Britania se acerca a Francia e Inglaterra... que no sé en qué estado están y no sé si el Eye estará abierto en Navidad, pero bueno. De hecho... no está abierto. Bueno, irán a verlo desde abajo y decidirán que vuelven mañana.
Francia ha conseguido que Inglaterra esté hablando con él de trivialidades, contándole alguna anécdota vieja sobre algún viaje que hicieron juntos, tratando de relajarlo de la mejor manera posible, cuando Britania se acerca a ellos dos y carraspea.
—England, voy a salir un rato a caminar...
—¿Ah? —parpadea desconcentrándose.
Britania se sostiene la falda y se agacha al suelo al lado del inglés, mira a Francia un instante de reojo. Inglaterra mira a Francia también y se sonroja un poco volviéndose a ella.
—Voy a salir un poco porque estoy harta de este sitio y de the queen y de tanta formalidad, falta aire aquí adentro.
—Ah, ¿cuánto rato? ¿Vuelves aquí? No tardaremos en irnos...
—Volveré en la noche, así que nos vemos en casa —vacila un poquito y le pone una mano en la pierna—. ¿Estás bien?
—Va mejorando a medida que esto se acaba... ¿en casa? ¿Vendrás a cenar? France, préstame tus llaves de casa.
—No sé si llegaremos a cenar, pero puedo confirmarte mandándote uno de esos recaditos por el teléfono.
Francia vacila un poco porque bueno, las llaves de casa de Inglaterra, aun cuando SIEMPRE consigue tener unas, no suele nunca jamás devolverlas. Pero Inglaterra está teniendo un mal día...
—Mensajes, se llaman —asegura sacando su cartera y buscando una pequeña agenda de teléfonos. Arranca una página en blanco y escribe su dirección—. ¿Tienes dinero?
—En calidad de préstamo... —murmura Francia que sabe bien que no tiene como negarse hoy.
—Ehh... dinero, creo que debo tener algo en la bolsa. ¿Son iguales las monedas aquí de las que son en casa de Alba?
—Yes. En cualquier caso, toma veinte libras más. Si tienes frío o te cansas pide un coche negro de esos que se llaman taxi y dile que te lleve aquí, es la dirección de casa —le tiende ambos papeles—. ¿Sí sabes qué es un taxi, verdad?
—Yes, England, yes... —le sonríe un poco haciendo los ojos en blanco y guardando el billete y los dos papeles—, no llegué ayer a esta época, tenemos de esas cosas en casa de Rome también. Además ahora tenemos esos teléfonos, si necesito algo te hablaré —"O explotaré alguna cosa y vendrás por mí"...piensa para sí.
—Ok, Ok... ten mucho cuidado y no hables con extraños... y no vengas muy tarde —se vuelve a Francia —. The keys?
—No voy a hablar con nadie... eres peor que yo cuando eras pequeño —protesta y se gira a mirar a Francia también.
—¿Va Rome contigo? Estaría más tranquilo si vais los dos —cae en la cuenta.
—Vale, vale... las llaves —hace los ojos en blanco el francés sacándoselas del bolsillo. Britania se sonroja mirando a Inglaterra y carraspeando.
—No veo porque tendrías que estar más tranquilo si fuera Rome conmigo... no tengo diez años, England —asegura.
—Porque... Well, you're a girl y hay gente mala por las calles a veces y más ahora que hace frío y se ha ido el sol —hace un gesto a Francia para que se las dé. Francia bufa un poquito y extiende la mano, dándoselas.
—Rome viene conmigo, pero no porque yo quiera... ha insistido —refunfuña Britania sonrojándose y cruzándose de brazos.
—Thank you —agradece y se las tiende a Britania—. Devuélveselas a France mañana, no nos despertéis —pide sin pensar. Francia sonríe un poquito con esto, mirando a Inglaterra. Britania se las quita de las manos frunciendo el ceño.
—Él tiene llaves de la casa y yo no... brilliant, England.
Inglaterra se sonroja de golpe al darse cuenta, tensándose.
—OK, quédatelas —aprieta los ojos—. ¡Y yo no se las di! ¡Él me las roba siempre!
—¿Cómo que "quédatelas"? ¡Son mis llaves! —protesta Francia.
—Fine, thank you —sonríe la británica mirando a Francia de reojo y guardándoselas en el bolsillo.
—¡Son de MI casa y me las robaste, frog!
—¡Pero son MIS llaves! Y... —se cruza de brazos —, dijiste PRESTAR, además... ¡Saca otro juego para tu madre!
