Resumen:Todo el mundo hablaba sobre el accidente en el hielo. No importa cuantas veces intento olvidarlo, allí estaban todos para recordárselo. Elsa es una joven estudiante distinguida entre los pasillos escolares, fría y seria, pero algo nuevo sucederá cuando entable una amistad con cierta pelirroja ¿Será posible que la compañía de cierta pelirroja sea suficiente para que la rubia se abra?
Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney. Con la participación especial de algunos personas más de Disney.
Y con éste ya solo nos queda un capítulo más para subir. Así es, este es el penúltimo aunque sería algo así como el último en realidad porque el siguiente es un Epilogo, pero vamos a decirle que es el penúltimo. Hey, una duda, ¿quién haría un fanart, no es que yo no sepa, pero a computador no se me da muy bien dibujar y bueno quisiera tener un bonito fanart. Otra cosa, he pensando un poco en lo que me han pedido, una segunda parte y estoy tratando de encontrar una trama para ver si puedo hacerla, de ser así no veo por qué no hacerla, pero hasta el momento la trama que he pensado está algo incompleta.
Voluntad sobre Hielo
35
Elsa sonrió con cariño tomando la gran caja en sus manos. Anna sonreía tranquilamente sentada en la camioneta mientras la rubia subía las cajas con cuidado. En sus manos Anna comía una paleta de uva mientras Elsa se cruzaba de brazos tras subir una caja más. La pelirroja sonrió despreocupada.
– ¿Qué me dices si me ayudas, eh? –
– No – Rió juguetona – Yo guarde todo, es tu turno
– Anna – Elsa hablo con un tono peligroso.
– Bien, te ayudaré – Rió Anna. Se bajo de camioneta y subió una caja – Dime, Els, ¿qué va a pasar ahora?
– No lo sé – Elsa se encogió de hombros – Volveré a Noruega y tú te quedarás, ¿no?
– Me gustaría que te quedarás conmigo – Anna dijo abrazando a la chica.
– Hey, lo haré, un día más, ¿sí? – Besó la frente de Anna – No me perdería tu cumpleaños por nada
Anna sonrió con cariño asintiendo. Ambas chicas terminaron de guardar las cajas en la parte trasera de la camioneta para luego entrar en la casa Winter. Completamente vacía y desolada, la casa daba un aspecto de soledad. Elsa camino lentamente por los corredores. Sus tacones resonaban con eco al no haber objetos.
Se recargo en el marco de la puerta del living comedor mientras miraba con una sonrisa casi melancólica el lugar en donde su sofá había estado antes de que se lo llevaran. Se recordaba a si misma sentada leyendo un libro bebiendo chocolate caliente como de costumbre. La chica desvió la mirada hacia otro lugar de la casa viéndose a sí misma allí haciendo algo, como en la mesa del comedor desayunando, cerca de donde solía estar el teléfono, etc. Una sonrisa se dibujo en sus labios.
– Els, hay que desalojar – Anna dijo con un tono suave.
La rubia asintió lentamente y se dio la vuelta. En cuanto se acerco a la pelirroja, ésta le sonrió con cariño y luego la tomo del brazo mientras salían.
Las carcajadas en la casa de los Summer eran bastante estruendosas. Anna no podía ni siquiera respirar mientras Eugene seguía haciendo algún acto cómico para hacer reír a todos. Finalmente, cuando el timbre de la casa sonó, las risas cesaron lentamente mientras se luchaba para tomar aire. Anna corrió prácticamente a la puerta sabiendo que del otro lado estaría Elsa. Y no se equivoco.
La rubia le echó una mirada a su novia sorprendida. La pelirroja vestía con unos shorts cortos y una polera de mangas largas color rosada, de hecho, era una sudadera que tenía escrito NY. También usaba un gorro de fiestas y por su puestos sus dos trenzas gemelas y favoritas.
