Veneciano da otra vuelta frente al espejo mirándose. Tuerce un poco el morro y se va a buscar a Alemania, no muy convencido.
—Germania...
—¿Mmm? —Alemania levanta un dedo con los ojos en el libro, entrecerrando los ojos y terminando el párrafo que está leyendo.
—Germania, ¿este traje me hace ver gordo? —Oh, sí, esa tremenda pregunta aparentemente inocente...
Alemania levanta la vista del libro y... Craso error... Se lo piensa un poco. Italia frunce el ceño al notarlo. Alemania levanta una ceja.
—Pues no me parece que te veas especialmente gordo —asegura con cierta vacilación.
—Che cazzo? Ni siquiera me estás mirando —se cruza de brazos.
Le mira de arriba a abajo.
—¿Y?
—Te estoy viendo ya, y... nein —asegura, no vamos a negarlo, un poco acojonado con la mirada.
—¡¿Pero qué no lo ves?! ¡Mira como está cortado, los muslos me hacen bolsas como si fueran muy grandes y mira como se ciñe demasiado del estomago como si estuviera hinchado! ¡No me estás mirando!
—¡Te estoy mirando! Y yo digo que te ves muy bien como siempre.
—¡No me estás mirando bien! ¿Es que te da igual si me veo bien o no? ¡Ni siquiera sabes diferenciarlo!
—Espera, espera, vale... Quizás te haga ver un poquito gordo —ofrece levantándose agobiadito y acercándose a él.
—Cheeee? —uuuh, lo ca dicho.
—Pero no porque seas gordo, es que has dicho de las bolsas que se te hace en el abdomen.
—Ahora encima que cambias de idea porque te lo he dicho, ¿ahora me veo mal? Ni siquiera te importa cómo me veo y cuando te importa no soy suficiente para ti?
—¡Pero yo no he dicho que te veas mal! ¡Dije que como siempre te ves bien y sí me importa cómo te ves y sí es suficiente para mí, a mí me gustas mucho! —es de esos incendios que empiezan y no sabe como apagar. Levanta las manos hacia él.
—No puedo creer que me estés diciendo esto... ¡Sólo me dices las cosas porque sí! ¿Ahora me dices que te gusto porque es lo que quiero oír? ¿Pues sabes? ¡No necesito gustarte!
—Pero... Pero... ¡No es por eso! Espera, Italien, espera... Es que estás interpretando todo como no es y no me estás escuchando —trata de tranquilizarle... Poniéndole una mano en el hombro así como si fuera de vidrio y pudiera romperse.
El italiano le mira fijamente, enfadado.
—Voy a decirte la verdad, ¿te parece?
—¿Cuál otra? ¿Qué estoy gordo? ¿O que soy tan idiota que no puedo entender lo que dices si no me lo repites como si fuera estúpido?
—¡P-Pero si yo no he dicho nada de eso! ¡Yo dije que no estabas gordo y que te veáis bien porque siempre te ves bien! —protesta—. No es mi culpa que ESTE traje sea feo.
—¿Así que siempre me veo bien? O sea, ¿te da igual si me esfuerzo por arreglarme? Porque no me visto con un saco de patatas, ya puestos, ¿eh?
—Neeeeein! Italieeeen! —Protestita—, es que nadie ha dicho que te vistas... Es que me gustas, aunque sea con un saco de patatas, pero, pero... Es que es mejor cuando te queda bien la ropa y... Un saco...
—Ah, claro, seguramente un saco de patatas sea caro, claro, porque mejor no voy desnudo por la casa, ya que ni eso puedo gastar —empieza a quitarse la corbata violentamente.
—P-pero... Pero es que no... —se sonroja un poquito porque además Italia se ve especialmente guapo cuando está enfadado—, ya hemos hablado de ir desnudo por la casa.
Peeeeesimo momento, Alemania, peeeeesimo.
—Ah, así que tampoco eso —se detiene violentamente—. ¿Qué va a ser lo próximo, Germania? ¿Me pongo un saco en la cabeza mientras tenemos sexo?
Alemania se lamenta inconscientemente el que se haya detenido.
