Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?
Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.
Voluntad sobre Hielo
34
La mente de Anna estaba en shock. No podía creer lo que había escuchado y la verdad no lo creía de hecho. Pensaba que sus oídos estaban engañándola, necesitaba con urgencia una hora al otorrino porque no creía en nada lo que estaba escuchando. Ariel estaba jugando con ella, sí era eso, ella jugaba con Anna para molestarla por haber terminado con su prima. La pelirroja no sabía que la noruega podía ser tan cruel con sus bromas, eso no estaba bien.
"Elsa no puede estar aquí en New York. Yo estuve en su casa la noche anterior y ella no estaba allí. Solo su madre. Elsa está en Tromsø con su padre viendo la universidad. ¿Por qué mentiría si no fuera así? ¿Por qué Ariel está jugándome ésta broma pesada? ¿Acaso quiere hacerme sentir peor de lo que ya estoy? ¡Me arrepiento de lo que hice! Quiero a Elsa de nuevo. Quiero besarla. Quiero abrazarla como si fuera el único ser en la tierra. Decirle un montón de babosadas que se dicen los novios. Acurrucarme con ella. Quiero verla. Soy capaz de arrodillarme si es necesario para que me disculpe por mi tontería, solo la quiero devuelta. ¿Es mucho pedir?"
– ¿Anna? ¿Estás respirando? –
La pelirroja asintió inconscientemente como si la noruega fuera capaz de verle. Sacudió su cabeza.
– Elsa no está aquí – Dijo con tristeza.
– Sí lo está. Llego hace tres días con su madre. Fueron a buscar sus cosas y a arreglar unas cosas en la escuela para que pudiera obtener su diploma. –
– Eso es imposible, apenas ayer vi un vídeo de ella en noruega –
– ¿El vídeo del dinero? Anna, eso sucedió hace una semana – La pelirroja noruega suspiro – ¿Por qué no vas a su casa?
– Estuve en su casa y su madre me dijo que estaba en Tromsø –
– Estoy segura de que Elsa me matará. Escucha, ella está en New York, su madre te mintió seguro porque ella no quiere verte y no quiere que sepas que está allí. Yo creo que deberías ir a buscarla si quieres hablar con ella –
Anna tragó saliva – ¿Y sí no quiere hablar conmigo?
Hubo un silencio hasta que fue roto por un suspiro – Pues ese no es mi problema, ahora es tuyo, siempre lo fue. Le hiciste daño, ¿qué esperabas honestamente? Agradece que te tengo suficiente cariño como para contarte que está allá y solo porque quiero que vuelva a ser feliz y sé que solo contigo será feliz. He visto a muchos intentar coquetear con ella y ser rechazados, fuiste la primera que después de mucho tiempo pudo conseguir una relación con ella. Elsa te quería, me atrevo a decir que te ama… la he visto sufrir antes y créeme que cuando sufrió después de Will no era nada comparado a como sufrió por ti. Te ama. Te ha llorado y ha sentido rabia. Yo la quiero, y quiero lo mejor para ella, lo mejor eres tú
– Hablaré con ella aún si no quiere – Dijo con firmeza Anna.
– Estupendo, ahora… será mejor que me cuelgues porque no sé qué hora será allá, pero aquí es de madrugada – Dijo la pelirroja cansada. Anna hizo una mueca.
– Una cosa más, el chico del vídeo, ¿quién era? –
Se escuchó una risa – No te lo contaré. Pregúntaselo a ella
La pelirroja suspiro y sonrió. Apenas se despidió de la chica su sonrisa se agrando más. Frente a ella un espejo reflejaba su felicidad. No podía creerlo.
"Elsa está aquí. Ella está aquí. Puedo ir ahora a su casa, son las nueve y es probable que la pueda encontrar, pero… ¿y si realmente no quiere hablarme? ¿Y si me echa? No… metí la pata una vez y debo remediarlo. Soy una verdadera imbécil por haberle terminado, yo la amo y no quería esto. Ya sé, realmente me iré ahora. Necesito verla y no puedo esperar ni un día más. Tengo que solucionar todo y si ella no quiere volver conmigo entonces le diré que al menos seamos amigas, de esa forma puedo volver a conquistarla."
