Así que, a medio dia del 24 de diciembre, suena el timbre en casa de Francia. Y un poco más tarde Francia con cara de cansado, en pantalones suaves, camiseta, mandil y crocs abre la puerta.
—Ave! —Roma abre los brazos hacia él.
—Papa! —sonríe abrazándole.
Él le abraza de vuelta y le da un beso en la mejilla, riendo, hasta levantándole un poco del suelo.
—¡Que sorpresa que estés aquí! —se ríe también, contento, dejándole hacer y abrazándole con fuerza de vuelta.
—¡En realidad vengo a buscarte para que me acompañes a casa de Angliterra, ya te dije que vendría por ti!
—Oui, pero pensé que vendrías más tarde... ¡Y con Britania! ¿Dónde la has dejado? —pregunta dándole un par de besos en las mejillas y buscando a ver si Britania no estará por ahí.
—Ah, no, no, ella fue con Scoti hace unos días y dijo que nos veríamos ahí... ¿Estabas cocinando? —huele el ambiente. Francia levanta las cejas.
—O-Oui, Oui... Pasa. Estoy terminando nueces caramelizadas y una de las reducciones para el pavo... Que ahora que todo va a ser tan... Monárquico, prefiero comer algo bueno antes de ir para allá —protesta como lleva protestando desde que se enteró, aunque en el fondo no le disguste completamente tanta pompa. Le hace pasar—. ¿Así que se fue con Alba?
—Oh, huele excelente —le sonríe entrando y quitándose el abrigo—. Sic, quería pasar unos días con él, aunque me temo que puede ser por algo relacionado con los cambios en casa... supongo que en unos días se le pasará y más si voy ahí con ella.
—¿Quieres un poco? Puedo prepararte un plato —sonríe encantado abriéndole la puerta del armario de abrigos y sacando un gancho para colgarlo—, al fin quizás nadie se lo coma —agrega entre dientes—. ¿Qué cambio en la casa?
—¿Cómo que nadie lo coma? ¿Y tú?
—Ah, yo... oui. Pero no es lo mismo —se encoge de hombros entrando a la cocina delante de él yendo directamente por un plato.
—Entonces claro que me encantaría compartir contigo —se ríe poniéndole las manos en los hombros yendo tras él—. ¡La misma duda ofende si justamente he venido antes de comer expresamente!
Pone el plato al lado del suyo, que estaba a medio servir y empezando a agregar cosas en él con mano experta.
—Hay vino, saca una copa de allá para ti —le señala donde. Roma sonríe mirándole hacer.
—Voy —responde mirándole un instante más, porque aunque él sabe cocinar, sabe que su hijo sabe cocinar mucho mejor y nunca pierde la oportunidad de aprender cosas nuevas —. Me encanta ver como haces esas cosas.
Francia levanta la vista y le sonríe cerrándole un ojo.
—Me encanta hacerlas... es relajante.
—Eso he notado, creo que por eso es tan absorbente mirarte cuando las haces —asegura sacando su copa.
—Puedo estar horas. ¡En realidad creo que llevo horas, no sé ni qué hora es! —cae en la cuenta mirando el reloj de reojo—. ¿Cómo va todo en casa fuera del... "cambio"?
—Bien, bien en realidad, las chicas están viendo cosas de la reforma y están bastante emocionadas. Y tu madre... —niega con la cabeza—. Nunca he estado seguro de en qué piensa.
—No molestes a maman... —la defiende un poquito, poniéndole el plato enfrente—, sólo es un poco soñadora. ¿Germania está más contento?
—No la molesto —sirve las dos copas —. Lo que ocurre es que Germania está intentando algo con ella y ella no se está enterando, me parece a mí, así que él acaba frustrado.
Francia se muerde el labio y sonríe de lado, porque por más que sea su madre, a él quien le gusta para su padre es Germania y no le hace tanta ilusión que esté intentando irse por otro camino.
—No sé si creer realmente que maman no se entera... por lo que he hablado con ella tiene el sexto sentido perfectamente puesto donde debe.
—No me malinterpretes, mejor para mí —le tiende su copa y se sienta donde le ha puesto el plato—. Pero me sabe mal que sean infelices con esas cosas, quisiera que se quisieran.
Francia sonríe.
