Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?
Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.
Voluntad sobre Hielo
32
El tiempo pasaba más rápido de lo que Anna hubiera querido. Tenía solo dos días para disfrutar con Elsa todo el tiempo que fuera posible o de lo contrario se lo lamentaría para siempre. La rubia había llevado al grupo de jóvenes a hacer snowboarding la tarde del día anterior.
Anna pensaba que patinar en el hielo era complicado, ahora tuvo que aprender snowboarding. Su cabeza estaba estallando. Y claro, también ski. Ella intento con los dos deportes, pero sin duda dio pena, realmente dio pena. Elsa le había comentado que los deportes sobre la nieve eran muy divertidos y que cualquiera podía aprender, no tenía por qué alterarse, sin embargo a Anna le molestaba haberse caído tantas veces.
Kristoff había dominado el snowboarding lo suficiente para dar unas cuantas piruetas nada difícil, lo mismo Olaf y Eugene, a Mérida no se le hizo complicado. En cuanto a Rapunzel ella prefirió intentar con los ski. Elsa les había enseñado a usarlos y no se le hizo complicado a ella, pero a Anna sí.
– No tienes de que preocuparte, cariño. Es de lo más sencillo – Le había dicho Elsa y claro, será que Elsa nació allí y por lo tanto estaba más acostumbrada a hacer deportes en nieve.
La sonrisa se le dibujo en los labios instintivamente. Se había caído muchas veces, pero Elsa siempre estuvo allí para atraparla.
– ¿Elsa? – Abrió los ojos lentamente y miro a Elsa. La rubia se encontraba a su lado en la cama mientras la pelirroja tenía la cabeza recostada cerca de su pecho ya desnudo.
– Uhm –
La pelirroja miro a su novia a su lado y luego se apoyó en sus brazos para poder mirarla.
– Aún no puedo creer que realmente esta es la última vez que dormiré en tu cama – Anna dijo con un tono triste. La rubia sonrió – Me he acostumbrado a ella
La rubia sonrió – No es el fin. Seguiremos juntas, ya quedamos de vernos de vez en cuando durante los fines de semana. Ya sabes que iré a verte siempre
– Sí, pero… Aún es malo – Dejó caer su frente en el hombro de la rubia que deslizaba sus dedos helados con lentitud y delicadeza por la espalda desnuda de Anna. La pelirroja sonrió cerrando los ojos – No puedo evitar que tú vayas a la universidad aquí en Noruega… pero no sé si podré resistir estar tanto tiempo lejos de ti
Elsa suspiro – Van a ser cuatro años difíciles
Los dedos de Elsa se detuvieron de pronto, la pelirroja levanto la mirada solo para encontrarse con los ojos azules de su novia – Te amo…
Anna sonrió ligeramente – Yo también te amo…
Besó a Elsa en los labios suavemente. Como de costumbre necesitaba tener los labios de Elsa sobre ella, amaba esa sensación de tener aquellos dos finos labios sobre los suyos. Sabrosos, deliciosos. La gloria carnal.
Dejo de besar a la rubia y dejo su frente junto a la ella caer suavemente. Le sonreía con dulzura mientras Elsa no dejaba de contar cada una de las miles de pecas en el rostro de la chica. En su rostro eran miles, en sus hombros otras miles, en su cuerpo completo tenía millones. Elsa podía estar meses contando esas pecas sin aburrirse, besando cada una de ellas e intencionalmente mientras enumera olvidar la cuenta para empezar de nuevo.
– ¿Te he dicho cuán hermosa eres? –
– Sí – Anna sonrió. Besó a Elsa en la frente.
– Deberías dormirte – Susurró Elsa – Mañana tienes el vuelo temprano
La pelirroja miro el reloj en el buro que marcaba las 00.37 horas. Sonrió despreocupada encogiéndose de hombros. Con un solo aventón termino encima de Elsa besando su cuello bajando a sus hombros. La rubia cerró los ojos suavemente sonriendo ligero mientras los labios de la pelirroja se adueñaban de cada centímetro de su piel. Los labios finos de la pelirroja eran tan suaves y cálidos, Elsa no podía dejar de sentir tanto placer. Soltó un gemido y se rió cuando los labios de Anna se posaron encima de su pecho, justo al lado derecho.
