Vamos a adelantarnos... Francia ya se fue con los otros dos luego de un señor drama que no vamos a contar porque… muy dramoso. A eso de la tea-time, suena el teléfono de la comuna Ancient.
—¿Hola? —contesta Helena después de varios timbrazos—. ¡¿HOLA?!
—Hello?
—Oh... ¡Te oigo! —hasta sorprendida.
—Ah, ¿por qué no ibas a oírme? ¿Tenéis problemas con el teléfono? Soy England ¿Está my mother?
—England! ¡Tú también me oyes! Qué maravilla estos aparatos.
—Ah... yes, te oigo perfectamente... eres... ¿Galia?
—¡Oh! No, no soy Galia, soy Helena, la madre de Grecia. England... El hijo de Britania, ¿verdad? El menor... El que es novio de France. ¿Cómo has estado? ¿Aún me escuchas?
—No soy... yo... France... ¿Está my mother?
—Sí, sí está... Deja la busco... ¿Puedo moverme, verdad? ¿Me seguirás oyendo? ¿O tengo que ir por ella? Perdona... Aún no acabo de entender del todo estas cosas.
—Pues... si no tiene cable sí, puedes moverte.
—No, no tiene... Es uno que puso Alemania, el hijo de Germania. Claro que tú ya sabes eso. Perdona, no creas que no la estoy buscando, estoy yendo a su cuarto. ¡No deja de impresionarme todo esto de la tecnología; nos hubiera encantado tener estas cosas! ¿Estás en casa hablándome desde allá? ¡Oh! Mira aquí está... Es England —se escucha la voz de Britania—. England me dio gusto saludarte, a ver cuando nos vemos... ¡Sólo me estoy despidiendo!
—Thank you, Hellen...
—Hello?
—Mum! It's me, hello.
—Oh, England! Hello!
—How are you? —sonríe Inglaterra.
—Fine... Voy para allá y tendré un coche nuevo pronto —asegura Britania.
—¿V-Vienes? ¿Un coche nuevo?
—Yes. El de Rome, pero voy ya para allá...
—¿Rome te ha prestado el coche?
—Rome me ha regalado su coche porque es un idiota.
—What?
—Es un idiota entonces tuvo que regalarme su coche. Creo que tengo que aprender a usarlo un poco mejor... ¿O crees que deba venderlo? Es el amarillo.
—Pero si casi no sabes conducir…
—Lo ofreció... No le iba a decir que no.
—¿Pero por qué? ¿Se le ha ido la olla?
—Ehm... Nada que me importe, va a irse a vivir con Germany.
—¿En Berlin? Why?
—No, no... A su cuarto.
—¿Eh?
—Con Germany. ¡Va a mudarle a su cuarto! ¡¿Qué es lo que no entiendes?! —riñe frunciendo el ceño.
—Oh... Germany father.
—Of course! —ojos en blanco—. En conclusión, voy a volver a casa.
—But... When you come?
—Si salgo hoy y voy en tren... no sé cuando llego. ¿Vas por mí? No sé bien como funciona todo esto pero no quiero ir en esos aparatos voladores.
—¡Pero tienes que cruzar toda Europa!
—Nunca he ido en esas cosas del cielo a solas...
—Pero si no pasa nada, de verdad, son muy seguras. No puedes venir con el coche.
—Y esos aparatos que son largos... ¿No se llaman trenes?
—Pero... es que en tren es cinco veces más lento...
—¡Pero va por tierra! Y yo... —Es que le da miedooooo y se conoce, como empiece a sacar chispitas y fuegos...
—Ok, Ok... ven en tren... —se masajea el puente de la nariz—. ¿Cómo es que vienes tan pronto?
—No voy a estar aquí mientas Egypt llora porque Germany se muda con Rome.
—What? —frunce el ceño—. Pensaba que ella no te caía bien...
—Claro que no me cae bien, justo por eso estoy harta de escuchar sus imbecilidades.
—Pero creía que te gustaba un poco verla sufrir... —Inglaterra no quiere que vengas, con perdón, te quiere mucho, pero le desesperas.
