrados. Austria sonríe y carraspea para que el corte AHORA sea un poco más brusco.

El helvético pasa del sonrojito leve por el beso, al absoluto sonrojo incómodo en un sólo segundo, le mira a la cara, le quita la mano de la mejilla de golpe, culpable. Vacila sin saber qué hacer con la mano del pelo, agobiado.

Austria le mira intensamente, él traga saliva vacilando un poco.

—Y-Yo... —quita un poco la mano con suavidad.

—Hallo —sonríe. El suizo sonríe un poquito también, sonrojadito.

—Ha-Hallo... —responde cambiando un poco la actitud y acariciándole un poquito la cabeza.

—¿Cómo estás?

—B-Bien, MUY bien —responde muy sinceramente. Austria sonríe más—, ¿T-Tú? —pregunta acariciándole un poco más la cabeza.

—Un poco preocupado, hay un asunto que quería tratar contigo —se recuesta más en el sofá.

Liechtenstein sale sigilosamente de la cocina con los dos cafés.

—¿Preocupado? ¿Por? —pregunta mirándole a los ojos.

Austria se vuelve a Liechtenstein haciendo un gesto de agradecimiento con la cabeza.

—Ayer hablé con England.

Ella sonríe mirándole y Suiza se acaba de enterar de su presencia. Agradece también su café que a diferencia del de Austria, que es negro, tiene leche y crema encima con chispitas de chocolate. La chica les sonríe y al escuchar lo que dice Austria decide que quizás sea mejor volver un rato más tarde con su asunto e irse mejor a hacer la maleta.

—¿Tú? ¿Para qué?

—Por la navidad, este año, con el asunto de... los ancestros.

—Oh, Vater? —pregunta pensando cual puede ser la complicación con Inglaterra en concreto.

—En parte, pero lo que quería saber es qué planeas hacer con tu madre.

—Ah... Mutter —se pasa una mano por el pelo—, no estoy seguro de que quiera bajar de la montaña.

—Ya imagino... y aun así pienso que si está Vater y un día viene Galia y uno Rom, quizás querrías que estuviera.

—¿Va a ir tu madre? —pregunta levantando las cejas sin esperarse esto.

—Eso hemos hablado England y yo. Me ha pedido que uno de los días, vaya a su casa con su madre, el día que Rom venga con nosotros.

—¿Y France no va a pretender que esté con él los demás días? Es decir, es tu madre y estás en todo tu derecho, sólo no pensé que quisieras ejercer ese derecho.

—No quiero ejercerlo. De hecho es más bien al revés. Por lo visto uno de los días, van a reunirse en su casa su madre, Rom y sus hermanos y me ha pedido si puedo ocuparme yo de Galia.

—Entiendo —asiente estirándose a la mesita y tomando su café—. No había pensado qué hacer con mi madre, en especial porque va a considerar que es una fiesta idiota y que es absurdo e imbécil que yo vaya contigo a celebrarla, y más aún que esté Vater y todos los demás...

—Lo suponía, aun así no quería que no supieras los planes.

—Quizás podríamos ir la mañana de Navidad... O yo pasar con ella el año nuevo —murmura.

—Pensé que podías sentirte incomodo si ella no... was?

Suiza se encoge de hombros.

—Es que tampoco puedo dejarla ahí... La soledad cala, aunque ella crea que no le importa...

—Entonces, tráela con nosotros.

—Veo que no conoces bien a Mein mutter... No creo que la quieras en casa de Deutschland.

—Tráela a casa en año nuevo.

—Va a ODIAR tu casa —advierte—, si es que consigo que salga de la montaña. No ha bajado desde hace... Desde que la fui a dejar ahí.

—Ja, la va a odiar, pero eso no me preocupa en lo absoluto —sonríe cínico.

—Va a quejarse todo el tiempo y a portarse mal y puede que cuando empiece la música me diga que se larga a casa —vacila un poco, pero parece estarse convenciendo un poco.

—Nein, entonces no la quiero en el Musikverein.

Suiza suspira.

—No creo que nunca haya escuchado música así... —murmura—, lo siento.

El austriaco inclina la cabeza y le mira.

—Quizás podríamos enseñarle un poco, Vater puede aguantar cada vez más tiempo, sobre todo con ciertas piezas.

—Ja. Pero Vater... Tiene ese asunto con la poesía y da clases en una universidad—se revuelve un poco sonrojándose—, Mein mutter es fuerte y sabe de hierbas y de... Cabras. No tiene el refinamiento que...

—¿Así que tu idea es ser tú quien no venga con nosotros?

—Quizás podría llevar a mi madre a tu casa pero no al concierto... —propone.

—Aun así, hay otro asunto antes.

—Conseguir que baje de la montaña, Ja. ¿O a qué te refieres?

—Nein... ja, pero no hablo de eso. Habrá un día que vendrá Galia y un día que vendrá Rom. ¿Cuál crees que será mejor que venga ella?