Conocía a Anna perfectamente y en la única ocasión en que habían hecho el amor había rescatado la mirada emocionada y sorprendida de la pelirroja cuando al besar su pecho noto, justo encima del seno, una mancha de su piel la cual misteriosamente (y por pura coincidencia) tenía la forma similar a un copo de nieve. Recordaba que exactamente lo que la pelirroja emocionada le había dicho: sabía que el copo era tu marca personal. Le había hecho gracia lo que había dicho, además de que había divagado bastante, pero también le agradaba bastante.
Gimió cuando la besaba en esa extraña mancha, se notaba que a Anna le fascinaba besar ese punto.
Finalmente cuando los labios de la chica llegaron al abdomen de la rubia un suspiro se escapo de sus labios. Sus dedos se enterraron en el cabello desordenado de Anna haciendo que la chica le mirara con una sonrisa. Observo el rostro completamente rojo de Elsa y no pudo chillar de alegría.
– Wow, pareces un tomate – Se posiciono a la altura de la rubia – Realmente estás roja. ¡Es fantástico! Digo, me refiero a que tú jamás te sonrojas tan violentamente como yo, ya sabes, como hace tres días cuando nos besábamos en tu cocina, yo estaba tan roja como un tomate o un camión de bombero, tú solo te reías y wow… te ves tan linda y tierna con un sonrojo así, me gusta ver cuando cosas que normalmente no te sucederían te suceden – Tocó la nariz de Elsa con la punta de su dedo, sonrió – Te hace ver encantadoramente sexy. Ya sabes que me encanta cuando eres sexy, pero nunca lo haces al nivel de "wow, voy a seducir a Anna." ¿Por qué no intentas seducirme? No es que quiera que lo hagas, bueno sí, de hecho no, aunque sería increíble, haría nuestras noches más divertidas, ¿no crees? Uhm… Elsa, no te duermas
La rubia mantenía sus ojos cerrados para entonces, no estaba durmiendo, pero a Anna le pareció que sí. Cuando abrió sus ojos para encontrarse con el azulado verdoso de Anna, sonrió con cariño y la besó en la mejilla.
– ¿Algún día vas a callarte y en lugar de hablar besarme? – Murmuró tan cerca de sus labios que el aliento chocó con el de ella. Anna sonrió con picardía.
– Ah, ya veo. Su majestad me está pidiendo a ruegos que la bese en lugar de hablar. Qué curioso porque yo pensaba ella no abusaba de su poder ordenando a los plebeyos algo – Anna rió juguetonamente.
– No estoy ordenando nada y tú no eres una plebeya. Por ordenes de Su majestad, eres su princesa – Elsa sonrió siguiendo el juego. La pelirroja rió nuevamente.
– Entonces debo acatar las órdenes de mi reina, espera, ¿qué? ¿Princesa? ¿Las princesas tiene poder en el reino, no? Eso significaría que también puedo tomar el mando de un reino – Sonrió Anna distraída.
Sintió los labios fríos de Elsa quemar contra su piel caliente – Él único poder para mandar que tienes es en nuestra relación. Concéntrate
– No necesito mandar en nuestra relación porque las dos estamos bien juntas – Anna sonrió – ¿Sabes? Me quede con las ganas de usar el teleférico ayer
– ¿Qué? – Elsa abrió los ojos sorprendida – Yo te lleve al teleférico, pero te asustaste y te aferraste a la pierna de un extraño para no subir
– Eso no es verdad – Anna frunció el ceño sonrojada.
– Claro que lo fue, y cuando el extraño quería subir también tú te aferraste a un árbol – Elsa rió – y lloraste
– Dios que vergüenza pase – Anna sacudió la cabeza – Seguro que te dio vergüenza que fueras mi novia en ese momento, sobre todo cuando alguien nos grabó
Elsa rió suavemente. Anna pudo sentir como su cuerpo también reboto ante la risa de Elsa.
– Podría, pero no tenía por qué sentirme así. De hecho, me gusto, no me preguntes por qué porque sé que fue así –
– Debes estar acostumbrada a mis locuras –
– Anna, contigo jamás me acostumbraré, pero lo disfruto – Sonrió la rubia.