—Yes, but ya la he visto sufrir suficiente esta semana y voy para allá... ¿Vas por mí o no?
—Yes... Yes, of course —tono de "qué remedio", se pasa una mano por el pelo—. Llámame cuando sepas a qué hora llegas y a qué estación.
La chica hace los ojos en blanco.
—¿Cómo voy a casa de Alba si no puedo ir a la tuya?
—Eh?
—Si taaaaanto te molesta que vaya una semana antes, dime cómo ir a casa de Alba. ¿Puedo llegar en tren?
—Ah! Ah, of course, sólo cambiando de tren en la estación correcta.
—Y una vez que llegue, ¿cómo voy a su casa? —fíjate como tú eres el que tiene que ir por ella, por Albita ella va sola a su casa.
—¡Pues llámale y que te vaya a buscar! —protesta.
—¿Por qué nunca quieres ayudarme, England? ¡Siempre me estas poniendo pretextos para no ayudarme! —protesta la pelirroja.
—What? ¡Sólo digo que le llames!
—No, Thank you... Siempre tan servicial. Está bien, le llamaré —muy indignada... Te va a colgar si no le dices a que has llamado.
—OK, OK... llámame a mí cuando llegues ahí y te indicaré, no sé en qué estación vas a bajar para explicarte ahora.
—Thank you —más conciliadora —. ¿Para qué has llamado?
—Por dos cosas, en realidad...
—Yes?
—He cambiado algunos detalles relativos a Christmas.
—¿Qué detalles?
—El lugar. No cabemos todos en casa.
—Oh ¿Entonces?
—Iremos a Buckingham, con her majesty. All of us.
—¿A dónde, con quién? —ya sé que se lo has explicado ya pero aún no acaba por entrar.
—Estoy seguro que a my brother the independentist le encantará pasar las navidades in the royal palace.
—Yo no quiero pasar Navidades con no sé quien... Quiero pasar navidades con mis hijos.
—Estarán ellos también, mum, es el palacio de nuestra jefe de estado, es grande y reluciente y muy elegante. Y hay cuartos para todos...
—Me da lo mismo tu jefe de estado, ya la he visto en la televisión y me recuerda exactamente al... ¿Cómo le llamaban en nuestros tiempos? El César, eso es.
—No, the prime minister no, hablo de the queen.
—No acabo de entender como organizas la vida... ¿Vamos a poder hablar todos tranquilamente? — Claro, querida, como tú hablas siempre tan tranquilamente y nada histérica.
—Yes... más o menos.
—Mmmm... ¿Más o menos? —Inglaterra, si quieres que sea así dile que SÍ.
—Yes, no se podrá gritar ni insultar ni romper cosas ni nada por el estilo, ¿sabes?
—¿Qué tan imposible es que estemos en casa una tarde como cuando eran pequeños?
—No es imposible, pero para eso no podía ser en Navidad. Cuéntaselo a Scotland cuando le veas. De mi parte.
Britania gruñe un poco y hace los ojos en blanco.
—¿Qué otro cambio pretendes hacer?
—Eh? Ninguno...
—Ah, pensé que habías dicho dos.
—Ah, no, lo otro no. Es que no es un cambio, es algo que quería comentarte...
—¿Ahora qué?
—A Scotland le gusta una chica, la va a traer a cenar con nosotros.
—A Scotland le gusta una... ¿Quién? —fruce el ceño... Prepárate para la peor suegra.
—Belgium se llama. Seguro puedes preguntarle ahora que vayas a su casa.
—¿Y cómo es? ¡¿De dónde salió?! ¿Desde cuándo le gusta?
—No hace mucho pero a mí no me cae bien... es una fulanita y a ella le gusta France, estoy seguro.
—¡Oh! ¡Además le gusta TU novio y es una fulanita! ¡Seguro es una de estas que sólo le quiere por interés!
—Y se da aires así de Diva, créeme.
—¡Ahora que vaya va a oírme! ¡Y cuando la conozca aún más!— Bufa.
Inglaterra sonríe satisfecho.
—¡No es posible que ÉL, de todos ustedes, esté haciendo una estupidez como esta!