Suiza se lleva las manos a la cara y aprieta los ojos.

—Quiero decir, quizás decidamos que baje en Navidad y ya no hay ni que preocuparse del concierto.

—Me sentiría menos preocupado por un lado si refunfuñara en tu casa y no en la de Deutschland —confiesa.

—Entonces no te va a quedar más remedio que ayudarla y enseñarle a comportarse en un concierto.

Suiza le mira porque eso tiene otra implicación que es un "no quiero que no vayas", sonríe un poquito.

—Creo que voy a llevarla con Frau Luthi para Navidades.

—¿Se llevan bien? —levanta las cejas.

—No se conocen y sospecho que van a MATARSE, pero si dejo a mutter en la montaña voy a pasarme todo el invierno sin poder ir por ella por la nieve y las dos juntas al menos podrán sobrevivir a una altura más conveniente.

—Creo que sería bueno que fueras por ella cuanto antes y le comentaras todos tus planes.

—Ir por ella desde ahora... Frau Luthi va a matarme. Quizás pueda ir mañana y llevarme a Liechtenstein con una flauta o algo así para que toque un poco para ella.

—Liechtenstein me ha dicho que va a ir a visitar a Canadá y aunque sé de su virtuosismo, creo que no sería suficiente.

—Liechtenstein WAS?!

—Me parece un momento adecuado, puesto que tú tampoco vas a estar en casa.

—Pero como que va a irse... ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿A qué? ¿Con permiso de quién?

—Con tu permiso de padre sobre protector y carcelero por lo visto... Me parece un buen momento para que pase unos días, quizás sea más fácil convencerla entonces que no vaya para Navidad —Austria es tan hábil para manejarle...

—¿¡Qué no vaya para Navidad?! ¿Cómo qué... Was? ¡¿Quiere irse con ESE para navidad?! —casi se le salen los ojos.

—Podría apostar que te va a pedir para pasar con él al menos una de las fiestas... pero quizás podamos convencerle a él de venir en vez de al revés ya que ella habrá ido ahora.

—Pero es que... Nein! —se pellizca el puente de la nariz porque deteeeeesta que vaya con él a hacer sepa dios... De hecho más bien, a hacer SABE MUY BIEN QUÉ, un montón de guarradas y cosas—. ¡No va a irse con él! ¿Dónde pasa la Navidad?

—Creo que él la pasa en casa de England.

—¿Y cuándo pretende irse? ¿Mañana?

—No creo que eso sea importante, puesto que creo que deberías ir a por tu madre esta misma tarde.

Suiza parpadea porque suele requerir preparación psicológica y mental para ir con su madre.

—Pero hoy estás tú aquí.

—Exacto. Por eso es hoy que deberías ir, ¿quién va a enseñarle si no?

—¿Vas a venir tu conmigo por mi madre?

—Más bien preferiría que le trajeras aquí.

El helvético se revuelve un poquito.

—Algo me dice que hay algo que no sé, pero bueno... Si vas a ayudarme a que se comporte en año nuevo —toma aire —, iré por ella hoy en la tarde.

—¿Y qué hay de Liechtenstein?

—Ya podría Liechtenstein venir a decirme que pretende largarse de casa en lugar de mandarte de emisario... Tú como sabes que va a irse, ¿eh? Un día de estos vas a venirme a decir que ya se mudó a vivir con ESE.

—Ah, nein, nein, estoy de acuerdo con eso. Ella debe decírtelo, sólo te prevengo antes de que montes en cólera.

—Jum! —se cruza de brazos—, pues que se largue si eso es lo que quiere.

—Bien, puede que si vaya contigo —sonríe mirándole de reojo. El rubio levanta las cejas.

—¿De verdad?

—Supongo que para tener que ir a casa y luego volver...

El helvético sonríe un poco porque habitualmente que diga que va a ir a caminar con él en la montaña le ilusiona.

—Bien, vamos entonces... Prepararé algo de comer para llevar y te traeré unas mejores botas, ¿vale? —propone levantándose.

—Habla con Liechtenstein, pero te aseguro que con lo que le gustan a tu madre las personas ya tendrá más que de sobras conmigo —asegura Austria.

—A ti va a odiarte, pero más va a odiarme a mí por estar contigo... Le he dicho que no estamos... así como... Bueno, Ehm... sólo para tranquilizarla y... ¿No dices que Liechtenstein va a irse con Canadá?

—Igual tienes que ser tú quien le diga a ella.

—Ja, ja... Si no me tienes que decir, voy a hablar con ella —mira su reloj—. Salida en cuarenta minutos.

—Bien —suspira.

—Was? —le mira de reojo.

—Nein —niega.

—¿Todo bien?

—Como te he dicho, me preocupa.

—Ahora hablamos de esto en el camino —propone llevando su taza a la cocina.

El moreno asiente.


El ausui se cuela por los descosidos... ¡No olvides agradecer a Josita su edición!