Bueno, he aquí un poco de Hipo x Astrid... para que no me digan sus fans...
El primer beso de Hipo
Vale, ya todos sabemos que el primer verdadero beso de Hipo fue Astrid quien se lo dio, y luego repitió en Snoggletog. Y así fue pasando el tiempo, siempre era Astrid la que, después de un golpe en el hombro, le regalaba un beso.
— Bueno, Hipo, ¿qué tal con Astrid?
— ¿Y esa pregunta, Bocón?
— Bueno, he visto que vuestra relación ha mejorado.
— Desde que tenemos dragones, todas las relaciones han mejorado. La verdad es que Mema está mejor que nunca.
Bocón rodó los ojos. Hipo ahora sólo tenía ojos para los dragones. Antes se pasaba el día suspirando por Astrid, que si hacía aquello que si iba para allá, y ahora lo hacía con Desdentao. Todavía era un chaval, suponía que era normal.
Pero más lejos estaba Astrid, quien se había dado cuenta de que su relación con Hipo no mejoraba. Estaba junto a Tormenta, acariciándola y limpiándole su escamada piel. Desde que tenía a su dragona, por fin se sentía libre de hablar con alguien:
— No lo entiendo Tormenta. Pensaba que le gustaba a Hipo pero siempre soy yo quien le da los besos. Es cierto que se pone colorado, pero me da la sensación que cada vez le afecta menos...
La Nadder emitió un gruñido y le acarició con el hocico.
— Oh, Tormenta, ¡tú eres la única que me entiende! Ten, — sacó una pata de pollo y se la dio — un premio por escucharme.
Al día siguiente, después de una práctica matutina con los dragones, Astrid le propuso a Hipo un último entrenamiento.
— Vaya, ¿y eso?
— Es que quiero probar algo nuevo con Tormenta, pero los demás me molestan.
"Muy suyo" pensó Hipo. Ambos alzaron el vuelo junto a sus dragones hacia una de las islas cercanas.
— ¿Por qué me has traído aquí?
— Creo que es el terreno perfecto.
Hipo levantó una ceja preguntándose para qué. Entonces Astrid levantó el vuelo junto a Tormenta e hizo una pirueta soltando al mismo tiempo espinas de la cola, provocando así un ataque en círculo vertical. Aunque todavía un poco descontrolado.
— ¡Guau, Astrid, eso ha estado muy bien! Falta depurarlo un poco pero ya casi lo tienes. ¿Y Tormenta se siente cómoda haciéndolo? — preguntó Hipo acercándose a la dragona.
— No parece incomodarle mucho.
Justo es ese momento Astrid quería acercarse a Hipo y darle otro beso (sin golpe), pero dudó. Entonces un ruido se escuchó a lo lejos.
— ¿Qué ha sido eso?
— En esta isla hay básicamente Nadder Mortíferos, no creo que nos ataquen por que sí. Además ya poco a poco los voy conociendo...
Un enorme movimiento de tierra abrió el suelo provocando que Hipo y Astrid se separaran. Los Nadder salvajes empezaron a volar, como si huyeran.
— ¿Qué está pasando aquí?
La tierra seguía moviéndose. Todo eso daba muy mala espina. Así que con un gran salto Hipo alcanzó a Desdentao y junto a Astrid y Tormenta alzaron el vuelo. Desde arriba estaban viendo como la isla se estaba partiendo en dos. Odín estaba haciendo de las suyas, removiendo tierras y creando nuevas islas.
— Más vale que nos vayamos, parece algo natural, ya se estabilizará.
Astrid entristeció. El único momento que tenía para estar a solas con Hipo había sido estropeado por el mismísimo Odín. Quizás no era el momento.
Los días siguientes fueron esfuerzos frustrados. Astrid se sentía rara consigo mismo, ¿dónde estaba la guerrera que siempre había formado su ser? Ahora simplemente tenía ojos para Hipo. Eso le daba más rabia que nunca, así que se fue al bosque a tirar hachazos a un árbol (muy típico de ella). Su dragona azul la siguió pero se mantuvo al margen. Las primeras veces le parecía bastante violento y atacaba al hacha con sus púas, pero poco a poco se dio cuenta que Astrid recurría bastante a ello y que mientras fuera ella quien la llevara, no pasaba nada.
