Suena el teléfono de Roma la mañana siguiente y contesta Egipto subiéndose por encima de él, mientras ronca.

—¿Si?

—Ehhh... Égypte? —saluda Francia sorprendido.

—¿Y tú eres...?

—France, el hijo del tractor que tienes roncando junto a ti.

—Ah, sí... —le mira sonriendo y le acaricia un poco el pelo del pecho, sonriendo—. Está dormido aun.

—Eso es lo que oigo... Asumo que terminaron agotados anoche —suelta una risita cómplice.

—Bastante, sí. No estoy segura de que si le despierto quiera hablar contigo enseguida, porque no vuelves a llamar de aquí a una hora, ¿eh, bonito?

—Bien, cherie, s'il vous plait... que me llame después de hacerte el amor en la mañana mejor, ¿bien?

—Bien, le diré que te llame.

—Merci... Pásenlo bien. ¡Te mando un beso! —le cuelga y suena el teléfono de España porque Francia quiere hablar con alguien, que contesta con voz de completamente dormido.

—¿Uh?

—Espagne, cher! —creo que se despertaron súper tempranito.

—Uuuh, tío... —rueda sobre Romano, que protesta.

—¿Cómo estás? —pregunta el francés sabiendo que está medio dormido.

—Sobadísimo... ¿qué pasa? ¿Qué hora es? —ojos cerrados... en Inglaterra es una hora antes.

—Las nueve —no aclara para quien y sonríe—. Sal de la cama y despierta que necesito tu ayuda en algo delicado.

—Las nueveeeee —protesta frotándose los ojos.

—Callaaaa —protesta Romano abrazándole un poco.

—Tenemos un problema de esos...

—Oh... —bosteza y abraza a Romanito de vuelta porque pretendía ir para no despertarle, pero ahora no se va.

—¿Ya estás bastante despierto? ¿O tú también pretendes tener sexo con Romanito y me vas a mandar a la merde?

—Oh... eso estaría bien —se estira y le acaricia la espalda. Romano se le repega un poco y le respira encima protestando otra vez.

—Vaya, ¿estaría bien? Fantastique! —sarcasmo.

—Pues sí, ¿Qué pasa?

—Necesito que vengas... Estoy en casa de Angleterre.

—¿Qué ha pasado? —parpadea y se tensa.

—Papa tuvo la brillante idea de que quería venir aquí a ver no sólo a Angleterre sino a todos los hijos de Britannia.

—¿Eh?

—Así que Britania habló a Angleterre... Y el hablo con Ireland, quien habló con... Ecosse —hace una pausa dramática.

—¿Ajá? —bosteza de nuevo, medio enterado.

—Fui a verle. No me estás haciendo caso realmente... ¿Me hablas ahora que despiertes?

—Es que Romanito me está abrazando —susurra. Francia sonríe y hace los ojos en blanco.

—¿Qué pasa con todo el mundo...? Bola de... Wankers!

—¿Tú no estás con Inglaterra? Pues... ¡ve tú también!

—Como si no se me hubiera ocurrido ya... Vaaaaaale, háblame al rato —se ríe.

—Seguro que ya lo has hecho y por eso llamas.

—Desde luego... Se está duchando —sonríe.

—Ya no eres lo que eras, seguro acabaste súper rápido, aunque quien no se corta el rollo con esas cejas.

—¿Perdóname? No tienes NI idea de lo que estás diciendo, ni acabo rápido ni me corto nada con ningunas cejas —se ríe—, podría ir ahora mismo a buscarle otra vez.

—¿Y? Seguro ni se le levanta.

—Estás hablando por hablar... ¿Cuántas veces más quieres que se le levante? Tú eres el que con trabajo consigues que te abrace y te das por bien servido... Yo te voy ganando ya por una vez.

—Ni siquiera tengo que ir, está aquí conmigo.

—Sólo te abraza porque está dormido.

—Lo que tú digas, no soy yo el que ya ha acabado... quizás no acabe hasta el mediodía.

—Ja, ya quisieras... Si nunca empiezas puede que no acabes nunca.

—Empezaré cuando me cuelgues.

—Te llevo una hora entera de ventaja...—se levanta—, casi te apuesto que vas a oírle gritar hasta allá.

—Siendo que tú ya has acabado, sí serán tus gritos, del asco.

—De imaginarte a ti, violando a romanito que se niega.

—Insisto, es decir, no tienes que sacrificarte porque yo te esté retando...

—¿Deja en paz a mi marido, quieres?

España se ríe.

—¿Me hablas ya seas cuando termines o si no consigues que pase?

—Cuando termine, aprovecha el tiempo que te sobre a ti para preparar un buen cocido a fuego lento.

—Al único que voy a cocer a fuego lento es a Angleterre... Si no te contesto es por eso.

—Eso ya lo veremos...

—Seguro te dará tiempo de ver todo lo que quieras... Si ni siquiera empiezas...

—Mmmm... Cállate —susurra romano poniéndole una mano en la boca al español.

España sonríe y le cuelga a Francia, que toma el picaporte y entreabre la puerta.

—Al fin, bastardo —protesta romano poniéndose boca abajo.


Siempre hay tiempo para que los dos monstruos de Roma hagan de las suyas ¡No olvides agradecer a Josita su edición!