—Was?! Nein! ¡Pero Italien! ¿Te estás oyendo? ¿Un saco en la cabeza? —Descolocado —, sólo digo que si vas desnudo... es decir es que... Me distraes... Eso es, me distraes cuando vas desnudo.
—Puedo pintarle la cara del nonno al saco si quieres, eso te gustaría, ¿a que sí?... Claro, te distraigo. Bien, bajaré mi ropa de criada de cuando era pequeño y trabajaba para il signiore y me costearé comprarme un traje nuevo con mi esfuerzo, haciéndote la comida que tanto te gusta como hago todos los días, ¿eso sí te parece?
Alemania abre la boca graciosamente con la mención de Roma. Y con el traje de criada más aún. Le toma unos instantes parpadear y pellizcarse el puente de la nariz.
—Nein, no quiero que te costees un traje haciéndome la comida y no quiero que la hagas con tu traje de criada de cuando trabajabas para nosotros —trata de razonar.
—¿Entonces como cazzo es que quieres que vaya?
—Tienes mi armario LLENO de ropa, y te ves muy bien con cualquiera, puedes ponerte... Ese traje gris claro con la camisa roja que tanto me gusta —casi, pero esa combinación justa NUNCA se la has visto porque por alguna razón no se ve del todo bien—. ¡O de traje negro y camisa blanca con cualquier corbata, eso siempre funciona!
—¿Un traje de tarde pasado de moda con una camisa de cocktail? ¿Es qué además quieres que se RÍAN de mi? —Al borde del llanto—. ¡Ya sé que a ti te importa una mierda si me veo bien o mal, pero YO aun tengo dignidad!
—Was? Nein! Pero si es que... ¡Siempre te pones eso! —dioses, Alemania... Bueno si sirve de algo está realmente agobiado—, y claro que me importa que te veas bien, sólo... —busca de donde asirse—. ¡Te estás desviando del tema! La pregunta era si te ves gordo con ese traje y la respuesta es un absoluto Nein.
—¡Nunca me pongo eso! ¡Ves como NO te fijas en mí! —manos en la cara. Alemania hace un pucherito silencioso, pobrecito.
—¡Pero sí te pones algo parecido!
—¡Seguro ni te importa realmente si voy desnudo y sólo lo dices para no pagar más calefacción!
—¡También lo digo por eso, pero una cosa no quita a la otra, si vas desnudo ni siquiera pienso! —le pone las manos en las muñecas intentando que se quite las manos de la cara.
—¡Todo es un asunto de dinero contigo!
—No todo es un asunto de dinero... Si así lo fuera no vivirías conmigo —asegura, pensando que es un argumento completamente razonable. Vacila un poco rodeándole con un brazo, torpemente.
—¿Disculpa? —empujón incrédulo —. ¿Ahora me estás echando de la casa?
Alemania parpadea genuinamente descolocado.
—Nein. Nein! ¡Te he dicho que no me importa el dinero, en términos generales, cuando se trata de ti! Italien, Nein! ¡No te vayas a ir de la casa!
—¡No puedo creer que hayamos llegado a este extremo sólo por un traje un poco caro! —ya empezamos a ver lo que ocurre...
—Was? ¡Pero te he dicho que no te ves gordo! —replica Alemania agobiado—. Y no te echo de casa, sí me gusta cómo te vistes, sí me fijo, me gusta que vayas desnudo por la casa y... Espera. ¿Cual traje?
—Ah, o sea que ahora sí que quieres que vaya desnudo por la casa —cambio de tema—. ¿Cómo si fuera qué? ¿Tu esclavo sexual?
—Was? Mi... Mi esclavo was? —esto es marear a la perdiz y no mamadas. Se sonroja—. ¡Yo no he dicho eso! ¡Sólo me acusas de que sólo es por la calefacción y te digo que es porque me gusta mucho, nadie dijo nada de esclavos sexuales!
—¡Tú eres quien está diciéndome que no quieres que vaya desnudo porque me ves gordo!
—Iiiiiiihhhh! ¡Yo no dije eso nuncaaaa! —se defiende
—TÚ me llamaste gordo —le señala con el dedo, llorando.