—¡Pues ahora están requisadas! Además, yo no tengo de tu casa, no sé por qué deberías tener tú de la mía.
—No sabía que quisieras llaves de mi casa, nunca vas a verme —replica —, pero puedo darte unas cuando quieras, aunque no me parece que con tus habilidades las requieras.
—¡No es verdad que nunca vaya a verte! ¡Y si no voy es porque eres un tonto pesado y feo y no quiero verte! ¡Y no sé de qué habilidades hablas!
—Stop! —protesta Britania poniéndose entre ellos, conociéndoles perfectamente bien y sabiendo que pueden estarse así una hora más sin siquiera voltearla a ver. Inglaterra se había olvidado de que su madre existía.
—¿No te habías ido?
—No! Shite, England, es que te olvidas del mundo —protesta y le extiende el vialecito—. Ten. Es un regalo.
—¡No me olvido del mundo! ¿Un regalo?
—Yes. Es una poción.
—¿Para qué?
—Ya sé que tú la sabes hacer bien... pero bueno, es lo mismo que le di a tus hermanos. Es para olvidar un día.
Levanta las cejas porque NO la sabe hacer bien y es justo la poción que le pidió para hacer a América olvidar el día que le "contó" de la boda. Aunque por otro lado, ha estado bastante tranquilo con eso todo el día y ayer noche. Parece como si ya se hubiera olvidado.
Francia levanta las cejas también, asustándose un poco porque SIEMPRE acaba siendo el al que le dan esas cosas.
—Detesto, DETESTO las pociones de olvidarse de cosas... ¿Por qué les das eso de navidad? —protesta.
—Thank you, en realidad no me sale muy bien... ¿Cómo elijo que día quiero que se borre?
—Porque es algo útil —asegura Britania mirando a Francia de reojo.
—¡Pero es cruel borrarle a alguien la memoria! Quizás es el mejor día de mi vida, que compartí con él y Angleterre decide un día sólo... borrarlo de mi cabeza sin preguntarme… —mira a Britania a la cara, genuinamente preocupado con esto, tocándose el anillo. Britania se encoge de hombros.
—Entonces dejará de preocuparte... y él tendrá que cargar con ello para siempre.
Inglaterra se revuelve incómodo, porque eso... lo sabe.
—Pero no es justo, no deberían tener el control de esas cosas, o ese PODER sobre la gente. Quiero una poción para hacerme inmune a esa poción —exige.
—¡No te va a dar eso! ¡Tú tienes otra clase de poderes a los que yo no soy inmune! —protesta Inglaterra y se sonroja de muerte después de decirlo.
Britania le mira con cara de... "Ya, claro... ¿algo más?", levantando una ceja. Francia le mira de reojo y sonríe un poquitín con eso.
—Ningún poder que haga que te olvides de cosas que no quieres olvidar. ¿Te gustaría que yo pudiera hacer que te olvidaras de... —vacila—, algo?
—Yes! ¡Contigo el problema suele ser que no consigo olvidarme!
A Francia le cambia un poco la expresión y traga saliva. Inglaterra se incómoda un poco.
—¿Por qué insistes en eso? No importa lo mucho que...
—Because... you're a git!
—Tú eres más git que dices cosas horribles —Francia se cruza de brazos.
—¡Pues! ¡Pues tú también! ¡Más!
Britania hace los ojos en blanco dejándoles ahí, discutiendo. Le revuelve un poco el pelo a Inglaterra, eso sí.
—¿Qué cosa horrible te dije, eh? ¿Qué te daba llaves de mi casa? ¡Discúlpame por mi falta de tacto!
Inglaterra se vuelve un instante a su madre pero enseguida vuelve con Francia.
—¿Es que no te oyes cuando hablas, lo que le has dicho a mi madre? ¡Es un regalo para mí!
—¡Un regalo horrible con el que puedes borrar de mi cabeza esto! —le muestra el dedo del anillo.
—Pues... —mira el anillo, se sonroja y le hace bajar la mano, nervioso, escondiéndolo. Francia hace los ojos en blanco.
—¿Ves? Cualquier día vas a decidir que es muy riesgoso, que es muy preocupante, que pone en riesgo tu seguridad, cualquier cosa... y BOOM, se me va a olvidar... y como no dejas que se lo cuente a nadie, será como si NUNCA hubiera pasado.
—¡A MI no se me va a olvidar, burro!
—Sólo eso nos faltaba —le mira de reojo valorando sus palabras—. ¿Vamos a casa? —Suelta de repente.
