Tocan la puerta de casa de Escocia. Me parece que no hay nadie. Britania toca unas cuantas veces más hasta que se harta y, lo siento, vuela la chapa de la puerta con una poquita de magia, porque hace un montonal de frío.
No hace tanto desastre de cambiar todas las cosas de lugar... Como haría en casa de Inglaterra. Bueno, igual está todo desordenado, quizás puedas hasta hacer limpieza. Sin embargo, sí busca algo que comer por ahí y al no encontrar NADA, hace los ojos en blanco y recoge como sieeeeeempre tooooda la basura de la casa.
Lo bueno es que ahora más o menos sabes lo que es basura. Que sepas que vas a encontrar revistas guarras por ahí (Mira un poco las revistas, sonrojándose bastaaaante con algunas guarradas) y más te vale no tirar nada que le guste. Le hace una montaña de revistas, más o menos tira todo lo que parece que tiene comida... Y las cosas asquerosas con LAMA y hongos que había por ahí dentro de una caja de pizza, los hombressonunosguarros.
—La puta que os pario, cabrones, más vale que no sigáis aquí dentro —se oye una voz grave y ahogada, enfadada, en la puerta. Britania saca la cabeza de la cocina, con la escoba en la mano, los pelos parados y un poco enredados.
—Ningunos cabrones... ¡Soy yo! —le grita caminando hacia la puerta.
—What the... what the hell? —protesta al reconocer la voz y al verla.
—No estabas... Y no me quería congelar afuera. Ni me protestes además porque ya he recogido la mierda que tenías aquí.
—¿Y quién te ha dicho que fuera mierda? —pone los ojos en blanco pero sonríe un poco, al menos ha estado limpiando y no va a tener que hacerlo él.
—Era mierda a menos que cultives Lama ahora —le sonríe.
—No! ¡Mi penicilina casera! —Gesto dramático, deja sus bolsas en la cocina—. ¿Qué haces aquí revolviéndolo todo, igualmente?
—Vine a quedarme contigo unos días —explica suavemente y le mira, es casi una petición.
—What?! Why in the hell? —ceño fruncido.
—No... No quería estar en casa y, Ehm... Bueno...
—Why not? —empieza a sacar las cervezas de las bolsas, metiéndolas en la nevera.
Luego busca en las bolsas, saca una bolsa de patatas fritas, abriéndola y empezando a comérselas mientras literalmente mete el resto de lo que hay en las bolsas de plástico a puñetazos en un armario, sin ordenarlo. La chica se sonroja y le ayuda a acomodar algunas cosas en el refrigerador, sin querer mirarlo.
—Germany y Rome se mudaron juntos a un cuarto y aunque a mí me da exactamente lo mismo... —carraspea poniéndole una mano en el brazo para quitarle de ahí e intentar organizarle las cosas, si se deja —, las otras chicas de la casa están haciendo un drama.
El escocés hace los ojos en blanco y se aparta aun comiendo.
—¿Sólo por eso? ¿Y por qué no te vas con tu favorito?
—No me molestes con eso, idiota... ¿Qué crees que hago aquí?
—Yes, yes... of course. Así que por fin te das cuenta que tu novio es un capullo. Qué sagaz —le tiende la bolsa de patatas—. Un imbécil menos que soportar en Navidad.
—Va a venir con nosotros a navidad igual... —susurra avergonzándose un poco más—, y no es mi novio.
—Ah, qué bonita estampa navideña, ya me imagino. Tus hijos insultándose, el capullo que te asesinó, su novio el atontao y tú ahí en medio disfrutando de unos preciados momentos de valor inestimable.
—No va a venir Germania, Alba —asegura tomando una papa de la bolsa que sostiene su hijo y organizando un poco mejor el refrigerador—. Vamos a estar sólo nosotros.
—Aun así es el capullo el que me sobra. Más vale que pienses como vas a arreglarme la puerta.
—¿Quién pensaste que estaba adentro?
—El hada de los dientes.