—A mí me gusta Germania contigo más que con nadie más... —se encoge de hombros—, pero entiendo tu punto, especialmente si a Germania va a darle la sensación de que no sólo no le sale contigo bien, sino no le sale con nadie.
—Quizás no es tanto que no se entera como que no presta la atención suficiente porque no le interesa. Aun así le he tenido que asistir un par de veces que me lo ha dejado a medias —bebe un poco.
—Oh, mira que... conveniente —se ríe—, mon dieu... no pensé que maman fuera del tipo dejar a la gente a medias. ¿Qué tan interesado está Germania en ella?
—Sé que ella le parece bonita y sé que quisiera tener una relación más cercana... pero me parece que no sabe ni cómo hacerlo —empieza a comer.
—Mejor para ti, aunque te dé tristeza que no se quieran y aunque le frustre un poco a Germania... consiéntele y estará bien —asegura comiendo también—. ¿Ya estás listo para que te intenten asesinar los hijos de Britania?
—Non, non, por supuesto —se ríe—. Pero a veces me darían ganas de explicarle un poco más qué hacer —suspira. Germania sostiene que no lo hace TAN mal—. En fin... ¡Esto está muy bueno! —asegura—. Y sobre los niños de Britania, espero que me ayudes a controlarles, para eso voy contigo, ¿no?
—Ay papa... a estas alturas creo que vamos a tener que ayudarnos mutuamente —niega con la cabeza levemente preocupado con que vaya Escocia y todo eso, sonríe —. Aunque te tengo el chisme de que Écosse y Belgique... *insertar tooooooda la explicación posible*
Roma levanta las cejas y se ríe escuchando tooooda la explicación, mientras come. Y no es sino hasta unas buenas horas más tarde que consiguen salir de casa con Francia y sus maletas, sí, en plural, para tener el atuendo apropiado para ir a una cena en Buckingham.
Y por lo visto van en el coche de Roma y van a llegar el mismo día. Sí, claramente en el coche de Francia no van... no sabe ni donde está, como siempre.
xoOXOox
Suena el timbre de casa de Inglaterra esta vez... Más bien, alguien se queda pegado en el timbre en casa de Inglaterra... y se empieza a escuchar el sonido de la chapa donde claramente alguien está abriendo ya con sus propias llaves.
Pero el inglés no está en la casa, Uuuuuuyyyyyy. América entonces abre la puerta y grita "Iggggyyyyyyy!", empujando a Canadá adentro de la casa.
Inglaterra, que está en el jardín con Morning Star cree oír algo dentro de la casa.
—Ja! ¡No está! Eso puede ser útil... tengo unos de los micros por aquí que ya no sirven... y querría instalar unas... ehm... cosas... je! —Estados Unidos mira a Canadá y sonríe.
Canadá levanta una ceja mientras se quita su bufanda. El niño ni siquiera se quita del todo la ropa de invierno, empieza a sacar cosas de su backpack, aprovechando el momento con su carilla de falsa inocencia.
Para cuando el inglés entra desde la cocina, debe encontrar al americano con las manos en la masa. Sabes... arriba del sillón, con el pie sobre una revista para no poner lodo sobre el brazo, haciendo sospechosamente algo en ese agujerito en el techo...
—America!,
—Ahhhh! —da un saaaaalto, bajándose del sillón y lanzando el desarmador detrás del sillón de manera bastante obvia.
—What are you doing?
—Nothing! Nothiiing! NosabíaquenoestabasencasabutIamdoingnothing! ¡No contestabas! Y hace frio afuera y... Canadá abrió.
Inglaterra mira a Canadá de reojo cuando se lo señala.
—Estaba preparando el establo para Morning Star.
—Ohhh... yes, sure, the hallucination —América se ríe acercándose a él igualmente, guardándose lo que parece una camarita en el bolsillo de la chamarra —. How are ya, man?
—Fastidiado con todo este bloody asunto of the hell —protesta frunciendo el ceño.
—Come on, man, no te fastidies! Sólo son navidades con más gente —se quita el gorro anaranjado y se lo pone al inglés en la cabeza.
—No sólo es más gente, ni siquiera podremos hacerlo aquí —protesta, aunque igual tiene ya el árbol montado (sin estrella).