Y con ese último pensamiento salió de su casa tan rápido que la mirada de desconcierto de sus padres la vio fugazmente. No alcanzo a sacar un abrigo. Todo estaba oscuro y las luces iluminaban el camino de una forma tan escasa, pero no importaba, Anna lo conocía de memoria. Corrió por la calle. Había un poco de nieve porque el invierno ya casi llegaba a su fin, pronto sería otoño. Corrió tan rápido como le daban las piernas, e incluso se exigió ir más rápido y sin detenerse.
De su boca un vapor en forma de nube se escapaba, su respiración era agitada y jadeaba un poco. Miraba la entrada de la casa, cerrada pero las luces encendidas. Una sombra se movía de un lado a otro y con las cortinas cerradas era imposible saber quien era, pero Anna lo apostaba todo a que era Elsa. El corazón se lo decía.
Tragó saliva nerviosa. "Basta Anna, necesitas nervios de acero. No hay vuelta atrás." Camino hacia la puerta y golpeó suavemente tres veces con los nudillos. Se abstuvo de tocar la melodía que le había inventado a Elsa para que siempre reconociera que era ella cuando golpeaba. En ese momento no quería que la rubia escapara.
La puerta se abrió y Anna se pellizco sorprendida. Efectivamente Elsa estaba en New York… ¡Y frente a ella! Ahí estaba, parada como una diosa en un pijama sencillo y vago. Eran unos pantalones de polar con un diseño escoses y una camiseta celeste con el dibujo de una vaquita animada a un costado inferior. El pijama en sí no era la gran cosa, pero a Anna se le hizo todo. Era como si estuviera viendo a una diosa frente a ella y tal vez era porque su trenza como de costumbre caía de su hombro izquierdo, solo que de una forma más desordenada. La parada descolocada junto con su mirada. Elsa no esperaba a la pelirroja, se notaba. Su rostro no estaba terrado, sino sorprendido. Parecía que ni siquiera estaba respirando. Era su Elsa, la misma que conoció, se enamoro y destrozó. Era ella.
Cuantas ganas tenía de tomarla de la cintura, enrollar sus piernas a su cadera y empotrarla en la pared más cercana mientras devoraba sus labios con hambre. Cuantas ganas tenía de hacerla suya tanto como fuera posible. Tocar su piel, acariciarla y abrazarla.
Pero no se movió.
Observaba fijo a la rubia. Su rostro era la perfección esculpida así como su cuerpo. Recordaba cada curva de éste, cada lunar escondido. La hermosa y delicada marca en su seno derecho, esa que tanto amaba besar y mordisquear. Anhelaba tanto tocarla.
Y Elsa… Elsa solo la miraba sorprendida. Perpleja. Aturdida. Desconcertada. Anna estaba allí, en su puerta. La examinó de pies a cabeza, no creía que fuera ella, pero lo era. Anna notó como la miraba, como si estuviera viviendo un sueño, lo sabía. Se aclaró la garganta haciéndola reacción.
En ese momento Elsa dio señales de vida. Anna vio los dedos de Elsa volverse blancos de lo fuerte que sostenían la puerta. Su parada en ese momento, que había sido con una mano sujetando la puerta y la otra caída a un lado, dándole un aspecto despreocupado, se volvió rígido. Irguió su cuerpo y su rostro se endureció.
– ¿Qué haces aquí? – Un tono frío fue usado en su voz. Le dolió a Anna.
– Necesitaba hablar contigo – Anna dijo con un tono temeroso – No has respondido a mis llamadas o mensajes
– Y tú no lo hiciste hace un mes, ¿por qué tengo que hacerlo si no fuiste capaz de responderme a mí? – Había rencor en su voz.
– Porque no eres como yo – Anna dudo un poco, más bien sonó a una pregunta cuando no era su intención – ¿Por favor, podemos hablar?