— ¡Astrid!
A lo lejos aparecieron corriendo Desdentao e Hipo. El chico continuó:
— ¡Astrid, suerte que te encuentro! ¡Necesito tu ayuda!
— ¿Mi ayuda?
— Erm... sí... — Hipo relajó los hombros con cara de problema ligero — Los gemelos se han quedado atrapados en una grieta o algo así.
— ¿Qué hacían ahí los gemelos?
— Buena pregunta... pero me es imposible saber lo que se les pasa por la cabeza. La cuestión es que Eructo y Vómito han vuelto, como si no pudieran sacarlos de ahí sin hacerles daño o al menos no se les ocurre una simple idea como utilizar la cola... He pensado que quizás tú podrías venir conmigo encima del Cremallerus.
— ¿Yo? Pero no es mi dragón, ¿por qué no vamos con Tormenta y Desdentao?
— Creo que sería interesante que su propio dragón se diera cuenta de sus posibilidades, tráete a Tormenta si quieres, así podremos volver más rápido
— ¿No te llevas a Desdentao? — Bajó la cabeza mirándolo.
Hipo le acarició la cara con una sonrisa.
— Hoy lleva haciéndome favores todo el día, le dejo un descanso. Qué me dices, ¿vamos?
La joven respiró profundamente y afirmó con la cabeza. ¿Era ella o Hipo había recurrido a ella? Estaba contenta, le estaba pidiendo de montar juntos un dragón. Podría habérselo pedido a Mocoso o a Patapez, pero en lugar de ello, vino corriendo a preguntárselo (implicando que debía venir a buscarla en al bosque). No pudo contenerse y se lo preguntó de camino a la academia.
— ¿Y por qué no se lo has pedido a cualquiera de los otros jinetes?
— Oh, perdona... ¿estabas muy ocupada? — Hipo sabía que no, aunque la chica se entrenaba con el hacha, ir a una misión de rescate le gustaba más.
— No, no, no es eso...
— La verdad es que — Hipo la interrumpió — para montar un Cremallerus acostumbrado a dos jinetes lo mejos son dos jinetes bien compenetrados... — Astrid se sorprendió y más con lo que vino a continuación — No se lo digas a los demás, pero creo que en esos términos, tú y yo nos coordinamos bastante bien.
Astrid se sonrojó un poco, así que escondió un poco la cabeza hacia el lado opuesto a Hipo. A él no parecía haberle costado decir esas palabras o quizás las decía puramente en modo académico, pero para la vikinga fueron importantes y su corazón se aceleró.
Llegaron a la academia y ambos montaron al Cremallerus.
— ¡Wah, esto es bastante raro! — Dijo ella casi inclinándose para atrás.
— ¡Ve con cuidado! Me he fijado que Chusco y Brusca han acostumbrado al Vómito y Eructo a que echen gas y llamarada al tirar de sus cuernos hacia atrás.
Astrid como buena jinete hizo caso y vigiló. Ciertamente era una experiencia nueva. Pero el dragón volaba bastante bien con ambos. Para girar y todo, los dos daban órdenes compenetradas, así que en general el dragón verde respondía bien. De cerca los seguía Tormenta.
— ¡Ahí están!
— Wala... qué pasada... Astrid e Hipo montando nuestro Cremallerus... — los gemelos se quedaron con la boca abierta. — ¡Han venido a rescatarnos!
Hipo y Astrid bajaron e Hipo le explicó el plan a la joven rubia:
— La idea es que Eructo y Vómito bajen su cola hasta que los gemelos la cojan y que haga fuerza para sacarlos. No están tan atrapados. La cuestión es que cada cola es controlada por una cabeza, así que tú le das la orden a una y yo a otra. Hay una de las colas que debe estirar primero, haremos que sea la tuya, y la otra, la mía, tendrá que estarse quieta pero haciendo fuerza para que uno de los gemelos no se caiga más adentro.
— Qué pena... — soltó Brusca desde donde estaba atrapada.
Hipo y Astrid se miraron levantando los hombros.
— ¡Vale! Allá vamos. Tenemos que vigilar que cada cabeza se fije en uno de nosotros y obedezca sin que nos entorpezcamos.
Y así el Cremallerus Espantosus bajó sus colas hasta que los gemelos pudieron cogerlas con seguridad.
