Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?
Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.
Advertencia: Gracias a todos por sus comentarios y parece que a todos les ha tomado por sorpresa el giro del capítulo anterior, sin embargo está la noticia más impactante de todas: ¡Este fics llega a su fin! Así es, estamos a pocos capítulos y siendo sincera no estoy planeando hacer una segunda parte para aquellos que se lo preguntan.
Voluntad sobre Hielo
33
Se encontraba tirada en su fría cama. Hacía mucho que Anna no la usaba y de hecho le parecía extraño usarla ahora. Extrañaba su cama en la habitación del hotel, aunque siendo sincera más extrañaba la cama de Elsa con sabanas de seda y un edredón cálido y cómodo. Ella quería abrazarse a la rubia con fuerza mientras coqueteaban.
En sus manos aún admiraba el gorro de lana de Elsa, aquel que tanto le gustaba, su favorito. Elsa había estado usándolo desde que tenía memoria, desde que la conocía, pero también sabía que Elsa lo usaba desde pequeña. Era sorprendente como el gorro estaba en tan buen uso desde que era pequeña.
Tragó saliva. La pantalla de su celular (que estaba tirado a su lado en la cama) se encendió y un tono característico sonó. Reprimió las ganas de responderle a Elsa. Dios, cuanto quería hablar con ella y decirle que lo sentía, pero no podía hacerlo… aunque no lo quiera, esto era lo mejor para ambas.
Cortó la llamada.
Le dolía hacerlo, pero era lo mejor…
"Sigue repitiendo eso y tal vez en algún momento sea verdad." Pensó la pelirroja cerrando los ojos.
Los días pasaron más lento de lo que Anna podía imaginar. En clases había sido una tortura. El nombre de Elsa seguía en la lista, pero ya no lo pronunciaban para pasar asistencia. Los profesores ya no la usaban con gran ejemplo de perfección para trabajos o notas en las pruebas. Nada. Era como si nunca hubiera estado allí.
Le dolía pensar que tenía que pasar un mes yendo a su último año sin encontrarse con la rubia. El casillero de Elsa seguía allí, cerrado. Era su último año, se graduaría ese mismo año e iría a la universidad de artes para estudiar diseño. Se graduaría junto a su prima, sus mejores amigos, vería a sus padres allí… pero no a la rubia.
Elsa había hablado con el colegio antes de que Anna lo supiera, los padres de la rubia habían hecho los arreglos para que le cerraran el año con lo que ya tenía (además de que sin saberlo bien, Anna se enteró de que Elsa había enviado trabajos sobre materias que a ellas aún no le habían pasado, básicamente era como estudiar en casa). No asistiría a la licenciatura, el padre de Elsa iba a ir a buscar el diploma una semana antes de ésta y también recogería las cosas del casillero de la chica.
La casa de Elsa estaba vacía, nadie vivía allí, no la vendieron o arrendaron. Simplemente estaba vacía.
Camino lentamente hacia el casillero de Elsa. Sus manos temblaban. La combinación, sencilla, eran cuatro dígitos, el día en que había debutado y el mes. Ella lo había descubierto una vez que insistentemente le pregunto que significaban esos cuatro números (la había espiado cuando los escribió), finalmente Elsa termino por contarle que son.
Giro la perilla y luego lo abrió lentamente. Allí estaba el casillero perfectamente bien organizado. Anna suspiro observando cada cosa, los libros, los cuadernos, notitas pegadas en la puerta del casillero para no olvidar algo, un pequeño espejo, un bote con lápices y lapicera, goma, corrector y destacador. Con delicadeza y cuidado tomo una hoja doblada fuera de su lugar, se sorprendió cuando al abrirlo encontró se encontró con el dibujo de Elsa sobre el hielo que ella misma había hecho una mañana en la que la rubia entrenaba.
– Dios… –
Cubrió su boca con una mano. Elsa siempre lo guardo con ella. Estaba feliz de cierto modo, pero más que eso… quería a Elsa devuelta. Había cometido un error y lo aceptaba. Llevaba dos semanas sufriendo en silencio. Intentando olvidar a la rubia con la cual había pasado mucho.
La quería a ella, a sus abrazos, sus sonrisas, sus besos, su cariño. Anna quería a Elsa completa.