– No – Cerró la puerta, pero Anna fue más rápida poniendo la mano y el pie. Obligo a abrirla y la miro a los ojos – Necesito hablarte Elsa, por favor
– Y yo necesito que te vayas –
– Lo haré. Lo haré. Pero primero por favor, habla conmigo un rato. Quiero que hables conmigo. Yo necesito hablar contigo – Se dejó caer de rodillas mirando a Elsa a los ojos, las lagrimas salieron solas – Por favor, Els, necesito que hablemos. Yo… yo cometí un error y quiero contártelo. Quiero que hablemos y arreglemos lo que sucede. Por favor… Ya no sé qué hacer
Elsa la miro sorprendida. Notó que Anna vestía con unos shorts cortos y una polera de mangas cortas. Ella misma tenía algo de frío debido a que la puerta estaba abierta, pero Anna… Anna debía estar congelándose. Finalmente suspiro y la dejó entrar. Anna sonrió aliviada entrando con timidez a la casa de Elsa. Era la primera vez que sentía no ser bienvenida en aquellas paredes.
– Hablamos en el livin – La chica dijo. La rubia camino por delante y en noruego habló hacia su madre que se encontraba sentada en uno de los sillones con un libro en que leía. La pelirroja intercambio una mirada con la madre de Elsa y la mujer no dijo nada, apenas asintió y se fue dejando a las chicas solas.
Anna miro a Elsa de reojo, ella estaba de espaldas cerrando unas cosas que seguramente había estado usando antes de que Anna apareciera allí. De nuevo, era sorprendente verla allí. Cuánto la había extrañado. Quizá en ese momento Anna aún quería besarla, pero el pensamiento le sorprendió. Elsa llevaba tres días aquí en New York y Anna lo desconocía, solo anoche se enteró de que la madre de Elsa estaba aquí y la rubia se oculto. Quizá… quizá Elsa si era quien anoche había abierto la puerta. Quizá no era a la madre de Elsa a quien le hablaba la noche anterior cuando estaba ebria sino la misma Elsa. Eso explicaría la sensación en su mejilla y el olor a violetas que tanto amaba. Siempre fue Elsa. Ella le hizo entrar. Ella le cambio la ropa por un pijama cómodo. Ella la cuido por la noche.
Tomó asiento en un sillón mientras Elsa se recostaba en el sofá. Estaba, literalmente, recostada. Anna jugó con sus manos y luego habló.
– ¿Anoche estuviste conmigo? – Preguntó.
– Tú estabas ebria y gritándole a mi puerta. No iba dejarte afuera a las cuatro de la mañana –
La pelirroja asintió. Miro a Elsa de reojo, la rubia no dejaba de estar seria. Su rostro era completamente inusual inclusive para ella. Anna tragó saliva agachando la mirada.
– Yo me equivoque. Jamás debí decirte que termináramos. No sé en que estaba pensando –
Elsa la miro fijo, seria y sin mostrar las emociones arremolinadas dentro de su interior. Respiro hondo desviando la mirada. La pelirroja entendió que iba a ser más difícil que un solo "lo siento."
– Els, escúchame por favor, háblame –
– ¿Qué quieres? Solo has venido a decirme disculpas, ¿acaso piensas que así nada más voy a perdonarte? – La miro seria.
– Bueno, casi… – Rió nerviosa – No. La verdad es que no. Uhm, yo realmente no estoy segura de que decir. Quería llegar aquí, terminar de rodillas lo más seguro y pedirte disculpas hasta que te aburrieras y me perdonaras, pero… uhm, creo que eso no es así. Mira, uhm, cometí un error y no lo digo solo porque sea cierto o porque es lo que debo decir cuando pido disculpas sino porque es verdad y me cuesta creer que no me di cuenta antes de que pudiera haber terminado contigo. Tú y yo hemos pasado por grandes cosas, nos han gustado cada momento que hemos tenido de hecho. Cuando estábamos juntas tomando helados o simplemente un silencio cómodo. Momentos que yo jamás olvidaré. Te quiero Elsa y no quiero que, bueno, de hecho me gustaría poder volver contigo e imagino que eso no será posible porque ya te rompí el corazón y no fue agradable, pero al menos podríamos intentar se amigas, tal vez así yo pueda volver a conquistarte, no eso no suena bien, uhg. ¿Ves? Ya estoy divagando de forma extraña y eso es porque tú me haces divagar. No es que sea malo, me gusta cuando te ries cada vez que divago, es lindo escuchar esa tierna risa escondida detrás de