– ¡Elsa! – Literalmente se echó a sus brazos en un salto. La rubia dio un paso atrás para evitar caerse mientras abrazaba a la chica – Viniste
– Pero claro, ¿pensaste que no vendría a tu cumpleaños? – Elsa sonrió besando la sien de la chica – Por cierto, feliz cumpleaños princesa
Anna sonrió con entusiasmo rodeando el cuello de Elsa con sus brazos – Me encanta que me llames así
– ¿Sí? – Elsa rió tranquilamente – Pues eres mi princesa
La pelirroja sonrió tomándola de la mano – Venga, entra, te presentaré a mi familia. Tú sabes, no a mis padres o mi hermano porque a ellos ya los conoces, sino a mis tíos, los padres de Rapunzel, por cierto ellos están contentos de que al fin te van a conocer y mis padres están felices de que las cosas entre nosotras estén mejores, sobre todo que hubieras podido venir. Nada los hace sentir mejor, dicen que sin duda estamos hechas el uno para el otro. Me gusta pensar eso
La rubia asintió lentamente con una sonrisa cariñosa. Su estómago se revoloteaba un poco por conocer a la familia de Anna. Allí, en el comedor, se encontraban como de costumbre los rostros que ya conocía. Los padres de Anna y su hermano, quien no reparo en guiñarle el ojo ante una mirada asesina de Anna. Sus amigos, esos rostros conocidos que habían vuelto de Noruega junto con la pelirroja, Olaf (ahora castaño), Kristoff, Eugene, Mérida, Rapunzel. Otros rostros que jamás había visto como el de una mujer bella de cabello castaño y ojos verdes preciosos. Cuerpo delgado, no tan esbelto, usaba un vestido ila y un collar hermosos de perlas con un dije de un sol. Elsa la miro sorprendida antes de pasar al hombre, de hombros anchos y aspecto fornido. Cabello castaño oscuro, casi negro, con un bigote y barba rodeándolo a éste y solo el mentón, no hacia las patillas. Vestía con unos jeans y una camisa azul.
– Mira, te los presento, ellos son mis tíos los padres de Rapunzel, Josh e Ingrid. Ése de allí es el abuelo, su nombre es Oliver – Anna apuntó a un hombre de complexidad mediana, de cabello ya blanco canoso y rostro tranquilo. Sonreía vistiendo una camisa a cuadros y unos jeans – Chicos, ella es Elsa, mi novia
Una sonrisa y un apretón de manos del tío de Anna, un beso en la mejilla y un abrazo cargado de palabras cariñosas provenientes de su tía y un asentimiento de cabeza del abuelo. Elsa le sonrió a las personas con cortesía antes de saludar a los rostros ya conocidos.
– Quien iba a pensar que algún día la pequeña Anna iba a culturizarse y a conseguir una novia que es una estrella del patinaje – Se rió Eugene despreocupado tomando una rebanada de pastel.
– Sí, aún no sé qué es lo que Rapunzel vio en ti – Anna dijo sacudiendo la cabeza. Elsa rió despreocupada tomando un trozo del pastel de chocolate. De pronto su celular vibró y Elsa sonrió observando la pantalla.
Una mujer de unos veintitantos años apareció en la habitación cargando una bandeja con unos canapés. Elsa la miro fijo y luego miro a Anna que sonreía. La muchacha tenía el cabello castaño y ojos de igual color. Era hermosa y vestía con un hermoso vestido blanco con un centro de torso celeste. Anna sonrió.
– Y ella es Bella. La hermanastra de Rapunzel, pero creo que ya se conocían – Anna sonrió apuntando a la chica – Bella, ella es Elsa
– Sí, nos habremos cruzado las caras una que otra vez, pero nunca hemos hablado – Elsa dijo. Bella asintió sonriendo, saludo a rubia y le extendió la bandeja para que tomara un bocadillo, Elsa tomó uno y lo probo – Está bueno
– Gracias –
– Anna, ¿crees que podríamos salir un poco? –
– Uhm, por supuesto –
La pelirroja mantenía la frente en alto mientras seguía a Elsa. Ambas estaban en silencio al salir.
– ¿Por qué salimos? – Anna preguntó.
– No lo sé – Elsa se sentó en las escaleras frente a la puerta – Quería estar un rato a solas con mi novia
– ¿Con tu novia? Uh, esa soy yo – Anna asintió sentándose a su lado. Un silencio cómodo entre ambas. Elsa sonrió tomando su mano mientras la otra la mantuvo oculta en su bolsillo de la chaqueta que traía puesta.
El cielo era nocturno, hermoso y tranquilo provocando una sonrisa suave y despreocupada en los labios de Anna.
– ¿Tu sabes que el solo hecho de que estés aquí hace que sea el mejor cumpleaños de todos, no? – Anna sonrió.
La rubia no respondió, al menos no con palabras, sino que besó los labios de la pelirroja que con ansias correspondió. Si bien Anna hubiera deseado que el beso durara bastante no duro tanto como quería, sí logro saborear los dulces y finos labios de su novia, sintiendo la gloria en ellos.