La pelirroja sonrió besando a su novia en los labios fugazmente – Eres un ángel, por dios. Logras soportar mis lloriqueos y muchas cosas más
Elsa sonrió extrañada, tranquila – Bien, princesa – Su tono juguetón desapareció luego y fue reemplazado por un tono más suave y dulce – creo que debes dormir, mañana no te levantarás a las siete. Yo te conozco y sé que no será así
Suspiro. Anna se acomodó al lado de la rubia rodeando su cintura con sus brazos.
– Els, ¿qué harás ahora? Aún queda algo de tiempo antes del año que entra y, bueno, la escuela ya la has terminado antes que yo, ¿no? – El tono de Anna era un susurro suave. La rubia se giro en su cama para poder ver a Anna que su mirada estaba en el techo de la casa.
– No lo sé, quedan… ¿cuánto? ¿Dos meses? – Anna asintió – Supongo que iré a ver la universidad, buscar un lugar en donde quedarme y cosas así
La pelirroja suspiro mirando a la chica – ¿No te veré en estos meses?
– No seas tonta, estarás de cumpleaños dentro de poco. Iré a verte, obvio – La chica dijo con una sonrisa.
– No va a ser lo mismo –
Elsa suspiró – A dormir
Anna asintió pesadamente. Intentó dormir muchas veces, pero no pudo. Lo intento de verdad, sabía que Elsa se había quedado dormida porque había pasado mucho tiempo con los ojos cerrados y tranquila, pero ella no podía. No dejaba de pensar en la situación.
El día de mañana Anna estaría en volando en un avión de regreso a su país de origen y a su ciudad natal mientras que su novia se quedaría en su propio país de origen. No quería abandonarla, Dios sabe que no, pero por lo visto las cartas estaban en su contra. Tenía que hacerlo.
Dio un par de vueltas en la cama antes de finalmente cerrar los ojos, cuando no pudo dormirse nuevamente gruñó y abrió los ojos, resoplo. Frente a ella, Elsa estaba pacíficamente durmiendo, su mano estaba sobre su pecho encima del edredón y una sonrisa pacifica se dibujaba en su rostro.
– Elsa – Anna murmuró. La rubia no respondió. Torció los labios y resoplo. Cubrió su cabeza con el edredón molesta por no poder dormir, dio varias vueltas y finalmente no aguantó más. Se apoyó en las palmas de sus manos manteniendo los brazos rectos mientras sonreía a su novia que había despertado por el movimiento brusco. Anna sonreía.
– Anna, ¿qué…? –
– ¿Lista para una segunda ronda, majestad? –
– Espera… ¿qué? – Elsa la miro sorprendida mientras ella sonreía.
Anna terminó de cerrar su maleta y miro la habitación en la cual había estado quedándose durante dos maravillosos meses. Si bien había pasado mucho más tiempo en casa de Elsa no podía evitar sentir cierta nostalgia. Grababa cada detalle en su cabeza cuanto fuera posible. Al salir se encontró con Rapunzel esperándole, Mérida ya se había marchado.
– ¿Lista para irnos? – Anna murmuro con cierto tono débil.
La chica sonrió asintiendo, se acercó a Anna y le tomó del brazo – ¿Estás segura de esto?
– Lo pensé bien anoche y creo que es lo mejor – Anna murmuró.
– Bien – Susurro Rapunzel – Siempre me vas a tener, para lo que sea
– Gracias –
Ambas chicas salieron del departamento y se subieron al elevador. Cuando llegaron al piso de abajo, cada una cargo sus maletas y cuando se encontraron con Ariel, Anna se detuvo a hablar con ella.
– Hey, fue divertido estas semanas haberlas pasado contigo – Sonrió Ariel – Sin duda nos veremos en las fiestas navideñas o familiares
– Sí – Anna rió nerviosa – Dime, Ariel, ¿Elsa va a estar bien en otra ciudad?
Ariel rió – Por supuesto, Tromsø no es una ciudad muy diferente. Elsa y yo nos fuimos un fin de semana. Bueno, Anna, realmente fue agradable conocerte. Eres una gran amiga y espero que tengas un vuelo tranquilo
– Gracias, Ariel. Tú realmente me agradas también y espero lo mejor para ti. Bueno, yo realmente no sé qué decir a menos que me pongas en una situación vergonzosa y si no me crees puedes preguntarle a Elsa, siempre hago el ridículo – Anna rió – Y lo estoy haciendo ahora, sí…
La chica sonrió con cariño – Gracias por todo lo que has hecho por Elsa, jamás la había visto tan feliz desde… tú sabes
Anna asintió lentamente algo incomoda. No quería pensar en ese chico ahora.