tus manos, pero oh Dios, sigo haciéndolo. Elsa, discúlpame – Los ojos de la pelirroja enfocaron tristeza y arrepentimiento – Yo hice mal, muy al en terminar contigo. Tú eres todo para mí, el mayor orgullo que tenía en mi vida y lo arruine. Tú eres mía, o lo eras… Dios, no sé que decirte Elsa. Todo lo que quiero es que por favor me perdones, cometí el error de terminar contigo para no tener miedo de… no lo sé… sufrir. Admito que si bien la idea principal de esto era que pudiéramos concentrarnos en nuestras carreras, pero mierda, me quedan dos semanas de clases y no he podido concentrarme porque no dejo de pensar en ti y lo peor de todo es que la idea era no sufrir, ahora todo es en mi contra
Elsa la miro expectante por unos minutos, Anna suspiro pesadamente – Para no saber qué decir, has hablado bastante – Anna esperó algo más, se había sonrojado tan furiosamente como lo estaría un tomate – Escucha – La rubia tomo sus rodillas en un abrazo y miro a Anna apoyando su mentón en las rodillas. El aspecto que le daba la posición era similar a la de una niña pequeña, sobre todo por sus ojos tristes – Si realmente lo lamentas… ¿por qué no me respondiste? ¿Sabes cuánto te llame? Estuve sola… en mi cama llorando – Escondió la cabeza en las piernas y su voz sonó tan profundo, ahogada – Solo quería oír tu voz. Escucharte al menos decir hola, no importa si feliz. Triste. Enojada. Lo que fuera funcionaba. Te necesité, Anna
La pelirroja miro a la chica con el corazón encogido, se movió de su asiento al de la rubia para quedar frente a ella. Tomo una de sus manos que aún abrazaba su pierna, con cuidado la rubia alzó la mirada. Lágrimas corrían por sus ojos.
– Cometí el mayor error de mi vida, mucho más grande que la vez que decidí acompañar a un campamento a Eugene y me lance por la tirolesa, ¿sabías que esas cosas son resbalosas? Me caí y luego casi me ahogo, Eugene me sacó de allí gracias a Dios, mi punto es… que he cometido miles de errores en mi vida, cientos, pero éste fue el mayor y el peor – El pulgar de Anna quito una lágrima del rostro de Elsa – Yo te amo, mucho te amo. No sé si realmente nosotras dos podamos tener una oportunidad de nuevo, pero al menos quiero que lo sepas, te amo Elsa…
La rubia le miro sorprendida. El silencio se hizo presente provocando que ambas se preguntaran si eran segundos, minutos u horas el tiempo que pasaba en ese silencio. Anna sonrió con ligeresa. Una loca idea se metió en su cabeza y no le importó. Se acercó lentamente al rostro de Elsa observando sus labios.
– No lo hagas – Titubeó la rubia platinada.
– ¿Estás segura? – Preguntó – Quiero hacerlo. Y sé que tú quieres que lo haga
Elsa enfocó la mirada en los labios de Anna, tan cerca suyo, apenas un centímetro de distancia. Podía sentir el aliento sobre el suyo, el aroma a alcohol de esa mañana aún estaba presente, pero también un ligero aroma a menta peleaba contra el alcohol para dominar en la boca. Intento decirle nuevamente que no lo hiciera, pero su voz le falló.
Los labios de Anna eran tal y como los recordaba. Su ceño se frunció ligeramente mientras la pelirroja saboreaba los labios de Elsa. No era con hambre, no era con desesperación, era lento y delicado. Tranquilo. El mundo de Elsa parecía dar miles de vueltas, la chica sabía que debía de sostenerse para incluso no caer de espaldas mientras Anna la besaba, pero por alguna razón ya no podía moverse. Sus manos habían dejado de abrazar sus piernas y se encontraban a los lados en el sofá, sus uñas se enterraron en el cojín de plumas y sus piernas lentamente se fueron estirando hasta quedar en un pequeño ángulo flectado, las de Anna se habían posicionado al lado de las suyas apretándolas con fuerza desde los talones. Una mano de Anna se había posicionado sobre la suya acariciando con el pulgar en círculos sobre el dorso. El sabor a mentas sin duda peleaba en la boca de Anna contra el alcohol que la pelirroja había intentado disuadir desde temprano. Por otro lado, Anna sabía perfectamente que los labios de la rubia seguían teniendo sabor a gloria, mezclado con algo de chocolate.