—Es lo que me han dicho, yo no sé nada seguro, mum. Pero conozco a esa chica.
—¡¿La conoces y sabes que es una bitch?!
—Yes.
Bufa otra vez.
—Qué bueno que me has dicho, England.
—Well, ya que me enteré, era lo mínimo.
—Thank you.
—Your welcome. Llámame cuando estés en Edimburg.
—Te llamaré. Thanks again!
Cuelga y va directamente con Galia por consejo, es que una ARPÍA se quiere robar a su niño.
—¡No vas a creer lo que me acaba de contar England! —irrumpe Britania en el salón.
Galia, que estaba besando a Germania, ¿quién sabe por qué? Se separa y le sonríe.
—Oh... —Britania se detiene al ver con quien está y que hace. Frunce el ceño y se sonroja.
—¡Britania! Estábamos viendo una película maravillosa —asegura—. ¿Quieres verla con nosotros?
Germania, que estaba muy animado ya, siserantrollsconél, se relame un poco sin enterarse bien, hombres mono canal y se va a besarle el cuello, suponiendo que es lo que quiere. Se queda PASMADO cuando ahora sí la escucha. A Galia ni le preocupa un poquito, dejándole hacer mientras mira a la británica.
—¿U-Una película? —mira a la tele aún con el ceño fruncido y luego a Germania—. But...
—¿Qué pasa? ¿Estás bien?
Germania, que tenía la lengua sobre el cuello de Galia, la guarda y gruñe, separándose un poquito. ¡Maldita sea con todos!
—Yes! Es que venía a contarte de Alba pero tú estás con... Este. Puedo volver luego.
La gala le acaricia un poco el brazo a Germania y le mira a ver que dice él. Más gruñidos, sonrojo y se separa por completo.
—... medio de algo, y... —Gruñido, gruñido—, siempre interrumpen... —gruñido—, mi cuarto.
—Gracias, quizás venga después —le hace un cariñito con el dedo. Germania FULMINA a Britania y... No se levanta. Por su parte es Britania que se acerca segura de que se irá, le mira de reojo al notar que no.
—¿Qué pasa? —pregunta Galia mirándoles a uno y otro.
—¡Que no se mueve! —acusa Britania. Germania está intentando pensar en cosas tristes, la mira de reojo y se sonroja más...
—Vámonos a la cocina —le pide Galia.
—Nein, Nein... Ya estoy —Germania entre dientes. Se levanta al fin, manos en los bolsillos, baja la cabeza... Camina a la puerta incómodo.
Britania sonríe burloncita y se acerca al sillón, sentándose en el lugar en el que estaba Germania. Roma está en tu cuarto, Germania, vas a ver cuando llegues ahora así… Galia se vuelve a ella sonriendo como sieeeempre.
—Es Alba.
—¿Qué le ocurre?
—¡Está saliendo con una TIPEJA!
—¿Ah? ¿No estaba con mi hijo mayor Austria? —no se entera de NADA.
—No, no... Está con el otro... Con el rubito que es idéntico a ti. Pero ese es England, y yo te hablo de Alba, del mayor.
—¡Ah! ¡El del pelo rojo que es como tú! No le he visto de mayor.
—Él, el del pelo rojo. Está grande y fuerte... —sonríe un poco—. ¡El idiota por lo visto que anda con una arpía!
—¿Quién es? ¿La conocemos?
—No, pero England sí. Se llama Bel... Algo. ¡Y sólo está con él por interés! ¿Sabes que le gusta tu hijo también?
—Ah, a todos les gusta mi hijo —sonríe.
—¡Pero es que no me estas escuchando! ¿Qué puedo hacer para separarles? —Ojos en blanco.
—Pues... si a tu hijo le gusta le romperás el corazón.
—¡Pero si no se lo romperá ella!
—Creo que tienes que hablar con él y convencerle.
—A Alba no se le convence de nada, Galia... Es necio como su padre —asegura... Y todos nos quedaremos con la duda de quién es su padre el necio, porque ni yo sé.
—Entonces asústala a ella.