El camino al hotel fue tranquilo, Anna estaba pensando y repasando sus ideas una vez y otra vez. Necesitaba hacer esto no importa cuánto le doliera. Ya en el aeropuerto arrastro su maleta hasta que alguien se la levanto, miro atrás y vio a Elsa junto a Lady.
– No sabía que dejarán entrar animales – Dijo la pelirroja riendo. Elsa tomó la maleta y la llevo riendo.
– No dejan. No nos delates – Rió juguetonamente la chica. Lady ladró suavemente caminando junto a Anna quien sonrió.
Una vez que se reunieron con los demás, Elsa sonrió a los padres de Anna deseándoles un buen viaje y esperaba que fuera seguro. Tranquilamente saludo a los demás hasta que Anna le pidió hablar.
Las dos chicas se sentaron mirando por una ventana gigante los aviones esperando a su vuelo. La pelirroja recostó la cabeza en el hombro de Elsa.
– No quiero irme… –
– Y yo no quiero que te vayas –
Hubo un silencio cómodo hasta que Anna comenzó a recordar la noche anterior. Se había divertido el día antes con Elsa. Las dos chicas lo habían pasado en completa diversión desde paseos por el fiordo, colarse a ver películas en el cine, jugar juegos de vídeo, comer comida chatarra, entre otras cosas. Anna no quería alejarse de Elsa, no ahora que tan bien estaba resultando su relación con ella, pero había algo que ella sabía y que Elsa no… ninguna de las dos iba a poder ser capaz de soportar la separación así como así.
Se movió un poco causando que la rubia la mirara confundida. Tenían las manos entrelazadas y Anna no dejaba de mirar la de Elsa. Una mano delicada y bastante femenina, pálida con dedos delgados y refinados.
– Els… creo que tenemos que hablar – Tragó saliva y miro a la chica – Sobre nosotras
– Uhm – La rubia quito la vista de la ventana y miro a la pelirroja – ¿Qué sucede?
– Bueno, pues… – Anna tragó saliva.
– ¡Eh, chicas! – La voz de Olaf la interrumpió. Por un lado se sintió tranquila y aliviada, por el otro frustrada. Miro al peli-blanco, ahora castaño confundida.
– ¿Qué le pasó a tu cabello? – Preguntó Elsa confundida, apuntó con su dedo.
– ¿Saben que hay un salón de belleza aquí? Me han teñido esto por casi nada y sé ve estupendo, ¿verdad que sí? – Olaf sacó su celular para usar su pantalla como espejo. Peinaba su flequillo parado mientras sonreía. Seguía teniendo el cabello corto.
Elsa Sonrió divertida – De verdad que sí se ve bien
Anna asintió.
– Gracias – Sonrió infantilmente – Oh, pero no era eso lo que diría, ¿quieren donas? Mérida ha ido a comprar
– No gracias – Dijeron ambas al unísono. Olaf asintió antes de irse saltando con emoción exhibiendo su nuevo color de cabello.
– Supongo que esas cosas solo pueden pasar en un aeropuerto – Elsa rió.
Anna asintió lentamente, tomo las manos de Elsa con cuidado y luego la miro a los ojos.
– Realmente necesito decirte esto – La rubia asintió intrigada. Anna respiró hondo – Escucha, yo estuve pensando anoche
– Que miedo – Elsa bromeó.
La chica pelirroja rió sacudiendo la cabeza – Tú dormías, era de madrugada
– Oh, es por eso que no fue difícil despertarte – Elsa rió ligeramente. Su mano suavemente acarició la mejilla – Bien, princesa, dime…
Se atragantó la pelirroja – Elsa… verás, lo pensé bien y… nosotras nos vamos a separar ahora y…
– Iré a verte, para tu cumpleaños –
– No. No Elsa. No lo harás –
– ¿De qué…? –
Anna respiró hondo y miro seria a la chica – Quiero romper contigo
Los ojos de Elsa se abrieron en shock.
Elsa se dejó caer en la cama acolchada mientras reía, en sus manos tenía una cámara grande. Observaba con una sonrisa las fotos que estaban en ella cuando de pronto un chico de cabello castaño y ojos color miel se tumbo a su lado en la cama.
