Francia mira de nuevo al inglés a lo lejos, aún hablando a susurros rápidos con el canadiense, notando que los niveles de histeria están genuinamente en los cielos... Lo suficiente como para haberse perdido su entrada triunfal. Se pasa una mano por la solapa del saco y al notar que su padre se va con Britania, sonríe un poco.
—Voy a ir con él... Si me estrangula, pégale fuerte en la nuca —bromea un poco enderezándose la pajarita.
Canadá asiente suavemente mirando al inglés de reojo, sin tomarlo tan en broma. Francia le da un beso rápido en la mejilla a Canadá y camina pomposamente, con esos aires de modelo en pasarela, hasta donde está el inglés, poniéndose un poco más serio de lo que estaba con Canadá.
Inglaterra sigue gritándole al hombre la última orden que le ha dado su madre. Francia suspira un poco preocupado, antes de detenerse detrás de Inglaterra y rozarle con la mano suavemente el cuello. Inglaterra da un salto y casi se gira golpeándole a lo que Francia quita la mano a tiempo y levanta un poco las cejas, pero no se hace atrás.
—Allô... —saluda con voz grave.
—Oh! —vacila y se sonroja. Sonríe un poquito al notar el sonrojo.
—¿Quién te hace enfadar tanto como para que ni siquiera me mires cuando llego? —pregunta arrastrando las erres un poco más de lo que acostumbra al hablar, pero no demasiado.
—No te iba a mirar igualmente —le da la espalda frunciendo el ceño. El francés se muerde el labio vacilando por un segundo antes de levantar otra vez la mano y repetir la dosis de sutiles caricias en el cuello.
—¿Qué tan mal lo pasas?
—Mal, les odio a todos, esto es un bloody desastre —suspira. El galo le pone ahora la mano en la espalda y se le acerca un poco más, asomándose para mirarle a la cara. Inglaterra le mira de reojo sintiéndole demasiado cerca.
—¿Quien se porta peor? ¿Tu madre? Ya ha llegado papa... Seguramente va a dejarte tranquilo —consuela sonriendo un poquito.
—Yo que sé, America también ha estado quejándose y Australia al teléfono y... ¡ni siquiera han llegado mis hermanos aun!
—Pero ya llegué yo. Estás demasiado tenso... —le acaricia un poquito la espalda y le mira a los ojos.
—Tú sueles comportar aun MÁS problemas... —le mira de reojo.
—Bueno, creo más problemas cuando quiero... Hoy no es el caso —le acaricia la baja espalda sonriendo más—. Mi prioridad en este momento es relajarte.
—Pues no lo haces —se separa de su mano, incomodito.
—Pero ahora lo haré... ¿Estás ya tomando algo? —pregunta quitándole del todo las manos de encima.
—¡No, y espera! —justo se acuerda de otra cosa que tenía que hacer yendo a buscar a alguien.
—Mejor... —levanta una ceja al ver que se va, mirándole hacer.
Vuelve a meter la bronca sobre algo porque ha mandado gente a buscar a los demás al aeropuerto y alguien debe recoger a Rusia antes de que se apalanque en su porche y no quiera moverse de ahí. Francia se mete las manos en los bolsillos siguiéndole un poco, pensando que si sigue así, para el final de la noche va a tener un aneurisma. Cuando deja de gritar y dar órdenes le toma del brazo.
—¿Ya acabaste de dar órdenes? —pregunta tirando un poquito de él.
—Y yo qué sé —vuelve a protestar.
—Pregunto si tienes algo más urgente que se te esté olvidando... —aclara sin soltarle del brazo, tirando un poco de él hacia el borde del salón.
Inglaterra le mira, vacila un instante, se sonroja y chilla "no te voy a dar un beso" demostrando lo que piensa.
—Ehhh... Non, no vas a darme un beso aquí, nos vería todo el mundo —asegura el francés sonriendo un poco—. Tengo algo que quiero decirte y sería mejor hacerlo fuera.
Levanta las cejas y se sonroja más con esa respuesta, llevándose las manos a la boca porque ahora además, Francia no quiere darle un beso.
—Vamos afuera, cher... Ven —insiste Francia completamente encaminado a la puerta—, es realmente importante lo que tengo que decirte.
Hace cara de desconsuelo y mira alrededor... antes de seguirle arrastrando los pies, muy nervioso, intentando ver si lleva la alianza... y si quiere... y si le quiere decir que ya no... ¡Sería lo último que le faltaría hoy! Francia le mira de reojo notando la actitud. Le aprieta un poquito más el brazo mientras sale por una de las puertas.
—¿En dónde podemos hablar un segundo a solas? ¿Esta puerta? ¿La que sigue? —pregunta aún con voz un poco sería.
—Yo no... Yo... tengo que... ir... —trata de huir a donde sea, si no se lo puede decir no será cierto. Sí, muy maduro, pero está realmente estresado.
—Non. Ven conmigo y cálmate—insiste inquebrantable y le empuja un poco hacia el primer recodo que tiene al frente, que resulta ser un pasillito que desemboca en otro gran salón, sabiendo que está empezando a entrar en pánico.
