Este fic se sitúa justo después de la película, antes de la serie.


Johan Trueque

Un barco lleno de objetos curiosos, delicados y preciados. Un hombre navegando sin parar por todos los mares. Una experiencia vasta y llena de aventuras por contar. ¿Sabéis de quién hablo? Exactamente: de Johann Trueque.

El mercader más conocido de todas las costas norte del mundo. Había visitado a más de una docena de aldeas vikingas, había visto y comerciado incluso con romanos y siempre se llevaba algún susto con alguna criatura salvaje. Pero ya empezaba a tener una edad, aunque le gustaba la acción, el cansancio del marinero se notaba en su espalda. Poco a poco se iba limitando a menos islas, las más conocidas y con las que sabía que siempre había algún intercambio provechoso, lo justo para vivir; una de ellas era Isla Mema. ¡Esa gente siempre lo acogían tan bien! Pero los dragones se acercaban mucho por esos lares, así que no siempre pasaba, en cuanto veía que había temporal de ataques, prefería dar media vuelta con su barco e ir a otros sitios antes. Pero ese día en especial estaba siendo tranquilo en los mares cercanos de la isla. Hacía tiempo que todo eso no estaba tan calmado y era de agradecer. Siempre debía espantar algún dragón marino o algún Terror Terrible que intentaba robarle, perdiendo en el trayecto la mitad de sus mercancías. Era siempre un desperdicio.

— ¡Eh, mirad! ¡Es Johann Trueque! — gritó entusiasmado Patapez.

— ¡Hola, querida Mema, mi ciudad favorita! ¿Cómo estáis? Se os ve muy tranq... ¡Aaaaaaaah, dragón! ¡Dragón! ¡Id con cuidado! — Se protegió Johann con las manos como si esperara un ataque.

Patapez se dio la vuelta y vio que detrás de él sólo estaba Barrilete, tranquila como siempre.

— Tranquilo, señor Johann, es sólo Barrilete.

La cara de total incomprensión del hombre no tenía desperdicio. En ese momento llegaron volando por encima del barco Hipo junto con Desdentao y Astrid junto a Tormenta.

— ¿¡Pero qué ven mis ojos!? ¡Vikingos montando en dragones! Y eso...eso... ¿Eso es un Furia Nocturna? ¿Un Nadder Mortífero?

— Hola, Johann Trueque, ¿qué tal? — Preguntó Hipo, ya en el muelle pero todavía montado en Desdentao.

Johann tenía el cuerpo paralizado, eso no era normal y menos del delgaducho del hijo de Estoico el Inmenso. Los dragones no atacaban.

— Ya ves, hemos hecho algunos cambios en la Isla.

— Es una larga historia — completó Estoico por detrás de Hipo al mismo tiempo que tocaba la cabeza del Furia Nocturna.

Para calmar al mercader ,Estoico lo hizo ir hasta la sala común para darle algo de comer y beber. Por el camino el hombre iba asustándose a la nada que un dragón se acercara a cotillear. A su lado caminaban Hipo y Desdentao quienes apartaban al dragón suavemente. Le estaban mostrando los cambios que se había hecho en Isla Mema y cómo el gran dragón escondido en Isla de Dragones había sido vencido por el joven vikingo Hipo y su fiel amigo dragón Desdentao. La cara de Johann Trueque era un poema. Estaba recogiendo tanta sabiduría y descubriendo cosas nuevas de los dragones.

— Es increíble, ¿entonces de verdad vivís en armonía con los dragones? ¿No os atacan y os roban? ¡Quién iba a decir que este pequeño granuja iba a tener tanta mano con los dragones!

Y el jefe de Mema y él empezaron a reír. Obviamente Hipo no.

— Bueno, tienen sus cositas, pero te acostumbras. La verdad es que ahora nos sentimos más protegidos que nunca y ya no tenemos que luchar noche sí, noche también.

— ¡Es algo maravilloso! Cuando esto se extienda, ¡seréis famosos!

Estoico frunció su cejas y paró en seco.

— Papá... — observó Hipo

— Johann, debo pedirte algo — lo miró seriamente—: no quiero que esto salga de aquí. Estamos bien como estamos y si los demás lo saben, no sabemos qué podría pasar. No estamos preparados para ello todavía. El resto de vikingos siguen matando a los dragones y... —miró a Hipo— ahora todo es diferente por aquí.

El mercader cambió su semblante a un serio entendiendo la situación. También estaba bien que Isla Mema tuviera la exclusividad de jinetes de dragones.

Habiendo comido y habiendo intercambiado muchas cosas interesantes, Johann Trueque se despidió de los aldeanos.

— ¡Adiós, amigos de Mema! ¡Me ha realmente encantado veros aquí y saber de vosotros! ¡Adiós Maese Hipo!

— Ya sabes Johann, ahora ya puedes venir más a menudo y si pasa algo, estaremos aquí.

— Me encanta cómo me recibís, ¡nos vemos! ¡Hasta la próxima!

Y así, ese mercader descubrió la nueva Isla Mema y tenía una nueva historia que contar, aunque por el momento, ésa en concreto debería callársela hasta que se convirtiera en un rumor o en un mito.

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N/A: Agradezco muchísimo vuestros comentarios. Eso me hace querer escribir más ;)