Un sonido de metal chocando, suave y similar a una campana hizo que Anna separara los labios. Al mirar a un lado, Elsa alzaba una mano con un juego de llaves que dejo en la palma de la mano de Anna.
– Feliz cumpleaños, princesa – Besó sus labios fugazmente y con la mirada le indico voltear. Anna se dio la vuelta y en medio de la oscuridad, justo debajo de un farol encendido vio un ferrari california celeste, nuevo.
– No – Se quejo sin aliento. Automáticamente se puso en pie aturdida y no sabe cómo fue que llegó al lado del auto admirándolo. Era nuevo. Muy nuevo – Elsa, tú…
Al mirar a la rubia vio que sonreía con las manos en los bolsillos de su chaqueta. Su sonrisa torcida bastó para entender que realmente le había comprado un auto. ¡Un auto nuevo! ¡Un maldito ferrari california!
No sabía que hacer exactamente, si pellizcarse para saber que era real o abrazar a su novia por el obsequió. Hizo ambas.
Elsa solo rió ante la actitud incrédula de la chica y luego le besó en la mejilla.
– Espero que te guste –
– ¿Gustarme? ¡ME ENCANTA! – Chilló llamando la atención de aquellos que estaban en el interior de la casa. Por el rabillo del ojo pudo ver a Rapunzel apoyada en la ventana observando con sorpresa – Aunque debiste haber gastado una fortuna, ¿cómo pudiste comprar un auto así?
– Sencillo, soy patinadora profesional. No es por alardear, pero gano millones – Se rió la chica despreocupada. Anna la miro con emoción. Abrió la puerta del auto encontrándose un osito de peluche en el asiento del piloto con una pequeña tarjeta.
Tomo la carta en sus manos y sonrió. Primeramente la leyó para ella y luego para la rubia mientras una sonrisa se extendía en sus labios.
«Esperamos que puedas disfrutar de éste regalo. Sé que tus planes era buscar un empleo de verano y poder pagarte tu propio auto y tu propio departamento, pero espero que me dejes hacer lo primero a mí. Te amo corazón. Gracias por haber entrado en mi vida y te deseo un feliz cumpleaños. Te quieren Elsa y Lady. (Elsa te ama)»
La rubia se sonrojo desviando la mirada ligeramente mientras la menor le abrazaba con fuerza y emocionada antes de reírse mientras miraba la tarjeta.
– ¿Lady? –
– Sí, ella… eligió el color – Elsa dijo con un tono tranquilo, casi como si le costará decirlo pero mostrando serenidad. Su pie chocó con la rueda para demostrar su punto – Yo pensaba comprar uno rojo, pero ella prefirió celeste – Luego hizo una mueca y añadió en un susurro para que sonará como un secreto – Creo que lo hizo para que pienses en mí cada vez que lo veas
Anna se rió – ¿Bromeas? Claro que pensaré en ti y no solo porque es tu color favorito sino porque tú me lo has dado. Eres la mejor, Els. Oh y debería de agradecerle a Lady por el auto también
La rubia sonrió. Miro hacia la casa y le sonrió a Rapunzel que hablaba con Eugene que estaba a su lado, detrás de ellos Mérida intentando ver que estaba sucediendo.
– Por cierto, espero que no te moleste. Son las siete, ¿no? He reservado una mesa en uno de los restaurantes más caros y elegantes de todo New York para nosotras hoy a las diez. ¿No pensabas que solo ibas a tener una fiesta de cumpleaños, verdad? Te llevaré a cenar y luego, si no te molesta que me quede contigo…
– No, para nada. Me gusta eso, es decir, es mejor, ¿no? Podemos tener una noche solo las dos, tú sabes no necesariamente relacionada con sexo – Su rostro enrojeció – Sino que podemos tener una noche acurrucadas, besándonos tal vez, solo nosotras dos pasando tiempo de calidad
Elsa rió. Las dos chicas volvieron al interior de la casa tranquilamente, por su puesto Anna había explicado el por qué de su grito anterior. En el interior de la casa, todos hablaban tranquilamente, no había gran cosa que hacer.
Mientras Anna hablaba abiertamente y gesticulando con las manos exageradamente con sus tíos sobre quien sabe que, Elsa estaba hablando con Rapunzel tranquilamente. La chica rubia oro comentaba un poco sobre sus planes universitarios. Al parecer Rapunzel tenía ganas de estudiar algo relacionado con pintura. Al igual que Anna, la rubia tenía talento para el arte y apenas recién Elsa se estaba enterando. Comenzó a preguntarse que tanto conocía a ese grupo de chicos. Solo sus personalidades, no sueños y metas en la vida.