– Hey, Queen, ¿qué haces mi amor? –
– Veía las fotos que hemos tomado hoy – Elsa sonrió y miró al chico – ¿No te parecen divertidas? Mira, ahí estás tú
La rubia mostró una imagen en donde el chico salía vestido de reno con una mueca bastante tedioso. Elsa rió divertida mientras él intentaba borrar la foto en vano. Dejó la cámara en el buro de la cama abrazando al chico por la cintura y recostando su cabeza en su pecho. Él le sonrió con cariño rodeando sus hombros.
– Fue una bonita navidad –
– Una hermosa – Susurró él – ¿Sabes que falto?
– ¿Un beso bajo el muérdago? – Elsa pregunto con un tono juguetón.
El chico rió provocando que el retumbar de su risa hiciera el cuerpo de Elsa estremecerse.
– ¿No nos hemos besado suficiente hoy? –
– Nada es demasiado – La rubia lo besó en los labios.
Un besó suave y cortó. Elsa sonrió acurrucándose.
– Falto algo especial, una caminata especial bajo la luna – Él dijo con un tono suave.
– Hicimos un muñeco de nieve y patinamos bajo la luna – Elsa sonrió divertida, cerró los ojos.
– Queen… –
– Dime –
– Te amo, ¿sabes? Y nunca voy a abandonarte. Vamos a estar juntos para siempre –
A falta de aire separo los labios de los de Elsa, añorando ese calor frío que sentía al besarlos. Un calor que sentía porque el beso era suave y cálido, como una fogata en medio de una tormenta de nieve y frío porque Elsa siempre estaba helada y sus labios no eran la excepción.
La frente de Anna se recostó junto a la de Elsa, ella le sonrió mientras la chica rubia la miraba sorprendida. Entrelazó los dedos sus manos y luego apoyó su otra mano en la mejilla de Elsa, con el pulgar limpio un par de lágrimas y luego acaricio su mejilla.
– No sé que se siente perder al amor de tu vida… Pero sé que se siente estar a punto de hacerlo. Elsa, yo quiero ser tuya, quiero que me ames y no puedo obligarte, es cierto. Tampoco… tampoco quiero que te sientas obligada a darme una respuesta, pero debes saber que yo nunca te dejare. Lo que paso con él… vale, debió ser doloroso, pero yo no te dejaré. No lo haré – Anna sonrió un poco – Me gustas demasiado para dejarte. Ahora entiendo porque tienes miedo de dejar entrar a los demás, temes perder a quien quieres ya se por algo natural o que te deje por su cuente. Pero yo no quiero… Me dolería si te vas y me dejas. Sé que estás confundida, pero me gustaría que me des una oportunidad, solo una
El corazón de Anna se quebró de pronto de solo ver el pánico y el miedo en los ojos de Elsa. Ella una vez le prometió que jamás la dejaría, le dijo que siempre iban a estar juntas, pero ahí estaba sentada frente a ella diciéndole que romperían.
Las manos de Elsa se separaron de Anna lentamente provocando que la pelirroja sintiera pena y ganas de volver a tomarla. No quería separarse.
– Tú… – No podía hablar. Elsa realmente estaba en shock.
Anna tragó saliva – Escucha, sé que es difícil de entender. Mira, yo lo pensé bien y no creo que funcione lo nuestro a larga distancia porque ambas sabemos que las relaciones a larga distancia jamás funcionan, ¿no lo hemos visto ya en las películas? No va a funcionar y lo pensé mucho anoche, quiero que las dos podamos concentrarnos en nuestras carreras. Lo he pensado un poco y estudiare diseño, tú serás una patinadora genial y fantástica, sabes que siempre me tendrás allí apoyándote en primera fila con cartel en que salga tu nombre y gritándote "Elsa, Elsa, Elsa." ¿Crees que alguien me he eche? No, yo tampoco lo creo. Uhm, te quiero, dios no, te amo pero no puedo volver a New York sabiendo que tú estás aquí y no puedo besarte o tocarte. Preferiría… preferiría que nosotras termináramos, te concentraras en tu carrera y yo en la mía y cuando terminemos, cuando nos graduemos, nos juntaremos de nuevo y sí… aún me quieres podemos volver a intentar nuestra relación de donde la dejamos… sé que yo querré
Elsa bajo la mirada, seguía en shock. La chica pelirroja observo a su novia, o ex novia, con cuidado intentó tomar su rostro en sus manos cuando sintió que las manos de Elsa le golpearon y levanto la mirada. Sus ojos estaban rojos y las lágrimas amenazaban salir.