—Yo no te he llamado gordo —responde muuuucho menos agresivo al ver las lágrimas. De hecho esta MUUUUCHO más agobiado, intenta tomarle del brazo—. Italien, bitte, no llores.
—¿Y cómo voy a no llorar con todas esas cosas horribles que me dices?
—Pero si estás delgadito, hasta se te ven las costillas —le abraza... como le han enseñado.
—¿Ahora soy un delgaducho? —se deja abrazar igual, ni que fuera tonto—. ¿Sabes? deberías ser tú el que fuera desnudo por la casa toda la tarde, así sabrías como me siento.
Alemania se paraliza.
—Ehm... Italien hay más gente en la casa.
—¿Ah? ¿Y crees que para mí no la hay? ¿O te piensas que yo soy invisible? ¡El único que no me mira eres tú!
—Pero yo te miro todo el tiempo, Italien. Pregúntale a Österreich y a Preussen…
—¡Si ni siquiera sabes si la ropa me sienta bien!
—Sí que sé —palmaditas en la espalda—. La ropa cara te sienta bien — Y aprieta los ojos recordando la acusación de hace un rato.
—¿Entonces? —le mira.
—A mí me gustas mucho y tienes un montón de ropa que me gusta cómo te queda —vacila—. A excepción de ese traje que te hace ver mal y no sé porque.
—No entiendes nada —le llora encima desconsolado.
—Nein, soy un idiota —aprieta los ojos.
—Yo solo quería un traje nuevo para verme bien para ti y a ti ni te importa cómo me veo.
El alemán levanta las cejas.
—¡Pero Italien, lo hubieras dicho antes! ¡Un traje nuevo está bien!
—¿De verdad? —le mira limpiándose los ojos.
Alemania se tranquiliza un poco pensando que esto no va a salirle tan caro esta vez... ¡es un traje! Saca su pañuelo y se lo ofrece.
—Ja.
—¿Y no me dirás que tengo muchos o que es demasiado dinero?
—Habíamos dicho ya que por uno que entrara uno saldría. Puedes tirar ese que has dicho que estaba pasado de moda —Alemania hasta se siente latino en este momento de lo bien que lo está haciendo ¡Ou llea!
—¡NO ENTIENDES NADA! —grita y llora otra vez apoyando la cabeza sobre él.
—Vale, vale... ¡Quédate el traje, no pasa nada!
El italiano manipulador solloza y se sorbe los mocos.
—¿Y vas a ir toda la tarde desnudo? —se limpia la cara.
—¡Pero están Österreich y Preussen y Ungarn en la casa!
—¡YA NO ME QUIERES Y NO TE IMPORTA COMO ME SIENTO!
—¡Si te quiero! —aprieta los ojos—. Iré sin camisa, ¿vale?
—Y sin pantalones.
—Con ropa interior
—Bueeeno —ojos en blanco—. Pero sin calcetines, no seas hortera —sonríe un poco.
—Van todos a pensar que me has castigado.
—Nah —besito.
—¿Y qué traje es este que quieres comprar? —pregunta cerrando los ojos.
—Uno para ir a casa de Spagna por reyes. De Versace.
Alemania suspira empezando a desanudarse la corbata y pensando que seguro además comprará zapatos, cinturón, camisa y corbata a juego... Y gemelos... Y cartera nueva.
—Va a estar ahí Spagna y Francia y mi fratello y el nonno... y por lo que me han dicho también Helena... —le cuenta—. Y claro... —no voy a dejar que ninguno de ellos se vea mejor que yo, no creerás que soy imbécil.
—¿Tengo que ir yo de traje también? —pregunta quitándose la camisa.
—Pues claro no esperarás que... —se le van los ojos y se olvida un poco de lo que está hablando.
—Podría ir informal, tejanos y una chaqueta. Bastante traje usamos ya para trabajar —protesta y se sonroja un poco con la mirada—. Nein, si voy a ir desnudo tú no vas a verme así.
—¿Eh? —parpadea.
—Así... —se cubre el pecho con la camisa—. Porque es muy incómodo ir por ahí no sólo semi desnudo sino... Nein. Yo voy así y tú vas a comprarte tu traje.