Retrocedió lentamente, el dibujo estaba en sus manos tan aferrado que ni siquiera el viento más huracanado podría quitárselo. Corrió a su siguiente clase como ladrón en la noche, preocupada de que alguien se lo quitará.
Había amado y perdido… dos veces. Elsa no podía creer que la segunda vez, la única segunda vez que decidió intentarlo, la única vez que le dijo a Anna que estaría con ella… lo perdió. Odiaba al amor. La había hecho sufrir ya dos veces y sin piedad.
La pantalla de su celular estaba apagada, Anna le había cortado por cuanto intento hiciera por hablar con ella. Lanzó el celular enojada contra la pared.
Había decidido ir a dar un paseo y poco le importaba ser reconocida por los camarógrafos. Ya no quería saber nada.
Mantenía sus manos en los bolsillos de su chaqueta roja de cuero. Sus jeans eran ajustados y usaba botas. No solía vestirse así a menos que estuviera en otra ciudad con otro clima, pero ya no le importaba nada. Despreocupada caminaba, sentía el frío medallón redondo con una A cursiva dibujada en su pecho. El collar de Anna.
Se detuvo tranquilamente en un pequeño puesto de comida, torció los labios en una sonrisa divertida y extrañada. ¿Qué daño podría hacer un hot dog, sobre todo cuando es al estilo Noruego? Lo pidió.
Elsa no era de esas chicas que cuando rompían con ella necesitaban tres botes de helados para poder superarlo, ella prefería cerrarse ante todo aún si eso implicaba a su propia familia y aunque no quisiera no podía evitarlo porque estaba en su naturaleza cerrarse ante un problema y no enfrentarlo como se debe.
Se había cansado de llamar a Anna y recibir siempre la misma negativa. Ya no quería más volver a pulsar ese botón y escuchar que le cuelga sin siquiera responderle.
Le dolía. Lo admitía. Le dolía mucho que Anna hubiera terminado con ella con una excusa tan pobre de que necesitaban estar tiempo separadas para así concentrarse cada una en su carrera en la universidad. Sinceramente hubiera esperado cualquier cosa, incluso algo similar a: lo siento, no puedo hacer esto, o lo que fuera, pero no aquello. Lo que más le dolía era que tal vez Anna tenía razón, pero lo peor de todo… ella había dicho que las relaciones a larga distancia no funcionaban siempre… tenía razón, o tal vez no, ahora eso jamás lo sabría.
Camino por el lugar. Apenas había comido la mitad del hot dog cuando una sensación extraña de haber estado en New York, en el Central Park, comprando esto mismo y comiendo junto a Anna a escondidas de Jennifer le revolvió el estómago. No pudo seguir más así que se lo dio a un hombre que vio allí. Un indigente que al recibirlo le sonrió con una ancha sonrisa desdentada y lo partió en dos para darle a un perro callejero. Elsa torció los labios al ver la escena.
Su mirada se paseo por todos observando más de un perro callejero, algunos hombres vagos y tal vez algunas mujeres. No eran demasiados, pero Elsa sabía que apenas era una parte de lo que realmente era en realidad la indigencia. Sacudió la cabeza desechando una idea para más tarde y siguió caminando hasta que se detuvo nuevamente.
Su reflejo en un escaparate mostraba a una chica noruega de dieciocho años con las manos en los bolsillos de su cazadora, pero más que eso a una muchacha que tenía una gran idea en la cabeza pero no quería dejarla salir. Suspiro. Si necesitaba distraerse de dos semanas pensando en Anna, que esta sea la manera…
Recostada en su cama, nuevamente, Anna no dejaba de admirar el bello retrato a carbón que le había hecho a Elsa hace ya tanto tiempo. Le sorprendía que la rubia aún lo conservara y no pensará que era algo… extraño (nivel acosador). Los días pasaban cada vez más lento y Anna no podía soportarlo. Necesitaba escuchar su voz. En estos días que habían pasado Elsa le había llamado más de cien veces, eso podía corroborarlo por las innumerables llamadas perdidas que tenía de ella o cortadas. Sin embargo, cuando no pudo más Anna supo que necesariamente tenía que hablar con Elsa. Oír su voz. Saber cómo está. Cómo lo estaba pasando (seguramente no mejor que ella). Saber qué era de su vida.