—¡Pues no creerás que es algo que quiero recordar yo solo ridícula y patéticamente!
—Pues non, no creería que querrías recordarlo tu solo, pero a veces... eres... tan solitario —sonríe un poco y extiende la mano hacia él—. ¿Vamos a casa...?
—¡No soy solitario!
—Lo serías, si yo no tuviera llaves de tu casa... y viniera a verte cada vez que puedo... y si no me tuvieras que echar de tu casa —sonríe.
—¡No es verdad!
—Sí que lo es.
—¡No lo es!
—¿Qué pasaría contigo y conmigo si yo no viniera a verte, eh?
—¡Pues que yo sería extremadamente feliz! —Levanta la barbilla.
—No me retes, Angleterre —Le mira con los ojos entrecerrados.
—¡Pues es que mira lo que me dices!
—¡¿Yo?! ¡Tú eres el que dice cosas horribles como que serías extremadamente feliz si no viniera! —Aprieta los ojos y sonríe —, no puedo creer que con lo complejo que está siendo este día ADEMÁS estemos peleando por esta estupidez.
—Yo... sólo quiero irme a casa.
Francia sonríe más, abriendo los ojos.
—¡Al fin! —se humedece los labios —; me parece que vamos a necesitar un baño relajante en la tina y... voy a hacerte un masaje... profundo...
—No podemos irnos hasta que se vayan los chicos —le detiene sonrojadito.
—Puedo apostar a que los chicos están extremadamente ansiosos por saber en qué momento serán al fin libres... mira como Amerique ya trae desabrochado el primer botón de la camisa y está trasteando con la corbata...
—America! —le riñe al notarlo.
—Eh? Wha-What? ¡No estoy haciendo nada! —el chico levanta las manos y bosteza, porque deteeeeesta estas reuniones.
—OK, Ok... podéis iros...
—Are you serious?! Fuck yeah! —sonríe levantando los brazos.
—Yes, yes... —asiente mirándoles a todos.
—¿Ves? Eso fue tremendamente sencillo —Francia se levanta bostezando también, mirando alrededor y notando que en efecto, su padre se ha ido con Britania y... ¡Al fin son libres! —, quizás... pueda hacer algo sabroso que podamos cenar mientras vemos algo de tele...
Inglaterra suspira empezando a sentirse mejor.
En unos cuantos minutos, toooodo el mundo ya está completamente listo con maletas empacadas y en la puerta, listos para irse de ahí. Porque a este tipo de eventos todo el mundo llega con lentituuuuud, pero para largarse, suele ser algo rápido y hasta ordenado.
Después de todooos lo besos y abrazos y amenazar a todo el mundo con que llamen para saber que llegan bien y organizarse sobre cómo van a hacer lo de año nuevo por fin, Inglaterra sonríe un poco en el taxi.
—Por fin... se acabó. Sobreviví —acerca la mano hasta que su meñique roza el de Francia a su lado en el asiento. Francia sonríe sintiéndose liberado por un momento, acercando más su mano hasta enganchar su meñique con el del inglés.
—Te ganaste un beso...
El inglés aprieta el meñique... y se sonroja alejándose, pero no se lo suelta. Francia se gira a mirarle a la cara... y sonríe más aún, humedeciéndose los labios. Al siguiente parpadeo de Inglaterra, Francia está como a tres centímetros de su boca. Abre los ojos como platos y se sonroja más, soltándole el meñique para ponerle las manos en los hombros y... "detenerle".
—Además tenemos la casa para nosotros solos un rato... puedes gritar y chillar todo lo que quieras esta vez, nada de reprimirse —más cercanía.
Traga saliva porque evidentemente, sabe de qué habla y se lo está imaginando, el galo saca un poco el labio de abajo y con él, le acaricia el labio al inglés con suavidad y al lappin se le acelera el corazón y le tiembla todo.
—Je... —susurrito, sacando un poco la lengua, cierra los ojos... se le acerca más.
Cierra los ojos y entreabre los labios buscándole un poco sin poder evitarlo y le encuentra, porque Francia también está feliz y se siente exhausto y relajado y con muchas ganas de festejar que esta mierda finalmente acabó.
Y en lo que parecen ser nada más que unos instantes, el taxista carraspea para indicarles que han llegado, Francia por una vez se separa con rapidez y sin repelar... porque bueno, mejor ir a la casa en vez de estar en taxis incómodos. Se seca los labios con el dorso de la mano, bajándose del coche. Y debe ser el primero en notar que la puerta está entreabierta, mientras Inglaterra paga, sin mirar al taxista a la cara, relamiéndose sonrojadito.
