Escocia se humedece los labios para besarla, pero ella vacila. Vacila sin hacer nada. No se mueve. El miedo y la inseguridad atacan al británico porque Francia no vacilaba y le ha dicho que es su amigo y... al cabo de unos instantes más, toma una bocanada de aire apartando la mirada verde y pasándose la mano por el pelo rojo.

Bélgica debe estar haciendo el MAYOR FACEPALM DE SU VIDA. Traga saliva, y abre la boca incrédula por un par de segundos, queriendo arrancarle la cabeza. ¡IBAN A DARSE UN BESO! ¡DEBÍA ESTAR COLGADA DE SU CUELLO EXPLORÁNDOLE LAS AMÍGDALAS! Y él sólo... Sólo... Sólo... ARGHHHH!

—Voy a... voy... ahora vengo —susurra el escocés con la boca seca.

Si este fuera Francia estarían ya en la tercera ronda de sexo... Bautizando cada estúpido lugar de la casa y ahora ella estaba... Estaba... Argh! ¡Frustrada! ¡Infinitamente frustrada! Parpadea mirándole incrédula aún antes de dar un pasito atrás.

Él vacila solo un instante antes de separársele y dirigirse a las escaleras.

Traga saliva mirándole marcharse, agobiada. ¿Por qué no la había besado? ¿Estaba haciendo algo mal? (¿Tenía mal aliento?). Estaba tan segura de que... ¡De que iba a besarla! Se sentía en el aire, estaba a punto de moverse y... Buff.

¡Qué cojones! ¡¿QUÉ PUTOS COJONES?! Cierra la puerta del cuarto de Inglaterra y patea la cama con tal fuerza que la arrastra por el suelo quedando torcida. Se lleva las manos a la cabeza y se las entierra en el pelo con desesperación.

Se sienta en el sillón enfadada... Consigo misma o con el idiota de Escocia que hacía cosas que se contraponían... Le caía bien y le gustaba... Y le gustaba cada MINUTO más, de manera preocupante. Y... No veía nada claro con él, ¿por qué no la tocaba? ¿Por qué no le había dado al menos un besito?... O una palmada en el culo o ALGO que le dijera que... ¡sí iban por ahí! Sólo le enseñaba sus partes nobles, se reía con ella, hablaba de romperle las piernas a Inglaterra si le hacía daño y... Podía jurar que aún tenía dormida la mano con la que le había acariciado la espalda. Y las mariposas en el estómago eran... Ugh!

Había reseguido todo el dragón con un dedo. Todo. Había sido increíblemente dulce y suave. A él le había gustado mucho y la había ensuciado y se habían reído y... ¿por qué se comportaba todo el tiempo como si fueran amigos? Cada vez que la cosa se ponía un poco más... ella parecía vacilar como si no supiera como rechazarle o algo así. Quizás aún temía los Bobbys o algo. ¿Por qué se quedaba ahí?... ¿Y si sólo quería quedarse ahí porque le había acariciado tooooda la espalda? Una cosa era tocarlo un poco pero reseguir todas las líneas... era criminal si no planeaba nada más.

No recordaba nunca, nunca haber tenido TANTA certeza absoluta de que iban a besarla... Y tantas ganas de que pasara y... ¡Hombre! Es que… ¡¿Por qué coño no la había besado?! Era... ¡Era absurdo!

De verdad quiere darse topes contra la pared, porque se siente súper cómodo hablando con ella y todo eso y es bonita, se ríe de sus chistes, le sigue los juegos y parece que encajan bien ¡y cada vez parece acabar en un callejón sin salida! Da un par de patadas más a algunos de los muebles.

Había echado la cabeza atrás mientras le reseguía al puto dragón sexy de mierda, había sonreído y... Se había girado y era el momento PERFECTO... y la había visto de esa forma que no tenía idea de cómo las piernas no se le habían doblado y... Así, en un segundo... ¡SE HABÍA LARGADO! Abraza un cojín y entierra la cara en él. Y bufa otra vez y lo embarra un poco de chocolate.

Suspira tomando aire intentando calmarse. Vale. Vale. Basta de esta mierda. No, pues no. No iba a echarla, pero ya... no. Y ya. Se acerca a la cajonera, buscando los pijamas de su hermano. Notando que todos son tremendamente... con botones y solapas y bolsillos sobre el pecho. Elige los pantalones que le parecen menos terribles de cuadros y se los pone tras quitarse el kilt. Luego una camiseta negra cualquiera de manga corta que encuentra en otro cajón y que no es parte del pijama que le va un poco estrecha porque es igualmente un poco más grande que el inglés.

Además estaba el problema del maldito asunto de su estúpido vestido embarrado. Pues a la mierda, si no quería nada y se le largaba a medio beso, ella se pondría su pijama de borregos y haría como se hace con los amigos, que es... Me da igual que te parezca que me veo fea, ridícula, despeinada o fodonga. Se levanta yendo por su maleta y metiéndose al baño a cambiarse, ahora un poco tristona subiéndose rechazada... Pero no podía irse hoy. Navidad, a media noche... Ya se iría mañana en la mañana.