—¿Qué hada es esa? —cara de genuina curiosidad.
—La que les compra a los niños sus dientes de leche con una moneda.
—¿Hay un hada que hace eso?
—Y yo qué voy a saber, la mitad de mis dientes de leche me los comí.
—Tan bestia desde pequeño —sonríe de lado y cierra el refrigerador, sin necesidad de patadas, le mira e inclina la cabeza.
—¿Qué se le va a hacer? Salí a my mother —se encoge de hombros.
—Nada. ¿No puedes tú arreglar la puerta? No sé si con magia pueda...
—Puedo, ¿pero qué te enseñaría eso sobre "el que rompe paga"? Ya es bastante que te esté dando refugio sin permiso en el último bastión de las gentes libres sólo porque huyes de nuestro enemigo común.
—¿Sólo por eso? ¿Qué hay del amor eterno a tu madre? — Sonríe un poco más.
—Sácame de quicio o da por culo sólo un poco y tendrás que ir al sur a buscar de eso.
—Vale, vale... No te sacaré de quicio ni haré nada...—Suspira.
—Bien —sonríe.
—¿Quieres cenar algo? Tengo dinero... Puedo comprar la cena.
—Estoy cenando —le muestra las patatas.
—Más cena... ¿Eso es todo lo que vas a cenar? —Levanta las cejas—. Alba vas a morirte de hambre.
—Yes, a ver si consigo que sea antes de tener que ir a las cosas que organizáis.
—A ti sí que te gusta el dramatismo, Alba —se ríe.
—A ver... dígame que es lo que cena la princesa ahora que vive en las soleadas tierras sureñas.
—Cosas... Cosas que hacen todos los demás. Nada decente ni de esas cosas que nos gustan.
—¿Qué es lo que te gusta de lo que has probado?
—Galia hace algo con espinacas, alcachofas y... Esas bolitas rojas, tomatos. Hace algo con crema que se pone sobre un pan...
Escocia la mira fijamente escuchándola. No es que ella no ponga atención a las recetas.
—Pero es dificilísimo de hacerse...
—Bien, haremos otra cosa incluso mejor. Sacaremos de las bolsas que he traído bocadillos de jamón para el microondas y... tendrás que conformarte. Ya verás que delicia.
Britania sonríe sinceramente.
—Estoy segura que me gustaran mucho... Comida de casa es mejor que comida sureña.
El escocés la mira y por un instante querría poder hacerle algo mejor que bocadillos envasados preparados. Suspira y se encoge de hombros sacándolos de donde los ha guardado.
—¿Los platos están en la alacena? Te ayudo a sacarlos... ¿Qué hay de beber? Beer?
—Ni siquiera estoy seguro de tener platos —saca un par del armario, polvorientos—. Están en la nevera.
—Platos... Bueno, cosas peores hemos comido en lugares sin plato —sonríe abriendo la nevera.
Igual emplata los bocadillos, sonriendo y los mete al microondas en el mismo proceso exacto en el que cocina cualquier otra cosa. Igual de tiempo y potencia. Más o menos caliente dependiendo del tamaño.
—¿Cenas aquí?
—Here, where?
—No, no sé... ¿En la barra? ¿Dónde sueles comer? —pregunta sonriendo sinceramente, contenta de estar aquí con Escocia a solas.
—Ven, vamos al sofá —Escocia le hace un gesto con la cabeza para que le siga. Ella siente llevando las dos cervezas tras él.
—Si consigues ver debajo de toda la basura, tu casa es bonita y acogedora...
—Para eso está la basura, no quiero que lo sea demasiado y la gente venga a apalancarse.
—A propósito es... Claro.
Él sonríe de lado y le mira de reojo mientras se deja caer. Ella se sienta a su lado y le sonríe de reojo.
—¿No quieres poner otro tronco en la chimenea? Aún hace un poco de frío.
—Ponlo, están ahí —le pasa su plato. Britania le da una mordida a su bocadillo y se levanta.
—England te manda decir... —empieza buscando un tronco que le guste.
