Finalmente, Francia estaciona el coche enfrente de la casa de Escocia, poniéndose nervioso otra vez.

—Quizás... Podría entrar yo primero —propone dándole vueltas a su argolla en su dedo (el apropiado) nerviosito.

—¿Eh? —España le mira y nota lo que hace con el anillo—. ¿Por?

—Prepararle y así... Aunque está enfadado —se muerde el labio—. Esto es un desastre, quizás no debimos venir...

—Venga, ya estamos aquí. ¿Qué será lo peor que puede hacer?

—Pues... echarme —traga saliva y le echa una mirada significativa. Está genuinamente nervioso. España vacila, desviando la mirada.

—¿Pero qué tiene tan terrible esto? —pregunta Bélgica que obvio no entiende.

—Bueno, ya que hemos venido, al menos que sea él quien haga el esfuerzo —España le hace un cariño a Francia.

—Pues... Non, no lo sé, sólo es —suspira respondiéndole a Bélgica mirándola por el retrovisor—, es alguien a quien quiero mucho. Alguien que quiero que esté bien. Gracias por venir, los dos.

España tuerce un poco el morro y le atrae hacia sí, abrazándole. Bélgica les mira levantando una ceja, vacilando insegura en si sentir celos o preocupación.

—Venimos a ayudarte, no como OTROS... Verás como sale bien.

—¡Venga, ella tiene razón, vamos! Deja de hacer drama —España le anima separándose un poco del francés.

—Vale, vale... Vamos —suspira apretándole la mano a España antes de abrir la puerta.

Él le aprieta de vuelta y asiente con la cabeza.

Bélgica se abre la puerta a si misma bajándose del coche y mirando la casa de la que sale el sonido estridente y característico de una gaita... haciendo el imbécil al tratar de hacerle el cover a una canción de heavy metal.

Francia sonríe de lado haciendo los ojos en blanco, acercándose a la puerta. España mira a Bélgica de reojo y se va tras él. Bélgica que levanta una ceja, arrugando la nariz con desagrado.

El francés toca intentando seguir el ritmo de la gaita. Cuyo propietario levanta las cejas deteniéndose un instante y en vez de ir a la puerta hace un ritmo fácil en tres notas. Que es imitado con el timbre; Francia pega la frente contra la puerta, sonriendo.

Escocia sonríe de lado y repite el proceso con algo un poco más complicado, Francia se ríe un poquito y le imita. Bélgica mira a España de reojo que levanta las cejas sin entender demasiado bien.

—Vale, te has ganado que te abra la... —empieza la voz profunda y medio ahogada del escocés mientras abre la puerta. Se queda congelado y se le borra la sonrisa al ver a Francia, con su sempiterno puro entre los labios.

—Allô —saluda suavemente, sonriendo, aunque la sonrisa se le enfría bastante al saber que decididamente no esperaba que fuera él.

—Oh... —calada larga—. Verás, soy demasiado idiota para comprar una enciclopedia y demasiado borracho para que tu dios se interese por mí, sea el que sea —lanza la colilla del puro y vuelve a cerrar la puerta con una falsa sonrisa de lado.

—Espera —pide poniendo un pie para que no la cierre —, Écosse.

El escocés hace los ojos en blanco igual sin cerrar la puerta, metiéndose a la casa a por alcohol. Francia mira a España y a Bélgica de reojo.

—Espagne... ¿Puedes sacar la botella de cognac que está en la cajuela? —pide en un susurro lanzándole las llaves—. Pardon... Es bastante arisco en principio.

—Vale... —las recoge al aire y se va para el coche.

—Ehm... Ven, y perdona. Tú sonríe y míralo todo, lo interesante que tiene es directamente proporcional al desastre que tiene en la casa —asegura para Bélgica entrando.

Que evidentemente, sigue siendo igual de desastre que siempre, con las mismas inquietantes y sospechosas botellas de alcohol alarmantemente vacías en todos lados. Ceniceros llenos a rebosar, ropa y envases de comida precocinada por doquier.

Bélgica asiente arrugando un poco la nariz en desagrado.

—Pasaba por aquí... —asegura el francés como caaaaada vez, abriéndose paso y tratando de ignorar el desastre, que el día de hoy le parece más llamativo porque va con Bélgica.

—Sinceramente, France. Si llego a saber que ibas a dar tanto por culo a las ordenes de my lovely lil' bro, habría comprado puñetera vaselina —asegura sirviéndose Whiskey y encendiéndose otro puro.