Pero era Elsa quien no quería hablar con ella ahora… por más que intento hablarle la llamada siempre le mandaba a un buzón del cual no había un retorno. Los mensajes aparecían como que los había leído, más no los respondía. ¡Elsa la estaba ignorando!
Suspiró. No podía esperar a que la rubia le respondiera a la primera siendo que ella misma le ignoró tantas veces.
Tres días pasaron después de eso y Anna no se rendía a escuchar la voz de Elsa. El día jueves se encontraba en casa de Rapunzel como de costumbre jugando distraídamente con un wii que tenía la chica, la hermanastra de Rapunzel había estado hablando de una grandiosa cita con su novio, lo cual a Anna le daban celos, hasta que finalmente algo llamó más su atención.
Mérida había estado en una laptop a su lado, vagando en cada página de internet como si no tuviera nada que hacer. Las tres chicas estaban en casa solas mientras la mayor de ellas apenas había salido.
– ¡Oh Dios! Miren esto – Mérida hizo que las dos parientes voltearan a verla. Se acercaron a mirar la pantalla y se encontraron con un vídeo.
El corazón de Anna latió con ferocidad tan pronto como de portada del vídeo podía ver a Elsa allí junto a un hombre, en sus manos había un cartón de más o menos medio metro. La pelirroja de cabellos revoltosos le dio click en reproducir y las tres vieron.
El vídeo mostraba algo similar a un escenario pequeño e improvisado. Elsa estaba parada allí y un hombre, un reportero o algo, se le había acercado y como era costumbre había hablado en noruego. Elsa hablaba tranquilamente, pero en su rostro había tanta seriedad y frialdad que a Anna le dolió. Esa no era la chica que ella había conocido, aquella de la cual se había enamorado. Había mucha más frialdad de la que nunca había visto. Cuando la conoció por primera vez, sí, vio que era seria y fría, pero no le costó trabajo sacarle sonrisas pues parecía que ambas congeniaban enseguida y verla así, peor que nunca, fue un verdadero dolor.
Elsa hablaba en su idioma natal dejando desconcertada a las chicas pues no entendían nada, de pronto alguien a quien Anna no conocía se acerco a la rubia y le entregó la cartola de medio metro. Era un chico de cabellos castaño corto y ojos color castaños de igual forma, vestía con una polera de cuello en v bastante grande y magas cortas, unos pantalones ajustados azules y unos zapatos similares a unas botas de hombre color cafés también. Tenía un aspecto bastante infantil, sin embargo parecía, de algún modo, tener la misma edad que Elsa. De hecho, el solo verlo a Anna le dieron celos horrendos. ¿Cómo se atrevía aquel chico a tocar a su Elsa? Pues la tomaba de un hombro acercándola a él como su fuera de su propiedad. Lo peor de todo no fue eso sino que de la nada bajo su mano a la cintura de Elsa dejando tomarse una foto. Anna gruñó poniéndose en pie.
– Veamos, esto dice, es un articulo, que habla sobre Elsa, obvio, y ella parece haber donado una gran cantidad de plata a un refugio de animales, también había hecho, junto a un chico llamado Peter, una donación de alimentos y ropa a tanto indigentes como orfanatos.
– ¿Cómo es posible que sea tan generosa? – Preguntó Rapunzel sonriendo – Es tan lindo. Alguien que tiene demasiado dinero entregándole a los demás
Anna estaba dándoles la espalda a sus amigas. Cerraba los ojos y la fea, horrorosa y desastrosa imagen de ese chico junto a Elsa, besándose, abrazándose… ¡LE DABA TANTA RABIA!
Estaba a solo dos segundos de ir al aeropuerto y tomar el primer vuelo a Oslo, Noruega para ir a buscar a su novia (sí, porque no importaba que ella le hubiera terminado, se negaba a decir que no lo era) solo para alejarla del chico.
– Yo creo que no debes dejar que una simple imagen o vídeo se apoderé de ti. Piensa que puede ser… su hermano perdido, su primo, un fiel amigo de su infancia – Rapunzel dijo calmadamente.
