Romanito está intentando hacer el crucigrama del periódico, sin realmente ponerle mucha atención, mientras desayuna un plato de cereal... Aun tiene el pelo medio revuelto, está medio sonrojadito y tiene esa media sonrisita de satisfacción que no puede evitar. Ignora a posta a España, poniéndole más atención de la que habitualmente, sentado a la mesa con el pijama que se ha vuelto a poner para ir a desayunar.

Pues bueno, abre la boca y ¡yum! Una gran cucharada de Special K, cuando España, que se estaba duchando primero, baja igual en calzoncillos estirando los brazos por encima de su cabeza y dando saltitos de contento, Romano sonríe un poquito al escucharlo, porque dios mío España hace ruido hasta cuando no está hablando y baja descalzo, dando otra cucharada a su plato, hundiéndose el lápiz en el pelo para hacerse cosquillitas.

España se sienta a su lado sonriendo.

—¿Mmm? —pregunta Romano "sin hacerle mucho caso".

—¿Has visto eso? —señala a la ventana.

—Che cosa? —pregunta levantando la vista de reojo a su mano para ver donde señala y luego a la ventana.

—¡CEREALES SIN VIGILANCIA! —le quita el bol riendo y se lo lleva a la boca bebiéndose la mitad de un sorbo casi, del hambre que tiene.

—¡Oyeee! —Protesta Romano, aunque sonríe... porque está de buen humor y España es un tonto, pero puede ser un tonto bastante adorable cuando está también contento—. ¡Ladrón bastardo!

España se ríe aun bebiendo y casi se atraganta y se muere, tosiendo al bajar la taza. Y se muere, dios mío con el drama.

—Dame mi plato y sírvete uno... que lo llenas todo de babas.

—Es que la cocina está lejooooos y no quiero separarme te ti —el baboso—. Ya me iré en un rato...

—¿Irte? —le mira de reojo frunciendo el ceño, y es que no hace falta decir que España se suele ir por diiiiiiiiiias.

—Ah, pero no por mucho, voy con Francia y Belbel... ¡Tengo que llamar a Belbel!

Romanito hace los ojos en blanco porque además le jode que no suela llevarle a ningún lado. Es decir, si va con Francia y Bélgica ¿por qué cojones no puede invitarle? Aunque seguramente le diría que no porque tiene este evento de arte con su hermano, pero aún así... frunce el ceño más, poniéndose de mal humor en un instante.

—Uf... Francia quiere liarla con Escocia, ¿sabes? No estoy seguro de que vaya a funcionar —le explica en un suspiro.

—Che cosa? Con el demente pelirrojo histérico bastardo, fratello del cabrón imbécil noviecito de Francia. A... ¿Belbel? ¿MI HERMOSA BELBEL?

—Ehm... sí, todo eso... —le mira de reojito acojonadillo.

—TÚ! Figlio di una cagna! Primero te LARGAS y luego me saltas con esta imbecilidad. Ma che cazzata stai facendo, coglione?

—Pues es sólo... en realidad es sólo si ella quiere...

—¿Si ella quiere? Además te aprovechas de que está sola e indefensa... ¿y vas a decirle a que vas? ¿A presentarle a un sceccu? —ahora está hablando en siciliano, que es un excelente indicativo de que está súper feliz y contento contigo, España.

—¡No está sola e indefensa, vamos Francia y yo para defenderla si se le ocurre hacerle algo!

—Uhh... un par de stùpitus. Ya veo yo que la van a defender muy bien —se cruza de brazos y le mira con una mirada impresionantemente parecida a alguna de Austria cuando está enfadado. España traga saliva asustado.

—Pues siempre la defendemos muy bien —susurra suavecito.

—Sí, claro... pero nunca la echas a la boca del lobo, cazzo. Si quieres presentarle a alguien podrías elegir a alguien mejor para ELLA.

—Tampoco te creas que a mí me convence.

—Y lo vas a hacer porque te lo dice Francia. Seguro. Déjame pregunto... ¿qué gana Francia con este arreglo?

—Pues es que Francia está empeñado, si a ella no le gusta le dirá que no y arreglado y si le gusta pues... mejor, ¿no?

—¿Y por qué está empeñado? Seguro le conviene por alguna razón, siempre es para que a ÉL le convenga. Si a Belbel le gusta... ¡ahora la tendremos a ella metida en un lío! ¡Es un bestia bruto bárbaro del norte!

—Sí lo es, a ella no le gustará.

—Pero tú vas a irte a hacer feliz a Francia. Con él y con Belbel.

—Sólo es darles una oportunidad... para que ella no esté sola.

—¿A ti te gusta él?

—Más que Inglaterra, sí...

El italiano levanta una ceja.

—¿Por?

—Bueno... Inglaterra ES un imbécil y Escocia está de acuerdo...

Romano arruga la nariz.