—Para que desperdiciar la vaselina del universo si sé perfectamente bien que de todos modos no te gusta —sonríe pasándose una mano por el pelo y acercándose a él.

—Bien que no te cortas un pelo de hacer las cosas que sabes que no me gustan —replica dándose la vuelta y notando a Bélgica por primera vez. Frunce un poco el ceño porque además, trae compañía.

—¿Se conocen ya? Écosse... Ella es Belgique. Belgique... Él es... El hombre de las tierras libres —les presente.

Bélgica le mira para NADA segura, levantando una ceja. Sonríe su sonrisita diplomática y se acerca un poco a Francia, tomándole del brazo.

—Una carabina, que romántico —asegura el escocés para Francia con sarcasmo—. Soy Alba —corrige—. El desorden que parece fascinarte tanto, obviamente es por los ladrones. Se supone que si yo mismo no soy capaz de encontrar nada de valor, menos lo harán ellos —explica en el mismo tono de burla—. Permíteme te sirva una copa, la necesitaras para aguantar esto —mira a Francia—. ¿Tú quieres o te lleno el vaso de la ginebra que sale de mi taza del vater?

Bélgica parpadea con toda esa información, aunque sonríe un poquito de lado con la historia de los ladrones, sin saber si es en serio o es broma.

—Oh, agua del vater... Suena tentador, pero creo que prefiero whisky. Y vas a tener que servir dos copas además de la taza, puesto que no traigo una, sino DOS carabinas.

—Beautiful. ¿Por qué vamos a brindar? ¿Por unas bloody merry Christmas with the bloody merry family? —sonríe sirviendo las copas.

Francia se le acerca lo bastante y extiende una mano para tomar la taza con la firme esperanza de tocarle o rozarle la mano. Esa jodida necesidad de TOCAR. Francia está besuqueándote contra la pared en su mente, si te sirve algo saberlo, querido Escocia.

—Venga, por qué no nos deleitas con un emotivo y sensiblero bloody discurso al respecto —propone pasándole su copa con una sonrisa desencajada, antes de ir a darle a Bélgica la suya, sin mirarla.

Francia le toca, si se deja. Le toca lo que sea o pueda, ya sea la cintura o la mano, o un roce en el brazo. Con bastante desesperación, en realidad. La mano, al entregarle el vaso, pero seguramente es muy poco, porque enseguida retira la mano. España regresa del coche en ese instante.

—No soy bueno para los discursos de ese tipo, en realidad —asegura Francia aún peleando para conseguir su atención.

Bélgica vacila, tomando la copa... Incomoda y extrañada con todo esto, sin estar tampoco demasiado preocupada en no obtener la atención del escocés, mirando a Francia tratando de leerle.

—¡Hombre, Escocia! —saluda España al entrar, riendo como siempre—. ¡Hacía mil que no te veía!

—Anda... la otra única persona en el mundo a la que confiaba no se le iba a pegar la idiotez —comenta como saludo, haciendo que España frunza el ceño.

Francia bufa un poco, tocándose la argolla con la mano como recordatorio, mirando la escena y notando que esto está siendo más complicado de lo que pensaba.

—Ven, acércate, hombre... íbamos a brindar por la navidad, ¿no quieres unirte? Sí, claro que quieres... —ese tono de falsa alegría, hacia el español. Bélgica camina un poco por ahí, mirando las botellas en el suelo y esas cosas, aún con desagradillo.

—Venga, Espagne... Dame la botella, s'il vous plait.

—¿Cómo estás? —pregunta España para Escocia pasándole la botella a Francia, mirándole nervioso.

—¡Bien! Perfectamente bien —le pasa su copa—. Pero si no habéis venido aquí a deleitarme con un discurso. What the hell estáis haciendo bebiéndoos my bloody Whiskey?

—Haciendo milagros, como Jesucristo... Sólo que yo convierto el whisky en cognac... Que es mucho más interesante —Francia se lo pasa, al escocés mirándole a los ojos.

El británico mira al francés fijamente a los ojos también sin tomar la botella aun. Y debe ver unos ojos bastante oscuros y con fuego en el fondo. Sí, se llama deseo, y cierta angustia. Te saltaría encima si pudiera, la verdad.

—Déjame buscar una escusa para no partirte la cara ahora mismo, porque te aseguro que la de "no me da la gana" no sirve —toma la botella. Lo siento, no es tan latino para notarlo.