Si bien en un inicio Elsa no había correspondido por alguna razón solo le bastaron diez segundos para hacerlo. Anna no podía creerla suerte que tenía de tener a Elsa con ella. No le importaba nada y es que ambas sabían a la perfección que cualquier pelea, llanto o miedo que hubieran sentido se había desvanecido tan pronto como sus labios hicieron click.
Anna miro la casa de Elsa tranquilamente, sentada en el sofá con una expresión de confusión. Su mirada se detuvo en una taza con apenas unas gotas de chocolate y un libro cerrado a su lado. Volteó hacia la cocina donde Elsa se encontraba y se puso en pie para ir a verla.
Apenas se apoyó en el marco sin hacer ruido. Elsa estaba de espaldas a ella calentando algo, recostada contra la isla de la cocina y de brazos cruzados, de espaldas a ella. Anna se acerco con cuidado y le tocó el hombro.
– Uhm, hola – Dijo nerviosa.
– Hola – La rubia dijo con seriedad.
Anna miro la olla que estaba al fuego – Huele delicioso, ¿chocolate?
– Ujum –
El silencio se hizo presente. Anna jugó con sus manos tocando la punta de sus dedos de una mano contra la otra mano varias veces. Tragó saliva, alzó un dedo para decir algo pero no dijo nada, pensó mejor y luego volvió a hacer lo mismo.
– Els, ¿podemos hablar? Tú sabes, sobre lo que sucedió hace un momento –
– ¿Qué sucedió? –
– No finjas que no sabes que es – Anna tragó saliva intentando disimular una mueca dolida ante la indiferencia de Elsa – Nos besamos
– Ujum – Seguía con la mirada en la olla sin hervir.
Anna rodó los ojos tomando del brazo a la rubia. Escondió su mirada en su flequillo por un segundo – Estás haciendo lo mismo que hiciste aquella vez
– ¿Qué cosa? – Seguía con indiferencia en su voz.
– Eso. Evitarlo. ¿Por qué lo haces? Yo te bese en el lago arcoíris y tú me ignoraste, intentaste fingir que nada había sucedido cuando fue todo lo contrario y por eso tú te lastimaste –
– ¿Perdón? – Ahora sí había algo de emoción en su voz, algo más… enojado – Yo no tuve la culpa, la tuviste tú por querer presionar. ¡Estás haciendo lo mismo ahora!
– Elsa solo quiero hablar contigo de lo que sucedió. Yo quiero que tú me digas de una vez que sientes en éste momento. Si estás enojada, por favor solo digo que necesito saber –
– Quisiera… que me dejarás sola – Elsa dijo apagando el fuego.
– Te amo – Dijo Anna.
– Anna por favor no –
– Pero lo hago. Te amo – Y sin pensar, la pelirroja abrazo por al cintura a la rubia recostando su mejilla en la espalda de Elsa. La sintió tensarse y pedirle que la soltará, pero después de obtener una respuesta negativa Elsa no dijo más.
– ¿Por qué sigues haciendo esto? – Elsa preguntó apoyando las manos en el mesón. Anna seguía sin soltarla.
– Porque tú no me cuentas cómo te sientes. Quiero tenerte en mi vida de nuevo –
Elsa dijo – Suéltame por favor –
– No –
– Anna –
– No –
– Dios –
– No –
– ¿Quieres decirme algo más que solo "no"? –
– No –
Elsa resopló.
– ¿Qué es lo que quieres? –
– Un beso –
– ¿Un beso, eh? – Elsa rió apenas, el corazón de Anna se aceleró – ¿Y si no quisiera dártelo?
– Si quieres. Te conozco – Anna murmuró aferrándose más fuerte – Quieres hacerlo tanto como yo
…
– Suéltame, Anna –
– No –
– No podemos estar toda la tarde así, Anna – Dijo la chica – Suéltame ahora
– No –
– ¡Anna suéltame! – Elsa alzó la voz.