—Aun así, eso no lo hace mejor para Belgio...

—De hecho es que eso es lo mismo que pienso yo, que no se van a gustar.

Romano se cruza de brazos.

—¿Y por qué dice Francia que sí?

—Porque a ambos les gusta él —sonríe.

—¿Y eso qué? ¡No por eso van a gustarse entre sí! —tono de "bola de estúpidos".

—Pues quizás —se encoge de hombros.

—Bueno, me reiré de ustedes cuando les salga mal, y como Belbel salga siquiera ligeramente lastimada, los lastimados van a ser ustedes también.

—¿Pero qué culpa tengo yo? —desconsuelo.

—Tanto peca el que mata a la vaca, como el que le agarra la pata...

—¿Y si sale bien?

—¡No va a salir bien! Ese bárbaro no merece a Belgio —hace los ojos en blanco y sonríe un poco—. Si sale bien... dime, ¿qué quieres perder?

—Haces el amor conmigo en la cama de papá —no me preguntes...

El sonrojo es INMEDIATO.

—¡No!

—¿Por?

Le da un zape en la cabeza.

—¡Au!

—Yo no hago nunca el amor contigo, ya quisieras —y por tu culpa, voy a tener esta estúpida fantasía por días y días y días en lo que vuelves.

—Ehm... ¿Sexo nada más? —propone.

—No vas a ganar, claro... y eso que sugieres de acostarnos en la cama del nonno, es pervertido y vil, bastardo, debería darte vergüenza —le hace los ojos en blanco.

—Es que quiero que te acuerdes de mí al pensar en su cama —confiesa. Ni creas que al español no le dan celos. Romano cambia la expresión, se sonroja un poco más, pero frunce el ceño.

—Yo. no. pienso. en. Su. Cama. En lo absoluto —y creo que esta vez se ha enfadado bastante como para alejar las fantasías de Roma por un tiempito—. No sé de qué me acusas, pero eres un cazzo.

—No te acuso de nada, pero ya que no vamos a tirarnos a Helena ni a Germania, me apetecía hacer travesuras —sonríe.

—Entonces no seas idiota —arruga la nariz y le da un empujón.

—Todo influye —Le guiña el ojo.

—¡No, no seas idiota, bastardo y elige otra cosa que quieras perder! —chillidito, más sonrojado aún, tanto por el guiño como por la propuesta.

—Pues si lo voy a perder igual...o…

—¡Pues ese es el punto! Pide algo así como... si pierdes, vas a vestirte bien por todo un mes exactamente con lo que yo te diga.

Ojos en blanco.

—O vas a tirar toda la ropa fea que tienes o vas a dejar de llamarme Romanito ridículamente.

—Pero Romanitooooo.

—Romano.

—Pero es que... —sigue lloriqueando.

—Romano —insiste. Sonríe un poco.

—Pero Romaaaa —lloriquea.

—¡MENOS ME LLAMES ROMA!

—Pero... pero... —vacila desconsolado.

—Roma sí lo tienes prohibido —con lo que le gustó siempre que le llamaran Roma, era su apodo favorito —, llámame como sea, pero no Roma.

—¿Por queeeeeeeeeé?

—Porque no, porque no me gusta. Roma es tu padre —y llamarle "TU PADRE" es, en términos de los latinos, así como algo terrible, el desherede, además de la violencia.

—Pero... pero... a él no le llamo Roma, a él le llamo Papá. Tú eres Roma.

—Romano, soy Romano. ÉL es Roma.

—¿Por qué estás tan enfadado con él?

—No estoy enfadado con nadie —le fulmina moviéndose para levantarse —, voy a bañarme.

—Pero Romaaaa... no...

—Che cosa? —le mira fijamente, con el ceño fruncido, italiano mafioso.

Le mira aun acojonadito y medio llorosito. Romano le sostiene la mirada unos instantes antes de desviarla, frunciendo el ceño.

—Solo me cae mal, no veo que eso sea un gran pecado.

—Pero...

—No quiero que le preguntes a él —le mira otra vez con mirada pesada.

—Yo soy su hijo, Italia, no necesito preguntarle a él, sólo necesito verte —sentencia mucho más serio ahora.

—Pues no quiero que le preguntes a él igual. Discutimos y no estuvimos de acuerdo en un tema. Fin del tema —se encoge de hombros abrazándose a sí mismo como cuando era pequeño.

—¿Recuerdas que va a venir aquí para reyes, verdad? Espero que realmente sea fin del tema —se levanta de la mesa recogiendo las cosas del desayuno para llevarlas a la cocina.

Romano vacila un poquito.

—Si viene no tengo que hablar con él, puedes entretenerlo tú —le sigue —, o el macho patatas dos, o quien sea.

