—¿Qué es lo que quieres? —protesta Bélgica después de la llamada veinte.

—¿Estás bien? No me has respondido al teléfono.

—Sí, perfectamente.

—Francia me ha escrito, ¿qué ha pasado?,

—Nada, no ha pasado NADA —bastante agresiva.

—¿Seguro? ¿Dónde estás?

Se acomoda un poco mejor en el asiento del coche y le sube más a la calefacción, comiendo unas papas fritas y un hotdog que consiguió en un carrito.

—London, como sabes perfectamente.

—¿Estás en Buckingham?

—¿España, de verdad? ¿De verdad vas a hablarme ahora a preguntarme eso? Ya debes saberlo todo... —ojos en blanco—, no, no estoy en Buckingham.

—Pues a eso me refiero con dónde estás...

—Estoy en otro lado, que no quiero decirte —mastica un poco y traga—. Estoy enfadada, y de malas.

—¿Estás en el aeropuerto? ¿Quieres que vaya por ti? ¿Quieres venir a casa?

—No. No voy a ir a casa para que, una vez más, pienses "pobrecita Bélgica".

—No es... Bélgica... si ha ido mal... no quiero que estés de malas y tú sola nada más porque ese patán no es capaz de valorar una oportunidad que solo se le presentará una vez en la vida.

—Ya, claro... La fabulosa oportunidad que tú y France le están ofreciendo.

—¿Francia y yo? ¡No! ¡Tú!

—Sí, ese regalito para llevar que le presentaron. ¿Sabes? Me pregunto si la idea sólo era que yo consiguiera cambiar la fecha en la que fuera... O si France estaba tan preocupado por él que quería consolarle.

—Pero... ¿qué?

—Consolarle por dejarlo... ¿No soy YO el premio de consolación?,

—¡No! ¿Qué? ¿Premio de consolación? ¡NO! ¿De dónde sacas eso?

—ÉL me contó que France había ido a cortar con él... Ahora incluso pienso que corto con él conmigo ahí. Y no me extraña que me llame zorra si lo que soy es carnada para distraerle... ¿Qué querían? ¿Qué me acostara con él para alegrarle la noche y que no le extrañara?

—Bélgica, nadie te pidió que hicieras nada y no hiciste nada que no quisieras, ese era el asunto. Francia creía que os gustaríais.

—Ya, claro... Francia, de todos... FRANCIA buscándome novio. ¡No puedo creer que TÚ permitieras esto! Además... —se lo piensa un segundo—. ¿Qué pensaron que iba a pasar cuando me gritara que soy una zorra enfrente de toda la casa real inglesa, eh? ¿Qué me gustaría más?

—Por supuesto, nadie pensó que iba a gritarte... —aprieta los ojos—. ¡Es un... es un patán, ya le dije que era una mala idea y no sabría valorarte! ¡Imbécil! ¡Todos los británicos son iguales!

—Y no es ni siquiera su culpa —agrega—. ¡Es culpa de ustedes!

—Lo siento, ni debimos llevarte, es cierto…

—¡Ni siquiera me dijeron! Especialmente TÚ, ¿Cómo es que no me dijiste qué era lo que planeabas, eh? ¿EH?

—Porque no planeábamos nada, tú eras quien elegía y decirte te hubiera puesto en predisposición y quizás te hubieras hecho ilusiones... ¡No esperaba que el idiota te utilizara para montar un espectáculo!

—Esto es culpa de USTEDES, no suya —insiste por segunda vez.

—Pero si ha sido él quien te ha gritado.

—Ya, claro, me ha gritado lo obvio...

—¿Cómo que lo obvio?

—Si me ha gritado zorra es porque todo el tiempo he parecido una con SUS ayudas.

—¿Llevarte a su casa un día a acompañarnos es ser una zorra?

—Sí lo es, si él piensa que voy a acostarme con él porque a France le rechazó.

—¿Y por qué no le has dicho que no vas a acostar con él?

La belga se sonroja un poco.

—¿Querías que lo gritara también frente a todos? —pregunta y cambia el tono—. Su madre me ha llamado zorra también y no sé porque.

—¿Perdona?

—Sí, su madre... Desde que llegamos.

—¡Será imbécil! ¡Los voy a matar a todos, en serio! ¿Estaba Francia ahí?

—¿Ahí donde? ¿Cuando me llamó zorra? —Vacila un poco y frunce el ceño—. Sí y no dijo nada para defenderme…

El español levanta las cejas.

—Está irreconocible y ya no sé... Ya no se sí es culpa solamente de England o si siempre ha sido así y yo no me di cuenta.

—Joder, menos mal que te has librado de todo eso. Deja que vaya por ti.

—No, también me parece que TÚ estás irreconocible.

—¿YO? ¿Por qué?

—Por meterme en ese lío sin decirme —sentencia—. Me voy, nos veremos luego, quizás en reyes.