—No voy a ir a comprarme el traje hoy —ojos en blanco y gesto con la mano como si fuera OBVIO—. Voy la semana que viene con mi fratello, ya hemos quedado —sí, antes de que le dieras permiso. Alemania parpadea.
—¿Y si te hubiera dicho que no?
—Los sábados por la tarde no tienen el atelier abierto, Germania, no seas ridículo. Además, hoy que vas a ir así ¿crees que me voy a marchar?
—Ja, por eso accedí.
—Pues claro que no, voy por mi bloc, puedes seguir leyendo —tan feliz y saltarín—. Vee~
Alemania se quita los pantalones, porque es cuadrado y se sienta, incomodito, a leer otra vez, deseando que nadie aparezca por aquí el resto del día.
—¡Hey! West! —Prusia entra al salón y se queda incómodo porque es la hora de la novelaquevesecretamentequenadiesabequelegustayquesedejaríaarrancarlasuñasantesdeadmitirlo.
—No preguntes —responde escueto y se le ponen las orejitas rojas, pero intenta que parezca que no está incómodo así que "sigue leyendo".
—Was? —parpadea acercándosele porque aun no le ha visto—. Oh... ¿tienes... calor?
—¡Dijequenopreguntes!
Hace una risita burlona y se sienta a su lado.
—¿No tienes que ir como a... Alimentar a tu pájaro o algo así? Sólo estoy leyendo.
—Nah, ya le he dado antes su alpiste... es curiosa la forma en la que te... gusta leer ahora.
—¿Curiosa? Sólo es leer... Que tú no lo hagas es otro asunto —cruza el brazo por su pecho e intenta seguir leyendo.
—¿Y qué lees? ¿50 sombras de Grey?
—¡No me jodas! —Codazo—. ¡Claro que no leo ninguna sombra de Grey! Estoy leyendo la última de John Grisham.
—¿Y te tocas con eso? ¿Es que salen perros? —trata de leer sobre su hombro.
—Was?! Nein! ¡Y no me toco con perros! —le da un empujón.
El pruso se ríe malignamente.
— Ya veo que tu sí, pensé que solo hacías eso con Österreich—le pica Alemania.
—WAS?!
— No eres el único que puede molestar —sonríe maliciosillo.
—Yo no soy el que está leyendo en calzoncillos.
— Es culpa de Italien.
—¿Es culpa de Italien?
—Ja. Se puso a llorar.
—¿Se puso a llorar para que te desnudaras y tú te pones a leer?
—Nein, se puso a llorar porque... porque... no estoy muy seguro, creó que algo hice mal.
—Ah, como siempre —se encoge de hombros.
—¡Ningún como siempre! ¿Qué... contestas tú si Ungarn te pregunta si está gorda?
—Pues que no.
—¡Eso le dije!
—¿Y?
—Lloró.
—¿Por qué?
—Hasta me acusó de echarle de casa.
—¿Le echaste de casa?
—Claro, Preussen, lo eché de casa para siempre —ojos en blanco.
—¿Estás loco? —frunce el ceño. Otro que no pilla el sarcasmo.
—Y luego decidí sentarme aquí desnudo en su honor.
Le mira con la boca abierta.
—También eché a Österreich y a Ungarn.
—WAAAAS?!
Alemania sonríe de lado un poquito, volviéndose al libro y confirmando que esto que hace Austria con la gente puede tener cierta gracia.
—Ya era hora que echaras al señorito, ¿pero a Ungarn?
—Pues no puedo echar a uno sin el otro.
—¿Por qué noooo?
—Porque no. Deutschland den Deutschen—le mira con cara seria…
—P-Pero... pero... I-Italien...
—Estorba. Todos estorban, sólo cuestan dinero —hay cierta cruel verdad en esta declaración. El albino frunce el ceño, molestándose—. ¿O qué piensas?
—¡Pues que Ungarn nein!
—¿Por qué no? Si Italien se va…
—¡Debiste decirme! —se levanta y se va corriendo.
—Preussen?