Francia frunce el ceño, acercándose un poco más a la puerta, esperando a que Inglaterra baje las maletas de ambos...
—Angleterre... —le llama entrecerrando los ojos.
—Voy, voy —responde haciéndolo.
—Algo... —frunce el ceño, acercándose más a la casa notando en efecto que pasa algo extraño —, tu casa está abierta.
—What? —le mira y mira la puerta. Se queda congelado.
—¿Tu madre? —pregunta esperanzado... aunque levemente asustado —, ¿un ladrón?
—No! NOoo —lloriquea—. ¡Hoy no, joder! ¡Hoy es Navidad!
Francia suspira vacilando un segundo antes de decididamente dar unos pasos hasta la puerta de la casa, empezando a estar enfadado con la vida. Es decir... al fin, joder, habían terminado el suplicio anterior... ¿Qué coño Inglaterra no podía tener un respiro? Algo le dice que es bastante estúpido lo que está haciendo, especialmente si es posible que aún estén adentro.
—Ya vale, joder ya vale —protesta Inglaterra entrando y soltando las maletas en el hall.
—¿Quieres que llame a la policía? —pregunta Francia entrando a su lado y desde ahí empezando a notar el desastre... sin irse más lejos, huele a quemado.
—¡No! ¡No quiero la bloody policía aquí y pasar todo lo que queda de mi tarde contigo respondiendo estúpidas preguntas!
—Huele a quemado... —comenta caminando hasta las escaleras sin notar nada tampoco tan especialmente trágico hasta ahí, porque hasta donde entiendo el desastre está en el salón. Sí, aunque hay regueritos de alcohol que salen al pasillo.
—France, ve con cuidado, no sabemos si sigue aquí —pide yendo a la cocina.
—Lo sé, lo sé... —aspira por la nariz, confiando bastante más en ese sentido que en los demás... —, ¿No dejaste nada en el horno?
En la cocina, encuentra los restos del desayuno y todo por recoger, frunce el ceño.
—What the hell?!
—Angleterre... creo que es en el salón...
—¡No es un ladrón!
—Quoi? ¿Cómo que no? —pregunta frunciendo el ceño, dejando la idea atrás y yendo a la cocina.
—¡Mira, son dos y han... desayunado o algo!
—¡¿Han desayunado?! Mon dieu pero... —hace cara de asco acercándose a los platos con el ceño fruncido. Mira las cosas en la mesa y luego a la estufa, donde aún está la sartén, tarda exactamente tres segundos en decir —. Pancakes... o crepes. ¿Tú no dejaste esto aquí? ¿Tu madre? Esto no es lo que huele a quemado.
—¿Creppes? —Pregunta mientras empieza a guardar las cosas que aun sirven en la nevera—. Mira, mientras sólo fueran un par de vagabundos hambrientos el día de navidad, no me preocupa tanto.
—Huele a quemado —insiste neciamente.
—Debe ser la sartén ¿O dónde lo hueles? —pone los platos en el fregadero.
—Non, non, Angleterre... es la chimenea o algo así, huele a humo, humo de verdad, la sartén no está ni siquiera levemente quemada —asegura frunciendo el ceño —, ven, vamos a ver al salón —no es que yo no me atreva a ir solito...
—Voy, voy —acaba de recoger y se va con él.
—¿Qué harían unos vagabundos en navidad comiendo, de todas las casas, en la TUYA...? —pregunta mirándole de reojo, tomándole de un brazo con las dos manos, nervioso.
—Quizás fueran a pedir comida, nadie les dio, vieron la casa vacía y se metieron.
—¿Cómo se metieron? —pregunta aspirando un poco más el aire, empujando un poco al inglés hacia el salón.
—I don't know, por la puer... —se queda callado al ver el salón.
—Mérde... —susurra sin soltarle del brazo, abriendo los ojos como platos.
Tiembla sin decir nada, Francia mira la chimenea, los muebles revueltos, la televisión con el palo clavado a la mitad, el árbol tirado, el suelo lleno de vidrios, y la mierda en la pared. Parece, sin duda, una escena de película de terror, se acerca más a Inglaterra, poniéndole una mano en la cintura y atrayéndole hacia sí al verle temblar. El inglés solloza levemente.
—¿Qué... qué es esto? —susurra el francés, abrazándole más, mirando otra vez la mierda en la pared, sin estar seguro...