– Eres una mentirosa – Dijo en un susurro. Se puso en pie, miro a todos lados y luego la miro a ella con un nudo en la garganta – ¿Y sabes que es lo peor...? ¡Yo te creí!
– Elsa – Anna la miró sorprendida.
Se llevó las manos a la cabeza frustrada y las quito bruscamente – Me dijiste que nunca me ibas a dejar Anna, no importaba qué, me lo prometiste. Todos los malditos días me dijiste que siempre íbamos a estar juntos y no será así. No hiciste más que mentir
– Elsa no… – La tomó de las manos. No era así como realmente quería que terminaran las cosas con Elsa. Ella esperaba a que Elsa entendiera que la relación así no iba a funcionar, Anna solo quería tranquilizar las cosas… pero se equivoco – Yo no quiero abandonarte, yo solo quiero que entiendas las cosas desde mi punto de vista
– No lo haré – Elsa murmuró mirándola. Sacudió la cabeza – …no puedo creer que hayas terminado conmigo. De verdad que no
– Pienso que es lo mejor para nosotras, pero seguiremos hablando, siendo amigas, es solo para que ambas podamos concentrarnos en nuestras carreras –
– No – Elsa dijo molesta – Si estuvieras haciendo lo mejor para nosotras entonces sabrías que sin importar la distancia las cosas iban a estar bien. Tal vez iban a ser difíciles, pero no imposibles. Íbamos a estar juntas al terminar la universidad. Yo te iba a ir a ver y sabes que lo haría…
Anna bajo la mirada, apretó la mano de Elsa con fuerza antes de sentir como la chica se alejaba de ella.
– Yo debo irme – Elsa dijo retrocediendo – Espero que te diviertas en New York…
Anna la vio alejarse. Quería correr por ella, detenerla, abrazarla y decirle que no estaba hablando enserio aún cuando era así, quería seguir siendo su novia, recibir sus labios sobre los suyos. Escuchó a Lady llorar también, la perra miro a su dueña y luego a Anna, la pelirroja le acarició y le susurro ir a donde estaba la rubia.
La pelirroja miro por la ventanilla del avión a ver si podía encontrar a Elsa en algún lado, pudo ver a los padres de la rubia, pero no a ella. Elsa ya no estaba. Se había ido… tal vez para siempre…
En sus manos tenía el gorro de Elsa. Él único recuerdo que tenía de la rubia aparte de sus recuerdos. Siempre le había gustado como Elsa realmente codiciaba su gorro, parecía tan apegada a tal accesorio que se sorprendió él día que se lo entregó para que se lo pusiera y cuando Anna quiso devolvérselo al final de ese día Elsa solo la besó pidiéndole que lo conservará por un tiempo con la excusa de que se veía hermosa con él. Desde entonces Anna lo había usado cada vez que podía ya sea estando con Elsa o no. Le encantaba ese gorro.
Traía puestos unos audífonos y para su suerte la canción que sonaba en ese momento era lenta. Le provoco un sentimiento de tristeza. Se imagino a si misma como en las películas, ella mirando por la ventanilla de avión con el gorro de Elsa en las manos mientras estaba por las grandes alturas del mundo mientras al otro lado del mundo Elsa estaba acostada, probablemente, en su cama con el collar de ella en sus manos. Llorando.
Le había roto el corazón.
– Oye – Rapunzel se sentó a su lado con una sonrisa pequeña, coloco una mano en su hombro – No sé si has hecho lo correcto, pero sé que puedes contar conmigo. Probablemente las cosas no terminaron bien, pero van a mejorar. Dale algo de tiempo
Anna miro el gorro y luego a su mejor amiga – ¿Sabes que es lo peor? Ella tenía razón. Yo le prometí que jamás la abandonaría y ahora he terminado con ella. Tiene razón en estar enojada
– Lo sé, la tiene, pero ella también debe entender las cosas desde tu punto de vista y lo hará cuando se tranquilice – Rapunzel dijo con una sonrisa pequeña – Cuando hablen, seguro que van a quedar como amigas y luego… novias
– Eso espero – Anna suspiro preocupada.
Continuara…