Alemania no sabe hacer bromas. Cuando Prusia sale, Italia entra por la otra puerta con su bloc de dibujo. Hay que detenerse y reír de vez en cuando.
—Le he dicho a Preussen que te he echado de casa... Y a Österreich y a Ungarn —advierte antes de que lo escuche por ahí y venga a enfadarse.
—Oh ¿por qué? —pregunta buscando una buena perspectiva para dibujarle.
—Creo que fue una broma. Divertido —la voz más plana posible.
—¿Crees?
—Ja, bueno... Parecía escandalizado —sonríe un poquito de lado—. Aunque quizás Österreich venga a matarme.
Alemania le mira con la libreta en la mano y levanta las cejas.
—Buena suerte con il signiore, me iré si viene. Si te grita puedes esconderte en el cuarto, estaré ahí.
—Puesto así, empiezo a querer que me grite —murmura mirándole un poquito cómplice, antes de borrar la expresión otra vez.
El italiano levanta las cejas y le mira. Alemania carraspea y se vuelve al libro.
—No puedes dibujarme.
—No hace falta que te grite para ir al cuarto si te apetece —comenta dibujando igual.
—Estoy leyendo y es temprano. Ir al cuarto es para la noche o para... emergencias.
—Emergencias...
Me llamo Alemania y no podría ser más cuadrado.
—Como Österreich viniendo a gritar histérico.
—¿Y qué tal si te explico cómo te voy a dibujar desnudo y te dan aun más ganas para cuando llegue?
—Así ir al cuarto seria una cuestión de necesidad, y una emer... ¿Cómo vas a dibujarme?
—Tal como te ves. Sin ropa interior.
—¿Por qué les gusta dibujar desnudos?—Es medio protesta, medio retórica. Se lleva las manos a las regiones vitales y se sonroja.
—Porque es la base del dibujo. Si conoces bien la anatomía, la ropa por encima es muy fácil que quede bien, pero si fallas en eso, el dibujo es insalvable —explica mirándole igual—. ¿Qué tal con una fusta?
—¡¿Yo?! —no está imaginando a Austria con una fusta. Es él, no yo.
—Pues te estoy dibujando a ti. Y con una gorra de general del ejército... sólo una gorra sujetándola con las manos en tu misma postura.
Sonríe un poco de lado poniéndose en ese papel.
—Me gusta que me dibujes con uniforme.
—No es con uniforme, es SÓLO con la gorra.
Sigue mirándole de poco en poco, dibujando lo que explica.
—Todo es parte del uniforme, incluso la gorra —murmura levantando la nariz.
—No hay más del uniforme en el dibujo, es la de oficial de la SS...
—Uniformé más perfecto nunca hubo en toda la historia —infla el pecho —. Era mi segunda piel. Si tan sólo hubiéramos ganado la guerra...
Italia sonríe con eso, sin responder.
—Me parece apropiada la fusta y gorra de la SS. Te daré una lección si termino por subir.
—Ah, sí, ¿y por qué ibas a darme una lección a mi cuando tú eres el que no lleva el uniforme como mandan las estrictas normas?
Alemania levanta una ceja y le mira de reojo. El latino le sonríe.
—Tú ni siquiera tienes... Uniforme —susurra sonrojaaaaaado, moviendo un poco los dedos de los pies con impaciencia.
—Y además me temo que he estado viendo pornografía en horas de servicio...
—¡No he visto pornografía! —protesta sonrojándose más.
—Pero yo sí, mira —le muestra el dibujo más bosquejado que nada, tal como lo ha descrito. Se sonroja un montonaaaal levantando las cejas.
—¡No dibujes cosas así! Italien!
—Ni siquiera está terminado —le dibuja los pezones en su sitio, mostrándole.
Se los tapa, súper avergonzado.
—Como consigues dibujar... Todo... De manera tan...
—Eso no es obsceno, amore —asegura Italia mirándole.
—¡Sí que lo es! Se me ve... —sonrojo —... Todo.
—No, mira —se levanta, se le acerca y se sienta demasiado cerca de él—. Para que se te viera todo... —empieza a dibujar lo que se vería si la gorra fuera de plástico transparente, con la punta del lápiz, muy suavemente con una línea continua, en posición obscenamente erecta, claro.