Bélgica mira a España de reojo, preguntándose de verdad si es posible que haya golpes. España se tensa porque conoce el carácter y los modos británicos.

—No necesitas partirme la cara. En lo absoluto.

—Una buena pelea suele ser por vicio —replica el pelirrojo y que te esté hablando de esta forma es lo que demuestra lo mucho que le importas.

—Para divertirte podría incluso intentar defenderme —Francia le mira—. Por inútil que fuera.

Bélgica sigue sin entender lo que ocurre del todo, un poco acojonada porque Escocia no parece especialmente... Ya no digamos cuerda, sino sobrio.

—Para divertirme podrías dejar de venir a mi casa de una puta vez. O arreglar tus problemas.

—Es que... No quiero dejar de venir —asegura en un susurro.

Escocia se detiene un instante vacilando y se toma su Whisky de un trago, con eso.

—Vamos a sentarnos —sentencia Francia con eso dándose la vuelta hacia España buscando su ayuda URGENTE con la mirada.

España le mira con cara de circunstancias porque ha notado todo el intercambio, sin saber muy bien qué hacer, buscando algún lugar en el sofá que sea practicable.

—¿Se-Sentarnos aquí? —pregunta Bélgica mirando el sillón y los ceniceros... Levantando una ceja.

—Mais oui... Insisto que no hagas caso del desorden —asegura el francés caminando por ahí mirando todo a su alrededor... Como siempre... Tratando de calmarse, haciendo, de hecho, un sobreesfuerzo.

—Tranquila, chica, no vas a encontrar ropa interior sucia, los highlanders no la usamos —asegura Escocia yendo a por más Whisky mientras España aparta una... bandera y se sienta en el sofá.

Bélgica mira a España otra vez, y luego al dueño de la casa frunciendo un poquito el ceño. Esos comentarios políticamente incorrectos eran... Molestos. Él era molesto. Y no es que lo fuera porque Francia estaba incómodo y con esa cara tan sexy a su alrededor, es que... Era muy... Algo. Algo que no acababa de saber qué. Se sienta igual en un borde del sillón mirando a Francia esperando que haga algo. De menos una cena en un lugar bonito tendrían que darle a cambio por sus molestias.

Francia toma un loquesea y lo mira sin ponerle atención riéndose de sí mismo por todo esto, esperando sinceramente que España le de unos segundos de tregua y hable de lo que sea.

—Al final... no necesito ningunas explicaciones, France. Eso es lo que define a los hombres libres, ni las damos, ni las recibimos.

—Ehm... —España mira a Francia de reojo sin saber que decir, mientras Escocia consigue otra botella de whisky estúpidamente vacía.

O... Quizás nadie le diera tregua. Sonríe aun a pesar de todo y mira a Escocia de reojo.

—Todo tiene sus ventajas —asegura girándose hacia Bélgica y cerrándole un ojo—. Pon mucha atención, Bel, porque ese mismo argumento puede que te sirva un día

—¿C-Cómo... llevas ese asunto, Escocia? —pregunta España de repente.

—No tan mal como te gustaría. Supongo que vas a tratar de convencerme de nuevo de que pare, ¿verdad?

Bélgica mira a Francia sin entender el comentario pero cuando va a preguntarle la interrumpe España. Se gira a mirarles porque el tema político le interesa.

—Uhh... Tema álgido —susurra Francia —. Puede que venga al caso ahora que Espagne se plantea dar algunas independencias...

—No, no... No voy a darle la independencia a nadie —insiste España. Escocia chasquea la lengua.

—Al final no importa lo que penséis vosotros, la libertad no se da, se conquista. Y no necesitamos ayuda de la unión europea en cualquier caso. Total, para un montón de gente que ni te escucha ni le interesa...

—Yo creo que es mucho decir que no te escucha ni le interesa... —Dios mío, Bélgica.

—Lo dices tú que concedes tantas audiencias desde el parlamento europeo que a estas alturas ni siquiera me conocías. Brindo por la política, la burocracia y la diplomacia a tu salud —replica son su sonrisa venenosa.

—Si no te conozco es que no te has parado por ahí a pedirla... —civilizadamente, piensa para sí —, como todo, esto es una cuestión de interés mutuo y hasta ahora, lo más convincente para ambos intereses es no apoyarles.

—Más bien pasar del tema y dar escusas. Pero por favor, sigue hablando, no me canso nunca de la palabrería insulsa.