—Oh... Esa es una buena opción. ¿Asustarla? ¿Amenazarla? ¿Con magia?
—Todas, supongo.
—Aún así no la voy a conocer hasta Navidad... A menos que este ahí con él ahora que vaya —frunce el ceño.
—Pues en Navidad será.
—Voy a ir a casa de Alba —la mira a los ojos.
—Creo que igual deberías hablar con él.
—Eso voy a hacer —asiente—. Me voy hoy. ¿Tú qué harás?
—¿Vas a ir en Navidad con Rome?
—Yes.
—Entonces iré contigo en año nuevo —tan fácil. Britania sonríe y asiente.
—¿Vas a ir con Austria en Navidad? —Galia asiente—. ¿Estás nerviosa?
—Un poco... ¿Y tú?
—England me dijo que no iremos a casa sino a no sé donde con la queen —se muerde el labio.
—¿Eso es una reina? ¡He visto en los cuentos, es muy bonito!
—¿Por qué te parece bonito?
—Porque es elegante y brillante y las reinas siempre son bonitas.
—Pues yo he visto ya a esta y tú eres mucho más bonita —niega con la cabeza—. Yo lo que creo es que England va a regañarme todo el tiempo por todo lo que haga —frunce el seño.
—Bueno, pero sabes cómo ignorar las riñas...
—Completamente. Además estará Alba que siempre ayuda a la causa —se ríe un poco—. Ya te contaré... —vacila un poco—. ¿Me ayudas a elegir ropa?
—¡Claro, tienes que vestirte como una princesa!
—Ya sabes que eso es realmente complejo...
—¡No! Vamos a pedirle ayuda a Rome.
—A... Rome? No, no... Wait.
—¿Por? —carita adorable.
—¿Qué le quieres preguntar? —pregunta nerviosita.
—¡Pues como va a vestirse él!
—¡Ahhh! Quieres saber cómo se viste él para... —se sonroja—, ¿qué me vista yo? Eso suena tan... —De pareja, piensa para sí.
—¡Claro! Para que vayas a conjunto con él, es tan romántico —se levanta tirando de su mano.
—¡Galiaaaa! ¡No lo llames romántico! —protesta... Levantándose tras ella.
Galia tira de ella igual... No. Es que la pelirroja a Galia en general no le niega muchas cosas así que, pese a todo, va a irse tras ella a preguntarle a Roma lo que sea. Lo que Galia sabe es que Roma le está haciendo el vestido y Britania va a morirse de la vergüenza cuando lo sepa... Aunque secretamente va a gustarle un montonal.
Lo que pasa es que si Germania ha llegado al cuarto que comparte con Roma, donde él estaba leyendo... Y viendo un partido de futbol a la vez... puede que ahora estén un poco ocupados. Por eso Britania se quiere ir... No la culpo demasiado.
Así que Roma mira a Germania de arriba abajo cuando cruza la puerta del cuarto, levantando la vista de su libro. Germania que sigue refunfuñando un poco, no vamos a negarlo, aunque le mira de reojo con cierto brillito lujurioso.
—Ave... ¿Qué pasa? —le mira poniendo el punto de libro en el lugar.
—Las mujeres son imposibles.
—¿Qué te han hecho? —porque algo me le hicieron.
—Otra vez. Estoy a la mitad de algo con Galia y le sale algo mejor que hacer —protesta.
—¿Algo mejor? —deja el libro y se levanta—. ¿En mitad de qué estabas?
—Estaba... —sonrojito—, e-estábamos en el sillón, viendo una película.
—¿Y? —se le acerca.
—Llegó Britania y se puso A LA MITAD a hablar con ella.
—¿A la mitad de qué? —sonrisita, le pone las manos a la cintura. El germano lanza un bufidito.
—Si te vas a burlar de mí, desaparece —murmura no muy agresivo.
—Ah... no te gusta que me burleeeee —se acerca y le da un besito en la mandíbula.
—Pues no, menos aún cuando pasan cosas... Tontas como esto —carraspea y traga saliva porque está cercaaaa.