– No sé quién sea, pero lo odio ahora mismo. ¿Cómo se atreve? Elsa es mía, no tiene ningún derecho de poner sus manos sobre las de ella y decirle… ¡No sé que le dijo! –
– Anna cálmate – Mérida dijo – Y siendo sincera, tú le terminaste
– ¿Y? No han pasado tantos días, apenas dos semanas y tres días lo que hace que sean diecisiete días. ¿Quién sale tan pronto con otra persona? ¡Le tomó un año volver a entablar una relación después de que el idiota anterior falleciera! –
– Estás celosa, no dices cosas inteligentes para empezar, cálmate –
– ¡Claro que estoy celosa! –
Las dos chicas miraron a la pelirroja caminar de un lado a otro sin cesar mientras juraba por lo bajo. Hubo un golpe en la puerta llamando la atención de las dos chicas sentadas en el sofá, pero no la atención de Anna que seguía maldiciendo el momento en que le hizo daño a Elsa. Camino Rapunzel hacia ella y abrió.
Olaf se encontraba en la entrada sonriendo como de costumbre, ancho y emocionado. En sus manos traía un six pack con unas botellas de vidrio a lo que Rapunzel solo rió levantando una ceja despreocupada. Entró tras haber saludado.
– Hola Mer, Anna – Sonrió el chico dejando el six pack en una mesa a un lado – ¿Qué le sucede?
– Está celosa. Acabamos de ver un vídeo de Elsa con un chico –
– ¿Está saliendo con alguien tan pronto? – Estaba sorprendido. Mérida sacudió la cabeza.
– No lo sé, solo sabemos que estaba con él – Respondió – ¿Qué trajiste?
– Ah, Eugene me dijo que nos juntaríamos aquí y me pidió traer algo de cerveza. Es barata así que será algo… interesante – Rió – Y en cuanto a él traería más
– Genial, reunión en mi casa – Rapunzel suspiro – ¿Por qué siempre soy la última en saberlo?
– Porque de lo contrario no nos la prestarías – Mérida dijo riendo.
– Pues claro que no lo haría, la última que estábamos aquí ustedes rompieron la estatua de cristal de la sirena. Mi madre me castigo por semanas – Rapunzel dijo.
No le molestaba mucho que sus amigos estuvieran allí en su casa pasando la tarde. Ellos tenían sus propias fiestas pequeñas. Algo de alcohol barato, películas, juegos de vídeo, charlas entre amigos (en ocasiones entre chicas y chicos por separados), etc. Anna recordaba que no hacía mucho tiempo atrás, Elsa había ido con ella a la casa de Rapunzel a una de las mini fiestas. Habían pasado por mucho, a Elsa nunca le había gustado beber aún cuando Anna lo hacía.
Esa tarde no midió nada. No le importaba nada salvo por cierta rubia que estaba a millones de kilómetros de ella. Una rubia que estaba en otro país lejos de ella. Tomaba varios tragos de una sola mientras reía con sus amigos. En ese momento ya no pensaba en Elsa. Borrachaba no estaba, pero si mareada. Habló con poco con sus amigas sobre cualquier estupidez que saliera de la boca de Rapunzel, luego jugo algo con Olaf y finalmente todo lo que supo es que la mayoría de sus recuerdos de esa tarde, la cual se había convertido en noche, estaban completamente borrosos.
No sabía cómo o cuándo fue que llegó a casa de Elsa a lanzar piedras a su puerta con lágrimas corriendo de sus ojos y mejillas. Sin darse cuentas le gritaba a la puerta solitaria. Le pedía perdón por haberle hecho daño, ella pensaba que era Elsa. Grito más y cuando la rabia la invadió nuevamente le grito enojada. Rabia, dolor, pena, miedo, desconcierto, celos. Anna sentía mucho en ese instante y era incapaz de dejarlo contenerse. Debía dejarlo salir y gritar.