España aprieta los ojos porque esto no le parece que vaya bien en lo absoluto.

—No es palabrería insulsa... es que por más que entienda tus intereses, no están por encima de los de la comunidad.

Francia suspira porque de todos los temas... este es el PEOR. Escocia pone los ojos en blanco, aburrido.

—Buena elección de acompañantes. Ardo en deseos de cumplir todo lo que me pidáis —sigue sarcástico.

—Desgraciadamente para ti, cher... mi elección y el desagrado que causa tu hermanito, aun no es lo suficientemente grande como para conseguir superar las barreras económicas logrando que apoyen tu causa. Trabajo en ello... te lo aseguro —hace un gesto con la mano.

—Entonces, me parece a mí que ya has perdido la batalla —replica escocia

—Sólo he dicho lo que pienso profesionalmente. ¿Qué le pasa a este tipo? — pregunta Bélgica a España fulminando al escocés, frunciendo el ceño.

—Sé de buena fuente que lo que hay que tener es paciencia. ¿Encontraste el whisky? —le pregunta Francia. España suspira y se encoge de hombros para ella.

—¿Por qué? ¿Quieres más?

—Para cómo van las cosas... es probable.

—Me lo he acabado, pero hay del que has convertido en zumito suave para los niños —empieza a abrir la botella de brandy.

—Puedes tomarte este si quieres, yo que soy niño prefiero zumito —le ofrece su copa, que solo tiene un pequeño traguito tomado. Le sonríe.

Escocia le mira fijamente un instante y sonríe de lado cambiándole el vaso. Francia se tranquiliza un poco volviendo a rozarle los dedos al tomar el otro vaso, y sacando un cigarrillo.

—Sabes que a mí siempre me han gustado las cosas de niña... —asegura abriendo su cajita de cerillos.

—Eso ya lo veo —le echa el humo en la galo arruga la nariz.

—Te llevas, te aguantas —protesta echándole el humo en la cara también, esperando a que le dé un trago a su vaso.

—No hagas eso, que tú no puedes hacer frente al desafío —sonríe retador el escocés.

—¿Perdona? —levanta las cejas dando un traguito a su cognac antes de llevarse otra vez el cigarrillo a los labios.

—Sí, qué otro remedio me queda que perdonarte —bebe un poco de su whisky sin desviar la mirada.

Francia le suelta el humo con absoluta dirección hacia los ojos a lo que el escocés los cierra y cambia el peso de pie humedeciéndose los labios y mirándole de forma más fulminante ahora. Sonríe de lado, vencedor.

—¿Estás buscando pelea? Vuelve a hacerlo y saldrás de aquí por esa ventana —la señala con la cabeza sin sonreír.

Francia se lleva el cigarrillo a los labios y le da una laaaaaaaarga calada y sin dejar de sonreír, se le acerca al oído.

—Dirás lo que quieras, pero aún siendo que no soy un hombre libre, me sigues dando besos... aunque sean indirectos. Eso no es pelea —susurra soltando el humo en el cuello.

—EHM... Francia... —le llama España con cierto tono, mitad riña mitad urgencia, mientras el escocés se sonroja pero aguanta la posición a base de fuerza de voluntad y un montón de orgullo—. Por qué no me acompañas a la cocina y vemos si preparamos algo de cena entre los dos, ya que Escocia ha tenido la buena voluntad de invitarnos a entrar...

Francia levanta las cejas ya con la mano dispuesta a rozarle el brazo. Se humedece los labios, completamente interrumpido a media caza de su presa, se gira a mirar a España con los ojos un poco desorbitados. España le mira de forma bastante intensa y hace un gesto para señalar a Bélgica con los ojos.

Escocia aparta la cara y hace una risita burlona, separándose y tomando un poco más de su vaso. Francia... se sonroja, pasándose una mano por el pelo.

—Oui. Cocina. Por favor procura incomodar lo más que puedas a Belgique, Alba... te lo agradecería mucho —susurra a trompicones sin mirar a ninguno.

Bélgica, a todo esto, frunce el ceño y se cruza de brazos.

—Me lo pensaré —suelta el escocés con un gesto vago.

Francia se ríe sin ningún humor sin saber si de sí mismo o del escocés o de la situación tan ridícula en la que están, yendo hacia la cocina. España se va tras él mirando a Bélgica de reojo con cara de circunstancias. Bélgica fulmina a España pensando que ahora además la dejan con el loco que se roba a Francia.


¡Gracias Josita!