—Nein, Nein... Vale, vale. Italien! —le riñe extendiendo la mano sobre la hoja para cubrirla.
—Deutschland, Preussen está gritando tonterías —comenta Austria entrando a la sala entonces.
Alemania se revuelve y se cubre directamente las levemente despiertas regiones vitales con su libro.
—Ninguna tontería.
Italia le mira, escondiendo el dibujo contra su pecho. Alemania no le mira en realidad, sin saber bien qué hacer. Austria les mira y nota a Alemania desnudo y a Italia avergonzadito.
—¿He interrumpido algo? Deberíais probar a hacer esto en un lugar menos público —mira quien lo dice.
—De hecho... Ehm... Q-Que bueno que estas aquí, estoy... Peleando con Italien y voy a echarlo de casa —levanta la cara y le mira. Austria mira a Italia, que no hace cara de estar peleando para NADA.
—Bien, Deutschland. Insisto en que lo hagas en tu cuarto —se sienta tan tranquilamente.
Alemania parpadea.
—Nein, nein. Voy a echarlo. Echarlo para siempre y a quitarle todo el dinero.
—Y empiezas por... ¿darle tu ropa? Buena forma —le mira por encima de las gafas, Italia tiene problemas para no reírse, así que deja ahí su dibujo y desaparece.
—Eso... —carraspea y se sonroja—, es parte del problema. Verás... Va a ser cruel y despiadado. Le haré sufrir.
—Repito, el lugar para ser cruel y despiadado estando desnudo es tu cuarto.
—¿Puedes ignorar mi desnudez? Danke —cierra los ojos—. Nein, porque es de día. Ahora, enfócate en el problema en cuestión. Pretendo echar a Italien de casa.
El austriaco le mira fijamente.
—Y a Ungarn— Alemania piensa que TIENE que regañarle, no hay más.
—Bien, Deutschland, eres un hombre adulto y esta es tu casa.
—¿De verdad?—bufa.
—¿No es así? —inclina la cabeza.
—Nein, ¿de verdad me estás diciendo eso así? —levanta las cejas incrédulo—. ¿Puedo echarles cuando quiera? Mein gott... Quizás haga también jabón a los italianos entonces.
—Confío en tú sentido de la responsabilidad y moral para diferenciar lo que es bueno y no que no —se encoge de hombros.
—¡No es posible!
—Pues no es como que yo sea nadie para prohibirte.
Alemania parpadea incrédulo.
—Bien, voy a echarte a ti también.
El de anteojos le mira de nuevo intensamente y se humedece los labios. Alemania le sostiene la mirada.
—De acuerdo. Espero que seas consciente de lo que haces —sentencia suavemente, cerrando los ojos con pesar. Alemania parpadea.
—Verdammt... ¡¿Así, me dejas echarles a todos y ya, sin más?! ¡Hombre, de haber sabido los echo a todos antes!
—¿Y para cuando te parece que nos vayamos? ¿Mañana? ¿Esta misma tarde?
—La próxima semana —frunce el ceño.
—Bien, supongo que aun habrá tiempo entonces para tomarme un café. Por cierto, ¿te importaría ser tú quien se ocupe de informar a Schweiz y a Vater de tu decisión?
—¿Podrías portarte como persona normal? Te estoy echando de casa. A ti, a Ungarn, a ITALIEN. De hecho, ¿sabes? A Italien no, a él lo voy a amarrar en el garaje. Ah, y voy a quemar tu piano.
—Ah, nein, nein. De ninguna forma —sonríe tan tranquilo—. Tienes potestad para echarnos y nos iremos como has dicho. Estoy seguro que Rom, por ejemplo, podrá acogernos. Y no creo que Italien te eche demasiado de menos con Vater por ahí.
—Italien se queda en el sótano. No me crees capaz de echarles, ¿verdad? No vas a reñirme, ¿vas a encontrar una manera de que no quiera echarles?
—Italien hará lo que... —le mira de arriba abajo—. Él quiera, por lo visto.
Se sonroja.