Los gritos porque estaba celosa del chico. Le gritaba que no era justo que tras haber terminado y no haber pasado ni siquiera un mes ya estaba saliendo con alguien. Obvio que estaría celosa si eso sucediera y fuera porque aún le amaba. Dios. Anna siempre la amó y Elsa parecía que no. Ella ya no la quería. No respondió a sus llamadas. No respondió a sus mensajes. Ahora la desesperada por querer hablar con ella ya no era Elsa sino Anna. Se sentía herida. Le gritaba nuevamente perdón a la puerta. Estaba cansada. Mareada. El exceso de alcohol se había quemado rápidamente por la adrenalina. Los mareos vinieron, vomito en algún lado. Estaba agotada cuando se tambaleo a algún lado. Le apunto una vez más a la puerta con el dedo, le dijo que ella era la culpable de todo el dolor que sentían y le pidió disculpas, completamente desesperada y finalmente dio la vuelta.
Una luz enfoco su sombra más grande. Volteó a ver atrás y se sorprendió. La puerta estaba abierta y una sombra estaba allí. El corazón de Anna latió tan rápido y feroz. La sombra frente a ella tenía la misma, solo la misma, trenza que Elsa. Su figura. Su postura. ¡Era Elsa!
Sus ojos comenzaron a cerrarse a causa de tanto mareo y alcohol. Si la adrenalina quemo el alcohol un rato ahora se estaba por desmayarse entonces. Tal vez lo hizo porque Elsa no debería estar allí. Elsa estaba... en Noruega.
Cuando los ojos de Anna se abrieron el día siguiente, lo primero que habían enfocado fue un muro celeste borroso. Su mirada estaba borrosa. Su cabeza palpitaba con ferocidad. Anna gruñó apretando los parpados enojada. Gimió. Estaba en un intenso dolor con la cabeza, sin embargo, eso no evitaba que el aroma a violetas en la habitación pudiera ser percibido. Alguien estaba en la habitación con ella pues había escuchado los pasos de alguien en la habitación, un taconeo.
Abrió los ojos cuando escucho algo de cristal posicionarse en algo de madera, el sonido fue extraño. Observo aturdida la habitación en la que se encontraba. ¡Esta no era su casa o la de Rapunzel! Dios. Su mano lentamente se posiciono en su mejilla al sentir un calor medio frío, como si algo hubiera estado posado allí hace tan solo unos minutos, unos labios.
"Cálmate Anna. Recuerda un poco sobre anoche, estabas bebiendo en casa de Rapunzel, lo que está explicando tu horrenda resaca, Dios, es horrible, muy horrible. Duele como el infierno. Auch. No te distraigas tonta. Piensa. Estabas con Rapunzel, bebiendo, recuerdo a Kristoff que te había entregado la botella pequeña de licor, sí… creo que lo recuerdo… Dios, pero no es suficiente, lo último que recuerdo es haber hablado con Eugene sobre alguna babosada. ¿Dónde estoy? Tranquila, no puede ser tan… ¡Oh por DIOS! ¡Esta ropa no es mía! ¿De quién es esta ropa? Uhm, huele delicioso, no Anna, basta, ¿acaso alguien anoche…?"
– ¿Te sientes bien? –
El corazón de Anna latió ferozmente. Despegó su vista del cómodo pijama color azul cielo que traía puesto y enfoco a la quien le había hablado. Una mujer. Para entonces su vista estaba mejor y podía ver con claridad a la mujer que le daba la espalda mientras abría la ventana.
"¡Claro que no estoy bien! ¿Quién es usted?"
– Ahí te he traído un vaso con agua y aspirina –
"¿Aspirina? ¿Y eso debe aliviar mis recuerdos?"
La mujer enfrente de ella volteó dejando sin aliento a la pelirroja. Un recuerdo tonto e inútil vino a su mente, ella creyó ver a Elsa anoche, pero pensó que había sido un sueño, solo un sueño y no era Elsa, sino su madre.
"Ok, esto no puede ser más extraño."
La mujer le sonreía tranquilamente mientras la pelirroja seguía aturdida por lo que estaba sucediendo. Si la madre de Elsa estaba allí entonces la rubia, su rubia, podría estar allí también. En ese momento no le pareció importante el por qué estaba con la madre de Elsa allí o dónde estaba, o quizás por qué no estaba en casa de Rapunzel. Nada de eso importa.
– Venga tomate la pastilla y luego baja, he hecho el desayuno. Tu ropa está en la silla – La mujer dijo con un tono suave y tranquilo. Abandono la habitación dejando a Anna a solas.