Escocia bufa sólo con eso haciendo los ojos en blanco y encendiendo la tele para que esté de fondo mientras le da un trago a su cerveza.
—... Que no cabemos en su casa para la Navidad, así que ahora será... en... —lo piensa—, otro lugar, no recuerdo el nombre, pero es con su dichosa queen.
—What? —la mira incrédulo.
—Eso me ha dicho... Ya le he dicho yo que es mala idea, esa mujer no me agrada.
—A nadie le agrada más que a él y a Cymru.
—Me parece que está haciendo lo posible para que NO te presentes en Christmas... —se sienta otra vez a su lado después de avivar las llamas.
—Ni siquiera tengo ganas de ir realmente, debería convencerte a ti.
Le da otra mordida a su bocadillo y lo mastica en silencio.
—Todos han hecho reuniones con sus hijos... No pensé que fuera tan complejo hacer una cena con los míos...
—Los tuyos no son una familia feliz. No me digas que no te lo esperabas.
—No pensé que no se sentaran a cenar al menos una vez al año.
—Why not?
—Pues pensé que lo harían sin tanto drama. Ahora veo que tú y England no se pueden ni ver... —le da un trago a su cerveza—. Aún así quiero verles a todos juntos.
—No sé para qué.
—Ver como crecieron... Uno al lado del otro y en comparación —sonríe un poco y suspira desviando la mirada y sonrojándose—. Y... Bueno, nunca está de más el mostrarle a Rome que mis hijos también lo hicieron bien.
—No crecimos uno al lado de nadie, England ni siquiera es capaz de hablarme.
Britania se humedece los labios y le mira a los ojos.
—Why? —pregunta sin entender del todo—. Sí, es verdad que no se llevaban bien, pero eran cosas de niños. Debían crecer y llevarse un poco mejor...
—Pues... No pasó. Se empeña en tratar de ordenarme hacer cosas y yo me empeño en que se entere de que no puede ordenarme —se encoge de hombros, aunque sabe que no es eso.
—¿Y eso es todo? —otra mordida al bocadillo.
—¿Qué más iba a ser?
—No lo sé... Yo también intentaba decirte que hacer y tú hacías exactamente lo mismo conmigo... Y aún así no funcionaba tan mal.
—Supongo que soy menos reacio a considerar a my mother como una figura con cierta autoridad que a my little brother.
—Es muy mono... Y ridículamente controlador. Cuando viví en su casa de todo intentaba regañarme —se ríe.
—Se parece a ti en eso —la ve sonriendo de lado.
—¿Yo? Yo no regaño por TODO —ya, claro.
—A mi no, ya te enseñé bastante bien como es que eso conmigo no funciona.
—Sí que funciona... Sólo hay que ser persistente y pasar muchas horas buscándote en el bosque —sonríe y niega con la cabeza.
—Ya me contarás en que beneficia eso.
—En nada... Ni siquiera así aprendiste a tirar la basura.
Sonríe orgulloso. La británica toma aire, traga saliva y se recarga en el sillón.
—Y... Sales con... —carraspeo—, ¿sales con alguien?
—¿Cómo? —la mira tomado por sorpresa.
—Sabes... —sonrojito—, una novia o algo así...
—¿Te refieres a algo como tú con el capullo?
—Yo no tengo nada con Rome —Ojos en blanco.
La mira con cara de circunstancias, ella carraspea.
—A-Algo parecido... —frunce un poco el ceño al verle la cara, inclinando la cabeza sin entender la expresión.
—No, soy un hombre libre, no me interesan esas mierdas. Siempre acabas teniendo que dar explicaciones y cumpliendo expectativas que rara vez son compensadas. Es una constante decepción. Mira dónde estás tú a causa de ello.
—No estoy en ningún sitio a causa de nada —responde frunciendo el ceño y apretando los ojos.
—Lo que tú digas...
—Que hay de esta chica... Belgiland?