Tratando de conocer más a Rapunzel, Elsa no notó cuando Hans, el hermano mayor de Anna, se acercó a ella con dos vasos. Pidió a Rapunzel dejarles solos y luego le entregó un vaso a la rubia platinada.
– Entonces, ¿te diviertes? Podemos salir si quieres – Sonrió con coquetería. Elsa levanto una ceja mirando el vaso. Un ligero aroma a alcohol se desprendía de la bebida. No bebió, dejó el vaso en la mesa más cercana.
– No gracias. De hecho, debo ir con Anna – Dijo Elsa algo incomoda.
– Vamos, Els. Sé que solo buscas una excusa. ¿Por qué no te olvidas de Anna un momento? Salgamos de aquí, te llevó a comer –
– Ya hice planes con Anna –
El chico sonrió torcido. Una clásica sonrisa que enamoraría a cualquiera, salvo a ella.
– No tiene por qué saber. Le dirás que hubo una situación urgente y por eso cancelaste –
– Creo que no lo entiendes. Yo quiero, no, amo, a Anna y no la cambiaré por ti – Elsa dijo con firmeza.
El chico chasqueó la lengua y bebió un poco de su vaso – ¿Seguro? Porque soy un gran partido
– No me interesas –
– Lo hago, de lo contrario no te pondrías nerviosa. Solo será una sencilla salida. Nadie tiene por qué saber, mucho menos ella. Elsa estaría de lujo que saliéramos solo los dos –
La rubia arrugó la nariz – No
Intentó irse pronto, pero Hans la tomó del brazo, sacudió la cabeza chasqueando la lengua en varias ocasiones y una melodía negativa – No lo creo, cariño. Me interesas y a Anna no le importara
– ¿Cómo puedes intentar quitarle la novia a tu propia hermana? – Le miro con asco. Le libró bruscamente del chico y luego se fue de allí. Ella sabía que eso no había terminado.
Tenía intenciones de volver a hablar con Rapunzel, pero se topo con Anna que la había estado mirando. La pelirroja cruzo sus brazos alrededor de la cintura de Elsa y le miro preocupada.
– ¿Estás bien? – Murmuró.
– Sí – Elsa sonrió. Ni de chiste podría ser capaz de engañar a Anna, mucho menos con su propio hermano – Iré a mi hotel para cambiarme de ropa e ir a nuestra cena
– ¿Tan pronto? Falta mucho – Anna dijo con un puchero.
La rubia sonrió – Lo sé, pero Peter me está esperando
– ¿Peter? – Arrugó la nariz Anna. El nombre mencionado hizo click en la cabeza de Anna, pues vagamente lo recodaba sino que estaba fresco en su cabeza. Se separó de Elsa y le miro acusadoramente, cargada de celos – ¿Quién es? ¿Algún pretendiente? Más vale que sepa que estás conmigo y me amas a mí
Elsa rió ligeramente, besó la frente de Anna y luego se alejó – Nos veremos luego linda
Anna miro a la chica irse y con ganas quiso gritarle para saber quién era el dichoso Peter. Estaba molesta, pero lo disimulo bien. Eran las ocho, la hora avanzaba lento y en una hora tendría la famosa cena con Elsa quien pasaría por ella.
Dio varias vueltas en su armario buscando el vestido perfecto. Nada le gustaba. Nada le parecía bien. Rapunzel y Mérida estaban sentadas en su cama riendo ante la locura de su amiga.
– Dios, qué me pondré. Seguro que Elsa irá como una diosa. Quiero saber que vestiré –
– Sí, seguro que Elsa vestirá tanto elegante como perfecta. Tienes la barra alta para poder vestirte bien – Mérida rió – Comienzo a cuestionar mi sexualidad cuando veo a Elsa vestida tan provocante y perfecta
– Lo sé. Yo también – Rapunzel se rió – Sin duda es una diosa
Anna se aclaró la garganta, cruzada de brazos – Ejem, hablan de mi novia
– Lo sabemos – Se rieron.
Mérida se puso en pie caminando hacia el armario, lanzo un montón de ropa hasta sacar algo – ¿Por qué tienes esto? – Mostró un vestido escocés campirano.
– Fui a una fiesta vaquera – Anna se encogió.
– ¿Con esa cosa? Nop, no me gusta – Rapunzel dijo sacudiendo la cabeza. Las chicas se rieron mientras Anna fingía un puchero.
– Bien, haciendo cuentas de su inventario necesitamos un vestido bonito, pero sexy – Mérida movió la ropa del closet.