La pelirroja paseo la mirada y no tardo en entender que estaba en la habitación de Elsa, su antigua habitación. Observo con cuidado cada detalle perdido. Las fotos de las montañas y auroras boreales habían desaparecido, su escritorio seguía allí y tal como dijo la madre de Elsa su ropa (la de Anna) estaba allí en la silla frente a un escritorio vacío por la falta del notebook y los cuadros, también la falta de un cuaderno en el cual hacer las tareas. La cama en sí no estaba hecha, pues había una sabana, un almohadón que a Anna se le hizo bastante cómodo y dos mantas que funcionaron para abrirgarla.
Se levanto de la cama y fue al baño con su ropa en mano. El espejo de medio cuerpo reflejo la mirada de Anna, tan cansada y agotada. Su cabeza aún palpitaba con ferocidad y la pastilla aspirina reposaba en la palma de su mano. No quería tomarla porque sería tan doloroso, sin embargo no podía evitarlo porque si quería quitarse ese dolor de encima tenía que hacerlo. Dejó la ropa a un lado y salió por el vaso de agua que estaba en el escritorio. Bebió la pastilla y luego gimió. El efecto instantáneo fue un fuerte dolor, sin embargo cuando se detuvo vino un efecto lento… esperar a que el dolor terminara. Tomó su ropa sorprendida un delicioso aroma se desprendía de ella, estaba suave y parecía recién lavada. Se cambió de ropa y bajo.
En el trayecto se había sorprendido de cómo estaba vacía la casa salvo por muebles de decorados, no habían objetos personales sin embargo. Habían cajas de mudanza. Debían ser las cosas que habían dejado aquí antes de irse a su país.
Los pies de Anna la llevaron tranquilamente hacia la cocina, el recorrido lo sabía de memoria aunque era algo extraño hacerlo en New York, más sencillo era recordar la casa de Elsa en Noruega.
El desayuno estaba servido, como esperaba que estuviera. Anna no había visto al padre de Elsa o a la misma Elsa, lo que se le hacía extraño. Hasta ahora solo a su madre.
Huevos y tocino. El estómago de Anna gruño. La pelirroja se sentó y comió tranquilamente.
– Uhm, disculpe – Murmuró Anna con un tenedor en la boca. Espero unos minutos y luego habló de nuevo – ¿pero qué hago aquí?
La madre de Elsa sonrió mientras se servía jugó en un vaso.
– Imagine que no lo recordarías – Rió ligeramente la madre de Elsa – Anoche, más bien en la madrugada, viniste aquí. Estabas algo molesta golpeabas la puerta y le pegabas con piedra incluso – Ella sonrió ligeramente – Buscabas a Elsa
– ¿Yo hice eso? – Se sonrojo con vergüenza.
La mujer asintió y rió – Pensaste que yo era Elsa, lloraste un poco y luego te quedaste dormida. No podía dejarte afuera así que te traje. Tu ropa – Arrugó la nariz – la lavé anoche, estaba algo pasada a alcohol
– Que vergüenza – Anna agachó la cabeza.
La mujer sonrió nuevamente dejando que el silencio se profundizara. El tiempo pasó lentamente para la pelirroja, una pregunta más estaba atorada en su garganta sin poder salir debido tanto a la vergüenza como al miedo. La mujer sonrió, casi leyendo sus pensamientos.
– Ella se encuentra ahora en Tromsø. Agdar la ha llevado para que pudiera conocer la universidad – Dijo con un tono suave y lejano. Se notaba que estaba contenta de que su pequeña hija, su única hija, estuviera entrando a la universidad. Anna lo sabía.
– Estoy segura de que le irá de maravilla – Dijo ella con un tono suave.
– Sí – Asintió – Yo también estoy segura
El silencio se prolongo un poco mientras las dos mujeres desayunaban. Cuando habían terminado Anna se disculpo con la madre de Elsa por todo lo que había sucedido la noche anterior. Seguía queriendo morir de vergüenza por lo que había sucedido.
