Suiza mira a Austria que se ha quedado un poco atrás. Le espera paciente. Austria, que va de paseo, se pasa una mano por el pelo viendo el paisaje tranquilamente.
—¿Vas bien? ¿Cansado? —pregunta Suiza desesperantemente amable con el austriaco, como siempre.
—Nein por ahora, ya te pediré que me lleves —vale, Austria ya no tienes seis años.
—Que te lleve...
—Como siempre —se encoge de hombros y sonríe.
Lo mismo pensó Suiza, que se desquicia además porque va muy lento, pero aún así... Va con él a la montaña. Austria + Montaña = Día perfecto de no ser porque han de ir con su madre. Se acerca un poco a él y le toma suavemente la mano, que se la da tranquilamente, pero no creo que corra más.
Suiza le acaricia un poco con el pulgar.
—¿Ves allá? Hacen una buena pista de salto —le señala.
—Podrías ir y competir algún día —propone.
—Compito todos los años.
—Entonces podrías invitarme a ver la competición.
Suiza se sonroja un poco acercándose a él lo bastante y justo cuando va lo suficientemente cerca como para que sea obvio que pretende darle un beso en la mejilla... Se arrepiente, sonrojándose más.
—Ehm... —se separa, tooooorpe—, ¿vas a decirme qué te preocupa de todo esto?
Le mira de reojo con su sonrisita, que no contribuye a que el sonrojo disminuya.
—Unas cuantas cosas... ¿Qué tengo que hacer con tu madre?
—Mmm... —Se rasca la frente—, pues ayudaría que no fueras tan pomposo, que no te quejarás de nada y trataras de ser lo más simple posible.
—Aja... eso ya lo imagino, supongo que nada de muestras de cariño contigo.
—Cual si hicieras tantas... —murmura—, en efecto, NINGUNA muestra de cariño. Pero tampoco me insultes, ni siquiera veladamente, ni me des órdenes ni instrucciones.
—¿Hay algo que pueda hacer?
—Ser lo menos tú que puedas, lo más parecido a ella... Y... Hacer lo que ella diga.
—Esto va a ser un desastre.
—Ya lo sé. Es... un desastre en general, no sabes lo difícil que es subir a verla.
—¿Y qué se supone que somos? ¿Amigos? ¿Colaboradores? ¿Hermanos? ¿Socios?
—No somos... Ni primos, ni colaboradores, ni hermanos, ni socios. No le hablo de ti y yo asumo que ella imagina que somos lo mismo que será ella con vater. O... Yo que sé, no lo sé.
—Asumes... Como sea contigo como tú eres con Liechtenstein, esto no va a ser sólo un desastre.
—¡Yo no soy nada con Liechtenstein!
Austria le mira por encima de las gafas y suspira.
—No sé si es o no como yo con ella, porque... Verás, ella murió mucho tiempo antes de que yo fuera ALGO con alguien más.
—Al menos tú la recuerdas.
—A ratos no sé si es mejor. Tu madre parece una princesa de un cuento.
—Agradecería que la llamaras Galia —porque yo no la reconozco como madre.
—Galia... Galia parece princesa de cuento —le aprieta un poquitito la mano delicadamente, reconociendo lo complicado que es el asunto "Galia".
—Eso no significa nada.
—Al menos puedes sentarte a hablar con ella sin que te grite todo el tiempo —valora.
—Y no estar seguro de que te escuche, por lo que he visto... creo que voy a quedarme callado y a dejar que hables tú con tu madre.
—Pensé que ya que venías podríamos decirle que... —sonroooojooo. Carraspea otra vez—. ¿Qué más te preocupa?
—¿Decirle qué? —le mira de reojo notando el sonrojo.
—Nein, Nein... Sólo estaba pensando en... Bueno, estas cosas que eventualmente va a enterarse porque es posible que... Sólo insinuarle... Hablábamos de lo que te preocupa.
El austriaco sonríe un poquito con eso. Suiza carraspea riñéndose a si mismo mentalmente.
—Puedes decirle lo que quieras —le aprieta un poquito la mano. El suizo otra vez se rasca la frente, nervioso.
—No falta mucho para llegar —confiesa cada vez caminando más lento, no queriendo llegar.
—Me preocupa... me preocupa Vater, me preocupa que venga con Rom y me preocupa que venga sin él. Me preocupa que tu madre esté, me preocupa que le haga algo a Galia...
—¿Que le haga algo a Galia? —levanta las cejas y le mira.
—Tu madre, si va con Vater... no sé como sea de celosa y Galia es bastante débil.