– Uno que Elsa pueda fácilmente arrancar –
– ¿Qué? Arrancar. Ay, chicas, me parece que exageran, ¿no? Elsa y yo no… –
– Claro que sí. No puedes negarlo porque ya te descubrimos – Mérida dijo, miro a la pelirroja y se rió – Y tu rostro es escarlata
– ¿Qué tal si le damos un vestido novia y listo? – Sugirió la rubia.
– ¿Hablas enserio? – Anna preguntó aturdida.
Mérida cabeceo – Es algo tarde para conseguirlo, además Elsa va a pensar que está desesperada
– Es posible, pero… – Rapunzel dijo pensativa – Tengo idea, vamos de compras
– ¿Qué? –
– Todo está cerrado, Rapunzel –
– ¿En serio? –
– Es cierto, todo está cerrado. Ni hablar, tendrá que usar una de esas basura que tiene allí –
– Oye, me ofende –
– ¿Qué tal si recortamos varios vestidos? –
– Esa es una gran idea Mérida… si hubiera tiempo para hacerlo –
– ¿Mi opinión no cuenta? –
– Entonces pongámosle un vestido cualquiera y con varias capas de maquillaje no se notara lo feo del vestido –
– Chicas, ¿me están ignorando? –
– Mira lo que encontré, esto es pasable, ¿no? – Mérida mostro un vestido sencillo color lila. Tenía tirantes y un escote en v que seguro dejaría ver poco más del nacimiento de los senos. Era largo en sí, pero llegaba un poco más debajo de la rodilla, suelto abajo, ajustado a la cintura. Las dos chicas sonrieron mientras Anna las miraba molesta.
– Sí, me están ignorando –
Llegó Elsa diez minutos antes de la hora acordada para la cena. Anna lucía el vestido color lila y sus dos típicas trenzas a voluntad ya que tanto Mérida como Rapunzel querían forzarla a tener otro peinado. Se sentía nerviosa porque de partida no sabía que vestiría Elsa, salvo que probablemente y cómo era de esperarse, estaría regia y como toda una diosa. Obviamente fue así.
Anna tuvo que luchar contra mil instintos, la baba que estaba amenzando por caerse de su boca, empujarla contra la primera habitación que había y hacerle el amor, llevársela pronto de allí. De hecho y por la mirada que Elsa le daba, se notaba que la rubia compartía los mismos instintos en ese instante. Pero fue sin duda que lo que más le gusto a Anna fue el hermoso vestido de Elsa.
Como de costumbre, y ya esperándolo, Elsa vestía de celeste cual color cielo precioso. Su vestido llegaba hasta más arriba de las rodillas, mucho más arriba, casi hasta la mitad del muslo. Su torso era ajustado. Su vestido, por extraño que parecía, tenía mangas que llegaban hasta la mitad de sus ante brazos y el borde inferior era una línea recta desde su peco hasta la mitad de sus hombros por lo que no los cubría completo. Por primera vez, no había señale de copos de nieves, sino medianas rosas celestes en el borde superior. Cinco de ellas. Una en cada hombro y tres en su pecho. En la falda de éste tenía una tela transparente, celeste también que hacía parecer el vestido holgado cuando la verdad era que l tela de abajo se ajustaba a su cuerpo, era pegado a éste. Tenía tacones puesto, medianos para no parecer tan alta y éstos combinaban con su vestuario. Ya como de costumbre, Elsa traía su trenza francesa con copos de nieves pegada a ella, uno usándolo al extremo final de ella y otros a lo largo.
"Mierda."
Ambas chicas salieron de la casa y se dirigieron al restaurante. Elsa no conducía su auto sino que había rentado una limusina. Durante el trayecto no hubo mucha charla pese a que el conductor no las escuchaba pues una ventanita las separaba a ellas de él. Anna miraba por la ventanilla oscura sorprendida. Se sentía como toda una princesa lista para ir a un baile moderno, o tal vez a una fiesta de graduación. Elsa, a su lado, estaba enviando mensajes y ella lo sabía porque desde el rabillo del ojo la veía.
– ¿Y bien? – Elsa pregunto. Sus piernas cruzadas. Guardo su teléfono en un bolso pequeño.
– ¿Qué te digo? Estás preciosa, como siempre – Anna la miro sorprendida.
La rubia rió – No era eso lo que te preguntaba, pero gracias. Tú también estás fantástica
– ¿Sí? Uhm, ¿qué preguntaste entonces? –
– Quería saber cómo te sentías –
– Ah, bueno, pues como una reina – Anna rió.