— ¡Venga Erupto, ahora estira fuerte pero poco a poco! — Le ordenó Astrid a su cabeza.
Por otro lado Hipo le decía a la cabeza de Vómito que aguantara sin hacer nada. A los pocos minutos los gemelos casi salieron disparados de su "atrapo".
— ¡Genial! — Gritaron los gemelos uniéndose a su dragón.
— Vaya, Hipo, no sabía eso de las colas.
— Yo tampoco, lo he aprendido observando al Cremallerus esta mañana cuando le he preguntado dónde estaban los gemelos. La cola se movía diferente, he hecho una prueba con cada cabeza y ha funcionado.
Obviamente hablando de los reyes de Roma, Chusco y Brusca, no se quedaron para oir la explicación de Hipo y salieron volando con su dragón.
— Genial... luego pasa lo que pasa...
Astrid no pudo hacer otra cosa que reírse. En ese momento Hipo se giró y con una sonrisa felicitó a la Hofferson:
— Has estado muy bien, Astrid. Eres muy buena entrenadora de dragones y... — el pulso de Hipo se aceleró.
Astrid que quedó perpleja, esa manera no era la manera normal de agradecimiento de Hipo. Sonaba mucho más tímida y... y... melosa o algo así. El chico intentó continuar hablando, pero en lugar de eso, se acercó un poco con timidez y le dio un beso en la mejilla.
— Y gracias por haber venido conmigo a pesar de estar practicando con tu hacha.
— Bu-bueno, creo que podemos ya ir a la aldea — giró la cara algo sonrojada y llamó a Tormenta.
Hipo se dio cuenta de que la Hofferson no sabía reaccionar a eso, ¡pero si ella le había besado ya unas cuantas veces! Se subió detrás de ella y salieron volando con Tormenta.
Pequeño epílogo
Astrid buscaba a Hipo, se fue a la herrería y allí encontró a Bocón.
— Hola, Bocón, ¿has visto a Hipo?
— Creo que está en su rincón.
"¿Su rincón?" pensó Astrid, pero al ver una puerta al fondo, supo que se refería a eso. Se acercó y entró sin llamar, cosa que hizo que Hipo se asustara y no tuviera tiempo de esconder lo estaba dibujando.
— Te estaba buscando, he tenid... — se quedó embobada con la cantidad de dibujos que el joven tenía por todas las paredes.
Había dibujos de Desdentao, de inventos, de mejoras. Todo lleno tanto de bocetos como de planos detallados, hasta que su vista llegó a la mesa de Hipo.
— Vaya, Astrid... no te esperaba... — decía Hipo mientras intentaba esconder los papeles bajo una libreta o más papeles.
— ¿Qué estás pensando ya? ¿Algún invento nuevo para Desdentao?
— Erm... no exactamente...
Pero la chica fue más rápida y curiosa y observó lo que Hipo había estado dibujando. Sus ojos se abrieron como platos, su pecho empezó a coger aire más deprisa y sin apenas poder tragar, bajó su cabeza.
— Esto... — Hipo no sabía que decir, lo había pillado.
Entonces Astrid sonrió, se abalanzó hacia él y lo abrazó.
— ¡Hipo, me gustas! — Se separó un poco —. Aunque eso ya lo sabías, ¿verdad?
— Bueno... nunca me lo habías dicho, pero creo que ahora me ha quedado más claro — bromeó Hipo. Luego siguió ante la expectante mirada de la chica: — tú también me gustas, Astrid.
Ella creía que Hipo ya no se fijaba tanto, que estaba en su mundo de dragones y que tendría que esperar más tiempo para poder ser parte de su atención, pero en ese momento descubrió que ya lo era. Hipo tenía unos bonitos bocetos de ella sobre la mesa, algunos incluso con color.
— ¡Hipo, necesito que me eches una mano! ¡Ya sabes que me falta una!
El joven y flacucho vikingo suspiró y Astrid lo dejó salir. Su relación parecía ir por buen camino sin que ella se hubiera dado cuenta.
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N/A: De verdad que me cuesta escribir cosas que no sean pervertidas... ais... estos jóvenes niños... es que aquí todavía son muy jóvenes para que los ponga a hacer guarradas, ¿verdad?