Joder, pues nada... baja enfadado y el enfado se le va convirtiendo leeentamente en tristeza. Que le den, al final ni le gustaba tanto. Le dejaría el cuarto de invitados por hoy... aunque ya eran como las cuatro de la mañana con la tontería, habían estado hablando un BUEN rato. Y que se largara mañana a su casa. Al menos, al final él había tenido razón y no el idiota de Francia. Se acerca al fuego, empezando a trastear con él, dándole otro viaje a la Ginebra, de la botella directa esta vez, notando que no está la maleta y debe haber ido a cambiarse el vestido.

Después de un rato, abre la puerta del baño y sale... El pijama de borreguitos. Al menos se ha dejado el maquillaje. Escucha que esta por ahí y baja la cabeza un poco, avergonzadilla de todo... ¿Qué demonios hacia aquí? Se aventura hacia el salón metiendo las manos en los bolsillos de su suéter.

Hay bastante humo por todas partes porque está quemando las rosas y ha escrito "arsehole" en vez de "larva" y se está lamiendo los restos de chocolate de los dedos mientras azuza el fuego.

—Oh... Allô —saluda más formalmente, seria, tosiendo un poco y notando que ya ha hecho la diablura. No le mira.

Escocia le mira de reojo un instante, sin sonreír.

—Hello —responde con desgana.

—I... Hmm... Me he cambiado y eso —nota que ha quemado todas las rosas.

El chico suspira y la mira.

—Hay dos cuartos arriba. Ya es bastante tarde... si tienes sueño.

Le mira. Clarísimo. CLARÍSIMO. DOS cuartos.

—No voy a dormir en la cama de England —Niega con la cabeza—. Puedo dormir aquí.

—Me refería al que tiene de visitas. Es una cama al menos, pero haz lo que te plazca, me la suda —se vuelve al fuego.

Siente especialmente agresivo e hiriente ese "me la suda".

—Ok, no es necesario aclarar que te importa un bledo —responde con desgana.

El pelirrojo se encoge de hombros, el cambio de actitud es más que evidente. Ella le mira agobiada por un instante, sin entender qué demonios fue lo que hizo mal. Escocia azota unas brasas con una poca de violencia para romperlas.

—Why...? —susurra Bélgica.

Sin hacerle caso y luego va a buscar sus puros en los bolsillos de la americana para encenderse uno, porque eso le calma... y acaba de notar que hasta se había olvidado de sus ansias de fumar por un BUEN rato. Aprieta los ojos.

—¿De verdad no entiendo una mierda, sabes? ¿Eres bipolar o algo? —pregunta de malas.

—What? —pregunta con el puro en la boca, usando una ramita del fuego para prenderlo.

—Bipolar. Es... Es feo lo que haces, ¿sabes? A ti te dará igual hacer lo que quieras con quien quieras, pero... No es justo hacer esto y luego... Hacer esa mariconada —sisea enfadada.

Y es que te van a matar Bélgica. Le fulmina un poco y se da la media vuelta dispuesta a largarse al cuarto de invitados. El pelirrojo se gira a ella con el azotador del fuego en las manos con el ceño fruncido pensando que NO ha oído que cree.

—What the hell? —sisea.

Y ya no la ve ni nada porque se ha ido escaleras arriba... Creo que hasta lloriqueando.

Él frunce más el ceño. ENFADADO. Bélgica termina hecha bolita en una de las camas de visita. Escocia no deja el agitador en su sitio sin ninguna intención de ir tras ella. Empieza a arrastrar los muebles cambiando las cosas de sitio para desestresarse.

A Bélgica le gana es sueño más o menos pronto, hecha bolita pensando en hablarle a España o a Romano... No más de diez minutos después, el sonido de vidrios todos y muebles moviéndose la despierta de golpe.

El escocés tiene un agitador de fuego en las manos y está muy MUY enfadado y frustrado... Se ha cargado el árbol de Navidad... la estrella ha salido volando y se ha metido bajo el sofá a buen recaudo, pero todo lo demás está esparcido por el suelo. También está en la chimenea la foto familiar y ya no tiene el atizador... porque está atravesando la pantalla de la tele.

(Inglaterra pregunta sinceramente porqué esto siempre pasa en su casa)

Bélgica mira su teléfono, al que esta abrazada y nota que no ha dormido más que unos pocos minutos. Se muerde el labio e ignorando por completo el instinto de conservación vuelve a levantarse de la cama, asustada y confundida de sus propias intenciones.

Así que la cabeza de una asustadilla Bélgica se asoma por la puerta de la sala. Hay botellas de alcohol por el suelo rotas, con la chimenea encendida, es un peligro. Escocia está fumando, sentado sobre la mesa, todos los sillones y sillas están por el suelo, con bastantes de los libros de las estanterías. Está mirando arder la foto.