Suiza se detiene porque no había considerado siquiera remotamente esa opción.
—No vamos a estar en casa. Lo que más cela madre son sus tierras... Espero. No creo que sea celosa con Vater, y... Vater defendería a tu ma... Lia.
—No tengo ni idea de qué vaya a defender vater, pero aun suena más preocupante si es con Rom.
—Que mi madre... Ataque a... —se lleva una mano a la cara—. Les detesto. A todos les detesto.
—O que Rom intente algo con ella.
—Ja, justamente estaba pensando en eso —murmura y le mira de reojo—. ¿Sabes qué es lo peor?
—Was?
—Que no sé cómo tratarla... O detenerla. Es un poco fiera.
—Creo que necesitas volver a vivir con ella un poco.
—¿Estás consciente de lo que eso significa, verdad? Si está mutter en casa...
—¿Ajá?
—Vamos a dormir en cuartos separados —murmura sonrojadito.
—¿No ibas a contarle?
—¡Aún así! —chilla y lo que pasa es que no se decide qué demonios hacer con su madre.
—Bien, entonces tú serás quien se vaya a otro cuarto después del sexo —sentencia y se sonroja un poquito.
—No tengo idea de si decirle, o que decirle o como decirle o po... —casi se ahoga, rojísimo —. ¡No digas esa palabraaaa!
—Sería bueno que te decidieras.
—¡Es que no sé! No sé sí va a odiarte, a lanzarme una flecha, dejar de llamarme hijo o... No sé.
—No hemos convivido mucho con ella y menos a solas.
—La casa está ahí... —susurra señalándola no mucho más arriba en la montaña—. Es decir, a unos cuantos metros, visible aún.
—Bien, vamos.
—¿Y qué vamos a decirle? —pregunta agobiadito el niño del chocolate antes de recordar que él es serio y un adulto y no se supone que deba tenerle miedo a su madre.
—¿Qué quieres decirle? —le mira de reojo.
—Vamos primero a ver cómo reacciona —murmura, apretándole un poco la mano instintivamente en uno de esos gestos de cuando eran pequeños.
Austria asiente y le aprieta un poco de vuelta. Suiza camina mirando fijamente la casita porque no está seguro siquiera de que esté adentro... Ya era bastante con que no hubiera flechas o lanzas siendo lanzadas hacia ellos.
Eso es porque te ha reconocido, te está espiando igual desde la ventana desde hace un buen rato. Además de la mano apretada, el de ojos verdes levanta la otra y le toma suavemente del antebrazo, caminando con paso más firme hacia la cabaña.
—Debe saber ya que estamos aquí... —indica el suizo pensando en voz alta.
El de anteojos le mira de reojo porque si no les ha disparado con nada, también es bueno.
—Quizás no le desagradas tanto como a mí, yo en otros tiempos ya te habría disparado... —parece ser una especie de broma.
—Qué bonito.
Camina en silencio hasta estar cerca de la puerta de la casa.
—Mutter!—Grita un poco Suiza para anunciar su llegada.
No sucede nada... pero las cabras deben balar detrás de la casita. Suiza sonríe un poco inevitablemente... Se acerca más a la puerta, soltando a Austria. Toca.
Antes de que pueda golpear por segunda vez, la puerta se abre de golpe. Suiza se queda con la mano en el aire y levanta las cejas.
Helvetia le fulmina.
—Hoy no es día de visita.
—Ya lo sé.
—No me has dicho que vendrías. ¿Quién traes a invadirnos? —mira a Austria con recelo.
—No te he dicho porque lo he decidido hoy, si me dejaras comprarte un teléfono... —suspira—. Y este es Österreich, vino conmigo.
—No quiero una cosa de esas que sólo hacen ruido y no sirven para nada —ella cree que hablas de relojes, porque los confunde.
—Sí sirven, al menos podría hablarte diario para saber si estás bien.
—Estoy bien —igual les abre la puerta para dejarles pasar, con recelo, sólo porque es Suiza, mirando al austriaco intensamente.
—Él... Viene conmigo, ha accedido a acompañarme, quería saludarte —mira a Austria de reojo y le hace un gesto para que pase delante de él.
Austria le mira un poco inseguro y lo hace mientras Helvetia le repasa de arriba abajo con el ceño fruncido para asegurarse que no lleva armas y decide que no es un peligro porque es un enclenque, así que bueno, no es tan malo. Seguro ella sola podría con él en caso de que hubiera problemas.