Solloza de nuevo, empezando a estar realmente al límite, mentalmente rebasado. Pasaba todo el fin de semana aguantando, a su madre, sus hermanos, los niños quejándose, Seychelles y encima, ¿todo para qué?
—Ay Angleterre... —susurra Francia otra vez, abrazándole con fuerza.
—Why? —se le esconde.
—No tengo ni idea... esto no debía... no debería estar pasando, mon amour... —le acaricia la nuca, dejando que se le esconda y mirando el desastre en el salón, esto era EL COLMO. Inglaterra lloriquea un poco sobre él—. ¿Quién podría haber hecho esto? —se pregunta besándole la cabeza, sin soltarle, genuinamente ofendido con la palabra escrita en la pared.
El británico suspira intentando recomponerse.
—Voy a ver el resto de la casa —se separa un poco con la voz mucho más seria.
—Voy a revisar bien el salón... ¿Quieres que les hable a los niños, que vengan a ayudarnos? —propone acariciándole la mejilla y mirándole a los ojos.
—No... Deja que se vuelvan a casa. Yo... yo lo haré. Tú... —le mira y casi mira a través de él. Traga saliva sollozando de nuevo y pensando en todas sus cosas importantes e insustituibles del altillo y el sótano.
—Ve... y revisa que estén todas tus cosas —le sacude un poquito, hablando con voz seria y firme para traerlo un poco otra vez a la tierra, el mundo de la gente que no está en pánico total, poniéndole una mano a cada lado de la cara —, si necesitas que vaya, grita, ¿vale?
Inglaterra parpadea, le mira ahora sí y asiente.
—Llévate tu bastón con espada para revisar la casa —pide sin dejar de estar preocupado por que sea quien sea siga aquí aún. Inglaterra mira al recibidor, porque está ahí, con los paraguas.
—Ve con cuidado y... ¿te acuerdas de lo que dije de ser solitario? No te olvides que estoy aquí... ¿bien? —hace como última pregunta, acercándose a darle un beso rápido en los labios y soltándole.
Traga saliva porque eso más que un alivio es como un "no te olvides que hay algo aun que tienes que proteger" pero igual se va para ahí. Pero era un "estoy aquí si necesitas ayuda... pero quiero darte tu espacio". Aunque tener algo que proteger es importante, significa que no ha destruido TODO lo importante.
Recorre toda la planta de arriba y se calma al notar que el desván está intacto. No le han robado ni el polvo. Nota las dos camas deshechas y el desastre de ropa con su armario, pero considera ese el menor de los problemas. Con un balance de daños un poco menos desastroso del que hacía en su imaginación, vuelve al salón.
Francia suspira sintiéndose otra vez así como... en la edad media o algo así... dentro de una película del KKK, o... con los Borgia. Se pasa una mano por el pelo y empieza a recorrerlo todo y al menos poner los muebles boca arriba... y a revisar la mancha de caca que le tiene realmente consternado.
—Fueron dos personas. Durmieron aquí. Arriba, cada uno en un cuarto —explica al entrar—. Han revuelto el armario... pero la casa está vacía ahora. ¿Puedes ir a ordenarlo mientras yo recojo y limpio aquí?
—No es caca lo de la pared.
—What?
—Es chocolate —asegura el francés y creo que Inglaterra ni siquiera había visto lo que había en la pared—. Hay cosas rotas... Botellas buenas y algo que no te va a gustar...
Inglaterra le mira a los ojos asustado desde ya.
—Rosas... En la chimenea. Es lo que huele.
—R-Roses?
—Muchas. Creo que son... TUS rosas.
Solloza otra vez y Francia se muerde el labio acercándose a él.
—Las rosas crecen de nuevo...
Se sorbe los mocos y tiembla un poco porque... es el concepto. El francés vuelve a abrazarle.
—Hay un vidrio roto también... Así deben haber entrado. ¿Quién pudo haber hecho esto, Angleterre?
—Alguien que me odia, no se han llevado nada, sólo han roto las cosas.
—Arsehole. Angleterre...
—Scotland.
El galo suspira porque él también lo ha pensado.
—Por eso volvió, pasó aquí la noche y encima volvió a darte un beso. Tienen que ser ellos dos, Scotland and Ireland.
—Connard... —sisea apretando los ojos sintiendo él también la oleada de furia.
—¡Sabían que yo no iría a ningún lado mientras Seychelles estuviera con Wales! Les odio, les odio mucho, a los tres.
—Y yo todavía buscándole pareja al cobarde de Écosse... —sisea temblando un poco—. Que... Qué patéticos... Ambos.