—¿Cómo que no vamos a hacerlo aquí? —si alguien le dijo en algún momento... quiero aclarar que estaba demasiado distraído como para enterarse, si se lo dijeron doce veces... estuvo las doce veces distraído—. ¿Entonces a qué vinimos? ¿Dónde va a ser?
—Va a ser aquí, pero en Buckingham. ¿No se lo has dicho? —riñe un poco a Canadá, al menos eso demuestra que le ve—. Yo mismo te lo dije por teléfono —riñe ahora a America cruzándose de brazos.
—En... en... Buckingham?! Whaaat?! Noooooo! —berrinche, ignorando la riña, claro está.
—Yes, porque eso va a fastidiar a Scotland, que quiere fastidiarme a mí, así que espero que hayas traído el traje de gala como te pedí.
—Yo lo he traído —intercede Canadá sin que nadie le haga caso.
—Traje de... no, no traje ningún traje de gala, obviously! ¡¿Quién usa esas cosas en Christmas?!
—Bien, pues... prepárate para una tarde de compras.
—Whaaaaaat?! —la cara de pánico es cada vez peor —. But Iggyyyy! ¿Sabes cómo van a estar las tiendas de llenas? Y además... but... ¡es que no quiero ir a Buckingham no me importa lo mucho que quieras molestar a Scotland! —se echa en el sillón con cara de asco.
—Yo te lo advertí por teléfono, America. Ya estoy de bastante malhumor sin tus quejas así que no me vengas tú también a fastidiar —protesta y señala la puerta.
—Pero es que... es booooooooooring, y si me río con Lizzy ahí me riiiiiñes todo el tiempo, y la comida es HORRIBLE, and... ihhh! The STAR! —señala el árbol.
—¡NI SE TE OCURRA LLAMARLA LIZZY!
—But the staaaar —cada uno a su bola, aunque se levanta del sillón.
—¡Pues ponla, o lo que sea! —responde masajeándose las sienes desde ya harto de todo esto. América le mira un poco triste porque la estrella es LA ESTRELLA y por más que parezca que no, las tradiciones le importan a él casi tanto como al inglés.
—But... it is the best part of Christmas... —susurra, cabizbajo.
Canadá le sonríe un poquito mientras Inglaterra no le hace mucho caso aparentemente.
—What about our brothers? Seychelles, Australia and New Zeland saben del cambio o no? —le pregunta al canadiense, que asiente. América sigue tremendamente agobiado con lo de la estrella. Se acerca a Inglaterra.
—But... but... but... Iggy!
—What?
—The staaaar! —le pone las manos en los hombros.
—Ya te he dicho que la pongas ahora, luego vamos a tener que ir para allá... Oye. ¿Y el psycho? ¿Le has dicho que venga aquí?
—Ahora ahora sólo nosotros... jooooo... ahright... —asiente un poco en plan de alma en pena yendo a buscarla—, yes, le dije a Russia que cenaríamos aquí como SIEMPRE.
—Pues llámalo y explícale el cambio de planes —se vuelve a Canadá—. ¿Tú no tienes una chaqueta que prestarle?
—Seguro está volando... —América se encoge de hombros marcándole igual —, no traigo ni zapatos decentes.
—Bien, pon la estrella, vamos de compras y luego le recogemos aquí.
—The Christmas acaban de perder toda la gracia...
—Thank you, America, eso me hace sentir mejor —no creas que no piensa exactamente igual que tú.
—¡Pues es que lo hubiéramos hecho aquí como siempre!
—No se podía hacer aquí, ok? No me hagas discutir.
—Ahright, ahriiiight... al menos sonríe un poco mientras pongo la estrella... —le pide y luego mira a Canadá —, ¿nos tomas una foto?
Canadá asiente e Inglaterra suspira y sonríe un poquito acercándose. América sonríe su sonrisa de anuncio de pasta de dientes, poniendo la estrella y posando para la foto. Así que nada foto... e Inglaterra suspira de nuevo y América le despeina. El inglés le mira de reojo, sonríe un poco sin muchas ganas de apartarse y se va a por el abrigo para ir a comprar.
—Come oooon, ¡vamos!
Despues de tanto tira y afloja, al final no queda más remedio... fuerza Inglaterra! (Y gracias, Josita)