Elsa se acerco a la rubia con una sonrisa peligrosa en su rostro – ¿Sí? Que extraño se supone que yo era la reina, pero estaré de acuerdo si quieres serlo tú – Besó la mandíbula de Anna – ¿Sabes algo? Creo que podría mandar al demonio la cena y quedarme contigo ahora mismo
Anna tragó saliva, se tensó al sentir la mano de Elsa en su pierna y cuando a verla pudo notar que la rubia traía pantis transparentes puestas. Quiso en ese instante arrancarlas. Dejar que una bestia saliera de su cuerpo. Perder el control. Pero prefirió controlarse.
– Sí, pero tenemos una cena. Ya me has ilusionado – Anna dijo con un tono nervioso. Elsa si sabía como hacerla temblar. Trago saliva y luego sonrió. Sus manos se movieron lentamente por el cuello de la rubia – Después de la cena tenemos todo el tiempo del mundo para estar juntas
La sonrisa provocativa de Elsa se perdió enseguida. La rubia se enderezo en su asiento alejándose de la pelirroja que la miraba confundida. Apenas sonrió como en una disculpa recordándole a la chica que debía de irse al día siguiente temprano a Noruega.
– Oh – Anna soltó algo decepcionada. No le gustaba para nada que Elsa tuviera que marcharse al día siguiente. Apenas sí había estado seis días en NY, ¿por qué tenía que irse tan pronto siendo que apenas hacia tres días las chicas se habían arreglado y volvían a ser novias?
El camino al restaurante se volvió algo pesado con el silencio sepulcral que se había formado. Anna miro a Elsa notando que la rubia estaba tan envuelta en sus pensamientos que ni siquiera miro a la pelirroja.
Nuevamente el impulso de Anna le hizo cosquillas en su estómago. Elsa estaba sentada a una orilla, sus piernas cruzadas una sobre la otra, su mentón apoyado en el dorso de su mano que a su vez esté estaba apoyando en la puerta del auto. Sentada al lado izquierdo. Parecía perfecta con su vestido. Era una diosa como de costumbre.
Al bajar del auto Anna miro el restaurante con completa emoción. Era perfecto. Los colores por fuera eran amarillo y rojo dándole un estilo similar a la realeza. Anna tragó saliva, aguantaba el aliento mientras caminaba con Elsa. Ella a paso seguro mientras Anna no dejaba de maravillarse.
Por dentro era el lugar más elegante que Anna jamás conoció. Tanta belleza acumulada era impresionante. Elsa camino hacia un chico que se encontraba detrás de un pequeño pódium. El hombre vestía de etiqueta.
– ¿Su nombre? – Preguntó serio. Anna hizo una mueca al ver al chico.
– Winter – Elsa dijo tranquilamente. El joven miro un libro y luego asintió.
– Por aquí señorita Winter. Su mesa está lista – Asintió. El chico guió a Elsa y a Anna a una mesa redonda que se encontraba a un lado de todo ese perfecto salón.
Una deliciosa y suave música compuesta por un piano resonaba en los alrededores del local, era música en vivo. La mesa redonda tenía dos sillas. Un mantel color amarillo precioso. Todo estaba listo para llegar y usar. Había un candelabro en medio, un par de velas ya encendidas y los utensilios como tenedor y cuchillo.
Una vez al sentarse una mujer vestida de de blanco con un delantal negro en el regazo. Le entregó a las chicas dos cartas y les dijo que sería su mesera ésta noche. Ambas miraron la carta.
– Wow, todo se ve tan delicioso y caro – Anna hizo una mueca.
– No te preocupes, princesa. Yo pagaré por todo – Elsa le guiñó el ojo. La pelirroja asintió miro la carta y aunque quisiera pedir algo de el valor más bajo no podía porque todo se notaba tan caro. Le dolió un poco el corazón y su propia billetera. No importaba que Elsa pagara por todo, ella no podía ni siquiera pagarle después. Con un solo plato de comida, unos pobres fideos con salsa, quería endeudada de por vida.
Elsa miro a la rubia y luego se rió, luego posó su mirada en la mesera de cabellos rubio ceniza – Pediremos dos platos de lazaña y algo de queso rallado
La mujer asintió tranquilamente y antes de que Anna pudiera devolver la carta su rostro perdió todo color. Aparentemente la lazaña era lo más caro de todo. ¡ACASO ESTABA HECHA DE ORO O QUÉ!