Bélgica abre los ojos como platos impresionada con el estado de la sala en tan poco tiempo... Piensa de golpe en el vikingo solitario y perdido mirando a lo lejos como ha quemado un pueblo... Saca a empujones el pensamiento de su mente, concentrándose en su propio vikingo... Digo, en Escocia. Traga saliva y entra en la sala.

—Wow... Esto... Rebasa al estereotipo... —susurra.

El escocés desvía la mirada hacia ella con el puro entre los dedos, en los labios, sin hacer nada más. Camina hacia él con cuidado, mirando el suelo y pensando que debió ponerse los zapatos... Pero es que no le caben con los calcetines. Al menos ve bien por dónde camina con el brillo del fuego.

—Ehh...

Sigue sin decir nada, solo fumando, pensando que de hecho, se ha contenido. La belga se detiene junto a él y le mira las manos de reojo... Al menos ya no tiene el atizador, pero la escena completa es un poco impresionante, con todas las botellas rotas y libros y los muebles que no están en su lugar. Vuelve a darle una punzadita de miedo en el estómago... podría salir de ahí... En realidad no le conoce de NADA, quizás fuera violentó con ella también, más aún después del cambio radical de humor.

Pero hay algo en él, y en esto que la tiene un poco hipnotizada. Un poco la mezcla de peligro con esa parte amable, suave y súper atractiva que definitivamente HA visto que tiene el escocés. Le mira a la cara.

—¿Ya no vas a hablarme?

—Me estaba preguntando si acaso te da miedo la justicia poética.

¿Se refería al cuarto? ¿O a ellos? Mira alrededor.

—No encuentro cómo es que eso ha sido justo.

—Me jode, le jodo. Se restablece el orden del universo.

El cuarto, definitivamente el cuarto.

—No, no me da miedo la justicia en general —asegura tosiendo otra vez, recordando algo. Se mueve hacia la ventana.

—¿Entonces sólo has bajado a que deje de hacer escándalo?

—No, he bajado a ver qué hacías —asegura y quita el plástico de la ventana—. Veo que has quemado todas las rosas —Y piensa MIS rosas, por alguna razón.

Piensa que las ha quemado porque si ella no está interesada en él, él no va a estar interesado en qué cosas le gustan o no a ella y quiere o no conservar.

—Para eso las corté.

Tras la ventana está nevando, así que entra una bocanada de aire frio de madrugada. Aire que no se siente especialmente agresivo aún con el calor que hace en el cuarto, aún así hace que Bélgica se alejé un poco de ahí.

—Eran... Bonitas —murmura volviendo a pensar que todo esto es cruel, tratando de encontrarle una explicación.

—Ahí tienes su bloody crimen.

Suspira, y le mira a la cara.

—¿Por qué estás tan enfadado?

La mira fijamente un instante con cara de circunstancias. ¿Y ella dice que él es lento? Bélgica se muerde el labio mirándole mucho más triste y contenida de lo que quisiera, sintiéndose tremendamente vulnerable y pensando "yo sólo quería un beso del chico que me gustaba, ¿qué hay tan malo en eso?".

—No estoy enfadado, me la suda un huevo lo que ocurra.

La estúpida indiferencia siempre era mucho, mucho peor. Bien lo sabía con Francia, aunque quisiera negarle. Baja la vista.

—¿En todos, todos los aspectos? —pregunta sintiendo que, como en todo este día, es ella siempre la que pone las cartas sobre la mesa con las cosas que le importan.

—Yes.

—Oh... —susurra suavemente. De nuevo mueve los ojos verdes hacia ella.

—Pareces decepcionada.

—I... I... —traga saliva —, sólo pensé que...

—¿Acaso vuelvo a no hacer lo que esperabas?,

—TODAS las veces —asegura firmemente, mirándole fijamente.

—Bien, puedes darte por satisfecha con tu justicia poética —vuelve a mirar por la ventana.

—¿Cual justicia poética? —pregunta sin dejar de mirarle.

—Tampoco tú haces lo que yo espero.

—¿Ah, no? ¿Y qué esperarías que hiciera? —pregunta frunciendo el ceño, ahora sí sin entender un pimiento. Él la mira de reojo y se sonroja un poco sin poder evitarlo.

—Nada que me importe ya, en realidad —se baja de la mesa. Ella parpadea descolocada.

—No! What the... —frunce más el ceño —, ¡Dices que no hago lo que quieres pero no me dices qué, todo iba bien!

Se encoge de hombros.

—Todo va bien —se dirige a la cocina, dándole la espalda.

Aprieta los ojos, ¿qué coño tenía que hacer ahora? ¿Rogarle? Se negaba rotundamente.

—¿Esto también lo haces con todas? ¿Llegar hasta aquí para luego darte la vuelta y huir? ¡Con razón nada te importa una mierda!

—What the bloody hell? —la mira arrugando la nariz abriendo las manos y luego le da una patada a la puerta de la cocina, entrando.


Esto es lo que hace Francia en la gente... pobrecitos chiquillos frustrados. ¡Gracias Josita!