Roma se acerca a Francia y se sienta a su lado.
—Ahh... papa. Allô —Francia le saluda terminando de mandarle un mensaje a España diciéndole que algo fue mal, y Bélgica salió corriendo sola de ahí después de tirarle la copa a Escocia en la cara... que intente llamarla.
—¿Cómo estás? —le sonríe.
—Preocupado por Belgique...
—¿Te ha contado qué ha pasado? —pregunta señalando a Escocia.
—De hecho... está muy enfadado conmigo, creo que es bastante con que no me haya girado la cara de un golpe.
Roma levanta las cejas, sin comprender.
—Se dio cuenta que lo estábamos intentando liar con Belgique —explica—, y como verás no reaccionó bien.
—Pero... ¿tan mal? Creía que al final sí le gustaba ella...
—Sí que le gusta y también él le gusta a ella... eso en realidad me acaba por joder también. Es TAN obtuso y TAN necio que es capaz de, con tal de mandar a la merde un plan solo porque no es del modo en que él quiere... ¡Puede echar a perder algo que en realidad funcionaba bien!
—Bueno, mejor para ti. ¿No? —no, Roma no, no todos son como tú.
Francia se muerde el labio y cierra los ojos. Roma le pone la mano sobre el hombro a modo de apoyo.
—Non, no estoy seguro de que sea mejor. Él es DEMASIADA tentación, ¿sabes?
El romano suspira y le aprieta un poco sonriendo.
—No sabes cómo fue la última vez que fuimos a su casa...
—Su madre está preocupada también, pero ha notado algo raro ¿Cómo fue?
—De no haber estado Espagne, me lo habría montado en la mesa de la cocina hasta que no supiera ni como se llama —confiesa y suspira—, y luego me hubiera arrepentido infinitamente. ¿Qué notó raro?
Roma suspira de nuevo con eso.
—Por lo visto no está tan enfadado como quiere hacer creer.
—¿Cómo? —Francia entrecierra los ojos.
—Eso dice Britania, que está fingiendo.
—Ohh... ¿De verdad? —Francia mira al escocés con las cejas levantadas.
—Así que hemos llegado a la conclusión de que puede que todo sea un montaje para escapar...
El francés se lo plantea, pensando en toda la conversación que tuvo con ella y la actitud. Ciertamente no le había partido la cara en dos. Estaba bastante insistente con el asunto de no haber ido a cortar con ella y en concreto con que no le importaba que no le gustara. Además... se estaba riendo unos segundos antes con ella.
—Me llamó Proxeneta... pero no parecía especialmente enfadado con ella, parecía más enfadado conmigo por no cortarla...
—Tú le conoces más, ¿qué opinas?
—Le ha cagado que se la presentara, pero... sigo sin entender por qué llamarla zorra así enfrente de todo el mundo. Es... posible, matarían varios pájaros de un solo tiro.
—Bueno, quizás no haya tanto de qué preocuparse, entonces —sonríe.
Francia sonríe un segundo.
—Quizás... entonces soy realmente listo a pesar de ni siquiera darme cuenta —asegura.
—¿Por?
—Estamos suponiendo entonces que Belgique se fue a propósito... ¿cierto?
—Sic, dice Britaniae que quizás han quedado para verse.
—¿Britania te ha dicho todo eso? ¿De verdad? —se estira más para ver a Escocia.
—Pues no está segura, dice que es lo que haría ella... y a mí no me parece en absoluto descabellado.
—¿Sabes? Creo que a Belgique le gusta Écosse... es... oui, es posible. Ojalá sea así, me tranquilizaría bastante.
—Él ha venido corriendo antes cuando ella estaba hablando con nosotros.
—Eso he visto... y he visto también que te ha echado —ni crean que Francia se ha pasado toda la noche espiando a Escocia, eh... Francia mira a su padre fijamente.
Roma cierra los ojos y levanta las cejas con cara de "son cosas que pasan".
—No deja de extrañarme...
—Todos ellos salvo Angliterra actúan igual y lo mismo con el chico de Helena. Es resentimiento.
—Non... no sólo es resentimiento, papa. Ireland no ha dejado de mirarte toda la noche, Wales, lo creas o no, está intentando tomar valor para irte a hablar... sin embargo...