—Para que la echara a gri... —se queda callado mirándole.
—Oui, para que la echara a gritos de ahí, y yo todavía pensando en lo que había dicho tu madre de que era una pelea fingida —sigue hablando sin notarlo. Inglaterra le mira fijamente sin decir nada. Francia toma aire aún con el ceño fruncido, notando que no le sigue —Quoi?
El británico se sonroja un poco, le toma del cuello de la camisa con las dos manos y le mete un morreo ahí como para tirarle de espaldas a lo que el francés levanta las cejas y le toma un segundo reaccionar y devolvérselo... Sin entender lo que pasa ni esperárselo.
Profundiza hasta que se lo devuelve, puede que hasta le empuje un poco y un par de segundos más tarde debe escucharse un "mmmmm" de Francia, que cierra los ojos yéndosele la cabeza. Y al cabo de un bueeen beso, cuando Inglaterra está satisfecho, se separa.
—Oh... la... La... —susurra sin aire. El inglés se sonroja —¿Qué... fue eso? —pregunta suavemente aún con los ojos cerrados.
—This... is your fault.
—Quoi? —levanta las cejas y abre los ojos.
—This. All of this. Pues al menos que me lo merezca.
Francia parpadea.
—No es mi culpa, si acaso... Es la tuya.
—No.
—Siempre es mi culpa... —sonríe un poquito de lado.
—Yes. You... —se sonroja—. Tú lo dijiste, ellos me odian porque estás aquí conmigo.
—Es verdad que te odian por eso... Lo siento. Es... Un precio caro que pagar —Suspira y le acaricia la cara.
—Well... —aparta la mirada—. Pues me da lo mismo. Igual siempre me han odiado.
Sonríe un poco y se le acerca a darle un beso en la mejilla.
—Lo siento... —susurra pensando en algo, no con mucha claridad y sin estar seguro... Aún así... Le acaricia de la cintura —. ¿Sabes? Está enfadado, oui... porque tú ganaste. Quizás la manera apropiada de darles cachetada con guante blanco es... —le besa un poco, detrás de la oreja. El inglés se queda sin aire, nervioso de golpe—. Sea como sea, tú lo que tienes... Lo que tenemos tú y yo —le besa el lóbulo de la oreja —, es algo que ellos nunca consiguieron. Lo siento por tus cosas, pero son cosas...
—T-t-t...
—Tú eres mi marido... —le toma de la mano—, y juntos nos meamos en cualquier idiotez que hagan tus hermanos... —Inglaterra sonríe un poquito—. Je t'aime —le besa la mejilla —, y tu m'aimes. ¿Cómo no van a envidiarnos?
—Yo no te amo —Se sonroja y aparta la mirada. Francia suspira.
—Bien, yo sí te amo a ti, sea como sea.
—Tengo que... arreglar todo esto.
—Puedo ayudarte —propone.
—No... No importa, yo me ocupo —suspira pasándose una mano por el pelo, porque sabe que odia limpiar.
—Voy por la escoba —Le da un beso en la mejilla y… debe ser la primera vez que dice eso. El británico le detiene del brazo.
—Ve arriba, arregla mi ropa en el armario, please —pide pensando que eso lo va a odiar menos.
—Puedo arreglártela también, pero no me importa ayudarte a limpiar. Me siento... Esposos.
—Ve a eso primero y veremos que queda al final. Yo soy mucho más rápido que tú —sonríe de lado.
—Y más mal hecho —sonríe acercándosele—, vale... Ordenaré de tu ropa.
—¡No es más mal hecho!
—Me encantas... —sonríe y le da un beso antes de separarse—, eres más mal hecho... Puedo apostar que no tienes un orden para tu armario.
—OF course I have! ¡Y más vale que sea bueno!
—Chalecos de rombos a la izquierda, chalecos de rombos más feos a la derecha.
—¡No son feos! —le empuja un poco.
—Entre más pronto recojas, más pronto tendrás tu masaje profundo —se ríe dando un pasito para atrás.
—¡No quiero un masaje profundo! —miente empujándole más para que se vaya, sonrojado. El latino se ríe.
—Mientras recojas piensa en ello... Verás cómo puedes reírte de Écosse un poco mejor.
—Shut up! —cierra la puerta del salón. Francia se ríe un poco, suspirando y subiendo las escaleras.