Escocia levanta las cejas y se tensa aguantando la respiración intentando convencerse para que nada lo delate. Los ojos de mamá te están mirando fiiiiijamente. Se humedece los labios y se sonroja uuuuun poquiiiito. Traga saliva y aparta la cara.
—¿Qué con ella? —Falló. Britania levanta las cejas.
—Te gusta —Sí, afirmándolo.
—Bueh... —se encoge de hombros y se sonroja un poco más.
—No tendría ningún inconveniente si no me hubieran dicho algunas cosas...
—¿Inconveniente?
—¿Por qué no me cuentas de ella?
—Me hace gracia lo que dices, ¿qué te han contado?
—Prefiero que me cuentes tú sobre... Ella.
—No hay nada que contar —pone los ojos en blanco.
—¿Ah no? No es una... ¿Mujer indecente?
—¿Cómo voy a saberlo? Ojalá lo fuera —sonríe.
—What?!
—Tendría alguna gracia, por lo que sé sólo es algo así como la anfitriona de las reuniones europeas y cosas igual de aburridas.
—Y una mujerzuela que sólo te busca por interés.
—Ah... ¿Me busca? —trata de sonar lo más desinteresado posible.
—¡Pues eso dicen! ¡Y que es una arpía!
—¿Y?
—¿Cómo que "y"? ¡No quieres salir con alguien así! Mujerzuela, arpía...
—Ni siquiera planeo salir con ella, pero podría planteármelo sólo por ver cómo es que lo es.
—¡No! ¡No te lo plantees! Puedo asegurarte que puedes conseguirte a alguien mejor.
—¿Ah, sí? —sonríe divertido.
—¡Pues sí! Eres bien parecido, inteligente, divertido.
—Ah, supongo que podría conseguirme a alguien guapo y sin escrúpulos que se acostara con medio planeta e intentara asesinarme...
La chica se sonroja.
—No es eso lo que he dicho... Sólo me parece que... ¡Esta es una tipejaaa!
—Creo que justo eso es lo que más me gusta... ¿frustrante, eh?
—¡¿Pero cómo te va a gustar que sea una tipeja?!
—Pues igual que a ti te gusta el asesino.
—¡No es lo mismo! —una pausa—, ¡Y no me gusta!
—No, de hecho no es lo mismo porque yo no planeo nada con ella. Pero ya que sacas el tema, vendrá en Navidad.
—¡Yo no hago nada con nadie! ¡¿Y cómo me dices eso y luego me saltas con que va a ir en navidad!?
—¿Y?
—¡Sí planeas algo con ella y no te estás cuidando!
—Sólo la he visto una vez en privado y la invité a venir a cenar porque odia a England, no es como para hacer drama —hace un gesto con la mano—. No planeo nada más.
—No tienes... ¿vida íntima con ella? ¿No es tu pareja y estás perdidamente enamorado de ella? —Parpadea.
—What? —levanta las cejas y se sonroja un poco porque... no es que no tenga... vida íntima con ella. Sólo que ella no lo sabe. Es lo que tienen las fantasías, pero enamorado desde luego no se siente exactamente, (por ahora) comparándola con Francia.
Le mira con los ojos entrecerrados ooootra vez.
—Bloody hell! No tienes que contarme esas cosas —protesta sonrojadita también.
—Estoy hablando en serio, sólo la he visto una vez —se sonroja más sosteniéndole la mirada y frunce el ceño.
—¡Vale, vale! Dile que no venga a navidad entonces y olvídate de ella.
—No.
—Why?
—Porque es lo que quieres que haga —se encoge de hombros y sonríe.
Britania hace los ojos en blanco.
—Bloody... —bufido aprieta los ojos—, parece que no te conozco... Deberías salir con ella y... Juntarse para siempre y tener hijos. ¡Eso es!
—Quizás lo haga —se enciende un puro al acabar de comer y se ríe.
—What?! Albaaaa!
Él se ríe más y ella sonríe un poco inevitablemente.