—Y tú no vas a hacer NADA útil, por lo que veo. ¿No te importa que eche a Ungarn? ¿O a ti? Lo creas o no tu economía no va a subsistir por mucho tiempo.
—¿Y qué quieres que haga?
—¡Lo que haces SIEMPRE!
—¿Esperar a que se te pase? ¿Ir unos días a Wien?... ¿Es que necesitas la casa para ti solo?
Ojos en blanco.
—Voy a hacer jabón también a los austriacos. Voy a dejar de prestarle dinero a los griegos. Voy a dejar de trabajar y perder todo el dinero...
—¿Así que has decidido renunciar al poder? —inclina la cabeza.
—Nein, he decidido ser inestable y descuidado.
—¿Tanto te han afectado los latinos?
Le fulmina.
—¿No estás oyendo? Vas, vamos a perderlo todo.
—Ah, seguro Preussen se hará cargo de alguna manera antes de que Angela Merkel tenga un ictus. Pero no tienes de que preocuparte, en ese caso es mucho más probable que sea yo el que acabe encadenado en el sótano —el cínico, aunque se sonroja un poco con la idea.
Alemania bufa impaciente.
—Le llamé gordo a Italien en la mañana.
—Eso explica porque estás castigado —asiente sonriendo de lado.
—Ja —ojos en blanco—. No creas que no estoy enfadado además de castigado.
—¿Me permites ver el dibujo que estaba haciendo Italien?
—Nein. Y hablo en serio con lo de quemar el piano.
—Ya. Bien, aun espero que llames por teléfono.
—¿A quien? A Schweiz?
—Y a Vater.
—¿Para qué?
—Para darles la noticia, Deutschland.
—No encuentro la utilidad de ello, Österreich —frunce el ceño empezando a desquiciarse.
—Creo que es una decisión que van a querer saber. Quizás deberías hablar con Römer y con Spanien para que sepan también tus pretensiones con Italien.
—Basta ya, voy a rayar el piano ahora mismo. Y a llamarte inútil —se levanta.
—¿Por qué estás haciendo esto, Deutschland?
—Porque es de día —responde —. Tú más que nadie deberías saberlo... ¿Dónde está el abrecartas?
—¿Qué tiene que ver que sea de día?
—Quizás sí que empiece a considerar echarte de casa.
—¿Estás intentando hacerme una broma o algo parecido? —ceja levantada.
—Nein, estoy intentando que hagas ALGO ÚTIL —protesta subiendo el volumen de voz—. Y mein gott, ¡¿qué la gente no puede poner las cosas en su lugar en esta casa?!
—¿Algo útil como qué?
—¡De verdad que para ser tan listo a ratos eres un idiota!
Mirada penetrante por parte del austriaco.
—¡Y no me mires así! ¡Es tu culpa, TU culpa y tu complicidad con Italien!
—Was?
Se cruza de brazos.
—¡Los dos son increíblemente molestos! Voy a llamarle a Schweiz.
—Bien —se relaja imperceptiblemente al notar que ha olvidado la idea del piano,
—Le diré que te acuestas con Preussen. Y con Ungarn —se le están acabando las ideas.
—Y vas a hacer eso por qué...
Toma el teléfono.
—¿No vas a detenerme?
—Puedes decirle a Schweiz lo que te apetezca, estoy seguro de que serás responsable de tus actos y sus consecuencias.
El rubio bufa.
—De verdad que para ser mi "mejor amigo", no sirves de nada cuando lo requiero.
—Eres tú quien amenaza con echarme de la casa y decir mentiras a Schweiz para ponerme en problemas. ¿No quieres también sujetarme mientras tu bruder me golpea?
Ojos en blanco.
—Nein. Pero me has dado una idea... — se acerca a él y así sin más le levanta del asiento de las solapas del saco.
Austria levanta las cejas y parpadea, acojonándose un poco, hay que admitirlo.
— ¿Y bien?
—¿Y bien qué? ¿Por qué estás intentando enfadarme?
—Österreich... de verdad que. .. — le sacude un poco.
El moreno le toma de las muñecas apretando los ojos y empezando a preocuparse
—Agh! —le sacude un poco más.
—¡Para, Deutschland, para!