Suiza entra a la casa detrás del austriaco, mirando alrededor preocupado de pensar en lo limpio que pueda estar ahí adentro y ese tipo de cosas.
—Mutter, queremos hablar contigo de algo.
Ella frunce más el ceño si acaso es que es posible mientras Austria mira alrededor... la casa está ordenada, pero hay cabras y gatos rondando por dentro a sus anchas, comiéndose los muebles haciendo que no se pueda decir que está precisamente limpia.
Suiza acaricia suavemente la cabeza de una de las cabritas.
—Creo que deberías bajar... Se acerca el invierno.
—Aun hay tiempo.
—No pretendo que bajes a un pueblo, hay una casa, mucho más abajo donde el camino no se cierra en invierno pero aún está en el bosque. Hay silencio y tranquilidad, ahí podrás quedarte —explica.
Helvetia le mira con los ojos entrecerrados.
—Es pronto. A las cabras les gusta la hierba del prado que está tras esos montes. No las del bosque de abajo.
Austria se quita las gafas y se pellizca el puente de la nariz con esta conversación.
—Mutter, la hierba va a estar tapada con nieve —suiza mira a Austria de reojo.
—Las cabras sobreviven todo el invierno —le riñe.
—Abajo podrán comer un poco más, yo tengo las mías que comen de ahí abajo.
—No me gusta. No me gusta estar tan cerca.
—¿Cerca de quien? ¿Mío?
—De las personas extrañas —vuelve a mirar a Austria significativamente.
—Österreich... —suspira y se sonroja —, será mejor que te habitúes a él.
—¿Por qué? —entrecierra los ojos, con sospecha.
El helvetio se humedece los labios poniéndose muy MUY nervioso de repente. Mira a Austria un instante. Que le mira levantando las cejas.
—P-Pues... Ö-Österreich es...
—Es un extraño, no me gusta, aunque es débil y no parece un peligro no sirve para trabajar con esos bracitos —asegura medio en susurro, aunque Austria no necesita de su oído especialmente potente para oírla perfectamente.
—Nein, él no trabaja. Él... Hace otro tipo de cosas como cantar y hacer música —se acerca un poco a él—, y él y yo... Ehm.
—Esas son cosas inútiles —fulmina a Suiza al ver que se le acerca—. He visto que has tenido que traerle de la mano.
—Ja, son cosas inút... —se calla sonrojándose un montón al ver que su madre lo ha visto llegar de la mano —¡No estábamos de la mano! —chilla.
—Venías de la mano, por eso no he disparado —asegura ella y Austria vuelve a suspirar con esta conversación.
—¡No le puedes disparar a Österreich!
—Es un extranjero.
—Pero es... Österreich.
—¿No es uno de... los niños del sajón?
—Ja... Como yo. Pero él... A él no se le dispara.
Helvetia vuelve a mirarle con una cara de "bueno, ya veremos, eso se lo va a tener que GANAR".
—Hablo en serio, mutter ¡Sólo yo puedo dispararle!
—Danke, Schweiz... —opina Austria con ese tono sarcástico.
—¡¿Pues qué quieres que le diga?!
—¿Y Para qué sirve? —pregunta ella.
—¿Él? Pues... ¡Para pocas cosas! Hacer música, molestarme...
—¿Entonces por qué no le disparas?
—Porque no —traga saliva.
—Así no se meterá en nuestras tierras, es lo más seguro para que no te invada por la espalda cualquier día.
Se sonroja MUCHÍSIMO con el doble sentido de eso.
—Mutteeeeer! No va a invadirme por la... ¡No va a invadirme! —Austria se ríe un poco sin poder evitarlo—. Österreich! —aprieta los ojos abochornado.
—Calma, calma, no tengo intención de invadir nada... sin consentimiento —asegura. Suiza se sonroja más pellizcándose el puente de la nariz.
—N-Nadie invade... Nada…
—Si quiere invadirte no te lo dirá.
—No va a invadirme... Nada —como tomate. Helvetia refunfuña algo, de mal humor.
—Es un aliado... Ahora. Bitte recoge tus cosas, lo que quieres usar en el invierno, porque hoy mismo bajamos.
—Es aun pronto —niega con la cabeza, tanto Austria como Suiza suspiran.
A veces se nos cuela el FrUK a veces el AuSui... como ha cambiado Helvetia desde esta escena, cuando la escribí se parecia mucho más Britania pero ahora es me gusta más como es y me costó recuperarlo... ¡Tuve que cambiar los dialogos en la post edición despues de que lo hiciera Josita!