El mayor suspira con eso y se masajea la frente.
—No tienes NINGÚN efecto en él —matiza sin dejar de mirarle.
—De hecho, lo tengo... pero es de rechazo.
—Oui, bueno... pensaba en el efecto normal. Sonrojo, balbuceo, estupidez... fantasías eróticas... —explica —, de hecho REALMENTE parece odiarte, no creo haber visto eso en nadie más... Nunca.
Roma le mira con cara de circunstancias.
—¿Qué pasa con Écosse? —pregunta acariciándole un poco la mejilla.
—No es algo que... no estoy seguro de que quieras saberlo ni de yo querer que lo sepas, Franciae.
Francia lo mira en silencio unos segundos y luego parpadea.
—Vas a tener que contarme, porque acabo de imaginarme unos diez o quince escenarios distintos... ninguno mejor que el otro. ¿Qué pasa con Écosse?
El romano le mira fijamente con pesar.
—Lo siento, papa... siento haberlo notado —se encoge de hombros y se pasa una mano por el pelo mirando a Escocia de reojo—. Pero ahora no hay marcha atrás.
—Ven, vámonos de aquí —se levanta sin sonreír ni un poco.
Francia frunce el ceño preocupándose aún más con el lenguaje corporal de su padre, señalándole la puerta del balcón por la que ha salido con Escocia un rato antes. Busca a Inglaterra con la mirada, que debe estar hablando con su madre.
El galo se muerde el labio y camina hasta la puerta. Roma sale primero, mirando hacia fuera el claustro del palacio, apoyándose en la barandilla. Francia se pone de pie junto a él, mirándole.
—Todos hemos hecho muchas cosas...
—No es algo de lo que me sienta orgulloso y no quisiera que esto fuera corriendo de boca en boca. Tú estás con Angliterra y tu hermano...
Francia le pone una mano en el brazo con suavidad, para detenerlo.
—Papa... —le llama el francés. Roma le mira de reojo—. No necesitas decirme esas cosas... cálmate —susurra acariciándole un poco el brazo. Roma suspira, porque le cuesta. Francia le mira esperando, paciente.
—Verás, tienes que imaginar el momento ¿de acuerdo? son esa clase de cosas que ahora escandalizan.
—A...ja —asiente pensando en la época... bestialidad, gladiadores, brutalidad...
—El imperio, Franciae, el imperio... nunca he amado y odiado algo tanto como eso. Es demandante y desgastante. Siempre más, siempre cosas peores, sin descanso.
Francia suspira asintiendo... ha oído tantas veces ese asunto del imperio, en su momento le costó TANTO trabajo entenderlo una vez que creció y que su padre no estaba y luego cuando tuvo un imperio él, recordó TANTAS veces a su padre.
—Cuando Britania desapareció ya era una bestia enorme, apenas podía controlarlo. Había fugas y problemas por todas partes, la gente... la gente. Todo el mundo demandaba siempre más poder, más riqueza, tenía que ser un ascenso meteórico. Otra forma de proceder era impensable.
Francia le escucha atentamente, pensando por un momento en lo poco que realmente sabían ellos, siendo niños, entonces. Todo parecía TAN perfecto. Le aprieta un poco más el brazo.
—Ya te imaginarás qué suponía un niño como Scoti. Es como esas historietas dibujadas de tu casa... el gran imperio, ya nos habíamos hecho todo el sur y un pequeño reducto a manos de un crío en el norte se nos resistía a todo el poder y orgullo de amos del mundo.
Francia sonríe.
—Asterix. Más adelante... siempre estuve orgulloso de él por sobrevivir... creo incluso que hay cierta parte de esas historias que están basadas en él.
—Había que reducirle. Había que conquistarlo por completo, una cosa era que no consiguiéramos hacernos con la fuerza del imperio germánico y otra cosa era eso. Era una burla... pero... —asiente.
—Es siempre un hueso difícil de roer... —entrecierra los ojos.
—No, no es eso. Es que... era un niño. Un niño pequeño que creía que yo había matado a su madre y robado a sus hermanos.
—Bueno... no estaba necesariamente equivocado —concede a Escocia humedeciéndose los labios.
Roma le mira de reojo un poco duramente porque esto le está costando y no necesita que además se ponga en su contra.