Inglaterra se da la vuelta y mira su salón, volviendo a desconsolarse un poco, porque nunca va a gustar a sus hermanos, haga lo que haga. Suspira y se pasa una mano por el pelo, decidiendo por dónde empezar. Su estrella le llama desde debajo del sillón a susurritos. Pero no hace caso, primero que nada se va al establo de Morning Star a por unas tablas para tapar la ventana y que no entre nadie más durante la noche... mientras piensa, que si han escrito arsehole con chocolate en vez de con mierda, quizás sí le quieran un poquito... y eso le hace sonreír un poco al idiota.
Francia le organiza rápidamente la ropa por color, haciendo un montecito con las cosas que considera que debe tirar.
Seguidamente, Inglaterra recoge sus libros apartándolos para poder secarlos del alcohol que los han empapado del suelo y nota que no está su foto de familia mientras rasca la pared con un cepillo. Le pone muy triste y automáticamente recuerda la estrella de América, buscándola como un loco.
Francia sigue ordenando la ropa en un proceso no tan rápido como pareciera. Encuentra el pijama sucio en el baño también... Y cambia las sábanas de la cama.
Cuando la encuentra ilesa suspira aliviado y la abraza haciéndose bolita a su alrededor un instante. América te manda un abrazo de vuelta. Decide ponerla igual sobre la chimenea y mientras está fregando para quitar el alcohol que ha empapado todo el parqué nota que además de la tele, han roto un cenicero de cristal de bohemia que le regaló el mismísimo Wiston Churchil. Y eso SÍ representa una pérdida de valor incalculable.
Mientras Francia va a revisar un poco la segunda habitación y encuentra la cama estirada y el baño oliendo a perfume, piensa un poco en algo que no había notado antes y que le hace bajar otra vez. Entra al salón con la ropa sucia en las manos.
Ya está todo bastante más recogido, aun hay que sacar la tele y el árbol, pero ya no hay cristales en el suelo ni líquidos... aunque todo el parqué se ha deformado. Inglaterra está cepillando el chocolate, ya sólo se lee "Hole".
—H... o... le... —lee, sonriendo.
—Hole, sweet hole.
—Veo que estás pensando en lo que te dije...
—WHAAAT? —sí, seguro ese grito ni suena nada culpable ni sospechoso El galo se ríe.
—He estado pensando...
—Te he dicho que no lo hagas, cualquier día tendremos una desgracia.
—Taistoi! —golpecito cariñoso. Inglaterra se ríe un poquito—. Estuve pensando en la cocina. ¿Desde cuándo tus hermanos... saben cocinar sin quemar?
—What?
—Alguien hizo pancakes...
—Pues... ¿y qué?
—¿Tú puedes hacerlos?
—Well... yes! —yes, y un cuerno.
—Angleterre... Sabes que ninguno de los dos puede hacer eso.
—Pues tú eres quien las ha olido, te habrás equivocado.
—Non... El baño huele a perfume.
—Ninguno de los dos usa perfume, será tuyo —responde Inglaterra mirándole. Francia niega con la cabeza.
—Me inclino a pensar, incluso, que es perfume de mujer... —asegura —, y me parece que alguien se... tocó a sí mismo en tu cama, lo cual no deja de parecerme perturbador —Sonríe cínicamente.
—WHAAAT? —se sonroja un poco porque podría ser... ejem... él mismo.
—Hay semen en las sábanas —levanta una ceja al ver que se sonroja... Y luego sonríe entrecerrando los ojos, suponiendo—, ¿Crees que pensaba en mí el que se toqueteó?
—NOOO! ¡¿Por qué has mirado las sábanas?! —Se sonroja más.
—Porque me encanta hacer de investigador sexual privado... Lo que me extraña es que no parece semen de ninguno de tus hermanos... —Se ríe un poco.
—W-w-w... —está rojo hasta las orejas. El francés sonríe, mirándole, antes de intentar ponerse serio otra vez.
—¿Quieres verlo?
—Bubububu... —susurra dando un pasito atrás.
—Eres monísimo... —Sonríe otra vez.
—¡No! ¡No lo soy! ¡No quiero verlo! ¡Es mentira! Es... mayonesa. El otro día cené en la cama porque me encontraba mal —no le mira.
—¿Mal? Mon dieu... Bueno, no he visto manchas de mayonesa, Non, hablo de las otras... —sonrisita
—¡No hay otras! —chilla. Francia le mira con media sonrisa —¡No sonrías! ¡Has visto mal! —le señala.
—¿Ah, sí?
—Yes!
—¿No hay manchas de semen en tus sábanas...?
—OF COURSE NOT!
—¿Cómo sabes?