—¿Pero... qué? ¡Ya te he dicho que no había ningún plan ni lío!

—Pues... Eso dices, pero yo sigo enfadada.

—Vale, vale, no te preocupes, ya no volveré a dejarle que te lleve con nadie, especialmente si es un imbécil.

—Bien. Hablamos luego y dile a Romano que te haga dormir en el sillón.

—¡No le voy a decir eso! Porfa, no le digas, voy por ti, de verdad.

—No. ¡No vengas por mí, en serio!

—Es que Romano aun me va a reñir más si te dejo sola y hecha polvo encima.

—Me parece justo que te riña, España. Mira, vamos a hacer una cosa... Voy a dormir aquí hoy, después de comprarme un bote de helado de chocolate.

—Bélgica... no me digas eso. Voy para allá.

—¡No! ¡En serio NO vayas a venir! Mañana te hablo.

—¿Pero por qué no?

—Quiero... Estar sola —asegura en uno de esos clásicos argumentos femeninos.

—Pero... es que me sabe muy mal, eso es lo peor, Bel, te vas a hacer mala sangre.

—No, sólo voy a... Prender unas velitas y quemar una foto de Francia e Inglaterra —se ríe un poco.

—¿Lo ves? Eso es terrible. Anda, ¿en qué hotel vas a estar? Comparto el chocolate y traigo una pelis de chicas y lloras lo que quieras pero con... —se detiene al oírla reír.

—Ya me voy, España... Hablamos luego —se despide otra vez... Aún riendo un poquito.

—¿Te estás riendo? ¿Me estás tomado el pelo?

—No voy a quemar nada, sólo voy a ver una peli... En algún hotel, aún no tengo uno —carraspea intentando ponerse seria.

—¿De qué te estás riendo? No lo entiendo…

—De nada, no me estoy riendo... Y si me estuviera riendo tendría todo el derecho, no puedo quedarme a llorar para siempre.

—Ya lo sé pero...

—¿Qué hora es?

—Pues como... creo las once y media, las doce.

—Allá... Acá es... —prende el coche para verlo en el tablero—. ¡Diez para las once!

—¿Estás en un coche?

—Ehhh... Renté uno.

—¿Para volver?

—Para... Pasear.

—Estoy preocupado, Belbel —confiesa suspirando, pensando que es raro.

—No te preocupes —pide con suavidad—, ni tú ni Romano. Estoy bien, mañana iré a verte.

—¿Seguro?

—Cien por ciento segura.

—Está bien, está bien... —suspira.

—¿Podrías... no decirle a France que hablaste conmigo?

—¿Eh? ¿Por?

Ella vacila un segundo

—Quiero que... Se preocupe.

—Oh... aunque se lo diga se preocupará...

—Pues me parece muy bien, que se preocupe. ¡Dile que estoy enfurecida y que nunca voy a volverle a hablar en mi vida!

—Belbel... lo siento, sé que te estabas emocionando con ese chico, ¿Pero no estás siendo un poco dura con Francia?

—¡No me estaba emocionando!

—Vale, vale... no lo hacías... —suena poco convincente pero piensa que hoy si quiere olvidarse debe preferir creer eso.

—No, no lo hacía. Ahora si me disculpas voy a irme a ver los fuegos artificiales.

—¿Fuegos artificiales? Creía que ibas a ver una peli y tomar helado... Bueno, me alegro, quizás eso te ponga de mejor humor.

—Ah... Sí, cierto... La película. Ahora buscaré un hotel y eso —aprieta los ojos porque se le olvida que debe estar en el drama.

—Mmm... Deberías ir a ver los fuegos y luego venir a casa.

—Si voy a casa hoy, voy a llegar en la madrugada... Voy a sacarlos de la cena de Navidad y vamos a estar todos muertos mañana. Mejor duermo aquí tranquila y mañana voy para allá para la comida.

—Vale, vale...

—Feliz Navidad, España.

—Feliz Navidad, cariño —suspira.

—¿Me... —vacila un segundo y luego se lo piensa mejor—, felicitas a romano?

—¿No quieres hablar con él?

—Mmm... —Piensa que si habla con el SEGURO va a, o terminar por sacarle la sopa, o Escocia amanece mañana sin huevos—, debe estar ocupado, ¿no?

—Pues... —piensa que si habla con ella va a ser él el que va a acabar en el sofá—. Sí, de hecho. Mañana ya le felicitas en persona, mejor.

Bélgica suspira.

—¿Qué han cenado? —pregunta esperando que España empiece a aventarle uno de esos rollos largos que haga que pase media hora.

—Pues... Alemania ha preparado codillo y... —sí, están en Berlín.


Para los que estaban preocupados por ella. Milagro Navideño, hoy sí, feliz primer día de primavera... o lo que sea. ¡Gracias Josita!