—No! NO! France! Hoy no, please, please —suplica empezando a desbordarse. Y se le empañan los ojos.
Y ahí mismo, donde estén, como estén, le besa de lleno en los labios y el inglesito se queda paralizado sin entender nada. El latino le abraza de la cintura contra él, languideciendo el beso y acariciándole la cara con la otra mano. Y se va calmando poooco a poco, haciéndolo cada vez más necesitado.
Francia suelta el aire, le acaricia un poco más la mejilla y el cuello, y le devuelve con toda la intensidad necesaria. Le empuja contra la pared.
Le abraza con fuerza del cuello porque su madre se queja de todo y América le ha dicho que la navidad se había echado a perder y Australia ha llamado vieja tonta a la reina y su hermano es un idiota y le da miedo verle y él solo quería estar en casa como siempre cenando lo que hubieran preparado entre Francia y él, no gritando a la mitad del personal de Buckingham.
Y pensando que si Francia le dice que no le quiere se morirá ahora mismo porque Rusia seguro no querrá ir a Buckingham y América no está cómodo con su traje nuevo y todos se le quejan a él como si él tuviera la culpa de algo cuando todo es por Escocia que es un idiota. Y además su madre le quiere más que a él y seguro es por eso que Francia ya no le quiere y seguro América sí le hará caso y le respetará y Rusia no será un imbécil y Australia y Nueva Zelanda se comportarán y él quedará como el tonto que ni hace nada a derechas como siempre.
Francia le acaricia el costado dejando que le abrace con fuerza, sin dejar de besarle como sabe que a él le gusta. Hace un "mmm" suave.
Y que no puede valerse por sí mismo sólo mientras Gales e Irlanda se BURLAN de él y le llaman larva. Seguro TODOS le llamaran larva entonces, hasta Francia y America. Creo que solloza un poco incluso, aferrándose a él.
Francia se separa un poquito del beso, yendo a besarle la mejilla y la mandíbula, hacia el cuello. Pero Inglaterra no le deja, le vuelve a buscar los labios de manera muy rara y el otro lo nota, preocupadito, dejando que le bese y correspondiéndole, instalándose en sus labios. Le aprieta con más fuerza contra la pared.
Y le da otro beso largo. Y no crean que a Francia no se le va un poquito la olla... Porque le gusta mucho que le quiera y le busque con necesidad, dice algo incomprensible contra sus labios.
—No me dejes de querer... please —suplica. Francia se le arruga un poco el corazón con esa petición.
—Claro que no voy a dejarte de querer... Je t'aime... Más que a nadie —asegura calmando un poco el beso y tratando de mirarle. Vuelve a abrazarle de la cintura en vez de sólo apretarle contra la pared—. Aquí estoy, estoy contigo.
Se acurruca contra él y solloza otra vez, nervios y de estrés.
—Shhh... Mon petit lapin... —le acaricia la espalda y le da un beso en el pelo—. Je t'aime.
—No me gusta, no quiero que vengan, esto es horrible y encima es Navidad —susurra, como un niño pequeño, porque de verdad es muy importante para él esta fiesta con toda su familia, no los idiotas de sus hermanos.
—Yo también preferiría estar en casa—asegura—, pero si la situación es esta, cher... Tu madre está de vuelta, aún cuando te desquicie, es bonito verla y enseñarle como se hacen las cosas aquí... Además nunca está la familia entera y tú eres, pese a todo, el que les ha ganado en todo a tus hermanos.
—Ellos no me quieren y nada de lo que hago es suficiente para ella.
—Non, tú tampoco les quieres a ellos. ¿Por qué habría de importarte lo que piensen? —razona—. Y tu madre es demasiado dura contigo y chocan porque se parece mucho a ti... Sin embargo puedo asegurarte que ella sí que te quiere.
—¡Y los niños tampoco quieren estar aquí y cuando Scotland quiere fastidiarme a mí, a todos les parece bien y les da igual y cuando yo quiero defenderme todos protestan!
—Es lo que tienen algunos hermanos... Piensa en Prusse con Autriche —suspira resignado—, no queda más que ignorarles. Voy a estar contigo todo el tiempo, ¿bien? Es... Una cuestión de supervivencia.
Inglaterra se esconde en él.
—¿Puedo... pedirte una cosa más, hoy? —susurra —. Oui... Además de toda la carga que tienes necesito que hagas algo tú.
—What?
—Se mi marido tú también... También te necesito conmigo todo el tiempo —pide en un susurro.
—But...
—¿Mmmm? —le mira a los ojos de reojo, separándose un poquito del abrazo.
—Es que... —se va detrás echándosele encima, pensando que si alguien realmente va a BURLARSE de él, esos son sus hermanos.
—No quiero besos, ni abrazos... —explica suponiendo el problema—, sólo necesito un roce, una mirada.
—¿Eh?
—A veces, cuando hay más gente a nuestro alrededor... Eres duro —se encoge de hombros—, hoy sé que vas a serlo más... Sólo mírame a los ojos de vez en cuando, ¿vale?
El anglosajón traga saliva.