– No –
– ¡DRITT, ANNA SUÉLTAME! – Elsa se giro bruscamente obligando a Anna a soltarla. Miro a Elsa sorprendida, la rubia platinada estaba molesta, sin embargo su malestar se detuvo por unos segundos solo para dejarse caer de rodillas. Se agazapo contra el mueble – Mierda, perdón, no quería gritar
Anna la miro sorprendida. Era como una pequeña asustada. Se inclino hacia ella.
– Els, mírame – Tomo su rostro en sus manos – Perdóname, pero me gustaría que fueras – Resopló – Solo perdóname
Y cuando planeaba irse Elsa se paró rápidamente, tomo a Anna de la cintura y escondió su rostro en el hombro de la chica. Anna estaba sorprendida.
– No te vayas. No quiero que me vuelvas a dejar. Yo no… no estoy lista para perderte de nuevo. Aún te necesito –
Anna sonrió ligeramente. Todo lo que quería escuchar era eso. Elsa no la soltaba ahora y cuando Anna la miro sintió los labios de la rubia sobre los suyos en un tierno beso.
La rubia dejo caer unas mantas en el sofá mientras Anna la miraba con una expresión casi divertida – ¿Qué? Dos mantas y una almohada, ¿y si pasó frío?
– Me dices y traeré más mantas – La rubia tomo el libro de la mesa de centro y lo puso en un librero junto a unos pocos libros que estaban allí pues los demás estaban en cajas.
– ¿Por qué están cargando todo? – Anna cuestiono.
– Mis padres venderán la casa – Elsa no miró – Debemos desalojarla pronto para que puedan venderla
– ¿Y qué harán todo esto? – Señaló a las cajas en el suelo – No creo que quepa en tu casa
– Supongo que mi padre hará espacio en casa y lo que sobre irá al desván – Elsa dijo tranquilamente.
Anna miro todo y luego sacudió la cabeza – ¿Qué va a suceder con nosotras?
– No hay un nosotras, Anna – Elsa le miró seria – Nosotras no hemos llegado a establecer qué hacer con nuestra relación. Lo veremos luego, ahora puedes dormir aquí o ir a tu casa, imagino que no lo harás por la hora
– Auch, me duele tu indiferencia – La rubia comenzó a irse y la pelirroja miro el sofá y luego a Elsa – ¿Qué tal si voy contigo a tu cama, eh?
– Anna – Elsa dijo sin detenerse al subir.
La pelirroja rió rascando su nuca nerviosa – Jeje, sí, seguro, entendí. Mala idea
Se recostó en el sofá dando miles de vueltas. No era que fuera incomodo, pero incluso en noruega el sofá de Elsa era más cómodo que ese. Tampoco podía dormir por la presencia de la rubia en el piso de arriba. Cuantas ganas de ir con ella. Cerró los ojos y de a poco se quedó dormida.
Cuando se despertó a la mañana siguiente, inusualmente se encontraba con Elsa a su lado en el mismo sofá. No sabía en qué momento la rubia había bajado y se había recostado a su lado, pero no le importó. Elsa estaba abrazándola mientras se mantenía acurrucada junto a ella.
Una suspiro lleno de cariño se escapo de los labios de Anna, una sonrisa encantadora estaba dibujada allí y un besó en la frente de Elsa fue un acto hecho. Cuando la rubia abrió los ojos, Anna vio su mirada adormilada, intento despertarle, pero Elsa siguió durmiendo.
"Debe ser la primera vez que duerme de corrido sin tener que levantarse tan temprano"
– Elsa – Dijo con un tono suave y juguetón – Despierta mi amor
– Anna Duérmete – Murmuro Elsa casi sin mover sus labios. La pelirroja se rió – Y no me llames así
Elsa reía suavemente mientras Anna sonreía. La pelirroja movió un poco a Elsa y la rubia gimió cansada. Se volvió a reír.
– ¿Qué haces aquí, Els? –
– Me sentía sola – Murmuró la rubia sin abrir los ojos estrechando a la pelirroja más a su cuerpo.
– ¿Sí? – Se rió Anna. Besó nuevamente la frente de Elsa – ¿Esto significa que hemos vuelto?
Hubo un silencio largo que a Anna se le hizo molesto, cuando Elsa habló apenas se le entendió, pero el punto es que la sonrisa de Anna no podía ser mejor.
– Yo también te amo, Elsa – Correspondió a la frase dicha por la rubia.
Continuara…