—Sólo hablo de los hechos, papa... no te estoy juzgando, todos habríamos hecho lo mismo en tu situación, solo le concedo a Écosse el tener razón respecto a eso —puntualiza conciliadoramente.
—En fin... —se cierra un poco—. Era un caso complejo que necesitaba más tiempo de dedicación del que tenía, así que me empujaron a hacer las cosas mal y provocaron... eso.
Francia le mira a los ojos y suelta un poquito el aire por la nariz.
—¿Te empujaron a hacer quoi, papa? —pregunta suavemente, acercándosele un poquito más, poniéndole una mano en la espalda con suavidad.
—A utilizar todos mis recursos, Franciae —le mira sin sonreír ni un poco, con la mirada ensombrecida y el ceño fruncido, la mirada de real asesino peligroso. Francia traga saliva mirándole a los ojos, porque papa habitualmente es otra persona a su alrededor. Vacila un segundo.
—C-Cuáles recursos... —susurra.
—Puedes imaginarlo bastante bien. Cuando las cosas que funcionaban con los niños no funcionaron con él, tuvimos que usar las de los adultos antes de pasar a la aniquilación física brutal. Por suerte, desaparecí yo mismo antes de utilizar el último recurso... pero no lo suficiente pronto para ahorrarle los demás.
A Francia se le acelera el corazón y traga saliva otra vez mordiéndose el labio... Esperaba... golpes. Golpes o... incendiar su casa, o... cosas. Escocia era pequeño. No tanto como él o Inglaterra pero...
—Era un todo o nada. No funcionaba nada, no confiaba en mí. Alguien propuso que no era tan joven y que su madre también había sido siempre agresiva. Algo en mi decía que no era el mismo caso y sabía que no funcionaría, pero no se puede parar una estampida con el suspiro de una corazonada.
—Forzaste a Écosse —específica de la mejor manera que puede, sintiendo una cubetada de agua helada al decirlo en voz alta.
Roma se humedece los labios y le sostiene la mirada con esa suya densa, grande y pesada. A Francia le tiembla un poco el labio de abajo en un gesto poco característico de su vida adulta. Se le humedecen un poco los ojos. Parpadea un par de veces.
—Este es tu padre, muchacho. Te lo he contado porque espero de ti una respuesta adulta.
Francia toma aire y vuelve, de ser un niño de nuevo, a ser Francia el adulto. Traga saliva una vez más y busca sus cigarros.
—Esto explica algunas cosas.
—Sé que es una persona que quieres y seguramente ahora mismo me odias un poco. Es algo que no puedo cambiar y a lo que, definitivamente no esperaba tener que enfrentarme.
Prende su cigarrillo pensando y tranquilizándose un poquito con la primera bocanada de humo. Le sigue temblando un poquito la mano y se detesta por ello.
—La próxima vez que encontremos una historia que te diga qué prefieres no saber, quizás me creas.
—Non, papa. Gracias... Gracias por confiar en mí y contarme —responde y le mira a los ojos.
Roma suspira.
—Siempre prefiero saber... no importa lo horrible que sea. Eres mi padre y confío en ti más que en nadie, siempre lo he hecho... Y siempre he sabido que cada cosa que haces, la haces por algo... si algo no lo entiendo, he de encontrar la manera de entenderlo y de seguirte queriendo igual a pesar de todo —asegura.
Le pone la mano sobre el hombro y le acaricia la mejilla un poco con el pulgar, sonriendo ligeramente con eso... justo antes de tirar de él hacia sí y abrazarle. Francia le abraza de vuelta, con fuerza. El romano sigue abrazándole con fuerza temblando un poco, humedeciéndosele los ojos y haciendo drama.
—Estamos muy muy lejos de esos tiempos ahora... —le consuela el galo, acariciándole la espalda.
—Gracias a dios, cariño mío. GRACIAS A DIOS.
—Me alegra... que me ayudes a entender algunas cosas.
Francia le da un beso a Roma y le dice que le quiere mucho al oído. Roma sonríe y le aprieta más fuerte contra sí.
Y hasta aquí. Roma dice que ha sido un placer contar con vuestra simpatía hasta ahora y que os va a seguir queriendo aunque todos le odieis ahora. ¡Gracias, Josita!