—¿Y qué vas a hacer ahora? Frustrado... Necesitado... Insatisfecho... —le acaricia con las manos bajando siguiendo la línea de la saliva otra vez.
—N-No lo sé... Voy a... —se agacha un poco al frente, nervioso.
—Ajaaa... —otro beso.
—Mmmm... —susurrito.
El romano entrecierra los ojos, sonríe de lado, le mordisquea y mete las manos en sus pantalones. Germania da un brinquito.
—Es no me responde a nada —susurra con los labios en su cuello.
—¿Qué haceeees? —es que sigue sin estar completamente flácido querido... Así que tus manos no ayudan en NADA. Otro brinquito, traga saliva, escalofrío—. ¿R-Responder qué?
—¿A qué vas a hacer con esto? —le toma su asunto no del todo flácido con una mano, con delicadeza.
—V-Voy a... No me... Ehm... —cierra los ojos.
—¿Vas a qué? —sonríe y le abre los pantalones para poder mover la mano con más facilidad.
—P-Pensaba ver... Dejar de... Ehm... Ahhh... Si haces eso no voy a poder...
—Bien... —quita la mano y le da unas palmaditas en el pecho—. Igualmente me gusta tenerte medio excitado sin que... acabes. ¿Qué ibas a ver?
—Waaaas? Nein! —Protesta frunciendo el ceño—, pero... ¡Pero!
—¿Pero, pero qué?
—Estábamos... Estabas... —Cierta severa fulminación.
—¿Ajá? — Cierta sonrisita altiva. Frunce más el ceño.
—¡Ah no, tú no me vas a saltar ahora también con que eres un calienta huevos!
—Tú me has dicho que si hacía eso no ibas a poder... quién sabe qué.
—No iba a poder sentarme a ver tele hasta relajarme, pero no me jodas —empujoncito y sonrojo.
—Podemos poner una película porno. Se ha vuelto a colar una en las que manda tu hijo.
—No necesito una película porno, Rom —asegura tragando saliva y mirándole de arriba a abajo.
—¿Y qué necesitas?
—Pues... Es que... —murmura humedeciéndose los labios dando un pasito hacia él.
—¿Ajá? —se vuelve a tumbar en la cama.
Le detiene de la cintura antes de que se tumbe. Roma le mira de reojo, sonriendito.
—Nein, esto es tu culpa también —le aprieta un poco contra sí clavándole la... Cosa... En la pierna.
—¿Qué culpa tengo yo?
—Pues estabas con tu mano haciendo... cosas y... —le hunde un poco la nariz en el cuello dándole un besito.
—¿Y te estaban gustando tanto que no quieres que pare? —Sonríe levantando la barbilla para dejarle camino libre.
Recibe sólo un gruñido como respuesta, aunque no para detenerlo, al contrario, le besa con claras intenciones. El latino se ríe y cierra los ojos abrazándole también y el germano sonríe un poco también, relajándose y buscándole un beso en los labios, inclinándole sobre la cama para acostársele encima. Y Roma se lo devuelve, dejándose caer.
—Ahora vas a ver... Lo mucho que... —empieza a pelearse con sus pantalones para bajárselos.
—¿Lo mucho que qué? —sonríe el latino levantando el culo y moviendo las caderas para ayudarle a quitárselos.
—Me gustas —susurra abrazándole posesivamente.
Roma se detiene un momento mirándole a los ojos un poco sorprendido dejando de sonreír y le abraza con mucha fuerza.
—W... Was... —susurra suavemente, abrazándole también.
—Me gusta mucho que me lo digas —confiesa negando con la cabeza para que sepa que no pasa nada.
—¿Que me gustas?
—Y que me quieres —asegura en un susurro.
—No te lo digo casi nunca — Sonríe un poco aunque se sonroja.
—Lo sé... —se le esconde un poco.
—Hoy no lo odio... —Sonríe y Roma le devuelve la sonrisa—. Hoy te quiero —asegura satisfecho con ello, acurrucándose un poco.
—Y yo a ti —busca para besarle y Germania le besa de vuelta con gaaaaanas, sonriendo un poco muy gustoso.
Y eso. Gracias Josita.