Cuando había estado dispuesta a irse antes de que algo malo sucediera se detuvo admirando algo en la mesa de centro del livin. La madre de Elsa estaba en la cocina aún, le había deseando un día agradable, pero no había notado que la pelirroja no se había ido aún. El corazón de Anna latió rápido.
– Es de Elsa – Anna camino rápido tomando un pequeño anillo con la letra E grabada – Estoy segura que es de ella, tiene su letra inicial
– Agdar se lo dio cuando cumplió quince – Sonrió Idunn apoyándose en el marco de la puerta de la cocina con un mantel en las manos – Pensamos que lo había perdido pero resulta que cuando moví un mueble para desentablarlo lo encontré tirado
Lo tomó en sus manos con delicadeza, lo observaba demasiado.
– No creo que Elsa sepa que lo tengo. Ella lo ha considerado perdido – Rió la madre de la rubia – Puedes conservarlo si quieres
La pelirroja miro a la mujer sorprendida – No, no puedo hacerlo. Si es algo especial de Elsa…
– No lo creo, dejo de usarlo cuando llegamos aquí, por eso se le perdió después de dejarlo siempre en cualquier lado – Rió tranquilamente. Anna seguía sin aceptar, lo que hizo que Idunn suspirará – Anna, sé lo que sucedió con Elsa, créeme, lo sé
La pelirroja agachó la mirada – ¿Entonces está molesta conmigo?
– Mentiría si dijera que no – La mujer dijo – Claro que estoy molesta. Dejaste a mi hija como si nada después de decirle cientos de veces cuanto la querías. Elsa no ha dejado de llorar o… ¿Sabes? No importa. Olvídalo – Sacudió la cabeza – Solo quiero que sepas una cosa, no importa la razón por la que hayan terminado o lo que sea que pudo suceder… si necesitas hablar con alguien sobre Elsa puedes hacerlo conmigo
Anna asintió. Dejo el anillo en donde estaba y luego se fue de allí. ¿Qué esperaba realmente? ¿Qué la madre de Elsa la recibiera con los brazos abiertos después de que le rompió el corazón a su hija?
Sin embargo, si Elsa no había estado en la casa entonces por qué la sensación de unos labios sobre su mejilla, por qué la imagen de Elsa como una sombra en el umbral de su puerta, por qué el aroma a violetas que tan bien conocía. Anna se estaba imaginando un mundo si pensaba que Elsa estaba allí.
No podía ser que Elsa hubiera sido más que solo un sueño de ebria.
Llego a casa de Rapunzel y se encontró con su mejor amiga tirada de cabezas en el sofá. Levanto una ceja extrañada y luego busco con la mirada al resto de sus amigos. Kristoff estaba tirado en dos sillas, con la cabeza colgando por el borde; Mérida estaba en el suelo acurrucada junto a varios cojines; Olaf estaba sentado en la cocina sirviéndose una taza de café; Eugene estaba tirado en la escalera. Hizo una mueca incrédula de que fueran las cuatro de la tarde y nadie hubiera despertado aún.
Camino hacia la habitación tranquilamente y se sentó en una de las sillas vacías. Olaf le sonrió, aunque no se notaba tan contento debido a la resaca.
– ¿Dónde estabas? – Preguntó bebiendo un poco de su café mientras se frotaba la sien.
– Elsa – Respondió tranquilamente. Pasó su mano por su cabeza observando un pote con algo de comida del día anterior.
El chico, ahora castaño, parpadeó sorprendido – ¿Elsa? ¿No estaba en Noruega?
– No, bueno sí, es decir, uhg. No sé en que maldito momento de la noche me fui a casa de Elsa, aparentemente hice una escena y, gracias a Dios, los vecinos no llamaron a la policía. ¿Te imaginas si la hubieran llamado? ¡Ahora estaría en prisión! Mis padres podrían matarme, como sea, igual habría salido bajo fianza… seguro que sí, ¿verdad? La madre de Elsa me dejo entrar y todo lo que sé es eso porque no sé a detalles que clase de escena hice, Dios que vergüenza. Al menos Elsa no estaba allí para verme, sin embargo siento como si lo hubiera estado a menos claro que sea mi imaginación, la habitación de Elsa claro que debe oler como a ella, pero con dos meses de distancia en que ella no hubiera estado usándola fue raro pero no importaba – Suspiro – Olaf, ¿tú entiendes que hice mal en romper con ella cierto, pero fue por una buena causa así que no es tan malo, verdad?