—Van a estar Veneciano y Francia también. Vamos a juntarnos todos. He intentado convencer a Grecia y Egipto... y no estoy seguro de a quien vaya a traer él. No puedes mantenerte al margen de ello.

Le mira, se lo piensa un segundo y opta por la mentira vil y obvia.

—Vale.

España le mira de reojo mientras aclara y lava los platos.

—Seremos una familia muy feliz —sonríe cínicamente y hace los ojos en blanco —, aunque no puedes obligarme a hablarle... ya no tengo cinco años.

Suspira de nuevo porque no le gusta, no le gusta NADA.

—Pero vamos a tener sexo en su cama, si te consuela...—sigue el romano, sonrojándose.

El ibérico parpadea con eso un poco más nervioso y asustado aun.

—¡TÚ Y YO, idiota! —toma el trapo de la cocina y le da en el culo, frunciendo el ceño y, cosa rara, ayudándole a quitar los trastes del trastero para que no se mojen cuando ponga los recién lavados.

Levanta las cejas porque ni había pensado otra opción. Romano le mira poniéndose nervioso al verle la expresión.

—V-Voy a... bañarme —susurra y se le caen los tenedores al suelo. Idéntico que de pequeñito.

El español aprieta los ojos porque ni siquiera quiere pensar en esto. Asiente suavemente apoyado en el mármol con las manos. Romano recoge los tenedores siseando un MONTÓN de groserías entre dientes. Echa un par en el mármol, otro al fregadero y otro un poco más allá antes de darse la vuelta y salir corriendo casi de la cocina.

España ni le mira, aun apoyado con los ojos cerrados, pensando sin querer pensarlo, que cuanto más importancia le da a esto Romano peor, cuanto más le insulte y más le odie y menos quiera hablarle, más celos le dan a él... y si además acepta que quiere hacerlo en su cama, es que peor es el tema.

Romano se detiene en las escaleras... odiando a su estúpido abuelo, odiando su propia estupidez por haber dado por sentado que iría tras él, enfadado aún por la negativa a algo que él mismo no pretendía proseguir y... preocupado por España aunque no quisiera admitirlo. Esto seguro era una MIERDA para España. Aprieta los ojos echando la cabeza hacia atrás antes de vacilar un instante.

El español se pasa una mano por el pelo odiando a su padre, tratando de calmarse y decide mejor ir a por el teléfono a hablar con Bélgica y se topa de frente a Romano cuando sale de la cocina. Levanta las cejas y se paraliza.

Romano vacila un poquito, tragando saliva, pero mirándole a la cara.

—¿No ibas... a ducharte? —pregunta.

Le abraza.

España levanta las cejas sin esperarse eso y el italiano no le suelta, ni un poquito en realidad, hundiéndole la nariz en la base del cuello. Aun vacilando, le rodea un poco con los brazos, suavemente. Romano levanta la cara, saca la lengua y le lame un poco, solo un suave roce. No hay cambios porque España aguanta el tipo, pero Romano puede sentirle temblar con ello.

—Spagnaaa... —susurrito muy muy suave, sin soltarle. Ni siquiera es especialmente sexual.

—Es que yo te quiero mucho y... y... —solloza sorbiéndose los mocos.

—Yo... —traga saliva y le aprieta más—, también.

A lo que el español le abraza de la cabeza más fuerte como si quisiera incrustarlo en su pecho.

—Es una estupidez, todo está bien —asegura porque en serio que le quiere y de hecho está más enfadado por su orgullo que por otra cosa.

El español le busca la cara para que le bese y el italiano le mueve un poco y levanta una mano, poniéndosela en la mejilla. Le da un bueeeeen beso. España debe hasta levantarlo un poco del suelo de los pies con el abrazo mientras le besa.

Romano le responde, acariciándole el cuello y la mejilla con suavidad, porque de toda la mala suerte que tiene España con Romano para algunas cosas, lo mal que lo trata y lo cabrón que es... Al menos España tiene la buena suerte de que romano es latino, y si que sabe distinguir los problemas.

Puede que estén un bueeeeeen rato.

—¿Estás bien? —pregunta separándose un poquito, al fin, un largo rato más tarde.

—Estoy asustado y preocupado— confiesa España.

—No tienes NADA de qué preocuparte —asegura un poco más pasional y jodido con ello de lo que quisiera.

Sonríe un poquito y le abraza, creyéndole, y no hace mal... Quizás por las razones incorrectas, pero no hace mal.

—Eres un pegajoso.

—Noooo —ya se está riendo de nuevo. Romano sonríe un poquito.

—¡Más que todos juntos...! —insiste, sin intentar quitarle.

—No me digas esooo —se le esconde riendo un poquito más y dándole un beso en el cuello, le aprieta un segundito antes de soltarle para que vaya a bañarse y va por el teléfono ahora sí.


Con lo raro que es que Romano esté contento... Ánimo España! (y gracias Josita)