– ¿Y de beber? – Preguntó.
– No estoy muy segura – Elsa pensó un poco – Que tal algo de bebida. Eso sería lo más suave aparte del agua, ¿no?
La mujer asintió yendo para dejar a la pareja de chicas allí. Anna parpadeó varias veces muy aturdida y luego miro a su rubia novia platinada. La chica estaba pendiente de otras cosas como para notar que se encontraba mirándola.
– Elsa, ¿viste el precio de esa cosa? Vas a quedar en bancarrota –
– Anna, no te preocupes por tonterías – La rubia estaba mirando el menú de postres con la mirada posada en chocolates. Volvió a ver a su novia y notó que su mirada estaba puesta sobre ella de una manera tan seria como reprochadora – ¿Vale, qué te molesta?
– Que estás derrochando dinero – Anna dijo.
– Eso no es cierto – Elsa dijo sonriendo.
– Claro que sí. El auto. El peluche. La limusina. La cena. Pediste lo más caro, Els – Anna sacudió la cabeza – Es demasiado incluso si es mi cumpleaños
Elsa sonrió torcido – Y es por eso que no me importa gastar un poco de plata. Además el auto no está completamente pagado, solo la mitad. Seguiré pagando más adelante
– Els… – Anna suspiro – No quiero que gastes tanto dinero, mucho menos por mí
La rubia le miro fijo por unos instantes, luego suspiro – Dime, ¿desde que te conozco… he gastado tanto dinero sin contar hoy?
– Pues, no, apenas nada – Murmuró Anna.
– ¿Ves? – Se encogió – Solo una noche
Anna asintió lentamente.
La cena transcurrió de forma normal, al menos lo mejor que se pudo. La cumpleañera no podía decir que la comida no estaba buena. La lasaña que pensaba que era de oro por ser tan cara tenía el sabor más delicioso que había probado. Era como si alguna madre buena cocinera lo hiciera. Ella misma pensó en su propia madre, excelente cocinera, pero ni siquiera ella podía cocinar tan delicioso como aquella lasaña. El queso rallado encima era lo mejor. Le daba un sabor algo salado, pero delicioso. Gimió para sus adentros. La bebida no era nada de otro mundo y el postre fue la gota que colmó el vaso. Elsa había pedido dos copas de helado de chocolate. Lo que la pelirroja jamás imagino fue que las copas fueran de completo chocolate. La copa tenía la hermosa forma alargada con detalles preciosos y el la parte superior, donde estaba la única abertura, se abría de forma en que parecían pétalos de una flor. Era helado de chocolate con crema batida, encima de ésta había un jarabe de chocolate que se encontraba endurecido tomando la forma de la crema. Tenía algo de helado de chocolate blanco formando un espiral alrededor del chocolate blanco y luego estaba, en lo profundo de la copa y cubierto por el chocolate, una bola de éste. El chocolate café, amargo y dulce, estaba en el fondo con una forma peculiar de una gota.
La cena había terminado, o eso pensó Anna. Fue deliciosa, seguramente Anna estaba pensando que no habría nada más y que ambas chicas volvería a casa, sin embargo la sorpresa fue lo mejor cuando vio que la mesera y otros más se acercaban a ella con una sonrisa. Un pequeño pasten que tenía escrito "feliz cumpleaños Anna" estaba escondido en una bandeja que la mesera le presentó. Las velitas encendidas y los meseros cantando. Un pequeño regalo a un lado. Elsa enfrente de ella con los codos en la mesa apoyando su mentón en sus manos mientras miraba a la pelirroja con dulzura.
Sopló las velitas pidiendo un pequeño deseo. Habló con Elsa riendo diciendo que ésta era una de las grandes locuras que ha hecho. Después de pasar un poco de tiempo juntas allí en el restaurante, ante varios ojos que las miraban con ternura.
Anna caminaba junto a Elsa hacia afuera, después de haber pagado, la rubia se llevó a la pelirroja a dar un paseo antes de que la limusina llegara. La pelirroja no paraba de hablar las mil maravillas del mundo explicando que fue el mejor momento de su vida, que Elsa sin duda le había dado una de las mejores de la noche y eso que aún no terminaba.
En la limusina el ambiente era bastante intenso. Ambas chicas se besaban con tanta pasión como sus labios pudieran permitirlo. Con Elsa sobre ella sentada a horcajadas. Ambas sobre el sillón de la limusina. Todo lo que Anna podía pensar en ese momento en que aquella era la mejor forma de cerrar un día especial.