—Yo sé que vamos a terminar bien el día... —le abraza con fuerza y no sé a quién se lo dice si a él o a sí mismo.
—Esto es un desastre —suspira.
—Lo es... Pero estamos juntos —asegura entendiendo que seguramente Inglaterra estará demasiado histérico para siguiera pensar que Francia quizás requerirá apoyó moral también—, eso me basta.
Inglaterra le abraza más fuerte y se ríe un poco de sí mismo por haber pensado que iba a decirle algo feo, sintiéndose mucho más en confianza con él. Francia sonríe un poco, relajándose.
—¿Qué tan fantastique sería un rapidín en las salas del palacio de Buckingham?
—What? —escandalizado.
—Venga... Nada mejor para relajarnos —insiste y sonríe—, ni siquiera hay que quitarnos toda la ropa, sólo sacar lo necesario.
—But... but... no! ¡Aquí en medio... no!
—No tiene que ser aquí en medio... Seguro este salón tiene un pasaje secreto o una alacena —sonríe y le besa en los labios.
—But...
—Quoi? ¿No quieres? —sonríe un poquito de lado.
—Pues... Of course not! Eres feo y tonto y... —nota la ropa que lleva y como se ha arreglado.
—Oui? —sonríe más.
El lappin traga saliva y se sonroja más.
—Tú también te ves bien —sonríe y le cierra un ojo.
—¡No he dicho que te veas bien! —exclama enseguida.
—No he dicho que sea yo el que se ve bien... ¡Podía referirme a cualquiera!
—Has dicho... tú... ¡eres tonto!
Francia suelta una carcajada
—¡No te ríaaas! —protesta pero sonríe un poco.
—Ven... —le toma de la mano tirando de él hacia el salón—, o me dices de un lugar o voy a encontrarlo.
—But... —se deja tirar.
—¿Prefieres arriba o abajo... ? —pregunta poniéndole un condón en la mano mientras camina. NO crean que Francia lo tenía más que bien pensado ya.
—But —mira lo que tiene en la mano y se muere de la vergüenza escondiéndolo y mirando alrededor por si alguien le ha visto, se le cae torpemente y se agacha para recuperarlo. Es tan mono.
Francia sonríe con la torpeza deteniéndose para que pueda recogerlo. Lo recoge guardándoselo ahora sí, rojo incandescente, sin mirarle.
—Con todo gran poder hay una gran responsabilidad... No lo olvides —sonríe.
—What? —le mira.
—Que con lo que has guardado vas a tener que hacerlo tú... Cosa que no me molesta.
El inglés levanta las cejas.
—Vamos... —beso en los labios.
Le tiembla un poco el labio de abajo sin decir nada, cerrando los ojos con el beso. Francia sonríe en el beso dejándose llevar más esta vez, siendo más demandante... Haciendo soniditos de esos y dejándose excitar con facilidad. Inglaterra se separa demasiado pronto.
—Quoi? —pregunta relamiéndose.
—Tú quieres que lo haga yo, pero lo haces tú.
—¿Lo hago? —Parpadea.
—Yes.
—¿Tú qué quieres? —pregunta el francés mordiéndose el labio.
—Pues es que... —le mira a los ojos.
—Quoi? —le acaricia la mejilla.
—Pues es que yo también sé —susurra apartando la mirada.
—Yo quiero pasarlo bien... —sonríe—, contigo voy a pasarlo bien pase lo que pase. Decide tú.
El inglés cambia el peso de pie con la cara girada y Francia le da un rápido beso en la mejilla, haciendo que le mire de nuevo. El francés sonríe acariciándole la mejilla.
—Venga... —susurra con voz melooooosa.
Inglaterra se incomoda de nuevo porque si decirlo cuesta…
—No pienses... —susurra acariciándole un poco el pecho.
Inglaterra vuelve a mirarle y se humedece los labios, pensando. El galo le sostiene la mirada y en un arrebato el inglés le toma de la mano y tira de él. Y nada, Francia sonríe dejando que tire de él empezando a imaginar a donde podrá llevarle.
—Adrenalina de cero a mil en sólo un instante contigo...
El de ojos verdes sonríe un poquito mirándole de reojo sin dejar de correr.
—Me encanta cuando haces estas cosas... ¿Lo sabes? —sonríe.
—Yo no... —Aprieta los ojos—. Es... una cosa...
—Es decir ODIO cuando haces estas cosas —se ríe y le aprieta la mano.
—Es para... es por... lo que has dicho antes —sigue sin mirarle, andando.
—Lo sé, lo sé... —asegura sonriendo aún sin dejar de correr con él.
—¿Eh? ¿Lo sabes? —le mira parado frente a una puerta.
—Pues... Supongo que es... —levanta una ceja porque lo asentía por el asunto de lo tsundere que es, del tipo "ya sé que no lo haces porque quieres sino porque te he retado" o algo así.
Le mira, nervioso aun. Sigue sonriendo, sosteniéndole la mirada, y te aseguro Inglaterra que ahora mismo podrías llevarlo al fin del mundo y estaría bien. Inglaterra abre la puerta del comedor y el latino se asoma y parpadea.
Las terribles ideas inglesas! Gracias Josita