—¡Porque es mayonesa! ¡Te lo he dicho! ¡No tenías que hacer nada con las sábanas!
—Cambiarlas porque están llenas de semen... ¿no?
—¡QUENOESTANLLENASDESEMEN! —aprieta los ojos.
—No es tuyo.
—Wh... wait, what?
—El semen no es tuyo —se encoge de hombros—, ¿Por qué querrías dormir en el semen de alguien más?
—¿Cómo no va a ser mío? —Sacude la cabeza—. Es mayonesa.
—Es semen de alguien más... En tu cama.
—Wait! ¿Me estás acusando de algo? ¡Cómo si no tuviera yo ya bastantes problemas contigo!
Ojos en blanco y niega con la cabeza.
—Ojalá me siguieras en lo que digo... —sonríe otra vez—. Es semen de tu HERMANO en tu cama...
—De... —parpadea.
—Como iba yo diciendo... Tu hermano se... Tocó en tu cama. Se la meneó. Se masturbó.
—Why?
—Eso es... lo que no sé —sonríe.
—¿Crees que...? —hace una cara de asco.
—Espero que no... De hecho no creo...
—Eh?
—¿Creo que quoi?
—Scotland... and Ireland...
Francia levanta las cejas... E imagina la escena... Y luego sonríe un poco, de lado.
—Non, no los veo...
—Ugh! ¡No! ¡Debes haberte equivocado!
—Es que no creo que haya nadie tenido sexo en tu cama... Casi no está ni deshecha... Más bien creo que de verdad se... Toqueteó.
—Debió hacerlo para molestarme también, como parte de todo esto.
Francia arruga la nariz.
—¿Y el perfume? ¿Y los pancakes?
—No lo sé, quizás trajeron putas o... quién sabe.
—Joder con tus hermanos... Deberías cortarles el maldito presupuesto —suspira.
—No puedo cortarles el presupuesto —suspira—. Sólo faltaría eso.
—Las bolas, entonces —sonríe haciendo los ojos en blanco—. ¿Quieres cena?
—No... No tengo hambre, hemos comido mucho.
Mucho y malo, piensa para sí el francés.
—¿Algo de beber? ¿Te ayudo a... algo?
—Pues... No, esto ya está más o menos recogido —mira alrededor—. Mañana llamaré para que arreglen la ventana y... seguramente tendré que cambiar el suelo.
Francia suspira y mira alrededor.
—Mañana... todo eso será mañana. ¿Por qué no vamos a la cama? —Propone. Inglaterra se pasa una mano por el pelo—. Necesitas un descanso, y todo esto va a seguir igual mañana.
—Yes, yes... OK, mañana...
—Además, tengo que recordarte exactamente por qué es que todo esto vale la pena... —extiende una mano hacia él y sonríe.
—Eh?
—Oui. Exactamente qué es lo que hace que sea mejor que estés conmigo y me elijas tú a mí, en lugar de elegir que tus hermanos no te odien —sonríe quitándole de la mano el cepillo con el que estaba tallando la pared.
—¡No te he elegido a ti! —nooo, que va.
—Ah Non? ¿Entonces les prefieres a ellos? —hace morritos.
—No! But... tú... —da un pasito atrás.
—Yo te quiero —da un paso al frente y le toma de la mano.
—Yo no... Yo... —vacila. Francia tira un poco de él, dando un paso hacia atrás e Inglaterra deja que le lleve.
—La diferencia entre tú y tus hermanos... ellos se masturban en tu cama pensando en un chico guapo... —sonríe mas— y tú... —pausita. El británico se sonroja porque esa palabra... y él también lo hace —. Tú... —tira de él hasta las escaleras, donde se le acerca un poco—, le haces el amor al chico guapo y... el chico te quiere de vuelta, muy probablemente aun más de lo que le quieres tú a él.
Se sonroja aun más y balbucea de nuevo algo tipo "bububu" en un susurro. Francia le sonríe acercándose a él y besándole suavemente en los labios y el otro cierra los ojos y le devuelve el beso.
El francés se separa un poco después de unos segundos y vuelve a tirar de él para ir a su cuarto, sonriendo y pensando que a pesar de todo... sobrevivieron, enteros y juntos, sin pelear entre ellos. Inglaterra se deja tirar, claro, dócil y cansado.
Y seguramente será algo breve, corto y suave y en veinte minutos estarán hechos un nudo gordiano dormidos a pierna suelta.
Y técnicamente aquí acababa esta historia, abrazos para Inglaterra. ¡Gracias Josita!