La tortura había comenzado cuando había llegado al hotel en que Elsa se estaba alojando. Por petición de la cumpleañera, la rubia le llevó allí para que pudieran pasar aquella noche juntas y solo las dos. Controlar sus impulsos durante el trayecto del ascensor al piso número 14 era la tortura más grande, sobre todo cuando habían más personas allí en ese pequeño espacio designado para un máximo de seis personas.
Al entrar en el 1304 la pelirroja cumpleañera no reparo en observar lo lujoso que se encontraba el departamento. Tomo a Elsa contra le primera pared que estuviera en su camino y la besó con pasión en los labios, algo que la rubia lo recibió bien. Ambas se besaban como nada más importara y es que nada les importaba.
Lentamente las manos de Elsa recorrieron los hombros y la espalda de Anna mientras la pelirroja tomaba una de las piernas de la rubia subiéndola hacia su cadera. Sus dedos rastrillaron como garras sobre la fina tela de las pantis que usaba la rubia, sin romper aún. Besó el magnífico cuello de ésta chica y escuchándola gemir en sus oídos. Elsa arañó suavemente la espalda de Anna. La pelirroja separó sus labios y bajo la mirada hacia su mano que se encontraba sobre la pierna de Elsa, acariciando el muslo y escuchando a la rubia. Sin esperar mucho araño con fuerza la pierna destrozando la pantis para luego acariciar la suave y tersa piel de la chica.
Elsa rió.
Sin saber cómo ambas se encontraban en la habitación de Elsa tendidas en la cama, besándose y lanzando los zapatos de tacón (que estaban atormentando sus pobres pies) a cualquier lugar de la habitación.
– Pensé que habíamos dicho nada de sexo – Elsa murmuró besando el cuello de Anna mientras la pelirroja intentaba bajar el cierre del vestido celeste.
– Nosotras… no tendremos… sexo – Anna suspiraba con los labios de Elsa sobre su piel – Nosotras hacemos… el amor…
La rubia rió ligeramente causando un cosquilleó de lo más placentero en la otra chica. Anna le dio la vuelta finalmente bajando el vestido de Elsa para revelar un perfecto brasier tipo strapless de color negro. Tragó saliva con una expresión lujuriosa y cargada de amor. Besó los labios de Elsa.
– Esta será la mejor forma de terminar el cumpleaños – Anna gimió separándose apenas por un segundo de los labios de la rubia.
Sentía las caricias de una delicada y fría mano en su espalda. Anna gimió abriendo los ojos pesadamente. Una sonrisa placentera y satisfecha salió de sus labios.
Sintió un delicado suspiro contra su cuello. Alguien estaba respirando sobre su hombro. Las manos en su espalda pecosa y desnuda se detuvieron y pasaron rodeando su cintura hasta su vientre.
– Despierta princesa – Escuchó la voz más atractiva y sensual del mundo – Es medio día
Anna gimió – No quiero despertar
– ¿No? ¿Por qué? – La voz preguntó con un tono juguetón.
– Porque si despierto por completo significaría que la bella y maravilla noche del día anterior habría acabado – Cerró sus ojos – Y tú te irías, a millones de kilómetros lejos de mí
No hubo una respuesta de la voz, sino que ésta chica la estrechó más contra su cuerpo abrazando su espalda. Anna se giro con cuidado y se encontró con los ojos perfectos azules que la miraban con simpatía y amor.
– Lo siento mucho, cariño –
La rubia besó a la pelirroja en su frente. Las dos se mantuvieron en silencio por un momento y luego Anna comenzó a quejarse de que el avión de Elsa partiría en una hora y lo último que quería era que la rubia se fuera.
De alguna forma lograron llegar al aeropuerto rápidamente. Rapunzel y los demás amigos de las chicas se encontraban allí solo para poder despedirse de la rubia platinada que había estado completamente abrazada a Anna. La chica no dejaba de sentirse nerviosa pues su novia se iba.
Una voz advirtió el destino de uno de los aviones saliendo en minutos. Cuando escucharon que era hacia Tromsø, Noruega, supieron que ese era el completo adiós.
– Espero que nos podamos ver pronto – Anna dijo tomando a Elsa de las manos.
– Oye, será difícil, pero nos volveremos a ver. Y no olvides que te vendré a ver en Navidad – Anna sonrió al escuchar esas palabras – Eso es en un mes
– Lo sé – Sonrió Elsa – Nos veremos, Anna. Te amo princesa
– Y yo a ti… mi reina – Rió la pelirroja.
Continuara…