—¿No hacías todo lo contrario? ¡Sólo quieres molestarme! ¡Sigue y te jalaré las patillas como de pequeño!
Y le echa el humo a la cara, sonriendo. Britania tose un poco y le da un golpe en el brazo.
—¡Advertencia final!
—¿Crees que puedes siquiera atraparme?
La chica le mira levantando una ceja.
—¿Vas a huir a dónde? A tu cas... oh! Que no puedes huir a tu casa porque es ESTA —sarcástica.
—No planeo huir, planeo detenerte.
—¿Cómo? Soy tu madre, recuerda que no puedes golpearme —se lo dijo a los cuatro miles de veces por si se les ocurría. Nunca se les ocurrió... al menos no a propósito.
—Inténtalo y lo verás —se encoge de hombros, sonriendo retador.
— No me retes, Alba.
Y sonríe vencedor. Ella hace los ojos en blanco, pone su plato vacío en la mesa junto a su cerveza, le mira de reojo y se le echa encima con plena intención de tirar de sus patillas como hacía con los cuatro de pequeños. El escocés que se lo esperaba sostiene el puro con los dientes y levanta las piernas apoyándoselas en las ingles y levantándola, sonriendo más.
— Ahhhhhhh! Aaaaaaaaalba! ¡Bájame en este instanteeeee! —chilla. Él se ríe más sacándose el puro de la boca y dejándolo en el cenicero, sin bajarla —Alba! ¡Deja de hacerte el idiota —patalea un poco y le mira con el ceño fruncido —bájameeeee!
Flexiona las rodillas y la hace bajar un poco. Ella le mira a la cara y suelta un gritito con la flexión... Y se le escapa una sonrisa como casi cada vez que le riñe a él. Escocia se ríe y la vuelve a sentar. La chica se ríe un poco y niega con la cabeza.
—¡Tan incontrolable como siempre! —protesta.
Recupera su puro y se encoge de hombros. Britania levanta la mano y le hace un cariño en la oreja... o intenta. Uno de esos que después de ser adolescente no se deja hacer nunca. El pelirrojo aparta la cabeza por reflejo pensando que vuelve a intentar atraparle.
—Ehm... — Se muerde el labio y quita la mano.
—Ya te he dicho que no me atraparías.
—Ya veo que ni para hacerte un cariño... — Sonríe otra vez.
—¿Tú sabes hacer eso? —finge sorprenderse. Le saca la lengua y se cruza de brazos, él se ríe.
—¡Claro que sé! Eres tú el que eres peor que un cardo.
—Nah, peor no, eso sería con alevosía.
—Pues eres un cardo, por eso nunca te hacia cariños —sonríe.
—Excusas.
—¡No es excusa! Mira... —le acerca la mano, él se tensa pero no se mueve.
Ella parpadea y le pone una mano en la mejilla y él se deja sin apartarse. Sonríe un poco, de lado, sorprendida, mientras le acaricia hacia la oreja. Él la mira de reojo mientras lo hace.
—Tienes las orejas iguales desde que eras un bebé —susurra, maternal.
Y a Escocia le tiembla un mini segundo el labio y aparta la cara de su mano, girando la cara. Ella se queda un segundo con la mano al aire antes de tragar saliva y sonreír victoriosa.
—¿Ves?
Suelta el humo sin mirarla y sin sonreír, sin decir nada. Ella le mira, tratando de suponer lo que puede estar pensando.
—En fin... —no la mira todavía, porque por muy fuerte que sea, sigue siendo su madre, la que perdió demasiado pronto y necesitó muchas veces.
—Me alegra estar aquí... ¿Quieres otra cerveza?
—Claro, ¿por qué no?
La británica se levanta llevando los platos a la cocina yendo por un par más y pensando brevemente en Bélgica. Sí... sin duda iba a hacerle una vida de infierno en navidad. La malignidad en persona. Escocia debe escuchar el "muajajaja" desde la cocina.
La peculiar relación de Escocia con su madre... todo el mundo carraspeamos al respecto. ¡Gracias Josita!