El alemán le mira enfadadillo.
—Nein.
—¡UNGAAARN! —la valentíaaaaaaa.
— Nein, nein. Mein gott! ¡Detenme, demonios!
—¡¿Pues qué quieres que haga!? ITALIEEEEN! —chilla apretándole un poco de las muñecas, nervioso.
—¡Lo que haces siempre, Österreich! ¡Regañarme! ¿Qué es lo que te ha picado hoy? —grita histeriquito sin sacudirle ya.
—¿Reñirte? ¿Por hacer una broma?
—Aaaaargh! —lo sienta otra vez. Parpadea mirándole, aun asustadillo.
—Reñirme por lo que sea, ¿Cómo demonios es que es imposible hacerte enfadar hoy? ¿Qué te hizo Schweiz?
Se quita las gafas y se pellizca el puente de la nariz.
—Sé que estás jugando, Deutschland, he visto que Italien no estaba llorando asustado ni gritándote, por eso no te estoy tomando en serio.
—No me agradas —bufa de mal humor ahora tomando el periódico—. Le diré a Italien que esto es tú culpa y seguro terminarás por arrepentirte.
—¿Qué es mi culpa el qué?
—Pregúntale a Italien. Este es su juego, no el mío —abre el periódico—, pero no estará contento.
—¿Tenías que conseguir hacerme enfadar?
—Lo que has conseguido tú es hacerme enfadar a mí —murmura—. Danke.
Aparta la mirada y se mesa la barbilla un instante, Alemania le mira de reojo.
—Ve a mi cuarto, bitte —Alemania no piensa.
—Was?
—Ve y le explicas a Italien. ¿O te sacudo otra vez?
—¡Señorito! —le riñe como le reñía de pequeño, frunciendo el ceño pero sonriendo un poco. Brazos en jarras.
Levanta las cejas porque hace DÉCADAS no le llama así. Pero algo tiene el timbre de voz que lo tiene grabado en la cabeza.
—Nein. Tarde, no va a funcionar —murmura volviéndose al periódico y sonrojándose un poco.
—Nein? A mí no me vengas con nein cuando sabes perfectamente bien cuál es la norma de vestimenta de la casa, tú mismo fuiste quien la impuso —ya no sonríe. Le mira de reojo.
—Ve y dile a Italien, no es mi culpa —murmura.
—¡No me importa de quien sea la culpa, Deutschland, eres tú el que está aquí inapropiadamente vestido!
—¡Pero es su culpa! ¿Y a ti que te quita que este así? —protesta.
—Me quita de que no tengo porque estar viendo esto. Y si no te importa que yo lo vea, seguro que tampoco te importará que lo vean los demás, así que más te vale ir a tu cuarto a por ropa AHORA MISMO o voy a mandar una foto a todo el Reichstag.
Baja el libro. Austria se cruza de brazos desafiante.
—¿Ahora, FINALMENTE, te has enfadado?
—¿Te sorprende? fünf...
—Nein, pero de todas las cosas... —le mira y traga saliva.
—Vier—empieza a contar el austriaco.
—Es absurdo como es que aún a estas alturas puedes contar y genuinamente siento ese... —se pone una mano en el abdomen.
—Será porque voy en serio —saca su teléfono apuntándole para hacerle la foto—. Drei...
Se levanta.
—NO quiero ni una foto de esto —advierte.
—Zwei —sonríe malignamente mirándole por encima del teléfono.
—¡Hablo MUY en serio! —da un pasito a él.
—Entonces más vale que hagas lo que digo.
—Vale, vale... Danke. ¡Pero no quiero fotos! ¡Ni que hables de esto! Y te digo de una vez que sí que eres un idiota porque te has tardado horas en entenderlo —levanta una mano y la extiende a la cámara, y con otra se cubre las regiones vitales mientras camina de espaldas a la puerta.
Aun lleva calzoncillos. ¡Sí, bueno, pero se marcan! Más si eres un macho cabrío como Alemania.
Esto iba a ser la continuación de V de Veneciano, pero no queda mal aquí tampoco, un poco de GerIta para variar. Gracias Josita por la edición...