– Anna, soy tu amigo y te diré la verdad: no importa cuál sea la causa, no deberías haber ignorado tus sentimientos y los de ella – Sonrió con tristeza – No debería estar en contra tuya sino apoyándote, pero por lo que he visto hubiera sido mejor que no rompieras con ella
La pelirroja suspiro – Como quisiera poder volver el tiempo atrás – Escondió el rostro en las manos – Quiero a Elsa devuelta. Fui una tonta y no dejo de decirme que estuvo bien el por qué lo hice, que Elsa está mejor así y se puede concentrar más en su carrera que en hacerme llamadas telefónicas, sin embargo incluso yo sé que es mentira. Dios. La extraño tanto. Quisiera poder hablar con ella como antes, hablar de noche hasta la madrugada. Poder decirle cuanto la quiero y cosas así, volver a hablar cursilerías nocturnas e incluso uno que otro comentario pervertido. Yo quiero poder estar con ella, la extraño… – Apretó los puños – Soy una estúpida
– Anna… claro que eres una estúpida –
– Ah, gracias – Dijo con sarcasmo.
– No, no eres una estúpida por lo que hiciste sino por no arreglarlo –
– ¡Qué crees que intento! – Gimió – Ella no me responde
– ¿Y no pensaste en llamar a Ariel para que te la pase o hable con ella para que acepte hablar contigo? – Preguntó Olaf tranquilamente, la pelirroja le miro sorprendida.
– No… –
Sonrió – Entonces, ¿qué esperas?
– Que mi resaca termine – La chica dijo. Ambos rieron tranquilamente antes de escuchar los quejidos de alguien despertando, lo que aumento la risa de ambos.
Anna sonrió tranquilamente. ¿Por qué le costaba tanto hacer una llamada sencilla a Noruega para hablar con la prima de Elsa y así pedirle de favor que hable con Elsa para que ella hable consigo? ¿Es tan difícil comprender?
"Puedes hacerlo, Anna. Solo no pienses en que te puede gritar y negarse a hacerlo después de que le rompiste el corazón a su prima."
Y marco.
El teléfono sonó varias veces hasta que al fin atendieron. La pelirroja se aclaro la garganta al escuchar una voz, calmada, hablarle.
– ¿Qué sucede, Anna? –
No parecía enojada, lo que era bueno.
– Uhm, hola Ariel – Anna dijo nerviosa – Siento molestarte, pero necesito tu ayuda
Hubo un silencio. Anna prefirió esperar a que Ariel le dijera la respuesta en lugar de volver a preguntar. No quería perder su única oportunidad de conseguir que Elsa hablara con ella.
– ¿Qué es…? –
– Oh, sí… ¿Puedes hablar con Elsa? Sé que es difícil considerando lo que sucedió y sé que tú lo sabes así que, Dios, si quieres gritarme no te detendré, pero por favor, habla con ella para que ella quiera hablar conmigo. No me responde a las llamadas y cosas así. Necesito hablar y disculparme –
– ¿Quieres hablar con ella… después de que tú misma ignoraste sus llamadas? –
La pelirroja se sonrojo apenada – Sé que es injusto…
– No lo haré – Sonaba con firmeza.
– Por favor, Ariel. Necesito hablar con ella. Cometí un error y quisiera decírselo. Soy una estúpida, tal vez algo peor, pero necesito hablar con ella. Me urge hacerlo –
– No lo haré – Repitió con la misma firmeza. La pelirroja agacho la mirada sintiendo algo correr por su mejilla. Una gota llego a sus labios con un sabor salado, Anna sabía que estaba llorando y a éste punto ya ni siquiera le importaba nada – Anna, ¿tú sabes en dónde está Elsa?
– Tromsø – Fue una respuesta única. Anna siguió sollozando en silencio mientras la chica del otro seguía manteniendo sus silencios en intervalos. La pelirroja escucho un suspiro rendida.
– No es así – Los ojos de Anna se abrieron confundida, estaba por preguntar a qué se refería cuando Ariel volvió a hablar – Está en New York
Continuar…
